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Mujeres y la “Nueva Era”

No es lo mismo creer en  Dios, que creerle a Dios. Es un error pensar que la Iglesia se cierra a otras opciones.

La Iglesia custodia la Verdad revelada por Cristo y su misión es transmitirla íntegra.
Si estudiamos nuestra fe, encontraremos elementos que los elementos que presenta la Nueva era o New Age son incompatibles con la Iglesia y nosotros, en pleno uso de nuestra libertad, elegiremos aquello que agrada a nuestro Creador.
El llamado movimiento de la Nueva Era insiste en el “conocimiento cósmico” de un “bien universal” y no puede ser considerado como algo positivo o inocuo. En un ambiente cultural de relativismo religioso, es necesario alertar contra los intentos de situar la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que la fe cristiana.

El dios de la Nueva Era es una energía impersonal. La divinidad se encuentra en cada ser, en una gradación que va “desde el cristal inferior del mundo mineral hasta más allá del mismo dios galáctico que no es un hombre, sino una Gran Conciencia”.

En algunos escritos “clásicos” de la Nueva Era, está claro que los seres humanos deben considerarse a sí mismos como dioses.

Esto es muy diferente de la concepción cristiana de Dios, Creador del cielo y de la tierra y fuente de toda vida personal, a la que comunica su propia vida divina haciéndonos hijos adoptivos.
En la literatura de la Nueva Era, Cristo es presentado con frecuencia como un sabio, un iniciado o un avatar entre muchos, mientras que en la tradición cristiana es el Hijo de Dios, es la segunda persona de la Santísima Trinidad, es Dios y hombre verdadero.

¡Nos salvamos a nosotros mismos por nuestras propias acciones, o nos salva el amor de Dios? La Nueva era habla de realización de uno mismo, plenitud del yo y auto-redención. Para los cristianos, la salvación depende de la participación en la pasión, muerte y resurrección de Cristo y de una relación personal directa con Dios; nuestro amor a Dios y al prójimo.
La verdad para la Nueva era tiene que ver con “buenas vibraciones”, correspondencias cósmicas, armonía y éxtasis, experiencias placenteras en general. Se trata de encontrar la propia verdad en función del bienestar.

En la doctrina cristiana, Jesucristo se presenta como “el Camino, La verdad y la Vida”. A sus seguidores se les pide que abran su vida entera a Cristo y a sus valores.
Son muchos los jóvenes católicos, que por la falta de una educación cristiana adecuada se dejan arrastrar por corrientes como el New Age, donde los temas del “karma”, “reencarnación”, “espiritismo”, “angelismo”, “cuarzos”, “Chakras” y demás mezcolanzas de creencias orientales, esoterismo les llevan a conclusiones erróneas de una presunta “cerrazón” de la Iglesia, cuando el problema es la incompatibilidad. No se puede ser cristiano católico y creyente de la Nueva Era. O estamos con Cristo totalmente o no estamos.

Es recomendable darnos a lectura más profunda sobre el tema. Es por ello que el Consejo Pontificio de la Cultura emitió un documento para reflexionar cristianamente sobre eso que llaman “New Age”.
Dicho documento se denomina “Jesucristo: portador del agua de vida” y que puede ser conseguido a través de internet o en cualquier librería católica en México.

Quien comprende que Dios se hizo hombre, admite el Señorío de Cristo en su corazón, ¡Sólo Dios basta! y puede orar como lo hicieron la gran pléyade de santos y santas de Dios así como lo hizo el beato mexicano Anacleto González Flores:
“Concédeme Señor, que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el cielo sea: ¡Viva Cristo Rey!”