Archivo de la categoría: Vidas de Santos

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Vicente Madelgario, Santo

Monje

Martirologio Romano: En Soignies, de Brabante, en Austrasia, actualmente en Bélgica, san Vicente o Madelgario, que, con el consentimiento de su esposa santa Valtrudis, abrazó la vida monástica y, según cuenta la tradición, fundó dos monasterios. ( c.677)

Breve Biografía

En la historia de la cristiandad no faltan, aunque a menudo son desconocidos, los casos de familias enteras elevadas al honor de los altares, como por ejemplo el del santo que hoy celebramos, San Vicente Madelgario que es venerado con su esposa, santa Valdetrudis, y todos sus hijos: Landerico (Obispo de París), Dentellino (quien murió siendo todavía joven), Aldetrudis (abadesa del monasterio de Maubeuge) y Madelberta (también ella abadesa del mismo monasterio).

Madelgario, hombre rico de origen franco, era un nativo de Strépy, actualmente en Bélgica. Contrajo matrimonio con Valdetrudis, con quien tuvo cuatro hijos. Tan pronto como los niños tuvieron la edad suficiente para valerse por sí mismos, los esposos decidieron –de común acuerdo– separarse, sin disolver el vínculo matrimonial, con el fin de dedicarse a servir a Dios en la vida religiosa.

Santa Valdetrudis se retiró a Mons, mientras que Madelgario emprendió la fundación de un monasterio cerca de Haumont, donde se convirtió en monje tomando el nombre religioso de Vicente. Después de un tiempo, en el año 653, se trasladó a Soignies, ciudad de la que era señor y fundó allí otro monasterio. Tal vez presagiando su muerte, le confió la dirección de este monasterio a su hijo Landerico, obispo de Metz. Vicente Madelgario murió el 14 de julio, probablemente en el año 677.

No existen fundamentos históricos suficientes para aceptar elementos de su leyenda: su supuesto origen gascón, un supuesto viaje a Irlanda y el que su padre le haya obligado a casarse.

Pronto comenzó una espontanea veneración popular y fue nombrado patrono de la ciudad de Soignies, donde aún se levanta una hermosa basílica románica que lleva su nombre. Un ataúd del siglo XIII, que contenía la reliquia de la cabeza, fue destruido durante la Revolución Francesa, pero se logró salvar los restos que ahora están en un relicario creado en 1803. El culto del santo –aún hoy en día– es muy fuerte y se caracteriza por dos procesiones que anualmente tienen lugar en Soignies: el 14 de julio y el lunes siguiente a Pentecostés. El Martirologio Romano, el calendario oficial de la Iglesia Católica, conmemora el aniversario de su nacimiento a la casa celestial.

responsable de la traducción: Xavier Villalta

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Esdras, Santo

Santo del Antiguo Testamento

Martirologio Romano: Conmemoración de san Esdras, sacerdote y escriba, que, en tiempo de Artajerjes, rey de los persas, habiendo regresado desde Babilonia a Judea, congregó al pueblo que estaba disperso y puso gran empeño en estudiar, llevar a la práctica y enseñar la Ley del Señor en Israel.

Breve Biografía

Esdras es un famoso sacerdote y escriba relacionado con la restauración de Israel después del Exilio. Las principales fuentes de información sobre su vida son los libros canónicos de Esdras y Nehemías. Hay un grupo de escritos apócrifos que se refieren a él pero apenas se puede confiar en ellos, puesto que más bien relatan los cuentos legendarios de una época posterior. Esdras era de ascendencia sacerdotal perteneciente a la línea de Sadoq (Esd. 7,1-5). El se llama a sí mismo “hijo de Seraías” (7,1), una expresión que muchos entienden en un sentido amplio, presuponiendo que Seraías, el sumo sacerdote del que habla 2 Reyes 25,18-21, era uno de los ancestros de Esdras. Sin embargo se le conoce más bien como “el escriba” que como “el sacerdote”: él era “un hábil escriba en la ley de Moisés” y por consiguiente especialmente cualificado para la tarea para la que estaba destinado entre su pueblo.

