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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Comunicado de Prensa de la CEM ante iniciativa de Ley de EPN para aprobar uniones de personas del mismo género

COMUNICADO DE PRENSA

Los Obispos de México valoramos todas las propuestas y acciones que promuevan el reconocimiento y protección de los derechos de todos y el deber que cada persona tiene de respetar la dignidad de los demás.

Frente a los anuncios dados a conocer por el Ejecutivo Federal el día 17 de mayo de 2016, en los que manifiesta su compromiso con la construcción de un México que reconoce en la diversidad, una de sus mayores fortalezas, reconocemos que es prioritario evitar toda discriminación.

Es importante reafirmar, de acuerdo a la Declaración del Consejo de Presidencia de la CEM, del 18 de junio del 2015, y en plena sintonía con las palabras del Papa Francisco expresadas en la última Exhortación Apostólica, “La alegría del Amor”, y en concordancia con la enseñanza de la Iglesia Católica recogida en diversos documentos magisteriales, la enseñanza sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. También consideramos que ante las iniciativas dadas a conocer y que dan comienzo a todo un proceso legislativo y democrático, es necesario estudiar a fondo todas las consecuencias que conllevan.
Estamos seguros que en la pluralidad que caracteriza nuestra Nación, todas las voces deberán ser escuchadas con seriedad y espíritu de diálogo constructivo, en pleno respeto a las instituciones.

Reiteramos que toda persona, independientemente de su orientación sexual, ha de ser respetada en su dignidad, y tratada con compasión y delicadeza, procurando evitar «todo signo de discriminación injusta, y particularmente cualquier forma de agresión y violencia. (Amoris Letitia 250; Cat. Ig. C. 2358).

La Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona… Y hace suyo el comportamiento del Hijo de Dios que sale a encontrar a todos, sin excluir ninguno. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre. (Misericodia Vultus 12).

Por lo que se refiere a las familias, se debe tratar de asegurar un respetuoso acompañamiento, con el fin de que aquellos que manifiestan una orientación sexual distinta puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida. (AL 250)

En una sociedad en la que ya no se advierte con claridad que sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad, reconocemos la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no pueden equipararse sin más al matrimonio. Ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad. (AL 52).

Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada.( AL 56).

México ha seguido desde el año 2009 un camino jurisprudencial y también legislativo en el que atendiendo criterios jurídicos de instancias internacionales ha reconocido como discriminatoria cualquier ley que impida a las parejas de personas del mismo sexo acceder al matrimonio civil. Frente a ello, debe afirmarse que «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (AL 251).

Aprovechamos la oportunidad para recordar nuestra voluntad de servir en la construcción una sociedad mejor en la que nadie se sienta discriminado y solo.

† José Francisco Cardenal Robles Ortega

Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la CEM

† Alfonso G. Miranda Guardiola

Obispo Auxiliar de Monterrey y Secretario General de la CEM

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Encíclica “Laudato Si”, en espacio de diálogo y pluralidad

Pbro. Eduardo Corral Merino

por el Pbro. Eduardo Corral Merino
Srio. Ejecutivo de la Dimensión de Educación y Cultura
 
El pasado día 26 de agosto, en el Centro Universitario Cultural (CUC), ubicado en las inmediaciones de la UNAM, en la Ciudad de México, con un público de más de 1,100 personas que abarrotó el Auditorio Fray Angélico, el Ágora y la sala A22, se llevó a cabo la presentación y diálogo de la Encíclica Laudato Si’, evento organizado conjuntamente por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, la Confederación de la Unión Social de Empresarios de México, el mismo CUC, así como las Dimensiones de Educación y Cultura del Episcopado Mexicano.

