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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Padre Juan Díaz y los 500 años de la primera Santa Misa en México, este 6 de mayo de 2018

Sitio donde se celebró la primera Santa Misa en México, en Cozumel.

Eugenio Amézquita Velasco

Este 6 de mayo de 2018, México vivirá un hecho que pareciera estar pasando desapercibido para muchos: los 500 años de la celebración de la Primera Santa Misa en suelo mexicano. Es decir, la primera presencia viva, en cuerpo, alma y divinidad, de Jesucristo en el suelo mexicano, de manos de un sacerdote que la historia consigna con el nombre de Juan Díaz.

¿Por qué comenzar así nuestro artículo?¿Por qué primero mencionamos al sacerdote y luego el hecho trascendente? Por un simple y sencillo detalle: no hay misa sin sacerdote. Es el único instrumento capaz, por decisión de Cristo, de lograr el milagro de transformar el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.

Sacerdote español nacido en Sevilla en 1480 y fallecido en Puebla en el año de 1549, fue clérigo y capellán de la armada en la segunda expedición de la isla de Cuba a la península de Yucatán, que estuvo capitaneada por Juan de Grijalva.

Se cree que fue el cronista original del “Itinerario de la armada” en la travesía. Posteriormente, también fue capellán de Hernán Cortés.A la llegada en Tlaxcala fue el primer sacerdote de la comunidad de Atlihuetzian donde aun se conserva una pintura al óleo y sotanas que indican su estancia en ese pueblo.

Expedición de Grijalva

Hijo de Alonso Díaz y Martina Núñez, el padre Juan Díaz cruzó al continente americano en 1514 y se unió a la expedición de Juan de Grijalva en el año 1518. Durante la expedición de Grijalva, ofició la primera misa en la isla de Cozumel, por lo cual también se considera la primera misa celebrada en lo que actualmente es el territorio mexicano.



Itinerario de la armada

El nombre completo de las crónicas se conocen como “Itinerario de la armada del rey católico a la isla de Yucatán, en la India, en el año de 1518, en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva”. El documento fue “retocado” por Benito Martín, y utilizado por Diego Velázquez de Cuéllar como prueba en la disputa contra Hernán Cortés para obtener el título de “Adelantado” de las tierras recién descubiertas por los españoles. El documento posteriormente fue publicado en varios idiomas, como testimonio de los descubrimientos.

Expedición de Cortés y conquista de Tenochtitlan

El padre Juan Díaz se unió a la expedición de Cortés, y nuevamente celebró eucaristía en la isla de Cozumel. En Tabasco, el Domingo de Ramos después de terminada la batalla de Centla ofició nuevamente misa en Santa María de la Victoria.

La primera Santa Misa en México-Tenochtitlán

Después de que Hernán Cortés envió su primera carta de relación a Carlos I, hubo una ligera sublevación entre los partidarios de Diego Velázquez de Cuéllar, entre ellos se encontraba el capellán Juan Díaz, quién al ver el ahorcamiento de Juan Escudero y Diego Cermeño, la forma en que cortaron los pies al piloto Gonzalo de Umbría y los azotes al marinero Alonso Peñate, prefirió jurar lealtad a Cortés. Fue después de esta sublevación cuando Cortés decidió hundir las naves.

Junto con los conquistadores españoles marchó hacia Tenochtitlan, Díaz del Castillo describió que el capellán Juan Díaz confesó a muchos de los soldados un día antes de la batalla del 5 de septiembre de 1519 realizada en Tlaxcala contra Xicohténcatl. Unos pocos días después Cortés venció a los tlaxcaltecas con quienes pactó la paz.

Juan Díaz ofició una misa con los nuevos aliados. En Tenochtitlan, Cortés removió los ídolos aztecas y colocó una cruz y la imagen de la virgen, con el consentimiento de Moctezuma, Juan Díaz junto con el padre de la Merced, realizaron una misa cantada en el Templo Mayor.

En 1521 en fechas cercanas al sitio de Tenochtitlan, Antonio de Villafaña -fiel de Diego Velázquez de Cuéllar- fue descubierto cuando intentaba asesinar a Hernán Cortés y sus capitanes. Villafaña fue sentenciado a la horca, Juan Díaz fue su confesor.

Campañas subsecuentes

El 25 de noviembre de 1521 viajó con Francisco de Orozco y Tovar conquistador español que concentró sus fuerzas en Huaxyácac (Oaxaca), ese día Juan Díaz ofició una misa. La fecha fue conmemorada como el día de la fundación de la ciudad de Oaxaca durante muchos años. Poco más tarde llegó Pedro de Alvarado a la zona, y Juan Díaz se integró a sus campañas militares.

De acuerdo a los cronistas de su época, existen dos teorías al respecto de su muerte en 1549, la primera indica que “murió de su muerte”, lo cual nos hace entender que murió de causa natural, y la segunda dice que fue martirizado por los inidos de Quecholac. Sus restos se encuentran en la capilla antigua de la catedral de Puebla.

Centla: Primera Misa en territorio continental mexicano. Mural de la Catedral de Tabasco


La primera Santa Misa en territorio continental

Existe un mural donde se atestigua la celebración de la que fue la primera misa cristiana en territorio continental de México, llevada a cabo en la población maya de Potonchán, hoy municipio de Centla, Tabasco el 17 de abril de 1519 durante el viaje de Hernán Cortés. Oficiada por Fray Bartolomé de Olmedo y el clérigo Juan Díaz., y en donde se bautizaron 20 indígenas entre ellas la célebre Malintzin a la que se la puso por nombre Marina. Dicho mural se encuentra en la Catedral de Tabasco.

Más datos interesantes

Ahora bien, si en un auditorio repleto le preguntamos a los asistentes si conocen cuándo se ofició en México la primera Misa, es casi seguro de que serán muy pocos quienes alcen la mano.

Es el Padre Mariano Cuevas, S.J., autor de una monumental Historia de la Iglesia en México, quien nos dice que tan importante acontecimiento tuvo lugar el 6 de mayo de 1518 en la isla de Cozumel.
Preciso será hacer un poco de historia.

Antes de que Hernán Cortés conquistara Tenochtitlán, hubo dos expediciones que lo precedieron: La de Francisco Hernández de Córdoba, en 1517, y la de Juan de Grijalva, en 1518.

Según datos fidedignos, el primer punto del territorio mexicano que tocaron los expedicionarios españoles fue Cabo Catoche (Yucatán), y eso ocurrió el 1 de mayo de 1517, razón por la cual se considera que tal fecha fue la del descubrimiento oficial de México. Aquella era la expedición de Hernández de Córdoba.

Un año después, saliendo también de Cuba, vino Juan de Grijalva, quien traía como encomienda recorrer la que se suponía era isla de Yucatán.

Antes de rodear la península yucateca, Grijalva llegó a Cozumel el 3 de mayo de 1518, que, por haberla descubierto el día de la Santa Cruz, bautizó la isla con un nombre muy significativo: “Isla de la Santa Cruz”.

Acto seguido, Grijalva tomó posesión de dicha isla con el ceremonial acostumbrado en aquellos casos.

Un ceremonial que consistía bien fuese en cortar la rama de un árbol dándole de estocadas, o bien en arrancar un manojo de hierbas arrojándolo en distintas direcciones.

Dicha práctica tenía su antecedente en un antiguo ceremonial godo y bastaba para establecer la autoridad del rey de España sobre los territorios recién descubiertos.

La isla se descubrió el 3 de mayo y, tres días después, Grijalva le encomienda a Juan Díaz, capellán de la expedición, que allí oficie una Misa.

Así pues, fue el día 6 de mayo de 1518 cuando se ofició por vez primera la Santa Misa en territorio mexicano.

Todo esto se supo gracias al propio Juan Díaz, protagonista principal de dicho acontecimiento, quien, años después, se encargó de relatar los pormenores de dicha expedición.

Su obra se tituló “Itinerario de Juan de Grijalva”. Lamentablemente se perdió el original en castellano, y si llegó a nosotros, fue gracias a que el historiador Joaquín García Icazbalceta logró traducirla de una versión italiana.

Poco tiempo después, volvemos a encontrarnos con Juan Díaz en plena Conquista de México, ya que, según nos cuenta Bernal Díaz del Castillo, fue dicho clérigo quien ofició una Misa en Tacuba cuando Cortés estaba a punto de iniciar el asedio a la Gran Tenochtitlán.

Ante todo lo anterior, tenemos una nueva efeméride digna de inscribirse en los anales de la historia de México: El día exacto en que, por vez primera, Cristo se hizo presencia real en nuestra tierra.

Trece años después, el 12 de diciembre de 1531, haría lo mismo la Virgen de Guadalupe, al regalarnos la única imagen de la Madre de Dios que no fue hecha por ningún artista humano.

6 de Mayo de 1518, fecha digna de recordarse con todos los honores y, de manera especial, tomando  en cuenta que, dentro de tres años, se cumplirá medio milenio de tan feliz acontecimiento.

La crónica de de Nemesio Rodríguez Lois

Hace ya bastantes años que conmemoramos una efeméride que -a pesar de las controversias suscitadas- nos dejó un agradable sabor de boca: los quinientos años del Descubrimiento de América, acontecimiento sin parangón en la Historia Universal que, aparte de propiciar el encuentro de dos mundos, fue el inicio de la evangelización de todo un continente.

Primera misa en México

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde entonces y he aquí como en este 2018 se cumple el medio milenio de otro acontecimiento también de singular importancia.

Fue el jueves 6 de mayo de 1518 cuando el Padre Juan Díaz, quien venía como capellán en la expedición dirigida por Juan de Grijalva, celebró en Cozumel la primera Misa en territorio mexicano.

Este dato se lo debemos al insigne historiador Mariano Cuevas, S.J. quien nos lo proporciona tanto en su “Historia de la iglesia en México” como en su “Historia de la nación mexicana”.

Logró encontrar dato tan importante después de consultar el Diario de Juan de Grijalva que se encuentra en la Biblioteca Colombina.

Vendrían después la conquista, la evangelización, las apariciones del Tepeyac, el nacimiento de un pueblo mestizo y una serie de acontecimientos trágicos y gloriosos.

Nuestro México entró en la Iglesia Católica y fue a partir de entonces como, dentro del catolicismo, dio frutos admirables de santidad que van, desde los Niños de Tlaxcala hasta San José Sánchez del Río; pasando por los mártires de la Cristiada (incluidos Anacleto y el Padre Pro) para culminar con sacerdotes y religiosas elevados a los altares.

Ni duda cabe que tan admirables frutos de santidad tuvieron su origen en aquella primera Misa oficiada en Cozumel hace ya quinientos años.

Pues bien, a partir de tan sagrado acontecimiento, serían miles, miles y más miles las Misas oficiadas tanto a partir de la conquista, como durante el período de la Nueva España virreinal y del México independiente; para culminar con las oficiadas por los tres Papas que han visitado nuestro país.

El caso es que la Santa Misa estuvo siempre presente tanto en las más fastuosas ceremonias como en las más sencillas celebraciones.

Se puede decir que, a partir de aquel jueves 6 de mayo de 1518, Cristo tomó posesión del que habría de ser su reino.

Un hecho de incalculables consecuencias dentro de la historia de la Iglesia a nivel universal.

Lamentablemente -por diversas razones- a dicho acontecimiento no se le ha prestado la merecida atención.

Quizás ello se deba a que la gran mayoría ignora que -dentro de pocas semanas- se cumplirán quinientos años de la Primera Misa oficiada en territorio mexicano.

Consideramos que aún estamos a tiempo de que se pueda hacer algo.

Así como hace poco más de dos décadas celebramos en IV Centenario del martirio de San Felipe de Jesús, nuestro primer santo, pudiera también ahora aprovecharse la ocasión para difundir aquel gran acontecimiento que tuvo lugar hace medio milenio.

Y es que, como bien dijo el Padre Mariano Cuevas, S.J.: “Desde entonces…Cristo Sacramentado será, para siempre, el Rey de nuestro suelo”

Revisando el calendario litúrgico de este año, vemos como el 6 de mayo es el 6º. Domingo de Pascua.

Y revisando también las Lecturas, vemos como la Primera (tomada de los Hechos de los Apóstoles) habla del bautismo del oficial Cornelio o sea que se hace hincapié en la primera vez que la Iglesia acogía a un pagano en su seno.

No deja de ser una circunstancia providencial que, justo en el día en que se conmemora la Primera Misa oficiada en territorio mexicano, en la Primera Lectura se recuerden aquellas palabras de San Pedro: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”

Pues bien, cuando, hace ya quinientos años el Padre Juan Díaz oficiaba aquella Primera Misa, estaba abriéndole las puertas de la Iglesia a millones de personas que, una vez bautizadas, darían origen a un gran pueblo del cual brotarían infinidad de héroes marcados todos ellos con la señal de la Cruz.

