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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya “Este es mi hijo muy amado”



Pbro. Carlos Sandoval Rangel

El contexto social, político y religioso del pueblo de Israel, en el tiempo de Jesús, no era para nada favorable. Se vivía bajo el yugo del imperio romano, que además del control político, quitó a los sumos sacerdotes y puso a otros a su conveniencia, con el fin de tener también un control religioso. De ahí que cualquier movimiento religioso o político que no fuera con los intereses imperiales era imposible que prosperara. Con esto, el pueblo veía imposible ver cumplidas las promesas divinas hechas a Abraham y a los demás antepasados.

Por parte de los judíos, existían algunos grupos significativos, como los zelotes, provenientes del movimiento de Judas el Galileo, quienes consideraban que era necesaria la violencia para lograr un cambio. Estaban los fariseos, quienes tenían un apego escrupuloso a la ley; los saduceos que pertenecían a la clase aristocrática y sacerdotal y se consideraban gente ilustrada. Igualmente, existían los esenios. Cada grupo intentaba influir a su modo.

Todo al final, expresaba un clima de movimientos, esperanzas y visiones, muy contrastantes y nada favorables. El pueblo se sentía abandonado por Dios. Mas es, en ese clima, donde tiene cumplimiento la profecía de Isaías: “Una voz clama: Preparen el camino del Señor en el desierto. Construyan en el páramo una calzada para nuestro Dios… Entonces se revelará la gloria de Dios”. Y en respuesta a ello aparece Juan el Bautista.

Juan el Bautista propone algo absolutamente nuevo: sus ritos no son uno más entre otros ritos judíos, ni buscan un fin en sí mismos. Su rito bautismal exige comprometer la existencia. Su bautismo exigía el arrepentimiento y el compromiso a un nuevo modo de vida. Y lo más importante, Juan vincula aquel rito con Alguien que ya viene y que es más grande que él. Por tanto, su misión es anunciar algo muy importante que está por suceder.

Venían al Jordán de Jerusalén y en general de Judea, confesaban sus pecados y eran bautizados; pero un día sucedió algo nuevo, llegó alguien de Galilea: Jesús. Como dice el evangelio: “Sucedió que entre la gente que se bautizaba, también Jesús fue bautizado”. Para Juan era algo incomprensible e inadmisible. ¿Cómo que el esperado, el grande, estaba en la fila de los pecadores para ser bautizado?

Con este hecho, nos trasladamos del pesebre al Jordán. Cristo se formó en la fila de los pecadores para desde ahí, a los treinta años, que era la edad para poder participar de modo oficial en una actividad pública, cargar con los pecados de todos, iniciando así un proceso que culminaría en la Cruz y en la Resurrección. Jesús, carga con la culpa de la humanidad, entra con ella al Jordán e inicia la vida pública, poniéndose en el lugar de los pecadores (Cfr. J. Ratzinger, Jesús de Nazaret, p. 40).

Y sucedió que mientras oraba, del Cielo se oyó una voz que decía: “Esté es mi hijo muy amado”. Como dice el mismo Ratzinger, se trataba de un adelanto a la resurrección, y sólo a partir de ahí se puede entender el bautismo cristiano.

La fe judía, igual que los ritos de otras religiones, fueron perdiendo fuerza a partir de que se centraban en ritos vacíos que no comprometían la vida, ni hacían entrar en la dinámica de la vida de Dios. Pero desde el bautismo de Juan el Bautista y el inaugurado por Cristo, bautizarse es comprometerse a entrar en una dinámica nueva de vida. Es comprometer la existencia y permitir que Cristo cargue con lo que más nos pesa, nuestros pecados.

El proyecto de Dios, que parte del pesebre y se retoma ahora en el bautismo de Jesús, nos descubre el sentido de nuestro propio bautismo: que cada bautizado sea de verdad una persona nueva, arraigada en Dios y comprometida seriamente con el mundo; como de hecho lo hizo Jesús.

Las tremendas controversias y pobrezas humanas del mundo, como lo estamos viviendo en México, sólo tendrán solución en algo absolutamente nuevo: Jesús; que hace nuevo al ser humano.

¡Hagamos valer la grandeza de nuestro bautismo!

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Jesús cada Domingo: Vivir en Dios





Pbro. Dante Gabriel Jiménez Muñoz-Ledo
El día del bautismo de Jesús, el pueblo estaba en espera del Mesías. Por eso muchos habían salido de sus casas y habían aplazado sus compromisos habituales. En el fondo de esta actitud, descubrimos que deseaban un mundo diferente. Se acercan al bautismo de Juan: un bautismo de penitencia y conversión, con el deseo de ofrecerse a Dios para que obrara en ellos y en el mundo un cambio verdadero: el perdón de los pecados y la posibilidad de comenzar una vida nueva. Nunca imaginaron que presenciarían la manifestación de Jesús como Hijo de Dios. A partir de ese momento, distinguieron un bautismo superior: el bautismo con fuego, es decir, con Espíritu Santo.

