Archivo de la categoría: Aleteia

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya El cirujano jubilado que salva vidas en África

Jorge Parise tiene 72 años y es cirujano. Vive en España pero en los últimos años descubrió que con su trabajo podía salvar vidas en África.

Todo comenzó cuando fue a Kenya para operar a personas que no disponían de recursos económicos y ahí descubrió su motivación en la vida.

Salvar la vida de una persona que estaba a punto de morir aporta, explica el doctor, “una emoción muy intensa, una alegría muy grande. La mente se relaja. Uno descansa… e inmediatamente piensa en el siguiente”. Así es como este médico sigue apasionado con su trabajo “y lo haré mientras tenga fuerzas”, dice. 

El doctor Parise asegura que esta forma de enfrentar los retos de trabajar en África, operando a personas desfavorecidas, ha resultado ser un modo estupendo de ver que “la vida es agradable de ser vivida”. Eso es lo que transmite a otros colegas y amigos.

Te puede interesar: Nunca olvidará esta lección de su viejo profesor

Ayudar a África desde donde estemos

Es consciente de que no todo el mundo puede viajar a África por motivos de salud o de situación personal, pero cuando se jubilan todavía pueden ayudar mucho.

Él cuenta con sus ideas, su ayuda, su colaboración y ha decidido dar forma organizada a toda esa cooperación a través de la Asociación Infancia y Cirujía, que desde 2014 trabaja concretamente en Benín, junto con los sanitarios locales.

Te puede interesar: Este bebé es un milagro para su madre enferma de cáncer de mama

Aquello que comenzó como un viaje de voluntariado a África para descubrir sonrisas, se logra en cada operación de cirujía y en toda la ayuda médica que hoy desarrolla la asociación fundada por Parise. Es así como se cierra “el círculo de la vida”, como él mismo explica en este vídeo:

Te puede interesar: Marleen: “Me amputé la pierna y aprendí que no pasa nada por ser diferente”

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya “El obispo de barrio”, ¿próximo santo? 

“¿Podría el obispo Alphonse Gallegos convertirse en el próximo santo canonizado de California?” Con esa pregunta el vice postulador de su causa, el Padre Eliseo González, abre su contribución de esta semana en Angelus News.

El obispo Gallegos –que lo fuera por una década de la diócesis de Sacramento—murió en un accidente de automóvil el lunes 6 de octubre de 1991. Era un firme defensor de las preocupaciones de los hispanos, en especial, de los trabajadores hispanos en granjas de California.

Fueron muy conocidas sus marchas solidarizándose con la United Farm Workers; su oposición a los recortes en la educación bilingüe, y su trabajo con pandillas en todo el Estado de California alejó a muchos jóvenes de las drogas y del crimen.

“Recordar su vida es recordar su celo misionero” escribe en Angelus News el Padre González.

Un agustino recoleto

Según comenta el vice postulador de su causa, Gallegos nació en Albuquerque, Nuevo México, el 20 de febrero de 1931. Cuando era niño, su familia se mudó a Watts, California. En 1950, ingresó en la Orden de Agustinos Recoletos en Kansas City, Kansas. Siempre batalló con una severa miopía.

Fue ordenado sacerdote en el monasterio de Tagaste, Suffern, Nueva York, en 1958. Permaneció allí durante 14 años después de su ordenación, realizando incluso tareas de servicio mientras también se desempeñaba como maestro de estudiantes en el monasterio y como capellán de hermanas religiosas y de un hospital local.

En 1972, su orden lo envió la Iglesia de San Miguel en Watts, la misma parroquia donde había sido servidor del altar. Aún más que hoy, la situación en Watts estaba plagada de pobreza, violencia de pandillas y desempleo.

A su llegada, organizó el Consejo Pastoral Parroquial, queriendo involucrar a toda la parroquia para llevar la alegría de Cristo a la comunidad. Caminaba por las peligrosas calles de noche en busca de la “oveja perdida”. Creía que la educación era clave para detener el círculo vicioso de pobreza y violencia en Watts.

Viraje hacia los hispanos

Más adelante, el Padre Gonzalez narra que 1978, fue nombrado pastor de la Iglesia de Cristo Rey en el área de Atwater Village de Los Ángeles. “A Gallegos también le gustaba caminar por esas calles, saludando y alentando a su comunidad, visitando familias en sus hogares y comiendo lo que le pusieran delante”.

En 1979 fue nombrado primer director de Asuntos Hispanos para los obispos de California con sede en Los Ángeles. Allí coordinó con los obispos de California y los de Baja California (México) para abogar en nombre de la creciente población hispana en California.

