Archivo de la categoría: Vía Crucis

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VÍA CRUCIS JMJ CON EL PAPA FRANCISCO.

La reflexión de cada una de las estaciones del Vía
Crucis en la JMJ 2019 con el Papa Francisco.
Panamá,25 de enero de 2019
Primera estación: Jesús en el huerto de los olivos.
Reflexión
Pongamos el corazón en este encuentro orante y
sintamos el llamado que desde Getsemaní se nos hace para que “hagamos la
voluntad” del Padre y decidamos la vida como un constante Sí que haga de los
jóvenes los más valerosos en el seguimiento de Jesús, los más decididos a
responder desde cada vocación, los más fieles para que el cáliz de la pasión de
Cristo, al que se han unido tantos jóvenes, se transforme en esperanza y
bendición para todos.
Getsemaní es siempre recuerdo de silencio, de oración,
de sufrimiento. Dios viene de modo silencioso y discreto, sin imponerse a
nuestra libertad; es necesario, entonces, prepararnos para escuchar con
profundidad su Palabra, aprender a leer los acontecimientos con los ojos de la
fe, y mantenernos abiertos a las sorpresas del Espíritu.
Oración
Danos, Señor Jesús, la dicha de entregarnos con amor,
y que, por la intercesión de María, La Virgen de Suyapa, desde Honduras,
aprendamos que tú eres Hijo y Maestro, eres libertad y esperanza para que los
perseguidos de tantos modos y en tantas partes, sientan el consuelo fraterno de
toda la humanidad.
Segunda estación: Jesús es traicionado por Judas y
arrestado.
Reflexión
¡Maestro!
Así le dice Judas a Jesús. Hoy también nos acercamos a Jesús traicionado y
arrestado. Hoy vemos cuánto necesitamos construir la unidad, para que nuestra
fe se vuelva un elocuente servicio que ilumine los pueblos con la verdad y con
la esperanza que Jesús nos regala.
Desde el corazón de Cuba, clamamos para que seamos
artífices de comunión, de vida, de alegre esperanza que le regale al mundo un
“son” novedoso de vitalidad, de gozosa búsqueda de cuanto nos une. El camino de
una Iglesia que es artesana de la unidad pasa por el Huerto de Getsemaní, para
hallar en el dolor de Jesús un aliciente para sanar las heridas, para trazar
puentes, para unir las voluntades, para construir comunidades fraternas que
sellen alianzas con la alegría y la esperanza.
Oración
Señor Jesús, Traicionado y arrestado en el Huerto, te
rogamos que los olivos que rodearon tu dolor, broten ahora como signos de
unidad, de comunión y de paz para todos y en todas partes, y que, por la
intercesión de María, La Virgen de la Caridad del Cobre, aprendamos que tú,
Jesús, que eres su Hijo y nuestro Maestro, sigues llamándonos a “ser uno” (cfr.
Juan 17) y a trabajar sin cesar en la comunión y en la fraternidad.
Tercera estación: Jesús es condenado por el sanedrín.
Reflexión
En
la corona gloriosa de los Mártires, San Oscar Arnulfo Romero, obispo y testigo
de la fe, nos recuerda como el Sanedrín se perpetúa en la historia y cómo
muchos hoy son perseguidos, combatidos, condenados, porque sus vidas,
coherentes y firmes, son un escándalo para el mundo.
La voz de los mártires será siempre un cántico de
esperanza. La voz de los Pastores que viven como Jesús, seguirá mostrando a su
rebaño el camino de la vida y de la esperanza; la voz de los que mueren, por
ser fieles a Jesús, es un eterno grito de esperanza y de bendición.
Oración
Señor Jesús, Gloria de los mártires y corona de los
que dan la vida por amor, fortalece nuestra fe y haz de nosotros testigos
valerosos de tu paz. Que la intercesión de La Virgen de la Paz, Señora de El
Salvador, nos recuerde cuánto vale a los ojos del Señor el corazón ofrecido por
todos aquellos que se unieron a Cristo y se hicieron ofrenda, para que los
jóvenes aprendamos a entregar la vida, a darla con gozo, a arriesgarla con
alegría para que tú, Señor, seas Vida en medio del mundo.
