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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La Iglesia católica no tiene partido: Enseñanza de la Iglesia



Eugenio Amézquita Velasco

La Iglesia Católica no tiene partido. Como institución, la Iglesia acoge a todos los bautizados y no apoya a ningún partido político: más aún, acepta que una misma le puede inspirar opciones políticas diversas.

Los fieles católicos pueden afiliarse y vitar libremente por el partido político y por el candidato que, sin contradecir sus convicciones morales y religiosas, mejor responda al bien común de los ciudadanos.

La jerarquía de la Iglesia, es decir, diáconos, presbíteros y obispos, no pueden afiliarse a ningún partido político, ni apoyar públicamente a un candidato en particular. Es su derecho y deber proponer los principios morales que deben regir el orden social y, en privado, votar por quien quieran.

Los fieles católicos están obigados a ser coherentes con su fe en público y en privado; no pueden, por tanto, sin traicionarse a sí mismos, adherirse por un partido o por un candidato contrario a sus convicciones religiosas y a sus exigencias morales.

Esta es parte de las acciones para ir construyendo una ciudadanía para el bien común.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La Iglesia católica no tiene partido: Enseñanza de la Iglesia



Eugenio Amézquita Velasco

La Iglesia Católica no tiene partido. Como institución, la Iglesia acoge a todos los bautizados y no apoya a ningún partido político: más aún, acepta que una misma le puede inspirar opciones políticas diversas.

Los fieles católicos pueden afiliarse y vitar libremente por el partido político y por el candidato que, sin contradecir sus convicciones morales y religiosas, mejor responda al bien común de los ciudadanos.

La jerarquía de la Iglesia, es decir, diáconos, presbíteros y obispos, no pueden afiliarse a ningún partido político, ni apoyar públicamente a un candidato en particular. Es su derecho y deber proponer los principios morales que deben regir el orden social y, en privado, votar por quien quieran.

Los fieles católicos están obigados a ser coherentes con su fe en público y en privado; no pueden, por tanto, sin traicionarse a sí mismos, adherirse por un partido o por un candidato contrario a sus convicciones religiosas y a sus exigencias morales.

Esta es parte de las acciones para ir construyendo una ciudadanía para el bien común.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Padre Juan Díaz y los 500 años de la primera Santa Misa en México, este 6 de mayo de 2018

Sitio donde se celebró la primera Santa Misa en México, en Cozumel.

Eugenio Amézquita Velasco

Este 6 de mayo de 2018, México vivirá un hecho que pareciera estar pasando desapercibido para muchos: los 500 años de la celebración de la Primera Santa Misa en suelo mexicano. Es decir, la primera presencia viva, en cuerpo, alma y divinidad, de Jesucristo en el suelo mexicano, de manos de un sacerdote que la historia consigna con el nombre de Juan Díaz.

¿Por qué comenzar así nuestro artículo?¿Por qué primero mencionamos al sacerdote y luego el hecho trascendente? Por un simple y sencillo detalle: no hay misa sin sacerdote. Es el único instrumento capaz, por decisión de Cristo, de lograr el milagro de transformar el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

Sacerdote español nacido en Sevilla en 1480 y fallecido en Puebla en el año de 1549, fue clérigo y capellán de la armada en la segunda expedición de la isla de Cuba a la península de Yucatán, que estuvo capitaneada por Juan de Grijalva.

Se cree que fue el cronista original del “Itinerario de la armada” en la travesía. Posteriormente, también fue capellán de Hernán Cortés.A la llegada en Tlaxcala fue el primer sacerdote de la comunidad de Atlihuetzian donde aun se conserva una pintura al óleo y sotanas que indican su estancia en ese pueblo.

Expedición de Grijalva

Hijo de Alonso Díaz y Martina Núñez, el padre Juan Díaz cruzó al continente americano en 1514 y se unió a la expedición de Juan de Grijalva en el año 1518. Durante la expedición de Grijalva, ofició la primera misa en la isla de Cozumel, por lo cual también se considera la primera misa celebrada en lo que actualmente es el territorio mexicano.



Itinerario de la armada

El nombre completo de las crónicas se conocen como “Itinerario de la armada del rey católico a la isla de Yucatán, en la India, en el año de 1518, en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva”. El documento fue “retocado” por Benito Martín, y utilizado por Diego Velázquez de Cuéllar como prueba en la disputa contra Hernán Cortés para obtener el título de “Adelantado” de las tierras recién descubiertas por los españoles. El documento posteriormente fue publicado en varios idiomas, como testimonio de los descubrimientos.

Expedición de Cortés y conquista de Tenochtitlan

El padre Juan Díaz se unió a la expedición de Cortés, y nuevamente celebró eucaristía en la isla de Cozumel. En Tabasco, el Domingo de Ramos después de terminada la batalla de Centla ofició nuevamente misa en Santa María de la Victoria.

La primera Santa Misa en México-Tenochtitlán

Después de que Hernán Cortés envió su primera carta de relación a Carlos I, hubo una ligera sublevación entre los partidarios de Diego Velázquez de Cuéllar, entre ellos se encontraba el capellán Juan Díaz, quién al ver el ahorcamiento de Juan Escudero y Diego Cermeño, la forma en que cortaron los pies al piloto Gonzalo de Umbría y los azotes al marinero Alonso Peñate, prefirió jurar lealtad a Cortés. Fue después de esta sublevación cuando Cortés decidió hundir las naves.

Junto con los conquistadores españoles marchó hacia Tenochtitlan, Díaz del Castillo describió que el capellán Juan Díaz confesó a muchos de los soldados un día antes de la batalla del 5 de septiembre de 1519 realizada en Tlaxcala contra Xicohténcatl. Unos pocos días después Cortés venció a los tlaxcaltecas con quienes pactó la paz.

Juan Díaz ofició una misa con los nuevos aliados. En Tenochtitlan, Cortés removió los ídolos aztecas y colocó una cruz y la imagen de la virgen, con el consentimiento de Moctezuma, Juan Díaz junto con el padre de la Merced, realizaron una misa cantada en el Templo Mayor.

En 1521 en fechas cercanas al sitio de Tenochtitlan, Antonio de Villafaña -fiel de Diego Velázquez de Cuéllar- fue descubierto cuando intentaba asesinar a Hernán Cortés y sus capitanes. Villafaña fue sentenciado a la horca, Juan Díaz fue su confesor.