Razón más que suficiente para echar las campanas a vuelo…

Damos gracias a Dios por haber creado al padre Juan Díaz y habernos el mayor regalo que pudo recibir y que ha recibido México desde hace 500 años: La Santa Misa.

Ubicación exacta del sitio donde se celebró 
la Primera Santa Misa en México 

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Padre Juan Díaz y los 500 años de la primera Santa Misa en México, este 6 de mayo de 2018

Sitio donde se celebró la primera Santa Misa en México, en Cozumel.

Eugenio Amézquita Velasco

Este 6 de mayo de 2018, México vivirá un hecho que pareciera estar pasando desapercibido para muchos: los 500 años de la celebración de la Primera Santa Misa en suelo mexicano. Es decir, la primera presencia viva, en cuerpo, alma y divinidad, de Jesucristo en el suelo mexicano, de manos de un sacerdote que la historia consigna con el nombre de Juan Díaz.

Sacerdote español nacido en Sevilla en 1480 y fallecido en Puebla en el año de 1549, fue clérigo y capellán de la armada en la segunda expedición de la isla de Cuba a la península de Yucatán, que estuvo capitaneada por Juan de Grijalva.

Se cree que fue el cronista original del “Itinerario de la armada” en la travesía. Posteriormente, también fue capellán de Hernán Cortés.A la llegada en Tlaxcala fue el primer sacerdote de la comunidad de Atlihuetzian donde aun se conserva una pintura al óleo y sotanas que indican su estancia en ese pueblo.

Expedición de Grijalva

Hijo de Alonso Díaz y Martina Núñez, el padre Juan Díaz cruzó al continente americano en 1514 y se unió a la expedición de Juan de Grijalva en el año 1518. Durante la expedición de Grijalva, ofició la primera misa en la isla de Cozumel, por lo cual también se considera la primera misa celebrada en lo que actualmente es el territorio mexicano.



Itinerario de la armada

El nombre completo de las crónicas se conocen como “Itinerario de la armada del rey católico a la isla de Yucatán, en la India, en el año de 1518, en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva”. El documento fue “retocado” por Benito Martín, y utilizado por Diego Velázquez de Cuéllar como prueba en la disputa contra Hernán Cortés para obtener el título de “Adelantado” de las tierras recién descubiertas por los españoles. El documento posteriormente fue publicado en varios idiomas, como testimonio de los descubrimientos.

Expedición de Cortés y conquista de Tenochtitlan

El padre Juan Díaz se unió a la expedición de Cortés, y nuevamente celebró eucaristía en la isla de Cozumel. En Tabasco, el Domingo de Ramos después de terminada la batalla de Centla ofició nuevamente misa en Santa María de la Victoria.

La primera Santa Misa en México-Tenochtitlán

Después de que Hernán Cortés envió su primera carta de relación a Carlos I, hubo una ligera sublevación entre los partidarios de Diego Velázquez de Cuéllar, entre ellos se encontraba el capellán Juan Díaz, quién al ver el ahorcamiento de Juan Escudero y Diego Cermeño, la forma en que cortaron los pies al piloto Gonzalo de Umbría y los azotes al marinero Alonso Peñate, prefirió jurar lealtad a Cortés. Fue después de esta sublevación cuando Cortés decidió hundir las naves.

Junto con los conquistadores españoles marchó hacia Tenochtitlan, Díaz del Castillo describió que el capellán Juan Díaz confesó a muchos de los soldados un día antes de la batalla del 5 de septiembre de 1519 realizada en Tlaxcala contra Xicohténcatl. Unos pocos días después Cortés venció a los tlaxcaltecas con quienes pactó la paz.

Juan Díaz ofició una misa con los nuevos aliados. En Tenochtitlan, Cortés removió los ídolos aztecas y colocó una cruz y la imagen de la virgen, con el consentimiento de Moctezuma, Juan Díaz junto con el padre de la Merced, realizaron una misa cantada en el Templo Mayor.

En 1521 en fechas cercanas al sitio de Tenochtitlan, Antonio de Villafaña -fiel de Diego Velázquez de Cuéllar- fue descubierto cuando intentaba asesinar a Hernán Cortés y sus capitanes. Villafaña fue sentenciado a la horca, Juan Díaz fue su confesor.

Campañas subsecuentes

El 25 de noviembre de 1521 viajó con Francisco de Orozco y Tovar conquistador español que concentró sus fuerzas en Huaxyácac (Oaxaca), ese día Juan Díaz ofició una misa. La fecha fue conmemorada como el día de la fundación de la ciudad de Oaxaca durante muchos años. Poco más tarde llegó Pedro de Alvarado a la zona, y Juan Díaz se integró a sus campañas militares.

De acuerdo a los cronistas de su época, existen dos teorías al respecto de su muerte en 1549, la primera indica que “murió de su muerte”, lo cual nos hace entender que murió de causa natural, y la segunda dice que fue martirizado por los inidos de Quecholac. Sus restos se encuentran en la capilla antigua de la catedral de Puebla.

Centla: Primera Misa en territorio continental mexicano. Mural de la Catedral de Tabasco


La primera Santa Misa en territorio continental

Existe un mural donde se atestigua la celebración de la que fue la primera misa cristiana en territorio continental de México, llevada a cabo en la población maya de Potonchán, hoy municipio de Centla, Tabasco el 17 de abril de 1519 durante el viaje de Hernán Cortés. Oficiada por Fray Bartolomé de Olmedo y el clérigo Juan Díaz., y en donde se bautizaron 20 indígenas entre ellas la célebre Malintzin a la que se la puso por nombre Marina. Dicho mural se encuentra en la Catedral de Tabasco.

Más datos interesantes

Ahora bien, si en un auditorio repleto le preguntamos a los asistentes si conocen cuándo se ofició en México la primera Misa, es casi seguro de que serán muy pocos quienes alcen la mano.

Es el Padre Mariano Cuevas, S.J., autor de una monumental Historia de la Iglesia en México, quien nos dice que tan importante acontecimiento tuvo lugar el 6 de mayo de 1518 en la isla de Cozumel.
Preciso será hacer un poco de historia.

Antes de que Hernán Cortés conquistara Tenochtitlán, hubo dos expediciones que lo precedieron: La de Francisco Hernández de Córdoba, en 1517, y la de Juan de Grijalva, en 1518.

Según datos fidedignos, el primer punto del territorio mexicano que tocaron los expedicionarios españoles fue Cabo Catoche (Yucatán), y eso ocurrió el 1 de mayo de 1517, razón por la cual se considera que tal fecha fue la del descubrimiento oficial de México. Aquella era la expedición de Hernández de Córdoba.

Un año después, saliendo también de Cuba, vino Juan de Grijalva, quien traía como encomienda recorrer la que se suponía era isla de Yucatán.

Antes de rodear la península yucateca, Grijalva llegó a Cozumel el 3 de mayo de 1518, que, por haberla descubierto el día de la Santa Cruz, bautizó la isla con un nombre muy significativo: “Isla de la Santa Cruz”.

Acto seguido, Grijalva tomó posesión de dicha isla con el ceremonial acostumbrado en aquellos casos.

Un ceremonial que consistía bien fuese en cortar la rama de un árbol dándole de estocadas, o bien en arrancar un manojo de hierbas arrojándolo en distintas direcciones.

Dicha práctica tenía su antecedente en un antiguo ceremonial godo y bastaba para establecer la autoridad del rey de España sobre los territorios recién descubiertos.

La isla se descubrió el 3 de mayo y, tres días después, Grijalva le encomienda a Juan Díaz, capellán de la expedición, que allí oficie una Misa.

Así pues, fue el día 6 de mayo de 1518 cuando se ofició por vez primera la Santa Misa en territorio mexicano.

Todo esto se supo gracias al propio Juan Díaz, protagonista principal de dicho acontecimiento, quien, años después, se encargó de relatar los pormenores de dicha expedición.

Su obra se tituló “Itinerario de Juan de Grijalva”. Lamentablemente se perdió el original en castellano, y si llegó a nosotros, fue gracias a que el historiador Joaquín García Icazbalceta logró traducirla de una versión italiana.

Poco tiempo después, volvemos a encontrarnos con Juan Díaz en plena Conquista de México, ya que, según nos cuenta Bernal Díaz del Castillo, fue dicho clérigo quien ofició una Misa en Tacuba cuando Cortés estaba a punto de iniciar el asedio a la Gran Tenochtitlán.

Ante todo lo anterior, tenemos una nueva efeméride digna de inscribirse en los anales de la historia de México: El día exacto en que, por vez primera, Cristo se hizo presencia real en nuestra tierra.

Trece años después, el 12 de diciembre de 1531, haría lo mismo la Virgen de Guadalupe, al regalarnos la única imagen de la Madre de Dios que no fue hecha por ningún artista humano.

6 de Mayo de 1518, fecha digna de recordarse con todos los honores y, de manera especial, tomando  en cuenta que, dentro de tres años, se cumplirá medio milenio de tan feliz acontecimiento.

La crónica de de Nemesio Rodríguez Lois

Hace ya bastantes años que conmemoramos una efeméride que -a pesar de las controversias suscitadas- nos dejó un agradable sabor de boca: los quinientos años del Descubrimiento de América, acontecimiento sin parangón en la Historia Universal que, aparte de propiciar el encuentro de dos mundos, fue el inicio de la evangelización de todo un continente.

Primera misa en México

Ha pasado más de un cuarto de siglo desde entonces y he aquí como en este 2018 se cumple el medio milenio de otro acontecimiento también de singular importancia.

Fue el jueves 6 de mayo de 1518 cuando el Padre Juan Díaz, quien venía como capellán en la expedición dirigida por Juan de Grijalva, celebró en Cozumel la primera Misa en territorio mexicano.

Este dato se lo debemos al insigne historiador Mariano Cuevas, S.J. quien nos lo proporciona tanto en su “Historia de la iglesia en México” como en su “Historia de la nación mexicana”.

Logró encontrar dato tan importante después de consultar el Diario de Juan de Grijalva que se encuentra en la Biblioteca Colombina.

Vendrían después la conquista, la evangelización, las apariciones del Tepeyac, el nacimiento de un pueblo mestizo y una serie de acontecimientos trágicos y gloriosos.

Nuestro México entró en la Iglesia Católica y fue a partir de entonces como, dentro del catolicismo, dio frutos admirables de santidad que van, desde los Niños de Tlaxcala hasta San José Sánchez del Río; pasando por los mártires de la Cristiada (incluidos Anacleto y el Padre Pro) para culminar con sacerdotes y religiosas elevados a los altares.

Ni duda cabe que tan admirables frutos de santidad tuvieron su origen en aquella primera Misa oficiada en Cozumel hace ya quinientos años.

Pues bien, a partir de tan sagrado acontecimiento, serían miles, miles y más miles las Misas oficiadas tanto a partir de la conquista, como durante el período de la Nueva España virreinal y del México independiente; para culminar con las oficiadas por los tres Papas que han visitado nuestro país.

El caso es que la Santa Misa estuvo siempre presente tanto en las más fastuosas ceremonias como en las más sencillas celebraciones.

Se puede decir que, a partir de aquel jueves 6 de mayo de 1518, Cristo tomó posesión del que habría de ser su reino.

Un hecho de incalculables consecuencias dentro de la historia de la Iglesia a nivel universal.

Lamentablemente -por diversas razones- a dicho acontecimiento no se le ha prestado la merecida atención.

Quizás ello se deba a que la gran mayoría ignora que -dentro de pocas semanas- se cumplirán quinientos años de la Primera Misa oficiada en territorio mexicano.

Consideramos que aún estamos a tiempo de que se pueda hacer algo.

Así como hace poco más de dos décadas celebramos en IV Centenario del martirio de San Felipe de Jesús, nuestro primer santo, pudiera también ahora aprovecharse la ocasión para difundir aquel gran acontecimiento que tuvo lugar hace medio milenio.

Y es que, como bien dijo el Padre Mariano Cuevas, S.J.: “Desde entonces…Cristo Sacramentado será, para siempre, el Rey de nuestro suelo”

Revisando el calendario litúrgico de este año, vemos como el 6 de mayo es el 6º. Domingo de Pascua.

Y revisando también las Lecturas, vemos como la Primera (tomada de los Hechos de los Apóstoles) habla del bautismo del oficial Cornelio o sea que se hace hincapié en la primera vez que la Iglesia acogía a un pagano en su seno.

