La corona de la reina Catalina, que el Vaticano custodia aún

Desde hace 500 años su corona espera en el Vaticano que Bosnia vuelva a ser un reino católico. La historia de la bella y noble Catalina Kosaca Kotromanic, la última reina católica de Bosnia, ha reaparecido hoy en la mesa de la biblioteca del Papa Francisco bajo la forma de una estatuilla de barro.

La efigie de la reina, venerada como beata, fue un regalo al pontífice por Dragan Covic, miembro croata de la presidencia colegial de Bosnia y Herzegovina, en una visita oficial al Vaticano.

Catalina, hija de Stefano Vukčić Kosača, duque de San Sava y uno de los nobles bosnios más poderosos, fue concedida como esposa al rey de Bosnia, Esteban Tomás, en tiempos difíciles para el reino. Los otomanos estaban a las puertas y el trono de Esteban estaba en dificultad a causa de las reivindicaciones del hermano instigado por los mismos otomanos.

El rey necesitaba rápidamente la legitimación que podía ofrecerle en dote una esposa noble, puesto que la nobleza de la ciudad desaprobaba el matrimonio con la plebeya Vojača. De este modo, Esteban mandó anular el primer matrimonio y el 26 de mayo de 1446 se casó con Catalina que fue reina consorte hasta 1461, año de la muerte del marido.

Dos años después, en 1463, los otomanos arrollaron la ciudad y el trono de Esteban Tomašević, hijo de Esteban Tomás y de Vojača, que había reconocido a Catalina como reina madre. La familia real fue obligada a convertirse al Islam.

Catalina buscó entonces la protección del Papa y se refugió en Roma, donde gozó de la estima y amistad de Pío II (Enea Silvio Piccolomini), Pablo II (Pietro Barbo) y Sixto IV (Francesco della Rovere).

La reina destronada abrió con generosidad sus manos a los pobres y dejó en testamento muchos bienes a las instituciones de la Iglesia, sobretodo en el Capitolio de los canónicos de San Jerónimo, en el Hospicio de San Jerónimo y en la contigua iglesia dedicada al mismo santo, conocido también como “de los Ilíricos” porque ahí se encontraba la colonia de los prófugos croatas que huían de los turcos en las regiones balcánicas de Iliria y Eslavonia.

Catalina murió con fama de santidad el 25 de octubre de 1478. En el ínterin se había vuelto terciaria franciscana y en el Orden de los Frailes Menores Franciscanos es venerada como beata. Al mismo orden se confió la Basílica de Santa María en Arcoeli donde está sepultada.

La desafortunada reina dejó a los pontífices la corona de Bosnia hasta el día en que su tierra fuera restituida a los soberanos católicos. No podía imaginar cuántos dramáticos acontecimientos habrían sacudido su patria y cuánta sangre se habría derramado hasta nuestros días. Hoy, se estima que los católicos en Bosnia son el 10%, contra el 40% de musulmanes y el 31% de ortodoxos. Las consecuencias del conflicto de los años 90 y las dificultades de la organización política y administrativa contemporánea impuesta por los Acuerdos de Dayton, provocan, sin embargo, una continua hemorragia sobretodo del componente católico, desaventajada por la búsqueda de trabajo y el acceso a los cargos políticos.

Lo que se sabe de fuentes croatas bosnias, Covic, durante el encuentro en el Vaticano invitó al Papa Francisco a visitar la ciudad en nombre de todo el colegio de presidencia. La efigie de Catalina servirá para recordarle a Bergoglio que los católicos de Bosnia lo esperan.

Desde hace 500 años su corona espera en el Vaticano que Bosnia vuelva a ser un reino católico. La historia de la bella y noble Catalina Kosaca Kotromanic, la última reina católica de Bosnia, ha reaparecido hoy en la mesa de la biblioteca del Papa Francisco bajo la forma de una estatuilla de barro.

