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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Inició la Novena a la Divina Misericordia en la Diócesis de Celaya

Jesús Misericordioso.



Eugenio Amézquita Velasco

El Pbro. Benjamín Jiménez Cruz, asesor Diocesano del Movimiento de la Divina Misericordia, anunció aquí el comienzo del Novenario para la Fiesta de la Divina Misericordia que se celebrará el Segundo Domingo de Pascua, destacándose el 5 de abril un Retiro de Preparación de las 9:00 a las 16:00 horas, para todos los devotos, en Casa del Buen Pastor, Templo de la Piedad en la calle de Leandro Valle, de la ciudad de Celaya.

El sacerdote diocesano explicó que se está trabajando en varios decanatos de la Diócesis de Celaya esta programación, señalándose diversas actividades en diferentes parroquias, además de la difusión radiofónica y otras acciones relacionadas.

Decanato San Antonio de Padua

Parroquia Nuestra Señora del Carmen, en la colonia Valle Hermoso. Novenario del 30 de marzo al 7 de abril por las calles de la colonia, a las 17:00 horas. Santa Misa a las 19:00 horas. 8 de abril, a las 9:00 horas, Santa Misa y convivencia.

Parroquia Espíritu Santo, en la colonia FOVISSSTE, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, en las casas a las 17:00 horas. 8 de abril, Santa Misa y convivencia a las 9:00 horas.

Parroquia Sagrada Familia, en la colonia Emiliano Zapata. Novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en la parroquia. 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas y convivencia.

Parroquia San Felipe de Jesús, colonia Ampliación Benito Juárez, 8 de abril Santa Misa y convivencia a las 12:15 horas. A las 17:00 horas, Santa Misa en el templo del Divino Niño.

Decanato de Comonfort

En la Parroquia San Francisco de Asís, de Comonfort, se tendrá la fiesta del 8 de abril con una peregrinación del Templo Parroquial a la capilla de la Divina Misericordia en el Cerro de los Remedios a las 13:00 horas así como Santa Misa a las 14:30 horas y posteriormente la Coronilla de la Divina Misericordia.

En la Parroquia Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en la comunidad de Roque, fiesta ese 8 de abril, con procesión de las comunidades en la calle Miguel Hidalgo hacia el templo parroquial. Santa Misa alas 14:00 horas y a las 15:00 horas la Coronilla y convivencia en la colonia Paraíso.

En la Parroquia San Agustín, de Comonfort, novenario del 30 de marzo al 7 de abril con Misa Diaria a las 19:00 horas. El 8 de abril, a las 13:00 horas, Misa y convivencia y Misas a las 9:00 y 19:00 horas.

En la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Tenería del Santuario, novenario del 30 de marzo al 7 de abril y novena el lunes 2 al sábado 7 de abril en las casas de las familias de la comunidad. El 8 de abril, 13:00 horas, Santa Misa y Convivencia a las 13:00 horas.

En la Parroquia Santiago Apóstol, en Neutla, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

Decanato Dolores Hidalgo

Con el párroco Raúl Ruiz, novenario del 30 de marzo al 7 de abril; Hora Santa a las 19:00 horas del 2 al 7 de abril. El 8 de abril, a las 5:00 horas, Alabanzas a la Divina Misericordia y desayuno. Todas las Santas Misas del Domingo.

Decanato San Miguel de Allende

En el Oratorio de San Felipe Neri, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. Santa Misa a las 12:00 horas del 2 al 7 de abril. coronilla Cantada por el Coro Infantil San Felipe Neri a las 19:00 horas diariamente. Jueves 5 de abril, transmisión del prohgrama “La Hora de la Misericordia”. EL domingo 8 de abril, Misas a las 6:30, 8:30, 9:30, 11:30 y 12:30 horas. A las 17:00 horas, Procesión del Parque Benito Juárez al Templo del Oratorio; y a las 18:00 horas, Santa Misa a las 18:00 horas por el prepósito Don Lorenzo Saldaña Piña; a las 19:00 horas, Coronilla. Santa Misa a las 20:30 horas.

