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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya El Archivo Musical del Convento Franciscano de Celaya: Lidia Guerberof Hahn

El Archivo Musical del Convento Franciscano de Celaya

Eugenio Amézquita Velasco

En 2010, el Anuario Musical N.º 65, enero-diciembre 2010, en sus páginas 251-268, dieron luz a un excelente artículo e investigación de Lidia Guerberof Hahn, que titulo como “El Archivo Musical del Convento Franciscano de Celaya.

¿Quién es Lidia Guerberof Hahn?

La distinguida clavecinista, pianista e investigadora, nace en la ciudad de Buenos Aires; a la edad de tres años inicia el estudio del piano con sus padres continuando posteriormente con la pianista Berta Sujovolsky, presentándose ante el público a la edad de 9 años.

Lidia Guerberof Hahn.

Obtiene por concurso a los 17 años, una beca para cursar estudios superiores en la Academia “Ciprian Porumbescu” de Bucarest. Concluidos éstos toma clases de perfeccionamiento de piano con Bruno Seidlhofer, y análisis con Erwin Leuchter.

En 1970, en Buenos Aires, es profesora de Música de Cámara y co-Directora de la Fundación George Enescu y desde 1970 se dedica a la interpretación del clavecín. Tres años después nuevamente en Europa realiza una maestría con Gheorghe Halmos, tras lo cual se establece en España donde adopta la nacionalidad de dicho país.

Establecida en Barcelona, como clavecinista, es integrante de la Orquesta Catalana de Cámara y del Grupo Instrumental Catalá (GIC), funda y participa del Cuarteto Laieta

Paralelamente, como pianista, realiza numerosos conciertos de música de cámara y con cantantes, desarrollando a la vez, la actividad de Maestro Interno de Ópera y repertorista .

Repetidas veces es solista de eventos internacionales entre los cuales caben mencionar: Festival de Barcelona; Festival de Pamplona; Festival de Música Contemporánea de Alicante; Festival Latinoamericano de Música de Caracas; Festival y Congreso de las Tres Américas de Buenos Aires; Festival de Morelia, Foros de Música Nueva y Festivales Cervantinos de México; Expo Sevilla 92; Latin American Music Festival de Fort Worth, Festivales de Música Renacentista y Barroca de Lima, Festival de Música Virreinal de Guadalajara, etc.

Interpretan: Lidia Guerberof Hahn (clavecín), y Cuarteto
 Fundamental Arturo González Viveros (violín primero),
Alejandro Flores (violín segundo), Mónica del Águila
 (violonchelo), Astrid Montserrat Cruz González (viola).
Concierto grabado en el Auditorio Blas Galindo del Centro
Nacional de las Artes el día 28 de agosto de 2013.

En 1988 es distinguida por el Gobierno Brasileño con la Medalla “Heitor Villalobos”.

Reside en México desde 1986. Conjuntamente a su intensa actividad de conciertos, ha sido Académico de la Universidad Autónoma de México y se dedica a la investigación histórico-musical habiendo sido entre 1995 a 2013 directora del Archivo Musical de la Basílica de Guadalupe donde ha realizado la catalogación de dicho acervo como también del acervo del Convento Franciscano de Celaya y la divulgación de las investigaciones derivadas de los mismos en diversos foros, congresos y universidades nacionales y extranjeras. Es autora de numerosos artículos publicados en la revista Heterofonía, México; Anuario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, España; Guadalupe Arte y Liturgia. La sillería de coro de la Colegiata, México; Diccionario Cultural de Historia de la Iglesia en América Latina; entre otros.

Ha dictado cursos de interpretación y catalogación. |

En su quehacer artístico-creativo siempre han estado presentes la danza, la literatura, las artes plásticas, el teatro. Ha escrito la música y elaborado el montaje musical de algunas obras teatrales.

Es fundadora e integrante del Ensamble “Paax-Kaay”.

En 1999 obtiene la Beca de Investigación para Hispanistas que otorga el Ministerio de Asuntos Exteriores de España logrando un muy importante rescate de música para México.

