#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Cuando la moda se rinde al arte clásico

Es interesante ver cómo las marcas se reinventan, sobre todo las de lujo, en un mundo que atraviesa por una profunda crisis económica.

Cuando el señor Louis Vuitton creó su marca, lo hizo pensando en brindar equipaje de primera para la alta sociedad francesa. Con los años, aunque su esencia se ha mantenido, se han reformado y expandido de una manera ingeniosa, a tal punto que por eso se han convertido en una de las firmas más copiadas (que, dentro de lo malo, es algo muy bueno).

Uno de sus directores creativos que más contribuyó a este crecimiento fue Marc Jacobs, quien estuvo al mando entre 1997 y 2013, y vio un gran potencial en el mundo de las colaboraciones, particularmente con artistas plásticos. Fue así como el icónico monograma, por ejemplo, fue grafiteado por Stephen Sprouse, atrayendo a audiencias más jóvenes y urbanas.

Además, Bernard Arnault (presidente de LVMH Group, al cual Louis Vuitton pertenece) se dio cuenta de la gran estrategia de mezclar arte con moda (algunos lo llamaron “arteking”).

Y es que si bien el arte ha servido de inspiración para múltiples diseñadores, no siempre se había hecho de forma tan evidente, tanto que hasta la firma decidió crear su propio “museo” (principalmente de arte contemporáneo) en Francia en el 2006: Fondation Louis Vuitton.

Hace unos pocos días, la firma presentó su más reciente colaboración con el famoso artista Jeff Koons, una colección que llamaron Masters y que toma las obras de arte clásico más icónicas para estamparlas en bolsas y pequeños artículos de cuero.

La Mona Lisa de Leonardo da Vinci y el Campo de Trigo con Cipreses de Van Gogh son algunas de las emblemáticas obras que escogió Koons, quien aseguró que su intención era democratizar el arte y hacerlo más asequible a las masas.

Por supuesto, yo me imagino que se refiere a la mera contemplación, pues el objeto más “económico” llega casi a los $500 (y pues un libro de arte, por más costoso que sea, ni se acerca a esa cifra y tiene más información).

En mi opinión, aunque el nombre del artista está grabado en gigante, lo máximo que podrá inspirar en el mejor de los casos es que alguien lo googlee.

Koons sí colocó algunos datos biográficos de cada artista que utilizó, pero está en el interior de cada objeto, así que queda reservado para su dueño, que seamos honestos, seguramente es alguien adinerado que ya sabe de esta obra por su tipo de educación o porque hasta la vio ya en el museo donde está… y difícilmente se esté paseando por el metro para difundir arte clásico a los restos de los mortales.

Para las que puedan estar pensando que es un sacrilegio ponerle LV a la frente de La Gioconda, hay que decir que contaron no sólo con la aprobación de los museos, sino que ellos además facilitaron el material en súper alta resolución para poder lograr una impresión adecuada (muy probablemente, luego de una donación que ayude a preservar todas estas y otras pinturas, aunque esto es mera conjetura mía).

Como verán, yo no coincido totalmente con que esto ayude a democratizar el arte que antiguamente estaba reservado a las élites porque es una propuesta que está dirigida precisamente a esa clase social (por más que las celebridades y sus embajadoras ayuden a propagarlas).

Creo que se trata mas bien de una colección de lujo para que una pequeña cantidad mujeres lleven una obra de arte que les encante (o así parezca) de una forma muy elegante y chic.

Sí puede ocurrir que alguien se atreva a preguntarles sobre su peculiar bolsa o monedero en una tienda o en la calle, pero seamos sinceras, eso será la minoría de los casos. También puede ocurrir que una madre le regale a su hija pequeña un morral Louis Vuitton con una obra de Rubens estampada para la escuela y ella allí aprenda sobre este pintor, pero de nuevo, son grandísimas excepciones.

En lo que sí concuerdo con las declaraciones de Jeff Koons es que esta línea de edición limitada celebra la humanidad. Estas obras recuerdan lo que grandes hombres hicieron en su época y cómo aún siguen trascendiendo en la actualidad. Y sí, en estos tiempos tan hostiles, es bueno reconectarse con la capacidad que también tiene el ser humano para hacer grandes cosas.

Para las que tengan el dinero de adquirir alguna pieza de esta colección, creo que puede ser una interesante inversión, pues si de algo estoy segura es que “no pasará de moda”; además, Koons tiene el récord de ser el artista vivo que ha vendido la obra de arte más cara en una subasta: The Balloon Dog (Orange), por $58.4 millones.

Sin embargo, también respeto a las que crean que es una banalización de una obra de arte, sobre todo porque no sólo el logo de la marca está presente, sino también el del artista (que, valga acotar, es la primera vez que Vuitton permite esto).

No obstante, hay que aclarar que ya otras marcas lo han hecho, como fue Rodarte en su colección Primavera-Verano 2012, completamente inspirada en La Noche Estrellada y los girasoles Van Gogh.

Yo, mientras tanto, me conformo con mi llaverito comprado en la tienda de souvenirs.

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