La presentación propia de la Encíclica inició con unas palabras del Señor Obispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe, Responsable de la Dimensión de Pastoral Laboral, Medio Ambiente y Economía Solidaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Obispo Auxiliar de Monterrey, así como Administrador Apostólico de Nuevo Laredo, quien mostró su alegría por contar con un mensaje tan fresco, profundo y realista del Santo Padre Francisco que será sin duda un servicio de iluminación y de esperanza para toda la humanidad. Recordó que nuestro grande reto es saber habitar, cuidar y aprovechar de manera adecuada la creación que se nos ha dado como un gran don. Enfatizó que tenemos en este momento un reto, pues hemos recibido mucha información sobre el estado de nuestra casa común, pero es tiempo de pasar a una etapa de formación, para ofrecer soluciones concretas que permitan relaciones equilibradas entre el ser humano y las demás criaturas de la naturaleza.

Posteriormente, El Cardenal Rodríguez Maradiaga, en un mensaje en video enviado exprofeso para esta ocasión, y dada su imposibilidad de realizar el viaje por motivos de salud, inició enfatizando que el Papa Francisco con esta Encíclica pretende llegar a las raíces más hondas de la problemática ambiental. No es, afirmó, una encíclica contra la tecnología, como han dicho algunos, porque “nadie pretende volver a la época de las cavernas”, citando el numeral 114. Pero sí cuestiona el tremendo poder ligado al paradigma tecnológico-económico actual, que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad. Además, el Papa exige reconsiderar nuestro modo de entender el progreso. Manifestó que cuando el mundo ha hablado de economía o de desarrollo sostenible, la Iglesia ha señalado que es incompleto, pues debemos optar por “un desarrollo humano sostenible”. Indicó que el texto es muy equilibrado, hasta el punto de que cualquier comentario corre el riesgo de desequilibrar la balanza. Por una parte, se declara que no pretende definir cuestiones científicas y respeta la libertad académica de quienes tienen que discutir asuntos, como por ejemplo, la modificación genética a semillas o las técnicas de extracción de petróleo.

También, el Arzobispo de Tegucigalpa y Coordinador del Grupo de Nueve Cardenales para la Reforma de la Curia, explicó, retomando el contenido de la Encíclica, con respecto a las cuestiones sociales, que tenemos un gran problema, pues en la discusión y análisis de estos asuntos complejos, citó, “a veces no se pone sobre la mesa la totalidad de la información, pues ésta se selecciona de acuerdo con los propios intereses, sean políticos, económicos o ideológicos”. Por otro lado, señaló que hay un fuerte desafío para incluir en el desarrollo a tantos pobres que reaparecen permanentemente. Pidió, el que fuera encargado de la Caritas Internacional, que debemos sustituir “la dádiva por la creación de puestos de trabajo”.

Por su parte, y después de la presentación del Señor Cardenal, el Dr. José Sarukhán Kermez, realizó, en su calidad de científico, un comentario general de la Encíclica. En primer término, mostró su admiración por un documento como Laudato Si’, tanto por su contenido como por la integración de una mirada tan amplia sobre el tema. Desarrolló algunos datos que nos muestran la gravedad de la situación ambiental, específicamente en lo que se refiere a cambio climático y pérdida de biodiversidad. Puntualizó algunos desafíos en el tratamiento de la crisis ambiental, entre otros la incapacidad de respuesta internacional, y el manejo poco neutro de la información por los medios de comunicación. Enfatizó el hecho de que estamos generando daños que afectarán irreversiblemente y durante muchos años a nuestro planeta. Afirmó que la agricultura, así como nuestros modos de producción y consumo, deben modificarse. Finalmente, llamó al auditorio a definir bases filosóficas de una ética, que pueda traducirse en un discurso convincente y aceptable para la mayoría de la gente. Advirtió que no contamos más que con unas pocas décadas para lograrlo sin una severa disrupción social, económica y ambiental. Finalmente, en un diálogo abierto con el mundo de la fe, mostró algunos interrogantes entre la Teoría de la Evolución y la interpretación teológica de la creación católica.

