#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La venerable y milagrosa imagen de la Purísima Concepción de Celaya



Eugenio Amézquita Velasco

Contemplar el hermoso rostro de la imagen de la Purísima Concepción de Celaya, que se venera en el Templo de San Francisco de esta misma ciudad guanajuatense, es suficiente acto para quedar prendado de la belleza de una obra que es manifiesto amor a la reina del Cielo, Madre de Dios y de los hombres, y por supuesto, Patrona de la Ciudad y de la Diócesis de Celaya.

Obligados estamos entonces, quienes somos celayenses, sea por nacimiento o por residencia, a conocerla, para que conociéndola le amemos tal y comprendamos por qué Dios le manifestó su amor desde la eternidad y haberla creado, libre de la mancha y corrupción del pecado original, para ser el primer sagrario que llevó en su interior al Salvador del mundo, Jesucristo..

Así, compartimos a ustedes un poco de lo mucho que abarca la historia de esta imagen, que es el amor de sus hijos hecha figura, no para adoración, como algunos manifiestan con ignorante e insidiosa torpeza, sino para traer a la memoria y meditación los misterios de quien es co-redentora y Madre nuestra.



La venerable Imagen de la Purísima Concepción de Celaya. Origen de ella: su descripción. Historia de su culto. Culto primitivo. Progreso y estado actual del culto. 
(Tomado del Álbum de la Coronación de Nuestra Señora Purísima de Celaya. Escrito por el Párroco de San Juan del Río de la Diócesis de Querétaro, Pbro. D. Cesáreo Munguía. Imprenta Guadalupana. José Ugalde R. Juárez Norte 3. Querétaro, Qro. Año de 1935)

No se sabe con exactitud la fecha en que fue traída a Celaya la V. Imagen de la Purísima Concepción que se venera en el templo de N. P. S. Francisco; pero sí consta por la tradición y por documentos fehacientes, que es tan antigua como la misma ciudad.

Efectivamente, en un escrito firmado por el escribano Público Hernán González, hecho en Celaya el día 8 de diciembre de 1597, se menciona una procesión que salió en ese día del templo de San Francisco, como era costumbre en la villa de Celaya, la cual se hizo con mucho ornato e insignias y aplauso y con la imagen de Nuestra Señora de la Concepción.

En el año de 1605 María Magdalena de la Cruz, viuda de Martín Ortega que fue uno de los primeros pobladores de Celaya, solicitó del M.R.P. Comisario General de los Frailes Menores Fr. Miguel López, la confirmación para sí y sus descendientes, del derecho a entierro cerca del altar mayor de la iglesia de los RR.PP. Franciscanos.

Del escrito petitorio de esa gracia se desprenden importantes noticias: Que cuando se fundó la villa de Celaya, se trató entre los vecinos de ella que, pues la dicha villa tenía la advocación de Ntra. Sra. de la Limpia Concepción, era necesario traer una imagen de bulto para fundar convenientemente una cofradía en honor de ese misterio en la Iglesia de San Francisco; que Martín Ortega dijo ser él muy devoto de la Santa Señora en esa advocación y quería asimismo traerla de España, a costa de su hacienda y la de su esposa. María Magdalena de la Cruz; que luego puso por obra su santo intento, y la mandó traer; que dicha imagen es la misma que en aquella fecha (1605) estaba en el altar de Nuestra Señora, y que, sin los gastos de la traída, importó trescientos cincuenta pesos.

El Regidor Agustín Muñiz, nieto del donador de la V. Imagen Martín de Ortega, en escritura pública otorgada en Celaya en 1666, ratifica la donación hecha por su abuelo, y afirma que en honor de esa Imagen estaba fundada de tiempo inmemorial la cofradía de Nuestra Señora Purísima.

Y no menos prueban esa antigüedad de la V. Imagen las palabras con que se renovó el Juramento del Patronato de la Inmaculada Concepción sobre la ciudad de Celaya, el año de 1774.

En él se dice que los primeros conquistadores y pobladores juraron Patrona de Celaya a María Santísima en el Purísimo y primer instante de su Concepción, y con el respeto y reverencia que como a tal Patrona se le debe, todos los antepasados sin interrupción, han venerado ese Misterio y su Divino Simulacro que se venera en la Iglesia de los Religiosos de Nuestro Padre San Francisco.

