#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Y decía San Francisco de Asís, “Soy ignorante e idiota”: Fray Octaviano Schmucki, OFMCap



La necesidad de entender que el saber y conocer mucho, no nos pone por encima de quienes por diversas razones saben menos; obligados estamos de servirlos y hacernos menores


Hermano Asno OFS
Fraternidad de la Purísima
Concepción de Celaya

El padre Fray Octaviano Schmucki, OFMCap, realizó hace algunos años un artículo donde planteaba un análisis relacionado al grado de preparación de San Francisco de Asís y una frase que el Seráfico Padre se auto aplicaba: “Soy ignorante e idiota”.

Yo, como burro que soy, no entendí bien estas palabras, pero como siempre, acudí a mi párroco -allá en El Burral, de dónde soy originario y servidor de ustedes- para que me diera una explicación amplia.

Con paciencia, el padre me dijo: “Burro, San Francisco no era ni ignorante e idiota. Usaba estas palabras para no hacer sentir diferencia con sus hermanos de la Orden que por algún motivo no tenían preparación; es uno de los distintivos franciscanos, una orden para menores y con gran espíritu de humildad”.

Fue entonces que caí a la cuenta que un buen cristiano -y un buen franciscano- debe tomar ese papel, el de un ignorante, para no creerse más que sus hermanos ni andarlos corrigiendo por cualquier cosa cuando se equivocan estos no de mala fe, sino por alguna carencia de preparación en lo intelectual.
Y mi párroco agregó: “Y no solamente en lo intelectual, sino también al pecador. El Evangelio es claro, burro: Si tu hermano peca, corrígelo en privado”.

Debo decirles que a mi me pasa muy seguido. Me equivoco constantemente dada esa miseria de mi burrez; no falta alguna criatura compañera del potrero o del pesebre, que se siente más lista y me llama la atención constantemente en una actitud de experta y conocedora de todas las cosas, especialmente en materia de asuntos del rancho y lo único que logran es hacerme sentir mal y dejarme más burro de lo que estoy.

Y lo peor, no les gusta decírmelo en privado: les encanta exhibirme enfrente de todos -con un buen nivel de fingido deseo de ayudarme pero evidente altivez- como para restregarme en mi asnal hocico mi falta de preparación y lentitud, luciéndose. O sea, que la corrección fraterna y en privado les pasa de noche. ¡Cuánto bien me haría que se pusieran en el plan de San Francisco de considerarse “idiotas e ignorantes”!

Sumado a esto, si mi párroco les da un cargo u oficio en esta fraternidad de animalitos, las sensaciones de ser poseedores de la “antorcha de la verdad”, de que lo saben todo y que la razón les acompaña se agudiza y entiendo por qué el Serafín de Asís de Asís decía: “Y cuanto más se turban por la pérdida de la autoridad que por la pérdida del oficio de lavar los pies” -en este caso, patas-, “tanto más acumulan en la bolsa para peligro de su alma”.

Pareciera que entre más años pasan como parte de la organización de este establo, en vez de avanzar, vamos en retroceso; entre más años en el cargo, algunos somos más faltos de caridad; y nos olvidamos los hermanos animalitos que el poder viene de Dios y se tiene para servir a los hermanos y no para servirse de los hermanos.

El problema es que cuando el padre les llama la atención de que no sean así conmigo -él sí los corrige en privado-, lejos de mostrar humildad lo que es el toro, le muge más fuerte; el caballo le relincha con violencia y el borrego hasta de topes le quiere dar.

El nivel de soberbia de estos hermanos animalitos es tanto, que ya se sienten más que mi párroco. O sea, en pocas palabras: Les gusta corregir, pero no que los corrijan.
Hay muchos animalitos de Dios, que así son con sus hermanitos burros como yo.

¿Un “letrado” era un mejor cristiano?