La efigie de la reina, venerada como beata, fue un regalo al pontífice por Dragan Covic, miembro croata de la presidencia colegial de Bosnia y Herzegovina, en una visita oficial al Vaticano.

Catalina, hija de Stefano Vukčić Kosača, duque de San Sava y uno de los nobles bosnios más poderosos, fue concedida como esposa al rey de Bosnia, Esteban Tomás, en tiempos difíciles para el reino. Los otomanos estaban a las puertas y el trono de Esteban estaba en dificultad a causa de las reivindicaciones del hermano instigado por los mismos otomanos.

El rey necesitaba rápidamente la legitimación que podía ofrecerle en dote una esposa noble, puesto que la nobleza de la ciudad desaprobaba el matrimonio con la plebeya Vojača. De este modo, Esteban mandó anular el primer matrimonio y el 26 de mayo de 1446 se casó con Catalina que fue reina consorte hasta 1461, año de la muerte del marido.

Dos años después, en 1463, los otomanos arrollaron la ciudad y el trono de Esteban Tomašević, hijo de Esteban Tomás y de Vojača, que había reconocido a Catalina como reina madre. La familia real fue obligada a convertirse al Islam.

Catalina buscó entonces la protección del Papa y se refugió en Roma, donde gozó de la estima y amistad de Pío II (Enea Silvio Piccolomini), Pablo II (Pietro Barbo) y Sixto IV (Francesco della Rovere).

La reina destronada abrió con generosidad sus manos a los pobres y dejó en testamento muchos bienes a las instituciones de la Iglesia, sobretodo en el Capitolio de los canónicos de San Jerónimo, en el Hospicio de San Jerónimo y en la contigua iglesia dedicada al mismo santo, conocido también como “de los Ilíricos” porque ahí se encontraba la colonia de los prófugos croatas que huían de los turcos en las regiones balcánicas de Iliria y Eslavonia.

Catalina murió con fama de santidad el 25 de octubre de 1478. En el ínterin se había vuelto terciaria franciscana y en el Orden de los Frailes Menores Franciscanos es venerada como beata. Al mismo orden se confió la Basílica de Santa María en Arcoeli donde está sepultada.

La desafortunada reina dejó a los pontífices la corona de Bosnia hasta el día en que su tierra fuera restituida a los soberanos católicos. No podía imaginar cuántos dramáticos acontecimientos habrían sacudido su patria y cuánta sangre se habría derramado hasta nuestros días. Hoy, se estima que los católicos en Bosnia son el 10%, contra el 40% de musulmanes y el 31% de ortodoxos. Las consecuencias del conflicto de los años 90 y las dificultades de la organización política y administrativa contemporánea impuesta por los Acuerdos de Dayton, provocan, sin embargo, una continua hemorragia sobretodo del componente católico, desaventajada por la búsqueda de trabajo y el acceso a los cargos políticos.

Lo que se sabe de fuentes croatas bosnias, Covic, durante el encuentro en el Vaticano invitó al Papa Francisco a visitar la ciudad en nombre de todo el colegio de presidencia. La efigie de Catalina servirá para recordarle a Bergoglio que los católicos de Bosnia lo esperan.

La corona de la reina Catalina, que el Vaticano custodia aún

Desde hace 500 años su corona espera en el Vaticano que Bosnia vuelva a ser un reino católico. La historia de la bella y noble Catalina Kosaca Kotromanic, la última reina católica de Bosnia, ha reaparecido hoy en la mesa de la biblioteca del Papa Francisco bajo la forma de una estatuilla de barro.

La efigie de la reina, venerada como beata, fue un regalo al pontífice por Dragan Covic, miembro croata de la presidencia colegial de Bosnia y Herzegovina, en una visita oficial al Vaticano.

Catalina, hija de Stefano Vukčić Kosača, duque de San Sava y uno de los nobles bosnios más poderosos, fue concedida como esposa al rey de Bosnia, Esteban Tomás, en tiempos difíciles para el reino. Los otomanos estaban a las puertas y el trono de Esteban estaba en dificultad a causa de las reivindicaciones del hermano instigado por los mismos otomanos.