Decanato Santa Cruz de Juventino Rosas

El 8 de abril, en la Parroquia La Santa Cruz, en Juventino Rosas, a las 11:30 horas, procesión de la glorieta de la Virgen de Guadalupe, por Avenida Progreso y calle Corregidora al templo parroquial. A las 12:30 horas, Santa Misa Solemne. A las 13:30 horas, Convivencia. Ballet. A las 15:30 horas, Coronilla de la Divina Misericordia.

En la Parroquia San José de Cortazar, domingo 8 de abril, 12:00 horas, procesión por las principales calles, a la parroquia. A las 13:00 horas, Santa Misa Solemne. A las 13:30 horas, convivencia en el estacionamiento del templo. A las 15:30 horas, Coronilla Cantada.

En la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en Cañada de Caracheo, fiesta el 8 de abril con Misa Solemne a las 9:00 horas y a las 10:00 horas convivencia.

En la Parroquia Inmaculada Concepción, en Villagrán, novenario del 30 de marzo al 7 de abril a las 15:00 horas diariamente. El domingo 8 de abril, Mañanitas a las 7:00 horas, Santa Misa Solemne presidida por Mons. Juan José Pérez Parra a las 12:00 horas y a las 15:00 horas, la Coronilla y convivencia.

Decanato Apaseo el Grande

En la Parroquia San Juan Bautista, en Apaseo el Grande, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. Novena diariamente a las 17:00 horas. El 8 de abril, Misa a las 12:00 horas.

En la comunidad de La Labor, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. Fiesta, 7 de abril con Misa a las 19:00 horas.

En la comunidad de Rancho Nuevo, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, diariamente a las 15:00 horas en el templo. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

En la comunidad de San José de Viborillas, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 18:00 horas en el templo. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

En la comunidad de Jocoqui, novenario del 30 de marzo al 7 de abril en el templo diariamente a las 17:00 horas. El 8 de abril, Santa Misa a las 9:00 horas.

En la colonia Obrera, de Apaseo el Grande; novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 18:00 horas por las calles. Velación el 7 de abril. El 8 de abril, Santa Misa a las 11:00 horas.

En la comunidad de Rancho Nuevo, novenario del Viernes 30 al 7 de abril, a las 15:00 horas, en el Templo. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

Parroquia Sagrado Corazón de Jesús y San Andrés, de Apaseo el Alto. novenario del 30 de marzo al 7 de abil a las 15:00 horas, en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

Comunidades de La Cueva, Jiménez y Capilla de los Dolores, novenario el Viernes 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en el templo.

En la Parroquia Santa Cruz, de Santa Cruz de Gamboa, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, en las casas de las familias, a las 18:00 horas y procesión por las calles hasta la parroquia a las 12:00 horas. A las 13:00 horas, Santa Misa.

En la capilla de San Isidro, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas, en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 17:00 horas.

En la comunidad de Belén, novenario del viernes 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 8:00 horas.

En la Parroquia San Bartolomé. de San Bartolomé Aguas Calientes, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en la Parroquia. velación el 7 de abril. El 8 de abril, a las 11:00 horas, procesión por las calles hasta la parroquia. Santa Misa a las 12:00 horas y Alabanzas a las 13:00 horas.

En las comunidades de Espejo, Aguaje, Ojo de Agua, San Vicente, San Antonio, San Juan y San Isidro, novenario del 30 de marzo al 7 de abril a las 15:00 horas. El 8 de abril, Santa Misa en diversos horarios.

Parroquia San Pedro Apóstol, en San Pedro Tenango, novenario del 30 de marzo al 7 de abril a las 15:00 horas en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.
Comunidades de Amexhe y Coachití, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en el templo. 8 de abril, Santa Misa.

Parroquia San José, en San José Agua Azul, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en la parroquia. 8 de abril, Santa Misa.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: Este domingo 8 de abril, Fiesta de la Divina Misericordia: Cómo ganar la indulgencia plenaria



Redacción

“La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia” (Diario de Santa Faustina Kowalska, No. 300)

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).

Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.



La esencia de la devoción

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:

1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.

Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina”.

2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.

“Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad”.

3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.

“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia”.

4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.

“Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia
al día.

“Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas”.

Una propuesta de Santa Faustina Kowalska

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.

Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).

Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.

El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

Cómo ganar la Indulgencia Plenaria

En el segundo Domingo de Pascua, que este año se celebra el 8 de abril, se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina.

