#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La alegría de ser mujer



Por Las Servidoras de la Palabra

Escuchando una conversación entre dos mujeres una de ellas embarazada decía: <<Estoy esperando otra niña>>  “¡otra niña! ¡tienes que tenerles más cuidados y sufren más!”.

En otra ocasión escuche a una mujer que le detectaron un tumor en la matriz, después del diagnostico el ginecólogo le comento: “Pobres de ustedes las mujeres, sufren desde que nacen”.

Bueno, que las niñas requieran mayores cuidados es verdad, que sufran es inevitable toda persona pasa por el sufrimiento desde que nace hasta que muere, es la realidad más cercana al ser humano independientemente del sexo.

¿Por que hay gente que piensa que las mujeres somos más sufridas?

Es verdad que la mujer ha sido pensada como un ser más delicado y todo lo que es delicado requiere mayor cuidado: ya desde el arreglo personal la mujer requiere de mayor tiempo, en la educación y formación también requiere de más dedicación e incluso que se le hable de modo y tono diferente.
Lo anterior se debe a que la mujer tiene una naturaleza, ser, origen y fin específicamente femeninos, además de las particularidades que de manera individual manifiesta cada mujer.

Es necesario tener claras las cualidades especificas del ser femenino que no deben entenderse sólo desde el punto de vista biológico y anatómico sino también desde el aspecto espiritual y racional: más inclinada a la piedad, a las manifestaciones religiosas; tendiente a la caridad, comprensiva, afectiva y emotiva.

Pues en general hay un modo específicamente femenino de concebir el mundo.

Ser mujer implica tener una vocación y misión especifica en el mundo con todas nuestras cualidades y limitaciones.

El libro del Génesis dice: <<No es bueno que el hombre este sólo… le daré una compañera>> (Gn 2, 18), más adelante San Pablo afirmará: <<Sin embargo, en la vida cristiana ni el hombre existe sin la mujer, ni la mujer sin el hombre>> (1Co 11, 11).

Tales expresiones bíblicas nos ayudan a comprender que ser mujer es también una maravilla con todos nuestros altibajos emocionales, con todos los cambios físicos, psicológicos y hormonales que podamos padecer en breves periodos.

Pues  nuestro llamado es a ser compañeras, perfeccionar lo hay en nuestras manos, tratar con delicadeza nuestro entorno e incluso a la unión física con el hombre para continuar la generación humana: maternidad y en esas funciones podemos alcanzar realización y plenitud.

Cuanto más vivimos de acuerdo a nuestro ser femenino más alegría experimentaremos; alegría entendida como el entusiasmo natural para cumplir con nuestros deberes y superar las dificultades que cada día nos aquejan.

En la historia no faltan ejemplos de  mujeres que han asumido este gran reto de vivir con toda feminidad una misión especifica en su tiempo y a si han marcado e influido en  la historia.

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