Entre las cuestiones relacionadas con la historia de la restauración judía, una de las más discutidas es la relación cronológica de la obra de Esdras con la de Nehemías. Muchos expertos bíblicos aún se agarran a la postura sugerida por el orden tradicional del texto sagrado (concediendo la ruptura de la narrativa—Esdras 4,6-23) y colocan la misión de Esdras antes que la de Nehemías. Otros, entre los que podemos mencionar al profesor Van Hoonacker de Lovaina, Dr. T.K. Cheyne en Inglaterra y el profesor C.F. Kent en América, para eliminar las numerosas dificultades que surgen de la interpretación de las fuentes principales de esta historia, afirman que la misión de Nehemías precedió a la de Esdras. La primera de las opiniones sostiene que Esdras llegó a Jerusalén alrededor del 458 a.C. y que la primera llegada de Nehemías fue en 444 y la segunda en 430 a.C., y según la opinión contraria la misión de Esdras pudo haber tenido lugar tan tarde como el año 397 a.C. Sea como fuere, como aquí sólo nos concierne Esdras, nos limitaremos a resumir los principales rasgos de su vida y obra, sin tener en cuenta los problemas que conlleva; baste con haberlos mencionado.

Ya habían pasado muchos años desde que se había autorizado a los judíos a volver a Palestina. Entre dificultades y obstáculos la comunidad restaurada se había asentado de nuevo en su antiguo hogar y habían construido un nuevo Templo, pero su condición tanto desde el punto de vista político como religioso, era muy precaria. Irritados bajo la opresión de los sátrapas persas, se habían vuelto indiferentes y habían dejado de observar la Ley. Desde Babilonia, donde era bien conocido este estado de cosas, Esdras deseaba ir a Jerusalén y utilizar su autoridad como sacerdote e intérprete de la Ley para restaurar las cosas a una condición mejor.

Gozaba del favor de la corte del rey persa y no sólo obtuvo permiso para visitar Judea sino además un edicto real que le investía de amplia autoridad para realizar su propósito e importante ayuda económica del tesoro real. El rescripto, además, les ordenaba a los sátrapas “de más allá del río” que ayudaran a Esdras con liberalidad y decretó que todos los oficiales del Templo judíos estuviesen exentos de impuesto, contribución o peaje. “Y tú, Esdras, nombra jueces y magistrados para que juzguen a todo el pueblo que está más allá del río” (Esdras 7,25). Finalmente la Ley de Dios y la ley habrían de tener severas penas para exigir su cumplimiento. El edicto permitía a todos los judíos que quisieran volver libremente a su país a que así lo hicieran. Unos 1800 hombres incluidos algunos sacerdotes, levitas y natineos salieron con Esdras desde Babilonia y después de cinco meses llegaron a salvo a Jerusalén, donde se habían arraigado abusos que habían sido desatendidos durante largo tiempo. Esdras se dio a la tarea de corregirlos una vez que hubo depositado en el Templo el oro y la plata que habían traído desde Babilonia y que hubo ofrecido sacrificios La primera tarea que emprendió fue ocuparse de los matrimonios mixtos. Ignorando la Ley de Moisés muchos, hasta los dirigentes judíos y sacerdotes, se habían casado con las habitantes idólatras del país. Horrorizado por el descubrimiento de estos abusos— cuya magnitud probablemente había sido desconocida para Esdras hasta entonces— manifestó sus sentimientos en una oración que impresionó de tal manera al pueblo que Sequenías, en sus nombres, propuso que los israelitas despidieran a sus esposas extranjeras y a los hijos tenidos con ellas.

Esdras aprovechó la oportunidad y consiguió de la congregación un juramento de que cumplirían con esta proposición. Los príncipes y los ancianos reunieron una asamblea del pueblo pero el asunto no pudo ser zanjado fácilmente por lo que se nombró una comisión encabezada por Esdras para solucionarlo. La comisión se reunió durante tres meses, al final de los cuales las “esposas extranjeras” fueron despedidas. No se nos dice cual fue el resultado de tan drástica medida; las memorias de Esdras se interrumpen aquí. Tampoco sabemos si una vez cumplida su misión volvió a Babilonia o se quedó en Jerusalén.

Lo volvemos a encontrar en Jerusalén en la lectura de la Ley que tuvo lugar después de la reconstrucción de las murallas. Sin duda este hecho había despertado el entusiasmo del pueblo y para cumplir con la demanda popular Esdras trajo el Libro de la Ley. En el primer día del séptimo mes (Tishri), se celebró una gran concentración “en la calle que hay delante de la puerta del agua” para leer la Ley. Esdras, subido en una plataforma, leyó el libro en voz alta “desde la mañana hasta el medio día”. Al oír las palabras de la ley, que habían transgredido con tanta frecuencia, la congregación rompió en lamentos poco apropiados para la santidad de aquel día, así que Nehemías disolvió la asamblea. Esdras retomó la le lectura al día siguiente y encontraron en la Ley las directrices para la fiesta de los tabernáculos.

