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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Si los niños preguntan sobre el divorcio de sus padres, ¿cómo responder?

El autor estadounidense y experto en cuestiones familiares Dave Willis ha escrito un profundo recuento en Six Seeds, reproducido en la nueva sección de Patheos Family, sobre las “Siete preguntas que se hacen los niños acerca del divorcio”.

El artículo de Willis parte de la base que los esposos no están preparados para explicarle a los hijos qué significa el divorcio.

El autor recuerda que cuando su hijo pequeño se lo preguntó –puesto que tenía un compañero en el colegio cuyos padres vivían con otras parejas—lo más que pudo responderle es que no se preocupara, que su madre y él se habían prometido amor eterno y que él no tendría que enfrentarse a ello. A lo que el niño respondió: “Apuesto que los papás de mi compañero le dijeron lo mismo”.

“En ese momento, dice Willis, caí en la cuenta que no estaba preparado para responder a tan importante tema con mis propios hijos. Para ayudarnos a nosotros, padres de familia, a tener estas conversaciones con nuestros hijos he dedicado mucho tiempo a investigar hasta la raíz cómo los niños son impactados por un divorcio (o incluso por la posibilidad de un divorcio) de sus padres”.

A continuación enlista –no por orden de importancia—más que estadísticas y hechos, los miedos más comunes de los niños ante el divorcio de sus padres, dichos en sus propias palabras:

Uno de los más grandes temores de los pequeños es si van a tener que verse en la posición de elegir entre mamá y papá. Hay que hacer todo los posible por calmarlos dándoles la seguridad de saber que ella o él van a estar siempre en un hogar amoroso…, no importa cuál.

Si mis papás dejaron de amarse, ¿significa que podrían dejar de amarme también a mí?

La lección más importante que le puede dar a tu hijo (independientemente de si estás casado o divorciado) es que tus niños son amados sin condiciones. Comunícale esto a través de acciones y palabras.

Tras hacerlo, trata de entender la batalla de tu hijo por saber qué quiere decir “amor sin condiciones”, puesto que los chicos construyen en gran parte su noción de “amor” (o de “no amor”) de lo que ven en sus padres.

Ellos necesitan mucho amor para estar seguros y saber que el fin del matrimonio de sus padres no será el fin del amor hacia ella o hacia él.

Si papá o mamá tiene una nueva familia, ¿otro niño me reemplazará?

Las familias mezcladas pueden crear un nuevo escenario de complejidad para los niños. Los padres tienden a enfocarse en cosas positivas como que tendrán dos regalos de Navidad, etcétera. Esto puede funcionar, pero no hay que obviar el miedo al reemplazo que sufren, verdaderamente, los pequeños. Hay que volver a asegurarles que siempre serán únicos y que siempre estarán en tu vida y en tu corazón.

¿A partir de ahora, las fiestas y los aniversarios van a ser algo triste?

Fiestas, cumpleaños y ocasiones especiales son puntos-ancla que le dan estabilidad el niño y el divorcio viene a zarandear estos puntos de estabilidad en su vida.

Por ello, es necesario decidir la manera cómo se van a celebrar las fiestas o los acontecimientos especiales en el futuro. Sin drama, incluso cuando alguno de los ex esposos o ex esposas estén presentes. Hay que hacerles la celebración a ellos y dejarles en claro que siempre tendrán en el futuro una celebración especial para compartir.

¿Hice algo que causara que mis padres se divorciaran?

Una de las primeras cosas que los padres tienen que decirle a sus hijos cuando les den la noticia de que se van a divorciar es: “esto no fue tu culpa”. Se trata de una verdad importante a comunicar más de una vez. Podría no ser muy práctico ni saludable explicarle a los chicos las razones que los llevaron a separarse, pero es seguro que un mensaje consistente es que los dos siempre permanecerán unidos en el amor la hija o al hijo.

Si alguna vez yo me caso, ¿yo también me voy a divorciar?

Las nuevas generaciones están posponiendo el matrimonio o retrasándolo largamente, porque estos jóvenes adultos crecieron rodeados de divorcios y no quieren repetir el drama en su matrimonio.

