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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya JESUS CADA DOMINGO: Hospedar a Jesús

XVI Domingo Ordinario Ciclo C
Gn 18,1-10; Sal 14; Col 1,24-28; Lc 10,38-42

Hospedar a Jesús

 El texto de Lucas que escuchamos hoy, bebe de la antigua tradición judía: “Hospedar al forastero”, porque en el forastero lo más probable es que estemos hospedando a Dios. Nosotros recordamos que Jesús viene de ser rechazado por los samaritanos. No lo recibieron porque iba a Jerusalén (9,53).

Las imágenes de Marta y María sirven a Lucas para mostrar las dos maneras ordinarias de seguir a Jesús: Marta representa a los seguidores de Jesús que proceden del judaísmo.

Ellos sí reciben a Jesús, pero no lo están escuchando. Procuran cumplir con muchos preceptos, al mismo tiempo que trabajar en las cosas del reino. Marta pretende arrastrar a su hermana a su actividad, dispersa, no clara en cuestiones del reino.

Ella cree que para seguir a Jesús hay que seguir con los esquemas judíos. Pretende imponer a los que no pertenecen al grupo, preocupaciones que, más que ayudar, ahogan el mensaje.

María representa a los setenta, a la comunidad más abierta de los que siguen a Jesús, a la comunidad no judía, como puede ser la samaritana.
¡Qué importante que hoy meditemos esta idea de hospedar a Jesús! Implica hospedar su Palabra y su Mensaje, e implica hacerlo desde las actitudes concretas de cercanía y familiaridad. Como Abraham o como María, a los pies de Jesús.

Nuestra hospitalidad hoy es un valor capaz de confrontar a la actual sociedad urbana, egoísta y anónima, que recibe muy poco, y menos a Dios. Nosotros queremos implicarnos en los quehaceres de hospedar, es toda una aventura. Lo podemos hacer desde las dos imágenes: tanto al modo de Marta, como al modo de María.

Intentemos estas tres actitudes:

1 – Descubramos cuándo Dios pasa

 A veces a través de las personas que no conocemos, Dios se manifiesta. Es muy difícil hoy en día ser hospitalario, pero cuando se ha escuchado bien la Palabra de Dios, se tiene claridad hasta para discernir en qué casos se puede abrir la casa y el corazón y en cuáles no.

De los acontecimientos y del encuentro con personas diferentes, podemos aprender mucho. Creo que lo primero que aprendemos es que Dios nos bendice, como a Abraham y a Sara. A veces hay que guardar la esperanza hasta un año.

2 – Comuniquemos el designio/secreto de Dios

 Que Cristo vive para todos, paganos y no. Se trata de comunicar lo que de Cristo yo llevo dentro. Al paso de los años, nuestro encuentro con Jesús en su Palabra y en la Eucaristía, nos ha llevado a vivir la experiencia de un mensaje que supera con mucho nuestras pretensiones más legítimas.

Ese es el mensaje que hay que compartir, el que nace de nuestra experiencia de haber hospedado La Palabra en nuestro corazón.
 ¿Estás bien seguro del mensaje que llevas dentro? ¿De qué secreto designio te empiezas a dar cuenta? ¿A quién recibes?

3 – Recibamos a la Persona de Jesús

 Su persona es Él y todo lo que lleva en su interior. Implica recibir su historia, sus sentimientos más profundos, lo más humano y lo más divino. Al igual que cuando aceptamos al mejor amigo y recibimos en la familiaridad toda su vida y sus proyectos.

 Recibimos a Jesús si nos acercamos a sus pies. Y si lo escuchamos. Esta es la mejor parte. Es la sola cosa importante: saber del “Reinado de Dios”.

 Recibimos a Jesús también en el servicio por la comunidad, como lo hace Marta, pero este servicio, si no presta suficiente atención a la Palabra, corre el riesgo de perderse en acciones aisladas que con construyen el Reino.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya JESÚS CADA DOMINGO: Hacerse prójimo

XV Domingo Ordinario Ciclo C
Dt. 30,10-14; Sal. 68; Col. 1,15-20; Lc. 10,25-37

Hacerse prójimo

 Lucas, en su Evangelio, nos presenta a Jesús que propone “El Reinado de Dios”. Es una alternativa en medio del mundo, para el mundo; pero para sus discípulos es una exigencia. Hace ocho días enviaba a sus discípulos de dos en dos, sin dinero, sin morral y sin sandalias, para hacer patente que los criterios del Reinado no son los del mundo y que los poderes de Dios no dependen de los poderes temporales.