Está especialmente dedicada a la interpretación de las obras de J. S. Bach, Gh. Fr. Haendel, españoles del S- XVIII, la música del Virreinato latinoamericano y de la música contemporánea tanto en clave como en piano estrenando numerosas obras algunas escritas especialmente para ella. Está involucrada también con el S-XIX para piano con programas de mujeres compositoras del mundo.

A partir de 1998 se ha vinculado muy estrechamente al quehacer musical del Perú, estableciendo una fuerte colaboración con el reconocido Maestro [[José Quezada Macchiavello] en la recuperación del acervo musical del Virreinato peruano.

En el año 2013 participó en el homenaje mundial al Padre Antonio Soler con conciertos en el CNART y Bellas Artes (clavecín). Ha formado un dúo de pianos con Carlos Alberto Pecero.

Archivo de Música del Convento de San Francisco de Celaya.

Su investigación en el Convento Franciscano de Celaya

En su investigación, Guerberog Hahn señala que “el Archivo Musical del Convento Franciscano de la Provincia de San Pedro y San Pablo situado en la ciudad de Celaya del estado de Guanajuato (México), contiene especialmente obras del siglo XIX, tanto de autores de la región como europeos. Tanto sus fondos documentales, como los del Archivo Histórico, sobrevivieron a la ocupación del ejército en 1859, en el marco de la Guerra de Reforma, o “de los Tres Años”, entre liberales y conservadores, que finalizó con la victoria de los primeros y la entrada en la
capital del país de Benito Juárez.

Un poco de historia

Bajío se le llama a una región que se sitúa en el centro de México y que abarca parte del territorio del Estado de Guanajuato, de Querétaro y de Michoacán. En esta región, habría que nombrar como las ciudades más pobladas a Celaya, Irapuato y León, todas ellas en el Estado de Guanajuato; Querétaro, en el estado de su nombre; y La Piedad, en el Estado de Michoacán.

Fueron tres los primeros frailes de la Orden Franciscana en llegar al Bajío en 1523, abriendo el
camino para que un año después llegara el grupo llamado “Doce Apóstoles franciscanos” con la consigna de evangelizar los recién conquistados territorios. A ellos se sumaron posteriormente otros grupos que se organizaron en territorios provinciales.

Virrey Martín Enríquez de Almansa

La ciudad de Celaya estaba poblada, antes de su erección como tal, por un pueblo de la etnia otomí llamado “Nat-tha-hi”. Es el 12 de octubre de 1570 cuando a petición de un grupo de labradores vascos asentados en la zona y bajo el mandato del virrey español –leonés- Martín
Enríquez de Almansa, se funda una nueva ciudad, bautizada como “Villa de la Purísima Concepción
de Zalaya”.

La ciudad de Celaya fue sede de alcaldía mayor en la jurisdicción del Gobierno y capitanía general de Nueva España y del obispado de Valladolid (hoy Morelia), Michoacán. El Convento y Templo de San Francisco de Celaya es uno de los más grandes del país. Luce un interior barroco del siglo XVII construido sobre la capilla original en 1683, habiendo sido reconstruida su fachada, en estilo neoclásico, entre los años 1810 y 1820 por el afamado arquitecto, pintor y escultor Francisco Eduardo Tresguerras. (*Celaya, 1759; †1833).

La fachada del templo es de orden jónico, orientada al sur con cuatro grandes columnas que sostienen la cornisa. Una enorme torre de 64 metros; compuesta por tres cuerpos con dos arcos, se encuentra junto a la fachada. El conjunto del templo fue construido según el modelo de cruz latina, cuya dimensión más larga es de 66.5 mts., 11 mts. de ancho y 17 mts. de altura del suelo a las bóvedas.

