#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Padre Juan Díaz y los 500 años de la primera Santa Misa en México, este 6 de mayo de 2018

Sitio donde se celebró la primera Santa Misa en México, en Cozumel.

Eugenio Amézquita Velasco

Este 6 de mayo de 2018, México vivirá un hecho que pareciera estar pasando desapercibido para muchos: los 500 años de la celebración de la Primera Santa Misa en suelo mexicano. Es decir, la primera presencia viva, en cuerpo, alma y divinidad, de Jesucristo en el suelo mexicano, de manos de un sacerdote que la historia consigna con el nombre de Juan Díaz.

¿Por qué comenzar así nuestro artículo?¿Por qué primero mencionamos al sacerdote y luego el hecho trascendente? Por un simple y sencillo detalle: no hay misa sin sacerdote. Es el único instrumento capaz, por decisión de Cristo, de lograr el milagro de transformar el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

Sacerdote español nacido en Sevilla en 1480 y fallecido en Puebla en el año de 1549, fue clérigo y capellán de la armada en la segunda expedición de la isla de Cuba a la península de Yucatán, que estuvo capitaneada por Juan de Grijalva.

Se cree que fue el cronista original del “Itinerario de la armada” en la travesía. Posteriormente, también fue capellán de Hernán Cortés.A la llegada en Tlaxcala fue el primer sacerdote de la comunidad de Atlihuetzian donde aun se conserva una pintura al óleo y sotanas que indican su estancia en ese pueblo.

Expedición de Grijalva

Hijo de Alonso Díaz y Martina Núñez, el padre Juan Díaz cruzó al continente americano en 1514 y se unió a la expedición de Juan de Grijalva en el año 1518. Durante la expedición de Grijalva, ofició la primera misa en la isla de Cozumel, por lo cual también se considera la primera misa celebrada en lo que actualmente es el territorio mexicano.



Itinerario de la armada

El nombre completo de las crónicas se conocen como “Itinerario de la armada del rey católico a la isla de Yucatán, en la India, en el año de 1518, en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva”. El documento fue “retocado” por Benito Martín, y utilizado por Diego Velázquez de Cuéllar como prueba en la disputa contra Hernán Cortés para obtener el título de “Adelantado” de las tierras recién descubiertas por los españoles. El documento posteriormente fue publicado en varios idiomas, como testimonio de los descubrimientos.

Expedición de Cortés y conquista de Tenochtitlan

El padre Juan Díaz se unió a la expedición de Cortés, y nuevamente celebró eucaristía en la isla de Cozumel. En Tabasco, el Domingo de Ramos después de terminada la batalla de Centla ofició nuevamente misa en Santa María de la Victoria.

La primera Santa Misa en México-Tenochtitlán

Después de que Hernán Cortés envió su primera carta de relación a Carlos I, hubo una ligera sublevación entre los partidarios de Diego Velázquez de Cuéllar, entre ellos se encontraba el capellán Juan Díaz, quién al ver el ahorcamiento de Juan Escudero y Diego Cermeño, la forma en que cortaron los pies al piloto Gonzalo de Umbría y los azotes al marinero Alonso Peñate, prefirió jurar lealtad a Cortés. Fue después de esta sublevación cuando Cortés decidió hundir las naves.

Junto con los conquistadores españoles marchó hacia Tenochtitlan, Díaz del Castillo describió que el capellán Juan Díaz confesó a muchos de los soldados un día antes de la batalla del 5 de septiembre de 1519 realizada en Tlaxcala contra Xicohténcatl. Unos pocos días después Cortés venció a los tlaxcaltecas con quienes pactó la paz.

Juan Díaz ofició una misa con los nuevos aliados. En Tenochtitlan, Cortés removió los ídolos aztecas y colocó una cruz y la imagen de la virgen, con el consentimiento de Moctezuma, Juan Díaz junto con el padre de la Merced, realizaron una misa cantada en el Templo Mayor.

En 1521 en fechas cercanas al sitio de Tenochtitlan, Antonio de Villafaña -fiel de Diego Velázquez de Cuéllar- fue descubierto cuando intentaba asesinar a Hernán Cortés y sus capitanes. Villafaña fue sentenciado a la horca, Juan Díaz fue su confesor.

Campañas subsecuentes

El 25 de noviembre de 1521 viajó con Francisco de Orozco y Tovar conquistador español que concentró sus fuerzas en Huaxyácac (Oaxaca), ese día Juan Díaz ofició una misa. La fecha fue conmemorada como el día de la fundación de la ciudad de Oaxaca durante muchos años. Poco más tarde llegó Pedro de Alvarado a la zona, y Juan Díaz se integró a sus campañas militares.