Después fue enviado a Sacramento donde fue nombrado obispo auxiliar por el Papa San Juan Pablo II y consagrado el 4 de noviembre de 1981. Estuvo muy cerca del célebre activista hispano César Chávez.

“Como obispo, Gallegos continuó haciendo lo que más amaba: estar entre su rebaño, con olor a oveja. Viajó de arriba abajo por la diócesis de Sacramento: confirmaciones, funerales, visitas a enfermos, cárceles, campamentos de migrantes…”, escribe el Padre González.

El día en que murió

El 6 de octubre de 1991 fue un día bastante típico para el obispo Gallegos, según escribe en Angelus News el vice postulador de su causa.

“Esa mañana pasó tiempo con las mujeres guadalupanas en el salón parroquial de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, en Sacramento, ayudándoles a hacer tamales. Más tarde fue a una manifestación pro-vida, visitó a un joven que moría en el hospital de SIDA y, por la noche, presidió la Misa en la Iglesia del Sagrado Corazón en Gridley, donde confirmó a 50 adolescentes”.

González relata que en el camino de regreso a Sacramento, su auto se detuvo en la autopista 99, perdiendo potencia y luces. Él y su chófer discutieron quién empujaría el auto fuera de la autopista. Gallegos decidió que él lo empujaría. Un auto lo golpeó y lo mató al instante.

“Su vida terminó como la había pasado la mayor parte: en el camino, en las calles, llevando las buenas nuevas de Jesucristo a sus hermanos y hermanas”, rememora el Padre González.

Una figura muy cercana

En 1997, la ciudad de Sacramento erigió un monumento en su memoria. Su causa de canonización se abrió el 4 de diciembre de 2005, y el Papa Francisco lo declaró venerable el 8 de julio de 2016.

El obispo Gallegos está enterrado en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe en Sacramento, la parroquia donde sirvió como pastor durante varios años. “A menudo llamado ‘el obispo del barrio’, Gallegos era un verdadero misionero, un contemplativo en acción que tenía celo por las almas y era un testigo vivo de Cristo”, escribe el Padre González.

Como él diría: “Estamos llamados a la santidad, pero debemos alcanzar la santidad”. El “obispo Al”, como lo llamaron muchos, tenía un profundo deseo de ser santo. Va en camino.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Tras 12 años ingresada en el hospital, esta niña recibe el alta y marcha a casa

El 18 de octubre, el Hospital y Pronto Socorro Infantil, en Manaus (Brasil), fue el escenario de una gran emoción: Letícia Kerollen de Souza Oliveira recibió el alta y, finalmente, puede ir a casa después de pasar 12 años internada. Tiene 14 años.

El diagnóstico de Atrofia Musucular Espinal (AME) fue realizado cuando tenía 1 año y 7 meses y vivía con sus padres en Coari, en el interior del Amazonas. A los primeros síntomas le siguieron convulsiones, desmayos, dificultad para respirar. Letícia tuvo que vivir durante nada menos que 8 años en la UTI (Unidad de Terapia Intensiva).

Su enfermedad es irreversible. Ha de estar conectada a un aparato para respiración, a un aspirador, tiene una sonda de alimentación y pañales. Además necesita ser atendida por profesionales cualificados como un enfermero, un terapeuta, un psicólogo y un logopeda. El tratamiento a domicilio solo es posible gracias al programa Mejor en Casa, que pone a disposición un equipo multidisciplinar para los pacientes acogidos en este programa.

Leticia rara vez salía del hospital. Cuando salió de la UCI, fue acompañada por el personal médico a un centro comercial y a la iglesia en Navidad. Aparte de eso, solo podía experimentar breves caminatas frente al hospital.

A pesar del desafío casi sobrehumano de crecer sin poder siquiera respirar sin ayuda de aparatos, Letícia es una niña alegre y optimista. El equipo ha intentado garantizarle la “máxima dignidad posible”, como lo ha contado la fisioterapeuta Morgana Peixoto:

“Ella estudia, tiene clases en la habitación y hace exámenes. Es muy inteligente. Le encanta pintarse las uñas, maquillarse, plancharse el pelo y usar cintas para el pelo. Es una niña normal, solo que no tiene movimientos. Todos los niños aquí (con esa misma condición) tienen la cara 100% paralizada, pero Letícia logra sonreír. Ella responde muy bien al tratamiento de fisioterapia y logopedia”. 