Después de dicha presentación y comentario general de la Encíclica, se abrió un panel de diálogo para recoger algunas líneas específicas sobre el tema. El primer experto en participar fue la Dra. María Luisa Aspe, Investigadora de la Universidad Ibeoramericana-Santa Fe, miembro del Consejo Directivo de IMDOSOC, quien abordó líneas sociales e históricas de Laudato Si´. Inició su intervención señalando que en la Encíclica hay un doble objetivo: convocar a propios y extraños a empeñarse en una tarea compartida sobre el cuidado de la casa común y detonar cambios de fondo en la manera en que los creyentes, hijos de la Iglesia, vivimos nuestra fe. Afirmó, que la cuestión ecológica es un asunto universal, que la Encíclica se inserta a manera de síntesis en la Doctrina Social de la Iglesia y en continuidad con encíclicas sociales anteriores. Sigue el método ver, juzgar y actuar y hace memoria de las enseñanzas de la Iglesia sobre el cuidado de la naturaleza desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI. Añadió que el documento hace referencia explícita al trabajo, a la opción preferencial por los pobres, al destino universal de los bienes, a la defensa de la vida y a la ecología integral.

Desarrolló en claras pinceladas, las aportaciones de San Juan Pablo II, así como del Papa Emérito Benedicto XVI, a quien incluso le llamaron “el primer Papa verde”, en razón de su Encíclica Caritas in Veritate. Mencionó conceptos como: “cuestión ecológica”, “error antropológico”, “ecología de la naturaleza”, “ecología humana” y “ecología social”. Recordó que el Papa alemán nos “advirtió de la urgencia de una solidaridad renovada que conduzca a la redistribución planetaria de los recursos energéticos, de manera que también los países que no los tienen puedan acceder a ellos”. También, que él mismo nos advirtió que: “La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación y la debe hacer valer en público. Y, al hacerlo, no sólo debe defender la tierra, el agua y el aire como dones de la creación que pertenecen a todos. Debe proteger sobre todo al hombre contra la destrucción de sí mismo”, citando a Caritas in Veritate, No. 51.

La Dra. Aspe, además, nos compartió cómo el Papa Francisco, desde el inicio de su pontificado ha insistido en el concepto de “custodia” de la tierra. Por otro lado advirtió sobre los aspectos revolucionarios de Laudato Si´: “la íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (No. 16).

Posteriormente, el Padre Eduardo Corral, Maestro en Administración Integral del Ambiente, extrajo algunas líneas pastorales, es decir referentes y parámetros de comprensión, orientación y acción propuestas en Laudato Si´. Inició puntualizando que el Papa Francisco hace mucho énfasis, más que en acciones concretas, en algunos modos y formas, sentido y motivación de lo que debe ser nuestro servicio en esta materia compleja. Pareciera, dijo, que el Sumo Pontífice “no sólo nos señala que necesitamos construir nuevos caminos, sino también una nueva forma de recorrerlos”. Por otro lado, al igual que la Doctora Aspe, mencionó que el mejor instrumento de interpretación y sustento de esta Encíclica, es la Exhortación Apostólica del mismo Papa Francisco, Evangelii Gaudium. Insistió en que fiel a su mismo pensamiento, el documento más que enredarse en el mundo de las ideas, proporciona una lectura clara sobre la realidad que vivimos. Puntualizó que efectivamente el Papa aborda principalmente un acercamiento religioso, pero también reflexiona ampliamente en la naturaleza como un signo de la trascendencia del ser humano y de la presencia del Creador del universo. Es por ello, que “el documento nos incorpora a todos, nos impacta a todos, nos llama a todos, exigiéndonos una actitud ética y un compromiso radical de respeto”. El Papa, dijo, ofrece una respuesta más a la pregunta de quién es el ser humano, qué es ser persona, abordando lo que hoy se ha llamado “una emergencia antropológica”.  Afirmó que resolver este tipo de preguntas es una primera urgencia, en tanto que el ser humano es quien tiene la responsabilidad de cuidar, custodiar, aprovechar correctamente la creación. Señaló, que la obra de la creación es para el hombre, sí;  mas éste también debe ser su custodio, su guardián y sabio interlocutor. Mencionó que la Encíclica debe ser leída bajo la aportación de claves éticas, morales, epistemológicas y sociales frente a los desafíos que nos señala el cuidado de nuestra casa común.

