#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Cuándo se produce la madurez física para las relaciones sexuales?

¿Desde qué edad un menor puede dar consentimiento sexual? Es difícil establecer un límite mínimo de edad teniendo en cuenta que los procesos de maduración varían en los jóvenes al estar influenciados por múltiples factores que afectan su desarrollo.

No es casual que aunque la edad estimada oscila entre los 13 y 18 años, exista en diferentes países divergencia sobre el establecimiento de una edad concreta.

Con una visión exclusivamente genitocéntrica de la sexualidad, desde el comienzo de la pubertad una joven puede quedar embarazada y un joven puede convertirse en padre. Sus órganos reproductivos tienen el potencial para concebir una nueva vida.

Pero como se sabe la sexualidad humana es multidimensional, lo que significa que no es sólo física, sino también emocional y psicológica, intelectual y creativa. Esta es la visión cerebrocéntrica de la sexualidad que integra todas las dimensiones de la persona.

Los psicólogos están diciendo que el principal órgano sexual es el cerebro, y los intérpretes de la visión de la evolución de Teilhard de Chardin dicen lo mismo.

Otros científicos están declarando que el cerebro normal de un adulto está desarrollado en un 5 a un 10% solamente. Esto estaría indicando que con toda la potencialidad genital, muchas de las personas no han alcanzado una maduración importante, no toman decisiones inteligentes o han sido -y aún están- sexualmente algo inactivos.

La gente en general entiende el rol del cerebro y la fantasía necesaria para la erección y la estimulación de la pasión erótica. Pero ese es el comienzo. Sin las dinámicas de la visión cerebrocéntrica de la sexualidad que incluyen la libertad, el amor y la impronta personal e interna, la sexualidad humana se trunca.

Aunque los primeros años de vida son claves para el desarrollo, gracias a la ciencia hoy sabemos que la maduración cerebral no termina en la primera infancia. Simplemente hace una pausa por algunos años y reinicia con vigor al inicio de la pubertad.

Durante la segunda década de la vida y entrando en la tercera, se produce un período de crecimiento y reestructuración explosivos. Hay una metamorfosis dramática del cerebro que resulta difícil de comprender por la magnitud de estas alteraciones cerebrales.

Debido a esta transformación masiva, la adolescencia es un período de la vida con distintas oportunidades pero también con vulnerabilidades y, la capacidad del cerebro adolescente puede funcionar de manera diferente a la de un adulto, ya que aún se encuentra atravesando una etapa de crecimiento y maduración física.

Tampoco debe subestimarse el hecho de que la maduración está sujeta a múltiples factores: estilo de vida, crianza, costumbres, educación, vida familiar, cultura, hábitos alimenticios, entre otros, que afectan directamente el desarrollo del principal órgano sexual: el cerebro.

Un joven puede demostrar consentimiento para realizar una acción aun sin tener la madurez para mantener una relación sexual responsable, como ocurre en el caso de muchos adultos que independientemente de su edad y con toda la información disponible, mantienen un comportamiento irresponsable con respecto a su sexualidad.

Un análisis completo de la sexualidad no incluye sólo el aspecto biológico, ya que la maduración tiene que ver con otros aspectos que hacen a la integridad de la persona, y que están fuertemente marcados por el ambiente y las condiciones en los que el joven está inserto.

Partiendo del rol fundamental que tiene el cerebro en las relaciones sexuales, a continuación compartimos las vulnerabilidades que pueden padecer los adolescentes en esa etapa de gran cambio.

La “neurobiología de la toma de decisiones” indica que tomar decisiones depende de diferentes regiones cerebrales que incluyen circuitos cognitivos y afectivos. Es decir, las decisiones se basan tanto en el pensamiento como en la emoción.

El sistema emocional está presente temprano en la vida, es rápido y casi automático; mientras que el sistema cognitivo se desarrolla con la edad.

La córtex prefrontal (CPF) es el área del cerebro responsable de las funciones ejecutivas: juzgar, razonar, tomar decisiones, planear, suprimir impulsos y sopesar las consecuencias de las propias decisiones. Y es la última en madurar: puede no desarrollarse por completo hasta mediados de los veinte años.

Se considera a la CPF como el centro del cerebro “pensante”, mientras que la amígdala (ah-MIG-di-lah) es la estructura principal “sensible” del cerebro. Estas dos redes se ven como sistemas paralelos cuya integración evoluciona con el tiempo.

Las resonancias magnéticas funcionales muestran que bajo situaciones intensas, novedosas y altamente estimulantes, es más probable que el adolescente -impulsado por las emociones- confíe en su amígdala y sea susceptible a la coerción y la presión de otros que lo rodean.

La neuropsicóloga de Harvard, Deborah Yurgelun-Todd explica que “los adolescentes son más propensos a reaccionar con ‘instinto’ cuando procesan emociones, pero a medida que maduran hasta la adultez temprana, son capaces de atenuar su respuesta instintiva con respuestas racionales y razonadas”.

No podemos suponer que los adolescentes toman malas decisiones porque no están informados acerca de los riesgos. Como reitera el Dr. Steinberg, “existe evidencia sustancial de que los adolescentes participan en actividades peligrosas a pesar de conocer y comprender los riesgos involucrados”.

Existen factores adicionales que hacen que la adolescencia sea una época de mayor vulnerabilidad.

Con el inicio de la pubertad, el cerebro está inundado de hormonas sexuales. Para muchos adolescentes, esto activa impulsos fuertes y una intensa vida emocional. Estas hormonas parecen alterar los niveles de dopamina, un neurotransmisor involucrado en el sistema de recompensa.

La alteración produce lo que se llama una “deficiencia de recompensa”: para experimentar la misma sensación de placer de una actividad determinada, los adolescentes requieren niveles más altos de novedad y estimulación.

Por eso, hay una mayor pasión por la novedad y la intensidad. Y a esto se le suma la sensación de inmortalidad que tienen el promedio de jóvenes de quince años.

Los profesionales en otros campos han respondido a estos hallazgos:

El Colegio de Abogados de los Estados Unidos emitió una declaración oficial en 2003 en la que instaba a todas las legislaturas estatales a prohibir la pena de muerte para los menores: “Por razones sociales y biológicas los adolescentes tienen más dificultades para tomar decisiones maduras y comprender las consecuencias de sus acciones”.

El mismo año, la Corte Suprema de Missouri anuló una sentencia de muerte juvenil, y el tribunal se refirió al volumen de estudios que documentan la “menor capacidad de los adolescentes para razonar”.

La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) siguió, con un llamado para que los psicólogos “continúen brindando datos nuevos y existentes sobre los límites del razonamiento adolescente y la toma de decisiones”.

“Razonar, juzgar y tomar decisiones”, es lo que todavía están desarrollando; precisamente las habilidades que los adolescentes deben tener para determinar su “disposición” para una relación sexual madura.

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