Cuarta estación: Jesús es negado por Pedro.
Reflexión
Quiso
Dios manifestar a su Hijo con el rostro humano de todos los que habrían de ser
redimidos. Por eso, negar a Jesús es también negar su amorosa decisión de
unirse a todo ser humano, a todas las culturas, a todas las expresiones de la
humanidad que sean capaces de reconocerlo como Señor y Salvador.
Nuestros pueblos Indígenas retratan Jesús en el dolor
centenario que marca sus vidas. Negados y olvidados, encontraron en su Señor
Jesús la imagen de su dolor, el retrato de tantos olvidos. Por eso decidieron
reconocerse en el Siervo Doliente y vieron en sus defensores la mano de Dios
que se tiende hacia quienes deberían ser más amados porque siguen siendo los
primeros en estas tierras. Los Indígenas, los nativos de esta tierra, se han
hecho tan cercanos a Jesús que Él encontró en sus rostros el rostro amado que
veneramos esculpido y pintado con amor por los que Él hizo sus hermanos.
Oración
Danos, Señor Jesús, tu celo de Pastor Bueno y tu amor
entregado, para que acudamos presurosos al rescate de quienes más sufren. Que,
desde Guatemala, la intercesión de la Virgen del Rosario nos sigue recordando
cómo tú, Señor de todos, encuentras en nuestros pueblos indígenas una cuna de
ternura y una cruz florecida en la esperanza.
Quinta estación: Jesús es juzgado por Pilatos.
Reflexión
Jesús,
es el Señor de todo, y algún día la creación entera se rendirá ante su
presencia gloriosa. Porque Dios puso en manos de la humanidad este mundo
maravilloso, colmado de bellezas y de armonía. Como Pilatos, pensamos que
podríamos disponer de todo y terminamos esclavizando la creación a las
ambiciones de unos pocos, a la ambición de quienes se creyeron dueños cuando
sólo eran administradores.
Nuestro planeta, nuestra casa, no puede ser víctima de
la indiferencia ni de la autosuficiencia humana.
Oración
Señor Jesús, te rogamos que nos hagas justos, que nos
des sabiduría para encontrar la huella de Dios en toda su obra. Por la
intercesión de, Nuestra Señora de los Ángeles, desde Costa Rica, recuérdanos
que Tu, condenado a muerte injusta, eres el Señor de todo. Y con Ella podamos
decirte: Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual
nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y
hierbas.
Sexta estación: Jesús es flagelado y coronado de
espinas.
Reflexión
En
el evangelio de San Marcos se nos cuenta la iniquidad de la burla en la que
Jesús fue sometido a afrentas espantosas. La Flagelación y la Corona de Espinas
siguen punzando con crueldad el rostro y el cuerpo de Jesús. Jesús ha querido
que le encontremos en el dolor de los migrantes y en la angustia de los
refugiados. Él mismo lo fue en su infancia en Egipto, Él mismo sintió los pasos
de quienes ayer y también hoy, persiguen con brutalidad a quienes, no sólo lo
han perdido todo, sino que también sienten cómo se cierran fronteras y puertas,
cómo las líneas que limitan los países se están coronando de espinas punzantes
que amenazan, desprecian y rechazan a tantos hermanos.
Oración
Señor Jesús, que sigues caminando por el mundo en
tantos desterrados, que nos recuerdan tu presencia, haz que sepamos acogerte
con amor. Que, desde Venezuela, la intercesión de la Virgen de Coromoto, la que
ha caminado junto al corazón palpitante de tantos migrantes y refugiados, nos
ayude a ver tu rostro en estos hermanos y a cuidar, sanar y llenar de esperanza
el corazón flagelado y coronado de espinas de los muchos que han perdido hasta
la patria.
