El reto de hoy es… ponerte la muñequera

Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

DAÑOS COLATERALES

Llevo un par de días con un pequeño dolor muy extraño en las muñecas. La verdad es que no recuerdo haber hecho locuras últimamente… La cuestión empezó a ser preocupante cuando el dolor fue creciendo hasta el punto de que ayer, en Laudes, a penas podía coger el breviario (el libro con el que rezamos).

Evidentemente, la causa de este dolor no era algo que “había hecho”, sino algo “que estaba haciendo”, pues no dejaba de crecer cada día.

Después de Laudes, ha llegado la oración y he cogido el tablet para empezar a escribir este reto, cuando, de pronto… ¡me ha dado un calambrazo en las muñecas! No te voy a engañar: lo cierto es que me he quedado muy tranquila al descubrir que todo era fruto de escribir en el tablet. ¡No ha sido por hacer el loco, sino trabajando por Cristo! Y nada, ahora, en cuanto acabe la Eucaristía, voy a buscar una muñequera… ¡y a seguir caminando!

Hoy el reto del amor es ponerse la muñequera. A lo largo del día te ocurrirán cosas en las que sentirás que te vas desgastando. Parece algo inevitable, pero hoy quiero invitarte a que te pongas la muñequera que es Cristo. Es cierto, Él no es una varita mágica, no hará que esa molestia desaparezca… pero, como la muñequera, te sostendrá, te dará fuerza y sentido. Te hará verlo con unos ojos nuevos, descubriendo que Él abraza tu muñeca herida para que puedas seguir escribiendo. ¡Déjate abrazar así de fuerte por Él!

VIVE DE CRISTO

El reto de hoy es… ponerte la muñequera

Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.

DAÑOS COLATERALES

Llevo un par de días con un pequeño dolor muy extraño en las muñecas. La verdad es que no recuerdo haber hecho locuras últimamente… La cuestión empezó a ser preocupante cuando el dolor fue creciendo hasta el punto de que ayer, en Laudes, a penas podía coger el breviario (el libro con el que rezamos).

Evidentemente, la causa de este dolor no era algo que “había hecho”, sino algo “que estaba haciendo”, pues no dejaba de crecer cada día.

Después de Laudes, ha llegado la oración y he cogido el tablet para empezar a escribir este reto, cuando, de pronto… ¡me ha dado un calambrazo en las muñecas! No te voy a engañar: lo cierto es que me he quedado muy tranquila al descubrir que todo era fruto de escribir en el tablet. ¡No ha sido por hacer el loco, sino trabajando por Cristo! Y nada, ahora, en cuanto acabe la Eucaristía, voy a buscar una muñequera… ¡y a seguir caminando!

Hoy el reto del amor es ponerse la muñequera. A lo largo del día te ocurrirán cosas en las que sentirás que te vas desgastando. Parece algo inevitable, pero hoy quiero invitarte a que te pongas la muñequera que es Cristo. Es cierto, Él no es una varita mágica, no hará que esa molestia desaparezca… pero, como la muñequera, te sostendrá, te dará fuerza y sentido. Te hará verlo con unos ojos nuevos, descubriendo que Él abraza tu muñeca herida para que puedas seguir escribiendo. ¡Déjate abrazar así de fuerte por Él!

VIVE DE CRISTO

Cuando el dinero es un ídolo arruina y condena al hombre, advierte el Papa Francisco

VATICANO, 28 Feb. 15 (ACI/EWTN Noticias).- Al recibir hoy en audiencia a los miembros de la Confederación de Cooperativas Italianas, el Papa Francisco alentó su trabajo a favor del bien común y advirtió que cuando el dinero es un ídolo arruina y condena al hombre.

El Santo Padre destacó que “no es fácil hablar de dinero. Dijo Basilio el Grande, Padre de la Iglesia del siglo IV, citado por San Francisco de Asís, que ‘el dinero es el estiércol del diablo’. Lo repite ahora también el Papa: ‘el dinero es el estiércol del diablo!’”.

“Cuando el dinero se convierte en un ídolo, controla las decisiones del hombre. Y luego arruina al hombre y lo condena. Hace que sea un sirviente. El dinero en el servicio de la vida puede ser manejado de la manera correcta por la cooperativa, pero si es una cooperativa auténtica, real, donde no controla el capital a los hombres, sino los hombres sobre el capital”.

