#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Cómo salir de la soledad?

“¡Estás resplandeciente! ¿Es que has conocido a alguien?”. Un comentario de un fragmento de conversación entre dos mujeres treintañeras. Da que pensar. ¡Como si una mujer soltera tuviera que tener mal aspecto a la fuerza! La mirada triste, la tez lívida, apagada, sin brillo. No quisiera minimizar la contribución de nuestra pareja a nuestra belleza, pero hay que reconocer que muchas mujeres no logran sacar buen provecho de su periodo de vida en solitario.

Algunas invierten todo su tiempo y mucha energía emocional en encontrar a alguien. ¿A quién exactamente? Poco importa. Por descontado, todos y todas tenemos en mente una lista con las virtudes de nuestro futuro cónyuge. Pero lo más frecuente es que nos olvidemos de todo tan pronto aparece alguien que nos guste. Por este motivo, pasado cierto tiempo, volvemos a encontrarnos solos o solas.

Si valoramos que la soledad es un periodo transitorio, dejaremos de lamentar nuestra suerte, dejaremos de luchar contra la soledad y comenzaremos a vivir. Dejaremos de considerar cada una de las salidas con amigos como una caza al hombre o la mujer porque, cuando no atrapamos ninguna “presa”, nos sentimos desafortunados y directamente incapaces de disfrutar de las otras alegrías de la vida.

Aceptarla como un hecho. Psicológicamente, es una prueba de salud mental. Recorrer en nuestro fuero interno nuestro trayecto vital. ¿En qué momento de nuestra vida nos encontramos? ¿En qué etapa? ¿A quién nos gustaría encontrar? ¿Dónde querríamos ir con esa persona? ¿No importa adónde siempre que fuera de su mano? Hay que avanzar. La soledad no conduce necesariamente a un callejón sin salida, no nos priva de la felicidad ni de la alegría. Pero la falta de amor puede dirigirnos a relaciones que en realidad no deseamos.

Pasivos, viviendo con un sentimiento de culpabilidad, hemos levantado un muro a nuestro alrededor y hemos olvidado construir un puente levadizo. Me he cruzado con una persona que me intriga, ha despertado mi interés. ¡Pero cuidado! No hay que precipitarse. No hay que tirarse de cabeza a una relación, pero tampoco hay que quedarse en un rincón temiendo la decepción o el rechazo. Si hay algo que no funciona, me voy. No repito mis errores del pasado.

Ahora soy una persona adulta, capaz de reconocer las señales de alarma y de retirarme a tiempo, sin demasiados estragos para nadie. Presto atención y observo lo que me rodea y lo que pasa en mi interior: ¿quizás mis exigencias no son realistas? O al contrario, ¿no son lo bastante elevadas?

El azar, las coincidencias, el buen momento en el lugar adecuado, el estado de ánimo, la química del amor que arde o no… Querer “estar con alguien” a cualquier precio crea tensiones interiores e impide vivir la vida en soledad con serenidad. Todo se vuelve doloroso y la depresión, a menudo, espera a la vuelta de la esquina. Nos encerramos en la tristeza, la pasividad y el hastío y nos alejamos de los demás. Este retiro no siempre es visible para los otros, ya que no siempre se manifiesta como un aislamiento físico.

Salimos, conocemos a gente, conversamos, pero no somos conscientes de que estamos bloqueados por dentro, que alguna cosa en nuestro interior nos impide salir de la soledad. No damos la menor oportunidad a nadie de entrar en nuestra vida.

Es difícil construir una relación íntima si solo experimentamos un sentimiento por nosotros mismos.
En vez de motivarnos, el sentimiento de incompletitud se convierte en una trampa, un obstáculo. Nos dificulta y nos impide cualquier encuentro con un hombre, aunque solo sea para conocerlo. La desesperación de las mujeres solas es visible, palpable. Los hombres la sienten.

La soledad no aqueja solo a las personas individualmente, también se puede vivir solo en pareja, incluso si todo aparenta ir perfectamente bien. Muchas personas muy seductoras no tienen una relación amorosa o bien se complacen con relaciones ocasionales y frecuentemente fracasadas. Es esencial dejar de concentrarse en la soledad, abrirse a los demás y acercarnos a ellos. Cada ocasión de estar con otras personas es una buena oportunidad.

Se trata de mostrar una actitud abierta y de buena disposición hacia los demás. Una mujer sale a pasear a su perro y se encuentra con un hombre que también pasea al suyo, ahí puede nacer una relación. Otra mujer encadena encuentros de una noche con solteros sin ser capaz de construir un vínculo. No consigue comprometerse.

No cerrarse en la discusión, dejar que las cosas salgan libremente, la conexión entre dos personas se basa en la mirada, hay que tener curiosidad, pero sin estar analizando al compañero: ¿Me gusta? Sus zapatos están bien. ¿Por qué no ve que mi copa está vacía? Debería servirme el vino… Centrados en uno mismo y en la soledad propia, socializamos pero al mismo tiempo tememos qué impresión dejamos en los demás. Sentimos tanto miedo del silencio que hablamos por los codos y asestamos preguntas como el que espolea a un caballo. Como si fuera una encuesta. ¿Dónde trabajas? ¿Qué haces ahora? ¿Tienes una hipoteca para pagar tu casa?

Es bueno mostrar interés por alguien, pero no hay que saberlo todo de inmediato. Basta con estar bien junto a esa persona, que sea agradable y haya sinceridad entre los dos. No es una comida de negocios. ¿Queremos que nos quieran o que nos den a ‘Me gusta’? No hay que esperar necesariamente recibir cumplidos o palabras de adoración o que todo sea sublime.

No lamentarse si él no nos hace mondarnos de risa, si no encuentra las palabras más románticas del mundo o si no nos ha seducido desde la primera mirada. Pero hay que prestar atención a lo que pasa de verdad entre los dos, a los gestos simples, espontáneos y sinceros. Decirnos que es posible que se esté forjando algo importante, no un chute de adrenalina, no, sino una historia de amor y ternura.

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