De acuerdo a los cronistas de su época, existen dos teorías al respecto de su muerte en 1549, la primera indica que “murió de su muerte”, lo cual nos hace entender que murió de causa natural, y la segunda dice que fue martirizado por los inidos de Quecholac. Sus restos se encuentran en la capilla antigua de la catedral de Puebla.

Centla: Primera Misa en territorio continental mexicano. Mural de la Catedral de Tabasco


La primera Santa Misa en territorio continental

Existe un mural donde se atestigua la celebración de la que fue la primera misa cristiana en territorio continental de México, llevada a cabo en la población maya de Potonchán, hoy municipio de Centla, Tabasco el 17 de abril de 1519 durante el viaje de Hernán Cortés. Oficiada por Fray Bartolomé de Olmedo y el clérigo Juan Díaz., y en donde se bautizaron 20 indígenas entre ellas la célebre Malintzin a la que se la puso por nombre Marina. Dicho mural se encuentra en la Catedral de Tabasco.

Más datos interesantes

Ahora bien, si en un auditorio repleto le preguntamos a los asistentes si conocen cuándo se ofició en México la primera Misa, es casi seguro de que serán muy pocos quienes alcen la mano.

Es el Padre Mariano Cuevas, S.J., autor de una monumental Historia de la Iglesia en México, quien nos dice que tan importante acontecimiento tuvo lugar el 6 de mayo de 1518 en la isla de Cozumel.
Preciso será hacer un poco de historia.

Antes de que Hernán Cortés conquistara Tenochtitlán, hubo dos expediciones que lo precedieron: La de Francisco Hernández de Córdoba, en 1517, y la de Juan de Grijalva, en 1518.

Según datos fidedignos, el primer punto del territorio mexicano que tocaron los expedicionarios españoles fue Cabo Catoche (Yucatán), y eso ocurrió el 1 de mayo de 1517, razón por la cual se considera que tal fecha fue la del descubrimiento oficial de México. Aquella era la expedición de Hernández de Córdoba.

Un año después, saliendo también de Cuba, vino Juan de Grijalva, quien traía como encomienda recorrer la que se suponía era isla de Yucatán.

Antes de rodear la península yucateca, Grijalva llegó a Cozumel el 3 de mayo de 1518, que, por haberla descubierto el día de la Santa Cruz, bautizó la isla con un nombre muy significativo: “Isla de la Santa Cruz”.

Acto seguido, Grijalva tomó posesión de dicha isla con el ceremonial acostumbrado en aquellos casos.

Un ceremonial que consistía bien fuese en cortar la rama de un árbol dándole de estocadas, o bien en arrancar un manojo de hierbas arrojándolo en distintas direcciones.

Dicha práctica tenía su antecedente en un antiguo ceremonial godo y bastaba para establecer la autoridad del rey de España sobre los territorios recién descubiertos.

La isla se descubrió el 3 de mayo y, tres días después, Grijalva le encomienda a Juan Díaz, capellán de la expedición, que allí oficie una Misa.

Así pues, fue el día 6 de mayo de 1518 cuando se ofició por vez primera la Santa Misa en territorio mexicano.

Todo esto se supo gracias al propio Juan Díaz, protagonista principal de dicho acontecimiento, quien, años después, se encargó de relatar los pormenores de dicha expedición.

Su obra se tituló “Itinerario de Juan de Grijalva”. Lamentablemente se perdió el original en castellano, y si llegó a nosotros, fue gracias a que el historiador Joaquín García Icazbalceta logró traducirla de una versión italiana.

Poco tiempo después, volvemos a encontrarnos con Juan Díaz en plena Conquista de México, ya que, según nos cuenta Bernal Díaz del Castillo, fue dicho clérigo quien ofició una Misa en Tacuba cuando Cortés estaba a punto de iniciar el asedio a la Gran Tenochtitlán.

Ante todo lo anterior, tenemos una nueva efeméride digna de inscribirse en los anales de la historia de México: El día exacto en que, por vez primera, Cristo se hizo presencia real en nuestra tierra.

Trece años después, el 12 de diciembre de 1531, haría lo mismo la Virgen de Guadalupe, al regalarnos la única imagen de la Madre de Dios que no fue hecha por ningún artista humano.

