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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Para qué existe la Iglesia? Papa Francisco contesta

Papa Francisco recordó en sus palabras antes de rezar el Regina Coeli la celebración de la fiesta de la Ascensión que tiene lugar hoy en todo el mundo: “La escena se desarrolla en Galilea, lugar donde Jesús les había llamado a seguirlo para formar el primer núcleo de su nueva comunidad”.

“La Ascensión de Jesús al cielo constituye el fin de la misión que el Hijo ha recibido del Padre y el inicio de la continuación de esta misión de parte de Iglesia”, explicó el Papa mostrando cuál es la misión de la Iglesia.

“La Ascensión de Jesús nos recuerda de esta ayuda de Jesús y de su Espíritu que da confianza y seguridad a nuestro testimonio cristiano en el mundo” y “nos revela porqué existe la Iglesia”. “¿Para qué existe la Iglesia?” preguntó el Papa Francisco: “¡Existe para anunciar el Evangelio!”

Papa Francisco quiso mostrar que la Iglesia “somos todos nosotros, los bautizados” e invitó a “comprender mejor que Dios nos ha dado una gran dignidad y la responsabilidad de anunciarlo al mundo, de hacerlo accesible a la humanidad. Esta es nuestra dignidad, este es el mayor honor en la Iglesia”

Tras la oración Papa Francisco quiso volver a enviar un mensaje de solidaridad a “Tawadros II y a toda la nación de Egipto, que ha sufrido otro nuevo acto de feroz violencia”. En su intervención recordó como las víctimas (muchos de ellos niños) iban a un Santuario a rezar y murieron por no renegar de su fe. A todos ellos los consideró “mártires” y pidió por que el Señor los acoja con este “valiente testimonio”.

Papa Francisco también pidió rezar por el “horrible atentado en Manchester”, “donde tantos jóvenes fallecieron”

Finalmente mandó un saludo por la celebración de las Comunicaciones Sociales: “Rezamos porque la comunicación sea efectivamente constructiva al servicio de la vida, difundiendo esperanza y fe” y a los genoveses que le acogieron en su visita pastoral celebrada ayer.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Roger Moore. Adiós al santo que trabajó al servicio de Su Majestad

Yo descubrí a James Bond con Roger Moore. Es cierto que no era el menú que más me apetecía, porque yo siempre fui más de Indiana Jones o de Schwarzenegger. Canela fina. Pero cuando ya lo había visto todo (o eso creía yo) y no sabía qué sacar en el videoclub (cuando había videoclubs), un 007 siempre suponía una garantía mínima. Puede que por esta razón siempre me haya costado entender por qué Sean Connery es el mejor Bond de la historia.

Cuando yo conocí a Bond, el agente secreto al servicio de Su Majestad era un hombre tirando a mayor, pero desconcertantemente guapo e inesperadamente divertido. A mí me marcó especialmente Panorama para matar (1985) y esa persecución inicial en la torre Eiffel que terminaba con un coche al que le levantaban el techo y partido en dos persiguiendo a los malos. Aquella escena supuso el sentido mismo del Bond personificado por Roger Moore. Seguir adelante a toda costa aunque fuera ridículo, sobre todo porque se hacía con estilo.

Yo no lo sabía entonces, pero por aquellos años James Bond andaba flirteando con lo paródico y se estaba situando en la antesala de la decadencia. Sin darme cuenta, Moore me enseñó lo que era parodiar a un héroe al mismo tiempo que lo conocía.

Siempre he mantenido una extraña relación con 007 y creo que la culpa la tuvo Roger Moore. Recuerdo que mi madre decía que ese Bond era “el santo”, y yo creía que lo decía porque era especialmente bueno. Algo me hizo suponer que Connery debió de ser un asesino sanguinario y aunque algo de verdad había en todo esto, la cosa no iba por ahí. Antes de que yo lo descubriera como un agente secreto Roger Moore se hizo famoso en todo el mundo gracias a la serie El santo.