Así que se dieron los pasos necesarios para la debida celebración de esa fiesta, que debía durar siete días, desde el día décimo quinto hasta el vigésimo segundo de Tishri. Esdras continuó la lectura pública de la Ley cada día de la fiesta; y dos días después de terminada se mantuvo un ayuno muy severo y “se levantaron y confesaron sus pecados y las iniquidades de sus padres” (Neh. 9,2). Fue una buena oportunidad para renovar solemnemente el pacto entre el pueblo y Dios. Este pacto comprometía a la comunidad a la observancia de la Ley, a la abstención de matrimonios con paganos, a guardar cuidadosamente el Sabbath y las fiestas y a las distintas regulaciones acordadas para el cuidado del Templo, sus servicios y el pago de los diezmos. Los príncipes, levitas y sacerdotes lo leyeron formalmente y fue firmado por Nehemías y representantes escogidos de los sacerdotes (por extraño que parezca, el nombre de Esdras no aparece en la lista de los que la subscribieron (Neh. 10,1-27). En adelante no vuelve a hacerse mención de Esdras en la literatura canónica. No se habla de él en relación con la segunda misión de Nehemías a Jerusalén y esto ha llevado a muchos a suponer que podía haber fallecido. De hecho tanto el lugar como la fecha de su muerte son desconocidos, aunque en las orillas del Tigris, cerca del lugar donde se une con el Éufrates, hay un monumento que se alega es la tumba de Esdras; durante siglos ha sido un lugar de peregrinaciones para los judíos.

El papel de Esdras en la restauración de los judíos después del exilio dejó una impresión permanente en las mentes del pueblo, lo cual se debió a que en adelante la vida de los judíos discurrió por los cauces trazados por él y de un modo que, en lo esencial, nunca se separó. Hay probablemente una gran parte de verdad en la tradición que le atribuye la organización de las sinagogas y la determinación de los libros consagrados como canónicos entre los judíos. La actividad de Esdras parece haber ido aún más lejos. El Talmud le atribuye haber compilado “su propio libro” (es decir: Esdras-Nehemías) “y las genealogías de los Libros de las Crónicas hasta su propio tiempo” (Trat. “Baba bathra”, 15a). Sin embargo, especialistas modernos difieren ampliamente respecto a la extensión de su trabajo literario.

Algunos lo ven como el último editor del Hexateuco, mientras que, por el contrario, otros dudan de que tomara parte en la composición de Esdras – Nehemías y Crónicas. Sea como fuere, es cierto que nada tuvo que ver en la composición de los llamados Tercero y Cuarto Libros de Esdras. Como ocurre con muchos hombres que han jugado una parte importante en las épocas trascendentales de la historia, con el curso del tiempo la personalidad y actividad de Esdras asumió en las mentes del pueblo proporciones gigantescas. Esta leyenda se mezcló con la historia y proveyó para completar la escasez de datos que hay sobre su vida. Se le vio como un segundo Moisés y se le atribuyeron todas las instituciones que no se le pudieron atribuir a Moisés. Según la tradición judía restauró de memoria—una gesta poco menos que milagrosa—todos los libros del Antiguo Testamento, los que se creía habían perecido durante el Exilio. Asimismo sustituyó, al copia la Sagrada Escritura, la antigua escritura fenicia por el alfabeto aún en uso. Hasta la Edad Media, e incluso el Renacimiento, continuó creciendo la cosecha de logros legendarios atribuidos a él. Entonces se le aclamó como organizador de la famosa Gran Sinagoga—cuya existencia misma parece ser un mito—y como inventor de los signos vocales del hebreo.

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Serapión, Santo

Mártir

Martirologio Romano: En Alejandría de Egipto, san Serapión, mártir, que, en tiempo del emperador Septimio Severo y del prefecto Águila, alcanzó la corona del martirio al ser quemado vivo. ( s.III)

Breve Biografía

El segundo siglo de la historia cristiana había terminado con un breve periodo de paz después de tantas sangrientas pruebas por las persecuciones. Hasta ahora, sin embargo, los cristianos habían sido perseguidos tan sólo si se declaraban como tales.

