Archivo de la categoría: Catequesis

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: Amando se entiende la gente: Padre Ángel Espinoza de los Monteros – COMPÁRTELO!

El padre Ángel Espinoza de los Monteros, en una de sus conferencias con el tema “Amando se entiende la gente”. Compártela!

https://www.facebook.com/plugins/video.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2Fdiocesis.de.celaya.gto%2Fvideos%2F1564306520269612%2F&show_text=0&width=300

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Historias de la Biblia – Capitulo III: El Arca de Noé

TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning – The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.

//ok.ru/videoembed/353352354412

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Historias de la Biblia – Capítulo II: Los hijos de Adán

TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning – The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.

//ok.ru/videoembed/353352288876

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Historias de la Biblia – Capítulo II: Los hijos de Adán

TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning – The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.

//ok.ru/videoembed/353352288876

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Historias de la Biblia – Capitulo I: En el principio

TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning – The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.

//ok.ru/videoembed/353350912620

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Qué es la Compunción de corazón?

Si nos duele cuando lastimamos un ser querido con una ofensa, ¡cuánto más si la ofensa es a Dios mismo!

Por: Manuel Mendoza, L.C. 

La historia de los primeros Padres nos deja una moraleja: con Dios no se juega. Si bien el diablo es fuerte y tiene “cierto poder” sobre el hombre, también es cierto que el alma siempre podrá reorientar su vida, porque Dios es más fuerte y le dará su gracia. El demonio sabe de qué pie cojeamos y ahí nos pone la zancadilla. Pero Cristo está de nuestro lado: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4,13).

Para volver a Dios es preciso remover los obstáculos que se atraviesan en el camino. Por eso un medio eficaz para resistir las tentaciones es la compunción del corazón. ¿Qué es pues esta compunción? Don Columba Marmión, en su libro Jesucristo ideal del Monje, nos dice que es una disposición interior que mantiene habitualmente al alma en contrición. Un ejemplo. Supongamos que una persona tuvo la desgracia de caer en pecado mortal. A esta persona la misericordia de Dios le concede la gracia del arrepentimiento y le dispone a confesarse con sinceridad.

Vemos en Pedro que ante la pregunta de una criada tiene la desfachatez de negar a su Maestro cuando horas antes le había prometido dar su vida por Él. Sus lágrimas son la muestra perfecta de su compunción y así, arrepentido, Cristo le da su misericordia. Desde aquel momento Pedro dará testimonio de su Maestro hasta el heroísmo. Lo mismo sucede con el hijo pródigo, cuando sintió la lejanía del Padre: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo” (Lc 15, 21). Seguramente aquellas lágrimas conmovieron tanto al Padre que le vistió de ropas finas y le llenó de besos. Esta es la imagen de la misericordia de Dios. También Magdalena, postrada ante los pies de Jesús, no hace otra cosa que llorar. Enjugando con sus cabellos los pies del Maestro pide su misericordia y perdón. Por eso ante tal Misericordia de Dios digamos: “No desprecies, Señor, al corazón contrito y humillado” (Salmo 50,19). Cuado un alma se esfuerza en purificarse de sus culpas y con buena voluntad se esmera en reparar las faltas cometidas, Dios nunca le dejará solo. Como dice San Agustín: “Dios atiende más a las lágrimas que el mucho hablar”.

Uno puede pensar qué duro y difícil será alcanzar esta actitud de compunción cuando nunca lo habías pensado o practicado. Si nos duele cuando lastimamos un ser querido con una ofensa, ¡cuánto más si la ofensa es a Dios mismo! San Benito en su regla dice a sus monjes: “Y no olvidemos que seremos atendidos, no por largos discursos, sino por la pureza del corazón y por las lágrimas de nuestra compunción” (Regla Cap. XX). San Francisco de Sales, dando consejos a Filotea sobre la purificación de los pecados mortales del alma dice: “Después de haber preparado y juntado de esta manera los humores viciosos de tu conciencia, detéstalos y arrójalos por medio de la más fuerte contrición y dolor de que fuere capaz tu corazón, considerando estas cuatro cosas: que por el pecado has perdido la gracia de Dios, has sido despojada del derecho de la gloria, has aceptado las penas eternas del infierno, y has renunciado al amor eterno de tu Dios”(Cf. Vida devota, cap. I-VIII). Lo mismo podemos hacer nosotros aprendiendo su ejemplo de vida plena y feliz aún en las muchas tentaciones que sobrellevaron. Ellos se armaron de valor para trabajar con fuerza y ánimo para permanecer fieles al amor de Dios y alcanzar la gloria del cielo.