El rey necesitaba rápidamente la legitimación que podía ofrecerle en dote una esposa noble, puesto que la nobleza de la ciudad desaprobaba el matrimonio con la plebeya Vojača. De este modo, Esteban mandó anular el primer matrimonio y el 26 de mayo de 1446 se casó con Catalina que fue reina consorte hasta 1461, año de la muerte del marido.

Dos años después, en 1463, los otomanos arrollaron la ciudad y el trono de Esteban Tomašević, hijo de Esteban Tomás y de Vojača, que había reconocido a Catalina como reina madre. La familia real fue obligada a convertirse al Islam.

Catalina buscó entonces la protección del Papa y se refugió en Roma, donde gozó de la estima y amistad de Pío II (Enea Silvio Piccolomini), Pablo II (Pietro Barbo) y Sixto IV (Francesco della Rovere).

La reina destronada abrió con generosidad sus manos a los pobres y dejó en testamento muchos bienes a las instituciones de la Iglesia, sobretodo en el Capitolio de los canónicos de San Jerónimo, en el Hospicio de San Jerónimo y en la contigua iglesia dedicada al mismo santo, conocido también como “de los Ilíricos” porque ahí se encontraba la colonia de los prófugos croatas que huían de los turcos en las regiones balcánicas de Iliria y Eslavonia.

Catalina murió con fama de santidad el 25 de octubre de 1478. En el ínterin se había vuelto terciaria franciscana y en el Orden de los Frailes Menores Franciscanos es venerada como beata. Al mismo orden se confió la Basílica de Santa María en Arcoeli donde está sepultada.

La desafortunada reina dejó a los pontífices la corona de Bosnia hasta el día en que su tierra fuera restituida a los soberanos católicos. No podía imaginar cuántos dramáticos acontecimientos habrían sacudido su patria y cuánta sangre se habría derramado hasta nuestros días. Hoy, se estima que los católicos en Bosnia son el 10%, contra el 40% de musulmanes y el 31% de ortodoxos. Las consecuencias del conflicto de los años 90 y las dificultades de la organización política y administrativa contemporánea impuesta por los Acuerdos de Dayton, provocan, sin embargo, una continua hemorragia sobretodo del componente católico, desaventajada por la búsqueda de trabajo y el acceso a los cargos políticos.

Lo que se sabe de fuentes croatas bosnias, Covic, durante el encuentro en el Vaticano invitó al Papa Francisco a visitar la ciudad en nombre de todo el colegio de presidencia. La efigie de Catalina servirá para recordarle a Bergoglio que los católicos de Bosnia lo esperan.

Desde hace 500 años su corona espera en el Vaticano que Bosnia vuelva a ser un reino católico. La historia de la bella y noble Catalina Kosaca Kotromanic, la última reina católica de Bosnia, ha reaparecido hoy en la mesa de la biblioteca del Papa Francisco bajo la forma de una estatuilla de barro.

La efigie de la reina, venerada como beata, fue un regalo al pontífice por Dragan Covic, miembro croata de la presidencia colegial de Bosnia y Herzegovina, en una visita oficial al Vaticano.

Catalina, hija de Stefano Vukčić Kosača, duque de San Sava y uno de los nobles bosnios más poderosos, fue concedida como esposa al rey de Bosnia, Esteban Tomás, en tiempos difíciles para el reino. Los otomanos estaban a las puertas y el trono de Esteban estaba en dificultad a causa de las reivindicaciones del hermano instigado por los mismos otomanos.

El rey necesitaba rápidamente la legitimación que podía ofrecerle en dote una esposa noble, puesto que la nobleza de la ciudad desaprobaba el matrimonio con la plebeya Vojača. De este modo, Esteban mandó anular el primer matrimonio y el 26 de mayo de 1446 se casó con Catalina que fue reina consorte hasta 1461, año de la muerte del marido.