En 1627 comenzó a funcionar el Colegio de la Purísima Concepción pasando a ser posteriormente
Universidad Real y Pontifi cia con cátedras de Arte, Teología, Derecho, Retórica y Gramática.
En 1859, durante la Guerra de Reforma (1859-1861), parte del monasterio fue ocupado por tropas del ejército, que cambiaron la placa de la fachada del convento, “Collegium Universitatis”, por la de “Cuartel Independencia”, dejando a partir de entonces de existir el anterior Colegio. A diferencia de otros templos también tomados entonces por el ejército, y a pesar de la violencia posterior de las guerras padecidas (“Guerra Cristera” y “Guerra de Reforma”, así como cien años de ocupación), aunque el edificio quedó muy maltrecho y en parte destruido, ha podido conservar buena parte de su rico patrimonio histórico artístico, ya que una pequeña parte del Convento siguió habitada por algunos frailes. Durante esos años, el Templo permaneció abierto y en funcionamiento como tal, hasta que, en 1950, el monasterio fue devuelto a la comunidad franciscana por el gobierno de Miguel Alemán.

En el Coro del templo se encuentra un órgano, que acaba de cumplir cien años, en el cual se ofrecen conciertos con bastante frecuencia.
En el interior del convento se encuentra la valiosa Biblioteca antigua, el Archivo Histórico Provincial y desde hace poco tiempo, el Archivo Musical en formación.

El archivo musical

Cuando se habla de Archivo Musical, nos estamos refiriendo a un gran archivo, incrementado
con las partituras traídas del Convento Franciscano de la Santa Cruz de Querétaro, donde también se encuentra el Templo y la Universidad Franciscana de Filosofía. Evidentemente, la música era parte muy importante de la vida de los frailes de la provincia franciscana de San Pedro y San Pablo, que abarca los templos franciscanos de los territorios de Guanajuato, Michoacán y Querétaro, como se puede constatar al ver no sólo la gran cantidad de obras conservadas, sino también la calidad de las mismas.

Llama la atención la ausencia de manuscritos de los siglos XVII y XVIII presentes con relativa frecuencia en otros archivos catedralicios mexicanos; de éstos, sólo hay dos, pero lo interesante de su contenido es, en primer lugar, la gran cantidad de obras manuscritas y editadas de compositores de la región, poco conocidos en el ámbito musical del resto del país, cuando no completamente desconocidos. En segundo lugar, la presencia de abundantes ediciones del siglo XIX y comienzos del XX de los grandes compositores europeos de música sacra, especialmente italianos, españoles y alemanes. La obra del inmortal J. S. Bach tanto religiosa como no (corales, misas, pasiones, toda la obra para clave y órgano), convive con las composiciones de Giovanni Pierluigi da Palestrina (*Palestrina, 1525c; †Roma 1594), Orlando di Lasso (*Mons, Hainaut, Bélgica, 1532; †Munich, 1594), o Tomás Luis de Victoria (*Ávila, 1548c; †Madrid, 1611), e incluso, ya de fechas mucho más cercanas, con la de Luigi Bordese (*Nápoles, 1815; †París, 1886), Luigi Bottazzo (*Presina di Piazzola, 1845; †Padua, 1924), Enrico Bossi (*Saló, Brescia, 1861; †En alta mar, 1925), Giovanni Pagella (*La Spezia, 1872; †Turín 1944), Giulio Bas (*Venecia, 1874; †Génova, 1929), Lorenzo Perosi (*Tortona, 1872; †Roma, 1956), Franco Vittadini (*Pavía, 1884; †Pavía, 1948), Tomaso Gardella (*Carmogli, Génova, 1891; †1961c), Luigi Picchi (*Sairano, 1899; †Como, 1970), el franciscano padre Vicente Pérez Jorge (*Liria, Valencia, 1906; †Onteniente, Valencia, 1993), monseñor Domenico Bartolucci (*Borgo San Lorenzo, 1917), Tossi, Antonelli, P. M. Galletti, o Juan Alfonso García (*Los Santos de Maimona, Badajoz, 1935), sólo por mencionar a los más conocidos en copias manuscritas y diversas ediciones.