Este Domingo, la Palabra de Dios nos llama a entender qué significa “hacerse prójimo” Este es nuestro tema. Y es muy importante porque vivimos en medio de un mundo en el que los prójimos son cada vez más escasos. La misma palabra nos va siendo extraña en medio de una cultura de masa y de individualismo en la que la persona humana y su dignidad es cada vez menos una realidad plena.
La gente del mundo, es decir la que no se ha adherido al Reinado de Dios, ve la salvación muy compleja, casi inalcanzable; es gente que vive de espiritualidades pobres que pronto tocan fondo y se acaban, por eso tienen necesidad de innovar algo misterioso, algo secreto o extraño, como queriendo encontrar las respuesta a sus grandes interrogantes. Es también gente que puede justificarlo todo, incluso la simulación, la mentira, el odio y la injusticia. Finalmente, es gente a la que le cuesta trabajo unir el culto a Dios con el amor al prójimo.

Hacerse prójimo, en estos tiempos, vale la pena. Pensemos tres ideas que nos ayuden en esta semana:

1 – Volvamos a nuestra ley interna

 A veces buscamos fuera lo que llevamos dentro, o buscamos lejos lo que tenemos tan cerca. Así nos habla Moisés en la primera lectura: los mandamientos de Dios no son solo una ley escrita en tablas, o algo lejano, están en nuestra boca y en nuestro corazón.

Cuando desviamos nuestra atención hacia una ley muerta, nos escondemos en ella para justificar nuestra falta de dominio. La fortaleza más grande de un ser humano no está en el perfecto dominio de sus actividades externas, sino en el dominio de su ley interior, en la manera en que escucha a Dios en su propia conciencia y es capaz de actuar coherentemente con los demás.

 Creo que muchas personas viven la depresión, el cansancio o el vacío, porque han dejado de exigirse a sí mismas y han dejado de traducir las riquezas que Dios ha dado en su alma a los demás.

2 – Mantengamos la consistencia de nuestra fe

Esta semana podemos reflexionar, ¿estoy siendo consistente en mi vida, en aquello que yo ofrezco a los demás, en mis convicciones y en mis proyectos? Cuando nos alejamos de Cristo, de su propuesta, todo se derrumba. Olvidamos que el mismo universo, como nos propone Pablo al escribir a los Colosenses, tiene consistencia no en su ser físico, sino en la cohesión que recibe de Cristo.
 Cristo es el Principio de todo, de la Iglesia como Nueva Humanidad, es el primero en levantarse de la muerte, el primero en amar. El hombre más consistente es aquel que se sostiene en Cristo, modelo de la creación de Dios.

3 – Hagámonos prójimos

 Hemos escuchado esa bella narración en la que Jesús responde a un jurista de su tiempo, un fariseo que para ponerlo a prueba le pregunta: ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? Jesús lo remite a su propio paradigma, a esa oración cotidiana del Shemà, ¡Escucha Israel…! Que no es malo, pero no está siendo bien leído. El fariseo, con toda su sabiduría y su lugar en la sociedad, no era capaz de hacerse prójimo.

 Nosotros también, como nuevos juristas de nuestro tiempo, podríamos estar justificando muchas cosas en nuestra vida, pero aplazando nuestra reacción a favor del que necesita de nosotros.
 En el Evangelio, como sabemos, un judío ha sido asaltado y malherido. Tres personajes lo han encontrado: un sacerdote, un levita y un samaritano. Pero solo uno, el samaritano, se ha movido a compasión. Jesús no le pregunta al jurista, ¿quién fue aquí el prójimo? Sino, ¿quién se hizo prójimo? Esa es la traducción más oportuna.

 Queridos hermanos, ser buen samaritano es ser capaz de amar como ama Dios, en forma personal, cuidando al caído, dejándose tocar por el dolor ajeno, involucrarse en un proceso de amor y salvar como Dios salva, desde la gratuidad. En medio de un mundo de individualismos y de justificaciones de ley, es preciso tomar la iniciativa de hacerse prójimo, es decir, cercano con cualquier hombre sin distinción. El Papa Benedicto XVI nos ha invitado en su encíclica “Dios es amor”, a hacer visible el amor de caridad.