En 1997 Val Kilmer llevó a la pantalla un largometraje realmente malo sobre el personaje interpretado por Moore. No vale la pena. Si quieren ver de qué va eso de El santo vayan a ver la serie original, aunque eso sí, advertidos están, no tiene nada de religiosa la cuestión. Se trata de un hombre rico que decide ayudar a los débiles, aunque para ello tengo que poner en apuros a la policía. En el fondo, un bosquejo de lo que vendría a ser James Bond por su forma, y también, en cierto sentido, por sus intenciones. Solo hace falta ver la intro de la serie.

Roger Moore tenía un rostro tan singular, y sus facciones estaban tan marcadas, que casi resultaba paródico en sí mismo. Al final su cara resultó ser realmente complicada. Uno no podía ser tan guapo sin pagar un peaje, y Roger Moore nunca se distanció lo suficiente de James Bond, como sí lo hizo Sean Connery. Pero es que tampoco intervino en ninguna película particularmente memorable después. Roger Moore fue, primero “el santo” y para mí, especialmente, James Bond.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Panamá: Colecta para los medios de comunicación católicos

Para nadie es un secreto que los medios de comunicación católicos –periódicos, revistas, estaciones de radio y televisión, revistas y cartas de noticias—apenas si sobreviven en países de América Latina. A contracorriente de la información y el entretenimiento de los medios seculares, los medios católicos generalmente orbitan en torno a las finanzas, de por si exiguas, de las diócesis, de la fundaciones o de las órdenes religiosas que los auspician.

Sin recursos, resulta difícil la profesionalización y, por lo tanto, el encuentro con públicos acostumbrados a la espectacularidad, al despliegue de tecnología y a la nota ligera, se torna cada vez más difícil. Por ello, resulta modélica la puesta en marcha el día de hoy, coincidiendo con el penúltimo domingo de Pascua y la celebración de la 51ª Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales, la primera colecta nacional para sostener a los medios de comunicación católicos de Panamá.

La colecta –que fue una decisión tomada por la Conferencia Episcopal Panameña (CEP) se está realizando en todas las parroquias del país centroamericano este domingo 28 de mayo, en el que también se celebra la Solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos, previo al domingo de Pentecostés.

Los obispos panameños exhortaron a los fieles católicos “a apoyar generosamente esta colecta que se realizará en todas las misas celebradas en las parroquias de las diócesis del país, a fin de ser corresponsables con los medios de comunicación católicos”. Según la convocatoria de los prelados panameños, los medios de comunicación católicos son importantísimos puesto que “permiten a la Iglesia católica formar, afirmar y promover una opinión pública en consonancia con el derecho natural y con las doctrinas y preceptos católicos”.

Y no solo eso, sino también son el vehículo más adecuado para divulgar y desarrollar adecuadamente los acontecimientos relacionados con la vida eclesial, “respetando los lenguajes y dinámicas de cada medio de comunicación y garantizando su profesionalismo”.

En la exposición de motivos de esta primera Colecta Nacional, la CEP recordó que en su mensaje para este año, el Papa Francisco destacaba la necesidad de “romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano).

Y a la vez, que el Pontífice advertía que no se trataba de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal, “sino por el contrario, que tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal”.

Justamente eso es lo que pueden hacer los medios católicos: eliminar la resignación de que no se puede vencer al mal y fundar una sociedad basada en la esperanza, la confianza mutua y el amor de Dios; en la Buena Nueva.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Los “atenuantes” del intento de degollar al padre Machorro

Un hombre intentó degollar a un sacerdote en la catedral de México

La justicia mexicana –cuando se trata de asesinatos o intentos de asesinatos contra sacerdotes—suele buscarle “tres pies al gato”. En otras palabras, suele “filtrar” alguna sospecha o algún atenuante que indique o que el “padrecito” andaba en malos pasos o que el “presunto responsable” no estaba en sus cabales cuando ocurrió el hecho que se le imputa.

El último reporte de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ-CDMX) sobre el agresor del sacerdote Miguel Ángel Machorro, Juan René Silva Martínez, es que éste tiene un trastorno psicótico y es adicto a videojuegos de muerte, por lo que, hasta el momento, ha sido declarado inimputable del intento de degollar al sacerdote cuando terminaba Misa de 6 de la tarde en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

Desde luego, este dictamen junto con la ironía de llamar a declarar al padre Machorro –quien sigue en estado grave en un hospital de la Ciudad de México—han desatado la repulsa de la arquidiócesis primada de México, quien ha dicho que si bien la Iglesia católica perdona (en este caso a Juan René Silva Martínez), también lo es que exige justicia.