Dos años después, en 1463, los otomanos arrollaron la ciudad y el trono de Esteban Tomašević, hijo de Esteban Tomás y de Vojača, que había reconocido a Catalina como reina madre. La familia real fue obligada a convertirse al Islam.

Catalina buscó entonces la protección del Papa y se refugió en Roma, donde gozó de la estima y amistad de Pío II (Enea Silvio Piccolomini), Pablo II (Pietro Barbo) y Sixto IV (Francesco della Rovere).

La reina destronada abrió con generosidad sus manos a los pobres y dejó en testamento muchos bienes a las instituciones de la Iglesia, sobretodo en el Capitolio de los canónicos de San Jerónimo, en el Hospicio de San Jerónimo y en la contigua iglesia dedicada al mismo santo, conocido también como “de los Ilíricos” porque ahí se encontraba la colonia de los prófugos croatas que huían de los turcos en las regiones balcánicas de Iliria y Eslavonia.

Catalina murió con fama de santidad el 25 de octubre de 1478. En el ínterin se había vuelto terciaria franciscana y en el Orden de los Frailes Menores Franciscanos es venerada como beata. Al mismo orden se confió la Basílica de Santa María en Arcoeli donde está sepultada.

La desafortunada reina dejó a los pontífices la corona de Bosnia hasta el día en que su tierra fuera restituida a los soberanos católicos. No podía imaginar cuántos dramáticos acontecimientos habrían sacudido su patria y cuánta sangre se habría derramado hasta nuestros días. Hoy, se estima que los católicos en Bosnia son el 10%, contra el 40% de musulmanes y el 31% de ortodoxos. Las consecuencias del conflicto de los años 90 y las dificultades de la organización política y administrativa contemporánea impuesta por los Acuerdos de Dayton, provocan, sin embargo, una continua hemorragia sobretodo del componente católico, desaventajada por la búsqueda de trabajo y el acceso a los cargos políticos.

Lo que se sabe de fuentes croatas bosnias, Covic, durante el encuentro en el Vaticano invitó al Papa Francisco a visitar la ciudad en nombre de todo el colegio de presidencia. La efigie de Catalina servirá para recordarle a Bergoglio que los católicos de Bosnia lo esperan.

El Papa Francisco denuncia los 5 “rostros” de la esclavitud a inicios del 2015

La esclavitud no ha terminado. A inicios del año 2015 el mundo sigue siendo testigo de personas humanas que dominan a su antojo y capricho a hombres, mujeres y niños, denuncia el Papa Francisco en el mensaje que ha escrito para la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2015.

Si bien la esclavitud hoy día ya no es reconocida legalmente, el pontífice denuncia los actuales rostros de la esclavitud en las sociedades del siglo XXI.

1. El primer rostro de la esclavitud, según el Papa, son los “trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores”.

2. En segundo lugar, al denunciar las nuevas formas de esclavitud, Francisco piensa “en las condiciones de vida de muchos emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente. En aquellos que, una vez llegados a su destino después de un viaje durísimo y con miedo e inseguridad, son detenidos en condiciones a veces inhumanas. Pienso en los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos y económicos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estructural del trabajador emigrado con respecto al empleador, como por ejemplo cuando se condiciona la legalidad de la estancia al contrato de trabajo… Sí, pienso en el ‘trabajo esclavo’”.

3. En tercer lugar, el Papa piensa “en las personas obligadas a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio o en las entregadas en sucesión, a un familiar después de la muerte de su marido, sin tener el derecho de dar o no su consentimiento”.

4. Hablando de las actuales formas de esclavitud, el obispo de Roma piensa “en los niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional”.

5. Por último, Francisco piensa “en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados”.

La esclavitud no ha terminado. A inicios del año 2015 el mundo sigue siendo testigo de personas humanas que dominan a su antojo y capricho a hombres, mujeres y niños, denuncia el Papa Francisco en el mensaje que ha escrito para la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2015.