Pero en el comienzo del siglo III, Septimio Severo, en un principio tolerante, dio el primer ejemplo de un ataque directo contra la evangelización, al decretar la prohibición del bautismo. Con esto buscaba, no tanto detener el avance del cristianismo, cuanto interrumpir las famosas escuelas de catequesis, como la de Alejandría en Egipto. Esto provocó que en esta ciudad –durante el período de mayor tranquilidad para los cristianos en todo el vasto imperio– se viviera un corto pero virulento período de persecución e intolerancia contra la muy numerosa comunidad cristiana.

Después de la provocación de un charlatán alejandrino, “creo que era el poeta del demonio y del mal”, según lo relatado por el obispo Dionisio a Fabio, obispo de Antioquía, hubo una revuelta repentina contra los cristianos. Muchos de ellos fueron azotados y apedreados, una virgen –Apolonia– después de inhumana tortura, fue quemada viva. Entonces –continua relatando el obispo Dionisio– “ellos (los perseguidores) se apoderaron de Serapión, quien estaba en su casa, le hicieron sufrir duros tormentos que rompieron todas las articulaciones de las extremidades y lo arrojaron, desde la planta alta, con la cabeza hacia abajo”. La carta del obispo es citada por el historiador Eusebio de Cesarea, cuando relata los disturbios anticristianos que estallaron en Egipto en el año 248.

El culto de San Serapión, inexplicablemente desconocido en el Oriente, floreció en el Occidente, ya que Floro presentó en bloque –en su Martirologio– la historia de todos los mártires de Alejandría, siguiendo lo mencionado en la Historia Eclesiástica de Eusebio. Baronio inserta –en el Martirologio Romano–para el día 13 de julio un elogio a un mártir alejandrino, Serapión, mencionado también en el Martirologio Geronimiano y en el Sinassari bizantino. Probablemente, todos estos relatos se refieren al mismo mártir mencionado en la carta del obispo de Alejandría.

NOTAS: [1] Existe un santo homónimo, también mártir de Alejandría, a quien se recuerda el 20 de febrero.
NOTAS: [2] La imagen representa a un ángel listo a entregar la palma del martirio a su justo merecedor.

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Tomás Tunstal, Beato

Por: Lamberto de Echeverría, Bernardino Llorca y José Luis Repetto Betes | Fuente: AÑO CRISTIANO Edición 2005

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En Norwich, en Inglaterra, beato Tomás Tunstal, presbítero de la Orden de San Benito y mártir, que, en tiempo del rey Jacobo I, fue condenado a muerte y ahorcado por haber entrado, como sacerdote, en este país. ( 1616)

Fecha de beatificación: 15 de diciembre de 1929, durante el pontificado de Pío XI

Breve Biografía

Tomás Tunstal nació en Whinfell, junto a Kendal, en 1580. Tenía veintiséis años cuando ingresó en el colegio inglés de Douai y se preparó al sacerdocio que recibió el año 1610. Con el alias de «Dyer» volvió enseguida a Inglaterra, pero llevaba muy poco tiempo en el reino inglés cuando fue identificado como sacerdote y como tal fue arrestado.

Pasó cinco años largos en la prisión y a comienzos de 1616 logra huir de la cárcel, el castillo de Wishbech, pero se hirió en una mano y acudió a una mujer para que lo curara. Ésta comentó a su marido que ha atendido a un herido, y siendo el marido juez de paz comprendió que el herido era el sacerdote huido, y nuevamente fue arrestado. Esta vez lo llevaron al castillo de Norwich. Un testigo falso, llamado Symons, declaró que había reconciliado con la Iglesia católica a dos protestantes, y aunque los interesados lo negaron, se le pidió a Tomás que reconociera la supremacía religiosa del rey, a lo que éste se negó, y por ello lo condenaron a muerte como traidor. Apenas el jurado había pronunciado su veredicto, Tomás se santiguó, se puso de rodillas y alzando al cielo los ojos y las manos dijo en voz alta y en latín: «Bendita sea la santa Trinidad e individua Unidad. La confesaremos porque ha tenido misericordia de nosotros». Y siguió rezando un tiempo. Entonces el juez Altam volvió a preguntarle si quería prestar el juramento de acatamiento a la supremacía religiosa del rey, y Tomás le dijo que era su conciencia la que no se lo permitía.