Algunas de las editoriales aquí más repetidas son las italianas Carrara (de Bérgamo), Marcelo Capra, y Leandro Chena (ambas, de Turín), Ricordi (italiana –de Milán–, y americana –de Buenos Aires–), Zanibon (de Padua), o la Asociación Santa Cecilia de Roma; las alemanas Schott (de Maguncia), Breitkopf & Härtel (de Leipzig), Peters (también de Leipzig), A. Böhm (de Augsburgo) y Bärenreiter (de Kassel); las españolas Boileau y Bernasconi, Musical Emporium, y Subirana (las tres, de Barcelona), así como Ildefonso Alier, y Tesoro Sacro Musical (ambas, de Madrid); las mexicanas Otto y Arzoz (de México), Seminario Franciscano “Pio Mariano” (de Celaya, México), o Schola Cantorum, y Ediciones Franciscanas (de Celaya, México; Barcelona, España; y Asís, Italia); la francesa Alphonse Leduc (de París), la belga Desclée (de Tournai), o las estadounidenses Schirmer, y J. Fischer & Bro. (de Nueva York); entre otras muchas.

También hay un gran número de compositores, especialmente italianos y españoles desconocidos,
religiosos en general, cuyas obras probablemente llegaron a este lugar de la mano de otros religiosos que en algún momento estuvieron en alguno de esos dos países, enriqueciendo notablemente este fondo.

Hasta ahora hay registrados 13.093 títulos –incluyendo en dicha cifra las composiciones musicales que aparecen en los libros–, que ocupan 135 cajas, aunque aún faltan obras por clasifi car, aparte de toda una interesantísima música profana. En esa cantidad de títulos se incluyen también ediciones, que contienen de cien a quinientas obras aproximadamente de autores diversos.
Creo que dentro de tantos nombres sería más interesante darles un espacio primeramente a los
compositores mexicanos que integran este archivo, si no a todos, sí al menos a los más representativos o que tuvieron un rol más importante, tanto en la región como en el país. No se tiene información hasta ahora si existió una capilla musical como tal en el Convento y Templo Franciscano de Celaya, aunque se conoce la existencia de un coro de infantes y adultos, –que fuera dirigido por el maestro compositor Isaías Barrón (*Cortázar, 1882; †Celaya, 1964)–4, así como de algunos otros organistas. Gracias a estos músicos, sin duda, se ha enriquecido el fondo musical del archivo.

Dado que este año se conmemoran con diversos conciertos y homenajes los cien años del nacimiento de Miguel Bernal Jiménez, tanto en su ciudad natal, Morelia, como en otros lugares del país, creo conveniente comenzar con algunos datos sobre este compositor. Nacido en Morelia, Michoacán en 1910, falleció en la ciudad de León, Guanajuato, en el año de 1956. Fue infante de coro de la catedral de Morelia, hasta que en 1928, una vez descubierto su talento, marchó a Roma a estudiar en el Instituto Pontificio de Música Sacra, graduándose en 1933 en Canto Gregoriano, Órgano y Composición, teniendo entre otros maestrosa Licinio Réfice. Fue director de la Escuela Superior de Música Sacra de Morelia y fundador de la revista musical Schola Cantorum, en la cual publicaba, cada mes, artículos sobre diversos temas musicales, y en su suplemento, obras de no pocos compositores mexicanos, especialmente para órgano, y voz y órgano.

Fundó la Sociedad “Amigos de la Música” en 1938 y dirigió el Coro de los Niños Cantores de
Morelia. La investigadora Lorena Díaz, autora del catálogo y biografía de este compositor, afi rma que M. Bernal Jiménez, encabezó lo que se puede llamar el “nacionalismo sacro”, como “consecuencia de un largo proceso que comenzó con el Motu Proprio de Pío X dado a conocer en noviembre de 1903”.

El catálogo de este autor consta de 251 obras para órgano, orquesta, voces y órgano, coros, piano, cuartetos, el drama sinfónico Tata vasco, innumerables villancicos, etc.
En el archivo musical del Convento de San Francisco se encuentran varios villancicos, dos misas,
motetes, unos Misterios, Réquiem, Siete Palabras, “Catedral” (23 piezas para órgano), una Sonata de Navidad y Sonata Sabatina -también para órgano-, así como algunas otras obras.