Francisco aseguró que “las cooperativas desafían todo, desafiando incluso las matemáticas, ¡porque en una cooperativa uno más uno es igual a tres! Y en una cooperativa, un fracaso es medio fracaso. ¡Esa es la belleza de las cooperativas!”.

El Santo Padre destacó que las cooperativas “son en primer lugar la memoria viva de un gran tesoro de la Iglesia italiana. De hecho, sabemos que en el origen del movimiento cooperativo italiano, muchas cooperativas agrícolas y de crédito, en el siglo XIX, fueron sabiamente fundadas y promovidas por sacerdotes y pastores”.

“En varias diócesis italianas todavía utilizan la cooperación como un remedio eficaz para el problema del desempleo y de las diferentes formas de desventaja social”.

El Papa lamentó que “hoy en día es una regla, no digamos normal, habitual … pero tan a menudo se ve: ‘¿Usted busca un empleo? Venga, venga a esta empresa’. 11 horas, 10 horas, 600 euros. ‘¿Te gusta? ¿No? Vete a tu casa’”.

“¿Qué hacer en este mundo que funciona así? Porque hay una cola, la cola de personas que buscan trabajo: si no te gusta, a ese otro le gustará. Y el hambre, el hambre hace que aceptemos lo que nos da, el trabajo en negro … yo podría preguntar, por ejemplo, al personal de la casa: ¿Cuántos hombres y mujeres que trabajan en el servicio doméstico tienen los ahorros sociales para la pensión?

Todo esto es bien conocido. La Iglesia siempre ha reconocido, apreciado y alentado la experiencia cooperativa”.

Francisco señaló a los miembros de cooperativas presentes que es una “misión real” contemporánea “encontrar imaginación creativa para hallar formas, métodos, actitudes y herramientas para combatir la ‘cultura del descarte’, lo que ahora vivimos, la ‘cultura del derroche’ cultivada por los poderes que rigen las políticas económicas y financieras mundo globalizado, donde el centro es el dios dinero”.

“Globalizar la solidaridad – ¡esto se debe globalizar, la solidaridad! – hoy en día significa pensar en el aumento vertiginoso del desempleo, las incesantes lágrimas de los pobres, la necesidad de reanudar el desarrollo que es el progreso real de la persona que necesita ciertamente de ingresos, ¡pero no sólo de ingresos!”.

El Santo Padre señaló que se debe pensar “en las necesidades de salud, que los sistemas de bienestar tradicional ya no son capaces de cumplir; en las necesidades apremiantes de la solidaridad, poniendo de nuevo, al centro de la economía mundial, la dignidad de la persona humana”.

Ante esto, Francisco alentó a las cooperativas a “seguir siendo el motor que levanta y desarrolla la parte más débil de nuestras comunidades locales y la sociedad civil”.

El Papa también los animó a “ser activos protagonistas para lograr nuevas soluciones de bienestar, particularmente en salud, una zona sensible, donde tanta gente pobre ya no encuentran respuestas adecuadas a sus necesidades”.

“¡La caridad es un regalo! ¡No es un simple gesto para calmar el corazón, es un regalo! ¡Cuando hago la caridad me dono a mí mismo! Si no soy capaz de donarme, eso no es caridad. Un regalo sin el cual no se puede entrar en la casa de los que sufren”.

Francisco alentó a las cooperativas a continuar combatiendo y contrarrestando “las falsas cooperativas, las que prostituyen el nombre de la cooperativa, es decir de una realidad muy buena, para engañar a la gente con fines de lucro antónimos a los de la cooperación verdadera y genuina”.

“Hacen bien”, les reiteró, pues las falsas cooperativas “toman una fachada honrada y persiguen en su lugar propósitos deshonestos e inmorales, a menudo dirigidos a la explotación del trabajo, o la manipulación del mercado, e incluso al tráfico escandaloso de la corrupción y es una vergüenza y grave mentira que absolutamente no se puede aceptar”.

“¡Luchen contra esto! Pero, ¿cómo luchar? ¿Con solo palabras? ¿Con ideas? Luchen con la cooperación justa, la verdadera, la que siempre vence”.

Al culminar su discurso, el Papa Francisco alentó a los miembros de cooperativas a “caminar junto con todos los hombres de buena voluntad”.

“Esto también es una vocación cristiana, un llamado a todos los cristianos. Los valores cristianos no son solo para nosotros, ¡son para compartir! Y compartirlos con los demás, con los que no piensan como nosotros, pero que quieren las mismas cosas que queremos”.