Al pie de la Sagrada Imagen hay una inscripción en caracteres muy antiguos que dice: “Se hizo devoción de D. Martín Ortega y su esposa los que hicieron la donación a este Colegio, de esta imagen, y tres renovaciones, que le han dado ha sido a costa de este Colegio y esta presente fue a 21 del mes de julio del año de 1764 siendo Guardián Fr. Domingo de Ocaranza”.

La Cofradía de la Purísima Concepción

De esos valiosísimos documentos que originales se guardan en el Archivo del convento de N.P.S. Francisco de Celaya, se desprende que la V. Imagen de la Patrona Principal de esta ciudad fue traída de España muy a los comienzos de la población, en el último tercio del siglo XVI.

Desde luego empezó a tributársele culto regular, pues que para ello se fundó una Cofradía. Tampoco consta con exactitud la fecha de su fundación; pero apoyados en la misma tradición y en los documentos que ya citamos, creemos que coincidió con la llegada a Celaya de la V. Imagen, pues Magdalena de la Cruz en su referida petición asegura que los vecinos de Celaya trataron “que sería necesario traer una imagen de bulto para fundar la sancta cofradía que hoy está fundada en este convento del Señor San Francisco”.

En 1597, ad cautelam, se pidió nueva erección de la Cofradía a la Sgda. Mitra de Michoacán, por haberse extraviado la licencia del Ordinario o porque se erigió sin la aprobación de esa superioridad. Eso prueba que ya existía mucho antes de ese año de 1597.

La Diputación de la Purísima Concepción

Muy antigua es también la Diputación de Nuestra Señora Purísima, que desde tiempo inmemorial y canónicamente se estableció para sostener el culto perpetuo a la Imagen de la Patrona de Celaya.

En un principio estaba integrada esta corporación por dos Diputados y un Mayordomo elegidos entre las personas principales y más piadosas de la ciudad; después fueron ocho los diputados, y su número fue aumentando hasta el de treinta y dos, en memoria de los españoles fundadores de Celaya.

El fin de ambas asociaciones es el mismo: dar culto regular y perenne a la V. Imagen de Nuestra Señora Purísima, por medio de la función anual del 8 de diciembre, de otras funciones menos solemnes en los días de la Anunciación, Asunción y Natividad de la Sma. Virgen; de la Misa cantada con el ejercicio vespertino todos los sábados del año y de un Triduo de misas solemnes con exposición del Divinísimo Señor Sacramentado durante todo el día, en los tres siguientes al 8 de diciembre.

Ambas corporaciones son dirigidas por los RR.PP. Franciscanos encargados del templo, y se rigen: la de Diputados por un Reglamento especial, y la otra, por el del Escapulario Azul.

No se reduce el culto actual a la Inmaculada Patrona de Celaya a lo antes dicho; pues la Cofradía le dedica una función el día de la Purificación de Ntra. Señora; celébranse en su honor el Mes de María, el Mes del Rosario, un Novenario por el Buen Temporal y las Posadas, y además está establecida una velación perpetua, por manera que nunca faltan fieles que rindan homenajes a María Santísima en su Venerable Imagen.

Manifestaciones notables del Culto a Nuestra Purísima Madre han sido, entre otros,el Juramento del Patronato sobre la ciudad de Celaya y de defender la creencia en la Concepción Inmaculada de María; el llamarse en los documentos oficiales y en la correspondencia privada “Celaya de la Purísima Concepción”, y la dedicación del templo de N. P. S. Francisco, al ser consagrado ritualmente, a la Virgen Sma. en ese Misterio.

El juramento dicho lo hicieron los fundadores de la ciudad, ante la V. Imagen; lo renovó la ciudad con el Ayuntamiento a su cabeza en el año de 1774; cien años después se hacían fiestas solemnísimas para renovarlo, y, el mismo día de la Coronación, volvió a ratificarse.

El título “de la Purísima Concepción” se uso en todos los documentos civiles desde la fundación de la ciudad hasta que se promulgaron las Leyes de Reforma. El titulo ritual del templo de N.P.S.Francisco consta en la respectiva acta de Consagración del mismo.

El Panegírico

Muy notable es también el PANEGÍRICO, al que año por año asisten los fieles de aquella población con atención religiosa la tarde del 7 de diciembre en el templo de N.P.S. Francisco.

