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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: Promoverán Servidoras de la Palabra Retiro de Adviento, en la Casa de Oración, Silencio y Paz de Tarimoro: Sor Tere MSP

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EN VIDEO: Jesed interpreta su canción “La dicha perfecta”, para nuestros ciberlectores

JESED nos regaló la interpretación de su canción “La dicha perfecta”, de su disco “Paz y Bien”, de reciente creación, durante su visita para entrevista exclusiva a su paso por Celaya.

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EN VIDEO: Jesed interpreta para nuestros lectores, “Loado seas mi Señor”

Jesed interpretó en exclusiva para nuestros ciberlectores, la canción “Loado seas mi Señor”, de su disco “Paz y Bien”, de la más reciente preoducción de este reconocido grupo de música católica, perteneciente a la Arquidiócesis de Monterrey.

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EN VIDEO: Entrevista exclusiva al grupo JESED, en Celaya

En su reciente visita a Tarimoro, el reconocido grupo Jesed, de la Arquidiocesis de Monterrey, fue entrevistado en exclusiva. Nos dan a conocer sus planes a corto, mediano y largo plazo; conciertos, la agenda, producciones y reflexiones que llevan a reconocer el carisma que Dios ha dado a nuestros hermanos, considerados los número uno en la música católica en México y América Latina.

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Mujeres y la “Nueva Era”

No es lo mismo creer en  Dios, que creerle a Dios. Es un error pensar que la Iglesia se cierra a otras opciones.

La Iglesia custodia la Verdad revelada por Cristo y su misión es transmitirla íntegra.
Si estudiamos nuestra fe, encontraremos elementos que los elementos que presenta la Nueva era o New Age son incompatibles con la Iglesia y nosotros, en pleno uso de nuestra libertad, elegiremos aquello que agrada a nuestro Creador.
El llamado movimiento de la Nueva Era insiste en el “conocimiento cósmico” de un “bien universal” y no puede ser considerado como algo positivo o inocuo. En un ambiente cultural de relativismo religioso, es necesario alertar contra los intentos de situar la religiosidad de la Nueva Era al mismo nivel que la fe cristiana.

El dios de la Nueva Era es una energía impersonal. La divinidad se encuentra en cada ser, en una gradación que va “desde el cristal inferior del mundo mineral hasta más allá del mismo dios galáctico que no es un hombre, sino una Gran Conciencia”.

En algunos escritos “clásicos” de la Nueva Era, está claro que los seres humanos deben considerarse a sí mismos como dioses.

Esto es muy diferente de la concepción cristiana de Dios, Creador del cielo y de la tierra y fuente de toda vida personal, a la que comunica su propia vida divina haciéndonos hijos adoptivos.
En la literatura de la Nueva Era, Cristo es presentado con frecuencia como un sabio, un iniciado o un avatar entre muchos, mientras que en la tradición cristiana es el Hijo de Dios, es la segunda persona de la Santísima Trinidad, es Dios y hombre verdadero.

¡Nos salvamos a nosotros mismos por nuestras propias acciones, o nos salva el amor de Dios? La Nueva era habla de realización de uno mismo, plenitud del yo y auto-redención. Para los cristianos, la salvación depende de la participación en la pasión, muerte y resurrección de Cristo y de una relación personal directa con Dios; nuestro amor a Dios y al prójimo.
La verdad para la Nueva era tiene que ver con “buenas vibraciones”, correspondencias cósmicas, armonía y éxtasis, experiencias placenteras en general. Se trata de encontrar la propia verdad en función del bienestar.

En la doctrina cristiana, Jesucristo se presenta como “el Camino, La verdad y la Vida”. A sus seguidores se les pide que abran su vida entera a Cristo y a sus valores.
Son muchos los jóvenes católicos, que por la falta de una educación cristiana adecuada se dejan arrastrar por corrientes como el New Age, donde los temas del “karma”, “reencarnación”, “espiritismo”, “angelismo”, “cuarzos”, “Chakras” y demás mezcolanzas de creencias orientales, esoterismo les llevan a conclusiones erróneas de una presunta “cerrazón” de la Iglesia, cuando el problema es la incompatibilidad. No se puede ser cristiano católico y creyente de la Nueva Era. O estamos con Cristo totalmente o no estamos.