Llevado al patíbulo el 13 de julio de 1616, el juez de paz que lo arrestó la segunda vez le pidió perdón, que él le concedió. No se le permitió hablar pero se le dejó que orara durante un cuarto de hora. Luego quiso hablar al pueblo sobre el texto paulino: «Somos espectáculo para el mundo…» (1 Cor 4,9), pero se le mandó callar. El preguntó qué hora era y le dijeron que las once. «Es casi la hora del almuerzo -dijo-, Dios me conceda sentarme hoy a su mesa en el reino de los cielos». Los ministros protestantes y el sheriff le preguntaron si creía que iba a salvarse por sus buenas obras, y él contestó que las buenas obras se hacían meritorias gracias a la sangre de Cristo, a cuyos méritos recurría y en cuyas llagas se metía. Pidió por el rey y por el falso acusador y ofreció su cuello a la soga que iba a ahorcarlo. Cuando lo rodeó el lazo de la soga, dijo: «Seas glorificado, Señor». Y le rogó al verdugo le avisase del momento en que iba a ser colgado para poder morir con el nombre de Jesús en los labios. Le propusieron que diera él mismo la señal, pero dijo que él no podía acelerar su propia muerte. Volvió a santiguarse y rogó a los católicos presentes que rogaran por él. Luego dijo en latín: «Buen Jesús, Verbo del Padre, esplendor de la eterna gloria»… y añadió: «A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu». El sheriff dijo: «Ahora», y el mártir exclamó: «Jesús, Jesús, ten misericordia de mí». Y siguió su ahorcamiento y descuartizamiento. Su cabeza fue expuesta en la Puerta de San Benito, como él había pedido.

El Martirologio dice que este sacerdote era monje benedictino. No hemos hallado tal dato en ninguna de las fuentes consultadas, empezando por la Positio de 1928

AÑO CRISTIANO Edición 2005
Autores: Lamberto de Echeverría (†), Bernardino Llorca (†) y José Luis Repetto Betes
Editorial: Biblioteca de Autores Católicos (BAC)
Tomo VII Julio ISBN 84-7914-763-6

NOTA: La imagen representa a un ángel listo a entregar la palma del martirio a su justo merecedor.

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya León de Lucca, Santo

Abad

Martirologio Romano: En el monasterio de Cava, en la Campania, Italia, san León I, abad, que proveyó a los pobres con el trabajo de sus manos y les protegió ante los príncipes (1079). ( 1079)

Fecha de canonización: Su culto fue sido confirmado por Gregorio XIII en 1579 y luego, el 21 de diciembre de 1893, el Papa León XIII confirmó el culto de los cuatro primeros abades de Cava.

Breve Biografía

León oriundo de Lucca (Italia), fue uno de los primeros discípulos del San Alferio, el noble eremita salernitano, de cuando aquel aún vivía en su cueva “arsicia”. La bondad, humildad y piedad, que lo caracterizaban hicieron que el anciano Alferio lo eligiera como su sucesor al frente de la nueva abadía de la Santísima Trinidad de Cava de’ Tirreni, que él había fundado.

León gobernó el monasterio durante unos treinta años, desde 1050 hasta 1079, llevando siempre un estilo de vida muy simple. Al inicio de su gobierno como abad tuvo que afrontar la arrogancia de un noble de la localidad, cuyo nombre se desconoce, quien incluso llegó a atacar el monasterio y a tomar como prisionero al abad por un corto tiempo.

San León se las arregló para ganarse el favor de los barones locales, quienes hacían llegar muchas donaciones a la Abadía de la Trinidad.

Se dice que a menudo San León se alejaba a recoger leña en el bosque que luego vendía en Salerno, con el dinero así obtenido ayudaba a los pobres.

Siendo ya anciano confió la tarea de Abad a San Pedro “Pappacarbone”, cuando este renunció al obispado de Policastro; se retiró a una zona cercana a la iglesia de San León en Vietri, pero tuvo que retomar la administración de la abadía para suavizar el rigor cluniacense establecido por Pedro, rigor que había despertado el descontento entre los monjes.