Campañas subsecuentes

El 25 de noviembre de 1521 viajó con Francisco de Orozco y Tovar conquistador español que concentró sus fuerzas en Huaxyácac (Oaxaca), ese día Juan Díaz ofició una misa. La fecha fue conmemorada como el día de la fundación de la ciudad de Oaxaca durante muchos años. Poco más tarde llegó Pedro de Alvarado a la zona, y Juan Díaz se integró a sus campañas militares.

De acuerdo a los cronistas de su época, existen dos teorías al respecto de su muerte en 1549, la primera indica que “murió de su muerte”, lo cual nos hace entender que murió de causa natural, y la segunda dice que fue martirizado por los inidos de Quecholac. Sus restos se encuentran en la capilla antigua de la catedral de Puebla.

Centla: Primera Misa en territorio continental mexicano. Mural de la Catedral de Tabasco


La primera Santa Misa en territorio continental

Existe un mural donde se atestigua la celebración de la que fue la primera misa cristiana en territorio continental de México, llevada a cabo en la población maya de Potonchán, hoy municipio de Centla, Tabasco el 17 de abril de 1519 durante el viaje de Hernán Cortés. Oficiada por Fray Bartolomé de Olmedo y el clérigo Juan Díaz., y en donde se bautizaron 20 indígenas entre ellas la célebre Malintzin a la que se la puso por nombre Marina. Dicho mural se encuentra en la Catedral de Tabasco.

Más datos interesantes

Ahora bien, si en un auditorio repleto le preguntamos a los asistentes si conocen cuándo se ofició en México la primera Misa, es casi seguro de que serán muy pocos quienes alcen la mano.

Es el Padre Mariano Cuevas, S.J., autor de una monumental Historia de la Iglesia en México, quien nos dice que tan importante acontecimiento tuvo lugar el 6 de mayo de 1518 en la isla de Cozumel.
Preciso será hacer un poco de historia.

Antes de que Hernán Cortés conquistara Tenochtitlán, hubo dos expediciones que lo precedieron: La de Francisco Hernández de Córdoba, en 1517, y la de Juan de Grijalva, en 1518.

Según datos fidedignos, el primer punto del territorio mexicano que tocaron los expedicionarios españoles fue Cabo Catoche (Yucatán), y eso ocurrió el 1 de mayo de 1517, razón por la cual se considera que tal fecha fue la del descubrimiento oficial de México. Aquella era la expedición de Hernández de Córdoba.

Un año después, saliendo también de Cuba, vino Juan de Grijalva, quien traía como encomienda recorrer la que se suponía era isla de Yucatán.

Antes de rodear la península yucateca, Grijalva llegó a Cozumel el 3 de mayo de 1518, que, por haberla descubierto el día de la Santa Cruz, bautizó la isla con un nombre muy significativo: “Isla de la Santa Cruz”.

Acto seguido, Grijalva tomó posesión de dicha isla con el ceremonial acostumbrado en aquellos casos.

Un ceremonial que consistía bien fuese en cortar la rama de un árbol dándole de estocadas, o bien en arrancar un manojo de hierbas arrojándolo en distintas direcciones.

Dicha práctica tenía su antecedente en un antiguo ceremonial godo y bastaba para establecer la autoridad del rey de España sobre los territorios recién descubiertos.

La isla se descubrió el 3 de mayo y, tres días después, Grijalva le encomienda a Juan Díaz, capellán de la expedición, que allí oficie una Misa.

Así pues, fue el día 6 de mayo de 1518 cuando se ofició por vez primera la Santa Misa en territorio mexicano.

Todo esto se supo gracias al propio Juan Díaz, protagonista principal de dicho acontecimiento, quien, años después, se encargó de relatar los pormenores de dicha expedición.

Su obra se tituló “Itinerario de Juan de Grijalva”. Lamentablemente se perdió el original en castellano, y si llegó a nosotros, fue gracias a que el historiador Joaquín García Icazbalceta logró traducirla de una versión italiana.

Poco tiempo después, volvemos a encontrarnos con Juan Díaz en plena Conquista de México, ya que, según nos cuenta Bernal Díaz del Castillo, fue dicho clérigo quien ofició una Misa en Tacuba cuando Cortés estaba a punto de iniciar el asedio a la Gran Tenochtitlán.

Ante todo lo anterior, tenemos una nueva efeméride digna de inscribirse en los anales de la historia de México: El día exacto en que, por vez primera, Cristo se hizo presencia real en nuestra tierra.

Trece años después, el 12 de diciembre de 1531, haría lo mismo la Virgen de Guadalupe, al regalarnos la única imagen de la Madre de Dios que no fue hecha por ningún artista humano.

6 de Mayo de 1518, fecha digna de recordarse con todos los honores y, de manera especial, tomando  en cuenta que, dentro de tres años, se cumplirá medio milenio de tan feliz acontecimiento.

La crónica de de Nemesio Rodríguez Lois

Hace ya bastantes años que conmemoramos una efeméride que -a pesar de las controversias suscitadas- nos dejó un agradable sabor de boca: los quinientos años del Descubrimiento de América, acontecimiento sin parangón en la Historia Universal que, aparte de propiciar el encuentro de dos mundos, fue el inicio de la evangelización de todo un continente.

Primera misa en México

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde entonces y he aquí como en este 2018 se cumple el medio milenio de otro acontecimiento también de singular importancia.

Fue el jueves 6 de mayo de 1518 cuando el Padre Juan Díaz, quien venía como capellán en la expedición dirigida por Juan de Grijalva, celebró en Cozumel la primera Misa en territorio mexicano.

Este dato se lo debemos al insigne historiador Mariano Cuevas, S.J. quien nos lo proporciona tanto en su “Historia de la iglesia en México” como en su “Historia de la nación mexicana”.

Logró encontrar dato tan importante después de consultar el Diario de Juan de Grijalva que se encuentra en la Biblioteca Colombina.

Vendrían después la conquista, la evangelización, las apariciones del Tepeyac, el nacimiento de un pueblo mestizo y una serie de acontecimientos trágicos y gloriosos.

Nuestro México entró en la Iglesia Católica y fue a partir de entonces como, dentro del catolicismo, dio frutos admirables de santidad que van, desde los Niños de Tlaxcala hasta San José Sánchez del Río; pasando por los mártires de la Cristiada (incluidos Anacleto y el Padre Pro) para culminar con sacerdotes y religiosas elevados a los altares.