Uno de los grandes regalos que puedes darle a tus hijos es una visión elevada del matrimonio. Hazlos sentir encantados de casarse y de tener una familia propia algún día. Aún si tu matrimonio terminó, no pases una visión cínica del matrimonio a tus hijos.

¿Mis papás volverá a estar juntos algún día?

Una de las más importantes preguntas de los niños sobre el divorcio es ésta. Niños de todas las edades (incluso ya crecidos) mantienen siempre una sólida esperanza de que sus padres vuelvan a estar juntos.

Ten esto en mente cuando te comuniques con tus hijos y en los movimientos que hagas hacia delante en tu vida. Y nunca olvides que ellos estarán esperando y orando para que vuelvas con tu marido/mujer, que son su padre y su madre otra vez.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Cinco grandes películas para ver en Pascua

Casi siempre –en los portales católicos—se provee al lector de una buena cantidad de películas para ser vistas en Cuaresma y, especialmente, en la Semana Santa. Lo mismo sucede –con énfasis en lo comercial—en Adviento y Navidad. Pero muy pocas ocasiones, casi contadas con los dedos de la mano, se recomiendan películas para la Pascua. Los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés, parecerían estar abandonados por el Séptimo Arte.

Pero no es así. El sacerdote jesuita Sergio Guzmán nos propone cinco filmes para “recordar el paso del pueblo hebreo de la esclavitud a la liberación, de la servidumbre al servicio”. Se trata, dice el sacerdote en su artículo publicado en la versión digital de El Observador, “de un tiempo en que celebramos que Jesús venció a la muerte, resucitó y nos ha abierto un camino de salvación”. Cinco películas, religiosas y no religiosas, “que nos pueden ayudar a descubrir ese paso del Señor en historias tan humanas y entrañables en el cine como en la misma vida”, señala el padre Guzmán.

Rodada en Egipto, el Monte Sinaí y la península del Sinaí; protagonizada por Charlton Heston en el papel principal; esta película cuenta la historia bíblica de la vida de Moisés y su misión liberadora. La escena de Moisés abriéndose paso por el Mar Rojo ya es considerada por muchos críticos como clásica en la historia del cine. La última y más exitosa película dirigida por DeMille, ganadora del Oscar a Mejores efectos visuales en aquel año de 1956. Gran película épica que nos recuerda las palabras de la Escritura: “No ha vuelto a surgir en Israel un profeta semejante a Moisés, con quien el Señor trataba cara a cara […] No ha habido nadie tan poderoso como Moisés, pues nadie ha realizado las tremendas hazañas que él realizó a la vista de todo Israel” (Dt 34, 10-12).

Basada en el libro del Éxodo esta película narra la vida de Moisés desde el día en que nació hasta su muerte. Cine de gran formato, con un buen reparto (Christian Bale, Joel Edgerton, Ben Kingsley, Sigourney Weaver), centenares de extras y visualmente espectacular. Podemos destacar el paso de los carros y el ejército del Faraón por los caminos montañosos en la persecución de los hebreos y el mismo paso del Mar Rojo… pero a la hora de enfocar los conflictos humanos de los personajes: lo que vive internamente Moisés, su relación con Dios, con el poder, con el pueblo; la película nos queda a deber. Scott pretende contarnos una versión más realista de la historia bíblica pero falla en su intento. De cualquier modo conviene verla y confrontarla con el texto bíblico y, por qué no, con otras versiones cinematográficas de esta historia de fe y liberación.

Interesante propuesta cinematográfica que nos presenta “la épica historia bíblica de la Resurrección narrada a través de los ojos de un agnóstico”. Clavius (Joseph Fiennes) es un poderoso centurión romano a quien Poncio Pilato (Peter Firth) le pide investigar qué pasó con el cuerpo de Jesús después de su crucifixión. Pilato quiere desmentir los rumores de la resurrección de este Mesías y evitar una revuelta en Jerusalén. Clavius se avoca a esta misión de resolver el misterio del cuerpo desaparecido… y Jesús (Cliff Curtis) se deja ver o sale al encuentro como vemos en los relatos de resurrección (cfr. Mt 28, 1-20; Lc 24, 1-49, Jn 20-21). Clavius no es un personaje histórico ni bíblico, pero por qué no pensar en aquel centurión que al pie de la cruz alabó a Dios diciendo: “Verdaderamente este hombre era justo” (Lc 23, 47).