Con relación al título, “Alabado seas”, dijo que es ya una primera línea de acción o tarea para todos pues implica reconocer, hacerle espacio a Alguien para salir de “la conciencia aislada” (como diría textualmente en Evangelii Gaudium, No. 2), vivir en relación, en el encuentro con un todo; con el Otro, los otros seres humanos y lo otro, es decir las demás criaturas de la creación. Afirmó que es muy importante testimoniar la conciencia y la experiencia de ser seres humanos sensatos, limitados, necesitados, imperfectos. Sólo así, reconociéndonos en el Creador podremos afirmarnos “depositarios de la creación”, a ser corresponsables de ella. Por otro lado, “Sobre el cuidado de la casa común”, el subtítulo de la Encíclica, nos orienta ya al deber de custodiar el entorno natural, sí, pero el término “casa”, puntualizó, no sólo hace referencia a la estructura física, sino a quien la habita, al ser humano. Es por ello que el Papa manifiesta que ésta es, una Encíclica Social. Es la persona, individual y comunitariamente, quien está llamado a reconducir sus relaciones con la naturaleza con la que interactúa necesariamente.

El Papa Francisco, comentó, nos pide redireccionar nuestro estilo de vida. Lo anterior no es una tarea fácil que sólo requiera voluntad, cambio conductual, valores, recursos, normas, programas, gestiones. El más grande desafío que tenemos es clarificar cuál es nuestro fin y sentido. La crisis, puntualizó, en el significado positivo del término, es decir de búsqueda de identidad, nos señala precisamente esto. Todo requiere un más extenso y claro sentido: la economía, la democracia, la educación, la familia, la Iglesia, etc.  Pero, manifestó que la comprensión no sólo es una cuestión meramente racional. Es antes que nada un asunto existencial, experiencial, implica tomar postura, posicionarse como sujetos conscientes, partícipes de un todo. Esta toma de conciencia, este implicarse en la realidad histórica, nos permite alcanzar una mirada sistémica, holística, compleja, programática, generosa, corresponsable, realista de nuestra casa común y de todo lo que sucede en ella. Por otro lado, afirmó que la relación, el encuentro, según el Papa Francisco, se da a través del diálogo. Éste, es la herramienta para construir esperanza, futuro, sentido.

Posteriormente, afirmó que el Papa nos llama a romper y levantar con ciertos paradigmas, entre los primeros, se refirió al tecnocrático, que vincula perversos presupuestos económicos y de control sobre la realidad que promueven una cultura del descarte, del derroche y del consumo. La cultura ecológica implica, según el Papa: “una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (No. 111), lo anterior para darle paso a un nuevo ser humano, que en lugar de dominar, consumir la creación, sea su “administrador responsable” (No. 116).