Decía fray Schmucki, OFMCap, que “quien se propone clarificar el punto de arranque de cualquier forma de religiosidad de nuestro Santo a la luz del medio ambiente y de las épocas precedentes, tropieza necesariamente con el informe autobiográfico del Testamento: «Y éramos (san Francisco y los primeros hermanos) idiotas y súbditos de todos»; o con la autoconfesión de la Carta a toda la Orden: «…ni dije el Oficio según manda la Regla o por negligencia, o por mi enfermedad, o porque soy ignorante e idiota».”

“Aunque debemos excluir el sentido de imbecilidad en alto grado que paulatina e inconscientemente ha ido asumiendo la palabra «idiota» en el uso lingüístico actual, no obstante, de ella -junto con otros testimonios que también hay que tener en cuenta- se desprende que Francisco se autoincluía en la categoría de los ignorantes, tal como eran entendidos en la concepción corriente de su época”. 

“Si el ser «litteratus», letrado, había sido considerado anteriormente siempre como objetivo ideal de la vida para los clérigos y laicos, en los movimientos de reforma religiosa surgidos en el período que va de Bernardo de Claraval a Francisco se iba operando, según H. Grundmann, un cambio de criterios de valor, paralelamente a las exigencias crecientes de formación para los «letrados» que aparecieron desde el siglo XII”.

“Así, se discutía si los «letrados» eran realmente los mejores cristianos, o si, por el contrario, era más fácil la entrada en el cielo para los «iletrados»”.

“Por otra parte, los clérigos, en sus discusiones, echaban en cara a los herejes su presunción de querer entender y explicar la Escritura aun siendo «iletrados» e «idiotas»”.

“En su réplica, los cátaros citaron literalmente el texto de Hechos de los Apóstoles, en el que la elocuencia de los apóstoles, aunque eran «hombres sin letras e idiotas» («homines… sine litteris et idiotae»), suscitó la admiración del sanedrín en pleno”.

“En la importancia decisiva que alcanzó la imitación de los apóstoles como móvil común en los movimientos evangélicos de renovación, anteriores a Francisco, se adivinan fácilmente los significados especiales, condicionados por la época, que resuenan en las significativas palabras «letrados» e «idiotas», aplicadas a las desigualdades de formación intelectual”.


«Soy ignorante e idiota»

“Después de un análisis paso a paso sobre los diferentes caminos por los que Francisco pudo recibir su saber cultural y religioso, nos queda aún la tarea de esclarecer qué pretendía Francisco al llamarse a sí mismo «idiota» e «ignorante»”.

“El objetivo puede conseguirse de la forma más segura si se tiene en cuenta, al mismo tiempo, la importancia de estas palabras o de sus sinónimos en las dos biografías de Tomás de Celano.
En Siena, un dominico preguntó a Francisco el significado de un pasaje de Ezequiel”.

“El Santo se le declaró inmediatamente «idiota», iletrado, por lo que él mismo necesitaba ser instruido en lugar de poder dar explicaciones sobre la cita de la Sagrada Escritura”.

” Los significados que laten en el fondo de tales palabras los manifiesta con especial claridad el fundador de la Orden en la narración hipotética sobre los requisitos de un verdadero hermano menor, ilustrativos de una situación persona”l.

“Sólo si soporta con ecuanimidad interior y con alegría de espíritu su sustitución, en el Capítulo, como Ministro general, por ser «iletrado y despreciable…, sin dotes de palabra…, simple e idiota», puede ser tenido por verdadero hermano menor”.

“El ser inculto, iletrado, por los adjetivos y apelativos que se le aplican, reforzándolo, adquiere un claro sentido menospreciativo”.

“Esta misma conclusión se impone también si se compara el encuentro de Francisco con el obispo de la ciudad umbra de Terni, de nombre Rainiero (1218-1253).
Éste alabó al Señor después del sermón del Santo, porque «en este último tiempo» Dios había ilustrado a la Iglesia con este «pobrecillo y despreciado, simple e iletrado»”.

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