 Si queremos empezar a ser prójimos, empecemos por actuar nuestra ley interna, desde la consistencia que da Cristo, en la práctica del amor gratuito, el amor de caridad.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Alegrar el mundo

En esta tercera etapa de nuestro camino de Adviento, el Evangelio nos presenta la inquietud de tres diferentes grupos que han sido alcanzados por la predicación de Juan Bautista.
Todos ellos han entendido que ha llegado el momento de una verdadera conversión y por eso preguntan: “¿Qué debemos hacer?”. Si nos fijamos bien, ante la predicación del bautismo de conversión para el perdón de los pecados: “la gente, los publicanos y los soldados” que conformaban los tres distintos grupos, no preguntaron: Qué debemos pensar o qué tenemos que creer, sino “Qué debemos hacer”. La buena noticia es operante. Lleva la exigencia de modificar el paisaje social y esto mismo genera en quien lo intenta, una Alegría muy particular. No la alegría simple de quien recibe un don o un beneficio, sino de quien experimenta la posibilidad de modificar su entorno.  Cualquiera que descubre que hay algo de valor que puede alcanzar, inmediatamente se alegra intentando hacer lo que sea necesario para lograrlo. Quienes escucharon a Juan, experimentaron esto: que podían dar un giro a sus vidas y a la vida social en la que se desenvolvían, sin grandes aspavientos, solo haciendo lo justo y ejercitando la caridad. Nosotros escuchamos lo mismo que ellos escucharon de Juan, por eso tomamos esta ruta en la tercera semana de Adviento, queremos Alegrar el mundo. Pero, ¿cómo hacerlo?

Intentemos tres actitudes:

1-Vivamos la alegría del aliento

 Los gritos de Sofonías sobre el pueblo de Israel, pueden escucharse hoy con verbos cargados de sentido: canta, da gritos de júbilo, gózate, regocíjate de todo corazón; son voces que nos animan para descubrir que Dios, poderoso salvador, está delante de nosotros, ya a la puerta en el Niño que viene a nacer. Dios se goza, se complace en quienes hacemos un esfuerzo. Dios hace causa con nosotros porque se pone en medio como en los días de fiesta.
La alegría del aliento tiene una faceta horizontal, se experimenta en compañía de quienes esperan el día del Señor. Implica gozarse con el otro, a modo de alentarse y confirmarse mutuamente en la experiencia del amor.

2 -Experimentemos la alegría de la templanza

 San Pablo exhorta a los filipenses para que vivan la alegría, cuando todavía está en prisión y se encuentra frente a una eventual condena a muerte; y aun así, en la prueba, alcanza un estado de serenidad que quiere compartir con sus hermanos. Quiere que experimenten la alegría que viene de la benevolencia de Dios; la seguridad de que el Señor regresará le permite no inquietarse, más aun alegrar a sus discípulos reavivando en ellos la experiencia del amor. Ser benevolentes con los demás implica amar, incluso, a quienes nos hacen un mal. Encontrar la paz de Dios en medio de la dificultad, sobrepasa toda inteligencia humana, y eso mismo es ya motivo de Alegría. Se puede permanecer firme en la prueba custodiando esta alegría y la paz, custodiando nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. ¿Cómo custodio mi alegría y mi paz?

3-Tengamos la Alegría de la enmienda

 La enmienda es de índole ética y social, nace de una conversión auténtica. No consiste en observar la ley por la ley, sino en comprometer nuestra persona para dar lo mejor a los demás.
 Cuando uno se enmienda, recupera la imagen más nítida de su bondad y los principios que le garantizan una vida mejor para sí y para la comunidad.
Aquí está el efecto de la enmienda: Alegrar al mundo. Participar para que el mundo sea mejor, mientras viene el que da sentido a todo cuanto existe: Dios en medio de nosotros.
 Los tres grupos que preguntaron a Juan: ¿Qué debemos hacer?, encontraron una respuesta: la gente, que comparta sus bienes; los publicanos, que dejen de explotar al pueblo; los soldados, que eviten la injusticia. Aquí está la alegría que dura y transforma la sociedad y la entinta de esperanza.
 Para hacer posible la alegría de la enmienda, se requiere el Espíritu de Dios, sin el cual el “hacer humano” es solo una pobre sociología, que dura lo que dura una motivación débil.
Solo el Espíritu de Dios puede vencer nuestro natural egoísmo y alimentar nuestra pasión por alegrar el mundo de manera mantenida. ¿Cómo respondemos a la pregunta Qué debemos hacer? ¿Cómo estamos alegrando al mundo?

