#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿”Yo te bendigo” o “Dios te bendiga”?: La acción de bendecir corresponde a Dios, no al hombre





Padre Samuel Bonilla/
Redacción

A menudo escuchamos “Dios te bendiga” o simplemente “bendiciones”, ¿es eso correcto? ¿Hay algún fundamento bíblico? Veremos que sí, pero hay que hacerlo adecuadamente.

Etimología: la palabra “bendición” viene del latín beneditio, beneditionis, es decir, se compone de bene (bien) y dicere (decir), por lo que bendecir es “decir bien” de alguien.

Fundamento bíblico: lo encontramos en el Libro de los Números 6,22-27, en donde expresamente dice así:
22 El Señor le ordenó a Moisés:
23 «Diles a Aarón y a sus hijos que impartan la bendición a los israelitas con estas palabras:
24 »“El Señor te bendiga y te guarde;
25 el Señor te mire con agrado y te extienda su amor;
26 el Señor te muestre su favor y te conceda la paz”.
27 »Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, para que yo los bendiga».

De aquí podemos concluir que la acción de bendecir pertenece a Dios, no al hombre. 

Cuando alguien bendice (un papá, mamá, amigo) debe siempre hacer referencia a Dios. No podemos banalizar, ni que se convierta en una muletilla el decir “bendiciones”, sino que al hacerlo se debe siempre mencionar el sujeto de la bendición: Dios. Lo correcto entonces es “Dios te bendiga”, “el Señor te bendiga”, no simplemente “bendiciones”.

La bendición entonces no es una simple “buena suerte”, sino más bien pedirle a Dios que acompañe, proteja… bendiga a esa persona a la cual la dirigimos. ¡Que Dios te bendiga!

¿Qué nos dice la Iglesia Católica?

En el número 1669 del Catecismo de la Iglesia Católica, se expresa que “Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una “bendición”(1) y a bendecir (2). Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones(3); la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos, [cf. Bendicional, Prenotandos generales, 16 y 18]), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental.

(1) El Génesis, capítulo 12, versículo 2, nos dice que el que bendice es Dios y que nosotros somos una bendición, pero por Él:  “Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición”.

(2) En el Evangelio según San Lucas 6, 28: “Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman”:
En la Carta de San Pablo a los Romanos 12, 14: “Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca”
En la Primera Carta de San Pedro 3, 9:  “No devuelvan mal por mal, ni injuria por injuria: al contrario, retribuyan con bendiciones, porque ustedes mismos están llamados a heredar una bendición”. Es obvio, por la visto desde el Génesis y el Libro de los Números, que la petición de bendecir o retribuir con bendiciones a los que nos odian, no se hace a nombre personal, sino invocando a que Dios bendiga a nuestros enemigos.

(3) Dos aspectos fundamentan esto. Primero, la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, del Concilio Vaticano II, en su número 79 que dice textualmente: “Revísense los sacramentales teniendo en cuanta la norma fundamental de la participación consciente, activa y fácil de los fieles, y atendiendo a las necesidades de nuestros tiempos. En la revisión de los rituales, a tenor del artículo 63, se pueden añadir también nuevos sacramentales, según lo pida la necesidad. Sean muy pocas las bendiciones reservadas y sólo en favor de los Obispos u ordinarios. Provéase para que ciertos sacramentales, al menos en circunstancias particulares, y a juicio del ordinario, puedan ser administrados por laicos que tengan las cualidades convenientes”.
Y, segundo, el número 1168 del Código de Derecho Canónico que señala textualmente que “Es ministro de los sacramentales el clérigo provisto de la debida potestad; pero, según lo establecido en los libros litúrgicos y a juicio del Ordinario, algunos sacramentales pueden ser administrados también por laicos que posean las debidas cualidades”. De esto último, sólo el obispo pude autorizar a su juicio que ciertos sacramentales los pueda administrar un laico, y además, debe tener ciertas cualidades.

Lo absurdo del simple “Yo te bendigo”

En todas las fórmulas de bendición presidias por el Obispo, Presbítero o Diácono, se hacen con la autoridad que un ministro legítimamente instituido tiene. Si leemos con cuidado los bendicionales, por lo regular la fórmula de una bendición dada por un sacerdote es así: “La bendición de Dios Omnipotente, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca para siempre”. Es decir, el ministro, con la autoridad otorgada por Dios a su persona a través del sacramento del Orden, da la bendición de Dios. Dios autoriza a sus ministros a bendecir en su nombre, no a nombre de ellos mismos. No dice: “La bendición del presbítero Fulano descienda sobre ti” o “Yo te bendigo”.  Decir “YO te bendigo” y no “DIOS te bendiga” tiene de separación un infinito abismo. Hacer eso sería un acto de soberbia, queriéndose poner en el lugar de Dios, cuando el único que bendice es Dios.

Tengamos cuidado con lo que hacemos, copiamos, escribimos y decimos. Lo correcto es:
Dios te bendiga.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s