No deja de ser una circunstancia providencial que, justo en el día en que se conmemora la Primera Misa oficiada en territorio mexicano, en la Primera Lectura se recuerden aquellas palabras de San Pedro: “Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que fuere”

Pues bien, cuando, hace ya quinientos años el Padre Juan Díaz oficiaba aquella Primera Misa, estaba abriéndole las puertas de la Iglesia a millones de personas que, una vez bautizadas, darían origen a un gran pueblo del cual brotarían infinidad de héroes marcados todos ellos con la señal de la Cruz.

Razón más que suficiente para echar las campanas a vuelo…

Damos gracias a Dios por haber creado al padre Juan Díaz y habernos el mayor regalo que pudo recibir y que ha recibido México desde hace 500 años: La Santa Misa.

Ubicación exacta del sitio donde se celebró 
la Primera Santa Misa en México 

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La venerable y milagrosa imagen de la Purísima Concepción de Celaya



Eugenio Amézquita Velasco

Contemplar el hermoso rostro de la imagen de la Purísima Concepción de Celaya, que se venera en el Templo de San Francisco de esta misma ciudad guanajuatense, es suficiente acto para quedar prendado de la belleza de una obra que es manifiesto amor a la reina del Cielo, Madre de Dios y de los hombres, y por supuesto, Patrona de la Ciudad y de la Diócesis de Celaya.

Obligados estamos entonces, quienes somos celayenses, sea por nacimiento o por residencia, a conocerla, para que conociéndola le amemos tal y comprendamos por qué Dios le manifestó su amor desde la eternidad y haberla creado, libre de la mancha y corrupción del pecado original, para ser el primer sagrario que llevó en su interior al Salvador del mundo, Jesucristo..

Así, compartimos a ustedes un poco de lo mucho que abarca la historia de esta imagen, que es el amor de sus hijos hecha figura, no para adoración, como algunos manifiestan con ignorante e insidiosa torpeza, sino para traer a la memoria y meditación los misterios de quien es co-redentora y Madre nuestra.



La venerable Imagen de la Purísima Concepción de Celaya. Origen de ella: su descripción. Historia de su culto. Culto primitivo. Progreso y estado actual del culto. 
(Tomado del Álbum de la Coronación de Nuestra Señora Purísima de Celaya. Escrito por el Párroco de San Juan del Río de la Diócesis de Querétaro, Pbro. D. Cesáreo Munguía. Imprenta Guadalupana. José Ugalde R. Juárez Norte 3. Querétaro, Qro. Año de 1935)

No se sabe con exactitud la fecha en que fue traída a Celaya la V. Imagen de la Purísima Concepción que se venera en el templo de N. P. S. Francisco; pero sí consta por la tradición y por documentos fehacientes, que es tan antigua como la misma ciudad.

Efectivamente, en un escrito firmado por el escribano Público Hernán González, hecho en Celaya el día 8 de diciembre de 1597, se menciona una procesión que salió en ese día del templo de San Francisco, como era costumbre en la villa de Celaya, la cual se hizo con mucho ornato e insignias y aplauso y con la imagen de Nuestra Señora de la Concepción.

En el año de 1605 María Magdalena de la Cruz, viuda de Martín Ortega que fue uno de los primeros pobladores de Celaya, solicitó del M.R.P. Comisario General de los Frailes Menores Fr. Miguel López, la confirmación para sí y sus descendientes, del derecho a entierro cerca del altar mayor de la iglesia de los RR.PP. Franciscanos.

Del escrito petitorio de esa gracia se desprenden importantes noticias: Que cuando se fundó la villa de Celaya, se trató entre los vecinos de ella que, pues la dicha villa tenía la advocación de Ntra. Sra. de la Limpia Concepción, era necesario traer una imagen de bulto para fundar convenientemente una cofradía en honor de ese misterio en la Iglesia de San Francisco; que Martín Ortega dijo ser él muy devoto de la Santa Señora en esa advocación y quería asimismo traerla de España, a costa de su hacienda y la de su esposa. María Magdalena de la Cruz; que luego puso por obra su santo intento, y la mandó traer; que dicha imagen es la misma que en aquella fecha (1605) estaba en el altar de Nuestra Señora, y que, sin los gastos de la traída, importó trescientos cincuenta pesos.

El Regidor Agustín Muñiz, nieto del donador de la V. Imagen Martín de Ortega, en escritura pública otorgada en Celaya en 1666, ratifica la donación hecha por su abuelo, y afirma que en honor de esa Imagen estaba fundada de tiempo inmemorial la cofradía de Nuestra Señora Purísima.

Y no menos prueban esa antigüedad de la V. Imagen las palabras con que se renovó el Juramento del Patronato de la Inmaculada Concepción sobre la ciudad de Celaya, el año de 1774.

En él se dice que los primeros conquistadores y pobladores juraron Patrona de Celaya a María Santísima en el Purísimo y primer instante de su Concepción, y con el respeto y reverencia que como a tal Patrona se le debe, todos los antepasados sin interrupción, han venerado ese Misterio y su Divino Simulacro que se venera en la Iglesia de los Religiosos de Nuestro Padre San Francisco.

Al pie de la Sagrada Imagen hay una inscripción en caracteres muy antiguos que dice: “Se hizo devoción de D. Martín Ortega y su esposa los que hicieron la donación a este Colegio, de esta imagen, y tres renovaciones, que le han dado ha sido a costa de este Colegio y esta presente fue a 21 del mes de julio del año de 1764 siendo Guardián Fr. Domingo de Ocaranza”.

La Cofradía de la Purísima Concepción

De esos valiosísimos documentos que originales se guardan en el Archivo del convento de N.P.S. Francisco de Celaya, se desprende que la V. Imagen de la Patrona Principal de esta ciudad fue traída de España muy a los comienzos de la población, en el último tercio del siglo XVI.

Desde luego empezó a tributársele culto regular, pues que para ello se fundó una Cofradía. Tampoco consta con exactitud la fecha de su fundación; pero apoyados en la misma tradición y en los documentos que ya citamos, creemos que coincidió con la llegada a Celaya de la V. Imagen, pues Magdalena de la Cruz en su referida petición asegura que los vecinos de Celaya trataron “que sería necesario traer una imagen de bulto para fundar la sancta cofradía que hoy está fundada en este convento del Señor San Francisco”.

En 1597, ad cautelam, se pidió nueva erección de la Cofradía a la Sgda. Mitra de Michoacán, por haberse extraviado la licencia del Ordinario o porque se erigió sin la aprobación de esa superioridad. Eso prueba que ya existía mucho antes de ese año de 1597.

La Diputación de la Purísima Concepción

Muy antigua es también la Diputación de Nuestra Señora Purísima, que desde tiempo inmemorial y canónicamente se estableció para sostener el culto perpetuo a la Imagen de la Patrona de Celaya.

En un principio estaba integrada esta corporación por dos Diputados y un Mayordomo elegidos entre las personas principales y más piadosas de la ciudad; después fueron ocho los diputados, y su número fue aumentando hasta el de treinta y dos, en memoria de los españoles fundadores de Celaya.

El fin de ambas asociaciones es el mismo: dar culto regular y perenne a la V. Imagen de Nuestra Señora Purísima, por medio de la función anual del 8 de diciembre, de otras funciones menos solemnes en los días de la Anunciación, Asunción y Natividad de la Sma. Virgen; de la Misa cantada con el ejercicio vespertino todos los sábados del año y de un Triduo de misas solemnes con exposición del Divinísimo Señor Sacramentado durante todo el día, en los tres siguientes al 8 de diciembre.

Ambas corporaciones son dirigidas por los RR.PP. Franciscanos encargados del templo, y se rigen: la de Diputados por un Reglamento especial, y la otra, por el del Escapulario Azul.

No se reduce el culto actual a la Inmaculada Patrona de Celaya a lo antes dicho; pues la Cofradía le dedica una función el día de la Purificación de Ntra. Señora; celébranse en su honor el Mes de María, el Mes del Rosario, un Novenario por el Buen Temporal y las Posadas, y además está establecida una velación perpetua, por manera que nunca faltan fieles que rindan homenajes a María Santísima en su Venerable Imagen.

Manifestaciones notables del Culto a Nuestra Purísima Madre han sido, entre otros,el Juramento del Patronato sobre la ciudad de Celaya y de defender la creencia en la Concepción Inmaculada de María; el llamarse en los documentos oficiales y en la correspondencia privada “Celaya de la Purísima Concepción”, y la dedicación del templo de N. P. S. Francisco, al ser consagrado ritualmente, a la Virgen Sma. en ese Misterio.

El juramento dicho lo hicieron los fundadores de la ciudad, ante la V. Imagen; lo renovó la ciudad con el Ayuntamiento a su cabeza en el año de 1774; cien años después se hacían fiestas solemnísimas para renovarlo, y, el mismo día de la Coronación, volvió a ratificarse.

El título “de la Purísima Concepción” se uso en todos los documentos civiles desde la fundación de la ciudad hasta que se promulgaron las Leyes de Reforma. El titulo ritual del templo de N.P.S.Francisco consta en la respectiva acta de Consagración del mismo.

El Panegírico

Muy notable es también el PANEGÍRICO, al que año por año asisten los fieles de aquella población con atención religiosa la tarde del 7 de diciembre en el templo de N.P.S. Francisco.

Un niño vestido con el hábito franciscano y con birrete en la cabeza, representando así al Doctor Sutil Juan Duns Scoto, recita dividido en partes, un poema sobre el Misterio de la Purísima Concepción; un coro siempre nutrido, acompañado de instrumentos de orquesta, ejecuta varios números a manera de introducción y entreactos, antes de iniciarse la recitación y entre cada uno de los cantos del poema, respectivamente.

No podemos determinar el tiempo en que tuvo principio este solemne y singular acto, ni si fue ordenado por decreto o mandato de algún superior de la Orden Franciscana. Sin duda trae su origen de los famosos Autos Sacramentales, genero literario que se uso mucho en España en el siglo XVI, que consistía en composiciones dramáticas cuyo asunto era algún hecho de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, o de algún misterio de la fe. Con ellas el pueblo fiel se ilustraba, objetivamente y deleitándose, acerca de las verdades de nuestra Santa Religión.

Suponemos que el PANEGÍRICO data de los tiempos de oro de la Universidad Real de Celaya, en la primera mitad del siglo XVIII. Cada año, en el mes de octubre, antes de comenzar los cursos académicos, por estatutos, uno de los PP. Lectores pronunciaba en el Aula General del Colegio un Panegírico que por asunto obligado tenía “la Ilustración que Nuestra Sra. hizo a Ntro. Subtil Maestro Juan Duns Scoto, y la subtileza de su doctrina para defensor ante Signano de su original Pureza”.

Además todos los colegios de la Nueva España tenían jurado defender el privilegio de la Concepción Purísima de nuestra Madre y difundir la enseñanza teológica sobre el mismo, en lo cual se llevaban la palma los dirigidos por religiosos franciscanos.

¿Qué cosa más natural, pensamos nosotros, habiendo en casa teólogos y poetas, venerándose en el templo contiguo una imagen taumaturga bajo la advocación dela concepción sin mancha, y concurriendo numerosísimo pueblo muy devoto de ese misterio, que entusiasmar a éste, recordándole en la víspera del 8 de diciembre los argumentos que afianzan su fe, envueltos en las cadencias de la poesía y entre los acordes de la música?

Varias han sido las composiciones poéticas que se han empleado en este acto tan conmovedor.

La milagrosa imagen de la Inmaculada Concepción de María de Celaya

Hablar de la Inmaculada Concepción de Celaya es hablar de la misma ciudad porque desde sus comienzos, esta advocación mariana esta presente en la vida de los celayenses, en su escudo, en sus vidas, en el nombre original de la ciudad y en la vida de los frailes franciscanos, participantes en la fundación de la entonces villa y custodios de la venerada imagen.

 Consta en la Crónica de la Orden de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, Provincia de San Pedro y San Pablo de Mechoacán en la Nueva España compuesta por el padre Lector de Teología Fray Alfonso de la Rea, de la misma Provincia, escrita en el año de 1639 y cuya primera edición data de 1643, en su Capítulo XXVII, titulado Que la Titular del Colegio es de la Concepción, por serlo de la Villa también, por una imagen milagrosa de ella, algo que es considerado como portentoso milagro dado a la ciudad y a la comarca.

 Se refiere obviamente Fray Alonso de la Rea, al Colegio de Universidad y a la imagen de la Inmaculada Concepción de Celaya. Cita esta crónica que en la primera fundación de la Villa de Zelaya, que fue casi a los principios de la conquista de este Reino, viendo que su conservación y aumentos se prometían muy ciertos, por las comodidades que ofrecía el sitio, y la comarca. por asegurarlos, los libraron en vocación de la Madre de nuestras esperanzas, y la intitularon de la Concepción: cuyo reconocimiento, y devoción fue creciendo con el tiempo, y criando raíces en la voluntad de los pobladores, para que el fruto fuesen sus milagros, y loores.