Séptima estación: Jesús carga con la cruz.
Reflexión
San
Juan Pablo II nos regaló en la Cruz Peregrina de las Jornadas de la Juventud
una bandera de esperanza. En nuestro camino de la Cruz este madero santo, que
los jóvenes del mundo han llevado a tantos lugares, identifica la vida que se
ofrece, mientras se nos invita a unir a la cruz todos los dolores del mundo,
todas las cruces que hombres y mujeres llevamos; las cruces de tantas
tragedias, la cruz que representa los inmensos dolores de las víctimas, de las
violencias, de los desastres, de tantas y dolorosas señales de muerte y de
soledad.
En el camino al Calvario, que es el camino de la fe,
llevar la cruz sea signo de compromiso y de entrega amorosa.
Oración
Señor Jesús Cargado con la Cruz, te pedimos nos ayudes
a que nuestra opción sean los pobres, los débiles, los sufrientes, los
excluidos y los marginados. Regálanos tu unción que nos lleve a tomar actitudes
coherentes frente a la realidad, denunciando proféticamente las situaciones de
injusticia que viven los niños y los jóvenes en nuestros países de América
Latina y el Caribe.
Que la intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro, venerada con tanto amor en Haití, nos enseñe a recoger con amor el
clamor de tanos sufrimientos y nos enseñe el saludable camino del perdón y de
la reconciliación, de la solidaridad fraterna que acude presurosa a todo dolor
humano.
Octava estación: Jesús es ayudado por el Cireneo.
Reflexión
Los
jóvenes saben de solidaridad, de compasión, de vida compartida, de encuentros
que tienden puentes y abren caminos para la fraternidad. En el camino hacia la
victoria de Jesús, que ahora recorremos, Simón de Cirene nos representa, nos
convoca, nos estimula para que todas las iniciativas que generan fraternidad y
solidaridad, tengan en esta estación una motivación segura.
Muchísimas veces se nos ha dicho que los jóvenes somos
la esperanza: pare ello hemos de lograr que esta virtud florezca en nuestras
vidas, sea nuestra señal de identidad y el modo de hacer presencia en un mundo
sin amor y sin alegría.
Oración
Señor Jesús: Consuela y anima, a tantos jóvenes en el
mundo, que se sienten derrotados por falta de amor y falta de oportunidades.
Por la intercesión de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida, Concede a
nuestros hermanos de todos los pueblos, un verdadero celo misionero irradiador
de fe y de esperanza.
Novena estación: Jesús encuentra las mujeres de
Jerusalén.
Reflexión
Las
mujeres de Jerusalén tienen la virtud de ofrecernos el esplendor de la gracia y
de las virtudes de las mujeres bíblicas que las antecedieron: Eva, Sara,
Rebeca, Raquel, Judit, Esther, Noemí, Rut… De las que, como ellas,
compartieron aquel tiempo de bendición junto a Jesús: Isabel, María de Magdala,
Salomé; de las que en la historia de la fe han sido estrellas luminosas en el
camino de la Iglesia: Madres, Mártires, Doctoras, Fundadoras, Misioneras. Hoy
siguen mostrando el rostro generoso, tierno, dulce que el mundo tantas veces
desprecia e ignora.
Oración
Señor, te pedimos por todas las mujeres que sufren
discriminación de género, desigualdad, prejuicio. Por aquellas que luchan en
las tinieblas del abuso, de la pobreza, la soledad, la violencia, la trata, la
esclavitud. Concédeles tu Espíritu, para que, con tu luz y tu fortaleza, digan
Sí a una nueva vida.
Por la intercesión de Nuestra Señora de Altagracia
Desde República Dominicana, te pedimos Señor que, la virgen fiel, la Mujer
Gloriosa que es prototipo de toda mujer, nos recuerde el amor que tu prodigaste
a las mujeres que encontraron en ti, Señor, el defensor de su dignidad.