“O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, ‘Jesús misericordioso, confío en ti’)”, dice el texto del decreto.

Asimismo se concede indulgencia parcial “al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.

También los enfermos y las personas que los asisten, los navegantes, los afectados por la guerra, las vicisitudes políticas o la inclemencia de los lugares “y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria”.

Esto siempre y cuando, con total rechazo de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales recen “frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso”.

Asimismo, si ni siquiera se pudiera hacer lo antes descrito, podrán obtener la indulgencia plenaria “los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria”.

Jesucristo también prometió a Santa Faustina que cuando se rece la Coronilla de la Divina Misericordia junto a los moribundos se pondrá “entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.

Decreto Se enriquecen con indulgencias actos de culto realizados en honor de la Misericordia divina.

“Tu misericordia, oh Dios, no tiene límites, y es infinito el tesoro de tu bondad…” (Oración después del himno “Te Deum”) y “Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia…” (Oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario), canta humilde y fielmente la santa Madre Iglesia. En efecto, la inmensa condescendencia de Dios, tanto hacia el género humano en su conjunto como hacia cada una de las personas, resplandece de modo especial cuando el mismo Dios todopoderoso perdona los pecados y los defectos morales, y readmite paternalmente a los culpables a su amistad, que merecidamente habían perdido.

Así, los fieles son impulsados a conmemorar con íntimo afecto del alma los misterios del perdón divino y a celebrarlos con fervor, y comprenden claramente la suma conveniencia, más aún, el deber que el pueblo de Dios tiene de alabar, con formas particulares de oración, la Misericordia divina, obteniendo al mismo tiempo, después de realizar con espíritu de gratitud las obras exigidas y de cumplir las debidas condiciones, los beneficios espirituales derivados del tesoro de la Iglesia. “El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo” (Dives in misericordia, 7).

La Misericordia divina realmente sabe perdonar incluso los pecados más graves, pero al hacerlo impulsa a los fieles a sentir un dolor sobrenatural, no meramente psicológico, de sus propios pecados, de forma que, siempre con la ayuda de la gracia divina, hagan un firme propósito de no volver a pecar. Esas disposiciones del alma consiguen efectivamente el perdón de los pecados mortales cuando el fiel recibe con fruto el sacramento de la penitencia o se arrepiente de los mismos mediante un acto de caridad perfecta y de dolor perfecto, con el propósito de acudir cuanto antes al mismo sacramento de la penitencia. En efecto, nuestro Señor Jesucristo, en la parábola del hijo pródigo, nos enseña que el pecador debe confesar su miseria ante Dios, diciendo:  “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo” (Lc 15, 18-19), percibiendo que ello es obra de Dios:  “Estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado” (Lc 15, 32).

Por eso, con próvida solicitud pastoral, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, para imprimir en el alma de los fieles estos preceptos y enseñanzas de la fe cristiana, impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua se dedique a recordar con especial devoción estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo la denominación de “Domingo de la Misericordia divina” (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000).

El evangelio del segundo domingo de Pascua narra las maravillas realizadas por nuestro Señor Jesucristo el día mismo de la Resurrección en la primera aparición pública:  “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:  “La paz con vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez:  “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:  “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”” (Jn 20, 19-23).

Para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria, como se indicará más abajo, para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos.

De esta forma, los fieles vivirán con más perfección el espíritu del Evangelio, acogiendo en sí la renovación ilustrada e introducida por el concilio ecuménico Vaticano II:  “Los cristianos, recordando la palabra del Señor “En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros” (Jn 13, 35), nada pueden desear más ardientemente que servir cada vez más generosa y eficazmente a los hombres del mundo actual. (…) Quiere el Padre que en todos los hombres reconozcamos y amemos eficazmente a Cristo, nuestro hermano, tanto de palabra como de obra” (Gaudium et spes, 93).

Por eso, el Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo de fomentar al máximo en el pueblo cristiano estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia divina, por los abundantísimos frutos espirituales que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos responsables de la Penitenciaría apostólica, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes:

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”).

Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.

Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares y otras causas parecidas han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”).

Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria.