Ni duda cabe que tan admirables frutos de santidad tuvieron su origen en aquella primera Misa oficiada en Cozumel hace ya quinientos años.

Pues bien, a partir de tan sagrado acontecimiento, serían miles, miles y más miles las Misas oficiadas tanto a partir de la conquista, como durante el período de la Nueva España virreinal y del México independiente; para culminar con las oficiadas por los tres Papas que han visitado nuestro país.

El caso es que la Santa Misa estuvo siempre presente tanto en las más fastuosas ceremonias como en las más sencillas celebraciones.

Se puede decir que, a partir de aquel jueves 6 de mayo de 1518, Cristo tomó posesión del que habría de ser su reino.

Un hecho de incalculables consecuencias dentro de la historia de la Iglesia a nivel universal.

Lamentablemente -por diversas razones- a dicho acontecimiento no se le ha prestado la merecida atención.

Quizás ello se deba a que la gran mayoría ignora que -dentro de pocas semanas- se cumplirán quinientos años de la Primera Misa oficiada en territorio mexicano.

Consideramos que aún estamos a tiempo de que se pueda hacer algo.

Así como hace poco más de dos décadas celebramos en IV Centenario del martirio de San Felipe de Jesús, nuestro primer santo, pudiera también ahora aprovecharse la ocasión para difundir aquel gran acontecimiento que tuvo lugar hace medio milenio.

Y es que, como bien dijo el Padre Mariano Cuevas, S.J.: “Desde entonces…Cristo Sacramentado será, para siempre, el Rey de nuestro suelo”

Revisando el calendario litúrgico de este año, vemos como el 6 de mayo es el 6º. Domingo de Pascua.

Y revisando también las Lecturas, vemos como la Primera (tomada de los Hechos de los Apóstoles) habla del bautismo del oficial Cornelio o sea que se hace hincapié en la primera vez que la Iglesia acogía a un pagano en su seno.

No deja de ser una circunstancia providencial que, justo en el día en que se conmemora la Primera Misa oficiada en territorio mexicano, en la Primera Lectura se recuerden aquellas palabras de San Pedro: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”

Pues bien, cuando, hace ya quinientos años el Padre Juan Díaz oficiaba aquella Primera Misa, estaba abriéndole las puertas de la Iglesia a millones de personas que, una vez bautizadas, darían origen a un gran pueblo del cual brotarían infinidad de héroes marcados todos ellos con la señal de la Cruz.

Razón más que suficiente para echar las campanas a vuelo…

Damos gracias a Dios por haber creado al padre Juan Díaz y habernos el mayor regalo que pudo recibir y que ha recibido México desde hace 500 años: La Santa Misa.

Ubicación exacta del sitio donde se celebró 
la Primera Santa Misa en México 

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ante las elecciones, voto razonado: Mensaje de los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Morelia



Eugenio Amézquita Velasco

Los obispos de la Provincia Eclesiástica de Morelia, que comprende las diócesis de Apatzingán, Lázaro Cárdenas, Morelia, Tacámbaro y Zamora emitieron el siguiente mensaje a los fieles de su jurisdicción eclesiástica y que reproducimos íntegro:

Que el voto sea una parte de nuestra permanente y activa participación

1. Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Morelia (Diócesis de Apatzingán, Ciudad Lázaro Cárdenas, Morelia, Tacámbaro y Zamora) saludamos con afecto de pastores a todos los católicos de nuestras diócesis, así como a todos los hombres y mujeres que buscan la paz y viven en estas tierras michoacanas. Nuestro saludo en esta Pascua es el mismo de Cristo resucitado y glorioso: “La paz esté con todos ustedes”.

2. En la próxima jornada electoral del 1º de julio los michoacanos participaremos para elegir Presidente de la República, así como senadores y diputados que conformarán el Congreso federal; también emitiremos nuestro voto para elegir diputados para el Congreso Local y Ayuntamientos de los municipios de nuestro Estado.

Proceso electoral en un clima violento

3. Han comenzado ya las campañas de los distintos candidatos a los puestos de elección. En los preámbulos de estas campañas, con dolor y preocupación nos he-mos dado cuenta de que algunos aspirantes han sufrido amenazas o han sido asesinados. De tal situación somos responsables todos los ciudadanos, sectores e institu­- ciones de esta nación mexicana, pero sin duda la mayor responsabilidad recae sobre las estructuras de gobierno. Se ha degradado el sistema y ha aumentado la desconfianza del pueblo en la clase política.

4. Muchos ciudadanos se preguntan hasta qué punto podrá influir el crimen organizado en el proceso electoral, ya que se percibe su influencia, impune, en muchos espacios de la vida nacional. Anhelamos que las instituciones de Gobierno y las autoridades electorales hagan su mejor esfuerzo para que todo se desarrolle dentro de un marco de legalidad y un ambiente de paz. Como hemos dicho recientemente, “nos preocupa que en las intervenciones que han tenido los candidatos en las campañas han prevalecido las descalificaciones, se esperarían en cambio propuestas concretas de acuerdo al cargo al que aspiran en orden a aportar soluciones.”

5. En un clima enrarecido por la violencia y otras situaciones que atemorizan, desconciertan y desorientan al electorado, se desarrollan las campañas y se realizarán las elecciones. Sin embargo, no debemos optar por la apatía y el abstencionismo. Nuestra participación responsable puede aportar un “granito de arena” hacia la solución, y más avanzaremos en este sentido si nuestra participación ciudadana no se reduce al momento electoral sino se asume como un compromiso activo y permanente.

En la confusión se impone el discernimiento…

6. Habrá muchos que quieran participar con responsabilidad en la vida política y en la próxima jornada electoral, pero no les satisface completamente el menú de opciones para decidirse por una. Hemos de considerar que votar a favor de un candidato no significa aceptar todo lo que éste proponga, como si le firmáramos un cheque en blanco. No cabe la resignación de los ciudadanos cuando quien quedó constituido como autoridad por el voto mayoritario, ya en el ejercicio del poder no refleja el sentir de la mayoría del pueblo.

Es válido considerar lo que el Papa Francisco advertía en la homilía de la Misa que celebró en Morelia hace dos años a propósito de realidades que parecen “haberse convertido en un sistema inamovible”. Nos aconsejaba no caer en la tentación de “una resignación que nos paraliza, una resignación que nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino […] una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar”.