Finalmente, el Padre Eduardo Corral señaló diez tareas que todos podemos hacer de manera personal, para modificar nuestro comportamiento, según la propia Encíclica: Alimentar la conciencia de un origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido (Cfr. No. 202); mirarnos con honestidad, sacar a la luz el propio hastío e iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad, superando miedos, egoísmos, autorreferencialidad, consumismo, dominio arrogante y voracidad (Cfr. No. 204); considerar el impacto ambiental y social que provoca cada acción y cada decisión personal (No 208), “recuperando los distintos niveles de equilibrio ecológico: el interno con uno mismo, el solidario con los demás, el natural con todos los seres vivos, el espiritual con Dios” (No. 210); reconocer nuestra alta dignidad de ser seres humanos, conscientes y desde ahí modificar los estilos de vida para implantar nuevos hábitos, reconociendo que “la familia es el lugar de la formación integral, donde se desenvuelven los distintos aspectos, íntimamente relacionados entre sí, de la maduración personal” (No. 213); trabajar la sobriedad, la sencillez, la capacidad de recuperar la serena armonía, la contemplación, y así reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar lo creado y al Creador, “cuya presencia no debe ser fabricada sino descubierta, develada” (No. 225, cita de Evangelii Gaudium, No. 71); superar la ansiedad enfermiza que nos vuelve superficiales, agresivos, que nos impide ver el rostro del otro y de lo otro sin esperar nada, sin pensar en lo que viene después, para así estar plenamente presentes en un ánimo de gratitud y de verdadero diálogo (Cfr. No. 226); practicar “el amor social”, clave de un auténtico desarrollo, como norma constante y suprema de la acción, tanto en pequeños gestos como en grandes estrategias sociales, políticas y/o económicas que detengan eficazmente la degradación del ambiente y alienten una cultura del cuidado, de la cohesión social, alejando toda indiferencia (Cfr. No. 231 y 232); descubrir y trabajar la dimensión receptiva y gratuita de la vida, pues sólo así se es capaz de salir de un activismo vacío y de entrar en una dimensión comunitaria, reconociendo que todo está conectado (Cfr. 240), despertando al mismo tiempo nuestra generosidad, nuestra vitalidad y nuestro ser conscientes de la corresponsabilidad de la vida; salir del relativismo práctico, que construye una cultura del descarte y del derroche, del abuso y la corrupción, en la cual el ser humano se coloca a sí mismo en el centro, dando prioridad absoluta a sus conveniencias circunstanciales, dejando todo lo demás como relativo, irrelevante en tanto no sirve a los propios intereses inmediatos. Finalmente, como última tarea, señaló que es muy importante recuperar el sentido del trabajo. Nuestra mayor riqueza es el capital social, el capital humano. Ni la tecnología, ni el capital, ni las fuerzas ciegas del mercado, pueden ser criterios suficientes para desplazar el continuo esfuerzo del ser humano por entender cómo participa de este proyecto común. El trabajo es la oportunidad y la ocasión, para que el hombre responda, participe del camino de la humanidad.

Por su parte, el Dr. Raúl Hernández Garciadiego, realizó una lectura de la Encíclica, desde su especialidad, el desarrollo sostenible regional. Mencionó que la aportación del Papa Francisco contiene un conjunto de líneas y orientaciones de acción que son una propuesta de diálogo con toda la humanidad, para salir de una espiral de autodestrucción. Explicó que el Papa hace un llamado en el Documento para promover el diálogo como la herramienta principal para encontrar soluciones internacionales, nacionales y locales; entre la economía y la política, entre las religiones y las ciencias, así como en todos sus caminos decisionales. Comentó algunos sucesos que han marcado nuestra manera de autopercepción, como viajeros de una misma casa común; por otro lado, señaló cómo el Papa, al analizar nuestra problemática, nos invita a reconocer que nuestra inteligencia para el desarrollo tecnológico, está siendo insuficiente para gestionar las dificultades ambientales y sociales de la humanidad. También hizo un recorrido breve para entender el Desarrollo Sostenible, afirmando que la Comisión Brundtland, en 1987, en el Reporte Nuestro Futuro Común, integró por primera vez factores económicos, sociales, culturales y ecológicos, “para promover un nuevo sendero de progreso, que permita satisfacer las necesidades y aspiraciones del presente sin comprometer las de  generaciones futuras”.