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ser voz profética

En este segundo domingo de Adviento, escuchamos que el evangelista Lucas, insiste en situar históricamente el nacimiento de Cristo.

Le importa decir que Dios ha entrado en nuestra historia y nos trae una buena noticia.
Cuando leemos en este evangelio que en ese tiempo “vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan”, entendemos que Dios desea dialogar con nosotros.

Si en nuestro tiempo no se percibe la Palabra de Dios, no es porque Dios haya dejado de hablar, sino porque nosotros hemos silenciado Su voz.

Consciente o inconscientemente hemos callado las voces proféticas, y también la nuestra.
Ser voz profética en este tiempo de Adviento y como actitud espiritual en nuestra vida, es la gran oportunidad que tenemos para dejar huella en la historia.
Si lo pensamos bien, entre el Bautista y nosotros hay una estrecha relación.
Entre Juan Bautista y los otros profetas hay una diferencia y una continuidad: ellos anunciaban a Cristo desde lejos, Juan lo pudo señalar con el dedo.

Entre Juan Bautista y nosotros sucede de manera semejante: él lo pudo ver y señalar con el dedo, nosotros lo tenemos en las manos y en el corazón, desde La Palabra y la Eucaristía.
Juan preparaba el camino del Señor, nosotros lo estamos andando.

 Cuando asistimos a un momento de la historia en que la voz de los líderes se quiebra y se apaga; o escuchamos voces que se pierden en el abismo de la indiferencia, se nota con mayor claridad la necesidad de una voz auténtica, con contenidos de liberación y de salvación.  Esta voz puede ser la tuya o la mía, si nace de la experiencia de Dios.

Para ser voz profética intentemos estas tres actitudes:

1-Dejemos el luto

Aquello que ahoga nuestras comunicaciones más importantes, las de la vida y las del amor.
Si nos atrevemos a dejar el luto como invita el profeta Baruc en la primera lectura, nos pondremos de pie, alzaremos la cabeza y nos sabremos reunidos por la voz del Espíritu.
Dejar el vestido de luto  implica gozar de entender que Dios se acuerda de nosotros y nos llama a hacer un camino.
Valdría la pena preguntarse ¿Cuáles son mis lutos? ¿En qué momento me endosé el vestido que apagó mi alegría y mi esperanza? ¿Por qué insisto en vestir así?

2-Caminemos hacia la perfección

 Para el apóstol Pablo, la vida del cristiano ha comenzado en Cristo, y es el mismo Cristo que nos irá perfeccionando, hasta el día de su venida; pero esto no sucede en automático, implica hacer un camino concreto en el amor.
Si crecemos en el amor lograremos dos efectos: la clarividencia para distinguir lo mejor y la conducta coherente con el amor.
Es la manera de llegar limpios e irreprochables al día de la venida de Cristo.
Hacer el camino conlleva la aventura de la conversión.
Hay que atreverse a cambiar de mentalidad.  Descubriremos cómo todo se empieza a acomodar.
La sensación del orden interior y exterior es una excelente garantía de que caminamos hacia la perfección.
La voz profética que queremos ser en medio de nuestra sociedad, nace aquí, en la autenticidad de la experiencia de vida y de amor en Dios.

3 -Hay que irrumpir en la historia

 Si nos atrevemos a ser voz profética,  es porque somos conscientes de estar marcando el kronos-tiempo, con la esperanza de la vida nueva en Cristo.
Podemos meditar que somos continuadores de Isaías, de Juan Bautista, de Jesús, y de los apóstoles.
Es la manera en que juntos empujamos la humanidad hacia la culminación de la historia, hacia su liberación.
Ser voz profética implica escuchar a Dios que nos habla hoy: en la Sagrada Escritura, leída e interiorizada en la oración; en las acciones litúrgicas de la Iglesia, sobre todo en la Eucaristía, por medio de los pastores y desde el testimonio de los Santos y de los Mártires
Parece que ser continuadores de la misión profética no es sencillo, pero es una gran aventura que justo hoy nos dará lo que más estamos necesitando para recibir a Jesús, que viene a nacer en medio de nosotros.
¿De qué manera estás irrumpiendo en la historia, en tu historia personal, familiar o social?