Si bien la esclavitud hoy día ya no es reconocida legalmente, el pontífice denuncia los actuales rostros de la esclavitud en las sociedades del siglo XXI.

1. El primer rostro de la esclavitud, según el Papa, son los “trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores”.

2. En segundo lugar, al denunciar las nuevas formas de esclavitud, Francisco piensa “en las condiciones de vida de muchos emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente. En aquellos que, una vez llegados a su destino después de un viaje durísimo y con miedo e inseguridad, son detenidos en condiciones a veces inhumanas. Pienso en los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos y económicos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estructural del trabajador emigrado con respecto al empleador, como por ejemplo cuando se condiciona la legalidad de la estancia al contrato de trabajo… Sí, pienso en el ‘trabajo esclavo’”.

3. En tercer lugar, el Papa piensa “en las personas obligadas a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio o en las entregadas en sucesión, a un familiar después de la muerte de su marido, sin tener el derecho de dar o no su consentimiento”.

4. Hablando de las actuales formas de esclavitud, el obispo de Roma piensa “en los niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional”.

5. Por último, Francisco piensa “en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados”.

El Papa Francisco denuncia los 5 “rostros” de la esclavitud a inicios del 2015

La esclavitud no ha terminado. A inicios del año 2015 el mundo sigue siendo testigo de personas humanas que dominan a su antojo y capricho a hombres, mujeres y niños, denuncia el Papa Francisco en el mensaje que ha escrito para la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2015.

Si bien la esclavitud hoy día ya no es reconocida legalmente, el pontífice denuncia los actuales rostros de la esclavitud en las sociedades del siglo XXI.

1. El primer rostro de la esclavitud, según el Papa, son los “trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores”.

2. En segundo lugar, al denunciar las nuevas formas de esclavitud, Francisco piensa “en las condiciones de vida de muchos emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente. En aquellos que, una vez llegados a su destino después de un viaje durísimo y con miedo e inseguridad, son detenidos en condiciones a veces inhumanas. Pienso en los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos y económicos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estructural del trabajador emigrado con respecto al empleador, como por ejemplo cuando se condiciona la legalidad de la estancia al contrato de trabajo… Sí, pienso en el ‘trabajo esclavo’”.

3. En tercer lugar, el Papa piensa “en las personas obligadas a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio o en las entregadas en sucesión, a un familiar después de la muerte de su marido, sin tener el derecho de dar o no su consentimiento”.

4. Hablando de las actuales formas de esclavitud, el obispo de Roma piensa “en los niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional”.

5. Por último, Francisco piensa “en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados”.

La esclavitud no ha terminado. A inicios del año 2015 el mundo sigue siendo testigo de personas humanas que dominan a su antojo y capricho a hombres, mujeres y niños, denuncia el Papa Francisco en el mensaje que ha escrito para la Jornada Mundial de la Paz, el 1 de enero de 2015.

Si bien la esclavitud hoy día ya no es reconocida legalmente, el pontífice denuncia los actuales rostros de la esclavitud en las sociedades del siglo XXI.

1. El primer rostro de la esclavitud, según el Papa, son los “trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores, desde el trabajo doméstico al de la agricultura, de la industria manufacturera a la minería, tanto en los países donde la legislación laboral no cumple con las mínimas normas y estándares internacionales, como, aunque de manera ilegal, en aquellos cuya legislación protege a los trabajadores”.