 Y como el agradecimiento obliga de nuevo al bienhechor, el que tuvo esta Villa con la imagen la movió tanto, que cada día experimentaba nuevas deudas a su clemencia.

Hasta que ella misma se les dio en una imagen, tan hermosa, y milagrosa, que nunca el original tuvo tan singular retrato.

 Es de vara y media de alto, con tan singular proporción, y donaire, que cada vez que se mira, con lo risueño del rostro, y severo del aspecto, trueca las admiraciones en gozos, y los gozos en admiraciones, y así se atribuye a obra soberana.

 De aquí ha crecido la devoción, y levantándose con las voluntades con tan singular dominio, que en cualquier aprieto, necesidad, o trabajo: sólo con verle el rostro, olvidan sus penalidades, y se visten de una nueva confianza, que viene a ser gozo lo que fue desdicha, y dicha lo que fue trabajo.

Con este seguro alientan sus esperanzas, y libran en esta imagen los socorros del cielo cuando faltan. Porque como es toda la comarca de labores, y ganados, el faltarles el agua, es faltarles el remedio: y así acuden de ordinario a esta imagen.

 Particularmente de diez años a esta parte, que parece que se ha trocado el curso ordinario del cielo: porque empezando a llover por mayo, o junio, que es el principio de las aguas, hubo año, que por los principios de agosto no había llovido, y estaban los campos perdidos, las hambres ciertas, y la peste en los indios evidente.

 En este aprieto libraron sus esperanzas en esta imagen, y le prometieron un Novenario muy solemne: y para darle principio ordenaron sacar la imagen en Procesión para el Convento de San Agustín. Sacáronla como a las nueve del día, estando el cielo tan raso, y liso, como en el canicular más ardiente. Apenas los cielos vieron el rostro de su Señora, cuando enternecidos le inclinaron la cabeza, y al volverle a su convento, como a las once, se levantó sobre esta villa una nubecilla, como un vellón de lana, y extendiéndose por toda ella, a las tres de la tarde despidió tanta agua, que cada calle era un río, y la circunferencia un mar, sin que lloviese en otra parte alguna, con que se mejoró el año.

El autor de la crónica, hace una interesante revelación: Otras muchas veces la han sacado con la misma necesidad, y socorrídola: pero pongo esta porque yo la vi. A esta Señora pues consagró el Colegio su vocación, por haberlo hecho primero la Villa, librando en su intercesión los aumentos de su fundación, y a la sombra de su imagen camina por la prosperidad, sin fatigarle con las inclemencias del tiempo, que son las que pueden interrumpir su conservación.

 Se salva la imagen de deshacerse en un incendio 

 Al llegar el siglo XX, en 1904, la imagen habría de vivir otro momento histórico. En su Álbum de la Coronación de Nuestra Señora Purísima de Celaya,Álbum Conmemorativo de la Coronación de Nuestra Señora Purísima de Celaya escrito por el Párroco de San Juan del Río de la Diócesis de Querétaro, Pbro. D. Cesáreo Munguía. 1909-1935, se narra que todo el año de 1904 emplearon los señores diputados en preparar la suntuosa función del 8 diciembre.

Días antes de esa fecha, miles de escritos en prosa y en verso alusivos a la próxima solemnidad circulaban entre los moradores de Celaya; las bandas de música recorrían las calles o se estacionaban en las plazas entusiasmándolos con sus festivas piezas; el frente de todos los templos y casas se hallaba engalanado de día e iluminado por la noche y, los repiques y salvas de cohetes se sucedían casi sin interrupción; el templo de San Francisco ostentaba sus mejores galas aumentadas con los adornos exprofeso preparados para ese día; la Santa Imagen revestida con sus más ricos ropajes y las alhajas más valiosas, se mostraban en toda su belleza artística y con toda la unción que inspira su divina actitud.

 Se esperaba una solemnidad espléndida con maitines a todo coro y orquesta y misa solemnísima en que celebraría de pontificales el excelentísimo y reverendísimo señor arzobispo de Michoacán Dr. don Atenógenes Silva elocuente hermano del doctor Luis Silva, canónigo magistral de la catedral de Guadalajara.

 Se declara incendio en el Templo de San Francisco.  La extraordinaria alegría de la ciudad mariana se trocó en vivísima aflicción en la víspera misma de la ansiada solemnidad. A las 3:50 minutos de la mañana, las campanas de los templos daban toque de alarma anunciando incendio; los vecinos abandonan el lecho y se lanzan por las calles preguntando por el lugar donde aquél se había declarado, y muy pronto se supo que el templo de nuestro padre San Francisco era presa de las llamas; que el altar mayor es el más atacado por el fuego; que éste había reducido a cenizas el nicho que guardaba la venerable imagen de la patrona de la ciudad y la peana en que descansa, y que la misma imagen era una enorme antorcha que ardía.

 Al saberse esto, la consternación del pueblo fue tremenda y un lamento tristísimo y desgarrador dejóse oír no sólo en el mencionado templo, sino por las calles y en las casas de toda la población ¡Celaya había perdido su más valiosa joya, con la cual noblemente se enorgullecía: la santa imagen de su madre Purísima!! Y… ¡y en qué día!

La piadosa ciudad durante todo un año lo había preparado, la mayordomía, a cargo toda la ciudad, no perdonó gasto ni sacrificio para que la función jubilar resultara solemnísimo para que el día 8 diciembre 1904 fuera día de regocijo extraordinario, que patentizará al mundo, que la creencia en la concepción inmaculada de María, sostenida por ese pueblo durante siglos aún antes de ser declarada dogma de fe, había sido inconmovible.

 Más ¡oh prodigio! El incendio pavoroso, cuya causa no es conocida ni aún sospechada hasta ahora, respetó la venerable imagen de la augusta patrona, que es de madera, después de haber consumido las ricas vestiduras que le adornaban y haber fundido el oro y la plata de la aureola que ostentaba en su cabeza.

No podemos expresar la alegría y ternura que inundó el alma de los celayenses, al enterarse del favor insigne, de la señalada Providencia, del verdadero milagro que Dios acababa de obrar allí muy cerca de ellos, sino parodiando la frase del Evangelio de la epifanía: “videntes stellam gavisi sunt gaudio magno valde, que cuando los magos volvieron a ver la estrella se llenaron de un gozo grande sobremanera”.

Si, dijimos la imagen de nuestra patrona es “tabernaculum Dei in medio civitatis eius, el tabernáculo de Dios en medio de su ciudad, et non commovebitur, y no será conmovido”, y cantamos, bendiciendo a Dios: “flagellum non abropinquabit tabernáculo tuo, el látigo infernal no se llegara, ¡oh Dios! A tu tabernáculo”.

 Sentimientos parecidos embargaban a los hijos de Celaya, cuando, después de haberse sentido huérfanos, suponiendo consumida por el fuego la venerable imagen, por la tarde de ese mismo día pudieron contemplarla a su sabor en el altar provisional en que fue expuesta a la veneración de todos.

Se había salvado providencialmente: aunque acudió con rapidez el reverendo padre guardián, tan luego como recibió la noticia del siniestro, cuando llegó detrás de la imagen acompañado de algunas personas, las llamas la envolvían por completo y habían consumido totalmente las vestiduras y derretido el metal de la aureola que, como informe masa metálica, cubríale la cabeza; en medio del humo y del calor asfixiante logró el reverendo padre Peñaflor separar la imagen de su peana convertida en ardiente tizón y, completamente ennegrecida, colocarla envuelta en un lienzo, en una habitación contigua al templo.

 Repuesto un poco de la emoción, pudo advertir que no había sufrido notables desperfectos; porque, limpiándola de la espesa capa de humo, con gratísima sorpresa encontró que sólo presentaba ligera quemadura en la punta de la nariz y las extremidades de los dedos.

El excelentísimo y reverendísimo señor Silva, ella se encontraba en Celaya para oficiar el día siguiente, dispuso que fuera expuesta a la veneración de los fieles para que recibiera los homenajes que se habían preparado. Se practicó un ejercicio piadoso con sermón que predicó el mismo excelentísimo señor arzobispo.

 Manifestó en el que aquella desgracia era un castigo del cielo y un estímulo para que los habitantes de la ciudad crezcan y se perfeccionen en el amor a la madre que el cielo les dio por patrona. Al siguiente día oficio su excelencia reverendísima en acción de gracias y con rito pontifical, y dos días después al encomendar la reparación de la venerable imagen al escultor queretano don Diego Almaraz y Guillén, por orden del mismo excelentísimo señor arzobispo, se levantó acta de lo acaecido, ante dos notarios eclesiásticos y dos civiles; y otro tanto se hizo el 7 enero del siguiente año, en que el referido escultor entregó al reverendo padre guardián la imagen ya restaurada.

Al mismo tiempo comenzaron las obras de reparación y decorado del templo en el cual se invirtió todo el año de 1905.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya El Archivo Musical del Convento Franciscano de Celaya: Lidia Guerberof Hahn

El Archivo Musical del Convento Franciscano de Celaya

Eugenio Amézquita Velasco

En 2010, el Anuario Musical N.º 65, enero-diciembre 2010, en sus páginas 251-268, dieron luz a un excelente artículo e investigación de Lidia Guerberof Hahn, que titulo como “El Archivo Musical del Convento Franciscano de Celaya.

¿Quién es Lidia Guerberof Hahn?

La distinguida clavecinista, pianista e investigadora, nace en la ciudad de Buenos Aires; a la edad de tres años inicia el estudio del piano con sus padres continuando posteriormente con la pianista Berta Sujovolsky, presentándose ante el público a la edad de 9 años.

Lidia Guerberof Hahn.

Obtiene por concurso a los 17 años, una beca para cursar estudios superiores en la Academia “Ciprian Porumbescu” de Bucarest. Concluidos éstos toma clases de perfeccionamiento de piano con Bruno Seidlhofer, y análisis con Erwin Leuchter.

En 1970, en Buenos Aires, es profesora de Música de Cámara y co-Directora de la Fundación George Enescu y desde 1970 se dedica a la interpretación del clavecín. Tres años después nuevamente en Europa realiza una maestría con Gheorghe Halmos, tras lo cual se establece en España donde adopta la nacionalidad de dicho país.

Establecida en Barcelona, como clavecinista, es integrante de la Orquesta Catalana de Cámara y del Grupo Instrumental Catalá (GIC), funda y participa del Cuarteto Laieta

Paralelamente, como pianista, realiza numerosos conciertos de música de cámara y con cantantes, desarrollando a la vez, la actividad de Maestro Interno de Ópera y repertorista .

Repetidas veces es solista de eventos internacionales entre los cuales caben mencionar: Festival de Barcelona; Festival de Pamplona; Festival de Música Contemporánea de Alicante; Festival Latinoamericano de Música de Caracas; Festival y Congreso de las Tres Américas de Buenos Aires; Festival de Morelia, Foros de Música Nueva y Festivales Cervantinos de México; Expo Sevilla 92; Latin American Music Festival de Fort Worth, Festivales de Música Renacentista y Barroca de Lima, Festival de Música Virreinal de Guadalajara, etc.

Interpretan: Lidia Guerberof Hahn (clavecín), y Cuarteto
 Fundamental Arturo González Viveros (violín primero),
Alejandro Flores (violín segundo), Mónica del Águila
 (violonchelo), Astrid Montserrat Cruz González (viola).
Concierto grabado en el Auditorio Blas Galindo del Centro
Nacional de las Artes el día 28 de agosto de 2013.

En 1988 es distinguida por el Gobierno Brasileño con la Medalla “Heitor Villalobos”.

Reside en México desde 1986. Conjuntamente a su intensa actividad de conciertos, ha sido Académico de la Universidad Autónoma de México y se dedica a la investigación histórico-musical habiendo sido entre 1995 a 2013 directora del Archivo Musical de la Basílica de Guadalupe donde ha realizado la catalogación de dicho acervo como también del acervo del Convento Franciscano de Celaya y la divulgación de las investigaciones derivadas de los mismos en diversos foros, congresos y universidades nacionales y extranjeras. Es autora de numerosos artículos publicados en la revista Heterofonía, México; Anuario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España; Guadalupe Arte y Liturgia. La sillería de coro de la Colegiata, México; Diccionario Cultural de Historia de la Iglesia en América Latina; entre otros.

