#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Licinio (Lucinio) de Angers, Santo

Por: . | Fuente: SagradaFamilia.net

Obispo de Angers del siglo VII

Martirologio Romano: En Anjou, en Neustria, san Licinio, obispo, a quien el papa san Gregorio I Magno encomendó los monjes que se dirigían a Inglaterra (c. 618).

Nacido hacia el 540 y muerto alrededor del 618. conde de Anjou, atraído por la vida religiosa pero preocupado también por el porvenir del condado, aceptó prometerse; cuando su futura esposa se vio súbitamente afectada por la lepra, vio en aquel acontecimiento una señal del Cielo y abandonó sus funciones para convertirse en obispo de Angers.

Dando pruebas de una incansable devoción, iba personalmente a consolar a los enfermos y a las mujeres a punto de parir.

Y desde la ciudad de Angers, difunde la suavidad y pureza de sus costumbres y de su caridad como obispo santo, hasta su muerte.

San Lucinio, que había sido el XVII en el elenco episcopal de aquella diócesis, pronto fue venerado en Angers como el patrono de la ciudad.

Angers es la antigua capital de Anjou

This entry passed through the Full-Text RSS service – if this is your content and you’re reading it on someone else’s site, please read the FAQ at fivefilters.org/content-only/faq.php#publishers.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Omar (Audomaro), Santo

Por: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01

Obispo

Martirologio Romano: En el territorio de Théouranne, en Flandes, san Audomaro, que, siendo discípulo de san Eustasio, abad de Luxeuil, fue elegido obispo de los Marinos y renovó allí la fe cristiana (c. 670).
El nombre de San Audómaro resulta más familiar y conocido en su forma francesa de Omer, ya que en Francia existe la ciudad de Saint-Omer donde estuvo, en tiempos de la persecución religiosa en Inglaterra, el famoso colegio de jesuitas que mantuvo bien provista la misión inglesa, colegio aquél que, posteriormente, quedó en manos del clero seglar y donde murió Alban Butler que fue su director durante algún tiempo.

El lugar de nacimiento de Omer no estaba lejos de la ciudad de Coutances. Todas las preocupaciones de sus padres se concentraron en él, y la educación del joven fue su cuidado primordial. Omer respondió bien a las esperanzas que habían sido puestas en él, progresó rápidamente en los estudios, manifestó su inclinación hacia la vida religiosa y, a la muerte de su madre, ingresó en el monasterio de Luxeuil. San Eustaquio, que había sucedido al fundador San Columbano en el gobierno de aquella casa, acogió amablemente al joven y a su padre, que le acompañaba; ambos fueron admitidos y, a su debido tiempo, padre e hijo hicieron juntos su profesión religiosa. La humildad, devoción, obediencia y pureza de costumbres que demostró poseer el joven desde un principio, le distinguieron entre sus hermanos, aun en aquel hogar de santos.

Con el correr del tiempo, se supo que Thérouanne, la capital de los morini, tenía gran necesidad de un pastor celoso y enérgico para que guiara a sus habitantes por el buen camino. Aquella comarca, que comprendía lo que ahora conocemos con el nombre de Pas-de-Calais, se hallaba bajo la égida del vicio y el error, y el rey Dagoberto buscaba afanosamente a una persona bien calificada para restablecer la fe y la práctica de las reglas de moral que predica el Evangelio. San Omer, que hacía veinte años era monje en el convento de Luxeuil, fue señalado como el hombre capaz de desempeñar la ardua tarea y, San Acario, obispo de Noyon y Tournai, se lo recomendó al rey, de manera que, alrededor del año 637, Omer, que se hallaba feliz y contento en su retiro, fue súbitamente obligado a abandonar su soledad. Al recibir la orden, hizo este comentario: “¡Qué enorme diferencia hay entre la segura rada en la que ahora me encuentro anclado y ese mar tempestuoso al que me empujan, contra mi voluntad y sin ninguna experiencia!”