Un niño vestido con el hábito franciscano y con birrete en la cabeza, representando así al Doctor Sutil Juan Duns Scoto, recita dividido en partes, un poema sobre el Misterio de la Purísima Concepción; un coro siempre nutrido, acompañado de instrumentos de orquesta, ejecuta varios números a manera de introducción y entreactos, antes de iniciarse la recitación y entre cada uno de los cantos del poema, respectivamente.

No podemos determinar el tiempo en que tuvo principio este solemne y singular acto, ni si fue ordenado por decreto o mandato de algún superior de la Orden Franciscana. Sin duda trae su origen de los famosos Autos Sacramentales, genero literario que se uso mucho en España en el siglo XVI, que consistía en composiciones dramáticas cuyo asunto era algún hecho de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, o de algún misterio de la fe. Con ellas el pueblo fiel se ilustraba, objetivamente y deleitándose, acerca de las verdades de nuestra Santa Religión.

Suponemos que el PANEGÍRICO data de los tiempos de oro de la Universidad Real de Celaya, en la primera mitad del siglo XVIII. Cada año, en el mes de octubre, antes de comenzar los cursos académicos, por estatutos, uno de los PP. Lectores pronunciaba en el Aula General del Colegio un Panegírico que por asunto obligado tenía “la Ilustración que Nuestra Sra. hizo a Ntro. Subtil Maestro Juan Duns Scoto, y la subtileza de su doctrina para defensor ante Signano de su original Pureza”.

Además todos los colegios de la Nueva España tenían jurado defender el privilegio de la Concepción Purísima de nuestra Madre y difundir la enseñanza teológica sobre el mismo, en lo cual se llevaban la palma los dirigidos por religiosos franciscanos.

¿Qué cosa más natural, pensamos nosotros, habiendo en casa teólogos y poetas, venerándose en el templo contiguo una imagen taumaturga bajo la advocación dela concepción sin mancha, y concurriendo numerosísimo pueblo muy devoto de ese misterio, que entusiasmar a éste, recordándole en la víspera del 8 de diciembre los argumentos que afianzan su fe, envueltos en las cadencias de la poesía y entre los acordes de la música?

Varias han sido las composiciones poéticas que se han empleado en este acto tan conmovedor.

La milagrosa imagen de la Inmaculada Concepción de María de Celaya

Hablar de la Inmaculada Concepción de Celaya es hablar de la misma ciudad porque desde sus comienzos, esta advocación mariana esta presente en la vida de los celayenses, en su escudo, en sus vidas, en el nombre original de la ciudad y en la vida de los frailes franciscanos, participantes en la fundación de la entonces villa y custodios de la venerada imagen.

 Consta en la Crónica de la Orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, Provincia de San Pedro y San Pablo de Mechoacán en la Nueva España compuesta por el padre Lector de Teología Fray Alfonso de la Rea, de la misma Provincia, escrita en el año de 1639 y cuya primera edición data de 1643, en su Capítulo XXVII, titulado Que la Titular del Colegio es de la Concepción, por serlo de la Villa también, por una imagen milagrosa de ella, algo que es considerado como portentoso milagro dado a la ciudad y a la comarca.

 Se refiere obviamente Fray Alonso de la Rea, al Colegio de Universidad y a la imagen de la Inmaculada Concepción de Celaya. Cita esta crónica que en la primera fundación de la Villa de Zelaya, que fue casi a los principios de la conquista de este Reino, viendo que su conservación y aumentos se prometían muy ciertos, por las comodidades que ofrecía el sitio, y la comarca. por asegurarlos, los libraron en vocación de la Madre de nuestras esperanzas, y la intitularon de la Concepción: cuyo reconocimiento, y devoción fue creciendo con el tiempo, y criando raíces en la voluntad de los pobladores, para que el fruto fuesen sus milagros, y loores.

 Y como el agradecimiento obliga de nuevo al bienhechor, el que tuvo esta Villa con la imagen la movió tanto, que cada día experimentaba nuevas deudas a su clemencia.

Hasta que ella misma se les dio en una imagen, tan hermosa, y milagrosa, que nunca el original tuvo tan singular retrato.