Ha dictado cursos de interpretación y catalogación. |

En su quehacer artístico-creativo siempre han estado presentes la danza, la literatura, las artes plásticas, el teatro. Ha escrito la música y elaborado el montaje musical de algunas obras teatrales.

Es fundadora e integrante del Ensamble “Paax-Kaay”.

En 1999 obtiene la Beca de Investigación para Hispanistas que otorga el Ministerio de Asuntos Exteriores de España logrando un muy importante rescate de música para México.

Está especialmente dedicada a la interpretación de las obras de J. S. Bach, Gh. Fr. Haendel, españoles del S- XVIII, la música del Virreinato latinoamericano y de la música contemporánea tanto en clave como en piano estrenando numerosas obras algunas escritas especialmente para ella. Está involucrada también con el S-XIX para piano con programas de mujeres compositoras del mundo.

A partir de 1998 se ha vinculado muy estrechamente al quehacer musical del Perú, estableciendo una fuerte colaboración con el reconocido Maestro [[José Quezada Macchiavello] en la recuperación del acervo musical del Virreinato peruano.

En el año 2013 participó en el homenaje mundial al Padre Antonio Soler con conciertos en el CNART y Bellas Artes (clavecín). Ha formado un dúo de pianos con Carlos Alberto Pecero.

Archivo de Música del Convento de San Francisco de Celaya.

Su investigación en el Convento Franciscano de Celaya

En su investigación, Guerberog Hahn señala que “el Archivo Musical del Convento Franciscano de la Provincia de San Pedro y San Pablo situado en la ciudad de Celaya del estado de Guanajuato (México), contiene especialmente obras del siglo XIX, tanto de autores de la región como europeos. Tanto sus fondos documentales, como los del Archivo Histórico, sobrevivieron a la ocupación del ejército en 1859, en el marco de la Guerra de Reforma, o “de los Tres Años”, entre liberales y conservadores, que finalizó con la victoria de los primeros y la entrada en la
capital del país de Benito Juárez.

Un poco de historia

Bajío se le llama a una región que se sitúa en el centro de México y que abarca parte del territorio del Estado de Guanajuato, de Querétaro y de Michoacán. En esta región, habría que nombrar como las ciudades más pobladas a Celaya, Irapuato y León, todas ellas en el Estado de Guanajuato; Querétaro, en el estado de su nombre; y La Piedad, en el Estado de Michoacán.

Fueron tres los primeros frailes de la Orden Franciscana en llegar al Bajío en 1523, abriendo el
camino para que un año después llegara el grupo llamado “Doce Apóstoles franciscanos” con la consigna de evangelizar los recién conquistados territorios. A ellos se sumaron posteriormente otros grupos que se organizaron en territorios provinciales.

Virrey Martín Enríquez de Almansa

La ciudad de Celaya estaba poblada, antes de su erección como tal, por un pueblo de la etnia otomí llamado “Nat-tha-hi”. Es el 12 de octubre de 1570 cuando a petición de un grupo de labradores vascos asentados en la zona y bajo el mandato del virrey español –leonés- Martín
Enríquez de Almansa, se funda una nueva ciudad, bautizada como “Villa de la Purísima Concepción
de Zalaya”.

La ciudad de Celaya fue sede de alcaldía mayor en la jurisdicción del Gobierno y capitanía general de Nueva España y del obispado de Valladolid (hoy Morelia), Michoacán. El Convento y Templo de San Francisco de Celaya es uno de los más grandes del país. Luce un interior barroco del siglo XVII construido sobre la capilla original en 1683, habiendo sido reconstruida su fachada, en estilo neoclásico, entre los años 1810 y 1820 por el afamado arquitecto, pintor y escultor Francisco Eduardo Tresguerras. (*Celaya, 1759; †1833).

La fachada del templo es de orden jónico, orientada al sur con cuatro grandes columnas que sostienen la cornisa. Una enorme torre de 64 metros; compuesta por tres cuerpos con dos arcos, se encuentra junto a la fachada. El conjunto del templo fue construido según el modelo de cruz latina, cuya dimensión más larga es de 66.5 mts., 11 mts. de ancho y 17 mts. de altura del suelo a las bóvedas.

En 1627 comenzó a funcionar el Colegio de la Purísima Concepción pasando a ser posteriormente
Universidad Real y Pontifi cia con cátedras de Arte, Teología, Derecho, Retórica y Gramática.
En 1859, durante la Guerra de Reforma (1859-1861), parte del monasterio fue ocupado por tropas del ejército, que cambiaron la placa de la fachada del convento, “Collegium Universitatis”, por la de “Cuartel Independencia”, dejando a partir de entonces de existir el anterior Colegio. A diferencia de otros templos también tomados entonces por el ejército, y a pesar de la violencia posterior de las guerras padecidas (“Guerra Cristera” y “Guerra de Reforma”, así como cien años de ocupación), aunque el edificio quedó muy maltrecho y en parte destruido, ha podido conservar buena parte de su rico patrimonio histórico artístico, ya que una pequeña parte del Convento siguió habitada por algunos frailes. Durante esos años, el Templo permaneció abierto y en funcionamiento como tal, hasta que, en 1950, el monasterio fue devuelto a la comunidad franciscana por el gobierno de Miguel Alemán.

En el Coro del templo se encuentra un órgano, que acaba de cumplir cien años, en el cual se ofrecen conciertos con bastante frecuencia.
En el interior del convento se encuentra la valiosa Biblioteca antigua, el Archivo Histórico Provincial y desde hace poco tiempo, el Archivo Musical en formación.

El archivo musical

Cuando se habla de Archivo Musical, nos estamos refiriendo a un gran archivo, incrementado
con las partituras traídas del Convento Franciscano de la Santa Cruz de Querétaro, donde también se encuentra el Templo y la Universidad Franciscana de Filosofía. Evidentemente, la música era parte muy importante de la vida de los frailes de la provincia franciscana de San Pedro y San Pablo, que abarca los templos franciscanos de los territorios de Guanajuato, Michoacán y Querétaro, como se puede constatar al ver no sólo la gran cantidad de obras conservadas, sino también la calidad de las mismas.

Llama la atención la ausencia de manuscritos de los siglos XVII y XVIII presentes con relativa frecuencia en otros archivos catedralicios mexicanos; de éstos, sólo hay dos, pero lo interesante de su contenido es, en primer lugar, la gran cantidad de obras manuscritas y editadas de compositores de la región, poco conocidos en el ámbito musical del resto del país, cuando no completamente desconocidos. En segundo lugar, la presencia de abundantes ediciones del siglo XIX y comienzos del XX de los grandes compositores europeos de música sacra, especialmente italianos, españoles y alemanes. La obra del inmortal J. S. Bach tanto religiosa como no (corales, misas, pasiones, toda la obra para clave y órgano), convive con las composiciones de Giovanni Pierluigi da Palestrina (*Palestrina, 1525c; †Roma 1594), Orlando di Lasso (*Mons, Hainaut, Bélgica, 1532; †Munich, 1594), o Tomás Luis de Victoria (*Ávila, 1548c; †Madrid, 1611), e incluso, ya de fechas mucho más cercanas, con la de Luigi Bordese (*Nápoles, 1815; †París, 1886), Luigi Bottazzo (*Presina di Piazzola, 1845; †Padua, 1924), Enrico Bossi (*Saló, Brescia, 1861; †En alta mar, 1925), Giovanni Pagella (*La Spezia, 1872; †Turín 1944), Giulio Bas (*Venecia, 1874; †Génova, 1929), Lorenzo Perosi (*Tortona, 1872; †Roma, 1956), Franco Vittadini (*Pavía, 1884; †Pavía, 1948), Tomaso Gardella (*Carmogli, Génova, 1891; †1961c), Luigi Picchi (*Sairano, 1899; †Como, 1970), el franciscano padre Vicente Pérez Jorge (*Liria, Valencia, 1906; †Onteniente, Valencia, 1993), monseñor Domenico Bartolucci (*Borgo San Lorenzo, 1917), Tossi, Antonelli, P. M. Galletti, o Juan Alfonso García (*Los Santos de Maimona, Badajoz, 1935), sólo por mencionar a los más conocidos en copias manuscritas y diversas ediciones.

Algunas de las editoriales aquí más repetidas son las italianas Carrara (de Bérgamo), Marcelo Capra, y Leandro Chena (ambas, de Turín), Ricordi (italiana –de Milán–, y americana –de Buenos Aires–), Zanibon (de Padua), o la Asociación Santa Cecilia de Roma; las alemanas Schott (de Maguncia), Breitkopf & Härtel (de Leipzig), Peters (también de Leipzig), A. Böhm (de Augsburgo) y Bärenreiter (de Kassel); las españolas Boileau y Bernasconi, Musical Emporium, y Subirana (las tres, de Barcelona), así como Ildefonso Alier, y Tesoro Sacro Musical (ambas, de Madrid); las mexicanas Otto y Arzoz (de México), Seminario Franciscano “Pio Mariano” (de Celaya, México), o Schola Cantorum, y Ediciones Franciscanas (de Celaya, México; Barcelona, España; y Asís, Italia); la francesa Alphonse Leduc (de París), la belga Desclée (de Tournai), o las estadounidenses Schirmer, y J. Fischer & Bro. (de Nueva York); entre otras muchas.

También hay un gran número de compositores, especialmente italianos y españoles desconocidos,
religiosos en general, cuyas obras probablemente llegaron a este lugar de la mano de otros religiosos que en algún momento estuvieron en alguno de esos dos países, enriqueciendo notablemente este fondo.

Hasta ahora hay registrados 13.093 títulos –incluyendo en dicha cifra las composiciones musicales que aparecen en los libros–, que ocupan 135 cajas, aunque aún faltan obras por clasifi car, aparte de toda una interesantísima música profana. En esa cantidad de títulos se incluyen también ediciones, que contienen de cien a quinientas obras aproximadamente de autores diversos.
Creo que dentro de tantos nombres sería más interesante darles un espacio primeramente a los
compositores mexicanos que integran este archivo, si no a todos, sí al menos a los más representativos o que tuvieron un rol más importante, tanto en la región como en el país. No se tiene información hasta ahora si existió una capilla musical como tal en el Convento y Templo Franciscano de Celaya, aunque se conoce la existencia de un coro de infantes y adultos, –que fuera dirigido por el maestro compositor Isaías Barrón (*Cortázar, 1882; †Celaya, 1964)–4, así como de algunos otros organistas. Gracias a estos músicos, sin duda, se ha enriquecido el fondo musical del archivo.

Dado que este año se conmemoran con diversos conciertos y homenajes los cien años del nacimiento de Miguel Bernal Jiménez, tanto en su ciudad natal, Morelia, como en otros lugares del país, creo conveniente comenzar con algunos datos sobre este compositor. Nacido en Morelia, Michoacán en 1910, falleció en la ciudad de León, Guanajuato, en el año de 1956. Fue infante de coro de la catedral de Morelia, hasta que en 1928, una vez descubierto su talento, marchó a Roma a estudiar en el Instituto Pontificio de Música Sacra, graduándose en 1933 en Canto Gregoriano, Órgano y Composición, teniendo entre otros maestrosa Licinio Réfice. Fue director de la Escuela Superior de Música Sacra de Morelia y fundador de la revista musical Schola Cantorum, en la cual publicaba, cada mes, artículos sobre diversos temas musicales, y en su suplemento, obras de no pocos compositores mexicanos, especialmente para órgano, y voz y órgano.

Fundó la Sociedad “Amigos de la Música” en 1938 y dirigió el Coro de los Niños Cantores de
Morelia. La investigadora Lorena Díaz, autora del catálogo y biografía de este compositor, afi rma que M. Bernal Jiménez, encabezó lo que se puede llamar el “nacionalismo sacro”, como “consecuencia de un largo proceso que comenzó con el Motu Proprio de Pío X dado a conocer en noviembre de 1903”.

El catálogo de este autor consta de 251 obras para órgano, orquesta, voces y órgano, coros, piano, cuartetos, el drama sinfónico Tata vasco, innumerables villancicos, etc.
En el archivo musical del Convento de San Francisco se encuentran varios villancicos, dos misas,
motetes, unos Misterios, Réquiem, Siete Palabras, “Catedral” (23 piezas para órgano), una Sonata de Navidad y Sonata Sabatina -también para órgano-, así como algunas otras obras.

El padre José Guadalupe Velázquez (*1856; †1920), formado musicalmente en Ratisbona, Alemania,
funda en 1892 (junto con Agustín González) la Escuela de Música Sacra de Querétaro, con el fi n de formar músicos y cantantes con una alta preparación para la música litúrgica. Compositor reconocido también en el ámbito europeo de la música sacra, se especializó paralelamente con gran talento en la dirección de coros.