El padre José Guadalupe Velázquez (*1856; †1920), formado musicalmente en Ratisbona, Alemania,
funda en 1892 (junto con Agustín González) la Escuela de Música Sacra de Querétaro, con el fi n de formar músicos y cantantes con una alta preparación para la música litúrgica. Compositor reconocido también en el ámbito europeo de la música sacra, se especializó paralelamente con gran talento en la dirección de coros.

El archivo musical del convento franciscano de Celaya cuenta con una Colección de Cánticos
Guadalupanos, Cánticos Marianos, motetes, y otras obras como una Misa, un Popule meus, o un Vexilla Regis, entre otras obras de este compositor.

Maestro Agustín González

El maestro Agustín González y el Panegírico a la Inmaculada Concepción

El maestro Agustín González (*1864; †1927) fue otro de los muy reconocidos y apreciados
compositores y organistas de la diócesis de Querétaro, que junto a Guadalupe Velázquez se dio a la tarea de formar músicos litúrgicos en la Escuela de Música Sacra.

El archivo musical de Celaya alberga una colección de 22 Cantos del IV Centenario de las Apariciones Guadalupanas, así como cinco Misas, un Misterio, Motete, Himno a Santa Cecilia, In solemnitate N. P. S. Francisci, y unos Maytines de la Purísima que tienen la siguiente inscripción:

“Compuesto para solemnizar el 50 Aniversario de la Inmaculada Concepción y para / ejecutarse en las Catedrales de México, Morelia, Guadalajara, Querétaro y Zamora y / en las Iglesias del Beaterio de Sn. Juan del Rio, Parroquia de Hércules, San Agustín, Santa Clara / Capuchinas de Querétaro. / Morelia del S. C., 26 de Noviembre de 1918”.

Este mismo maestro es autor también de un Panegírico a la Virgen María para 4 voces y gran
orquesta, que se ejecuta cada año, el día 7 de diciembre por la noche, en el Templo del Convento de San Francisco de la ciudad de Celaya, “para recibir la Festividad de la Inmaculada Concepción”, el cual fue compuesto en 1908 “para la ceremonia de la coronación de la Inmaculada en Celaya”.

Partitura del Panegírico a la Inmaculada.

Los diversos compositores y sus obras en el Archivo Musical del Convento

Es imposible hablar aquí de todos los compositores cuyas obras integran este archivo, pero cabría
mencionar a algunos de los más prolífi cos y destacados como Delfi no Madrigal Gil (*Erongarícuaro, 1924), que ha sido organista de la catedral de México y docente en la Escuela de Música Sacra y en el Conservatorio de las Rosas de Morelia; o a Domingo Lobato Bañales (*Morelia, Michoacán, 1920), formado como infante de coro de la catedral y en la escuela Superior de Música Sacra de Morelia, donde fuera discípulo de Bernal Jiménez, especializándose luego en Canto Gregoriano y Composición y obteniendo el Premio Jalisco 1958 por su labor como investigador de la música virreinal; a Francisco de Paula Lemus (autor de cientos de Misterios), o a Eduardo Loarca Castillo (*Querétaro, 1922; †2004) -cronista de la ciudad de Querétaro director del conservatorio de dicha ciudad y prolífico escritor de arte e historia-, así como al padre Cirilo Conejo Roldán (*Querétaro, 1884; †1960), maestro de numerosos músicos mexicanos, alumno a su vez del padre Velázquez y fundador del Conservatorio de Música de Querétaro que actualmente funciona conjuntamente con la Escuela de Música Sacra; sin dejar de citar al menos a Mariano Paulín, organista del Templo Franciscano de Acámbaro (cercano a Celaya), del Templo de San Francisco de Celaya y otros circundantes; y al ya mencionado maestro Isaías Barrón, también organista y director del coro de este templo, fundador de la Sociedad Santa Cecilia y de una Academia de Música.