… y la participación ciudadana

7. Qué benéfico sería para el avance de nuestra democracia y para dar continuidad a nuestro proceso de crecimiento integral la conformación en cada municipio de consejos ciudadanos que no se identifiquen con ningún partido, sino que en forma voluntaria y representativa asocien ciudadanos que, sin goce de sueldo ni aspiración al poder político, se interesen por sus comunidades impulsados sólo por el bien común y por la búsqueda de una verdadera equidad entre todos los habitantes del municipio.

Las coaliciones ¿alianzas por el poder o por la unidad de nuestro pueblo?
8. Las coaliciones entre partidos para juntos proponer un solo candidato han creado confusión; los partidos expresan claramente que, aliados, pretenden conseguir el poder. Ante esta situación se impone un serio discernimiento para emitir un voto razonado, porque lo que podría funcionar en el nivel federal podría no tener el mismo resultado en nivel local. Los partidos que en coalición obtengan el poder ¿cómo se lo repartirán?, ¿cómo lo ejercerán unidos desde diversas ideologías o plataformas? Invitamos a todos a plantearse estas interrogantes antes de emitir su voto.

Voto razonado

9. El voto será razonado si nos esforzamos por conocer a los candidatos, a sus colaboradores, sus alianzas y sus programas. El conocimiento de cada candidato no brotará del elogio que cada uno haga de sí mismo, ni de lo que opinen los candidatos contrarios a él, ni de lo que viertan las redes sociales; éstas, se han posicionado como generadoras de opinión, han democratizado la información, por lo que tienen relevancia en el proceso electoral; son un instrumento que será útil en la medida en que su uso se haga atendiendo los valores básicos del respeto y la verdad.

Se espera de quienes las usan para la promoción de sus propuestas un manejo honesto y de la ciudadanía un uso crítico y responsable.

10. Sin duda, más que las palabras son las obras de cada candidato lo que nos proporcionará un conocimiento más objetivo de su persona; por eso antes de tachar la boleta es bueno preguntarnos: ¿Qué ha hecho bien? ¿Qué ha dejado de hacer? ¿Qué ha hecho mal? ¿Qué ha dejado hacer a los demás o qué les ha impedido hacer? Y estas preguntas que nos hacemos sobre cada candidato, habrá qué formularlas en relación a cada uno de los partidos que en coalición postulan a determinado candidato.

Temas obligados

11. Si, como hemos dicho, la participación política no debe reducirse sólo al momento de elecciones, consideramos que, a quien nos represente como servidor público legítimamente electo, hemos de sugerirle con insistencia lo que creemos deba hacerse en temas como la pobreza, ya que la solidaridad hacia los que menos tienen “debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde”; la familia, que se funda a partir de la unión estable entre un hombre y una mujer que procrean hijos y tienen el deber y el derecho de educarlos; la vida, como un don sagrado, que a nadie le es lícito manipular; la libertad religiosa, que es preciso comprender “adecuadamente como un derecho más amplio y rico que la mera libertad de culto”; la educación con una visión humanista, que ponga al centro a la persona humana y que se considere un derecho universal de todos; la promoción de una impartición de justicia sin favoritismos ni demoras.

12. Recordamos nuevamente lo que con todos los Obispos mexicanos expresamos en nuestro mensaje “Participar para transformar”, con ocasión del proceso electoral 2018: “El México que queremos es posible y requiere fundamentalmente de un Gobierno honesto y eficaz, pero también de ciudadanos participativos que den seguimiento a los procesos de justicia, fraternidad y paz. El voto de los mexicanos debe producir gobernantes y autoridades responsables; y generar una opinión cívica crítica. Pues en el ejercicio ordinario de los funcionarios, nuestro voto exige el sano control sobre nuestros políticos: en su remuneración y gratificaciones, en los gastos de partidos y publicidad, en los proyectos y obras públicas, en el control de la corrupción, la ilegalidad y la eliminación de arbitrariedades”.

13. Ponemos este momento de campañas y elecciones, tan decisivo para definir el rumbo de nuestro país y nuestro Estado, en las manos del Señor que dirige la historia y bajo la mirada maternal de Santa María de Guadalupe, que siempre ha tratado con compasión y ternura a este pueblo mexicano del que formamos parte.
Morelia, Mich., 25 de abril de 2018

† Carlos Garfias Merlos,
Arzobispo de Morelia
† Javier Navarro Rodríguez,
Obispo de Zamora
† Gerardo Díaz Vázquez,
Obispo de Tacámbaro
† Cristóbal Ascencio García,
Obispo de Apatzingán
† Armando A. Ortiz Aguirre,
Obispo de Cd. Lázaro Cárdenas

† Carlos Suárez Cázares,
Obispo Auxiliar de Morelia
† Víctor A. Aguilar Ledesma,
Obispo Auxiliar de Morelia
† Herculano Medina Garfias,
Obispo Auxiliar de Morelia
† Jaime Calderón Calderón,
Obispo Auxiliar de Zamora.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ante las elecciones, voto razonado: Mensaje de los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Morelia



Eugenio Amézquita Velasco

Los obispos de la Provincia Eclesiástica de Morelia, que comprende las diócesis de Apatzingán, Lázaro Cárdenas, Morelia, Tacámbaro y Zamora emitieron el siguiente mensaje a los fieles de su jurisdicción eclesiástica y que reproducimos íntegro:

Que el voto sea una parte de nuestra permanente y activa participación

1. Los Obispos de la Provincia Eclesiástica de Morelia (Diócesis de Apatzingán, Ciudad Lázaro Cárdenas, Morelia, Tacámbaro y Zamora) saludamos con afecto de pastores a todos los católicos de nuestras diócesis, así como a todos los hombres y mujeres que buscan la paz y viven en estas tierras michoacanas. Nuestro saludo en esta Pascua es el mismo de Cristo resucitado y glorioso: “La paz esté con todos ustedes”.

2. En la próxima jornada electoral del 1º de julio los michoacanos participaremos para elegir Presidente de la República, así como senadores y diputados que conformarán el Congreso federal; también emitiremos nuestro voto para elegir diputados para el Congreso Local y Ayuntamientos de los municipios de nuestro Estado.