La primera tarea de su ministerio pastoral como obispo de Thérouanne fue el restablecimiento de la fe, con toda su pureza, entre los pocos cristianos que encontró y cuya reforma fue un trabajo tan difícil como la conversión de los idólatras. A pesar de los obstáculos, fue inmenso el éxito de sus labores, y se puede afirmar que dejó su diócesis al mismo nivel que las más florecientes de Francia. Sus sermones, llenos de fogosa elocuencia, eran irresistibles, pero su vida ejemplar era una prédica todavía más poderosa, puesto que alentaba a los demás a prodigarse para dar de comer a los pobres, consolar a los enfermos, reconciliar a los enemigos y servir a todos, sin otro interés que el de su salvación y la mayor gloria de Dios. Ese era el carácter del santo obispo y de todos los que trabajaban bajo su dirección. Entre sus principales colaboradores figuraban San Momolino, San Beltrán y San Bertino, tres monjes a los que San Omer sacó de Luxeuil para que le ayudasen. La asociación de estos cuatro santos se relata y discute en el artículo dedicado a San Bertino, el 5 de este mes. Junto con ellos, San Omer fundó el monasterio de Sithiu, que llegó a ser uno de los grandes seminarios de Francia. Las biografías de San Omer relatan una serie de milagros no muy convincentes que se le atribuyen. Durante sus últimos años de vida, estuvo ciego, pero aquella aflicción no le causó ningún abatimiento ni disminuyó su preocupación pastoral por su grey. Otro de sus biógrafos dice que, cuando San Auberto, obispo de Arras, trasladó las reliquias de San Vedast al monasterio que había construido en su honor, San Omer estaba presente y, en aquella ocasión, recuperó la vista durante algún tiempo. Es probable que San Omer muriese poco después del año 670.

This entry passed through the Full-Text RSS service – if this is your content and you’re reading it on someone else’s site, please read the FAQ at fivefilters.org/content-only/faq.php#publishers.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Es una “amputación grave” excluir a los padres de la educación de sus hijos, dice el Papa

MADRID, 31 Oct. 15 (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco ha enviado un mensaje a los participantes del Congreso de Escuelas Católicas que está teniendo lugar en Madrid (España), bajo el lema “Sabemos educar. Libertad y compromiso”, que reúne a más de 1.800 directores, profesores y titulares de centros educativos españoles.

El Santo Padre aseguró que se trata de una “amputación grave” excluir a los padres así como sus creencias y valores en la educación de los niños. También destacó “el papel de los padres y de toda la familia en la escuela” porque, según precisa, educar es también “un acto de amor” y “son ellos los que tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos”.

En su carta, dirigida a Mons. César Franco, presidente de la Comisión Episcopal de Educación de la Conferencia Episcopal española, el Papa ha pedido a los profesores de las escuelas católicas que sean “profesionales” y “coherentes”.

Francisco ha solicitado además a los maestros que ayuden al niño a “crecer como persona” y abrirse a la realidad “no con actitud posesiva ni con prejuicios ideológicos sino con una mirada de asombro y respeto ante el misterio de la vida”.

“Los niños y jóvenes tienen derecho ciertamente a recibir una educación de calidad impartida con competencia y profesionalidad pero sobre todo necesitan una educación de calidad humana, moral y espiritual y para ello es imprescindible el testimonio y coherencia de los profesores, este debe ser un aspecto fundamental y distintivo de la escuela católica”, subraya el Papa.

En ese sentido el Santo Padre también ha demandado que se eduque para que “luchen contra la cultura del descarte y la marginación” porque educar supone también “abrirse a una amplia dimensión social” y ha afirmado que es “una obligación compartir con los pobres y necesitados el pan de la cultura”.

El Congreso de Escuelas católicas ha profundizado sobre temas relacionados en la libertad de enseñanza en su sentido más amplio, es decir, como un pilar de la democracia y la pluralidad.

Escuelas Católicas es una institución que representa en España a 2.048 centros educativos concertados católicos, 1.207.527 alumnos y 100.400 trabajadores.

Cada dos años, esta organización celebra una reunión abierta a todos los representantes de instituciones titulares y centros educativos. Hasta ahora se han organizado doce congresos, seis en Madrid y los otros cinco en Zaragoza, Valladolid, Sevilla, Valencia, Toledo y Valladolid.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La santidad, un ideal por recuperar

Ser santos no parece ser un ideal cotidiano del común del mundo de hoy, más aún algunos jamás se lo han planteado de modo formal y serio. Las causas pueden ser muchas, por ejemplo no advertir que es un llamado para todos; pero igual pesa mucho el modo de concebir la santidad y más cuando los que a veces nos planteamos la idea, nos afanamos a ciertos aspectos de la santidad que la deformamos y la hacemos no atractiva. Hay quienes de repente les entra el afán por ser santos y se agarran a rezar como desesperados y a hacer mil penitencias.