Los sacerdotes que desempeñan el ministerio pastoral, sobre todo los párrocos, informen oportunamente a sus fieles acerca de esta saludable disposición de la Iglesia, préstense con espíritu pronto y generoso a escuchar sus confesiones, y en el domingo de la Misericordia divina, después de la celebración de la santa misa o de las vísperas, o durante un acto de piedad en honor de la Misericordia divina, dirijan, con la dignidad propia del rito, el rezo de las oraciones antes indicadas; por último, dado que son “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7), al impartir la catequesis impulsen a los fieles a hacer con la mayor frecuencia posible obras de caridad o de misericordia, siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesucristo, como se indica en la segunda concesión general del “Enchiridion Indulgentiarum”.

Este decreto tiene vigor perpetuo. No obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles.

Luigi DE MAGISTRIS
Arzobispo titular de Nova
Pro-penitenciario mayor
Gianfranco GIROTTI, o.f.m. conv.
Regente

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Redacción

“La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia” (Diario de Santa Faustina Kowalska, No. 300)

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).

Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.



La esencia de la devoción

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:

1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.

Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina”.

2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.

“Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad”.

3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.

“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia”.

4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.

“Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia
al día.

“Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas”.

Una propuesta de Santa Faustina Kowalska

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.

Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).

Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.

El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

Cómo ganar la Indulgencia Plenaria

En el segundo Domingo de Pascua, que este año se celebra el 8 de abril, se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina.

“O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, ‘Jesús misericordioso, confío en ti’)”, dice el texto del decreto.

Asimismo se concede indulgencia parcial “al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.

También los enfermos y las personas que los asisten, los navegantes, los afectados por la guerra, las vicisitudes políticas o la inclemencia de los lugares “y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria”.

Esto siempre y cuando, con total rechazo de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales recen “frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso”.

Asimismo, si ni siquiera se pudiera hacer lo antes descrito, podrán obtener la indulgencia plenaria “los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria”.

Jesucristo también prometió a Santa Faustina que cuando se rece la Coronilla de la Divina Misericordia junto a los moribundos se pondrá “entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.

Decreto Se enriquecen con indulgencias actos de culto realizados en honor de la Misericordia divina.

“Tu misericordia, oh Dios, no tiene límites, y es infinito el tesoro de tu bondad…” (Oración después del himno “Te Deum”) y “Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia…” (Oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario), canta humilde y fielmente la santa Madre Iglesia. En efecto, la inmensa condescendencia de Dios, tanto hacia el género humano en su conjunto como hacia cada una de las personas, resplandece de modo especial cuando el mismo Dios todopoderoso perdona los pecados y los defectos morales, y readmite paternalmente a los culpables a su amistad, que merecidamente habían perdido.

Así, los fieles son impulsados a conmemorar con íntimo afecto del alma los misterios del perdón divino y a celebrarlos con fervor, y comprenden claramente la suma conveniencia, más aún, el deber que el pueblo de Dios tiene de alabar, con formas particulares de oración, la Misericordia divina, obteniendo al mismo tiempo, después de realizar con espíritu de gratitud las obras exigidas y de cumplir las debidas condiciones, los beneficios espirituales derivados del tesoro de la Iglesia. “El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo” (Dives in misericordia, 7).

La Misericordia divina realmente sabe perdonar incluso los pecados más graves, pero al hacerlo impulsa a los fieles a sentir un dolor sobrenatural, no meramente psicológico, de sus propios pecados, de forma que, siempre con la ayuda de la gracia divina, hagan un firme propósito de no volver a pecar. Esas disposiciones del alma consiguen efectivamente el perdón de los pecados mortales cuando el fiel recibe con fruto el sacramento de la penitencia o se arrepiente de los mismos mediante un acto de caridad perfecta y de dolor perfecto, con el propósito de acudir cuanto antes al mismo sacramento de la penitencia. En efecto, nuestro Señor Jesucristo, en la parábola del hijo pródigo, nos enseña que el pecador debe confesar su miseria ante Dios, diciendo:  “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo” (Lc 15, 18-19), percibiendo que ello es obra de Dios:  “Estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado” (Lc 15, 32).

Por eso, con próvida solicitud pastoral, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, para imprimir en el alma de los fieles estos preceptos y enseñanzas de la fe cristiana, impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua se dedique a recordar con especial devoción estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo la denominación de “Domingo de la Misericordia divina” (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000).