Durante su gobierno el papa Gregorio VII confirmó solemnemente el «Ordo Cavensis» (Orden de Cava, propia para el monasterio). Murió el 12 de julio de 1079 y fue sepultado en la ruta Arsicia, hoy incluida en la Capilla de los Santos Padres, donde reposan las reliquias de san Alferio y de los demás santos y beatos de la famosa abadía.

responsable de la traducción: Xavier Villalta

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya David Gunston, Beato

Por: Lamberto de Echeverría, Bernardino Llorca y José Luis Repetto Betes | Fuente: AÑO CRISTIANO Edición 2005

Mártir

Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, beato David Gunston, mártir, caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, que por no reconocer el poder del rey Enrique VIII en los asuntos espirituales, fue ahorcado en el patíbulo de Southwark. ( 1581)

Fecha de canonización: 15 de diciembre de 1929, durante el pontificado de PÍO XI.

Breve Biografía

El día 12 de julio de 1541 fue ajusticiado en St. Thomas Waterings el caballero de Malta David Gunston o Gonson, acusado de traición al rey, pero en realidad fue a causa de su fe católica.

Era hijo de William Gunston, vicealmirante de la flota inglesa y tesorero de la Marina. Había ingresado en la Orden de Malta y había estado en la isla de Malta hasta que por asuntos de la misma Orden decidió volver a Inglaterra. Enrique VIII había decidido suprimir la Orden en Inglaterra y apoderarse de todos sus bienes. Para ello llevó una ley al Parlamento que se la aprobó el 10 de mayo de 1540. Para entonces David ya estaba en Inglaterra.

Todo hace suponer que David no ocultaba el juicio religioso que le merecía la conducta del rey, al arrogarse la supremacía en materia religiosa, negar el primado universal del Papa y reformar la religión a su gusto. En Malta ciertamente David no había dudado en calificar al rey de hereje por negar el primado del Papa.

Como negar la supremacía religiosa del rey era considerado delito de traición (ley 26, cap. 13), David fue formalmente acusado de traición el 8 de octubre de 1540 ante el Consejo Privado por sir John Stony, basándose en una declaración de un tal Philip Babbington. Como resultado David fue arrestado y encerrado en la Torre y el día de la Trinidad de 1541 fue procesado. A las acusaciones de haber hablado mal del rey y de negar su supremacía religiosa se añadió la de haber dicho que del Papa no se puede apelar a nadie en la tierra y desde luego no al rey. Ha habido discusiones sobre el tenor literal inglés de las palabras de David, pero lo que queda claro es que para él en materia religiosa las apelaciones eran al Papa, como cabeza de la Iglesia, y no al rey, a quien debían hacerse según las leyes de Inglaterra.

David fue sentenciado a muerte como traidor, entregado al mariscal y llevado a la cárcel de Marshalsea, de donde fue llevado al lugar de la ejecución.

AÑO CRISTIANO Edición 2005
Autores: Lamberto de Echeverría (†), Bernardino Llorca (†) y José Luis Repetto Betes
Editorial: Biblioteca de Autores Católicos (BAC)
Tomo VII Julio ISBN 84-7914-763-6

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Celia y Luis Martin, Santos

Padres de Santa Teresita de Lisieux

Martirologio Romano: En Burdeos, Francia, Santos Celia Guérin y Luis Martin, matrimonio cristiano, padres de Santa Teresita del NIño Jesús, cuya memoria conjunta se celebra en la fecha de su boda..

Fecha de canonización: 18 de octubre de 2015 por S. S. Francisco

Breve Biografía

San Luis MartinLuis Martin nació en Burdeos el 22 de agosto de 1823, segundo hijo de una familia de cinco hermanos. Su padre, militar de carrera, se encuentra por esa época en España; los primeros años de infancia de los hermanos Martin transcurren a merced de las guarniciones de su padre: Burdeos, Aviñón y Estrasburgo (Francia). Llegada su jubilación, en diciembre de 1830, el capitán Martin se establece en Alençon, en Normandía. Durante su actividad de militar había destacado por su piedad ejemplar. En una ocasión, al decirle el capellán de su regimiento que, entre la tropa, se extrañaban de que, durante la Misa, permaneciera tanto tiempo de rodillas después de la consagración, él respondió sin pestañear: «¡Dígales que es porque creo!». Tanto en el seno de su familia como con los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Luis recibe una fuerte educación religiosa. Al contrario de la tradición familiar, no escoge el oficio de las armas, sino el de relojero, que casa mejor con su temperamento meditabundo y silencioso, y con su gran habilidad manual. Primeramente aprende el oficio en Rennes y, luego, en Estrasburgo.