Conmovedora historia que guarda cierto paralelismo con la película Fresas silvestres de Ingmar Bergman (Suecia, 1957). En las afueras de Teherán, en un paisaje seco y polvoriento, seguimos a un hombre de mediana edad que quiere suicidarse y busca afanosamente a alguien que lo entierre si lo consigue. Después de la negativa de un soldado y de un seminarista, un hombre mayor accede a ayudarlo… Pero antes le habla de su propio intento de suicidio y cómo, gracias al sabor de las cerezas arrancadas de un árbol, prefirió seguir viviendo. Aquí podemos evocar la historia del profeta Elías que se adentra en el desierto y pide al Señor le quite la vida… y cómo el ángel del Señor le dice: “Levántate y come, pues te queda todavía un camino muy largo” (1 Re 19, 7). Y de tantas personas que atraviesan un desierto existencial y, de repente, misteriosamente, renacen y se abren a la vida.

El jardín secreto nos cuenta la historia de Mary Lennox (Kate Maberley, encantadora) una niña de 10 años que tras quedar huérfana es enviada de la India al Reino Unido. Se hará cargo de ella su tío Lord Craven que vive con su hijo enfermo y una estricta ama de llaves Mrs. Medlock (Maggie Smith) en una gran mansión. El ambiente es ciertamente gris y decadente… pero Mary pronto empezará a descubrir los secretos que encierra un jardín oculto y misterioso. Como espectadores podemos acompañar a los personajes en una pascua o saltó de la enfermedad a la salud, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida. Y recordar aquel relato de resurrección (cfr. Lc 24, 1-12) en que unas mujeres van al sepulcro y dos varones le dicen: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí; ha resucitado” (Lc 24, 5-6).

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Médico de familia: vocación y compromiso

¡Buen día doctora! La gente de una pequeña aldea ubicada en el suroeste de Rumania saluda con alegría la llegada de la doctora Floraea Ciupitu, quien desde hace tres décadas está acostumbrada al duro trabajo que requiere responder las necesidades de salud de más de 1.700 habitantes del lugar y en algunas condiciones adversas.

En Rumania, el sector de la salud no está exento de crisis y los problemas nunca terminan. Es común que los más jóvenes busquen otros países las oportunidades de carrera. Sin embargo, a pesar de que los doctores rurales tienen a cargo la atención de muchas familias, cuando hay una llamada la respuesta suele ser con entrega y alegría.

En este caso, la doctora Floraea Ciupitu, doctora de familia con amplia experiencia, llega a una casa del pueblo para atender un caso de otitis que padece un niño luego de un baño inapropiado. Su legado no es más que una muestra que ser médico es un llamado y que el compromiso con el paciente está por encima de todo.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Por amor a tus hijos… ¡aguanta!

Fue en la ciudad de Puebla donde celebré una Eucaristía por la conclusión del curso de preparación de más de 150 niños a la primera comunión. La misa parecía una fiesta, en la homilía se me enchinó la piel con una oración que recitaron para recibir el “Pan del Cielo”.

Ahora, al recordar la fe y alegría de esos niños, le pido a Dios que me conceda tan sólo un poco de esa devoción feliz y sencilla. Pero, en el momento en que di la paz a los niños, el corazón se me rompió. Uno de ellos entre sollozos me dijo: “Tengo miedo de que se separen mis papás ¿qué hago para que ya no se griten tanto?”.