“Vayan adelante, ¡ánimo! Sean creativos, ‘poetas’, ¡Adelante!”, concluyó.

También le puede interesar:

Papa Francisco: Si el dinero es el fin prevalece la “lógica salvaje del lucro” http://t.co/kdyN9DisVK

— ACI Prensa (@aciprensa) noviembre 14, 2014

Cuando el dinero es un ídolo arruina y condena al hombre, advierte el Papa Francisco

VATICANO, 28 Feb. 15 (ACI/EWTN Noticias).- Al recibir hoy en audiencia a los miembros de la Confederación de Cooperativas Italianas, el Papa Francisco alentó su trabajo a favor del bien común y advirtió que cuando el dinero es un ídolo arruina y condena al hombre.

El Santo Padre destacó que “no es fácil hablar de dinero. Dijo Basilio el Grande, Padre de la Iglesia del siglo IV, citado por San Francisco de Asís, que ‘el dinero es el estiércol del diablo’. Lo repite ahora también el Papa: ‘el dinero es el estiércol del diablo!’”.

“Cuando el dinero se convierte en un ídolo, controla las decisiones del hombre. Y luego arruina al hombre y lo condena. Hace que sea un sirviente. El dinero en el servicio de la vida puede ser manejado de la manera correcta por la cooperativa, pero si es una cooperativa auténtica, real, donde no controla el capital a los hombres, sino los hombres sobre el capital”.

Francisco aseguró que “las cooperativas desafían todo, desafiando incluso las matemáticas, ¡porque en una cooperativa uno más uno es igual a tres! Y en una cooperativa, un fracaso es medio fracaso. ¡Esa es la belleza de las cooperativas!”.

El Santo Padre destacó que las cooperativas “son en primer lugar la memoria viva de un gran tesoro de la Iglesia italiana. De hecho, sabemos que en el origen del movimiento cooperativo italiano, muchas cooperativas agrícolas y de crédito, en el siglo XIX, fueron sabiamente fundadas y promovidas por sacerdotes y pastores”.

“En varias diócesis italianas todavía utilizan la cooperación como un remedio eficaz para el problema del desempleo y de las diferentes formas de desventaja social”.

El Papa lamentó que “hoy en día es una regla, no digamos normal, habitual … pero tan a menudo se ve: ‘¿Usted busca un empleo? Venga, venga a esta empresa’. 11 horas, 10 horas, 600 euros. ‘¿Te gusta? ¿No? Vete a tu casa’”.

“¿Qué hacer en este mundo que funciona así? Porque hay una cola, la cola de personas que buscan trabajo: si no te gusta, a ese otro le gustará. Y el hambre, el hambre hace que aceptemos lo que nos da, el trabajo en negro … yo podría preguntar, por ejemplo, al personal de la casa: ¿Cuántos hombres y mujeres que trabajan en el servicio doméstico tienen los ahorros sociales para la pensión?

Todo esto es bien conocido. La Iglesia siempre ha reconocido, apreciado y alentado la experiencia cooperativa”.

Francisco señaló a los miembros de cooperativas presentes que es una “misión real” contemporánea “encontrar imaginación creativa para hallar formas, métodos, actitudes y herramientas para combatir la ‘cultura del descarte’, lo que ahora vivimos, la ‘cultura del derroche’ cultivada por los poderes que rigen las políticas económicas y financieras mundo globalizado, donde el centro es el dios dinero”.

“Globalizar la solidaridad – ¡esto se debe globalizar, la solidaridad! – hoy en día significa pensar en el aumento vertiginoso del desempleo, las incesantes lágrimas de los pobres, la necesidad de reanudar el desarrollo que es el progreso real de la persona que necesita ciertamente de ingresos, ¡pero no sólo de ingresos!”.

El Santo Padre señaló que se debe pensar “en las necesidades de salud, que los sistemas de bienestar tradicional ya no son capaces de cumplir; en las necesidades apremiantes de la solidaridad, poniendo de nuevo, al centro de la economía mundial, la dignidad de la persona humana”.

Ante esto, Francisco alentó a las cooperativas a “seguir siendo el motor que levanta y desarrolla la parte más débil de nuestras comunidades locales y la sociedad civil”.