El archivo musical del convento franciscano de Celaya cuenta con una Colección de Cánticos
Guadalupanos, Cánticos Marianos, motetes, y otras obras como una Misa, un Popule meus, o un Vexilla Regis, entre otras obras de este compositor.

Maestro Agustín González

El maestro Agustín González y el Panegírico a la Inmaculada Concepción

El maestro Agustín González (*1864; †1927) fue otro de los muy reconocidos y apreciados
compositores y organistas de la diócesis de Querétaro, que junto a Guadalupe Velázquez se dio a la tarea de formar músicos litúrgicos en la Escuela de Música Sacra.

El archivo musical de Celaya alberga una colección de 22 Cantos del IV Centenario de las Apariciones Guadalupanas, así como cinco Misas, un Misterio, Motete, Himno a Santa Cecilia, In solemnitate N. P. S. Francisci, y unos Maytines de la Purísima que tienen la siguiente inscripción:

“Compuesto para solemnizar el 50 Aniversario de la Inmaculada Concepción y para / ejecutarse en las Catedrales de México, Morelia, Guadalajara, Querétaro y Zamora y / en las Iglesias del Beaterio de Sn. Juan del Rio, Parroquia de Hércules, San Agustín, Santa Clara / Capuchinas de Querétaro. / Morelia del S. C., 26 de Noviembre de 1918”.

Este mismo maestro es autor también de un Panegírico a la Virgen María para 4 voces y gran
orquesta, que se ejecuta cada año, el día 7 de diciembre por la noche, en el Templo del Convento de San Francisco de la ciudad de Celaya, “para recibir la Festividad de la Inmaculada Concepción”, el cual fue compuesto en 1908 “para la ceremonia de la coronación de la Inmaculada en Celaya”.

Partitura del Panegírico a la Inmaculada.

Los diversos compositores y sus obras en el Archivo Musical del Convento

Es imposible hablar aquí de todos los compositores cuyas obras integran este archivo, pero cabría
mencionar a algunos de los más prolífi cos y destacados como Delfi no Madrigal Gil (*Erongarícuaro, 1924), que ha sido organista de la catedral de México y docente en la Escuela de Música Sacra y en el Conservatorio de las Rosas de Morelia; o a Domingo Lobato Bañales (*Morelia, Michoacán, 1920), formado como infante de coro de la catedral y en la escuela Superior de Música Sacra de Morelia, donde fuera discípulo de Bernal Jiménez, especializándose luego en Canto Gregoriano y Composición y obteniendo el Premio Jalisco 1958 por su labor como investigador de la música virreinal; a Francisco de Paula Lemus (autor de cientos de Misterios), o a Eduardo Loarca Castillo (*Querétaro, 1922; †2004) -cronista de la ciudad de Querétaro director del conservatorio de dicha ciudad y prolífico escritor de arte e historia-, así como al padre Cirilo Conejo Roldán (*Querétaro, 1884; †1960), maestro de numerosos músicos mexicanos, alumno a su vez del padre Velázquez y fundador del Conservatorio de Música de Querétaro que actualmente funciona conjuntamente con la Escuela de Música Sacra; sin dejar de citar al menos a Mariano Paulín, organista del Templo Franciscano de Acámbaro (cercano a Celaya), del Templo de San Francisco de Celaya y otros circundantes; y al ya mencionado maestro Isaías Barrón, también organista y director del coro de este templo, fundador de la Sociedad Santa Cecilia y de una Academia de Música.

Fray Serafín Ramírez OFM



El compositor Fray Serafín Ramírez OFM

No quisiera, terminar esta breve relación de compositores sin hablar de uno de ellos que ha merecido un espacio aparte en la catalogación del archivo. Me refiero a fray Serafín Ramírez, O.F.M. Nacido
en 1888 en la ciudad de Zamora, Michoacán, con el nombre de Diego, sintió desde niño la vocación religiosa e ingresó en el Seminario Diocesano de esa ciudad, dejándolo en 1903 para entrar en el Colegio Pío Mariano de la Orden Franciscana en Querétaro, donde sería admitido en el Coro como tiple, iniciando el noviciado y cambiando luego su nombre por el de Serafín.

A partir de 1904, estudió Filosofía y Teología, ejerciendo también como cantor y organista del Santuario del Pueblito (Querétaro). En 1909 inició sus estudios con el maestro Agustín González, y en 1913 fue ordenado sacerdote. Ante la persecución religiosa acaecida entre 1926 y 1928, marchó a España junto con otros sacerdotes, y después de residir un tiempo en Barcelona, donde estudió con José Barberá en el Convento de San Antonio, se dirigió en 1928 a Roma, donde permaneció tres años dedicado al estudio de la música en el Instituto Pontificio de Música Sacra, graduándose en estética gregoriana, acompañamiento gregoriano, órgano y composición. Entre otros, tuvo como maestro a Rafael Casimiri. Regresó a México en 1930.

Poco a poco, su salud se vio mermada por una parálisis progresiva y por ceguera, que le impedía escribir, pero sin darse por vencido enseñó a escribir música a la señora que le atendía, dictándole sus composiciones.

Gracias a ello, se pudo conservar gran cantidad de obras, así como numerosos borradores, escritos
sobre las reglas de la composición litúrgica, críticas, etc. etc. También fue editada parte de su obra por “Ediciones Franciscanas”. Falleció en la ciudad de Celaya en 1962, a los 74 años de edad. Su producción musical solo terminó con su muerte.

Realizó un extraordinario arreglo de las Siete Palabras de Nuestro Señor Jesucristo, de Pedro. B.
Falconara, para 4 voces mixtas y órgano. De este trabajo, la Comisión Diocesana de Música Sagrada de México comunica que sí puede editarse y que dicha Comisión: “estima que es digna de admiración y alabanza la difícil labor que ha emprendido de dignifi car,
ajustándolas a los cánones del expresado Motu Proprio, composiciones que no se amoldan de suyo a las exigencias de la verdadera música sagrada”. (Pbro. Cesáreo Munguía).

La obra está editada por la “Colección de Música Sacra – México, 1942”. Por último, para tener una idea del nivel de análisis y juicio crítico de fray Serafín Ramírez, transcribo algún que otro fragmento de una crítica, dura por cierto, pero no por eso inaceptable sino todo lo contrario, sobre una obra que no se especifi ca, pero que parece ser las Siete Palabras: “[…] por el lado armónico se descubre luego la falta de instrucción escolar, lo que origina el sinnúmero de errores en el uso de los acordes, se confirma aquello: Grande [es la] diferencia del músico que en sus obras lo guía una ciega […roto…], al del compositor que escribe sus obras basado en los principios insustituibles del Arte […]”.

Fray Serafín Ramírez OFM

“[…] Es de desearse más sentimiento cristiano, más pureza de Arte y más apego a las sabias leyes de la Iglesia para una obra como esta”. (Guadalajara, Jalisco II-8-1941 – Firmado: Fr. Serafín Ramírez, enfermo).

En el Archivo Musical del Convento de Celaya se conservan, entre otras obras varias, colecciones
como son: 29 Cantos Josefi nos, 33 Cantos al Salvador, 33 cantos a Jesucristo, 30 cantos a Cristo Rey, varias colecciones de Cantos Marianos (137), 58 Cantos Eucarísticos, 35 Cantos Populares, 31 Himnos, 55 Cantos Guadalupanos, Invitatorios, Misterios, Imitaciones Gregorianas, Fugas, arreglos y recopilaciones, e independientemente de estas obras editadas, se conservan también decenas de borradores de todo tipo, incluidos varios cuadernos con sus ejercicios de composición y polifonía realizados mientras estudiaba en Roma. En general, su música está escrita para voces y órgano, habiendo realizado arreglos de melodías populares.

En cuanto a los compositores españoles representados en este archivo, además de los mencionados al inicio del presente trabajo, quedan dos manuscritos de fray Martín Francisco de Crucelaegui (*Elgoibar, Guipúzcoa, 1737; †México?, 1784p): una Missa, a 3 voces con violines, trompas y bajo; y un himno a la Virgen María Sub tuum praesidium, a 4 voces con orquesta (siendo éstos los únicos manuscritos del siglo XVIII que se conservan en este archivo).

Dos Misas del pbro. sacramentino vasco Martín Gorostidi Altuna (*Amezqueta, Guipúzcoa, 1913;
†Bilbao, Vizcaya, 1988)11, una obra de Ildefonso Ripollés, otra del Padre Donostia, y del mercedario español fray Manuel Sancho, varias zarzuelas de contenido religioso.
Para concluir este esbozo del contenido del archivo musical de Celaya, quisiera mencionar lo que me parece una joya musical, por su hallazgo en este lugar, por su calidad y belleza musical y por su singular construcción y desarrollo. Me refi ero a las:
“SEIS / SONATAS / para Clave y Piano Fuerte / DEDICADAS / A LA RL. SOCIEDAD BASCONGADA / COMPVESTAS / Por D. Joachín Montero / Organista en la Parroquía, de / Sn. Pedro el Rl. de / Sevilla. / Obra 1ª. Precio 26 Ps.”.

De este compositor y organista, de quien “se sabe muy poco de su vida”, y más concretamente,
sobre sus sonatas para clave y fortepiano Opus 1, se afirmaba, hasta hace muy poco tiempo, que se hallaban “en una publicación cuyo único ejemplar figura en la Biblioteca del Orfeó Català”15. Afortunadamente, la reciente aparición del presente impreso en el mexicano archivo de Celaya, no sólo desdice dicha afi rmación, sino que testimonia la difusión que dicha obra tuvo en territorio americano, en un claro ejemplo de circulación editorial de música a ambos lados del Atlántico.

Su autor, Joaquín Montero (*1740c; fl.1764; †1815p), organista en Sevilla en un tiempo en el
que desarrollaban su actividad en dicha ciudad andaluza músicos tan destacados como Antonio Ripa
(*Tarazona, Zaragoza, 1721; †Sevilla, 1795) -maestro de capilla de la catedral hispalense desde 1768 hasta su muerte- o Manuel Blasco de Nebra (*Sevilla, 1750; †Ibídem, 1784) -notable autor de música de tecla-, trabajó también una colección de minuetos, datados en 1764, que se conservan manuscritos en la Biblioteca Nacional de España en Madrid (E-Mn, M 2810), y que pasan por ser las composiciones para teclado más antiguas en España que señalan específi camente que pueden utilizarse, además de para el clave, para ser tocadas al pianoforte, tal como aparece en su portada.

Publicó sus Seis Sonatas… el 24.12.1790 en Madrid, aunque las grabó en Sevilla, el mismo año
en que, precisamente, iba a editar también (el 16.07.1790) un tratado teórico-musical titulado Compendio armónico que contiene las defi niciones de las quatro partes en que se divide la musica, sacado de los autores mas antiguos. Se sabe, además, que el 28.10.1796 publicó asimismo otras composiciones (minués y sonatas) para clave, y que en 1815 trabajó un Tratado teórico-práctico sobre el contrapunto, que ha quedado manuscrito, y que se halla en la barcelonesa Biblioteca de Catalunya, así como en la Biblioteca Colombina de la catedral de Sevilla.

Las presentes Seis Sonatas…, se consideran sus obras de mayor calidad y se conocen hoy gracias a
una única edición en tiempos modernos. No es de sorprender demasiado el que estas Sonatas se encuentren en Celaya, donde existió desde su fundación una Real Sociedad Bascongada.

Termino entonces aquí, esperando más sorpresas en lo que aún queda por catalogar del Archivo
Musical del Convento de San Francisco de Celaya, Guanajuato, finaliza en su articulo la investigadora argentina.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Atotonilco, Santuario de Dios

Santuario y Casa de Ejercicios de Atotonilco. /Fotos: Eugenio Amézquita Velasco



Por el Pbro. Fernando Manríquez Cortés, 
párroco de la Parroquia Jesús Nazareno, en Atotonilco, Guanajuato.

“El padre Luis Felipe Neri de Alfaro, volv{ia de predicar unas misiones en Dolores Hidalgo, y descansó bajo un mezquite… en sueños, vio a Nuestro Señor Jesucristo coronado de espinas, llevando la Santa Cruz sobre sus hombros, el cual le decía que era su voluntad que aquel lugar se convirtiera en lugar de penitencia y oración y que al efecto se levantara allí un templo”.

Pbro. Raúl Ramírez Montoya, director
de la Santa Casa de Ejercicios de Atotonilco

Y fue así, invadido de la gracia divina, el Padre Alfaro cumplió la voluntad del Señor. El 3 de mayo de 1740, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, cuando se bendijo y colocó la primera piedra de esta singular fortaleza religiosa.