El Niño tendría tan solo 7 años y sus sollozos le impedía hablar. Me rompió el corazón, me sentía muy mal, y antes de dar la Comunión, mientras sostenía a Nuestro Señor entre mis manos, le decía en silencio que no podía entender cómo un niño tan pequeño tenía que enfrentarse a tristezas tan grandes…

Terminé la Eucaristía todavía con un nudo en la garganta. Yo también necesitaba llorar, tenía muchas preguntas en mi interior, las lágrimas de este pequeño en verdad me hacían sufrir, así es que me fui al Sagrario a buscar ayuda.

Delante de Jesús Sacramentado me puse a pensar en todos los jóvenes que viven sumidos en la tristeza porque en sus familias solo hay problemas, o en aquellos que lloran porque sus papás no los quieren. Si supieran cuántos han llorado ante mí diciendo: “Mi papá/mamá nunca me ha dicho que me quiere, nunca me ha dado un abrazo…”.

Luego venían a mi mente las parejas que se la pasan peleando, gritando y humillándose, en las que abandonan a su familia, en los papás que descuidan a los suyos por trabajar y ganar sin límites, en los jóvenes que sin consciencia tienen niños y los abandonan, en los papás que gritan a sus vástagos que no valen nada o que les dicen que se arrepienten de haberlos tenido. Se les hace tan fácil, pero si supieran las heridas tan grandes que dejan en sus hijos…

Por eso recé y rezo mucho por las familias, para que encuentren la paz y la felicidad, y así sus hijos se sientan amados.

El día de hoy quiero invitar a todas las parejas a que contemplen a Cristo en la cruz, a que lo vean allí clavado, sufriendo injustamente por amor, por nuestra salvación, piensen en esto: si Jesús no hubiera aguantado el peso de la cruz simplemente no nos habría salvado.

Igualmente ustedes, si no se deciden a aguantar por amor a sus hijos nadie más los salvará, aprendan de Cristo que decidió aguantar clavado en la cruz por amor a ti.

Es tu turno, de corazón te suplico: ¡Por amor detente, aguanta, sé paciente, necesitas salvar a tu familia! Cristo aguantó por amor a ti, ahora tú aguanta por amor a tus hijos…

AGUANTA la tentación de ser agresivo, de humillar, de maltratar, de gritar, de estar de nervios…

AGUANTA la tentación de ser infiel, de hacer del trabajo tu vida y descuidar a tu familia, de hacer más caso a tus papás y hermanos que a tu esposo/a e hijos, de entregarte al alcohol y otras adicciones…

AGUANTA la tentación de creerte superior que tu pareja, de creer que estarías mejor lejos, de creer que todo depende del otro, de creer que eres infeliz porque no te dejan ser feliz…

AGUANTA y decídete a ser feliz con tu familia, decídete a ser feliz con lo que tienes, decídete a poner todo de tu parte para que crezca el amor y la paz, decídete a perdonar y olvidar por amor…

Y cuando sientas que ya no puedes más híncate frente a Cristo en la cruz y ve que Él sigue aguantando el sufrimiento por amor a ti, para salvarte, para verte feliz… ¡Verás que Él te dará la fuerza y sabiduría para arreglar tu familia!

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Un ladrón arrepentido se confiesa … después de 50 años

Nunca es demasiado tarde para obtener la absolución de los pecados, como bien atestigua esta sorprendente historia digna de la serie policiaca Cold Case. El pasado diciembre, un sacerdote de Biarritz (Francia) escuchó en confesión a un anciano que le aseguró ser el autor de un hurto cometido hace cincuenta años. Y no era un robo cualquiera, sino el de una cruz de procesión policromada de “madera blanda de carolin” [álamo negro de Canadá, NdelT], que fue “extraída” del Convento de los Jacobinos de Toulouse en 1967 durante su restauración.

Pero ahí no queda la cosa, el penitente admitió su falta y además la reparó: puesto que el hombre nunca se había separado de la preciosa cruz, la entregó a su confesor en cuanto hubo recitado su acto de contrición y la absolución fue pronunciada.