Odiemos el pecado. No sólo al pecado como palabra sino a las consecuencias que de éste se desprenden. Pío XII comenta: “El pecado del siglo es la pérdida del sentido del pecado” (Radiomensaje 26-X- 1946), y Juan Pablo II lo recalca: “oscurecido el sentido de Dios, perdido este decisivo punto de referencia interior, se pierde el sentido del pecado”. (Reconciliatio et paenitentia No. 18). Las tensiones juegan un papel importante en la vida del cristiano. Nos duelen cuando caemos pero muchas veces no nos damos cuenta que son escalones que Dios nos pone para llegar a Él. Desde la antigüedad grandes místicos nos proponen la compunción del corazón como medio eficaz contra las tentaciones, pues nos hace conscientes que somos pecadores necesitados del auxilio divino.

Si quieres realmente buscar al Señor, prepárate, porque serás zarandeado constantemente. La Sagrada Escritura dice: “Dichoso el hombre que es tentado” (Jac 1, 12). Leemos en la vida de Tobías: “ya que eres grato a Dios, convenía que la tentación te probase” (Tob 12, 13). Dios se muestra generoso en permitirnos participar de las tentaciones, pues en cada una se muestra su gracia y su poder. Él mismo quiso ser tentado en el desierto para mostrarnos su poder ante las tentaciones y asegurarnos su victoria. No temamos, pues Él ya ha vencido. Arrojémonos a sus brazos en las tentaciones y digamos como los apóstoles cuando estaban en medio del lago y las olas se levantaban con fuerza: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! (Mt 8, 24).

Hagamos como las vírgenes del evangelio que entraron al banquete de bodas. Santa Teresa de Ávila, al ver a Cristo en la cruz decía: “…lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón se me partía, y arrojéme cabe Él con grandísimo agradecimiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle…” El pensamiento constante en Dios nos hace permanecer en su presencia amorosa. Nos pone en alerta al “instante” del asalto del maligno. “Pues hay que apagar la chispa antes de que haga un fuego.” Muchas veces detrás de cada tentación está la mano de Dios que quiere podar el árbol para ensanchar el corazón y tenga así la capacidad de amor que necesita Dios.

Mucho bien produce rezar el salmo que compuso el rey David tras su pecado con Betsabé. Humillado se golpea el pecho y exclama: “contra Ti, contra Ti sólo pequé” (Salmo 50). Nuestro Señor conoció la inmensidad del pecado pues “su corazón rebosaba tristeza y una tristeza mortal” (Mt 26,38). La compunción del corazón de Cristo viene no por ser pecador, pues Él nunca conoció pecado alguno, más bien al profundizar en el pecado de los hombres que se alejaban de su Padre. Clavado en el madero, con gritos y lágrimas, ensancha su corazón en amor “hasta el extremo” (Jn 13,1).

Tengamos presente en todo momento que somos pecadores. San Agustín nos enseña: “ Ya que nuestro progreso se realiza precisamente a través de la tentación nadie se conoce a sí mismo si no es tentado, ni puede ser coronado si no ha vencido, ni vencer si no ha combatido, ni combatir si carece de enemigo y de tentaciones” (CCL 39,776). Y con Santa Catarina de Siena: “…la leña verde, puesta al fuego, gime por el calor y echa fuera el agua. Así, el corazón, reverdecido por la gracia, no tiene ya la sequedad del amor propio que es el que seca el alma. Así, el fuego y las lágrimas están unidos y forman un mismo deseo ardiente.” Cristo se hizo uno como tú para salvarte “Porque no ha venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt 9,13).

Cuando uno conoce su gran miseria reconoce la omnipotencia de Dios. Pídele a Cristo vivir cada Bienaventuranza y ya obtenida, practica la compunción del corazón para seguir creciendo en unión con Él. “Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por mi causa, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mt 5, 3-11).

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Hay alguna diferencia entre alma y espíritu?