El evangelio del segundo domingo de Pascua narra las maravillas realizadas por nuestro Señor Jesucristo el día mismo de la Resurrección en la primera aparición pública:  “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:  “La paz con vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez:  “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:  “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”” (Jn 20, 19-23).

Para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria, como se indicará más abajo, para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos.

De esta forma, los fieles vivirán con más perfección el espíritu del Evangelio, acogiendo en sí la renovación ilustrada e introducida por el concilio ecuménico Vaticano II:  “Los cristianos, recordando la palabra del Señor “En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros” (Jn 13, 35), nada pueden desear más ardientemente que servir cada vez más generosa y eficazmente a los hombres del mundo actual. (…) Quiere el Padre que en todos los hombres reconozcamos y amemos eficazmente a Cristo, nuestro hermano, tanto de palabra como de obra” (Gaudium et spes, 93).

Por eso, el Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo de fomentar al máximo en el pueblo cristiano estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia divina, por los abundantísimos frutos espirituales que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos responsables de la Penitenciaría apostólica, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes:

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”).

Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.

Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares y otras causas parecidas han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”).

Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria.

Los sacerdotes que desempeñan el ministerio pastoral, sobre todo los párrocos, informen oportunamente a sus fieles acerca de esta saludable disposición de la Iglesia, préstense con espíritu pronto y generoso a escuchar sus confesiones, y en el domingo de la Misericordia divina, después de la celebración de la santa misa o de las vísperas, o durante un acto de piedad en honor de la Misericordia divina, dirijan, con la dignidad propia del rito, el rezo de las oraciones antes indicadas; por último, dado que son “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7), al impartir la catequesis impulsen a los fieles a hacer con la mayor frecuencia posible obras de caridad o de misericordia, siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesucristo, como se indica en la segunda concesión general del “Enchiridion Indulgentiarum”.

Este decreto tiene vigor perpetuo. No obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles.

Luigi DE MAGISTRIS
Arzobispo titular de Nova
Pro-penitenciario mayor
Gianfranco GIROTTI, o.f.m. conv.
Regente

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: Este domingo 8 de abril, Fiesta de la Divina Misericordia: Cómo ganar la indulgencia plenaria



Redacción

“La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia” (Diario de Santa Faustina Kowalska, No. 300)

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).

Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.



La esencia de la devoción

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:

1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.

Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina”.

2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.

“Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad”.

3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.

“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia”.

4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.

“Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia
al día.

“Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas”.

Una propuesta de Santa Faustina Kowalska

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».

Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».

Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.

Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).

Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.

El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

Cómo ganar la Indulgencia Plenaria

En el segundo Domingo de Pascua, que este año se celebra el 8 de abril, se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina.

“O al menos rece, en presencia del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, ‘Jesús misericordioso, confío en ti’)”, dice el texto del decreto.

Asimismo se concede indulgencia parcial “al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas”.

También los enfermos y las personas que los asisten, los navegantes, los afectados por la guerra, las vicisitudes políticas o la inclemencia de los lugares “y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria”.

Esto siempre y cuando, con total rechazo de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales recen “frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso”.

Asimismo, si ni siquiera se pudiera hacer lo antes descrito, podrán obtener la indulgencia plenaria “los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria”.

Jesucristo también prometió a Santa Faustina que cuando se rece la Coronilla de la Divina Misericordia junto a los moribundos se pondrá “entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso”.

Decreto Se enriquecen con indulgencias actos de culto realizados en honor de la Misericordia divina.

“Tu misericordia, oh Dios, no tiene límites, y es infinito el tesoro de tu bondad…” (Oración después del himno “Te Deum”) y “Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia…” (Oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario), canta humilde y fielmente la santa Madre Iglesia. En efecto, la inmensa condescendencia de Dios, tanto hacia el género humano en su conjunto como hacia cada una de las personas, resplandece de modo especial cuando el mismo Dios todopoderoso perdona los pecados y los defectos morales, y readmite paternalmente a los culpables a su amistad, que merecidamente habían perdido.