Esta persona, que en principio dijo ser estadounidense y luego francés, resultando ser mexicano (nativo de San Luis Potosí donde estudió Diseño Urbano y luego en el Centro de Educación Musical Hermes), advirtió la Procuraduría, es “adicto al videojuego Assassin’s Creed, y debido a su trastorno psicótico, no es capaz de distinguir la fantasía de la realidad”.

Más aún, según el dictamen de la autoridad judicial de Ciudad de México, Silva Martínez trae un tatuaje en su pecho en la que dice pertenecer a la multinacional ficticia Abstergo Industries, que según el videojuego Assassin’s Creed, fue creada por Templarios para controlar el mundo, y para ello es imprescindible asesinar a sus enemigos de la Orden Secreta de Hasshashin.

Todo este revoltijo, aunado a que –en sus declaraciones ministeriales que fueron grabadas por ley— Silva Martínez “explicó” a sus interrogadores que después dará a conocer el motivo por el que apuñaló al presbítero Miguel Ángel Machorro, han hecho que la PGJ-CDMX determine que “no se dio cuenta” de que estaba tratando de degollar a un sacerdote, al cual le infirió tres puñaladas, una de ellas, claro, sin darse cuenta, en la yugular.

Otra muestra de la insania mental de Silva Martínez es que “subrayó” que solamente tenía tres días para hacer lo que hizo y que necesitaba hablar con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, con la reina de España y con el Papa Francisco.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Cómo se fue al cielo Jesús?

Después de que Jesús resucitó de entre los muertos, “se presentó vivo” (Hechos 1,3); a las mujeres cercanas a la tumba (Mateo 28, 9-10), a sus discípulos (Lucas 24, 36-43) y a más de 500 más (1 Corintios 15, 6). En los días siguientes a su resurrección, Jesús enseñó a sus discípulos acerca del reino de Dios (Hechos 1, 3).

Cuarenta días después de la resurrección, Jesús y sus discípulos fueron al monte de los Olivos, cerca de Jerusalén. Allí, Jesús prometió a sus seguidores que pronto recibirían el Espíritu Santo, y les ordenó que permanecieran en Jerusalén hasta que el Espíritu hubiera venido. Entonces Jesús los bendijo, y al dar la bendición, comenzó a subir al cielo. El relato de la ascensión de Jesús se encuentra en Lucas 24, 50-51 y Hechos 1, 9-11.

De las Escrituras se deduce claramente que la ascensión de Jesús fue un regreso literal y corporal al cielo. Se levantó de la tierra gradualmente y visiblemente, observado por muchos espectadores intencionados. Mientras los discípulos se esforzaban por captar un último vistazo de Jesús, una nube lo ocultó de su vista, y dos ángeles aparecieron y prometieron el regreso de Cristo “de la misma manera que lo han visto ir” (Hechos 1,11).

La Ascensión de Jesucristo es significativa por varias razones:

1) Señaló el fin de Su ministerio terrenal. Dios el Padre envió amorosamente a su Hijo al mundo en Belén, y ahora el Hijo estaba regresando al Padre. El período de la limitación humana había terminado.

2) Significó éxito en su obra terrenal. Todo lo que había venido a hacer, había cumplido.

3) Señaló el regreso de Su gloria celestial. La gloria de Jesús había sido velada durante su estancia en la tierra, con una breve excepción en la Transfiguración (Mateo 17, 1-9).

4) Simbolizó Su exaltación por el Padre (Efesios 1: 20-23). Aquel con quien el Padre está complacido (Mateo 17: 5) fue recibido en honor y se le dio un nombre por encima de todos los nombres (Filipenses 2, 9).

5) Le permitió preparar un lugar para nosotros (Juan 14, 2).

6) Indicó el comienzo de Su nueva obra como Sumo Sacerdote (Hebreos 4, 14-16) y Mediador de la Nueva Alianza (Hebreos 9,15).

