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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya EE.UU.: Nuevo proyecto de ley en Wisconsin amenaza el sacramento de la confesión

Se han presentado un par de proyectos de ley a la legislatura de Wisconsin en un aparente esfuerzo por ayudar a las víctimas de abuso infantil. La primera, llamada Ley de víctimas infantiles, aboliría el estatuto de limitaciones para enjuiciar el abuso sexual infantil; la segunda, la Ley del Información Obligatoria del Clero, obligaría a los sacerdotes a denunciar tales casos cuando se conozcan en el confesionario.

Perry West, de CNA, informa que ya existe una ley conocida como La Ley de Información Obligatoria del Clero, aprobada en Wisconsin en 2004. Sin embargo, la iteración actual no requiere que los miembros del clero denuncien todo lo que descubren durante la Confesión. En el estado de Wisconsin, los clérigos ya se consideran “informadores obligatorios” en casos de abuso, junto con médicos, maestros y consejeros.

Kim Vercauteren, directora ejecutiva de la Conferencia Católica de Wisconsin, explicó a CNA que “se necesita hacer más” por las víctimas de abuso sexual infantil. Vercauteren, sin embargo, afirmó que la confidencialidad ofrecida por la confesión permite una transparencia entre los fieles y el sacerdote. Sin esa atmósfera, le preocupa que la interferencia del gobierno pueda erosionar la oportunidad de la absolución.

“Si miras la enseñanza católica, [la confesión] es en última instancia entre la persona y Dios, y el sacerdote actúa como intermediario en esa relación. La necesidad de mantener el secreto y ser sincero en esa circunstancia es una especie de premisa de la confesión, de que esta es la oportunidad de descargar por completo tu alma”.

Vercauteren continuó señalando que la anterior Ley de informes obligatorios del clero, de 2004, ya obligaba a los sacerdotes a denunciar el abuso infantil cometido por otros clérigos. Según ella explica a CNA:

“Si tienen un caso razonable basado en la información recibida o las observaciones hechas para presumir que está ocurriendo el abuso infantil o ocurrirá, tienen que informar de ello, así como si tiene que ver con otro miembro del clero”.

El año pasado, se presentó un proyecto de ley similar en la legislatura de California, pero finalmente se retiró antes de que pudiera llegar a una votación. El arzobispo José Gómez de Los Ángeles considera el proyecto de ley

“una amenaza para el sacramento de la confesión que habría negado el derecho a confesiones confidenciales a sacerdotes y decenas de miles de católicos que trabajan con sacerdotes en parroquias y otras agencias y ministerios de la Iglesia”.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Vivir una hora y cambiar a una familia para siempre

Regina y Erik están a la espera de la novena hija, pero en el cuarto mes de embarazo descubrenque la bebé padece espina bífida y Trisomía 18. Buscan un lugar en donde la acojan lo mejor posible y se topan con el Neonatal Comfort Care Program de Nueva York. “Desde ese momento todo cambió, estábamos en paz: sabíamos que sería acogida, cuidada y amada”. Caeli nació en junio de 2014 y vivió menos de una hora, pero estuvo rodeada por el afecto de sus padres y hermanos. “Fue un momento de alguna manera gozoso”. En menos de 60 minutos Caeli dejó una huella en la vida de quien participó en su existencia. “Dios no hace diferencia entre una vida larga y una breve. La vida de Caeli fue muy breve, pero fue una vida completa”.

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya 3 claves para hacer para que las relaciones funcionen

¿Cómo pertenecer unidos? La unión es un valor reconocido, pero a veces parece difícil trasladarlo al ámbito amoroso de los noviazgos y los matrimonios. Parece que nos unimos para separarnos y no para que esas relaciones funcionen y prosperen en el tiempo.

Lo cierto es que nadie espera separarse. Eso ocurre con nuestros hermanos o seres queridos que aunque tal vez exista una distancia física, la aspiración es la de mantener un vínculo afectivo con ellos. Lo mismo sucede con nuestros amigos. Nos ilusiona la idea de tener amistades inquebrantables para toda la vida.

El vínculo con los demás y la amistad para siempre no sólo es lo que más anhelamos, sino que está probado científicamente que esto aporta múltiples beneficios tanto materiales como espirituales. Cuando la unión romántica funciona en una pareja, esta puede acumular riqueza y tener un hogar propio, suben los índices de felicidad y baja la depresión.

Si la unión funciona, también hay un efecto positivo en los hijos: es más probable que el niño termine la escuela, tenga salud emocional, menos riesgos en el uso de drogas, alcohol o suicidio y en cuanto al desarrollo sexual, una menor probabilidad de embarazo no deseado o abuso sexual; así como también menos trastornos de atención, violencia o delincuencia.

Sin embargo por experiencias dolorosas vividas o por tener que convivir en un entorno difícil, muchos han perdido la esperanza. Se quiere un amor para toda la vida, pero no se cree que sea posible. Aunque puedan ser un gran desafío, las uniones sí pueden funcionar y aquello profundo que anhelamos se puede concretar. Aquí tres claves que pueden ayudarnos.

1. Encarar nuestras relaciones sin usar o descartar al otro

Nos hemos acostumbrado a usar y descartar a otras personas. A veces parecería que en nuestras relaciones con los demás simplemente queremos abrir múltiples canales de conexión como si se tratase del mundo virtual y tenerlas a disposición cuando las necesitamos. Cuando nos hacen falta recurrimos a ellas, pero luego las descartamos.