El 20 de julio de 1748 se termina la primera etapa; la nave principal sin el sotocoro, como también la torre y la sacristía, colocándose en su sitio la preciosa imagen de Jesús Nazareno, que desde entonces preside el Santuario que él mismo pidiera.

En esta ocasión presidió la Eucaristía el Señor Cura de la Villa de San Miguel el Grande, Don Manuel de Villegas, quien bendijo también la primera piedra.

Atotonilco es toponímico muy común en nuestro país, viene de atotonilli (agua caliente) y el locativo co( en, o lugar) LUGAR DE AGUA CALIENTE, los más famosos son: el de Jalisco, el del estado de Hidalgo y el que nos ocupa en el estado de Guanajuato.

Es gracias al celo apostólico del insigne fundador y a todas sus cualidades de evangelizador y sobre todo a su amor por Cristo, que contamos con este patrimonio artístico,e spiritual y patrio.

Padre Luis Felipe Neri de Alfaro

De 1740 a 1776 fueron los años que vivió en Atotonilco el Padre Alfaro, período en el cual quedó concluída casi la totalidad de la obra, excepto la Santa Escuela, que se construyó en 1876 (ubicada al lado izquierdo de la entrada principal).

Todos estos años son riquísimos en labor constructiva y decorativa. Aquí dejó el Venerable Padre el perfume de su santidad, virtudes y talentos, quedando perenne su notable producción literaria que llena los muros con su poesía mística.



El Santuario y la Casa de Ejercicios se deben por completo al venerado siervo de Dios

Nació el padre Luis Felipe Neri de Alfaro el 25 de agosto de 1709 en la capital de la Nueva España, de una familia acomodada y muy devota.

El 4 de septiembre del mismo año, a los 10 días de su nacimiento recibió las aguas del Bautismo en el Sagrario Metropolitano de México (archivo del Sagrario M. Libro de Bautismos No. 35). Fue a San Luis Rey de Francia y a San Felipe Neri a quien fue encomendado.

Madre Santísima de la Luz, píntada por
Miguel Cabrera y que se venera en
la Casa de Ejercicios de Atotonilco

Sus padres: Don Esteban Valero de Alfaro y Doña María Velázquez de Castilla, cuyos excelentes retratos se encuentran en los accesos al camarín de la capilla del Rosario. Pintados por Antonio Martínez de Pocasangre, originario de Querétaro, Qro.

Desde niño fue muy devoto de la pasión de N.S. Jesucristo, a quien dedica el Santuario.
En 1729 presenta examen en la Real y Pontificia Universidad de México, obteniendo el grado de Bachiller en Teología.

A los veinte años de edad ingresa a la Congregación del Oratorio de San Felipe Neri en la Villa de San Miguel el Grande (hoy San Miguel de Allende).

Su ordenación sacerdotal se realiza el 19 de diciembre de 1733.

Nutre su espiritualidad de los grandes místicos del Siglo de Oro Español, de cuyas obras bebió su alma. (Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola y San Juan de Ávila principalmente). Y llega a ser el místico más exquisito de la Nueva España.

En 1869 el primer obispo de León, José María de Jesús Díez de Sollano y Dávalos introduce en Roma la causa de su beatificación.

Muere el padre Alfaro en Atotonilco, Guanajuato, el Viernes Santo, el 22 de marzo de 1776 con fama de santidad por sus virtudes heroicas, don de profecía, conocimiento de los corazones y gracia sobrenaturales que alcanza para sus devotos, como dijo el Padre Juan Benito Díaz de Gamarra en la misa exequial: ¡El sacerdote fiel y según el corazón de Dios!
Sus restos descansan en el muro derecho del presbiterio de este Santuario.



La Sixtina mexicana

Santuario de Atotonilco: Escenas de
la Pasión de Cristo. Techo del templo.

La admirable pintura mural de Atotonilco y su proyecto catequético como Biblia de los Pobres es más ambicioso que el de la Capilla Sixtina de Roma. Aquí hubo espacio para un plan evangelizador total. Poner ante los ojos de los fieles sencillos y letrados todas las escenas de la Historia de la Salvación y la Doctrina de la Iglesia.

Sus fuentes iconográficas

Son estas principalmente las siguientes:

1. La versión plástica de los pasajes evangélicos leídos en el año litúrgico. Preciosos grabados europeos de artistas famosos: el romano bernardo Paseri, el flamenco Martín de Vos, Jerónimo y Juan Wierix, estos últimos de Amberes. Estos grabados están recopilados en una obra excepcional de 1593 del teólogo jesuita Hieronymo Natali también de Amberes y la obra se llama “Evangelica historiae imagines ex ordine evangeliorum quae toto anno in Misae sacrificio recitantur; in ordinem temporis vitae Christi digestae” (Estampas del Evangelio, dispuestas de acuerdo a la vida de Cristo, según el orden como se recitan en el sacrificio de la Misa a lo largo de todo el año).

Santa Casa de Ejercicios, sitio de conversión
de almas. Patio interior.

2. La Schola Cordis de Benedictus van Haeften (1588-1684) cuya primera edición estuvo ilustrada con grabados de Boecius de Boswert (existe un ejemplar en la Biblioteca Palafoxiana de Puebla). Fue un libro de gran influencia religiosa en la espiritualidad de la Nueva España, se trata de una guía de perfeccionamiento espiritual ascético y místico complementario a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. El centro de todo el tratado es el Corazón de Jesús que invita al corazón humano a convertirse al amor de Cristo.

Estas fuentes inspiran las escenas de la nave principal, el sotocoro y las bóvedas del Calvario. El pintor criollo que ejecutó en color y recreó dichas escenas fue Miguel Antonio Martínez de Pocasangre, gran artista que supo captar el sentir teológico y catequético del Padre Alfaro con una exquisita sensibilidad popular.



La Santa Casa de Ejercicios

Quiso el venerable Padre Alfaro hacer de este Santuario, un centro de espiritualidad (oración y penitencia) que sigue vivo, concurrido y venerado por los fieles más sencillos, venidos de varios sitios de la República. Los Ejercicios Espirituales se iniciaron el 12 de julio de 1765 y esta obra funcionó gratuitamente por muchos años, pues aquí empleó el Padre Alfaro todos sus bienes. Y para atenderla bien se separó del Oratorio de San Miguel. Los antecedentes de la espiritualidad que el Venerable Padre Alfaro infundió a la Santa Casa de Ejercicios para los fieles laicos son:

a) La Espiritualidad de San Ignacio de Loyola, quien fundara la Compañía de Jesús en 1534 y que el Papa Pablo III aprobó en 1540. Los ejercicios Ignacianos comenzaron en la casa de Ara Coeli al servicio de la Sociedad novohispana.

Nuestra Madre Santísima de la Luz, patrona
de la Santa Casa de Ejercicios de Atotonilco.

b) La Espiritualidad de San Felipe Neri, que hereda en México esta tradición espiritual en 1676 por la expulsión de los jesuitas, pues los filipenses comenzaron a dirigir los ejercicios al tiempo que recibieron la custodia de la Iglesia de la Profesa de México y que perdura hasta el día de hoy.



La mística que inspira la decoración iconográfica del Santuario

La devoción a la Pasión de Cristo según los Evangelios en la obra antes citada del jesuita Hieronymo Natali. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús (característica de los jesuitas y extensiva a la congregación Filipense en la obra antes citada de Schola Cordis de Van Haeften).

Plano general del Santuario y Santa Casa de
 de Atotonilco. Año de 1883. 

El culto Mariano bajo las advocaciones de Loreto, del refugio, del Rosario, de la Soledad, de la Inmaculada y de la Virgen de Guadalupe. Debemos hacer notar que el florecimiento del culto a la Santísima Virgen María en México es en el siglo XVIII,época de la construcción del Santuario.

En suma: la obra del venerado Padre Luis Felipe Neri de Alfaro, es un proyecto pastoral de evangelización para renovar al pueblo fiel según el espíritu del Concilio de Trento (1545-1563), concilio que en Europa y en América supo unir para expresar la fe que entregó Cristo a la Iglesia: la arquitectura, la escultura, la pintura, la orfebrería y los textiles, artes que al combinarse también en América lograron en México la hermosura del siglo XVII, el Siglo de Oro de la Nueva España.



Etapas constructivas

Entre 1740 a 1748, se erigió el Antiguo Cementerio y actual atrio del Santuario de Atotonilco. En ese mismo período fueron construidos los siete tramos de la nave principal del mismo Santuario así como el llamado Camarín de los Santos Apóstoles.

Monumento a Don Miguel Hidalgo
y Costilla, Padre de la Patria,
a las afueras del Santuario y
Santa Casa de Ejercicios.

En 1785 se construyó la sacristía nueva. En 1766, la capilla de la Virgen del Rosario. Entre 1740 a 1748, la sala del Padre Alfaro. Entre 1759 y 1763, la Capilla de Belén. Entre 1740 a 1748, la Sacristía Vieja que es la actual capilla del Santísimo Sacramento. Entre 1748 a 1759, la capilla del Santo Cenáculo y dela Soledad.

En 1754, se construye la capilla de Loreto así como el Camarín de Loreto. Entre 1759 a 1763 la
Gloria Escondida y la Capilla del Santo Sepulcro. En 1776 se construye la Capilla del Calvario, en 1876 la Santa Escuela de Cristo. En 1780, el portal de la casa de Ejercicios y en 1930 el Depósito de las Reliquias.

El Santuario de la Patria

En la mañana del 16 de septiembre de 1810, el Padre Miguel Hidalgo y Costilla tomó de este santuario el estandarte de la Virgen de Guadalupe el cual presidió la lucha por un México independiente y por eso se le debe llamar a este lugar también “El Santuario de la Patria”.

“Aquí buscó y encontró Miguel Hidalgo y Costilla,la visión mística y libertaria, el pendón primigenio de los mexicanos”.

La Virgen de Guadalupe fue la primera bandera del movimiento insurgente. Ya antes el anhelo de los criollos beligerantes del cabildo de la ciudad de México, había promovido en 1737 la publicación del Patronato Guadalupano contra la epidemia del tifus de 1736 a 1738 y votaron la erección dela Virgen de Guadalupe como escudo de armas de México.

Pbro. Fernando Manríquez Cortés, párroco de
Jesús Nazareno, en Atotonilco.

Ello quedó consignado en la obra que promovió Juan Antonio de Vizarrón y Egarrieta, que se publicó en 1746 precisamente con el título “Escudo de Armas de México. Celestial protección de la nobilísima Ciudad de la Nueva España y de casi todo el Nuevo Mundo, María Santísima imagen del mexicano Guadalupe (José de Santiago Silva).

También en este Santuario de Atotonilco en Guanajuato, Estado Prócer de la Independencia de México, el 10 de Abril de 1802 se casó Don Ignacio de Allende y Unzaga con Doña María de la Luz Agustina de las Fuentes.

El oficiante fue el doctor Don Victorino de las Fuentes. Fueron sus padrinos el teniente coronel Don Juan María Lanzagorta y Doña Manuela de Allende. Esto ocurrió ocho años antes de que el Padre Hidalgo abanderara a los insurgentes en este mismo Santuario, hoy Patrimonio de la Humanidad.







Bibliografía:
Atotonilco
José de Santiago Silva
Guanajuato, Guanajuato
1996

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La fiesta de la Purísima Concepción en Dolores: Mucho más que una tradición

Coronación Canónica de la Purísima Concepción, de Dolores Hidalgo. 1o. de diciembre de 1954

Eugenio Amézquita Velasco,
basado en los escritos del Pbro. Zacarías Barrón Falcón e
información recopilada por el Pbro. Juan Galván Sánchez

Pbro. Juan Galván Sánchez, en 2017.

En diciembre de 2005, el Pbro. Juan Galván Sánchez produjo un pequeño folleto que narra parte de la historia de la venerada imagen de la Purísima Concepción de María que se encuentra en el templo de la Tercera Orden de nuestro Seráfico Padre San Francisco de Asís, en Dolores Hidalgo CIN, Gto.

En este documento, el padre Galván Sánchez narró, en esas fechas que “en este año, como en los pasados, con júbilo, tanto los encabezados e integrantes de los distintos gremios, como todos los que amamos a la Madre de Dios, en su Inmaculada Concepción, nos hemos venido preparando para celebrar esta fiesta, que nos une en la fe y nos estimula en nuestro vivir cristiano”.

“Al honrar a María”, prosigue el sacerdote diocesano, actual rector de este templo dolorense, “nos ponemos en sintonía y comunión con los católicos de todas las épocas, que han reconocido en ella a la Llena de Gracia y a la Bendita entre las mujeres”.