El alta del hospital, que parecía imposible hace algún tiempo, ha emocionado al hospital entero.

“Nunca pensamos que este día pudiera llegar. He trabajado con ella desde que llegó a la UTI. Para mí, es como una hija. Para mí es una felicidad inmensa verla salir así. Ella siempre lo pedía, desde pequeña. ¡Y hoy lo ha conseguido! Era difícil de imaginar, porque tienen esa mejora y luego retroceden, pero ella siempre ha sido optimista” (Nubia Belfort, enfermera).

“La expectativa de vida es alrededor de 20 años. Dar de alta a un paciente con este tipo de enfermedad es difícil, dado todo el contexto, donde la niña necesita un respirador, enfermeros y un equipo múltiple” (Luiz Afonso, pediatra).

“Va a ser nuestra primera Navidad. Es un sueño hecho realidad traer a Letícia para casa y poder convivir con ella” (Thiago Santos de Lima, padrastro).

[Antes de salir], Letícia dijo que estaba alegre, pero triste al mismo tiempo. Ella dijo:¡ aquí está mi familia! Desde que ella tiene uso de razón está aquí dentro. Por lo tanto, todos los profesionales de salud son su familia” (Júlia Marques, directora de la unidad de salud).

Cuando Letícia y su madre entraron en la ambulancia que, finalmente las llevaría a casa, las lágrimas y las palmas irrumpieron mezcladas y sonoras en la puerta del hospital. En casa, el recibimiento fue una fiesta con música y una gran presencia de familiares, amigos y funcionarios del hospital.

La mamá de Letícia, Irlene, resume así el alta del hospital de su hija tan especial:

“Es un sueño hecho realidad. Gracias a Dios y a toda la gente del hospital, que cuidaron de ella desde que era bebé”. 

___________

Por portal G1

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ángelus 10.11.2019

Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Es posible encontrar el paraíso ya ahora en este mundo?

Unos saduceos cuestionan a Jesús. No creen en la resurrección y la cuestionan recurriendo a un supuesto casi imposible:

“Había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer”.

Un caso extremo pero posible. Podría pensar en un viudo que se vuelve a casar. ¿Cuál será su mujer en el cielo? La pregunta brota en el corazón inquieto. Dos amores en mi vida. ¿Con cuál compartiré la eternidad?

Los saduceos no quieren conocer la verdad. Sólo pretenden poner a prueba a Jesús. Y al mismo tiempo dejar sin valor el sueño de la resurrección.

Yo sí creo en la resurrección. Creo en el cielo. Lo repito en el credo cada domingo. Es una verdad aprendida, deseada tantas veces.

Al perder a un ser querido deseo volver a encontrarlo. ¿Cómo me imagino el cielo? La pregunta surge en mi alma. ¿Cómo es ese cielo que me han prometido? ¿Cómo es ese cielo que sueño y anhelo?

Te puede interesar: ¿Cómo será el cielo?

Un sueño en el que los seres queridos se reencontrarán. ¿Cómo no va a ser posible? El amor humano se proyecta en la eternidad. Pero no deseo que llegue pronto. No estoy tan cerca de santa Teresita:

“No temo una larga vida, no rehúyo el combate. Por eso, jamás le he pedido a Dios el morir joven, si bien es verdad que siempre he tenido la esperanza de que esa sea su voluntad”.

Siento más bien que el cielo puede esperar. Sobre todo, para mis seres queridos. Pero yo mismo tampoco sé si ya estoy preparado para la eternidad.

Creo más bien que tengo aún muchas cosas por hacer. No rehúyo la vida larga. No quiero dejar de luchar y seguir deseando esa vida mejor en el cielo.

Me gusta vivir en la tierra. Luchar por ver a Dios entre los hombres. Intentar hacer realidad su amor aquí en lo humano. Me alegra poder ser trasparente de Dios, puerta y camino al cielo.

Deseo atraer hasta Él a tantos corazones dormidos. No veo el mundo como algo opuesto al cielo. Veo el dolor de tantos y me duele el alma. ¿No será posible traer algo de cielo a la tierra?

¿No podré hacer con mi vida que el mundo se parezca en algo al paraíso? Un regusto de eternidad. Un olor a vida plena. Creo que Dios lo puede hacer posible si me dejo tocar por su amor.

Quiero llevar esperanza a esta vida en la que hay tanta desesperanza. Me conmueve el dolor y la tristeza de personas que desean morir ya para acabar con el sufrimiento. Entiendo su desesperación.