Aunque desconcertado, el sacerdote remitió el preciado objeto a un compañero de Montpellier, que a su vez la entregó al municipio de Toulouse. El ayuntamiento de Toulouse, como propietario del convento –conocido también por albergar las reliquias de santo Tomás de Aquino–, ha iniciado el proceso de autentificación de origen de la pieza a través de la policía judicial regional, esperando, sin duda, devolverla al lugar que le corresponde, según informa la prensa local.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Tuvo que tomar una decisión: soltar a su hijo y verlo ahogarse en el mar

El pasado 22 de enero de 2017, Francisco concedió una entrevista al diario español El País. En ella, como viene siendo habitual en sus intervenciones públicas, el Papa resultó incisivo y provocador.

Entre otras perlas, cuando el periodista le preguntó acerca de la acusación que se le había hecho de no tener palabras para la clase media, hizo la siguiente aclaración recurriendo al evangelio:

“A mí me gusta pensar mucho en el dueño del hotel al que el samaritano llevó a ese hombre al que los ladrones lo habían molido a palos después de robarlo en el camino. El dueño del hotel sabía la historia, se la contó el samaritano: había pasado un cura, miró, llegaba tarde a la misa y lo dejó tirado en el camino, no quería mancharse con la sangre porque eso le impedía celebrar según la ley. Pasó el abogado, el levita, vio y dijo: “Uy, yo no me meto acá, el tiempo que voy a perder, mañana en los tribunales haré de testigo y… No, no, mejor no te metas”.

Parecía nacido en Buenos Aires, y dio la vuelta así, que es el lema de los porteños: “No te metas”. Y pasa este, que no es judío, que es un pagano, que es un pecador, considerado como de lo peorcito: se conmueve y lo levanta.

El estupor que tuvo ese hotelero es enorme, porque vio algo inusual. Pero la novedad del Evangelio crea estupor porque es esencialmente escandalosa. San Pablo nos habla del escándalo de la cruz, del escándalo del Hijo de Dios hecho hombre. El escándalo bueno, porque también Jesús condena el escándalo contra los niños.

Pero la esencia evangélica es escandalosa para los parámetros de la época. Para cualquier parámetro mundano, la esencia es escandalosa. Así que el síndrome del hijo mayor es un poco el síndrome del que ya está acomodado en la Iglesia, del que de alguna manera tiene todo claro, todo fijo lo que hay que hacer y que no me vengan a predicar una cosa extraña. Así se explican nuestros mártires: dieron su vida por predicar algo que molestaba”.

La buena noticia es que, leyendo Lágrimas de sal (Debate, 2017), de Pietro Bartolo y la periodista Lidia Tilotta, uno puede seguir ejerciendo de testigo, de dueño del hotel, y gracias a ello puede contar cosas escandalosas que desbordan nuestros marcos referenciales de clase media y que nos conmueven hasta el despertar de heridas profundas por las que hoy sangra el corazón del mundo.

Pietro Bartolo fue en un determinado momento el único médico de Lampedusa, la isla italiana más cercana a Túnez que a Europa, donde en los últimos 25 años han atendido a más de 300.000 inmigrantes y refugiados provenientes de Siria, Nigeria, Eritrea, Sudán, Etiopía y tantos otros países concretos que no se pueden simplificar en un tranquilizador “África”.

La historia más o menos la conocemos. Es una diáspora en busca de una vida mejor, en la que los muchos peregrinos pierden la propia vida en el intento, las mujeres son sistemáticamente violadas, muchos se dejan extirpar un riñón para poder cruzar el mediterráneo, muchos niños desaparecen convertidos en mercancías en el mercado internacional de la “donación” de órganos, etc., y todo para llegar a ese lugar en el que, supuestamente, uno puede vivir dignamente.

Y cuando llegan a ese paraíso, Europa, se encuentran con que molestan y con que hemos puesto muros físicos o cotidianos para que ni ellos ni sus latentes historias perturben nuestro sacrosanto y agónico bienestar.