 Desde aquel día, todos los cristianos, a lo largo de los siglos, recibimos esta gratuidad de Dios; por el bautismo, nos hace sus hijos y nos dispone para vivir en Él.

 Pero el bautismo de Jesús, igual que sucedió con Él, nos compromete para la misión. Quienes hemos recibido este don, estamos llamados a comunicarlo a los demás. Pero no solo de manera verbal, sino acompañando a nuestras palabras el testimonio de nuestra vida. Esto significa vivir en Dios, que nuestra vida, permaneciendo perfectamente humana, se vuelve trascendente y plena por la fuerza del Espíritu Santo. La gente ha de descubrir en nosotros, lo mismo que los primeros cristianos encontraron en Jesús: que vivimos llenos de Espíritu Santo.

 Si nos decidimos a vivir así, entendemos que es tiempo de iniciar nuestra misión.
Vivir en Dios:

1-Nos hace Libres

El bautismo de fuego, marca el término de nuestra servidumbre. Como escuchamos en la primera lectura, al mensajero de buenas noticias. Él nos anuncia la llegada del pastor que nos hace crecer. Su presencia nos libera de toda esclavitud. Hoy podríamos preguntarnos: ¿Cuáles son mis esclavitudes, en dónde me descubro dependiente de una servidumbre enfermiza?

2 -Nos regenera

Lo que motiva nuestra moralidad no es el solo impulso del Espíritu, sino el favor de Dios hecho visible en Jesús. Él es nuestro maestro de conducta moral. Con la esperanza de su venida, el apóstol Pablo nos llama a vivir una vida sobria, justa y fiel a Dios. Hay que distinguir un antes y un después en la vida de Dios.

 Los que somos conscientes de nuestro bautismo, experimentamos que Jesús nos salvó no por nuestros méritos, sino por su misericordia. Sentimos así, que vivir en Dios nos regenera y, al mismo tiempo, nos compromete a responder a su generosidad.

Y esta regeneración no es solo espiritual, implica también la materia. Quedamos regenerados en el cuerpo y el alma. Así lo diseñó Cristo al asumir nuestra naturaleza humana; por eso vivir en Dios es algo que ha de notarse incluso en nuestra expresión corporal.

3 -Nos hace trascendentes

Después de nuestra enmienda, que es el primer efecto del bautismo, recibimos una vida que no se agota en nuestro tiempo y espacio. Igual que cuando Jesús fue bautizado, también en nuestro bautismo se abrieron los cielos.

Jesús los abrió para nosotros, cuando “estaba en oración” (Lc 3,21). Hemos de entender que habló con su Padre, pero no solo habló por sí, sino por cada uno de nosotros.

Y así, en cada nuevo bautizado, vuelve a suceder el mismo misterio: el Padre celestial dice sobre cada uno de nosotros: “Tú eres mi hijo”.

En cierta manera el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo descienden entre nosotros y nos revelan su amor que salva.

 Quedamos asociados a la muerte y resurrección de Cristo y, por lo mismo, participamos de su misión.

¿Qué tan trascendente te descubres hoy?
Vivamos en Dios.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya No todo lo que brilla es oro



Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra

Esta frase para decirlo en otras palabras no todo lo que parece bueno en realidad lo es, cosas que pensamos son lo mejor, en muchos casos no lo son así, puede ser que sea algún mal, en el caso cuando juzgamos a las personas por las apariencias, no siempre será como creemos, hay que conocer a las personas por lo que son, por sus ideales.

También hemos escuchado “no todo lo que nos gusta nos hace bien”, por ejemplo el tomar refresco de manera frecuente, nos quita la sed, pero no nos dicen las consecuencias de la cantidad de azúcar.
Podemos pasar nuestras vidas, en pensar en cosas que quisiéramos hacer, sueños, ideas, proyectos, pero no llegamos a realizarlos, o gastar nuestras fuerzas por querer tener mucho dinero, en querer poseer muchas cosas.

Nos dice la Palabra de Dios en el Evangelio de San Mateo 6,19-21«No amontonen riquezas aquí en la tierra, donde la polilla destruye y las cosas se echan a perder, y donde los ladrones entran a robar. Más bien amontonen riquezas en el cielo, donde la polilla no destruye ni las cosas se echan a perder ni los ladrones entran a robar. Pues donde está tu riqueza, allí estará también tu corazón».

 Recordar que en esta vida no es solo tener más y más dinero, sino lo más importante es que hacemos por los demás, en que podemos servir, donde Dios conoce lo más íntimo de nuestro corazón, en nuestra parte interior es una lucha constante de bien y mal.