El Papa también los animó a “ser activos protagonistas para lograr nuevas soluciones de bienestar, particularmente en salud, una zona sensible, donde tanta gente pobre ya no encuentran respuestas adecuadas a sus necesidades”.

“¡La caridad es un regalo! ¡No es un simple gesto para calmar el corazón, es un regalo! ¡Cuando hago la caridad me dono a mí mismo! Si no soy capaz de donarme, eso no es caridad. Un regalo sin el cual no se puede entrar en la casa de los que sufren”.

Francisco alentó a las cooperativas a continuar combatiendo y contrarrestando “las falsas cooperativas, las que prostituyen el nombre de la cooperativa, es decir de una realidad muy buena, para engañar a la gente con fines de lucro antónimos a los de la cooperación verdadera y genuina”.

“Hacen bien”, les reiteró, pues las falsas cooperativas “toman una fachada honrada y persiguen en su lugar propósitos deshonestos e inmorales, a menudo dirigidos a la explotación del trabajo, o la manipulación del mercado, e incluso al tráfico escandaloso de la corrupción y es una vergüenza y grave mentira que absolutamente no se puede aceptar”.

“¡Luchen contra esto! Pero, ¿cómo luchar? ¿Con solo palabras? ¿Con ideas? Luchen con la cooperación justa, la verdadera, la que siempre vence”.

Al culminar su discurso, el Papa Francisco alentó a los miembros de cooperativas a “caminar junto con todos los hombres de buena voluntad”.

“Esto también es una vocación cristiana, un llamado a todos los cristianos. Los valores cristianos no son solo para nosotros, ¡son para compartir! Y compartirlos con los demás, con los que no piensan como nosotros, pero que quieren las mismas cosas que queremos”.

“Vayan adelante, ¡ánimo! Sean creativos, ‘poetas’, ¡Adelante!”, concluyó.

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— ACI Prensa (@aciprensa) noviembre 14, 2014

En el camino de la noche

II Domingo de Cuaresma

San Cristóbal de las Casas, 28 de febrero de 2015 (Zenit.org) Mons. Enrique Díaz Diaz | 0 hits

Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18: “Toma a tu hijo único… y ofrécemelo en sacrificio”
Salmo 115: “Siempre confiaré en el Señor”
Romanos 8, 31-34: “Dios nos entregó a su propio Hijo”.
San Marcos 9, 2-10: “Éste es mi Hijo amado”

Tremenda la prueba e incompresible la oscuridad en la que camina Abraham buscando cumplir la voluntad de Dios: “Toma a tu hijo único… y ofrécemelo en sacrificio”. Oscuridad y noche para los cristianos que viven el conflicto, acusados y condenados en los primeros pasos de la Iglesia como nos lo narra San Pablo. Doloroso e incomprensible el camino de la cruz que Cristo propone a sus discípulos. Oscuras e incomprensibles las situaciones de injusticia y de violencia que azotan a la humanidad: guerras, crímenes, corrupción, inequidad y hambre. ¡Cuánta oscuridad en la vida del creyente! Parece una noche interminable. Quisiéramos saltarnos el tiempo de la oscuridad y el dolor, y que pronto llegara la luz a nuestras vidas. Encontrarnos con el feliz final que salva la vida a Isaac y hace brincar de alegría a Abraham en la firmeza de su fe. Tener la plena seguridad de: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará en contra nuestra?”. O llenarnos de luz contemplando al Resucitado en el monte de la transfiguración. Pero no es tan simple, se necesita recorrer el camino de la noche para encontrar la luz, se necesita vivir la cruz para encontrar la resurrección.

Aunque los estudiosos aseguran que el episodio del sacrificio de Abraham es una explicación del camino que siguieron los pueblos nómadas para pasar del sacrificio humano a una comprensión más profunda del verdadero culto, siempre he admirado la fe de Abraham que veía desmoronarse todas sus esperanzas sacrificando a su propio hijo. Incomprensible exigencia y fe ciega en un Dios tremendo. Muchas veces he reclamado al Señor “su dureza de corazón y sus exigencias intransigentes” cuando se trata de seguir su camino. ¿Cómo puede ser Dios tan insensible para exigir el sacrificio del Hijo? Y hoy el Señor me responde en las palabras de San Pablo: “El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo junto con su Hijo?”. Más grande que “la fe ciega” de Abraham, mucho más grande que mis supuestos sacrificios y entregas, se nos presenta el amor incomprensible de un Dios que nos ama tanto hasta darnos a su propio Hijo. ¡No hay punto de comparación! Si pudiéramos experimentar vivamente ese amor, nuestros caminos tendrían más luz.