7) Estableció el patrón para su regreso. Cuando Jesús venga a establecer el Reino, Él regresará justo como Él lo dejó-literalmente, corporalmente y visiblemente en las nubes (Hechos 1,11, Daniel 7, 13-14, Mateo 24,30, Apocalipsis 1, 7).

Actualmente, el Señor Jesús está en el cielo. Las Escrituras frecuentemente lo representan a la derecha del Padre, una posición de honor y autoridad (Salmo 110, 1, Efesios 1,20, Hebreos 8:,1). Cristo es la Cabeza de la Iglesia (Colosenses 1, 18), el dador de dones espirituales (Efesios 4, 7-8), y El que llena todo en todos (Efesios 4, 9-10).

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Le dijo a quien le condenó a muerte: “Morirás cristiano”. Su profecía se cumplió

Lucien Botovasoa era un líder nato, bien considerado por su compromiso cristiano y, además, director del colegio de Vohipeno. Por eso, cuando en 1947 la insurgencia independentista se extendió por Madagascar, el jefe de clan, que le estaba juzgando por colaborar con los colonizadores, le ofreció afiliarse a su partido a cambio de salvar su vida.

El Movimiento Democrático de la Renovación de Madagascar era el más radical de los partidos independentistas. En él militaban tanto Tshimihono, el rey o jefe del clan, y Mbododo, cuñado de Lucien.

El maestro, que esperaba su quinto hijo, se negó: “Los de vuestro partido perseguís la religión, arrancáis las medallas del cuello a las gentes, hacéis pisotear la cruz, cerráis iglesias para convertirlas en salones de baile, etc. Sabéis lo importante que es para mí la religión y me es imposible ayudar a vuestro partido”.

Minutos antes, se había ofrecido a morir a cambio de que no se hiciera nada al resto de la aldea, especialmente a su familia. En ese momento, su sentencia de muerte es confirmada. Al salir, profetiza al jefe del clan: “Morirás cristiano. Será muy duro para ti, pero no tengas miedo, yo estaré junto a ti y te bautizarás”.

“Cortadme el cuello de un solo golpe”

Un grupo de jóvenes, la mayoría de los cuales había sido alumnos suyos, le llevaron a la orilla de un río. Él mismo se ató las manos y, en dos ocasiones, rezó por sus asesinos.

Al ver que vacilaban y el cuchillo les temblaba en las manos, les pidió: “Dejad de temblar, intentad cortarme el cuello de un solo golpe limpio“. No temía entregar su vida, pero sí –se lo había confesado a su mujer no hacía mucho– el momento de ser decapitado.

Quien se creía que le asestó el golpe mortal negó hasta su muerte haber sido el responsable. Sin embargo, reconocía que “si él no hubiera entregado su vida toda la aldea habría desaparecido”. Así terminó la vida terrena de este laico y padre de familia, cuyo martirio reconoció el pasado 4 de mayo el papa Francisco.

Pero comenzó su fama de mártir y santo. “Hasta hoy en día en Vohipeno se sigue diciendo: “Haz como Botovasoa, que encontraba dinero y se lo devolvía a su dueño””, explicaba a Zenit hace unos años monseñor Benjamin Ramaroson, entonces obispo de Farafangana, la diócesis del nuevo mártir.

Lucien Botovasoa había nacido en 1908, solo nueve años después de que el cristianismo llegara a Vohipeno. Su padre había sido de los primeros en ser bautizado. Tenía aptitudes para el estudio, que aprovechó para prepararse como maestro con los jesuitas.

Llegó a manejarse en malgache clásico, latín, inglés, alemán, francés e incluso chino, que había aprendido de algunos tenderos. Cada día, después de terminar las clases, leía vidas de santos a los niños que querían. Las favoritas de unos y otros eran las de mártires.

Un laico que quería más

Décadas antes de que el Concilio Vaticano II resaltara el papel de los laicos, él llegó a comprender muy bien cuál podía ser su misión a la labor evangelizadora de la Iglesia.