Pero qué oportuno es siempre Dios cuando nos ubica en el sentido de las cosas y en los caminos precisos. Subió Jesús a la montaña y enseñaba: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Cuando al dinero y en general a lo material, poco o mucho, le damos un orden de modo que no sea el eje de nuestra vida, pues ese lugar es para Dios y para las personas, ya somos pobres de espíritu y ya estamos ganando el Reino de los cielos.

Luego Jesús pone una serie de necesidades y circunstancias cotidianas de la vida: “Dichosos los que lloran… los sufridos… los que tienen hambre y sed de justicia…” donde se exponen las contingencias propias de la vida; pero ante ellas ¿dónde y de qué manera buscamos darles respuesta? Desde luego Dios no se complace en el sufrimiento de nadie, pero dichosos aquellos que ante las contingencias, ante las pruebas de la vida, al primer aliado que buscan es a Dios; no porque Dios quiera solucionar todo de modo mágico, lo cual no es su papel, pero sí porque Él le da una capacidad enorme al ser humano para enfrentar la vida. Ante las pruebas o dificultades, lo más difícil no son las pruebas mismas, sino el riesgo de enfrentarlas solos, sin Dios y sin el amor cercano de los demás.

Las propuestas de Cristo son para todos y deben hacerse un estilo de vida, pues esas propuestas, llamadas bienaventuranzas, son la clave de la santidad. Bajo las bienaventuranzas podemos descubrir como señala el Papa Francisco, que la santidad es un llamado para todos y que respondemos en lo ordinario de la vida.

 En efecto dice el Papa: ¡Todos estamos llamados a ser santos! “Muchas veces, tenemos la tentación de pensar que la santidad se reserva solo a los que tienen la posibilidad de separarse de los asuntos cotidianos, para dedicarse exclusivamente a la oración. ¡Pero no es así!”. La santidad la vive “cada uno en las condiciones y en el estado de vida en el que se encuentra”.

“¿Eres consagrado o consagrada? Sé santo viviendo con alegría tu donación y tu ministerio. ¿Estás casado? Sé santo amando y cuidando a tu marido o a tu mujer, como Cristo hizo con la Iglesia. ¿Eres un bautizado no casado? Sé santo cumpliendo con honestidad y eficiencia tu trabajo y ofreciendo tu tiempo al servicio de los hermanos”. “Allí donde trabajas puedes ser santo. Dios te da la gracia de ser santo. Dios se comunica contigo. En tu casa, en la calle, en el trabajo, en la Iglesia. “No se cansen de seguir este camino” porque es Dios quien te da la gracia. Lo único que pide el Señor es que estemos en sintonía con Él y al servicio amoroso de los hermanos.

“Cuando el Señor nos invita a convertirnos en santos, no nos llama a cualquier cosa pesada, triste… ¡Todo lo contrario! Es la invitación a compartir su alegría, a vivir y a ofrecer con alegría todos los momentos de nuestra vida, haciéndola, al mismo tiempo, un don de amor por las personas que tenemos al lado”.

El Papa pone un ejemplo muy sencillo, para que entendamos que la santidad no es algo complicado: “Una señora va al mercado a comprar, encuentra a una vecina, empiezan a hablar y comienza la charla, pero si ella dice no quiero hablar mal de nadie, allí empieza el camino de la santidad”. “O si tu hijo quiere hablar contigo de sus historias, o de que está cansado de trabajar, ponte cómodo y escucha a tu hijo que te necesita: ese es otro paso a la santidad”. Pero hagámoslo siempre de frente al amor de Dios, invitémosle a ser parte de esa parte cotidiana de la vida, invoquémosle aunque sea de la manera más simple.

Acostumbrémonos a no pensar y actuar solos, a caminar bajo la mirada y el consuelo amoroso de Dios, invitémoslo a estar con nosotros en las cosas más simples de la vida. Nutrámonos de Dios, pero hagamos vida el amor que Él nos da.