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ejercer nuestra soberanía

Se enchina la piel al escuchar el evangelio que narra el diálogo entre Pilato y Jesús.
Los demás evangelistas reportan la pregunta de Pilato: “¿Eres tú el rey de los judíos?” pero solo Juan narra este fabuloso diálogo.

En él encontramos la soberanía con que se conduce Jesús frente al gobernante del poder romano.
De ese diálogo podemos destacar las dos personas, si se quiere, como dos reyes: uno que está turbado, tiene que gobernar, pero no sabe cómo.

El hombre que tiene enfrente lo rebasa con mucho en la comprensión de cuanto ahí sucede.
La personalidad de Jesús lo aplasta, porque ejerce una realeza distinta, espiritual.
Del otro lado Jesús, a quien no le falta nada.

Se conduce con absoluta libertad y dominio de sí.
Ha informado al gobernante del origen de su realeza y su misión: viene de Dios para ser testigo de la verdad.

Conocemos la secuencia del diálogo: Pilato pregunta por la verdad porque no está informado.
No puede dar testimonio de nada, está lejos de la experiencia religiosa del pueblo.
Al final de ese diálogo, no sabe nada, está aturdido, solo puede balbucear: “¿Y qué es la verdad?”.
Parece que a los reyes de este mundo les sucede lo mismo: la verdad fundamental de todo cuanto acontece, se les escapa.

No se arriesgan a experimentar lo esencial de la vida del pueblo y su relación con Dios.
Por eso hay tantos juicios equivocados.

 En medio de un mundo con abuso de poderes, de poderes temporales y de imperios que esclavizan, está la alternativa de Jesús: reinar desde una soberanía nacida del amor.

Y proclamar la segunda venida de Jesús en la que ya no habrá subordinación a la cruz como fue en la primera, sino en la que el Rey de reyes vendrá rodeado y glorificado por una multitud de ángeles.
Intentemos tres actitudes:

1- Ejercer el poder como servicio

En la visión de Daniel, de la primera lectura, el semejante al hijo del hombre, es Jesús.
Pero por extensión es cada uno de nosotros, que nos hacemos semejantes y recibimos soberanía para servir.
Jesús ejerce un poder contundente al entregarse.
Así desarma la violencia, le quita poder destructor y caótico al dominio de los poderes temporales.
Tiene el poder de dar la vida eterna, de librar del mal, de vencer el dominio de la muerte.
El poder del amor que sabe llevar a la paz.
Este reino de gracia nunca se impone y siempre respeta nuestra libertad. ¿Cómo ejercemos nuestro poder?

2 – Considerar los frutos de nuestra soberanía en Jesús

 Él nos amó y nos purificó de nuestros pecados con Su sangre e hizo de nosotros un reino de sacerdotes para su Dios y Padre.
Es en Él en quien podemos liberar del pasado que pesa a nuestros opresores.
Es gracias a su manera de reinar, que nosotros podemos construir el nuevo reino de Dios.
 ¿Qué frutos hemos obtenido en el ejercicio de nuestra soberanía?

3- Gobernar desde el testimonio

 La verdad nos hace libres y soberanos.
En nombre de Cristo, de la verdad y de la justicia, podemos oponernos a los halagos de los poderes terrenos y desenmascararlos incluso sellando nuestra fidelidad con el martirio.
Ejercer nuestra soberanía como testigo de la verdad, implica entregarse como Jesús, voluntariamente, cortando toda posibilidad de violencia.
Implica un amor semejante al suyo, que antepone la fidelidad a Dios, antes que a los poderes que dominan.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Hacer lo que nos falta

por Pbro. Dante Gabriel Jiménez Muñoz Ledo
XXVIII Domingo Ordinario Ciclo B
Sab 7,7-11; Sal89; Heb 4,12-13; Mc 10,17-30

 El hombre rico que vino corriendo y se postró ante Jesús para preguntarle qué hacer para alcanzar la vida eterna, era un hombre bueno. Había cumplido los mandamientos desde su juventud. Buscaba mejorar su vida espiritual. Pero le pareció que Jesús tendría una novedad que superaba la enseñanza de los fariseos. Quiere asegurarse de que está haciendo todo lo necesario para alcanzar la vida después de la vida.