Así, los fieles son impulsados a conmemorar con íntimo afecto del alma los misterios del perdón divino y a celebrarlos con fervor, y comprenden claramente la suma conveniencia, más aún, el deber que el pueblo de Dios tiene de alabar, con formas particulares de oración, la Misericordia divina, obteniendo al mismo tiempo, después de realizar con espíritu de gratitud las obras exigidas y de cumplir las debidas condiciones, los beneficios espirituales derivados del tesoro de la Iglesia. “El misterio pascual es el culmen de esta revelación y actuación de la misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico querido por Dios desde el principio para el hombre y, mediante el hombre, en el mundo” (Dives in misericordia, 7).

La Misericordia divina realmente sabe perdonar incluso los pecados más graves, pero al hacerlo impulsa a los fieles a sentir un dolor sobrenatural, no meramente psicológico, de sus propios pecados, de forma que, siempre con la ayuda de la gracia divina, hagan un firme propósito de no volver a pecar. Esas disposiciones del alma consiguen efectivamente el perdón de los pecados mortales cuando el fiel recibe con fruto el sacramento de la penitencia o se arrepiente de los mismos mediante un acto de caridad perfecta y de dolor perfecto, con el propósito de acudir cuanto antes al mismo sacramento de la penitencia. En efecto, nuestro Señor Jesucristo, en la parábola del hijo pródigo, nos enseña que el pecador debe confesar su miseria ante Dios, diciendo:  “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo” (Lc 15, 18-19), percibiendo que ello es obra de Dios:  “Estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado” (Lc 15, 32).

Por eso, con próvida solicitud pastoral, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, para imprimir en el alma de los fieles estos preceptos y enseñanzas de la fe cristiana, impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua se dedique a recordar con especial devoción estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo la denominación de “Domingo de la Misericordia divina” (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000).

El evangelio del segundo domingo de Pascua narra las maravillas realizadas por nuestro Señor Jesucristo el día mismo de la Resurrección en la primera aparición pública:  “Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:  “La paz con vosotros”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez:  “La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío”. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:  “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”” (Jn 20, 19-23).

Para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria, como se indicará más abajo, para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y, una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos.

De esta forma, los fieles vivirán con más perfección el espíritu del Evangelio, acogiendo en sí la renovación ilustrada e introducida por el concilio ecuménico Vaticano II:  “Los cristianos, recordando la palabra del Señor “En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros” (Jn 13, 35), nada pueden desear más ardientemente que servir cada vez más generosa y eficazmente a los hombres del mundo actual. (…) Quiere el Padre que en todos los hombres reconozcamos y amemos eficazmente a Cristo, nuestro hermano, tanto de palabra como de obra” (Gaudium et spes, 93).

Por eso, el Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo de fomentar al máximo en el pueblo cristiano estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia divina, por los abundantísimos frutos espirituales que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos responsables de la Penitenciaría apostólica, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes:

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”).

Se concede la indulgencia parcial al fiel que, al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.

Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares y otras causas parecidas han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa no pueden abandonar su casa o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, “Jesús misericordioso, confío en ti”).

Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia y ofrecen a Dios misericordioso una oración y a la vez los sufrimientos de su enfermedad y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria.

Los sacerdotes que desempeñan el ministerio pastoral, sobre todo los párrocos, informen oportunamente a sus fieles acerca de esta saludable disposición de la Iglesia, préstense con espíritu pronto y generoso a escuchar sus confesiones, y en el domingo de la Misericordia divina, después de la celebración de la santa misa o de las vísperas, o durante un acto de piedad en honor de la Misericordia divina, dirijan, con la dignidad propia del rito, el rezo de las oraciones antes indicadas; por último, dado que son “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5, 7), al impartir la catequesis impulsen a los fieles a hacer con la mayor frecuencia posible obras de caridad o de misericordia, siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesucristo, como se indica en la segunda concesión general del “Enchiridion Indulgentiarum”.

Este decreto tiene vigor perpetuo. No obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría apostólica, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles.

Luigi DE MAGISTRIS
Arzobispo titular de Nova
Pro-penitenciario mayor
Gianfranco GIROTTI, o.f.m. conv.
Regente

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Inició la Novena a la Divina Misericordia en la Diócesis de Celaya

Jesús Misericordioso.