Esto al principio puede ser atractivo pero a la larga se vuelve rutinario, cansador y la verdad es que a nadie le gusta ser usado y desechado. La utilidad no puede ser el paradigma para manejar las relaciones interpersonales, sino una visión personalista que tiene como centro a cada persona con su valor único y que tratamos como tal y no como objeto.

2. Capacitarnos y entrenarnos en el amor

Estudiamos años para una profesión, incluso hacemos muchas especializaciones y nos preparamos o entrenamos para algún deporte, pero en relaciones afectivas habitualmente no invertimos tanto tiempo o ponemos tanta pasión como lo hacemos con esas cosas.

Esta es una verdadera paradoja cuando hablamos que el amor es lo más importante de nuestra vida y lo que da dirección y sentido a todo lo demás. Comenzar desde jóvenes a desarrollar hábitos de generosidad para poder lograr que nuestras relaciones funcionen, es fundamental.

3. Aprender a respetar los compromisos asumidos

Como en otros aspectos de nuestra vida, tenemos que aprender a respetar los compromisos asumidos. Sin querer podemos darle mayor importancia al compromiso que tenemos con el Estado como pagar los impuestos o las cuentas, pero no cumplir con la persona de la que estamos enamorados y con quien nos hemos comprometido afectivamente.

El único acto voluntario que concreta la invitación de estar unido con el otro proyectándose en el tiempo hacia el futuro, es el compromiso. Pro es un prefijo de futuro. Con-pro-meter significa literalmente “meterse en el futuro con la otra persona”. Si se vive este compromiso activamente y se lo respeta, seremos fieles en la búsqueda activa de la felicidad compartida.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Aquí una gran técnica para enseñar a tus hijos a regular sus emociones

Cuando mi cuarto hijo estaba entrando en los terribles dos años, decidí cambiar por completo la forma en que educo a mis hijos.

Me inspiró en parte mi propio episodio reciente de depresión posparto, que me había dejado con muy poca capacidad para regular mis emociones, y en parte una amiga mía, que le estaba enseñando a su hija (también de 2 años) a lidiar con la frustración y las pataletas. Ver a mi amiga enseñarle activamente a su hija a manejar y regular una emoción difícil me hizo darme cuenta de que nunca había aprendido a hacerlo yo misma, y tampoco había enseñado a mis hijos cómo hacerlo. Entonces decidí intentarlo.

Lincoln, mi hijo de 2 años, no luchó tanto con la frustración como con la decepción. Tener que compartir un juguete o abandonar el patio siempre terminaba en un llanto histérico, y hasta ese momento mi reacción predeterminada había sido amenazar, castigar o ignorar. Entonces decidí hacer lo contrario.

La siguiente vez que comenzó su lamentación, me arrodillé y lo miré directamente a los ojos. “Lincoln, sé lo decepcionante que es dejar un lugar cuando te diviertes. Sé que puede ser difícil no llorar, así que te ayudaré a calmarte. Tomemos una respiración profunda juntos, y luego soplemos tan fuerte como podamos”.

La novedad lo tomó por sorpresa y dejó de llorar. Luego comenzó a respirar conmigo y a expulsar el aire. Estaba tan ocupado con nuestra nueva actividad que abandonamos el patio de juegos y llegamos a casa sin los sollozos habituales.

El éxito de mi experimento condujo a un cambio significativo en mi enfoque general hacia mis hijos. Comencé a alejarme de los gritos y la “disciplina” y hacia la enseñanza y la formación. Si bien no lo sabía en ese momento, mi hábito de gritar no solo no resolvía los problemas de disciplina, sino que los reforzaba (y tal vez incluso los creaba). Según un artículo en Simplemost, gritarles a los niños literalmente les cambia el cerebro … y no para bien:

Megan Leahy, madre de tres hijos y entrenadora de crianza de los hijos, explica al Washington Post en un artículo sobre los efectos de gritar que cuando un padre grita: “O está aumentando la agresión o la vergüenza. Esas no son características que cualquier padre quiere en sus hijos”.

En 2013, un estudio de la Universidad de Pittsburgh sugirió que la “disciplina verbal severa” para los adolescentes no ayuda y en realidad tiene efectos perjudiciales similares a la disciplina física. ¿Sus conclusiones? Gritar solo reforzó el mal comportamiento y aumentó la depresión. Incluso en los hogares en los que había muestras de amor seguían produciéndose los efectos dañinos de gritos incluso ocasionales.

No voy a fingir que soy perfecta ahora y que nunca gritaré a mis hijos, porque eso es mentira. Todavía grito, pero no tanto, y no como una primera respuesta. Paso mucho más tiempo hablando de emociones con mis hijos, afirmando que son reales y poderosas, y ayudándolos a idear estrategias para manejar sus emociones. Algunas estrategias funcionan mejor que otras (déjame decirte qué tan bien funcionó “dibujar una imagen de tu enojo en lugar de golpear a alguien”), pero todo lo que se nos ocurre es un lugar para comenzar. Les da a mis hijos (¡y a mí!) una estrategia concreta sobre la cual podemos construir.

En muchos sentidos, ya ha cambiado el panorama de nuestra familia en tres cortos años. Lincoln rara vez tiene ataques de lamentos después de esa primera intervención, y calmarnos juntos es algo que seguimos haciendo. A veces es idea mía, cuando está molesto. Pero a veces es idea suya, cuando empiezo a tener mal genio. Pone sus pequeñas manos en mis mejillas y dice: “Mamá, respira hondo conmigo y luego exhala tan fuerte como puedas, ¿de acuerdo?”

Y cada vez, no importa cuán irritada esté, toda esa frustración se desvanece en seguida. A veces es más difícil que gritar, pero siempre es una mejor opción.