Proceso electoral en un clima violento

3. Han comenzado ya las campañas de los distintos candidatos a los puestos de elección. En los preámbulos de estas campañas, con dolor y preocupación nos he-mos dado cuenta de que algunos aspirantes han sufrido amenazas o han sido asesinados. De tal situación somos responsables todos los ciudadanos, sectores e institu­- ciones de esta nación mexicana, pero sin duda la mayor responsabilidad recae sobre las estructuras de gobierno. Se ha degradado el sistema y ha aumentado la desconfianza del pueblo en la clase política.

4. Muchos ciudadanos se preguntan hasta qué punto podrá influir el crimen organizado en el proceso electoral, ya que se percibe su influencia, impune, en muchos espacios de la vida nacional. Anhelamos que las instituciones de Gobierno y las autoridades electorales hagan su mejor esfuerzo para que todo se desarrolle dentro de un marco de legalidad y un ambiente de paz. Como hemos dicho recientemente, “nos preocupa que en las intervenciones que han tenido los candidatos en las campañas han prevalecido las descalificaciones, se esperarían en cambio propuestas concretas de acuerdo al cargo al que aspiran en orden a aportar soluciones.”

5. En un clima enrarecido por la violencia y otras situaciones que atemorizan, desconciertan y desorientan al electorado, se desarrollan las campañas y se realizarán las elecciones. Sin embargo, no debemos optar por la apatía y el abstencionismo. Nuestra participación responsable puede aportar un “granito de arena” hacia la solución, y más avanzaremos en este sentido si nuestra participación ciudadana no se reduce al momento electoral sino se asume como un compromiso activo y permanente.

En la confusión se impone el discernimiento…

6. Habrá muchos que quieran participar con responsabilidad en la vida política y en la próxima jornada electoral, pero no les satisface completamente el menú de opciones para decidirse por una. Hemos de considerar que votar a favor de un candidato no significa aceptar todo lo que éste proponga, como si le firmáramos un cheque en blanco. No cabe la resignación de los ciudadanos cuando quien quedó constituido como autoridad por el voto mayoritario, ya en el ejercicio del poder no refleja el sentir de la mayoría del pueblo.

Es válido considerar lo que el Papa Francisco advertía en la homilía de la Misa que celebró en Morelia hace dos años a propósito de realidades que parecen “haberse convertido en un sistema inamovible”. Nos aconsejaba no caer en la tentación de “una resignación que nos paraliza, una resignación que nos impide no sólo caminar, sino también hacer camino […] una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar”.

… y la participación ciudadana

7. Qué benéfico sería para el avance de nuestra democracia y para dar continuidad a nuestro proceso de crecimiento integral la conformación en cada municipio de consejos ciudadanos que no se identifiquen con ningún partido, sino que en forma voluntaria y representativa asocien ciudadanos que, sin goce de sueldo ni aspiración al poder político, se interesen por sus comunidades impulsados sólo por el bien común y por la búsqueda de una verdadera equidad entre todos los habitantes del municipio.

Las coaliciones ¿alianzas por el poder o por la unidad de nuestro pueblo?
8. Las coaliciones entre partidos para juntos proponer un solo candidato han creado confusión; los partidos expresan claramente que, aliados, pretenden conseguir el poder. Ante esta situación se impone un serio discernimiento para emitir un voto razonado, porque lo que podría funcionar en el nivel federal podría no tener el mismo resultado en nivel local. Los partidos que en coalición obtengan el poder ¿cómo se lo repartirán?, ¿cómo lo ejercerán unidos desde diversas ideologías o plataformas? Invitamos a todos a plantearse estas interrogantes antes de emitir su voto.

Voto razonado

9. El voto será razonado si nos esforzamos por conocer a los candidatos, a sus colaboradores, sus alianzas y sus programas. El conocimiento de cada candidato no brotará del elogio que cada uno haga de sí mismo, ni de lo que opinen los candidatos contrarios a él, ni de lo que viertan las redes sociales; éstas, se han posicionado como generadoras de opinión, han democratizado la información, por lo que tienen relevancia en el proceso electoral; son un instrumento que será útil en la medida en que su uso se haga atendiendo los valores básicos del respeto y la verdad.

Se espera de quienes las usan para la promoción de sus propuestas un manejo honesto y de la ciudadanía un uso crítico y responsable.

10. Sin duda, más que las palabras son las obras de cada candidato lo que nos proporcionará un conocimiento más objetivo de su persona; por eso antes de tachar la boleta es bueno preguntarnos: ¿Qué ha hecho bien? ¿Qué ha dejado de hacer? ¿Qué ha hecho mal? ¿Qué ha dejado hacer a los demás o qué les ha impedido hacer? Y estas preguntas que nos hacemos sobre cada candidato, habrá qué formularlas en relación a cada uno de los partidos que en coalición postulan a determinado candidato.

Temas obligados

11. Si, como hemos dicho, la participación política no debe reducirse sólo al momento de elecciones, consideramos que, a quien nos represente como servidor público legítimamente electo, hemos de sugerirle con insistencia lo que creemos deba hacerse en temas como la pobreza, ya que la solidaridad hacia los que menos tienen “debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde”; la familia, que se funda a partir de la unión estable entre un hombre y una mujer que procrean hijos y tienen el deber y el derecho de educarlos; la vida, como un don sagrado, que a nadie le es lícito manipular; la libertad religiosa, que es preciso comprender “adecuadamente como un derecho más amplio y rico que la mera libertad de culto”; la educación con una visión humanista, que ponga al centro a la persona humana y que se considere un derecho universal de todos; la promoción de una impartición de justicia sin favoritismos ni demoras.

12. Recordamos nuevamente lo que con todos los Obispos mexicanos expresamos en nuestro mensaje “Participar para transformar”, con ocasión del proceso electoral 2018: “El México que queremos es posible y requiere fundamentalmente de un Gobierno honesto y eficaz, pero también de ciudadanos participativos que den seguimiento a los procesos de justicia, fraternidad y paz. El voto de los mexicanos debe producir gobernantes y autoridades responsables; y generar una opinión cívica crítica. Pues en el ejercicio ordinario de los funcionarios, nuestro voto exige el sano control sobre nuestros políticos: en su remuneración y gratificaciones, en los gastos de partidos y publicidad, en los proyectos y obras públicas, en el control de la corrupción, la ilegalidad y la eliminación de arbitrariedades”.