El alma alude a lo que somos por creación; el espíritu se refiere a lo que hemos recibido gracias a la fe

Por: Fr. Nelson Medina, OP

Para san Pablo (1 Cor. 14:14-15, Ef. 4:23, 1 Tes. 5:23, Heb. 4:12, 1 Cor. 15:45, Rom 1:18) el alma es parte de lo que nosotros los seremos humanos somos por naturaleza. El alma alude a lo que todos somos y tenemos: todos “tenemos” alma.

En cambio, según este mismo apóstol, no todos tenemos “espíritu.” Esta palabra alude a la novedad de la acción de Dios en la vida humana, es decir, aquel actuar que ha sido posible por la redención.

Tenemos “espíritu” porque se ha restablecido la amistad entre Dios y nosotros, gracias al sacrificio de Cristo y a la efusión del Espíritu Santo. Tener “espíritu” es ser “espiritual,” o sea, haber sido renovado por el Espíritu Santo, que es el fruto precioso de la pascua de Cristo.

En resumen, el alma alude a lo que somos por creación; el espíritu se refiere a lo que hemos recibido gracias a la fe, en cuanto redimidos por Jesucristo y morada de su Espíritu. Las personas que viven una vida pegada a las cosas de esta tierra son cuerpo y alma solamente; san Pablo las llama “psiquikoi.” Las personas que conocen al Señor y viven en amistad con él por la fe y la caridad son llamadas en cambio “pneumatikoi”: gente con espíritu.

El Ser humano: Cuerpo, alma y espíritu

Por: Humberto Del Castillo Drago

Al aproximarnos al ser humano para responder a su propia identidad no podemos sino mirarlo como una unidad: cuerpo, alma y espíritu. La persona humana es, «por su propia naturaleza, una unidad bio-psico-espiritual. Existe por lo tanto una íntima relación entre lo exterior y lo interior, de manera que lo exterior repercute en lo interior, y viceversa».

La palabra “unidad” nos hace entender que el ser humano no es un compuesto, una suma de partes o elementos. No son tres naturalezas. Son tres dimensiones de una misma persona. Para comprender mejor esta unidad trial propia del ser humano, recordemos las palabras de San Pablo: «Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma, y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo» (1Tes 5,23).

El hombre es, por su propia naturaleza, una unidad bio-psico-espiritual. Unidad integral de cuerpo, alma y espíritu en la que lo que sucede con cada una de las dimensiones repercute en las otras.

El hombre es un ser corporal; ésta es una realidad que se constata inmediatamente. Nuestro cuerpo tiene requerimientos físicos, necesidades vinculadas a esta dimensión, que no pueden ser desatendidas: respiración, alimento, bebida, abrigo y otras necesidades vinculadas al bienestar. La persona además de necesitar lo básico para sobrevivir requiere que su organismo mismo se desarrolle y viva en un ambiente adecuado para su expansión adecuada.

Es claro que lo biológico no explica todo lo que somos. Si seguimos avanzando en nuestra propia experiencia como personas, advertimos que nuestra relación con el mundo trasciende este nivel: así llegamos a descubrir que poseemos una dimensión psicológica. Esta dimensión tiene también sus propios requerimientos o necesidades, que el hombre experimenta como necesidades intelectuales (de saber, comprender, abarcar la realidad, etc.) y necesidades afectivas.

Cuerpo, alma y espíritu

En ese sentido, podemos decir que en la dimensión del alma, o psico-afectiva, el hombre experimenta también una serie de necesidades que deben ser saciadas y que preceden en orden de dignidad a las necesidades físicas.

Ninguna de estas dos dimensiones agota la realidad del ser humano, sino que descubrimos algo más profundo e íntimo. Dicha realidad es la espiritual, que permanece como referencia continua de mi vida. Ésta dimensión se expresa como huella de Dios en el ser humano, lo que se llama mismidad, que consiste en el núcleo mismo del hombre. En dicha dimensión se encuentra la conciencia y la libertad humana, así como la apertura al encuentro, la capacidad de relacionarse con Dios, y la apertura al sentido de la existencia.
Un gran problema en la actualidad es el reduccionismo; esto significa que al tratar de entendernos a nosotros mismos tendemos a tomar una parte de lo que vemos y convertirla en la explicación global. De manera que podemos decir que el hombre no es solamente sus sentimientos o emociones, como tampoco es solamente su cuerpo, o sus roles o personajes, o pensamientos.

El ser humano es unidad y la dimensión espiritual es la más importante, pero no anula a las demás áreas sino que debe haber una jerarquía, de manera que sea lo espiritual lo que dirija y nutra la realidad corporal y psicológica.