 Jesús lo mira con amor y pone ante sus ojos lo que le falta para alcanzar la perfección. Le propone cambiar de criterios. Aceptar que la bendición que Dios le dio en sus riquezas, sirven para este mundo, pero no para el otro. Sirven si se viven con justicia.

 Nosotros hoy, igual que este hombre rico, queremos hacer lo que nos falta para alcanzar la vida eterna. Nos toca cambiar nuestros paradigmas. Quizás lo que nos falta por hacer no sea deshacernos de los bienes o desapegarnos de ellos, sino algo distinto.

 Puede ser que tanto el hombre rico como nosotros, individualmente, seamos justos. Pero es probable que nuestras riquezas o el uso de ellas estén implicadas en la injusticia social. Hacer lo que nos falta, tendría que ver con eliminar la base de la injusticia: la desigualdad y las dependencias avasalladoras.
 Cada uno tiene que examinarse e intuir qué le falta para alcanzar la plenitud en Dios.

Para intentar un itinerario alcanzable, conviene quitarnos la inseguridad como la tenía el hombre rico y confiar en la propuesta de Jesús. Intentemos estas tres búsquedas:

1- Confiemos en la Sabiduría
 Hay que suplicarla a Dios e invocarla en los momentos decisivos de la vida. Crear nuestra riqueza a partir de ella. La sabiduría en nosotros está haciéndose, haciendo historia; por ello es importante vivir desde ella antes que desde la pretensión del dominio que viene del dinero. Es mejor que nuestras relaciones sean mediadas por la Sabiduría que por la riqueza económica. Porque el dinero falsifica nuestra relación con Dios y con los hermanos.

2- Confiemos en la Palabra
 Ella descubre en nosotros a un luchador postrado, pero a uno que admira a su adversario. Se trata de una conquista mutua. Nuestro vencedor nos ama en la belleza de nuestra impotencia, porque ha llegado hasta el tope de nuestro ser, hasta el tuétano de nuestros huesos. Han quedado al descubierto las razones de nuestra lucha y eso es algo que Dios Palabra ama de nosotros.
 Esta lucha acaba por generar una relación nueva entre Dios y nosotros, no de esclavo y conquistado, sino de amigo o de hermano.

3- Confiemos en la subsistencia
 Los discípulos de aquel entonces se espantaron, igual que nosotros hoy, de una exigencia tan grande como la de deshacerse de los bienes para alcanzar la vida eterna. Y se plantean la pregunta: si hacemos eso, ¿quién podrá subsistir-Sôthênai, escapar de la indigencia? Es decir, ¿para alcanzar la vida eterna es condición indispensable que seamos pobres, en el sentido de indigentes? Y hemos de responder: NO. Jesús no está proponiendo el acto irresponsable de abandonarse a la providencia divina en cuestiones materiales. Muchas personas gozan de un trabajo y de un sueldo; sería irresponsable dejar de producir para engrosar las filas de desempleados y mendicantes. Lo que hemos de entender es que siempre nos falta algo para completar la justicia social en el uso de nuestros bienes. Se trata de vivir sin apegos y eliminar la base de la injusticia en la que puedan estar implicadas nuestras riquezas.

 Vivir en la subsistencia, implica vivir en la simplicidad de nuestra persona, sin tantas dependencias, lo más sobrios posibles, aunque tengamos grandes negocios. Implica vivir subsidiaria y solidariamente nuestras riquezas. Se trata también de vivir la vida como el tiempo propicio de hacer la maleta para el viaje más importante de nuestra vida. Hacer la maleta es hacer lo que nos falta para alcanzar la vida eterna, invertir nuestra escala de valores y emprender un camino propio de santidad.