13. Ponemos este momento de campañas y elecciones, tan decisivo para definir el rumbo de nuestro país y nuestro Estado, en las manos del Señor que dirige la historia y bajo la mirada maternal de Santa María de Guadalupe, que siempre ha tratado con compasión y ternura a este pueblo mexicano del que formamos parte.
Morelia, Mich., 25 de abril de 2018

† Carlos Garfias Merlos,
Arzobispo de Morelia
† Javier Navarro Rodríguez,
Obispo de Zamora
† Gerardo Díaz Vázquez,
Obispo de Tacámbaro
† Cristóbal Ascencio García,
Obispo de Apatzingán
† Armando A. Ortiz Aguirre,
Obispo de Cd. Lázaro Cárdenas

† Carlos Suárez Cázares,
Obispo Auxiliar de Morelia
† Víctor A. Aguilar Ledesma,
Obispo Auxiliar de Morelia
† Herculano Medina Garfias,
Obispo Auxiliar de Morelia
† Jaime Calderón Calderón,
Obispo Auxiliar de Zamora.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Padre Juan Díaz y los 500 años de la primera Santa Misa en México, este 6 de mayo de 2018

Sitio donde se celebró la primera Santa Misa en México, en Cozumel.

Eugenio Amézquita Velasco

Este 6 de mayo de 2018, México vivirá un hecho que pareciera estar pasando desapercibido para muchos: los 500 años de la celebración de la Primera Santa Misa en suelo mexicano. Es decir, la primera presencia viva, en cuerpo, alma y divinidad, de Jesucristo en el suelo mexicano, de manos de un sacerdote que la historia consigna con el nombre de Juan Díaz.

Sacerdote español nacido en Sevilla en 1480 y fallecido en Puebla en el año de 1549, fue clérigo y capellán de la armada en la segunda expedición de la isla de Cuba a la península de Yucatán, que estuvo capitaneada por Juan de Grijalva.

Se cree que fue el cronista original del “Itinerario de la armada” en la travesía. Posteriormente, también fue capellán de Hernán Cortés.A la llegada en Tlaxcala fue el primer sacerdote de la comunidad de Atlihuetzian donde aun se conserva una pintura al óleo y sotanas que indican su estancia en ese pueblo.

Expedición de Grijalva

Hijo de Alonso Díaz y Martina Núñez, el padre Juan Díaz cruzó al continente americano en 1514 y se unió a la expedición de Juan de Grijalva en el año 1518. Durante la expedición de Grijalva, ofició la primera misa en la isla de Cozumel, por lo cual también se considera la primera misa celebrada en lo que actualmente es el territorio mexicano.



Itinerario de la armada

El nombre completo de las crónicas se conocen como “Itinerario de la armada del rey católico a la isla de Yucatán, en la India, en el año de 1518, en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva”. El documento fue “retocado” por Benito Martín, y utilizado por Diego Velázquez de Cuéllar como prueba en la disputa contra Hernán Cortés para obtener el título de “Adelantado” de las tierras recién descubiertas por los españoles. El documento posteriormente fue publicado en varios idiomas, como testimonio de los descubrimientos.

Expedición de Cortés y conquista de Tenochtitlan

El padre Juan Díaz se unió a la expedición de Cortés, y nuevamente celebró eucaristía en la isla de Cozumel. En Tabasco, el Domingo de Ramos después de terminada la batalla de Centla ofició nuevamente misa en Santa María de la Victoria.

La primera Santa Misa en México-Tenochtitlán

Después de que Hernán Cortés envió su primera carta de relación a Carlos I, hubo una ligera sublevación entre los partidarios de Diego Velázquez de Cuéllar, entre ellos se encontraba el capellán Juan Díaz, quién al ver el ahorcamiento de Juan Escudero y Diego Cermeño, la forma en que cortaron los pies al piloto Gonzalo de Umbría y los azotes al marinero Alonso Peñate, prefirió jurar lealtad a Cortés. Fue después de esta sublevación cuando Cortés decidió hundir las naves.

Junto con los conquistadores españoles marchó hacia Tenochtitlan, Díaz del Castillo describió que el capellán Juan Díaz confesó a muchos de los soldados un día antes de la batalla del 5 de septiembre de 1519 realizada en Tlaxcala contra Xicohténcatl. Unos pocos días después Cortés venció a los tlaxcaltecas con quienes pactó la paz.

Juan Díaz ofició una misa con los nuevos aliados. En Tenochtitlan, Cortés removió los ídolos aztecas y colocó una cruz y la imagen de la virgen, con el consentimiento de Moctezuma, Juan Díaz junto con el padre de la Merced, realizaron una misa cantada en el Templo Mayor.

En 1521 en fechas cercanas al sitio de Tenochtitlan, Antonio de Villafaña -fiel de Diego Velázquez de Cuéllar- fue descubierto cuando intentaba asesinar a Hernán Cortés y sus capitanes. Villafaña fue sentenciado a la horca, Juan Díaz fue su confesor.

Campañas subsecuentes

El 25 de noviembre de 1521 viajó con Francisco de Orozco y Tovar conquistador español que concentró sus fuerzas en Huaxyácac (Oaxaca), ese día Juan Díaz ofició una misa. La fecha fue conmemorada como el día de la fundación de la ciudad de Oaxaca durante muchos años. Poco más tarde llegó Pedro de Alvarado a la zona, y Juan Díaz se integró a sus campañas militares.

De acuerdo a los cronistas de su época, existen dos teorías al respecto de su muerte en 1549, la primera indica que “murió de su muerte”, lo cual nos hace entender que murió de causa natural, y la segunda dice que fue martirizado por los inidos de Quecholac. Sus restos se encuentran en la capilla antigua de la catedral de Puebla.

Centla: Primera Misa en territorio continental mexicano. Mural de la Catedral de Tabasco


La primera Santa Misa en territorio continental

Existe un mural donde se atestigua la celebración de la que fue la primera misa cristiana en territorio continental de México, llevada a cabo en la población maya de Potonchán, hoy municipio de Centla, Tabasco el 17 de abril de 1519 durante el viaje de Hernán Cortés. Oficiada por Fray Bartolomé de Olmedo y el clérigo Juan Díaz., y en donde se bautizaron 20 indígenas entre ellas la célebre Malintzin a la que se la puso por nombre Marina. Dicho mural se encuentra en la Catedral de Tabasco.