Eugenio Amézquita Velasco

El Pbro. Benjamín Jiménez Cruz, asesor Diocesano del Movimiento de la Divina Misericordia, anunció aquí el comienzo del Novenario para la Fiesta de la Divina Misericordia que se celebrará el Segundo Domingo de Pascua, destacándose el 5 de abril un Retiro de Preparación de las 9:00 a las 16:00 horas, para todos los devotos, en Casa del Buen Pastor, Templo de la Piedad en la calle de Leandro Valle, de la ciudad de Celaya.

El sacerdote diocesano explicó que se está trabajando en varios decanatos de la Diócesis de Celaya esta programación, señalándose diversas actividades en diferentes parroquias, además de la difusión radiofónica y otras acciones relacionadas.

Decanato San Antonio de Padua

Parroquia Nuestra Señora del Carmen, en la colonia Valle Hermoso. Novenario del 30 de marzo al 7 de abril por las calles de la colonia, a las 17:00 horas. Santa Misa a las 19:00 horas. 8 de abril, a las 9:00 horas, Santa Misa y convivencia.

Parroquia Espíritu Santo, en la colonia FOVISSSTE, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, en las casas a las 17:00 horas. 8 de abril, Santa Misa y convivencia a las 9:00 horas.

Parroquia Sagrada Familia, en la colonia Emiliano Zapata. Novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en la parroquia. 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas y convivencia.

Parroquia San Felipe de Jesús, colonia Ampliación Benito Juárez, 8 de abril Santa Misa y convivencia a las 12:15 horas. A las 17:00 horas, Santa Misa en el templo del Divino Niño.

Decanato de Comonfort

En la Parroquia San Francisco de Asís, de Comonfort, se tendrá la fiesta del 8 de abril con una peregrinación del Templo Parroquial a la capilla de la Divina Misericordia en el Cerro de los Remedios a las 13:00 horas así como Santa Misa a las 14:30 horas y posteriormente la Coronilla de la Divina Misericordia.

En la Parroquia Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, en la comunidad de Roque, fiesta ese 8 de abril, con procesión de las comunidades en la calle Miguel Hidalgo hacia el templo parroquial. Santa Misa alas 14:00 horas y a las 15:00 horas la Coronilla y convivencia en la colonia Paraíso.

En la Parroquia San Agustín, de Comonfort, novenario del 30 de marzo al 7 de abril con Misa Diaria a las 19:00 horas. El 8 de abril, a las 13:00 horas, Misa y convivencia y Misas a las 9:00 y 19:00 horas.

En la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Tenería del Santuario, novenario del 30 de marzo al 7 de abril y novena el lunes 2 al sábado 7 de abril en las casas de las familias de la comunidad. El 8 de abril, 13:00 horas, Santa Misa y Convivencia a las 13:00 horas.

En la Parroquia Santiago Apóstol, en Neutla, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

Decanato Dolores Hidalgo

Con el párroco Raúl Ruiz, novenario del 30 de marzo al 7 de abril; Hora Santa a las 19:00 horas del 2 al 7 de abril. El 8 de abril, a las 5:00 horas, Alabanzas a la Divina Misericordia y desayuno. Todas las Santas Misas del Domingo.

Decanato San Miguel de Allende

En el Oratorio de San Felipe Neri, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. Santa Misa a las 12:00 horas del 2 al 7 de abril. coronilla Cantada por el Coro Infantil San Felipe Neri a las 19:00 horas diariamente. Jueves 5 de abril, transmisión del prohgrama “La Hora de la Misericordia”. EL domingo 8 de abril, Misas a las 6:30, 8:30, 9:30, 11:30 y 12:30 horas. A las 17:00 horas, Procesión del Parque Benito Juárez al Templo del Oratorio; y a las 18:00 horas, Santa Misa a las 18:00 horas por el prepósito Don Lorenzo Saldaña Piña; a las 19:00 horas, Coronilla. Santa Misa a las 20:30 horas.

Decanato Santa Cruz de Juventino Rosas

El 8 de abril, en la Parroquia La Santa Cruz, en Juventino Rosas, a las 11:30 horas, procesión de la glorieta de la Virgen de Guadalupe, por Avenida Progreso y calle Corregidora al templo parroquial. A las 12:30 horas, Santa Misa Solemne. A las 13:30 horas, Convivencia. Ballet. A las 15:30 horas, Coronilla de la Divina Misericordia.

