#diocesisdecelaya @diocesis_celaya El gozo espiritual





Misioneras Servidoras de la Palabra



Cuando hablamos de gozar la vida, casi siempre nos referimos a disfrutar un momento con ciertos placeres. Sin embargo, la palabra gozo en el término espiritual, se refiere a una experiencia profunda y personal  con Dios.

Es diferente de la  alegría que, generalmente, se comparte con expresiones  concretas de entusiasmo, laboriosidad, paciencia. No es que el gozo sea una experiencia pasiva; pero se trata de una experiencia del alma que se descubre amada, elegida, custodiada por Dios que  es infinito y todo amor.

En la Biblia encontramos algunos textos como: Éste es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en Él (Sal 118, 24); Me hiciste conocer los caminos de la vida; me sacias de gozo con tu presencia (Hch 2, 28).

Está experiencia se asocia al contacto con Dios y con las cosas divinas y trascendentes; es la experiencia de los santos  en la oración; de los místicos en el recogimiento de los sentidos para elevarlos  a Dios.

Ante todo es un don del Espíritu Santo.

Y que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo (Ro 15, 13).

Lamentablemente la materialidad y egocentrismo en que vivimos últimamente nos impide vivir esta experiencia del alma.

Gozo, lo interpretamos  como placer y regularmente  en términos  pasajeros que  se  esfuman rápidamente y con frecuencia  nos dejan vacíos.

En este tercer domingo de Adviento, la Iglesia nos invita  a reflexionar en la esperanza; no es lo mismo esperar con tristeza, con temor, con incertidumbre que  esperar  en la certeza  del bien que  esperamos. Jesús  es la certeza absoluta del Bien supremo; nuestro  encuentro  con Él aviva  nuestra mirada; despierta nuestras inquietudes de obrar bien y renueva  nuestras  fuerzas.

Para vivir  la experiencia del gozo se hace  necesario tener el alma limpia, para eso es óptimo el Sacramento de la Penitencia y pasar momentos  largos e intensos en compañía de Jesús.
No siempre podemos ir a una iglesia, pero siempre podemos permanecer  con la mente unida  a Jesús.
Dejemos las frivolidades del mundo, que dejan el alma insatisfecha como la vanidad, la presunción, la ostentación, la lujuria…
Todas esas cosas  aunque las disfrutemos un momento, al final nos dejan tristeza.

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