#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Los pobladores del lago Poopó vuelven a celebrar la vida

“Después hemos pensado: ‘retornará, volverá el lago’. Algo va a entrar y se va a reproducir, vamos a esperar”. Así reflexionaba hace un tiempo Valerio Rojas Flores, un aimara de más de 50 años, quien en 2015 había sido testigo de que el lago Poopó se secara completamente.

“Por primera vez desde niño estoy viendo el lago completamente seco”, afirmó en ese momento.

Es que durante mucho tiempo la situación de sequía en la región –aspecto que cambió en los últimos meses por las intensas lluvias- había generado el peor de los escenarios para el segundo lago más emblemático de Bolivia, detrás del Titicaca.

La dependencia de los pobladores de este río, en su mayoría pertenecientes a los aimaras de Untuvi, los había convertido en verdaderos “húérfanos” y la situación llamaba a la reflexión ya que muchos tuvieron que abandonar el lugar.

Pero aquellas palabras de Valerio, reproducidas en un especial de Univisión, sonaban a desazón, pero al mismo tiempo escondían ilusión. Y el augurio se hizo realidad en los últimos meses.

Para algunos es un tema de ciclos, donde por momentos el caudal del lago disminuye y en otros aumenta. Para otros el tema es un poco más profundo. En este caso, luego de aquel momento crítico vivido hace dos años, cuya situación hasta fue registrada por la Agencia Especial Europa (ESA), con el renacimiento del lago Poopó, vuelve la vida, vuelven los peces y se renueva la esperanza de los pobladores.

La gran mayoría de estas personas dependen de la pesca en el lago como sustento diario. Gracias a las lluvias extraordinarias del mes de mayo fue enorme la alegría cuando los pobladores pudieron constatar la presencia de crías de pez.

Una de las especies tradicionales de la zona es el pejerrey y recientemente se confirmó su regreso al lago.

 “Con mucha satisfacción y alegría hemos podido ver la presencia del pejerrey en diferentes tamaños, es una alegría grande para nosotros ver revivir nuestro lago Poopó”, aseguró el presidente de la Federación Departamental de Cooperativas Pesqueras de Oruro (Fedapo), Juan Toroni, reproduce ABI.

En cuanto a las mediciones realizadas, la profundidad del lago superaba los 55 centímetros e incluso se podía “ingresar a navegar con los botes y realizar la pesca”.

Al mismo tiempo se informó de la presencia de aves y el crecimiento de vegetación. “Es una satisfacción ver que la vida vuelve al lago”, consideró Toroni.

En tanto, mientras los pobladores locales “celebran la vida” y personas como Valerio vuelven a sonreír, no hay que perder de vista que este lago sigue siendo vulnerable al cambio climático y a la contaminación debido a la actividad minera de la zona.

Si bien están contempladas una serie de acciones (ley de protección del recurso, construir atajados, entre otras) para mantener el caudal del agua es importante no olvidar aquella imagen desoladora de hace dos años, cuando aquello se había convertido en un desierto. Una vez más aparece el tema de la responsabilidad y la “custodia”.

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