También señaló cómo el Papa Francisco “está de acuerdo con un nuevo régimen de gobernanza para toda la gama de los bienes comunes globales”. Hizo mención del gran recorrido del movimiento ecológico mundial, enriquecido por la sociedad civil, en donde por supuesto también se encuentra la Iglesia con su Pensamiento Social. Refirió, igual que la Dra. Aspe, así como el Cardenal Rodríguez Maradiaga, la opinión del Papa sobre la ineficiencia de las cumbres internacionales para aportar soluciones a un nuevo desarrollo, exceptuando la Cumbre de la Tierra de 1992, que fue “profética”, y que en su primer principio reconoce que los seres humanos constituyen el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible”. A partir de este concepto, se establece el Convenio sobre Diversidad Biológica, la necesidad de estabilizar los gases de efecto invernadero, se exige la evaluación del impacto ambiental y la obligación de reparar los daños al ecosistema, entre otros, sin embargo no dejó de apuntar que lo anterior no ha sido acompañado con instrumentos que permitan su instrumentación, aplicación y exigencia, por culpa de aquellos “que privilegian intereses nacionales sobre el bien común global”, según el mismo Papa. Apuntó que la dimensión económica/financiera del paradigma tecno-económico,  predomina sobre la política ambiental, y esta misma lógica también impide el objetivo de erradicar el hambre. El Papa, pues, señala y centra su mirada no sólo en las problemáticas del ecosistema, sino también las sociales, aclarando que hay responsabilidades diferenciadas, distinguiendo los distintos niveles de actuación.

Muy importante es el hecho de reconocer, dijo el Dr. Hernández Garciadiego, que según el Papa son las instancias locales y regionales, las que están cercanas a la gente, las que pueden hacer una gran diferencia gracias al sentido de corresponsabilidad, a la posibilidad de despertar la creatividad en la comunidad, al entrañable amor a la tierra y al pueblo, a la organización concreta de los pequeños productores estableciendo otros modos de producir, comercializar y consumir, preservando los ecosistemas locales, asegurando el agua potable, que es un derecho fundamental que condiciona el ejercicio de otros. Finalmente recordó que esta Encíclica lo llevó a revivir los tiempos del Papa Pablo VI, con su importante encíclica Populorum Progressio. Haciendo un símil con los adelantos que pueden palparse a la fecha, sobre esta última Encíclica, señaló que puede afirmarse que Laudato Si’ nos llevará también a seguir esta conversión ecológica-cultural.

El Dr. Mauricio Limón Aguirre, especialista en Derecho Ambiental y miembro del Consejo Directivo de IMDOSOC, participó como moderador de este Panel. Por su parte, el Lic. Román Uribe Michel, Presidente del Consejo de IMDOSOC estuvo a cargo del discurso de bienvenida, y el Ing. Lázaro Tamez Guerra, Presidente del Consejo de USEM, concluyó con un mensaje. Después de tres horas y media, se dio por terminado el evento, mismo que fue seguido por transmisión en vivo, a través de internet en distintos espacios académicos, sociales, empresariales y culturales.

Finalmente cabe destacar que entre el público se encontraban algunos legisladores, funcionarios públicos, exfuncionarios, empresarios, estudiantes, maestros, obispos, sacerdotes, religiosos, y laicos en general.

¡¡BASTA YA!!: Mensaje de los Obispos de México

Sede CEM Cuautitlán Izcalli, Edo Mex.
12 de Noviembre de 2014

Los Obispos de México decimos: ¡Basta ya! No queremos más sangre. No queremos más muertes. No queremos más desparecidos. No queremos más dolor ni más vergüenza. Compartimos como mexicanos la pena y el sufrimiento de las familias cuyos hijos están muertos o están desaparecidos en Iguala, en Tlatlaya y que se suman a los miles de víctimas anónimas en diversas regiones de nuestros país. Nos unimos al clamor generalizado por un México en el que la verdad y la justicia provoquen una profunda transformación del orden institucional, judicial y político, que asegure que jamás hechos como estos vuelvan a repetirse.

 Reunidos para reflexionar sobre los desafíos actuales, vemos en esta crisis un llamado para construir un país que valore la vida, dignidad y derechos de cada persona, haciéndonos capaces de encontrarnos como hermanos.

 En el año 2010, en la exhortación pastoral “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna” advertíamos sobre el efecto destructor de la violencia, que daña las relaciones humanas, genera desconfianza, lastima a las personas, las envenena con el resentimiento, el miedo, la angustia y el deseo de venganza; afecta la economía, la calidad de nuestra democracia y altera la paz.