Fray Serafín Ramírez OFM



El compositor Fray Serafín Ramírez OFM

No quisiera, terminar esta breve relación de compositores sin hablar de uno de ellos que ha merecido un espacio aparte en la catalogación del archivo. Me refiero a fray Serafín Ramírez, O.F.M. Nacido
en 1888 en la ciudad de Zamora, Michoacán, con el nombre de Diego, sintió desde niño la vocación religiosa e ingresó en el Seminario Diocesano de esa ciudad, dejándolo en 1903 para entrar en el Colegio Pío Mariano de la Orden Franciscana en Querétaro, donde sería admitido en el Coro como tiple, iniciando el noviciado y cambiando luego su nombre por el de Serafín.

A partir de 1904, estudió Filosofía y Teología, ejerciendo también como cantor y organista del Santuario del Pueblito (Querétaro). En 1909 inició sus estudios con el maestro Agustín González, y en 1913 fue ordenado sacerdote. Ante la persecución religiosa acaecida entre 1926 y 1928, marchó a España junto con otros sacerdotes, y después de residir un tiempo en Barcelona, donde estudió con José Barberá en el Convento de San Antonio, se dirigió en 1928 a Roma, donde permaneció tres años dedicado al estudio de la música en el Instituto Pontificio de Música Sacra, graduándose en estética gregoriana, acompañamiento gregoriano, órgano y composición. Entre otros, tuvo como maestro a Rafael Casimiri. Regresó a México en 1930.

Poco a poco, su salud se vio mermada por una parálisis progresiva y por ceguera, que le impedía escribir, pero sin darse por vencido enseñó a escribir música a la señora que le atendía, dictándole sus composiciones.

Gracias a ello, se pudo conservar gran cantidad de obras, así como numerosos borradores, escritos
sobre las reglas de la composición litúrgica, críticas, etc. etc. También fue editada parte de su obra por “Ediciones Franciscanas”. Falleció en la ciudad de Celaya en 1962, a los 74 años de edad. Su producción musical solo terminó con su muerte.

Realizó un extraordinario arreglo de las Siete Palabras de Nuestro Señor Jesucristo, de Pedro. B.
Falconara, para 4 voces mixtas y órgano. De este trabajo, la Comisión Diocesana de Música Sagrada de México comunica que sí puede editarse y que dicha Comisión: “estima que es digna de admiración y alabanza la difícil labor que ha emprendido de dignifi car,
ajustándolas a los cánones del expresado Motu Proprio, composiciones que no se amoldan de suyo a las exigencias de la verdadera música sagrada”. (Pbro. Cesáreo Munguía).

La obra está editada por la “Colección de Música Sacra – México, 1942”. Por último, para tener una idea del nivel de análisis y juicio crítico de fray Serafín Ramírez, transcribo algún que otro fragmento de una crítica, dura por cierto, pero no por eso inaceptable sino todo lo contrario, sobre una obra que no se especifi ca, pero que parece ser las Siete Palabras: “[…] por el lado armónico se descubre luego la falta de instrucción escolar, lo que origina el sinnúmero de errores en el uso de los acordes, se confirma aquello: Grande [es la] diferencia del músico que en sus obras lo guía una ciega […roto…], al del compositor que escribe sus obras basado en los principios insustituibles del Arte […]”.

Fray Serafín Ramírez OFM

“[…] Es de desearse más sentimiento cristiano, más pureza de Arte y más apego a las sabias leyes de la Iglesia para una obra como esta”. (Guadalajara, Jalisco II-8-1941 – Firmado: Fr. Serafín Ramírez, enfermo).

En el Archivo Musical del Convento de Celaya se conservan, entre otras obras varias, colecciones
como son: 29 Cantos Josefi nos, 33 Cantos al Salvador, 33 cantos a Jesucristo, 30 cantos a Cristo Rey, varias colecciones de Cantos Marianos (137), 58 Cantos Eucarísticos, 35 Cantos Populares, 31 Himnos, 55 Cantos Guadalupanos, Invitatorios, Misterios, Imitaciones Gregorianas, Fugas, arreglos y recopilaciones, e independientemente de estas obras editadas, se conservan también decenas de borradores de todo tipo, incluidos varios cuadernos con sus ejercicios de composición y polifonía realizados mientras estudiaba en Roma. En general, su música está escrita para voces y órgano, habiendo realizado arreglos de melodías populares.