Pietro Bartolo nos cuenta un poco de su vida. Pequeños relatos que permiten hacerse cargo de la dureza del día a día tradicional de los pescadores de Lampedusa, y de cómo ellos no son capaces de vivir de espaldas a la tragedia que se libra en sus costas, sino que hacen todo lo posible por ayudar, por salvar, curar, alojar, alimentar o enterrar dignamente a todos esos niños, mujeres y hombres que llegan a sus orillas tratados como ganado por mafias que se aprovechan de guerras lejanas, patrocinadas por nuestra industria armamentística occidental.

Sin embargo, Bartolo no se limita meramente a narrar su vida, sino que también nos azuza con historias que sacuden nuestra humanidad y nuestra conciencia hasta el llanto, que se hace, a tramos, inevitable compañero de lectura.

Nos cuenta, por ejemplo, la historia de una familia que llegó a puerto tras un rescate en alta mar:

Cuando el barco había volcado, todos cayeron al agua. Eran más de ochocientas personas. Él era un excelente nadador y se había puesto al bebé de nueve meses dentro del jersey, contra el pecho. Luego, con una mano agarró a su esposa y a su otro hijo, de tres años de edad. Empezó a nadar de espaldas, sin parar, tratando desesperadamente de mantenerse a flote. A la espera de una ayuda que no llegó. Una espera agotadora.

Las olas se hicieron cada vez más altas y más violentas, y le faltó el aliento. Tuvo que tomar una decisión. Una última opción, de la que sabía que no podría volver atrás. Suspendido entre la vida y la muerte, tuvo que pensar, calcular, evaluar y luego decidir. Así que al final lo hizo, abrió la mano derecha y soltó la de su hijo. Lo vio desaparecer, poco a poco, para siempre.

Mientras me lo contaba no dejaba de llorar, y tampoco yo pude evitar el llanto. No tuve la frialdad necesaria para reaccionar y controlarme. Me sentí derrotado. Un médico no debe llorar en público, pero a veces no puedo evitarlo. No se puede permanecer frío frente a tanta agonía.

Y lo que más atormentaba a aquel hombre era que unos minutos después había llegado el helicóptero para salvarlos: “Si solo hubiera resistido un poco más, ahora mi hijo estaría con nosotros. Nunca me lo perdonaré”.”

Dios no quiera que nos tengamos que encontrar nunca en tal tesitura, que no es la peor de las que se detallan en este mínimo inventario del holocausto que estamos viviendo en nuestros días y que Bartolo argumenta lapidariamente del siguiente modo:

“Las prisiones libias son los nuevos campos de concentración. Las condiciones en que viajan los migrantes por el desierto y por el mar no son tan diferentes de las de los deportados en los trenes de la muerte. Y el que hoy quiere levantar muros y rechazar a los refugiados no se comporta de manera muy diferente a la de aquellos colaboradores de Hitler que la filósofa Hannah Arendt definió como “hombres banales”. Quien deja morir a miles de niños en el mar o les permite vivir en condiciones inhumanas en los campos de refugiados fronterizos expresa una crueldad no menor que la de aquellos”.

Sin embargo, lo que prevalece en la lectura libro no es el desgarro de la propia alma mientras uno lo frecuenta, sino la posibilidad de ser testigo de la humanidad incansable y lacerada de este médico, Pietro Bartolo, de su familia, de sus amigos, de los mismos sacerdote y alcaldesa de Lampedusa, de los médicos y el personal sanitario del policlínico, del pueblo entero volcado en la ayuda a los que más lo necesitan, pero también la de los mismos refugiados, entre los que se documentan numerosos gestos de infinito altruismo.

Además, el libro es escueto, bello y de lectura ágil. Va tan al grano que una vez entras en él haces lo que tengas que hacer para terminarlo, porque te urge seguir en la compañía sencilla de alguien que da la vida por los demás, y lo hace sin tasa.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Perú: Música con altura a través de un órgano tubular

Enamorado del arte y la música. Descubrió en la sierra del Perú la magia para convertir los sonidos en una armoniosa tonada musical.  A más de 5.000 metros de altura, un sacerdote diocesano se permitió soñar.