Te puede interesar: Quiero morir, ¿qué hago?

Hay vidas que sufren tantas injusticias… Hay tanto dolor, que el cielo se vislumbra como una salida airosa de este mundo. Un cielo para los pobres, para los desfavorecidos. Para los que no han tenido ventajas en este mundo. El cielo se presenta entonces como el lugar anhelado, un escape. Mejor acabar con esta larga agonía.

El bienestar en la tierra ha traído quizás el olvido del cielo. Me siento tan cómodo entre mis cojines, satisfecho en la abundancia.

He construido un cielo a mi medida con mis medios humanos. Soy feliz con lo que poseo, con el poder que tengo. No necesito un cielo eterno pues tengo un paraíso temporal en la tierra. Me sirven. Me cuidan. Trabajan para mí.

Me aprovecho del débil. Soy poderoso en esta tierra injusta. Mi tierra tiene algo de la plenitud que deseo. Si deseo algo lo consigo.

La satisfacción es la meta de mis esfuerzos. No quiero renunciar a nada. Una vida larga como expresión de la bendición de Dios. Una vida plena, lograda. Aquí en la tierra.

Te puede interesar: ¿Cuáles son las bendiciones de Dios? ¿Las riquezas materiales?

Entonces quizás surge el miedo al cielo. ¿Habrá algo mejor que esto? ¿Qué me puede aportar el cielo que no lo posea aquí?

Esa imagen de cielo en la tierra me la venden como posible. Haz esto. Compra aquello. Logra esto otro. Y yo corro de un lado a otro intentando lograr cuanto deseo, alcanzar todas mis metas posibles. Una carrera ascendente, una línea de progreso constante. Sin caídas, sin tropiezos, sin pérdidas, sin dolores.

Me han prometido el cielo en la tierra y yo me esfuerzo por intentar que se haga realidad. Y por eso puede perder sentido mi vida cuando no consigo lo que quiero, cuando no llego a lo que me habían prometido.

¿No voy a poder tocar el cielo en la tierra? Estoy tan lejos de lo que Dios me ha prometido… Me ha dicho que aquí en la tierra todo tiene sus límites.

Mi amor es limitado. Y mi capacidad para recibir amor. Aquí no todos mis sueños serán realizados. Y viviré dificultades que parecen bloquear mi camino a la felicidad.

El dolor toca mi herida y siento que no voy a ser feliz nunca. Y Dios me ha prometido ser feliz. Y no lo soy. No logro que el cielo se haga realidad en la tierra.

Comienzo a desconfiar de las promesas de Dios. Es cierto que Él no me dijo que cualquier cosa que pidiera sería realidad. No me prometió una felicidad eterna en mi carne humana.

Pero sí me dijo que lo que viviera aquí en la tierra tendría su proyección en la vida eterna. Me dijo que no temiera, que Él camina conmigo hacia el cielo. Me dijo que soñara con las alturas y no dejara nunca de luchar por mis sueños. Me dijo que me esforzara por llevar una vida mejor.

Y quiso que, con mis manos, torpemente, tejiera yo algo del cielo entre los hombres. De forma limitada, pero sin cansarme. El cielo en mis vínculos, el cielo en mi amor, el cielo en mis proyectos. Con mi vida, con mi sí. Dejando que Dios entre en mí para tocar el mundo y a los hombres.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Te distraes fácilmente con tu celular? Reza esta oración para estar concentrado

¿Alguna vez te has encontrado sin sentido desplazándote por Facebook, Twitter o Instagram? ¿O tal vez comienzas a buscar en Google o YouTube algo en particular, pero te encuentras una hora más tarde viendo videos de gatos?

Si bien tomar un descanso en la vida y disfrutar de un poco de entretenimiento no es algo malo, lo que puede ser dañino es cuando nuestro comportamiento inactivo ignora a los que más importan en nuestras vidas.

Desafortunadamente, muchos de nosotros somos culpables de quedar atrapados dentro de nuestros teléfonos o computadoras e ignorar a nuestros hijos, familiares o amigos.

Incluso podríamos encontrarnos descuidando nuestras obligaciones en el trabajo debido a nuestra costumbre de revisar constantemente nuestro teléfono para ver qué hay de nuevo en nuestras redes sociales.

Los antiguos maestros espirituales podrían describir este hábito adictivo como “inactividad”. Si bien nuestro cerebro puede no estar inactivo mientras nos desplazamos por nuestro teléfono, temporalmente ponemos nuestras vidas en espera cuando hacemos tales cosas y estamos inactivos, sin avanzar con cualquier propósito específico en mente.