6 de Mayo de 1518, fecha digna de recordarse con todos los honores y, de manera especial, tomando  en cuenta que, dentro de tres años, se cumplirá medio milenio de tan feliz acontecimiento.

La crónica de de Nemesio Rodríguez Lois

Hace ya bastantes años que conmemoramos una efeméride que -a pesar de las controversias suscitadas- nos dejó un agradable sabor de boca: los quinientos años del Descubrimiento de América, acontecimiento sin parangón en la Historia Universal que, aparte de propiciar el encuentro de dos mundos, fue el inicio de la evangelización de todo un continente.

Primera misa en México

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde entonces y he aquí como en este 2018 se cumple el medio milenio de otro acontecimiento también de singular importancia.

Fue el jueves 6 de mayo de 1518 cuando el Padre Juan Díaz, quien venía como capellán en la expedición dirigida por Juan de Grijalva, celebró en Cozumel la primera Misa en territorio mexicano.

Este dato se lo debemos al insigne historiador Mariano Cuevas, S.J. quien nos lo proporciona tanto en su “Historia de la iglesia en México” como en su “Historia de la nación mexicana”.

Logró encontrar dato tan importante después de consultar el Diario de Juan de Grijalva que se encuentra en la Biblioteca Colombina.

Vendrían después la conquista, la evangelización, las apariciones del Tepeyac, el nacimiento de un pueblo mestizo y una serie de acontecimientos trágicos y gloriosos.

Nuestro México entró en la Iglesia Católica y fue a partir de entonces como, dentro del catolicismo, dio frutos admirables de santidad que van, desde los Niños de Tlaxcala hasta San José Sánchez del Río; pasando por los mártires de la Cristiada (incluidos Anacleto y el Padre Pro) para culminar con sacerdotes y religiosas elevados a los altares.

Ni duda cabe que tan admirables frutos de santidad tuvieron su origen en aquella primera Misa oficiada en Cozumel hace ya quinientos años.

Pues bien, a partir de tan sagrado acontecimiento, serían miles, miles y más miles las Misas oficiadas tanto a partir de la conquista, como durante el período de la Nueva España virreinal y del México independiente; para culminar con las oficiadas por los tres Papas que han visitado nuestro país.

El caso es que la Santa Misa estuvo siempre presente tanto en las más fastuosas ceremonias como en las más sencillas celebraciones.

Se puede decir que, a partir de aquel jueves 6 de mayo de 1518, Cristo tomó posesión del que habría de ser su reino.

Un hecho de incalculables consecuencias dentro de la historia de la Iglesia a nivel universal.

Lamentablemente -por diversas razones- a dicho acontecimiento no se le ha prestado la merecida atención.

Quizás ello se deba a que la gran mayoría ignora que -dentro de pocas semanas- se cumplirán quinientos años de la Primera Misa oficiada en territorio mexicano.

Consideramos que aún estamos a tiempo de que se pueda hacer algo.

Así como hace poco más de dos décadas celebramos en IV Centenario del martirio de San Felipe de Jesús, nuestro primer santo, pudiera también ahora aprovecharse la ocasión para difundir aquel gran acontecimiento que tuvo lugar hace medio milenio.

Y es que, como bien dijo el Padre Mariano Cuevas, S.J.: “Desde entonces…Cristo Sacramentado será, para siempre, el Rey de nuestro suelo”

Revisando el calendario litúrgico de este año, vemos como el 6 de mayo es el 6º. Domingo de Pascua.

Y revisando también las Lecturas, vemos como la Primera (tomada de los Hechos de los Apóstoles) habla del bautismo del oficial Cornelio o sea que se hace hincapié en la primera vez que la Iglesia acogía a un pagano en su seno.

No deja de ser una circunstancia providencial que, justo en el día en que se conmemora la Primera Misa oficiada en territorio mexicano, en la Primera Lectura se recuerden aquellas palabras de San Pedro: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”

Pues bien, cuando, hace ya quinientos años el Padre Juan Díaz oficiaba aquella Primera Misa, estaba abriéndole las puertas de la Iglesia a millones de personas que, una vez bautizadas, darían origen a un gran pueblo del cual brotarían infinidad de héroes marcados todos ellos con la señal de la Cruz.

Razón más que suficiente para echar las campanas a vuelo…

Damos gracias a Dios por haber creado al padre Juan Díaz y habernos el mayor regalo que pudo recibir y que ha recibido México desde hace 500 años: La Santa Misa.

Ubicación exacta del sitio donde se celebró 
la Primera Santa Misa en México 

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