Lo más importante que debemos tener en cuenta en nuestras vidas es que cada día debemos esforzarnos en ser mejores personas, siendo coherentes con lo que decimos y lo que hacemos, que seamos esa luz que brilla para iluminar aquellas personas que necesitan ser escuchadas, a pesar de las críticas de algunas personas que no están de acuerdo con lo que hacemos o lo que pensamos, no nos detengamos en seguir sirviendo a aquellos hermanos más necesitados, recordemos que todos algún día vamos a llegar hacer adultos mayores y que vamos a necesitar también ayuda de alguien.

Oración: Señor el pasado a tu misericordia, el futuro a tu providencia, el presente a tu amor. Tú sabes Señor, que lo único que tengo es el día de hoy para amarte y por ti, a quienes me has dado.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Oración para despedir el año que termina y recibir el Año Nuevo.



Eugenio Amézquita Velasco

Te compartimos está oración para que en el momento oportuno, la realices con tu familia, tus amigos y conocidos, dando gracias a Dios por un año que termina y recibir el Año Nuevo.

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos
a repartir felicidad.

¿Qué traerá el año que comienza?
¡Lo que Tú quieras; Señor!
Te pido Fe para mirarte en todo.
Esperanza para no desfallecer.
Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y un olvido total de mi mismo.

Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
¡Que pueda yo amarte cada vez más; y hacerte amar de los que me rodean!
¡Que sea yo grande en lo pequeño!
¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto!

¡Derrama, Señor tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca el mundo y aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad inmensa!

Amén

DOCE CAMPANADAS

Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1. Agradece el pasado como don de Dios.

2. Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3. Di “sí” al paso de Dios por tu vida.

4. Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5. Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6. Mira a la vida con sencillez y amor.

7. Ten buen humor, pase lo que pase.

8. Perdona y pide perdón.

9. Haz algo por el otro y serás feliz.

10. Atento, Dios te habla cada día.

11. Dios cuenta contigo.

12. Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.

QUE DIOS TE BENDIGA HOY Y SIEMPRE

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Oración para despedir el año que termina y recibir el Año Nuevo.



Eugenio Amézquita Velasco

Te compartimos está oración para que en el momento oportuno, la realices con tu familia, tus amigos y conocidos, dando gracias a Dios por un año que termina y recibir el Año Nuevo.

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos
a repartir felicidad.

¿Qué traerá el año que comienza?
¡Lo que Tú quieras; Señor!
Te pido Fe para mirarte en todo.
Esperanza para no desfallecer.
Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y un olvido total de mi mismo.

Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
¡Que pueda yo amarte cada vez más; y hacerte amar de los que me rodean!
¡Que sea yo grande en lo pequeño!
¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto!

¡Derrama, Señor tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca el mundo y aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad inmensa!

Amén

DOCE CAMPANADAS

Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1. Agradece el pasado como don de Dios.

2. Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3. Di “sí” al paso de Dios por tu vida.

4. Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5. Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6. Mira a la vida con sencillez y amor.

7. Ten buen humor, pase lo que pase.

8. Perdona y pide perdón.

9. Haz algo por el otro y serás feliz.

10. Atento, Dios te habla cada día.

11. Dios cuenta contigo.

12. Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.

QUE DIOS TE BENDIGA HOY Y SIEMPRE

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Oración para despedir el año que termina y recibir el Año Nuevo.



Eugenio Amézquita Velasco

Te compartimos está oración para que en el momento oportuno, la realices con tu familia, tus amigos y conocidos, dando gracias a Dios por un año que termina y recibir el Año Nuevo.

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos
a repartir felicidad.

¿Qué traerá el año que comienza?
¡Lo que Tú quieras; Señor!
Te pido Fe para mirarte en todo.
Esperanza para no desfallecer.
Caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad.
Dame desprendimiento y un olvido total de mi mismo.

Dame, Señor, lo que Tú sabes me conviene y yo no sé pedir.
¡Que pueda yo amarte cada vez más; y hacerte amar de los que me rodean!
¡Que sea yo grande en lo pequeño!
¡Que siempre tenga el corazón alerta, el oído atento, las manos y la mente activas, el pie dispuesto!

¡Derrama, Señor tus gracias sobre todos los que quiero. Mi amor abarca el mundo y aunque yo soy muy pequeño, sé que todo lo colmas con tu bondad inmensa!

Amén

DOCE CAMPANADAS

Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1. Agradece el pasado como don de Dios.

2. Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3. Di “sí” al paso de Dios por tu vida.

4. Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5. Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6. Mira a la vida con sencillez y amor.