En este domingo, junto con los textos de Abraham y la excelente explicación de San Pablo a los Romanos, se nos ofrece la Transfiguración del Señor para iluminar no sólo nuestra cuaresma sino toda nuestra vida. Colocada en el centro del Evangelio de San Marcos, la transfiguración de Jesús se presenta como una de las escenas más importantes del Nuevo Testamento. Es como mirar la meta hacia donde se dirigen los pasos para no escatimar las dificultades del camino. San Marcos nos ayuda a descubrir, a través del descubrimiento de los discípulos, la identidad de Jesús y el sentido del propio camino. En este camino de descubrimiento no puede faltar la gran clave de interpretación para comprender el misterio de Jesús: su pasión y entrega amorosa como camino de la Resurrección que le otorga el Padre. Tras las crisis y las dudas que pueden asaltar a los discípulos al contemplar a un Mesías no triunfal sino triturado y despreciado, es el mismo Padre quien habla para confirmar a Jesús en el camino que ha elegido. Es como una nueva revelación parecida a la del Bautismo pero ahora dirigida también a los discípulos. No basta conocer y saber que Jesús es el Mesías, el contemplarlo se convierte en una norma de vida: “Ese es mi Hijo amado; escúchenlo”. Jesús así, transformado en Palabra del Padre, nos revela la grandeza de un amor que no conoce límites en su entrega. ¡Necesitamos escuchar esta Palabra! No ha escatimado entregar a su propio Hijo por amor a la humanidad. ¡Tanto nos ama el Padre! Es la luz que resplandece en el camino de la noche.

Así adquiere sentido el camino de oscuridad que nos podría parecer nuestra travesía terrenal: está suscitado, encaminado e iluminado por el amor infinito del Padre. Esta teofanía nos explica también el camino de la cuaresma: es el tiempo de recogimiento y silencio, de dolor y fortalecimiento, pero no para quedarse ocultos y sobreprotegidos desdeñando el compromiso diario que nos lleve a transformar la realidad. No podemos quedarnos contemplando al Hijo transfigurado, necesitamos encontrarlo en cada uno de los hermanos crucificados de nuestro tiempo. Después de contemplar a Jesús hay que descender al compromiso de cada día. El cristiano se tiene que abrir y romper las protecciones para salir a enfrentarse a un mundo de injusticias y sinsentido donde se lucha en medio de las tinieblas pero con la fe puesta en el amor del Padre que nos ilumina. El discípulo tiene el compromiso de romper sus capullos y no vivir entre algodones sino inmiscuirse en la vida diaria para transformarla, probar el amargo sabor de la incomprensión pero nunca perder el sentido de su actividad. Hay que arriesgarse para ver la luz, pero no volar sin sentido, a tontas y a locas, sino recordar cuál es el destino final que da orientación a nuestra vida: la muerte y resurrección de Jesús. Así enfrentaremos las actividades diarias y les daremos su justo valor.

Como lo ha reconocido el Papa Francisco cualquiera de nosotros puede verse sumido en un abismo de dudas y desalientos al contemplar tanto el proyecto personal, como la vida de la Iglesia o el desarrollo de la sociedad. Son tiempos de falta de ideales, de tensiones y guerras, de injusticias y corrupción, que pueden llevarnos a una desilusión y abatimiento. Nos hemos equivocado en esperar resultados fáciles e inmediatos sin tener presente la sabiduría y la paciencia de las contradicciones de la cruz. Pero el pesimismo y la derrota son tentaciones que nos paralizan y no podemos dejarnos atrapar en sus redes. Hoy el Señor Jesús nos llama a nosotros para que lo contemplemos y nos llenemos de esperanza, no en el triunfo fácil, no en la conquista victoriosa, sino en su mismo camino y enseñanza. Hay que darse todo para llegar a su victoria. Él es la Palabra amorosa del Padre que sostiene nuestro camino.

¿Cuál es mi actitud en los momentos de crisis y dificultad? ¿Recuerdo el amor del Padre que me envuelve y acaricia? ¿Cómo es mi compromiso con los hermanos después de haber contemplado a Cristo vivo y resucitado?