Huancavelica, su ciudad natal, al sur del Perú, fue el escenario perfecto para descubrir la sensibilidad por la música en los niños de esa región. Y es que en lo alto de los Andes peruanos, Carlos López Bonifacio, quiere hacer valer el canto gregoriano (canto en quechua, lengua madre de Huancavelica) de un selecto grupo de niños.

“Tenía 150 niños a mi cargo. Todos ellos estudiaban en el Seminario menor de Huancavelica, bajo el régimen de internado”. Carlos trabajaba como formador en uno de los seminarios menores que aún existen en el mundo, narra para Aleteia el joven presbítero quien descubrió su vocación, al asistir como monaguillo, al misionero irlandés Demetrio Molloy, fundador del seminario, entonces obispo de una de las regiones más pobres del país.

Tiernas, vivaces, dulces y motivadoras así resonaban las voces de los pequeños en las aulas de “San Juan María Vianney”, era el nombre que llevaba el seminario menor fundado desde hace más de 25 años en la región.

“Hasta el momento son 36 los sacerdotes que hemos descubierto nuestra vocación aquí”, confiesa el recién nombrado párroco de la catedral de Huancavelica.

“Me aventuré a soñar. Quise darles a estos niños la posibilidad de seguir perfeccionando el arte por la música sacra que estaba comenzando a nacer en la sierra sur del Perú”.  “Así que me decidí y fui tras de él”. Se trataba de un órgano tubular. El sueño que parecía inalcanzable se pudo conseguir luego de cinco años de espera. La obra del misionero irlandés no podía parar.

“Escribí sendas cartas a Italia, Francia, Irlanda, Canadá, Alemania, Estados Unidos, España Australia. Nadie podía financiar la compra de tan preciado instrumento”. Se necesitaban 100 mil euros para adquirir uno de los más baratos. No desistió.

Siempre consideró importante la labor iniciada por el obispo irlandés, a través del canto y la música andina buscaba devolverle a los andes la revaloración de su idiosincrasia en medio de la violencia subversiva que se había asentado en la década de los 80 y principios de los 90 en el país.

La música se había convertido en la región en el mejor camino que los niños y jóvenes encuentran para su desarrollo. “Partimos del principio que todos los niños tienen talento musical tan solo necesitan una orientación”, es lo que siempre decía el obispo Molloy. El órgano tubular complementaría su formación en el arte de la música. Luego de tanto batallar el sacerdote consiguió dos órganos tubulares para tan ambiciosa obra.

Permanecieron en cajas por más de cuatro años hasta que el organero Rubén Pérez llegó a Perú para ensamblar uno de ellos en el Seminario Menor de Huancavelica. Se trataba de dos instrumentos de la casa Austín que datan de 1920 y 1960 respectivamente. El sorprendido presbítero no puede creer que este sueño se está cristalizando. El proyecto busca implementar una escuela de música en los Andes.

En 2013 llegó una carta de Estados Unidos con una buena noticia nos donarían dos órganos tubulares, tres órganos electrónicos, y un piano. Llegaron todos en buque a Huancavelica cuando celebrábamos el primer aniversario de la muerte del Obispo Molloy.

 “Me convencí cada vez más que era él quien nos enviaba éste regalo desde el cielo”, una de estas joyas musicales nos llegaba de San Patricio, el Santo Irlandés de especial devoción del misionero Demetrio.

Aún está pendiente la instalación de uno de ellos, el padre Carlos continuará con esta misión. Desde los tiempos de la colonia en el país existen diferentes tipos de órganos tubulares que se han abandonado hasta convertirse en inservibles. Huancahuanca es un pueblo en Huancavelica hasta donde llegó el padre Carlos con la intención de rescatarlo. En estas mismas condiciones existen otras piezas históricas coloniales en total abandono.

Mientras los niños en Huancavelica aprenden a tocar flauta, violín, y piano ahora harán lo mismo con los órganos tubulares. En el Seminario Menor tenemos también un órgano electrónico instalado para los ensayos de los alumnos, donación del Arzobispado de Colonia (Alemania). De esta forma el sacerdote pide se revalore estas piezas musicales para el desarrollo de los pueblos.