Décima estación: Jesús es crucificado.
Reflexión
Desde
el Madero de la Cruz, levantado sobre la cima del Calvario, Jesús es Señor. Su
cuerpo, llagado de amores, se alza sobre toda la creación como la bandera de la
esperanza, como la victoria generosa del amor, como la ofrenda que salva a la
humanidad y restaura definitivamente los lazos de amor que el pecado había roto
desde el origen mismo de la humanidad y que se evidencia en los Derechos
Humanos tan profanados y tan mancillados en nuestra dolorosa historia, en la
violencia y la venganza que destruye países y familias.
Oración
Regálanos, Señor, tu misericordia para ofrecer el
perdón, para reencontrarnos como hermanos y superar las enemistades, renunciar
a la venganza y abrirnos a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y
en una verdadera cultura del encuentro fraterno. Por la Intercesión de la
Virgen del Rosario de Chiquinquirá, desde Colombia, regálanos, Señor, la
verdadera paz, que brota de tu vida ofrecida con amor desde el trono de la
cruz.
Undécima estación: Jesús promete su reino al Buen
Ladrón.
Reflexión
Jesús
en la cruz tiene la llave de la puerta del reino de la esperanza y puede abrir,
para todos, el corazón misericordioso del Padre, en el que todos tenemos un
lugar, en el que para todos hay amor y perdón.
El buen ladrón al final de su existencia reconoció que
la mirada limpia y sincera de Jesús lavaba sus culpas, arrancaba de su alma las
secuelas de una existencia dramática y llena de tristeza. En este mundo en el que
la corrupción ha provocado tantas heridas y ha sacrificado la verdad, la
palabra de Jesús nos llama a la conversión para construir el Reino y nos
promete un Paraíso limpio y sereno, una paz transparente y gozosa, una vida
nueva y llena de alegría.
Oración
Señor Jesús: ábrenos la puerta de tu corazón, haz que
encontremos solo en ti la fuente de la verdad, el río de amor que purifica
nuestra vida. Por intercesión de Nuestra Señora de la Divina Providencia, desde
Puerto Rico, nos recuerde que Tú eres el único que puedes llevarnos al Puerto
de la esperanza, a la vida verdadera, al reino de la alegría, a la santidad que
vence el mal y da la vida eterna.
Decimosegunda estación: Jesús crucificado, la madre y
el discípulo.
Reflexión
No
se puede vivir sin madre. María, la Madre, nos regaló en Belén el fruto bendito
de su vientre; siguió a su Hijo en silencio generoso y obediente: en Caná nos
mostró el camino de la fidelidad y, finalmente, en el Calvario, junto la Cruz,
según el Evangelio de San Juan, entendió que un joven que estaba allí
sintetizaba a toda la humanidad que le fue confiada para que viera en Ella la
Maestra fiel, la Madre providente, el Modelo perfectísimo de santidad y de
vida.
Las Jornadas de la Juventud han estado siempre
acompañadas por María. Ella se ha hecho madre de los discípulos y, eternamente
joven, sigue cuidando con maternal bondad la fragilidad de la juventud, la
necesidad de la ternura y de la bondad que defienda a los jóvenes de la furia
del pecado y de la amargura de la soledad. La primera hora de la evangelización
tuvo en la Madre su Pilar de apoyo y su presencia que abría caminos y
corazones.
Oración
Oh Dios, que has querido que la Madre compartiera los
dolores de tu Hijo al pie de la cruz; haz que la Iglesia, asociándose con María
a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección.
Virgen Santa e Inmaculada, a Ti, que eres el orgullo
de nuestro pueblo y el amparo maternal de nuestro mundo, nos acogemos con
confianza y amor. Ayúdanos a estar siempre atentos a la voz del Señor: que no
seamos sordos al grito de los pobres, que el sufrimiento de los enfermos y de
los oprimidos no nos encuentre distraídos, que la soledad de los ancianos y la
indefensión de los niños no nos dejen indiferentes, que amemos y respetemos
siempre la vida humana.