El entretenimiento con teléfonos inteligentes tiene su momento y lugar, pero a menudo no lo restringimos y permitimos que penetre cada minuto de nuestro día.

La ociosidad puede ser espiritualmente dañina ya que vuelve nuestras almas hacia adentro, mirándonos más a nosotros mismos y a nuestras necesidades que a quienes nos rodean.

Naturalmente conduce a un comportamiento perezoso, donde descuidamos nuestras responsabilidades y no cumplimos con nuestra vocación.

Nuestro hijo podría estar tratando de hacernos una pregunta y, en lugar de responderla, la ignoramos y nos desplazamos por nuestro teléfono.

Si bien este comportamiento es difícil de cambiar de la noche a la mañana, el primer paso es reconocer sus efectos negativos y pedir a Dios ayuda. No podemos hacer esto solos y necesitamos a Dios a nuestro lado para vencer nuestras tentaciones.

Aquí hay una breve oración para pedir a Dios que nos ayude a superar nuestro hábito y a enfocar nuestras vidas en las personas que están frente a nosotros.

Oh Dios, a quien he disgustado derrochando, en preocupaciones mundanas y vanidades ociosas, tantas, muchas horas de esa existencia que me fue dada para realizar buenas obras, para mi propia santificación y para la edificación de mis vecinos; aléjame, Señor, de toda esa pérdida de tiempo. Que tu gracia me enseñe a recordar que tendré que dar cuenta de la manera en que pasaré cada hora; y que este recuerdo me incite a emplear el resto de mi vida en lograr mi salvación.

Enséñame a recordar que, en este mismo día, y en cada día de mi vida, es mi primer deber glorificarte, Dios mío; para imitarte, mi Jesús; para resistir las tentaciones; para vencer mis pasiones; aprovechar al máximo mi tiempo; pensar en la eternidad y prestar atención a los que más importan en mi vida.

Estas son mis primeras llamadas: enséñame a recordarlas, permíteme cumplirlas; y nunca me dejes pasar una hora en vanidades o en asuntos mundanos que puedan impedirme realizar las tareas que me has encomendado. Amén.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya “¡No más violencia en Bolivia!”: La Iglesia clama diálogo ya

En la noche de este viernes, la situación compleja en Bolivia –tras las elecciones del 20 de octubre que dieron como ganador en primera vuelta al presidente Evo Morales- dio un nuevo giro. Esta vez, con los policías como protagonistas a través de un motín en varias ciudades.

El objetivo de la particular protesta de los uniformados es declararse en rebeldía contra el gobierno de Morales, al tiempo que desde el oficialismo se ha vuelto a denunciar un “intento de golpe de Estado”.

“No más violencia”

En medio de esta situación en “desarrollo”, la Conferencia Episcopal Boliviana se volvió a pronunciar en las últimas horas expresando “tristeza, dolor e indignación” por los violentos enfrentamientos que han dejado hasta el momento un saldo de tres fallecidos y decenas de heridos.

“Urge optar por el diálogo sincero y honesto, único camino responsable y efectivo para solucionar nuestros problemas”, expresan los obispos en su comunicado.

“Llamamos a las instancias de Gobierno, que tienen la responsabilidad principal de conducir al pueblo por caminos de paz, a instalar con urgencia un diálogo de todas las partes; a los partidos de oposición les recordamos que el camino mejor es siempre el de la concertación; a los comités cívicos, les invitamos a crear condiciones favorables para el diálogo y a toda la población a cuidar el don de la vida, que es un don de Dios y a manifestar sus ideas en paz y sin agresiones”, prosiguen.

“No debe haber ni un muerto más. En nombre de Dios, exigimos a todos a deponer actitudes de confrontación e instalar un diálogo responsable a la brevedad posible”, agregan.

En tanto, finalizan invocando a multiplicar los encuentros de oración por el país, siendo algo que se ha venido repitiendo de forma asidua desde que se conocieron los resultados del pasado 20 de octubre y que derivaron en los duros enfrentamientos que por estos días acaparan la atención internacional.

Bolivia en oración 

Te puede interesar: Bolivia: Fernando Camacho, el desafiante de Evo Morales y un Cristo protagonista

Te puede interesar: Bolivia: La protesta se radicaliza y la Iglesia clama “entendimiento y paz”

Te puede interesar: Bolivia: La oración callejera en medio de un clima de alta tensión

Te puede interesar: ¡Recemos juntos con Bolivia!