En cuanto a los compositores españoles representados en este archivo, además de los mencionados al inicio del presente trabajo, quedan dos manuscritos de fray Martín Francisco de Crucelaegui (*Elgoibar, Guipúzcoa, 1737; †México?, 1784p): una Missa, a 3 voces con violines, trompas y bajo; y un himno a la Virgen María Sub tuum praesidium, a 4 voces con orquesta (siendo éstos los únicos manuscritos del siglo XVIII que se conservan en este archivo).

Dos Misas del pbro. sacramentino vasco Martín Gorostidi Altuna (*Amezqueta, Guipúzcoa, 1913;
†Bilbao, Vizcaya, 1988)11, una obra de Ildefonso Ripollés, otra del Padre Donostia, y del mercedario español fray Manuel Sancho, varias zarzuelas de contenido religioso.
Para concluir este esbozo del contenido del archivo musical de Celaya, quisiera mencionar lo que me parece una joya musical, por su hallazgo en este lugar, por su calidad y belleza musical y por su singular construcción y desarrollo. Me refi ero a las:
“SEIS / SONATAS / para Clave y Piano Fuerte / DEDICADAS / A LA RL. SOCIEDAD BASCONGADA / COMPVESTAS / Por D. Joachín Montero / Organista en la Parroquía, de / Sn. Pedro el Rl. de / Sevilla. / Obra 1ª. Precio 26 Ps.”.

De este compositor y organista, de quien “se sabe muy poco de su vida”, y más concretamente,
sobre sus sonatas para clave y fortepiano Opus 1, se afirmaba, hasta hace muy poco tiempo, que se hallaban “en una publicación cuyo único ejemplar figura en la Biblioteca del Orfeó Català”15. Afortunadamente, la reciente aparición del presente impreso en el mexicano archivo de Celaya, no sólo desdice dicha afi rmación, sino que testimonia la difusión que dicha obra tuvo en territorio americano, en un claro ejemplo de circulación editorial de música a ambos lados del Atlántico.

Su autor, Joaquín Montero (*1740c; fl.1764; †1815p), organista en Sevilla en un tiempo en el
que desarrollaban su actividad en dicha ciudad andaluza músicos tan destacados como Antonio Ripa
(*Tarazona, Zaragoza, 1721; †Sevilla, 1795) -maestro de capilla de la catedral hispalense desde 1768 hasta su muerte- o Manuel Blasco de Nebra (*Sevilla, 1750; †Ibídem, 1784) -notable autor de música de tecla-, trabajó también una colección de minuetos, datados en 1764, que se conservan manuscritos en la Biblioteca Nacional de España en Madrid (E-Mn, M 2810), y que pasan por ser las composiciones para teclado más antiguas en España que señalan específi camente que pueden utilizarse, además de para el clave, para ser tocadas al pianoforte, tal como aparece en su portada.

Publicó sus Seis Sonatas… el 24.12.1790 en Madrid, aunque las grabó en Sevilla, el mismo año
en que, precisamente, iba a editar también (el 16.07.1790) un tratado teórico-musical titulado Compendio armónico que contiene las defi niciones de las quatro partes en que se divide la musica, sacado de los autores mas antiguos. Se sabe, además, que el 28.10.1796 publicó asimismo otras composiciones (minués y sonatas) para clave, y que en 1815 trabajó un Tratado teórico-práctico sobre el contrapunto, que ha quedado manuscrito, y que se halla en la barcelonesa Biblioteca de Catalunya, así como en la Biblioteca Colombina de la catedral de Sevilla.

Las presentes Seis Sonatas…, se consideran sus obras de mayor calidad y se conocen hoy gracias a
una única edición en tiempos modernos. No es de sorprender demasiado el que estas Sonatas se encuentren en Celaya, donde existió desde su fundación una Real Sociedad Bascongada.

Termino entonces aquí, esperando más sorpresas en lo que aún queda por catalogar del Archivo
Musical del Convento de San Francisco de Celaya, Guanajuato, finaliza en su articulo la investigadora argentina.