Más datos interesantes

Ahora bien, si en un auditorio repleto le preguntamos a los asistentes si conocen cuándo se ofició en México la primera Misa, es casi seguro de que serán muy pocos quienes alcen la mano.

Es el Padre Mariano Cuevas, S.J., autor de una monumental Historia de la Iglesia en México, quien nos dice que tan importante acontecimiento tuvo lugar el 6 de mayo de 1518 en la isla de Cozumel.
Preciso será hacer un poco de historia.

Antes de que Hernán Cortés conquistara Tenochtitlán, hubo dos expediciones que lo precedieron: La de Francisco Hernández de Córdoba, en 1517, y la de Juan de Grijalva, en 1518.

Según datos fidedignos, el primer punto del territorio mexicano que tocaron los expedicionarios españoles fue Cabo Catoche (Yucatán), y eso ocurrió el 1 de mayo de 1517, razón por la cual se considera que tal fecha fue la del descubrimiento oficial de México. Aquella era la expedición de Hernández de Córdoba.

Un año después, saliendo también de Cuba, vino Juan de Grijalva, quien traía como encomienda recorrer la que se suponía era isla de Yucatán.

Antes de rodear la península yucateca, Grijalva llegó a Cozumel el 3 de mayo de 1518, que, por haberla descubierto el día de la Santa Cruz, bautizó la isla con un nombre muy significativo: “Isla de la Santa Cruz”.

Acto seguido, Grijalva tomó posesión de dicha isla con el ceremonial acostumbrado en aquellos casos.

Un ceremonial que consistía bien fuese en cortar la rama de un árbol dándole de estocadas, o bien en arrancar un manojo de hierbas arrojándolo en distintas direcciones.

Dicha práctica tenía su antecedente en un antiguo ceremonial godo y bastaba para establecer la autoridad del rey de España sobre los territorios recién descubiertos.

La isla se descubrió el 3 de mayo y, tres días después, Grijalva le encomienda a Juan Díaz, capellán de la expedición, que allí oficie una Misa.

Así pues, fue el día 6 de mayo de 1518 cuando se ofició por vez primera la Santa Misa en territorio mexicano.

Todo esto se supo gracias al propio Juan Díaz, protagonista principal de dicho acontecimiento, quien, años después, se encargó de relatar los pormenores de dicha expedición.

Su obra se tituló “Itinerario de Juan de Grijalva”. Lamentablemente se perdió el original en castellano, y si llegó a nosotros, fue gracias a que el historiador Joaquín García Icazbalceta logró traducirla de una versión italiana.

Poco tiempo después, volvemos a encontrarnos con Juan Díaz en plena Conquista de México, ya que, según nos cuenta Bernal Díaz del Castillo, fue dicho clérigo quien ofició una Misa en Tacuba cuando Cortés estaba a punto de iniciar el asedio a la Gran Tenochtitlán.

Ante todo lo anterior, tenemos una nueva efeméride digna de inscribirse en los anales de la historia de México: El día exacto en que, por vez primera, Cristo se hizo presencia real en nuestra tierra.

Trece años después, el 12 de diciembre de 1531, haría lo mismo la Virgen de Guadalupe, al regalarnos la única imagen de la Madre de Dios que no fue hecha por ningún artista humano.

6 de Mayo de 1518, fecha digna de recordarse con todos los honores y, de manera especial, tomando  en cuenta que, dentro de tres años, se cumplirá medio milenio de tan feliz acontecimiento.

La crónica de de Nemesio Rodríguez Lois

Hace ya bastantes años que conmemoramos una efeméride que -a pesar de las controversias suscitadas- nos dejó un agradable sabor de boca: los quinientos años del Descubrimiento de América, acontecimiento sin parangón en la Historia Universal que, aparte de propiciar el encuentro de dos mundos, fue el inicio de la evangelización de todo un continente.

Primera misa en México

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde entonces y he aquí como en este 2018 se cumple el medio milenio de otro acontecimiento también de singular importancia.

Fue el jueves 6 de mayo de 1518 cuando el Padre Juan Díaz, quien venía como capellán en la expedición dirigida por Juan de Grijalva, celebró en Cozumel la primera Misa en territorio mexicano.

Este dato se lo debemos al insigne historiador Mariano Cuevas, S.J. quien nos lo proporciona tanto en su “Historia de la iglesia en México” como en su “Historia de la nación mexicana”.

Logró encontrar dato tan importante después de consultar el Diario de Juan de Grijalva que se encuentra en la Biblioteca Colombina.

Vendrían después la conquista, la evangelización, las apariciones del Tepeyac, el nacimiento de un pueblo mestizo y una serie de acontecimientos trágicos y gloriosos.

Nuestro México entró en la Iglesia Católica y fue a partir de entonces como, dentro del catolicismo, dio frutos admirables de santidad que van, desde los Niños de Tlaxcala hasta San José Sánchez del Río; pasando por los mártires de la Cristiada (incluidos Anacleto y el Padre Pro) para culminar con sacerdotes y religiosas elevados a los altares.

Ni duda cabe que tan admirables frutos de santidad tuvieron su origen en aquella primera Misa oficiada en Cozumel hace ya quinientos años.

Pues bien, a partir de tan sagrado acontecimiento, serían miles, miles y más miles las Misas oficiadas tanto a partir de la conquista, como durante el período de la Nueva España virreinal y del México independiente; para culminar con las oficiadas por los tres Papas que han visitado nuestro país.

El caso es que la Santa Misa estuvo siempre presente tanto en las más fastuosas ceremonias como en las más sencillas celebraciones.

Se puede decir que, a partir de aquel jueves 6 de mayo de 1518, Cristo tomó posesión del que habría de ser su reino.

Un hecho de incalculables consecuencias dentro de la historia de la Iglesia a nivel universal.

Lamentablemente -por diversas razones- a dicho acontecimiento no se le ha prestado la merecida atención.

Quizás ello se deba a que la gran mayoría ignora que -dentro de pocas semanas- se cumplirán quinientos años de la Primera Misa oficiada en territorio mexicano.

Consideramos que aún estamos a tiempo de que se pueda hacer algo.

Así como hace poco más de dos décadas celebramos en IV Centenario del martirio de San Felipe de Jesús, nuestro primer santo, pudiera también ahora aprovecharse la ocasión para difundir aquel gran acontecimiento que tuvo lugar hace medio milenio.