No caminar solos y haciendo cada acto movidos por el amor que nace de Dios y mejorando cada día la intención de hacer las cosas bien, es un reflejo excelente de la limpieza de corazón que señala Jesús, eso es santidad.

¡Seamos santos!

Pbro. Carlos Sandoval Rangel

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La santidad, un ideal por recuperar

Ser santos no parece ser un ideal cotidiano del común del mundo de hoy, más aún algunos jamás se lo han planteado de modo formal y serio. Las causas pueden ser muchas, por ejemplo no advertir que es un llamado para todos; pero igual pesa mucho el modo de concebir la santidad y más cuando los que a veces nos planteamos la idea, nos afanamos a ciertos aspectos de la santidad que la deformamos y la hacemos no atractiva. Hay quienes de repente les entra el afán por ser santos y se agarran a rezar como desesperados y a hacer mil penitencias.

Pero qué oportuno es siempre Dios cuando nos ubica en el sentido de las cosas y en los caminos precisos. Subió Jesús a la montaña y enseñaba: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Cuando al dinero y en general a lo material, poco o mucho, le damos un orden de modo que no sea el eje de nuestra vida, pues ese lugar es para Dios y para las personas, ya somos pobres de espíritu y ya estamos ganando el Reino de los cielos.

Luego Jesús pone una serie de necesidades y circunstancias cotidianas de la vida: “Dichosos los que lloran… los sufridos… los que tienen hambre y sed de justicia…” donde se exponen las contingencias propias de la vida; pero ante ellas ¿dónde y de qué manera buscamos darles respuesta? Desde luego Dios no se complace en el sufrimiento de nadie, pero dichosos aquellos que ante las contingencias, ante las pruebas de la vida, al primer aliado que buscan es a Dios; no porque Dios quiera solucionar todo de modo mágico, lo cual no es su papel, pero sí porque Él le da una capacidad enorme al ser humano para enfrentar la vida. Ante las pruebas o dificultades, lo más difícil no son las pruebas mismas, sino el riesgo de enfrentarlas solos, sin Dios y sin el amor cercano de los demás.

Las propuestas de Cristo son para todos y deben hacerse un estilo de vida, pues esas propuestas, llamadas bienaventuranzas, son la clave de la santidad. Bajo las bienaventuranzas podemos descubrir como señala el Papa Francisco, que la santidad es un llamado para todos y que respondemos en lo ordinario de la vida.

 En efecto dice el Papa: ¡Todos estamos llamados a ser santos! “Muchas veces, tenemos la tentación de pensar que la santidad se reserva solo a los que tienen la posibilidad de separarse de los asuntos cotidianos, para dedicarse exclusivamente a la oración. ¡Pero no es así!”. La santidad la vive “cada uno en las condiciones y en el estado de vida en el que se encuentra”.

“¿Eres consagrado o consagrada? Sé santo viviendo con alegría tu donación y tu ministerio. ¿Estás casado? Sé santo amando y cuidando a tu marido o a tu mujer, como Cristo hizo con la Iglesia. ¿Eres un bautizado no casado? Sé santo cumpliendo con honestidad y eficiencia tu trabajo y ofreciendo tu tiempo al servicio de los hermanos”. “Allí donde trabajas puedes ser santo. Dios te da la gracia de ser santo. Dios se comunica contigo. En tu casa, en la calle, en el trabajo, en la Iglesia. “No se cansen de seguir este camino” porque es Dios quien te da la gracia. Lo único que pide el Señor es que estemos en sintonía con Él y al servicio amoroso de los hermanos.

“Cuando el Señor nos invita a convertirnos en santos, no nos llama a cualquier cosa pesada, triste… ¡Todo lo contrario! Es la invitación a compartir su alegría, a vivir y a ofrecer con alegría todos los momentos de nuestra vida, haciéndola, al mismo tiempo, un don de amor por las personas que tenemos al lado”.

