#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Mi hijo se divorcia, ¿puedo ayudarle? ¿Cómo?

Los padres de quién se divorcia resultan frecuentemente influenciados por su versión unilateral de los hechos, por lo que al margen de las causas reales de la separación, deben de esforzarse en no ser un obstáculo para que el hijo se confronte con su responsabilidad en lo sucedido.

En consciencia, solo el hijo conoce toda la verdad y deberá enfrentarla, de otra manera no aprenderá ni buscara la posibilidad de rehacer de ser posible el matrimonio. Ahora con auténtica rectitud de intención y mayor experiencia.

De no existir una causa muy difícil de superar, la posibilidad de que se rehaga el matrimonio puede apoyarse en la sabia actitud de los padres del divorciado, de no tomar más partido que el de la justicia. Y lo justo es ver más que nada por las más inocentes y verdaderas víctimas: los hijos del matrimonio en vías de deshacerse, sus nietos.

Siendo así, es mucho lo que estos padres pueden lograr con actitudes positivas como:

Con tacto y prudencia, es posible influir para trasformar los enfrentamientos en cooperación y los conflictos en problemas que se pueden resolver, respetando a los esposos como protagonistas de la solución del conflicto.

Que haga un convenio regulador no solo apegado a los términos legales, sino con corazón misericordioso; una pensión que cubra con dignidad todos los aspectos de vivienda, vestido, educación, salud, etc.; suele el divorciado volver a la vida de soltero con un tren de gastos que lo lleva a la insensibilidad de las reales necesidades de su ex esposa e hijos, pues al distanciarse “ojos que no ven, corazón que no siente”.

Los cónyuges o los familiares en conflicto tienen muchas dificultades para conservar la imparcialidad sobreponiéndose para ubicarse en otro plano de consideraciones; un plano capaz de percibir, valorar y consensuar lo conveniente y posible al conjunto familiar.

Una de las desintegraciones más profundas y rápidas que el conflicto conyugal causa, es precisamente la pérdida del sentido de la unidad conyugal (ya no somos uno, sino uno contra el otro) o de la unidad que hay en cada línea familiar.

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