Y es que, como bien dijo el Padre Mariano Cuevas, S.J.: “Desde entonces…Cristo Sacramentado será, para siempre, el Rey de nuestro suelo”

Revisando el calendario litúrgico de este año, vemos como el 6 de mayo es el 6º. Domingo de Pascua.

Y revisando también las Lecturas, vemos como la Primera (tomada de los Hechos de los Apóstoles) habla del bautismo del oficial Cornelio o sea que se hace hincapié en la primera vez que la Iglesia acogía a un pagano en su seno.

No deja de ser una circunstancia providencial que, justo en el día en que se conmemora la Primera Misa oficiada en territorio mexicano, en la Primera Lectura se recuerden aquellas palabras de San Pedro: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”

Pues bien, cuando, hace ya quinientos años el Padre Juan Díaz oficiaba aquella Primera Misa, estaba abriéndole las puertas de la Iglesia a millones de personas que, una vez bautizadas, darían origen a un gran pueblo del cual brotarían infinidad de héroes marcados todos ellos con la señal de la Cruz.

Razón más que suficiente para echar las campanas a vuelo…

Damos gracias a Dios por haber creado al padre Juan Díaz y habernos el mayor regalo que pudo recibir y que ha recibido México desde hace 500 años: La Santa Misa.

Ubicación exacta del sitio donde se celebró 
la Primera Santa Misa en México 

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿”Yo te bendigo” o “Dios te bendiga”?: La acción de bendecir corresponde a Dios, no al hombre





Padre Samuel Bonilla/
Redacción

A menudo escuchamos “Dios te bendiga” o simplemente “bendiciones”, ¿es eso correcto? ¿Hay algún fundamento bíblico? Veremos que sí, pero hay que hacerlo adecuadamente.

Etimología: la palabra “bendición” viene del latín beneditio, beneditionis, es decir, se compone de bene (bien) y dicere (decir), por lo que bendecir es “decir bien” de alguien.

Fundamento bíblico: lo encontramos en el Libro de los Números 6,22-27, en donde expresamente dice así:
22 El Señor le ordenó a Moisés:
23 «Diles a Aarón y a sus hijos que impartan la bendición a los israelitas con estas palabras:
24 »“El Señor te bendiga y te guarde;
25 el Señor te mire con agrado y te extienda su amor;
26 el Señor te muestre su favor y te conceda la paz”.
27 »Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, para que yo los bendiga».

De aquí podemos concluir que la acción de bendecir pertenece a Dios, no al hombre. 

Cuando alguien bendice (un papá, mamá, amigo) debe siempre hacer referencia a Dios. No podemos banalizar, ni que se convierta en una muletilla el decir “bendiciones”, sino que al hacerlo se debe siempre mencionar el sujeto de la bendición: Dios. Lo correcto entonces es “Dios te bendiga”, “el Señor te bendiga”, no simplemente “bendiciones”.

La bendición entonces no es una simple “buena suerte”, sino más bien pedirle a Dios que acompañe, proteja… bendiga a esa persona a la cual la dirigimos. ¡Que Dios te bendiga!

¿Qué nos dice la Iglesia Católica?

En el número 1669 del Catecismo de la Iglesia Católica, se expresa que “Los sacramentales proceden del sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser una “bendición”(1) y a bendecir (2). Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones(3); la presidencia de una bendición se reserva al ministerio ordenado (obispos, presbíteros o diáconos, [cf. Bendicional, Prenotandos generales, 16 y 18]), en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida eclesial y sacramental.

(1) El Génesis, capítulo 12, versículo 2, nos dice que el que bendice es Dios y que nosotros somos una bendición, pero por Él:  “Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición”.

(2) En el Evangelio según San Lucas 6, 28: “Bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman”:
En la Carta de San Pablo a los Romanos 12, 14: “Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan nunca”
En la Primera Carta de San Pedro 3, 9:  “No devuelvan mal por mal, ni injuria por injuria: al contrario, retribuyan con bendiciones, porque ustedes mismos están llamados a heredar una bendición”. Es obvio, por la visto desde el Génesis y el Libro de los Números, que la petición de bendecir o retribuir con bendiciones a los que nos odian, no se hace a nombre personal, sino invocando a que Dios bendiga a nuestros enemigos.

(3) Dos aspectos fundamentan esto. Primero, la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, del Concilio Vaticano II, en su número 79 que dice textualmente: “Revísense los sacramentales teniendo en cuanta la norma fundamental de la participación consciente, activa y fácil de los fieles, y atendiendo a las necesidades de nuestros tiempos. En la revisión de los rituales, a tenor del artículo 63, se pueden añadir también nuevos sacramentales, según lo pida la necesidad. Sean muy pocas las bendiciones reservadas y sólo en favor de los Obispos u ordinarios. Provéase para que ciertos sacramentales, al menos en circunstancias particulares, y a juicio del ordinario, puedan ser administrados por laicos que tengan las cualidades convenientes”.
Y, segundo, el número 1168 del Código de Derecho Canónico que señala textualmente que “Es ministro de los sacramentales el clérigo provisto de la debida potestad; pero, según lo establecido en los libros litúrgicos y a juicio del Ordinario, algunos sacramentales pueden ser administrados también por laicos que posean las debidas cualidades”. De esto último, sólo el obispo pude autorizar a su juicio que ciertos sacramentales los pueda administrar un laico, y además, debe tener ciertas cualidades.

Lo absurdo del simple “Yo te bendigo”

En todas las fórmulas de bendición presidias por el Obispo, Presbítero o Diácono, se hacen con la autoridad que un ministro legítimamente instituido tiene. Si leemos con cuidado los bendicionales, por lo regular la fórmula de una bendición dada por un sacerdote es así: “La bendición de Dios Omnipotente, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca para siempre”. Es decir, el ministro, con la autoridad otorgada por Dios a su persona a través del sacramento del Orden, da la bendición de Dios. Dios autoriza a sus ministros a bendecir en su nombre, no a nombre de ellos mismos. No dice: “La bendición del presbítero Fulano descienda sobre ti” o “Yo te bendigo”.  Decir “YO te bendigo” y no “DIOS te bendiga” tiene de separación un infinito abismo. Hacer eso sería un acto de soberbia, queriéndose poner en el lugar de Dios, cuando el único que bendice es Dios.

Tengamos cuidado con lo que hacemos, copiamos, escribimos y decimos. Lo correcto es:
Dios te bendiga.