Padre Bueno, que nos mandas escuchar a tu amado Hijo, fortalece nuestra fe y purifica nuestros ojos, para que alegrándonos en la contemplación de tu gloria, nos comprometamos en la transformación de nuestro mundo. Amén.

(28 de febrero de 2015) © Innovative Media Inc.

En el camino de la noche

II Domingo de Cuaresma

San Cristóbal de las Casas, 28 de febrero de 2015 (Zenit.org) Mons. Enrique Díaz Diaz | 0 hits

Génesis 22, 1-2. 9-13. 15-18: “Toma a tu hijo único… y ofrécemelo en sacrificio”
Salmo 115: “Siempre confiaré en el Señor”
Romanos 8, 31-34: “Dios nos entregó a su propio Hijo”.
San Marcos 9, 2-10: “Éste es mi Hijo amado”

Tremenda la prueba e incompresible la oscuridad en la que camina Abraham buscando cumplir la voluntad de Dios: “Toma a tu hijo único… y ofrécemelo en sacrificio”. Oscuridad y noche para los cristianos que viven el conflicto, acusados y condenados en los primeros pasos de la Iglesia como nos lo narra San Pablo. Doloroso e incomprensible el camino de la cruz que Cristo propone a sus discípulos. Oscuras e incomprensibles las situaciones de injusticia y de violencia que azotan a la humanidad: guerras, crímenes, corrupción, inequidad y hambre. ¡Cuánta oscuridad en la vida del creyente! Parece una noche interminable. Quisiéramos saltarnos el tiempo de la oscuridad y el dolor, y que pronto llegara la luz a nuestras vidas. Encontrarnos con el feliz final que salva la vida a Isaac y hace brincar de alegría a Abraham en la firmeza de su fe. Tener la plena seguridad de: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará en contra nuestra?”. O llenarnos de luz contemplando al Resucitado en el monte de la transfiguración. Pero no es tan simple, se necesita recorrer el camino de la noche para encontrar la luz, se necesita vivir la cruz para encontrar la resurrección.

Aunque los estudiosos aseguran que el episodio del sacrificio de Abraham es una explicación del camino que siguieron los pueblos nómadas para pasar del sacrificio humano a una comprensión más profunda del verdadero culto, siempre he admirado la fe de Abraham que veía desmoronarse todas sus esperanzas sacrificando a su propio hijo. Incomprensible exigencia y fe ciega en un Dios tremendo. Muchas veces he reclamado al Señor “su dureza de corazón y sus exigencias intransigentes” cuando se trata de seguir su camino. ¿Cómo puede ser Dios tan insensible para exigir el sacrificio del Hijo? Y hoy el Señor me responde en las palabras de San Pablo: “El que no nos escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, ¿cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo junto con su Hijo?”. Más grande que “la fe ciega” de Abraham, mucho más grande que mis supuestos sacrificios y entregas, se nos presenta el amor incomprensible de un Dios que nos ama tanto hasta darnos a su propio Hijo. ¡No hay punto de comparación! Si pudiéramos experimentar vivamente ese amor, nuestros caminos tendrían más luz.

En este domingo, junto con los textos de Abraham y la excelente explicación de San Pablo a los Romanos, se nos ofrece la Transfiguración del Señor para iluminar no sólo nuestra cuaresma sino toda nuestra vida. Colocada en el centro del Evangelio de San Marcos, la transfiguración de Jesús se presenta como una de las escenas más importantes del Nuevo Testamento. Es como mirar la meta hacia donde se dirigen los pasos para no escatimar las dificultades del camino. San Marcos nos ayuda a descubrir, a través del descubrimiento de los discípulos, la identidad de Jesús y el sentido del propio camino. En este camino de descubrimiento no puede faltar la gran clave de interpretación para comprender el misterio de Jesús: su pasión y entrega amorosa como camino de la Resurrección que le otorga el Padre. Tras las crisis y las dudas que pueden asaltar a los discípulos al contemplar a un Mesías no triunfal sino triturado y despreciado, es el mismo Padre quien habla para confirmar a Jesús en el camino que ha elegido. Es como una nueva revelación parecida a la del Bautismo pero ahora dirigida también a los discípulos. No basta conocer y saber que Jesús es el Mesías, el contemplarlo se convierte en una norma de vida: “Ese es mi Hijo amado; escúchenlo”. Jesús así, transformado en Palabra del Padre, nos revela la grandeza de un amor que no conoce límites en su entrega. ¡Necesitamos escuchar esta Palabra! No ha escatimado entregar a su propio Hijo por amor a la humanidad. ¡Tanto nos ama el Padre! Es la luz que resplandece en el camino de la noche.