7. Ten buen humor, pase lo que pase.

8. Perdona y pide perdón.

9. Haz algo por el otro y serás feliz.

10. Atento, Dios te habla cada día.

11. Dios cuenta contigo.

12. Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.

QUE DIOS TE BENDIGA HOY Y SIEMPRE

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: Ceremonia para acostar y arrullar al Niño Dios





Familias católicas se reúnen a celebrar el nacimiento de Cristo.¡Que Jesús no sea un extraño en tu cena de navidad!. Ceremonia de Arrullo del Niño Dios

Por Tere Fernández

Las familias católicas se reúnen en la noche del 24 de diciembre, víspera de la Navidad, hacen una rica cena, en la que se acostumbra comer pavo y otros platillos propios de esta época. Se trata de una cena especial, distinta a la de todos los días, ya que se está celebrando el Nacimiento del Hijo de Dios.
Esta costumbre nació en Europa y simboliza la abundancia que Cristo nos trae con su nacimiento.

Antes de la cena, se reúne la familia junto al Nacimiento y se hace la ceremonia de Arrullo al Niño Dios.


Ceremonia para acostar y arrullar al Niño Dios

Preside el Papá o la Mamá.

Papá: Para prepararnos a recibir a Dios, que se hizo hombre para salvarnos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación.

Todos:Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.
Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Papá o Mamá:Recordemos lo que pasó aquella bendita noche hace casi dos mil años. Leer Evangelio de San Lucas 2, 1-14.

1 Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo.
2 Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino.
3 Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad.
4 Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David,
5 para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta.
6 Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento,
7 y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.
8 Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.
9 Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor.
10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo:
11 os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;
12 y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.»
13 Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»

Papá: Antes de colocar al Niño Jesús en el Nacimiento, _______(el más pequeño de la familia) va a dárnoslo a besar. (Ya que todos lo hayan besado, se colocará al Niño Dios en el pesebre).

Villancico: Se canta o se escucha mientras se besa al Niño. Al acabar, se hacen las peticiones.



Peticiones:
Papá: Pidámosle al Niño Dios, que así como es el centro de este nacimiento hoy, sea todos los días, el centro de nuestra vida.
Todos: Te lo pedimos, Señor.
Papá: Que Jesús, que pudiendo haber nacido rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.
Todos: Te lo pedimos, Señor.
Papá: Que Jesús, que vino a perdonarnos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.
Todos: Te lo pedimos, Señor.
Papá: Que Él, que vino a fundar la mejor familia del mundo, haga que en la nuestra reine siempre el amor, la unión y el deseo de ayudarnos mutuamente y a las demás familias.
Todos: Te lo pedimos, Señor.

Oración para la cena de Navidad

Papá: Hoy, Nochebuena, tenemos de manera especial y como centro de nuestra familia, a Jesucristo, nuestro Señor. Vamos a encender un cirio en medio de la mesa para que ese cirio nos haga pensar en Jesús y vamos a darle gracias a Dios por habernos enviado a su Hijo Jesucristo.
Gracias Padre, que nos amaste tanto que nos diste a tu Hijo.
Señor, te damos gracias.
Gracias Jesús por haberte hecho niño para salvarnos.
Señor, te damos gracias.
Gracias Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios.
Señor, te damos gracias.
Señor Jesús, Tú veniste a decirnos que Dios nos ama y que nosotros debemos amar a los demás.
Señor, te damos gracias.
Señor Jesús, Tú veniste a decirnos que da más alegría el dar que el recibir,
Señor, te damos gracias.
Señor Jesús, Tú veniste a decirnos que lo que hacemos a los demás te lo hacemos a Ti.
Señor, te damos gracias.
Gracias María, por haber aceptado ser la Madre de Jesús.
María, te damos gracias.
Gracias San José, por cuidar de Jesús y María.
San José, te damos gracias.
Gracias Padre, por esta noche de paz, noche de amor, que Tú nos has dado al darnos a tu Hijo. Te pedimos que nos bendigas, que bendigas estos alimentos que dados por tu bondad vamos a tomar y bendigas las manos que los prepararon, por Cristo Nuestro Señor, Amén.

Pensamientos para leer en Nochebuena

Si en tu corazón hay un poco más de amor, es Navidad.
Si has decidido perdonar a alguien, es Navidad.
Si buscas a Dios de verdad, es Navidad.
Su aumenta el gozo de tu fe cristiana, es Navidad.
Si en tu alma florece la esperanza, es Navidad.
Si trabajas por la justicia entre los hombres, es Navidad.
Si tienes deseos de vivir y los comunicas a los demás, es Navidad.
Si sabes sufrir con amor, es Navidad.
Si eres perseguido o se ríen de ti por causa del Evangelio, es Navidad.
Si te alegras de ser hijo de Dios en la Iglesia, es Navidad.