Desde tiempos inmemoriales así se le ha venerado, y en Dolores Hidalgo son ya muchas las generaciones que en el templo de la Tercera Orden han dirigido a ella sus ruegos, súplicas y acciones de gracias, seguros de su intercesión ante su Hijo Jesucristo, Salvador del mundo.

La devoción a la Inmaculada es un patrimonio espiritual de la Iglesia Universal, pero en este lugar su novenario y su fiesta revisten un modo muy peculiar. Los cohetes, el castillo, la banda de guerra y otros elementos, que si bien son folklóricos y profanos, no dejan de disponer las voluntades y sirven como de puente para captar la grandeza de la Madre de Dios.

El mismo recorrido por las calles con la Bendita Imagen, puede compararse con el caminar del cristiano por este mundo, en pos de María, siguiendo los pasos de Jesucristo, el fruto bendito de su vientre.

Templo de la Tercera Orden, en Dolores Hidalgo.

La Eucaristía, que durante varios días se celebra con la participación de los gremios y demás personas es, como siempre, el acto litúrgico más sagrado y con el cual se concluye el recorrido.

Por eso aprovechemos lo que hemos heredado de nuestros mayores, sigamos celebrando con entusiasmo estas fiestas, conscientes de que son una oportunidad que tenemos para continuar creciendo como cristianos. Seamos también conscientes que el mejor homenaje que podemos tributarle a María Inmaculada, es haer la voluntad de Su Hijo, Nuestro Salvador.


Historia del templo y de la fiesta

“Y apareció en el cielo una gran señal; una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y sobre la cabeza una corona de doce estrellas…” Apocalipsis 12, 1

Papa Pío IX.

El 8 de diciembre de 1854, el Papa Pío IX, solemnemente decretó el dogma de la Inmaculada
Concepción de María. La definición de este soberano misterio fue el culmen de una seria investigación que el Pontífice encomendó a un nutrido número de teólogos, y sobre todo fue la respuesta que de modo oficial dio la Iglesia a un anhelo al pueblo de Dios, que con una insistencia verdaderamente admirable pedía el reconocimiento de esa gracia para la Madre de Dios.

En esta petición se pueden contar algunos emperadores y reyes, por ejemplo Fernando II de Austria, Segismundo de Polonia, Felipe II de España, etc. Universidad y órdenes religiosas, Cardenales, Arzobispos y Obispos, Corporaciones y Sociedades tanto religiosas como civiles pedían a los papas la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de María.

Desde los comienzos del cristianismo, la Virgen María ha ocupado un lugar muy especial en la vida de los fieles. El mismo apóstol Juan, por encargo de Jesús, la reconoció como su propia madre. Y es que ella fue revestida por Dios con todas las gracias necesarias para cumplir la misión encomendada: “Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo”. Así la saluda el Arcángel San Gabriel al momento de anunciar la Encarnación del Verbo. Y Santa Isabel, su prima,

La Anunciación, de Boticelli.

inspirada por Dios, la llamó después bendita entre todas las mujeres.

Con razón la Iglesia, con base en la Sagrada Escritura, en la Enseñanza de los Santos Padres y en el fervor cristiano, se pronunció por la doctrina que defiende que la Bienaventurada Virgen María fue preservada de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su Concepción, por gracia y privilegio especial de Dios, en vistas de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano.

En consecuencia, desde mediados del siglo XIX, el 8 de diciembre se celebra en toda la Iglesia Católica la fiesta de la Purísima Concepción, y en Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia Nacional, Gto., de modo especial en el templo de la Tercera Orden, se vive este júbilo de un modo muy peculiar.

El Padre Zacarías Barrón, cuyos restos mortales yacen en dicha Iglesia y quien en vida promovió la devoción de la Virgen María, escribió en sus apuntes históricos que el templo de la Tercera Orden es el segundo más antiguo en la ciudad, pues el primero es la Iglesia Parroquial, ya que la parroquia se erigió el 20 de Septiembre de 1710.

Fachada del Templo de la Tercera Orden, en Dolores Hidalgo.

El 2 de febrero de 1712, el primer párroco Lic. Don Álvaro de Osio y Ocampo, colocó la primera piedra de la actual Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores y algunos años más tarde se comenzó la construcción del Templo que cobija a la imagen de la Purísima. No se sabe con exactitud cuándo se inició en su construcción; lo que sí se sabe es que el arco del coro se cerró en 1755 y el Templo en su primitivo origen fue construido a expensas y solicitud del devoto celo de varias personas, con el fin de que sirviera de Tercera Orden y esto explica el nombre que lleva y que prevaleció sobre el original que era “Capilla de Jesús”, conservando este nombre hasta 1793.

En 1794 encontramos que se llama de la Santa Escuela; luego en el año 1795 y hasta 1804 se le llamó Capilla del Calvario y en 1879 le nombraron Iglesia de Guadalupe. Todos estos nombres se encuentran consignados en los libros y actas de la Venerable Orden Tercera que se conservan en el

La Purísima Concepción, de Dolores Hidalgo.

archivo de la Iglesia.

El templo en su fachada y en su interior luce el sobrio estilo barroco. El altar mayor pertenece al estilo corintio y probablemente no sea el original, sino que fue construido por el año de 1875, o cuando menos modificado, para dedicar el templo a la Reina de los mexicanos, ya que en la parte superior se encuentra un nicho con una imagen de la Madre Santísima de Guadalupe, pintada al óleo y con una transcripción escupida en la cantera del marco y dice “Non Fecit Talliter Omni Nationi”.

De los demás altares del único que se sabe la fecha de construcción es el de Nuestra Señora del Refugio y se ubica en 1840.

Ocupando el lugar central se encuentra una bella escultura de la Inmaculada Concepción. Esta escultura anónima es una obra de arte y representa a una jovencita como de 15 años y su estatura es de 143 centímetros.

No se sabe cuándo fue traída esa imagen al templo de la Tercera Orden, pero debió estar desde antes de la Proclamación de la Independencia, pues el 20 de octubre de 1810, el general brigadier Félix

Félix María Calleja del Rey.

María Calleja del Rey se postra ante la imagen de la Inmaculada para dar gracias por haber tomado, saqueado y quemado los muebles de la casa del Padre Hidalgo, sin disparar un sólo tiro en el desguarnecido pueblo de Dolores.

El culto a la Inmaculada fue arraigando entre los dolorenses y es seguro que comenzaron a celebrar con sencillez la novena, hasta el año de 1854 en que Su Santidad el Papa Pío IX declaró dogma de fe la doctrina que enseña que María, por especial privilegio de Dios, fue concebida sin pecado original.

Desde mediados del siglo XIX no ha dejado de celebrarse el novenario y fiesta de la Inmaculada, cada año con mayor entusiasmo y en 1906 se organizaron los gremios obreros y se repartieron entre ellos los días del novenario, como se hace hasta la fecha.

Organizados los gremios en 1907, el novenario se celebró con mayor solemnidad, ya que se consiguió licencia para exponer al Santísimo cada día del novenario durante todo el día, pues hasta esta fecha se hacía sólo el 8 de diciembre.

En 1938, los gremios comenzaron a arreglar el templo, que estaba muy deteriorado. El gremio de carniceros se echó a cuestas el arrego del Presbiterio, pavimentándolo con mosaico y colocando un comulgatorio de granito y regalando un magnífico cáliz de plata dorada.

Altar mayor del Templo de la Tercera Orden,
en Dolores Hidalgo.

Don Onésimo Rodríguez costeó el pavimento de la nave central, los gremios y la Venerable Orden Tercera costearon el pavimento de las naves laterales. En otro año, los curtidores y huaracheros lo dotaron de arbotantes y candiles y en el siguiente obsequiaron dos magníficos candeleros de bronce de dos metros de altura. Por su parte, los panaderos regalaron un equipo de sonido y un copón grande de plata e iluminaron la fachada con reflectores.

Se dotó de un cancel de cedro rojo y bancas de pino y en 1985 se le hizo la última modificación material más importante que fue el cambio de piso de mosaico por uno de barro, con ocasión de la celebración de los 175 años del inicio de la Independencia.

En la década de los noventas se decoraron los altares y en el año 2000 se adquirieron 5 candiles más para completar el alumbrado de las tres naves.

Al inicio del tercer milenio se renovaron todas las bancas, cambiando las antiguas por unas de mejor calidad. También, gracias a la generosidad de muchos católicos dolorenses, después de haber conseguido los respectivos permisos y por iniciativa del Padre Juan Galván Sánchez, en octubre de 2001 se comenzó la remodelación del anexo del Templo, el cual se encontraba en un estado inhabitable.

Procesión de la Coronación. 1o. de diciembre de 1954, en
Dolores Hidalgo.

Por otra parte, el homenaje más importante que en Dolores se le ha ofrecido a la Purísima es su Coronación Canónica, que tuvo lugar en Diciembre de 1954, a los cien años de la Proclamación del Dogma. En vistas a realizar tan magno evento se convocó a todos los gremios a una Junta General y en ella los carniceros, antes que nadie, propusieron obsequiar ellos la corona y la aureola lo que fue aceptado; los panaderos y el comercio mayor obsequiar el vestido y los demás gremios se echaron a cuestas los gastos de la fiesta.

Esto sucedía en octubre de 1953 y acordaron que ese año la novena se celebraría con sencillez, lo que no se cumplió, pues revistió la solemnidad acostumbrada.

Todos comenzaron a trabajar; los carniceros, después de ver a los orfebres de Guadalajara y Puebla, se decidieron por el Sr. Francisco López, orfebre poblano residente en México, quien mediante contrato se encargó de fabricar la corona de oro y piedras preciosas sintéticas, así como la aureola de plata dorada.

Los panaderos y el comercio mayor encomendaron a las Reverendas Madres Visitandinas de León, Gto., la confección del vestido de la Reina. El gremio de choferes y el de electricistas encargaron al mismo Sr. López la luna de plata dorada y el programa de trabajo se echó a andar. Por conducto del Señor Cura y Vicario Foráneo Don J. Jesús Zárate se hizo la petición al Excelentisimo Señor Obispo Diocesano, Dr. Don Manuel Martín del Campo y Padilla, quien concedió la gracia solicitada.

El 1o. de diciembre de 1954, después de trasladar la imagen hasta ese sitio, los 12 mil habitantes de la localidad se dieron cita en el atrio de la Parroquia de los Dolores, juntamente con otros habitantes de los poblados circunvecinos y abarrotaron totalmente el lugar, en donde 144 años atrás el Cura Don Miguel Hidalgo diera el Grito de la Independencia.

Por esta vez fue insuficiente dicho recinto, ya que la multitud apiñada rodeaba el suntuoso altar colocado ahí, abarcando hasta las calles y la mitad del jardín principal, hasta el lugar donde está colocada la estatua del Cura de Dolores.

Terminada la Misa Pontifical, que duró más de cinco horas, se organizó la procesión por las calles para llevar a su templo a la bendita imagen, luciendo su corona, símbolo de amor de los gremios obreros, comerciantes y devotos de la Inmaculada Madre de Dios.

Mons. Lázaro Pérez Jiménez, III Obispo de Celaya.

A medio siglo del muy histórico evento religioso y con una fe tan viva quizás como en aquel entonces, en el año 2004 se celebraron las bodas de oro de la Coronación Canónica de la Inmaculada. Los preparativos se comenzaron desde el principio del año. En el aspecto espiritual cada día 8 de mes se celebró una misa en la que participaban miembros de los diferentes gremios; con reuniones ordinarias y más o menos periódicas, se fueron afinando los detalles, hasta que llegó el gran día.

Fue el 7 de diciembre cuando se desbordó el júbilo. A las 5:30 de la tarde, con un nutrido número de fieles, se trasladó la imagen desde el Templo de Tercera Orden, su Casa, hasta el atrio de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, como se tiene noticia se hizo en 1954. Más tarde, en ese mismo sitio, el entonces obispo de Celaya, Mons. Lázaro Pérez Jiménez presidió la Eucaristía acompañado de la mayoría de los sacerdotes del decanato de Dolores y muchos otros presbíteros invitados. Fueron miles las personas que participaron en este homenaje a la Madre de Dios; cabe destacar también la presencia de las hermana sreligiosas Adoratrices, las del Sagrado Corazón y una significativa representación del Seminario Diocesano.

Concluida la Misa se llevó a cabo una gran procesión con la Bendita Imagen. Se recorrieron las calles de Zacatecas, Baja California, Chiapas, Tabasco, Tamaulipas, Guerrero, Hidalgo y Puebla, para llegar al Sagrado sitio desde donde la Purísima sigue acompañando a este pueblo que la lleva muy en el corazón.