Es recomendable darnos a lectura más profunda sobre el tema. Es por ello que el Consejo Pontificio de la Cultura emitió un documento para reflexionar cristianamente sobre eso que llaman “New Age”.
Dicho documento se denomina “Jesucristo: portador del agua de vida” y que puede ser conseguido a través de internet o en cualquier librería católica en México.

Quien comprende que Dios se hizo hombre, admite el Señorío de Cristo en su corazón, ¡Sólo Dios basta! y puede orar como lo hicieron la gran pléyade de santos y santas de Dios así como lo hizo el beato mexicano Anacleto González Flores:
“Concédeme Señor, que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el cielo sea: ¡Viva Cristo Rey!”

Cursos Bíblicos a partir del 24 de Noviembre

La Hna. Corazón de Jesús Cerda García, misionera Servidora de la Palabra anunció aquí el inicio de cursos bíblicos a partir del 24 de noviembre en las instalaciones de la Casa del Magnificat.

La religiosa reiteró que a partir del lunes 24 de noviembre se tendrán tres horarios de atención para brindar estos cursos a fin de que los interesados en los mismos conozcan más sobre la Palabra de Dios y tengan un acercamiento a metodologías que permitan no solamente apreciar la riqueza de Dios sino también hacer vida dicha Palabra, no por méritos propios, sino con la ayuda del mismo Dios y de su Espíritu.

Explicó que los cursos serán, en el turno de la mañana, los días Miércoles, Jueves y Viernes de las 9:00 a las 10:00 horas.

Asimismo, por la tarde, se tendrán en dos horarios los días Lunes, Miércoles y Viernes, de las 17:00 a las 18:30 horas y de las 18:30 horas a las 20:00 horas.

También precisó que se tendrán actividad los días sábados de las 17:00 a las 18:30 horas con Jóvenes.

Recordó que estos cursos se efectuarán en la Casa del Magnificat, ubicada en la calle Manuel Doblado No. 210, zona centro de la ciudad de Celaya, Guanajuato, México, en el teléfono (461) 612 05 22 y correo electrónico, hmspcelaya@hotmail.com

La hermana Corazón de Jesús indicó que en el mundo actual existe una actitud anticatólica manifiesta, de modo que quien desee manifestarse abiertamente como católico, recibirá constantemente críticas y oposiciones, que pueden llegar a verdaderas persecuciones. Muchos políticos, incluso de países mayoritariamente cristianos, pareciera que tienen un deseo común: eliminar la fe católica del mundo. Y lo hacen como si la Iglesia fuera una institución retrógrada, oscurantista e intolerante, que debe ser eliminada por no favorecer la paz, sino fomentar la violencia.

Evidentemente, eso no es verdad, pero pretenden imponer sus ideas por la fuerza del poder político o a través de los grandes medios de educación y comunicación social.

Por todo ello, es preciso que los católicos convencidos se pongan de pie, propaguen su fe, especialmente con su vida, y den testimonio ante el mundo actual de que vale la pena ser católicos. Ser católico es tener la seguridad de estar en la verdad, que Dios mismo nos enseñó por medio de Jesucristo. La verdad, que en el amor a Dios y al prójimo, da sentido a nuestra vida y nos llena de alegría y felicidad.

Pero también supone ser signo de contradicción y recibir ataques de aquellos que hablan mucho de
tolerancia, pero no toleran la fe católica.

Ser católicos de verdad en un mundo anticatólico es difícil, porque supone luchar contra una mayoría que, por maldad o por ignorancia, atacan nuestra Iglesia y nuestra fe. Hace falta mucho coraje para vivir como católicos, pero vale la pena.

El mundo moderno necesita testigos vivos del Evangelio, católicos militantes, que no se escondan sino que den la cara y salgan al frente para defender su fe. Católicos que no se avergüencen de su historia y que sepan responder ante las acusaciones que les plantean los enemigos de la Iglesia.

Si eres católico, contamos contigo. Vive tu fe y así, por experiencia personal, podrás decir a todos los que te rodean que ser católico es la mayor gracia que Dios te ha regalado, que no estás dispuesto a renunciar a ella y que quieres compartirla con todos los que lo deseen y busquen un sentido a su vida.

