#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¡Las mujeres queremos mujeres que nos representen!

En vallas publicitarias y portadas de revistas, estamos acostumbradas a ver a estas modelos súper delgadas, jóvenes, con una piel de porcelana, un cabello frondoso y un sinfín de cualidades que, seamos honestas, la mayoría de las mujeres no tenemos (a veces ni siquiera esas modelos, cuya vida gira en torno a su cuidado personal, tampoco las poseen).

Por décadas esa fórmula ha resultado… probablemente por un tema aspiracional y algo de exigencias o parámetros sociales que nos hemos (o nos han) impuesto. Pero lo cierto es que en los últimos años las mujeres nos hemos estado rebelando un poco contra esto, buscando algo más genuino y, aunque todavía queda muchísimo camino por recorrer, hay una preocupación por sentirnos más identificadas con las modelos en cuanto a edad, contextura, raza y hasta religión.

Algunas las llaman modelos más “reales”, pero confieso que a mí no me gusta ese término porque tampoco es que las típicas modelos sean extraterrestres; de hecho, algunas tienen esas contexturas y pieles perfectas por genética.

En torno al tipo de cuerpo es donde más se ha avanzado en este tema. No sólo ahora a las modelos se les exige en la mayoría de las pasarelas un peso saludable (que aunque dista mucho de la media, es un avance importante), sino que hay muchas modelos plus size (que, en mi opinión personal, hay que revisar ese término porque hay mujeres talla 40 que entran en esta categoría) que están revolucionando la industria de la moda.

El caso más emblemático es la norteamericana Ashley Graham, quien es imagen de varias marcas, desfila para grandes firmas en las Semanas de la Moda, fue co-anfitriona del Miss Universo y hasta tiene un libro donde precisamente habla de que la mujer debe amarse tal y como es, con o sin celulitis (la que, por cierto, no teme mostrar en su cuenta de Instagram).

Sin embargo, creo que todavía es un tema muy polarizado: moda para flacas o para gorditas (por cierto, todavía hay un enorme terror a usar ese término y se utilizan palabras como “curvilínea”, “XL” o, el peor de todos, “sin complejos”). ¿Pero qué hay de las de un peso medio o regular que, de paso, en muchos países somos las mayoría? ¿Dónde estás las modelos talla M?

Con respecto a la edad, pasa algo similar. Por un lado están las niñas de 15 años promocionando cremas humectantes y, por otro, algunas (muy pocas) mujeres de más de 60 años hablando de cremas anti-arrugas. Si bien hay que reconocer que ya finalmente estamos dejando de ver chicas de 20 años promocionando productos para combatir unos signos de la edad que nunca han tenido, de nuevo hay una especie de limbo en las mujeres de entre 30 y 50 años que, irónicamente, son las que más invierten en moda y belleza por una cuestión de ingresos.

Es como si en el mundo del mercadeo también se sufriera de las crisis de los 30s, 40s y 50s. Quieren evitar a toda costa estas décadas, en lugar de afrontar las maravillas de la edad media, donde todavía te puedes permitir cosas típicas de la juventud pero de una forma más madura y en la plenitud de tu independencia económica.

¿A qué se debe esto? Varios estudios sugieren que tiene que ver con que cada vez las empresas de relaciones públicas y mercadeo están más invadidas de ejecutivos (as) entre los 25 y 28 años, donde precisamente se vive esa disyuntiva entre ser joven o viejo, llevándolo a los extremos.

Referente a la raza, no es un secreto que la mayoría de las modelos son blancas y no todas las marcas hacen lo de Benetton. Aunque sí ha habido un incremento de mujeres de piel negra, la verdad es que faltan aún más, al igual que latinas, asiáticas y otras etnias para que no estén segmentadas únicamente por países en un mundo, en teoría, globalizado.

Sí hay que hacer una excepción con Asia, porque en este continente, los estudios aseguran que las compras disminuyen si hay modelos occidentales en las publicidades.

En cuanto a la religión, como tema tabú que es, es donde menos se han visto avances y, sin embargo, es algo que se está empezando a colar. En los 90s, nadie se preguntaba si Naomi Campbell era hebrea o si Cindy Crawford era católica. La fe de las modelos poco importaba y tampoco era algo que ellas profesaban. Actualmente, las modelos musulmanas, por ejemplo, están exigiendo su lugar en la moda y han sido noticia por desfilar con sus hijabs.

Y es que el llamado lifestyle o estilo de vida, es lo que está marcando la pauta sobre todo en redes sociales, y esto incluye también las creencias, la comida que comes, los viajes que haces y hasta las personas con las que te juntas.

Sin duda, hay una creciente tendencia a aprender a disfrutar cómo luces y a experimentar con ello. El concepto de belleza ha cambiado en un movimiento llamado deepin, que tiene que ver más con trabajar tu interior y ser feliz con quien eres para proyectar un “mejor” exterior.

Las mujeres venimos en todas las tallas, edades, tonos de piel y religiones, así que queremos que se amplifique el espectro y ver imágenes de mujeres que reflejen eso y con las que nos podamos sentir identificadas. Obviamente la parte inspiracional seguirá jugando un rol fundamental (ese halo creativo y de glamur de los editoriales de revistas) y no hay nada malo en eso, pero ver más arrugas, curvas y tipos de piel no estaría nada mal. Después de todo, es lo que finalmente vemos frente al espejo y, queridas marcas, estamos aprendiendo a ser feliz con ello.

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