 Es de vara y media de alto, con tan singular proporción, y donaire, que cada vez que se mira, con lo risueño del rostro, y severo del aspecto, trueca las admiraciones en gozos, y los gozos en admiraciones, y así se atribuye a obra soberana.

 De aquí ha crecido la devoción, y levantándose con las voluntades con tan singular dominio, que en cualquier aprieto, necesidad, o trabajo: sólo con verle el rostro, olvidan sus penalidades, y se visten de una nueva confianza, que viene a ser gozo lo que fue desdicha, y dicha lo que fue trabajo.

Con este seguro alientan sus esperanzas, y libran en esta imagen los socorros del cielo cuando faltan. Porque como es toda la comarca de labores, y ganados, el faltarles el agua, es faltarles el remedio: y así acuden de ordinario a esta imagen.

 Particularmente de diez años a esta parte, que parece que se ha trocado el curso ordinario del cielo: porque empezando a llover por mayo, o junio, que es el principio de las aguas, hubo año, que por los principios de agosto no había llovido, y estaban los campos perdidos, las hambres ciertas, y la peste en los indios evidente.

 En este aprieto libraron sus esperanzas en esta imagen, y le prometieron un Novenario muy solemne: y para darle principio ordenaron sacar la imagen en Procesión para el Convento de San Agustín. Sacáronla como a las nueve del día, estando el cielo tan raso, y liso, como en el canicular más ardiente. Apenas los cielos vieron el rostro de su Señora, cuando enternecidos le inclinaron la cabeza, y al volverle a su convento, como a las once, se levantó sobre esta villa una nubecilla, como un vellón de lana, y extendiéndose por toda ella, a las tres de la tarde despidió tanta agua, que cada calle era un río, y la circunferencia un mar, sin que lloviese en otra parte alguna, con que se mejoró el año.

El autor de la crónica, hace una interesante revelación: Otras muchas veces la han sacado con la misma necesidad, y socorrídola: pero pongo esta porque yo la vi. A esta Señora pues consagró el Colegio su vocación, por haberlo hecho primero la Villa, librando en su intercesión los aumentos de su fundación, y a la sombra de su imagen camina por la prosperidad, sin fatigarle con las inclemencias del tiempo, que son las que pueden interrumpir su conservación.

 Se salva la imagen de deshacerse en un incendio 

 Al llegar el siglo XX, en 1904, la imagen habría de vivir otro momento histórico. En su Álbum de la Coronación de Nuestra Señora Purísima de Celaya,Álbum Conmemorativo de la Coronación de Nuestra Señora Purísima de Celaya escrito por el Párroco de San Juan del Río de la Diócesis de Querétaro, Pbro. D. Cesáreo Munguía. 1909-1935, se narra que todo el año de 1904 emplearon los señores diputados en preparar la suntuosa función del 8 diciembre.

Días antes de esa fecha, miles de escritos en prosa y en verso alusivos a la próxima solemnidad circulaban entre los moradores de Celaya; las bandas de música recorrían las calles o se estacionaban en las plazas entusiasmándolos con sus festivas piezas; el frente de todos los templos y casas se hallaba engalanado de día e iluminado por la noche y, los repiques y salvas de cohetes se sucedían casi sin interrupción; el templo de San Francisco ostentaba sus mejores galas aumentadas con los adornos exprofeso preparados para ese día; la Santa Imagen revestida con sus más ricos ropajes y las alhajas más valiosas, se mostraban en toda su belleza artística y con toda la unción que inspira su divina actitud.

 Se esperaba una solemnidad espléndida con maitines a todo coro y orquesta y misa solemnísima en que celebraría de pontificales el excelentísimo y reverendísimo señor arzobispo de Michoacán Dr. don Atenógenes Silva elocuente hermano del doctor Luis Silva, canónigo magistral de la catedral de Guadalajara.

 Se declara incendio en el Templo de San Francisco.  La extraordinaria alegría de la ciudad mariana se trocó en vivísima aflicción en la víspera misma de la ansiada solemnidad. A las 3:50 minutos de la mañana, las campanas de los templos daban toque de alarma anunciando incendio; los vecinos abandonan el lecho y se lanzan por las calles preguntando por el lugar donde aquél se había declarado, y muy pronto se supo que el templo de nuestro padre San Francisco era presa de las llamas; que el altar mayor es el más atacado por el fuego; que éste había reducido a cenizas el nicho que guardaba la venerable imagen de la patrona de la ciudad y la peana en que descansa, y que la misma imagen era una enorme antorcha que ardía.