El Papa pone un ejemplo muy sencillo, para que entendamos que la santidad no es algo complicado: “Una señora va al mercado a comprar, encuentra a una vecina, empiezan a hablar y comienza la charla, pero si ella dice no quiero hablar mal de nadie, allí empieza el camino de la santidad”. “O si tu hijo quiere hablar contigo de sus historias, o de que está cansado de trabajar, ponte cómodo y escucha a tu hijo que te necesita: ese es otro paso a la santidad”. Pero hagámoslo siempre de frente al amor de Dios, invitémosle a ser parte de esa parte cotidiana de la vida, invoquémosle aunque sea de la manera más simple.

Acostumbrémonos a no pensar y actuar solos, a caminar bajo la mirada y el consuelo amoroso de Dios, invitémoslo a estar con nosotros en las cosas más simples de la vida. Nutrámonos de Dios, pero hagamos vida el amor que Él nos da.

No caminar solos y haciendo cada acto movidos por el amor que nace de Dios y mejorando cada día la intención de hacer las cosas bien, es un reflejo excelente de la limpieza de corazón que señala Jesús, eso es santidad.

¡Seamos santos!

Pbro. Carlos Sandoval Rangel

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Con estas oraciones puedes pedirle a Dios por tus familiares difuntos

REDACCIÓN CENTRAL, 31 Oct. 15 (ACI).- “Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios”, decía San Agustín. En este día que la Iglesia recuerda con mucho cariño a los fieles difuntos, te recomendamos estas oraciones por las almas de tus familiares que ya partieron a la Casa del Padre.

Por un niño

Señor, tú que conoces nuestra profunda tristeza por la muerte del (de la) niño(a) N., concede a quienes acatamos con dolor tu voluntad de llevártelo(a), el consuelo de creer que vive eternamente contigo en la gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por un joven

Concede, Señor, la felicidad de la gloria eterna a tu siervo(a) N. a quien has llamado de este mundo cuando el vigor de la juventud embellecía su vida corporal; muestra para con él (ella) tu misericordia y acógelo(a) entre tus santos en el canto eterno de tu alabanza. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por los padres y abuelos

¡Oh Dios! Nos mandaste honrar padre y madre. Por tu misericordia, ten piedad de mi padre (madre) y no recuerdes sus pecados. Que yo pueda verlo (la) de nuevo en el gozo de eterno fulgor. Te lo pido por Cristo nuestro Señor. Amén.

En caso de accidente o suicidio

Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo unidas a las lágrimas de dolor que sentimos por la muerte inesperada de nuestro(a) hermano(a) N., y haz que alcance tu misericordia y goce para siempre de la luz de aquella patria en que no hay más sufrimiento ni muerte. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración en el cementerio el día de los fieles difuntos

La costumbre de visitar los cementerios el día de difuntos es una buena oportunidad para orar por ellos y afirmar nuestra fe en la resurrección. Proponemos para esta ocasión la siguiente celebración.

A/. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. T/. Amén.

A/. Bendigamos al Señor que, por la resurrección de su Hijo, nos ha hecho nacer a una esperanza viva. T/. Bendito seas por siempre, Señor.

A/. Hermanos: Todos tenemos familiares y amigos que han muerto. Hoy los recordamos a ellos y a todos los que han fallecido y los encomendamos a la misericordia de Dios. En este cementerio nos unimos para afirmar nuestra fe en Cristo que ha vencido la muerte y nuestra esperanza de que él vencerá también nuestra muerte y nos reunirá con nuestros seres queridos en su reino de gloria. Que esta celebración nos anime a ser fieles al Señor y a seguir los buenos ejemplos que nuestros familiares nos dejaron en su vida. Comencemos reconociendo nuestros pecados ante el Señor (momentos de silencio).

Tú que resucitaste a Lázaro del sepulcro, SEÑOR, TEN PIEDAD. Tú que has vencido la muerte y has resucitado, CRISTO, TEN PIEDAD. Tú que nos has prometido una vida eterna contigo, SEÑOR, TEN PIEDAD.

A/. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. T/: Amén.

L/. Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (6, 3-4. 8-9).

“Hermanos: Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo, fuimos incorporados a su muerte. Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva… Por tanto, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él”. Palabra de Dios. T/. Te alabamos, Señor.

A/. Hermanos: Invoquemos con fe a Dios Padre todopoderoso que resucitó de entre los muertos a su Hijo Jesucristo para la salvación de todos.