 Con tristeza reconocemos que la situación del país ha empeorado, desatando una verdadera crisis nacional. Muchas personas viven sometidas por el miedo, la desconfianza al encontrarse indefensas ante la amenaza de grupos criminales y, en algunos casos, la lamentable corrupción de las autoridades. Queda al descubierto una situación dolorosa que nos preocupa y que tiene que ser atendida por todos los mexicanos, cada uno desde su propio lugar y en su propia comunidad.

 En nuestra visión de fe, estos hechos hacen evidente que nos hemos alejado de Dios; lo vemos en el olvido de la verdad, el desprecio de la dignidad humana, la miseria y la inequidad crecientes, la pérdida del sentido de la vida, de la credibilidad y confianza necesarias para establecer relaciones sociales estables y duraderas.

 En medio de esta crisis vemos con esperanza el despertar de la sociedad civil que, como nunca antes en los últimos años, se ha manifestado contra la corrupción, la impunidad y la complicidad de algunas autoridades. Creemos que es necesario pasar de las protestas a las propuestas. Que nadie esté como buitre esperando los despojos del país para quedar satisfecho. La vía pacífica, que privilegia el diálogo y los acuerdos transparentes, sin intereses ocultos, es la que asegura la participación de todos para edificar un país para todos.

 Estamos en un momento crítico. Nos jugamos una autentica democracia que garantice el fortalecimiento de las instituciones, el respeto de las leyes, y la educación, el trabajo y la seguridad de las nuevas generaciones, a las que no debemos negarles un futuro digno. Todos somos parte de la solución que reclama en nosotros mentalidad y corazón nuevos, para ser capaces de auténticas relaciones fraternas, de amistad sincera, de convivencia armónica, de participación solidaria.

 Nos vemos urgidos junto con los actores y responsables de la vida nacional a colaborar para superar las causas de esta crisis. Se necesita un orden institucional, leyes y administración de justicia que generen confianza. Es indispensable la participación de la ciudadanía para el bien común. Sin el acompañamiento y la vigilancia por parte de la sociedad civil, el poder se queda en manos de pocos.

 Ante la situación que enfrentamos, los Obispos de México queremos unirnos a todos los habitantes de nuestra nación, en particular a aquellos que más sufren las consecuencias de la violencia, acompañándoles, en su dolor, a encontrar consuelo y a recuperar la esperanza.

 Jesucristo es nuestra paz. Él está presente en su Palabra, en la Eucaristía, en donde dos o más se reúnen en su nombre, en todo gesto de amor misericordioso y en el compromiso por construir la paz en la verdad y la justicia.

 Con esta certeza, redoblaremos nuestro compromiso de formar, animar y motivar a nuestras comunidades diocesanas para acompañar espiritual y solidariamente a las víctimas de la violencia en todo el país. A colaborar con los procesos de reconciliación y búsqueda de paz. A respaldar los esfuerzos de la sociedad y sus instituciones a favor de un auténtico Estado de Derecho en México. A seguir comunicando el Evangelio a las familias y acompañar a sus miembros para que se alejen de la violencia y sean escuelas de reconciliación y justicia.

 Agradecemos al Papa Francisco su cercanía y preocupación en estas circunstancias. Unidos a él, celebraremos el próximo 12 de diciembre la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, haciendo una jornada de oración por la paz. Le pediremos su intercesión por la conversión de todos los mexicanos, particularmente la de quienes provocan sufrimiento y muerte.

 Que Santa María de Guadalupe, Madre del verdadero Dios por quien se vive, que reclama a sus hijos desaparecidos y ruega por la paz en México, interceda por nosotros para que una oleada de amor nos haga capaces reconstruir la sociedad dañada.

 Por los obispos de México

+ José Francisco Cardenal Robles Ortega

+ Eugenio Lira Rugarcía

Arzobispo de Guadalajara y

Presidente de la CEM

Obispo Auxiliar de Puebla y

Secretario General de la CEM

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