En la Parroquia San José de Cortazar, domingo 8 de abril, 12:00 horas, procesión por las principales calles, a la parroquia. A las 13:00 horas, Santa Misa Solemne. A las 13:30 horas, convivencia en el estacionamiento del templo. A las 15:30 horas, Coronilla Cantada.

En la Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en Cañada de Caracheo, fiesta el 8 de abril con Misa Solemne a las 9:00 horas y a las 10:00 horas convivencia.

En la Parroquia Inmaculada Concepción, en Villagrán, novenario del 30 de marzo al 7 de abril a las 15:00 horas diariamente. El domingo 8 de abril, Mañanitas a las 7:00 horas, Santa Misa Solemne presidida por Mons. Juan José Pérez Parra a las 12:00 horas y a las 15:00 horas, la Coronilla y convivencia.

Decanato Apaseo el Grande

En la Parroquia San Juan Bautista, en Apaseo el Grande, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. Novena diariamente a las 17:00 horas. El 8 de abril, Misa a las 12:00 horas.

En la comunidad de La Labor, novenario del 30 de marzo al 7 de abril. Fiesta, 7 de abril con Misa a las 19:00 horas.

En la comunidad de Rancho Nuevo, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, diariamente a las 15:00 horas en el templo. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

En la comunidad de San José de Viborillas, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 18:00 horas en el templo. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

En la comunidad de Jocoqui, novenario del 30 de marzo al 7 de abril en el templo diariamente a las 17:00 horas. El 8 de abril, Santa Misa a las 9:00 horas.

En la colonia Obrera, de Apaseo el Grande; novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 18:00 horas por las calles. Velación el 7 de abril. El 8 de abril, Santa Misa a las 11:00 horas.

En la comunidad de Rancho Nuevo, novenario del Viernes 30 al 7 de abril, a las 15:00 horas, en el Templo. El 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

Parroquia Sagrado Corazón de Jesús y San Andrés, de Apaseo el Alto. novenario del 30 de marzo al 7 de abil a las 15:00 horas, en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.

Comunidades de La Cueva, Jiménez y Capilla de los Dolores, novenario el Viernes 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en el templo.

En la Parroquia Santa Cruz, de Santa Cruz de Gamboa, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, en las casas de las familias, a las 18:00 horas y procesión por las calles hasta la parroquia a las 12:00 horas. A las 13:00 horas, Santa Misa.

En la capilla de San Isidro, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas, en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 17:00 horas.

En la comunidad de Belén, novenario del viernes 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 8:00 horas.

En la Parroquia San Bartolomé. de San Bartolomé Aguas Calientes, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en la Parroquia. velación el 7 de abril. El 8 de abril, a las 11:00 horas, procesión por las calles hasta la parroquia. Santa Misa a las 12:00 horas y Alabanzas a las 13:00 horas.

En las comunidades de Espejo, Aguaje, Ojo de Agua, San Vicente, San Antonio, San Juan y San Isidro, novenario del 30 de marzo al 7 de abril a las 15:00 horas. El 8 de abril, Santa Misa en diversos horarios.

Parroquia San Pedro Apóstol, en San Pedro Tenango, novenario del 30 de marzo al 7 de abril a las 15:00 horas en el templo. 8 de abril, Santa Misa a las 12:00 horas.
Comunidades de Amexhe y Coachití, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en el templo. 8 de abril, Santa Misa.

Parroquia San José, en San José Agua Azul, novenario del 30 de marzo al 7 de abril, a las 15:00 horas en la parroquia. 8 de abril, Santa Misa.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Retiro de Formación de Intercesores, el 11 de julio de 2016, en Celaya

Bajo el lema de “Ora en todo tiempo y no desfallezcas”, se efectuará el 11 de junio de las 8:00 a las 18:00 horas el retiro de Formación de Intercesores en la Casa del Buen Pastor, de la Diócesis de Celaya, ubicada en la calle de Leandro Valle 422, en la ciudad de Celaya, Guanajuato. México.

La entrada es libre y se tendrá la participación del Ministerios Intercesores de Fuego, entre quienes se cuentan Daniela Ruelas, Raquel Cornelio y Susana Godoy.

Se pueden solicitar informes a los siguientes numeros telefonicos en Celaya:
(461) 46 76 06
(461) 46 01 69

Invita: Apostolado de la Divina Misericordia