A una religiosa que, admirada por sus cualidades, lamentó que no se hubiera hecho sacerdote, le respondió: “Soy muy feliz con mi estado porque a él me ha llamado Dios: a ser laico, casado y maestro. De esta forma vivo con la gente del pueblo y para atraerlo puedo hacer lo que vosotros, monjas y sacerdotes, no podéis porque la mayoría son todavía paganos y yo puedo mostrarles el carácter cristiano de forma accesible, porque no soy un extraño entre ellos”.

En 1930, a los 22 años, se había casado con una chica cristiana de 16, Susana Soazanna. Pero sentía que Dios le llamaba a un mayor compromiso.

Buscando sin éxito vidas de santos casados, se encontró con el Manual de la Tercera Orden Franciscana. Esta asociación pública de fieles era desconocida en Madagascar, pero Lucien descubrió en ella lo que buscaba: la posibilidad para un casado de hacer una consagración similar a la de los religiosos. Desde ese momento, se empeñó en encontrar compañeros con los que fundar una fraternidad.

Este mayor compromiso le costó algunos disgustos en casa. Susana no comprendió la forma en la que Lucien trataba de vivir los consejos evangélicos: ayuno miércoles y viernes, levantarse para rezar a medianoche y a las cuatro de la madrugada, vestir solo pantalón y camisa kaki.

También temía que terminara abandonándolos para hacerse fraile. Él se esforzaba por explicarle que eso no iba a pasar, y que la penitencia no debía afectar al resto de la familia: ellos debían comer y vestir bien, dentro de lo que les permitía su pequeño sueldo de maestro.

En el punto de mira

Cuando empezaron a soplar aires de independencia, Lucien empezó a estar en el punto de mira: “Ahora era director del colegio y vivía al lado de la parroquia. Es la mano derecha del párroco, que estaba vinculado a la administración colonial”, explicó monseñor Ramaroson.

Él le había ordenado unirse al partido pro-francés, y el maestro sintió que no podía negarse. Sin embargo, nunca acudió a las reuniones, y se negó a presentarse en su lista a las elecciones. Los administradores coloniales lo persiguieron por ello, pero esto no impidió que los independentistas lo incluyeran en la lista negra de “enemigos del pueblo”.

El Domingo de Ramos de 1947, 30 de marzo, llegaron noticias de que los insurgentes se acercaban. Lucien y todos sus hermanos se escondieron en un terreno de la familia en el bosque. Durante toda la Semana Santa, las iglesias y conventos fueron quemadas.

Lucien volvió solo a la ciudad cuando los rebeldes amenazaron con asesinar a toda su familia, aunque ellos se le unieron una semana después. Como todos los sacerdotes y religiosas habían huido, fue él quien ese domingo convocó a católicos y protestantes y dirigió una oración.

“No temo a la muerte”

El 16 de abril, llegó el aviso para que fuera a la Casa del Clan para ser juzgado. Sabía que iba a morir, y le pidió a su hermano André que se hiciera cargo de su Susana, que estaba embarazada, y los niños. Se negó a esconderse, consciente de que entonces los rebeldes irían a por su familia.

Comió tranquilamente, pasó la tarde rezando y se despidió de su mujer: “Llevo mucho tiempo esperando este momento, estoy listo. No temo a la muerte, incluso la deseo, porque es la bienaventuranza. Mi única preocupación es dejaros a vosotros”.

Después de su muerte, según el obispo, la gente no tardó en empezar “a hablar de apariciones, y le atribuyeron varias curaciones. Los ancianos conservaron el lugar de su martirio”, donde cada año, “el 1 de noviembre [solemnidad de Todos los Santos, ndr], llega una procesión que sale desde la iglesia. A ninguna de las otras 260 víctimas de la insurrección en Vohipeno se la honra así”.

Además, su profecía se cumplió: “En 1964, moribundo y abandonado por todos, el “rey” Tsimihono pidió y recibió el bautismo”. El obispo explicaba también que su muerte ha llegado a ser vista como un signo de reconciliación.

En 2010, los jefes de las casas de clan, herederos de quien ordenó su muerte, pidieron construir una capilla en el lugar de su muerte, “y los niños no dudan en representar su historia delante de sus padres y abuelos”.