Mujeres en silencio

Es cierto que hoy en día el silencio seguramente sea de los bienes más escasos y más necesarios. Silencio, por fuera y por dentro… ¡el más imposible de conseguir!… al menos para las que tenemos neuronas “saltarinas”. Yo sólo consigo silencio dentro –según yo- con la música. Suena contradictorio, pero es así.
Me gusta sentir el silencio cuando estoy al aire libre, caminando, aún cuando en la realidad tampoco existe, pero lo que se escucha es un silencio acompañado de sonidos que no molestan… que te acarician el oído y el alma, sonidos de la creación.

A veces, me encantaría tener un interruptor que lo apagara todo absolutamente por unos instantes y quedar en ese silencio absoluto y mágico y llego a la conclusión que ese silencio… debe ser el cielo.
Nos dice San Juan Clímaco en su libro “Escala espiritual”: “El silencio inteligente es madre de la oración, custodio de nuestros pensamientos, atalaya frente al enemigo, prevención contra la angustia, compañero de la paz interior, crecimiento de la sabiduría, secreto camino del cielo”.

Ese cielo es el que estamos buscando, usted, tu , yo. El silencio es la santidad de la voz de Dios que nos permite llegar suave al oído y a los oídos. Es la actitud que tienen las personas que quieren buscarlo, para encontrarse a sí mismos y disfrutar de la soledad, interna o externa y así poder meditar. El silencio me obliga a reconocer mi verdad, porque en él me encuentro a mi misma.

La verdad sólo se puede conocer en absoluto silencio. El silencio permite las reflexiones de las situaciones extremas o equivocadas que te hicieron hacer, decir o actuar erróneamente, éstas puedes ser rectificadas con el silencio de la espera.

El silencio significa la capacidad de observar sin perturbar. La capacidad de escuchar sin interrumpir. La capacidad de palpar sin crear incomodidad. La capacidad de rectificar una decisión. La capacidad de saber lo que sientes sin confusiones y en la claridad de tu corazón.

Cuando hay silencio, todas las preguntas están listas para ser respondidas, sin importar que profundas sean.
Hay ocasiones en que es necesario hacer silencios en la vida diaria. En todas las religiones, en particular la Cristiana Católica, siempre se ha exaltado el valor del silencio, por ello existen retiros espirituales, parta que ene se silencio se encuentre uno con Dios y por ello es necesario también el que nos encontremos en la santidad del silencio.

La divinidad no es algo quela podamos identificar a nivel sensorio o intelectual. La comunión con lo divino no puede suceder hasta que la energía condicionada, individualizada, espontánea y con gracia, sin ninguna inhibición provocada por el miedo, no entre en la no acción.

Para que esto le suceda a nuestra mente condicionada deberá comprender sus propias limitaciones, volver al centro y relajarse en su propio ser, sin ningún deseo de alcanzar o de llegar a ser. Cuando la mente condicionada se relaja, hay silencio.

En todas las filosofías del mundo se habla de escuchar al corazón, y el corazón, al centro del ser, sólo puede ser encontrado en el más absoluto silencio.

Hay quienes sólo necesitarán unos días y habrá quienes necesitarán un par de semanas para que en una fecha conmemorativa, un cumpleaños, un evento de un santo o de un patrono, vuelvan a escuchar el llamado de la conciencia y tomen sus decisiones importantes, habrá otros que necesitarán hacer pausas silenciosas, en noches de reflexión, en el silencio de la espera, en un año, porque son reflexiones que curan su mente, su alma, su corazón; porque están buscando encontrarse para responderse, porque les parece necesario rectificar el camino de su vida, de sus amistades, de sus amores, de sus trabajos, de sus afectos, de sus sueños e ilusiones; preguntarse y plantearse respondiéndose con sabiduría y acertadamente.

El tiempo es inútil en la Santidad del silencio; el silencio vive en el presente eterno. No hay tiempo definido para interactuar con la introspección que debe hacerse para encontrarse así mismo en el buen camino.
El silencio es valiente. El silencio es santo. El profeta Samuel lo reconoce y lo plasma cuando en el silencio de la noche dice a Dios: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Guardamos silencio para escuchar a Dios. Dios sobre todas las cosas es amor.