Así adquiere sentido el camino de oscuridad que nos podría parecer nuestra travesía terrenal: está suscitado, encaminado e iluminado por el amor infinito del Padre. Esta teofanía nos explica también el camino de la cuaresma: es el tiempo de recogimiento y silencio, de dolor y fortalecimiento, pero no para quedarse ocultos y sobreprotegidos desdeñando el compromiso diario que nos lleve a transformar la realidad. No podemos quedarnos contemplando al Hijo transfigurado, necesitamos encontrarlo en cada uno de los hermanos crucificados de nuestro tiempo. Después de contemplar a Jesús hay que descender al compromiso de cada día. El cristiano se tiene que abrir y romper las protecciones para salir a enfrentarse a un mundo de injusticias y sinsentido donde se lucha en medio de las tinieblas pero con la fe puesta en el amor del Padre que nos ilumina. El discípulo tiene el compromiso de romper sus capullos y no vivir entre algodones sino inmiscuirse en la vida diaria para transformarla, probar el amargo sabor de la incomprensión pero nunca perder el sentido de su actividad. Hay que arriesgarse para ver la luz, pero no volar sin sentido, a tontas y a locas, sino recordar cuál es el destino final que da orientación a nuestra vida: la muerte y resurrección de Jesús. Así enfrentaremos las actividades diarias y les daremos su justo valor.

Como lo ha reconocido el Papa Francisco cualquiera de nosotros puede verse sumido en un abismo de dudas y desalientos al contemplar tanto el proyecto personal, como la vida de la Iglesia o el desarrollo de la sociedad. Son tiempos de falta de ideales, de tensiones y guerras, de injusticias y corrupción, que pueden llevarnos a una desilusión y abatimiento. Nos hemos equivocado en esperar resultados fáciles e inmediatos sin tener presente la sabiduría y la paciencia de las contradicciones de la cruz. Pero el pesimismo y la derrota son tentaciones que nos paralizan y no podemos dejarnos atrapar en sus redes. Hoy el Señor Jesús nos llama a nosotros para que lo contemplemos y nos llenemos de esperanza, no en el triunfo fácil, no en la conquista victoriosa, sino en su mismo camino y enseñanza. Hay que darse todo para llegar a su victoria. Él es la Palabra amorosa del Padre que sostiene nuestro camino.

¿Cuál es mi actitud en los momentos de crisis y dificultad? ¿Recuerdo el amor del Padre que me envuelve y acaricia? ¿Cómo es mi compromiso con los hermanos después de haber contemplado a Cristo vivo y resucitado?

Padre Bueno, que nos mandas escuchar a tu amado Hijo, fortalece nuestra fe y purifica nuestros ojos, para que alegrándonos en la contemplación de tu gloria, nos comprometamos en la transformación de nuestro mundo. Amén.

(28 de febrero de 2015) © Innovative Media Inc.

domingo 1 Marzo 2015 : Libro de Génesis 22,1-2.9a.10-13.15-18.

Después de estos acontecimientos, “Dios puso a prueba a Abraham “¡Abraham!”, le dijo. El respondió: “Aquí estoy”. Entonces Dios le siguió diciendo: “Toma a tu hijo único, el que tanto amas, a Isaac; ve a la región de Moria, y ofrécelo en holocausto sobre la montaña que yo te indicaré”. Cuando llegaron al lugar que Dios le había indicado, Abraham erigió un altar, dispuso la leña, ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar encima de la leña. Luego extendió su mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo. Pero el Angel del Señor lo llamó desde el cielo: “¡Abraham, Abraham!”. “Aquí estoy”, respondió él. Y el Angel le dijo: “No pongas tu mano sobre el muchacho ni le hagas ningún daño. Ahora sé que temes a Dios, porque no me has negado ni siquiera a tu hijo único”. Al levantar la vista, Abraham vio un carnero que tenía los cuernos enredados en una zarza. Entonces fue a tomar el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Luego el Angel del Señor llamó por segunda vez a Abraham desde el cielo, y le dijo: “Juro por mí mismo – oráculo del Señor – : porque has obrado de esa manera y no me has negado a tu hijo único, yo te colmaré de bendiciones y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos, y por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra, ya que has obedecido mi voz”.