Custodiar la fidelidad

En las horas de la noche, cuando somos m{as vulnerables, las horas de la duda de fe,  del activismo, de la no claridad y de las crisis, podríamos dejar de ser fieles a Dios y a nuestros hermanos. La parábola de Jesús que se refiere a un hombre que se va de viaje y encomienda a cada uno lo que tiene que hacer, especialmente al portero, puede reordenar nuestra actitud y, por lo tanto, la conciencia de estar viviendo un tiempo de preparación y de espera, en tanto llegamos a Dios.
Custodiar la relación que llevamos con Dios, cuidar nuestra fidelidad a Él,  es importante en nuestra preparación de Adviento; especialmente cuando vivimos en un mundo acostumbrado a las infidelidades, a vivir sin rumbo y sin compromisos por la persona humana.
Nosotros queremos custodiar nuestra fidelidad, ser como ese portero para quien su vida y su trabajo tienen sentido solo en relacion con su señor, que puede llegar a cualquier hora de la noche, en el momento menos esperado o menos claro. Para vivir la experiencia de custodiar nuestra fe.

1. PIDAMOS AL PADRE

Si hacemos una revisión de nuestra vida, a poco nos vemos reflejados en la comunidad de Isaías, en la primera lectyura; y vamos sin rumbo, con nuestro propio proyecto, cada vez más lejos de Dios, incluso sin ley. Cuando se medita así, es sorprenjdente constatar que se ha caminado mucho de manera solitaria y que, en un cierto punto, no se sabe hacia dónde continuar.
Esta es la petición a Dios: “vuélvete, por amor a tus siervos… estremece las montañas con tu presencia”.Un pueblo que se siente extraviado, solitario, que experimenta a Dios lejano, airado porque nadie invocaba ya su nombre, implica un reclamo amoroso a Dios, desde la conciencia de estar lejanos, pero la pretensión de que le toca a Él salir a nuestro encuentro; por eso nos atrevemos a decir co9mo el pueblo en Isaías: “somos hechura de tus manos”. En el reclamo mutuo de nuestro amor con Dios, estas palabras tienen mucha fuerza, son un argumento mayor, es como si le dijeramos a Dios: “¿Quién más puede entendernos o hacer algo por nosotros sino Tú, que nos has creado y que nos amas con amor de Padre?”. Creo que nos viene bien este atrevimiento: pidamos a nuestro Padre que salga a nuestro encuentro, que nos ayude a mantenerle nuestra fidelidad. ¿Cuánto me he alejado o he continuado una vida sin tomar en cuenta mi relación con Dios?

2. ECHEMOS MANO DE LOS DONES DIVINOS

Si hemos descubiero los dones que Dios nos ha concedido, nos damos cuenta que el fruto de nuestros dones es la paz. Podríamos hacer memoria ahora mismo, y descubrir cuáles son nuestros dones divinos. La comunidad a la que hoy se dirige Pablo, había recibido especialmente el dond e la palabra y del conocimiento. Ojalá que ene ste día, a cada uno le sea claro cuáles son sus dones. Es importante, porque a partir de estos dones es que cada uno puede estar haciendo lo que le encomendó el Señor. Tenemos sólo esta oportunidad en nuestra vida y de la coincidencia con quienes  la compartimos, para ejercer nuestros dones. ¿Podemos recordar sicon los dones que Dios nos dio, hemos hecho Su voluntad? Desde los dones se custodia nuestra fidelidad a Dios; como no somos dueños absolutos de ellos, los hemos recibido en razón del servicio y el amor a los demás; entonces, cuando vuelva el Señor, querrá saber si hemos hecho nuestra parte.

3. SEAMOS PUERTA

El correspondiente de portero en la parábola de Jesús, es la comunidad creyente; a ella le toca abrir la puerta a los paganos y hacer propia la actitud de Jesús ante la presecución y la muerte. En este sentido, no se aplicaría a cada uno de manera personal; pero como la comunidad la hacemos juntos, es conveniente aplicarnos a título personal: ser puerta, o portero. En la práctica, somos cada uno de nosotros, con nuestra actitud responsable, quienes hacemos posible la comunidad; haciendo lo que nos toca, que es la alegría del Señor, cargamos la responsabilidad comunitaria de hacer posible el amor y el servicio a los demás. De frente a nuestro camino de Adviento, qué esperanzador custodiar en nuestras horas noc laras, cuando la somnolencia pone en riesgo nuestra fidelidad a Dios, para que cuando venga en Navidad, tengamos paz y sosiego en encontar a nuestro Señor.