Decimotercera estación: Jesús muere en la cruz.
Reflexión
La
muerte de Jesús en la cruz es al tiempo sacrificio, ofrenda, entrega, luz. Del
costado del Salvador brota un río de luz y de vida. Su cuerpo traspasado
retrata los dolores de todos los tiempos, de toda la historia, sus palabras son
victoria, su silencio es grito de esperanza, su corazón abierto reina sereno y
es llama de amor vivo que purifica, sana, redime y consuela.
En nuestro mundo el terrorismo ha destrozado muchas
vidas, los asesinatos han roto muchos corazones. Jesús, muerto en la cruz, se
hace voz de tantas víctimas para decirnos con qué amor debemos defender,
respetar y cuidar la vida.
Oración
Señor Jesús, tu muerte nos da la vida. Por ello te
presentamos, Señor, la vida de muchos jóvenes que atraviesan valles oscuros;
jóvenes cuyas vidas están en peligro, jóvenes que son acosados violentamente.
Por la intercesión de María, La Virgen de Guadalupe,
la que los mártires de México abrazaron con amor en sus suplicios, la que amó
con ternura el joven mártir, San José Sánchez del Río, te pedimos, Señor de la
vida, nos ayudes a ofrecer a los jóvenes la vida verdadera, la esperanza más
firme, la alegría que vence el dolor y lo ilumina.
Decimocuarta estación: Jesús es sepultado.
Reflexión
La
vida florece en el cuerpo de Jesús, que, ungido con el bálsamo de los reyes,
envuelto en la sábana tejida por la clemencia y la misericordia, espera la
aurora pascual para surgir victorioso.
Hay muchas tumbas, algunas labradas por el arte
humano, otras abiertas en las entrañas de la tierra para recibir los despojos
de tantos muertos, de tantas víctimas de la violencia y del desamor. Pero hay
una tumba que clama al cielo y denuncia la terrible crueldad de la
 humanidad: es la tumba que se abre en el vientre de las madres del que se
arranca la vida inocente. Es la tumba en la que yacen los nuevos Mártires
Inocentes, las víctimas del Aborto, que, como los Niños de Belén, siguen
lanzando al mundo el grito de su voz ahogada, el clamor de sus cuerpecitos destrozados,
la honda tristeza de sus derechos mancillados, la suprema injusticia que les
negó el derecho a vivir. Dios nos conceda humanizarnos de verdad, defender con
firmeza la vida, hacer que las leyes que matan la vida inocente se borren para
siempre.
Oración
Señor Jesús, haz que los jóvenes del mundo lideremos
la opción por la vida, por la de los inocentes que reclaman su derecho a nacer
y a vivir. Que la intercesión de la Purísima, la Inmaculada Concepción que
reina en Nicaragua, nos enseñe el valor sagrado de la vida desde su concepción
hasta su final natural, para que ninguno jamás labre sepulcros en el vientre
sagrado de las madres.
De la Cruz a la luz.
Hay que convencer al mundo de una fe que transforma,
de la esperanza que hace surgir la humanidad del dolor del pecado y de la
muerte. Jesús vive, así lo cantamos, así lo gritamos, así lo seguiremos
proclamando desde cada corazón rejuvenecido con el gozo pascual, iluminado por
la gracia bautismal que se reactiva cuando se nos dice que, en el seno de la Iglesia,
todos hemos renacido en Cristo, todos hemos sido regenerados.
Señor Jesús: haz de todos los jóvenes, misioneros de
la verdad, testigos gozosos de tu cruz, de tu camino de vida, de tu palabra de
Consuelo, de alegría, de esperanza. Que la intercesión de Santa María la
Antigua, la evangelizadora, la que nos mostró por vez primera el rostro del
Señor de la Esperanza, nos ayude desde Panamá a colmar el mundo con nuestra
alegría luminosa que se llama misión y esperanza.