#diocesisdecelaya @diocesis_celaya EEUU: “Que el Señor proteja a nuestras tropas”

Quizá sea demasiado pronto.  Pero un pequeño letrero con fondo azul y letras blancas, en el jardín de una casa en Castle Hills, al noreste de San Antonio (Texas), podría narrar el viento que sopla en algunos hogares de Estados Unidos: “May the Lord protect our tropos” (“Que el Señor proteja a nuestras tropas”).

En el envés del letrero se puede leer: “We support our military families” (“Nosotros apoyamos a las familias de nuestros militares”).  La campaña la firma la Community Bible Church.

En barrios como éste comienzan a ondear las banderas estadounidenses en la entrada de las casas.  Son pocas, pero son.  Desde luego, nada comparado a los días y meses posteriores al 11 de septiembre de 2001.

Pero las recientes acciones, ordenadas por el presidente Donald Trump, han vuelto a encender, por un lado, las estrategias de seguridad fronteriza y, por el otro, el fervor patrio y la doctrina del destino manifiesto en la que, sobre todo el ala Republicana del espectro político estadounidense cree a pie juntillas.

Primero fue el ataque con 60 misiles a un aeródromo de Siria, cosa que enfureció al gobierno de ese país y a Rusia.  Más adelante, el lanzamiento de la MOAB (“The Mother of All Bombs”) sobre un complejo de túneles y bunkers del ISIS en una provincia de Afganistán y, ahora, el frente abierto con Corea del Norte, lo que reaviva el tema bélico estadounidense.

Por lo pronto, tras el desfile militar con el que Corea del Norte quiso alardear ante Trump sobre su poderío, al día siguiente, de acuerdo con informes de inteligencia de Estados Unidos y Corea del Sur, pegó un petardo, pues un intento de lanzar un misil por parte del régimen comunista de Pyongyang, terminó en fracaso total: el misil estalló al despegar.

Sin embargo, este simple intento, frente a las advertencias que le ha hecho Trump y al giro que ha dado éste a su relación con China, a quien ahora considera “colaboradora” en el tema de Corea del Norte, fue considerado ya como una “provocación”.

“La provocación de esta mañana (de Corea del Norte) es simplemente el último recordatorio de los riesgos que encara cada uno de ustedes cada día”, dijo el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, en un encuentro con militares estadounidenses de una base en Seúl, Corea del Sur, primera parada de su gira por la región para encontrar salidas al problema norcoreano.

Sea como fuere, lo cierto es que, de manera apenas perceptible en las calles, pero ya con algunos signos visibles en las casas y en las iglesias, los tambores de intervención militar comienzan a escucharse en este país, acostumbrado a lidiar con los malos dondequiera que se encuentren.

Porque donde quiera que se encuentren son, para el gobierno estadounidense, un problema de seguridad nacional, aunque también de democracia, libertades y derechos humanos.

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