Quien pretenda la realización humana sólo saciando las necesidades físicas o buscando el equilibrio psicológico sin la vida espiritual, permanecerá frustrado, incluso en el ámbito físico y psicológico.

Hoy en día el hombre contemporáneo es invitado a plenificar su existencia como unidad: cuerpo, alma y espíritu. Se trata de vivir el señorío de sí mismo, trabajando porque sus tres dimensiones apunten armónicamente a la santidad en la vida cotidiana.

La diferencia

En el Nuevo Testamento la distinción entre cuerpo, alma y espíritu aparece solamente una sola vez. San Pablo dice en la primera carta a los Tesalonicenses: “Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (1Ts 5,23).

El Catecismo, a su vez, explica el pasaje:

A veces se acostumbra a distinguir entre alma y espíritu. Así san Pablo ruega para que nuestro “ser entero, el espíritu […], el alma y el cuerpo” sea conservado sin mancha hasta la venida del Señor (1 Ts 5,23). La Iglesia enseña que esta distinción no introduce una dualidad en el alma. “Espíritu” significa que el hombre está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural, y que su alma es capaz de ser sobreelevada gratuitamente a la comunión con Dios. (367)

Actualmente existe una tendencia de los teólogos que dice que el ser humano no posee alma, pues sería una visión dualista, platónica y que no correspondería al pensamiento bíblico, judío. Nada más equivocado que eso.

En el Antiguo Testamento, durante mucho tiempo no se habló de la “resurrección de la carne”. Al contrario, se creía que la persona vivía en el sheol, eran “proverbios”, cuya existencia era sombría, hasta incluso umbrosa.

A pocos, Dios les fue revelando que aquellas “sombras” en realidad continuaban teniendo personalidad y que los buenos eran bendecidos y los malos castigados.

La idea de que al final de su vida la persona era recompensada –aunque aún no se hablara de resurrección– era muy clara en el Antiguo Testamento como un segundo paso, ya en la época de los profetas.

El tercer paso comienza a surgir. Tras la muerte, al final de los tiempos, el cuerpo y el alma se unirán y habrá la resurrección de los muertos. Poco después viene el Nuevo Testamento.

Nuestro Señor Jesucristo dice al Buen Ladrón en la Cruz: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,43). Ahora, el “hoy” del que habla sólo puede referirse al alma del Buen Ladrón, pues el cuerpo, evidentemente, será sepultado, así como el cuerpo de Jesús también lo fue.

En el Nuevo Testamento cuando una persona muere existe un castigo eterno o una recompensa eterna y al final de los tiempos existirá también la resurrección de los muertos. Es una clara distinción entre el cuerpo y el alma.

El catecismo enseña que el cuerpo y el alma son una sola naturaleza humana, no son dos naturalezas que se unen, sino una sola realidad y, con la ruptura de esa realidad única llamada muerte, algo terrible sucede, algo que no estaba en el plan de Dios. Incluso así, el hombre es cuerpo y alma, material y espiritual respectivamente.

¿Por qué, entonces, san Pablo habla de “cuerpo, alma y espíritu”? Al recordar que la Iglesia enseña con toda claridad que no son dos almas, sino cuerpo y alma, existe, sin embargo, una única alma humana, el lugar donde habita Dios. Se trata del “espíritu”, es decir, una realidad sobrenatural que existe en los hombres.

Así, aquellos que son hijos de Dios bautizados –cuerpo y alma– por el hecho de ser templos de Dios, poseen un “lugar” donde Dios habita. Es posible decir también que el lugar donde Dios habita en cuanto Espíritu Santo es lo que se llama “espíritu”.

El alma como un todo es responsable de diversas cosas: inteligencia, voluntad, fantasías, etc., pero ni siquiera es ahí es el lugar donde Dios habita. Este es el lugar más profundo del hombre, donde él es él mismo de tal forma que no es más él sino Dios. “Interior intimo meo”, como definió san Agustín.

El ser humano no fue abandonado a sí mismo, naturaleza pura. Dentro de su naturaleza existe otra naturaleza, la sobrenatural, la presencia de Dios. La naturaleza agraciada por Dios (en los paganos es la gracia de Dios).

Pero los bautizados poseen una consistencia aún mayor, pues pueden y deben reconocer que son hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.