 Al saberse esto, la consternación del pueblo fue tremenda y un lamento tristísimo y desgarrador dejóse oír no sólo en el mencionado templo, sino por las calles y en las casas de toda la población ¡Celaya había perdido su más valiosa joya, con la cual noblemente se enorgullecía: la santa imagen de su madre Purísima!! Y… ¡y en qué día!

La piadosa ciudad durante todo un año lo había preparado, la mayordomía, a cargo toda la ciudad, no perdonó gasto ni sacrificio para que la función jubilar resultara solemnísimo para que el día 8 diciembre 1904 fuera día de regocijo extraordinario, que patentizará al mundo, que la creencia en la concepción inmaculada de María, sostenida por ese pueblo durante siglos aún antes de ser declarada dogma de fe, había sido inconmovible.

 Más ¡oh prodigio! El incendio pavoroso, cuya causa no es conocida ni aún sospechada hasta ahora, respetó la venerable imagen de la augusta patrona, que es de madera, después de haber consumido las ricas vestiduras que le adornaban y haber fundido el oro y la plata de la aureola que ostentaba en su cabeza.

No podemos expresar la alegría y ternura que inundó el alma de los celayenses, al enterarse del favor insigne, de la señalada Providencia, del verdadero milagro que Dios acababa de obrar allí muy cerca de ellos, sino parodiando la frase del Evangelio de la epifanía: “videntes stellam gavisi sunt gaudio magno valde, que cuando los magos volvieron a ver la estrella se llenaron de un gozo grande sobremanera”.

Si, dijimos la imagen de nuestra patrona es “tabernaculum Dei in medio civitatis eius, el tabernáculo de Dios en medio de su ciudad, et non commovebitur, y no será conmovido”, y cantamos, bendiciendo a Dios: “flagellum non abropinquabit tabernáculo tuo, el látigo infernal no se llegara, ¡oh Dios! A tu tabernáculo”.

 Sentimientos parecidos embargaban a los hijos de Celaya, cuando, después de haberse sentido huérfanos, suponiendo consumida por el fuego la venerable imagen, por la tarde de ese mismo día pudieron contemplarla a su sabor en el altar provisional en que fue expuesta a la veneración de todos.

Se había salvado providencialmente: aunque acudió con rapidez el reverendo padre guardián, tan luego como recibió la noticia del siniestro, cuando llegó detrás de la imagen acompañado de algunas personas, las llamas la envolvían por completo y habían consumido totalmente las vestiduras y derretido el metal de la aureola que, como informe masa metálica, cubríale la cabeza; en medio del humo y del calor asfixiante logró el reverendo padre Peñaflor separar la imagen de su peana convertida en ardiente tizón y, completamente ennegrecida, colocarla envuelta en un lienzo, en una habitación contigua al templo.

 Repuesto un poco de la emoción, pudo advertir que no había sufrido notables desperfectos; porque, limpiándola de la espesa capa de humo, con gratísima sorpresa encontró que sólo presentaba ligera quemadura en la punta de la nariz y las extremidades de los dedos.

El excelentísimo y reverendísimo señor Silva, ella se encontraba en Celaya para oficiar el día siguiente, dispuso que fuera expuesta a la veneración de los fieles para que recibiera los homenajes que se habían preparado. Se practicó un ejercicio piadoso con sermón que predicó el mismo excelentísimo señor arzobispo.

 Manifestó en el que aquella desgracia era un castigo del cielo y un estímulo para que los habitantes de la ciudad crezcan y se perfeccionen en el amor a la madre que el cielo les dio por patrona. Al siguiente día oficio su excelencia reverendísima en acción de gracias y con rito pontifical, y dos días después al encomendar la reparación de la venerable imagen al escultor queretano don Diego Almaraz y Guillén, por orden del mismo excelentísimo señor arzobispo, se levantó acta de lo acaecido, ante dos notarios eclesiásticos y dos civiles; y otro tanto se hizo el 7 enero del siguiente año, en que el referido escultor entregó al reverendo padre guardián la imagen ya restaurada.

Al mismo tiempo comenzaron las obras de reparación y decorado del templo en el cual se invirtió todo el año de 1905.

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