#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Stop a la presión social: ¡por fin soy yo!

El pasado verano tuve la ocasión de pasar un poco de tiempo con otros escritores durante un viaje organizado; era mi primera experiencia dentro de mi profesión. Durante una tarde libre, varios de nosotros nos reunimos en torno a una mesa para charlar sin florituras. Hablamos de estrategia, intercambiamos ideas editoriales, de marketing y de promoción.

Debo admitir que al principio me dejé llevar por el entusiasmo: algunos de estos autores eran mucho más experimentados que yo, muchos habían publicado ya y tenían un público considerablemente más amplio que el mío.

En resumen, sentía curiosidad, avidez por conocer sus trucos y sus consejos. Hasta tomé notas y todo: cómo optimizar la utilización de las redes sociales, gestionar la participación en un curso en línea, aprovechar las listas de suscripción a las newsletters… y otras herramientas de marketing.

Y luego, después de casi una hora de charla, vi que mi entusiasmo desaparecía en favor de la ansiedad y el miedo. Sin embargo, los demás autores seguían debatiendo con entusiasmo notable sobre sus experiencias, sus estrategias comerciales… Estaba claro que el mundillo del marketing ligado a la profesión de escritor les emocionaba, les achispaba, mientras que a mí me dejaba indiferente sin que fuera capaz de explicar el motivo.

Al principio, mientras les escuchaba conversar, tuve la impresión de que, sencillamente, estaba siendo reticente a la novedad. ¿Quizás me superaba la idea de tener que experimentar con estas nuevas tecnologías? Tenía que admitir que lo de la investigación de nuevas estrategias de marketing no es lo mío.

Finalmente, con un poco de perspectiva, comprendí que mis miedos, mis preocupaciones, estaban ligados a mi esencia misma: no soy una mujer de negocios. Soy escritora. Y me va muy bien así.

En este mundo en el que a menudo nos vemos obligados a ser alguien que no somos, puede ser difícil encontrar nuestra vocación particular.

La persona que queremos ser no tiene por qué estar obligatoriamente en consonancia con nuestro yo profundo. El resultado de esta disociación es, con frecuencia, la frustración. Nuestro trabajo pierde el sentido, se vuelve caótico. Estamos abrumados, incapaces de concentrarnos en lo que nos motiva realmente. Así nos alejamos de todo lo que nos aporta energía, de todo lo que nos enriquece.

Aquella tarde, durante el encuentro con los escritores, había dejado de lado mi verdadera naturaleza, mi yo profundo. Como bien expresa el profesor y escritor sobre vida espiritual y educación Parker Palmer, viví del exterior hacia el interior, y no del interior hacia el exterior.

En su libro Let Your Life Speak, aprendemos que, en efecto, la vocación no viene de una voz externa, no es un objetivo que alcanzar, sino un regalo que recibir. Descubrir la pasión de uno es aceptar el tesoro que ya está en nosotros.

Mi error fue escuchar a las voces del exterior que me incitaban a convertirme en algo que yo no soy. No soy una mujer de negocios.

Sin embargo, durante algunos minutos, mientras elaboraba la lista de etapas para convertirme en escritora de éxito, eso es lo que quise: escuché la voz del exterior y traté de seguirla. Y, como observó precisamente Parker Palmer, estaba completamente equivocada, ya que un enfoque así, a largo plazo, sencillamente no funciona. Una visión exterior, aunque noble, es una violencia contra la que se resistirá nuestra identidad. Quizás con un alto coste. La vocación no viene de la terquedad, viene de la escucha.

Algunas semanas después de volver de este viaje, hice otra lista: esta vez recordé y anoté proyectos que en algún tiempo suscitaron mi entusiasmo, permitieron mi evolución y que hoy parecen surgir de nuevo a la superficie.

Terminada esta lista, un punto en concreto saltaba a la vista: quería colaborar con otros escritores y ayudarles a desarrollar sus ideas. Trabajar con ellos para mejorar sus textos y sus libros me parecía algo verdaderamente enriquecedor. En una palabra, he descubierto que, en mi interior, me siento a la vez redactora y editora.

Me habría sido imposible realizar mi verdadera vocación si hubiera continuado, obstinadamente, obligándome a ser una mujer de negocios. Si hubiera permitido que mi falsa yo me convenciera de que era otra persona, no habría tenido la oportunidad de descubrir mi talento editorial.

Mi voz interior, tanto tiempo relegada a un lugar oscuro, por fin se ha hecho escuchar, y al yo escucharla me ha dado más energía y más satisfacción de la que jamás habría imaginado.

Tu yo profundo conoce tus talentos. Sabe cómo utilizarlos para su bien interior. Por supuesto, en medio de tanto ruido surgido de los numerosos deseos y las diversas expectativas, a menudo es difícil escuchar a tu vocecita interior. Aquí tienes cuatro consejos, extraídos del libro de Parker Palmer, para estar atentos a esa vocecita interior y descubrir tu vocación personal.

¿Tienes ganas de retrasar la ejecución de una tarea? Quizás es tu yo profundo que se resiste porque no ve ninguna satisfacción en realizarla. Si sientes que tienes que obligarte a hacer alguna cosa, pregúntate por qué es así. Quizás tu intuición te esté señalando en otra dirección.

Cuando hago algo que no debiera, a menudo experimento una sensación de opresión en el estómago. Como si mi cuerpo supiera instintivamente, antes incluso de que yo sea consciente de ello, qué es bueno para mí y qué no lo es. Cuando observamos nuestras propias reacciones físicas y emocionales también estamos investigando indicios que nos permitan saber si vamos en la buena dirección, sobre todo cuando nos enfrentamos a nuevos desafíos.

Tu falso yo es la parte controlada por las normas y las expectativas externas. Es muy influyente. Su poder reside en la idea de ti que refleja, escenifica y que quieres mostrar a los demás. Si tienes sed de poder, éxito, fama o riqueza, es probable que el motor sea justamente un falso yo. Puede perjudicar e impedir que descubras tu verdadera vocación, así que sé prudente.

¿Qué es lo que te alegra el día? ¿Qué te aporta satisfacción? ¿Qué te hace feliz? ¿Qué te da ganas de vivir? ¿Cuáles son tus talentos? Como afirmó el teólogo Frederick Buechner, “nuestra vocación se encuentra allá donde resida nuestra pasión personal, lo que nos toca íntimamente y nos da energía frente a las carencias de este mundo”. Explora qué provoca en ti la mayor de las alegrías, adáptalo a tus necesidades y encontrarás tu vocación personal.

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