2. En segundo lugar, al denunciar las nuevas formas de esclavitud, Francisco piensa “en las condiciones de vida de muchos emigrantes que, en su dramático viaje, sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente. En aquellos que, una vez llegados a su destino después de un viaje durísimo y con miedo e inseguridad, son detenidos en condiciones a veces inhumanas. Pienso en los que se ven obligados a la clandestinidad por diferentes motivos sociales, políticos y económicos, y en aquellos que, con el fin de permanecer dentro de la ley, aceptan vivir y trabajar en condiciones inadmisibles, sobre todo cuando las legislaciones nacionales crean o permiten una dependencia estructural del trabajador emigrado con respecto al empleador, como por ejemplo cuando se condiciona la legalidad de la estancia al contrato de trabajo… Sí, pienso en el ‘trabajo esclavo’”.

3. En tercer lugar, el Papa piensa “en las personas obligadas a ejercer la prostitución, entre las que hay muchos menores, y en los esclavos y esclavas sexuales; en las mujeres obligadas a casarse, en aquellas que son vendidas con vistas al matrimonio o en las entregadas en sucesión, a un familiar después de la muerte de su marido, sin tener el derecho de dar o no su consentimiento”.

4. Hablando de las actuales formas de esclavitud, el obispo de Roma piensa “en los niños y adultos que son víctimas del tráfico y comercialización para la extracción de órganos, para ser reclutados como soldados, para la mendicidad, para actividades ilegales como la producción o venta de drogas, o para formas encubiertas de adopción internacional”.

5. Por último, Francisco piensa “en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales. Muchos de ellos desaparecen, otros son vendidos varias veces, torturados, mutilados o asesinados”.

Texto completo de la homilía del Papa en la fiesta de Marí­a Santí­sima, Madre de Dios

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Hoy se celebra la 48ª Jornada Mundial de la Paz

ROMA, 01 Ene. 15 (ACI/EWTN Noticias).- Cada 1° de enero la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz y como es costumbre se reflexiona sobre el Mensaje del Papa Francisco, que este año 2015 se titula “No esclavos, sino hermanos”. Al comenzar este nuevo año, pidámosle a Dios que nos conceda el don de la Paz que muchas veces se ve amenazada por el egoísmo.

Paz es, en términos generales, la tranquilidad que procede del orden y de la unidad de voluntades, es la serenidad existente donde no hay conflicto. Mientras que la “paz interior” es la que proviene de la unidad de la voluntad humana con la divina, la cual se puede obtener incluso en medio de grandes dificultades y tormentos exteriores.

San Juan XIII decía en Pacem in terris (La paz en la tierra), que la “profunda aspiración de los hombres de todos los tiempos (la paz), no se puede establecer ni asegurar si no se guarda íntegramente el orden establecido por Dios. La Paz ha de estar fundada sobre la verdad, construida con las normas de la justicia, vivificada e integrada por la caridad y realizada, en fin, con la libertad”.

En este sentido, la Paz es un don de Dios que encuentra su plenitud en Jesucristo y su arma más poderosa es la oración. “La conquista de la paz a todos los niveles está unida a la conversión del corazón y a un auténtico cambio de vida”, señaló una vez San Juan Pablo II.

Oración por la Paz de San Juan Pablo II

(Día Mundial por la Paz, 1 de enero del 2002)

Oh, Dios, Creador del universo,

que extiendes tu preocupación paternal sobre cada criatura y que guías los eventos de la historia a la meta de la salvación;

reconocemos tu amor paternal

que a pesar de la resistencia de la humanidad

y, en un mundo dividido por la disputa y la discordia,

Tú nos haces preparar para la reconciliación.

Renueva en nosotros las maravillas de tu misericordia;

envía tu Espíritu sobre nosotros,

para que él pueda obrar

en la intimidad de nuestros corazones;

para que los enemigos puedan empezar a dialogar;

para que los adversarios puedan estrecharse las manos;

y para que las personas puedan

encontrar entre sí la armonía.

Para que todos puedan comprometerse

en la búsqueda sincera por la verdadera paz;

para que se eliminen todas las disputas,

para que la caridad supere el odio,

para que el perdón venza el deseo de venganza.

Con este preámbulo, te invitamos a meditar el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada de la Paz 2015.