Para que afiance al pueblo cristiano en la fe, la 28 esperanza y el amor, roguemos al Señor. Todos: TE LO PEDIMOS, SEÑOR. Para que libere al mundo entero de todas sus injusticias, violencias y signos de muerte, roguemos al Señor. Para que acoja e ilumine con la claridad de su rostro a todos los que han muerto en la esperanza de la resurrección, roguemos al Señor. Para que reciba en su reino a N. y N. (se pueden decir nombres) y a todos los difuntos de nuestras familias, roguemos al Señor. Para que nuestra visita y nuestras ofrendas de flores, velas y comida sean signos de nuestra fe en la vida más allá de la muerte, roguemos al Señor. Para que la fe en Cristo mueva nuestros corazones para dar frutos de solidaridad y de justicia, roguemos al Señor.

A/. Oremos, hermanos, como Jesús mismo nos enseñó.

T/. Padre nuestro… Dios te salve María… Gloria al Padre…

A/. El Dios de todo consuelo, que con amor inefable creó al hombre y en la resurrección de su Hijo ha dado a los creyentes la esperanza de resucitar, derrame sobre nosotros su bendición. T/. Amén.

A/. Él nos conceda el perdón de nuestras culpas a los que vivimos en este mundo y otorgue a los que han muerto el lugar de la luz y de la paz. T/. Amén.

A/. Y a todos nos conceda vivir eternamente felices con Cristo, al que proclamamos resucitado de entre los muertos. T/. Amén.

A/. Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre. T/. Amén.

A/. Dales, Señor, el descanso eterno T/. Y brille para ellos la luz perpetua.

A/. Que las almas de todos los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. T/. Amén.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ideas para celebrar la Fiesta de todos los Santos con los más pequeños

LIMA, 31 Oct. 15 (ACI).- Disfraces, dulces, flores y hasta las polémicas calabazas también puede ser útiles para celebrar la Fiesta de todos los Santos con los más pequeños. Aquí algunas propuestas.

En algunas parroquias y comunidades católicas se va haciendo costumbre disfrazar a los niños de su santo favorito y reunirse en un sitio para un compartir con actividades infantiles. No se necesita una gran inversión, sino que con ayuda de algunas telas u objetos caseros, se puede lograr una buena caracterización.

Por ejemplo si la idea es vestir a la consentida de la casa como Santa Catalina de Siena, se puede usar un largo vestido blanco con una tela negra para la cabeza en forma de “toca” (lo que usan las religiosas), sostenida por una corona de ramas secas. Mientras que en la mano puede llevar una cruz con azucenas.

Si se desea darle un toque más dulce, se puede cambiar el vestido por uno de color crema y la corona de ramas por una de rosas y así podría convertirse en Santa Rosa de Lima.

En el caso de los varones, una gran manta o sábana blanca que envuelva el cuerpo y una imagen de la Virgen de Guadalupe, en la parte frontal, daría la impresión de tener en la familia a un San Juan Diego con el manto de la Guadalupana.

También se podría representar a Santo Domingo Savio, patrono de las los coros de niños, con un pantalón marrón, casaca verde, camisa blanca y una corbata “michi”. Aunque si lo que se busca es caracterizar a un santo fundador, entonces una túnica negra  o marrón mostrarían a un San Ignacio de Loyola o un San Francisco de Asís, respectivamente.

En las actividades infantiles se pueden utilizar recipientes con caramelos y pegar en ellos la estampa de los santos que sean más conocidos.

Por ejemplo, para profundizar sobre la vida de San Juan Pablo II, se hacen preguntas de la vida del Pontífice y el que responda correctamente, sacará un caramelo del recipiente que tiene la imagen del “Papa peregrino”. En los dulces se pueden envolver algunas de sus frases más famosas.

Los que viven en zonas de época de calabazas, como Estados Unidos, la idea es usar este vegetal para dibujar en ellas una estrella, una cruz y, para los más creativos, el rostro de la Virgen María o de Cristo. De esta manera se evitará las caras terroríficas y así darle un sentido más cristiano.

Puede ver más fotos del concurso de santos en http://showerofroses.blogspot.com/2013/10/celebrating-saints-our-2013-costumes.html