En el umbral del otoño de 1845, Luis toma la decisión de entregarse por completo a Dios, por lo que se encamina al Hospicio de San Bernardo el Grande, en el corazón de los Alpes, donde los canónigos consagran su vida a la oración y a rescatar a los viajeros perdidos en la montaña. Se presenta ante el prior, quien le insta a que regrese a su casa a fin de completar sus estudios de latín antes de un eventual ingreso en el noviciado. Tras una infructuosa tentativa de incorporación tardía al estudio, Luis, muy a pesar suyo, renuncia a su proyecto. Para perfeccionar su instrucción, se marcha a París, regresando e instalándose a continuación en Alençon, donde vive con sus padres. Lleva una vida tan ordenada que sus amigos dicen : «Luis es un santo».

Santa Celia GuérinTantas son sus ocupaciones que Luis ni siquiera piensa en el matrimonio. A su madre le preocupa, pero en la escuela de encajes, donde ella asiste a clase, se fija en una joven, hábil y de buenos modales. ¿Y si fuera la «perla» que ella desea para su hijo? Aquella joven es Celia Guérin, nacida en Gandelain, en el departamento de Orne (Normandía), el 23 de diciembre de 1831, la segunda de tres hermanos. Tanto el padre como la madre son de familia profundamente cristiana. En septiembre de 1844 se instalan en Alençon, donde las dos hermanas mayores reciben una esmerada educación en el internado de las Religiosas del Sagrado Corazón de Picpus.

Celia piensa en la vida religiosa, al igual que su hermana mayor, que llegará a ser sor María Dositea en la Visitación de Le Mans. Pero la superiora de las Hijas de la Caridad, a quien Celia solicita su ingreso, le responde sin titubear que no es ésa la voluntad de Dios. La joven se inclina ante tan categórica afirmación, aunque no sin tristeza. Pero un hermoso optimismo sobrenatural la hace exclamar: «Dios mío, accederé al estado de matrimonio para cumplir con tu santa voluntad. Te ruego, pues, que me concedas muchos hijos y que se consagren a ti». Celia entra entonces en una escuela de encajes con objeto de perfeccionarse en la confección del punto de Alençon, técnica de encaje especialmente célebre. El 8 de diciembre de 1851, festividad de la Inmaculada Concepción, tiene una inspiración: «Debes fabricar punto de Alençon». A partir de ese momento se instala por su cuenta.

Un día, al cruzarse con un joven de noble fisonomía, de semblante reservado y de dignos modales, se siente fuertemente impresionada, y una voz interior le dice: «Este es quien he elegido para ti». Pronto se entera de su identidad; se trata de Luis Martin. En poco tiempo los dos jóvenes llegan a apreciarse y a amarse, y el entendimiento es tan rápido que contraen matrimonio en la noche entre el 12 y 13 de de julio de 1858, tres meses después de su primer encuentro. Luis y su esposa se proponen vivir como hermano y hermana, siguiendo el ejemplo de San José y de la Virgen María. Diez meses de vida en común en total continencia hacen que sus almas se fundan en una intensa comunión espiritual, pero una prudente intervención de su confesor y el deseo de proporcionar hijos al Señor les mueven a interrumpir aquella santa experiencia. Celia escribirá más tarde a su hija Paulina: «Sentía el deseo de tener muchos hijos y educarlos para el Cielo». En menos de trece años tendrán nueve hijos, y su amor será hermoso y fecundo.

En las antípodas

«Un amor que no es «hermoso», es decir, un amor que queda reducido a la satisfacción de la concupiscencia, o a un «uso» mutuo del hombre y de la mujer, hace que las personas lleguen a ser esclavas de sus debilidades» (Carta a las familias, 13). Desde ese punto de vista, las personas son utilizadas como si fueran cosas: la mujer puede llegar a ser un objeto de deseo para el hombre, y viceversa; los hijos, una carga para los padres; la familia, una institución molesta para la libertad de sus miembros. Nos encontramos entonces en las antípodas del verdadero amor. «Al buscar sólo el placer, podemos llegar a matar el amor, y a matar sus frutos, dice el Papa. Para la cultura del placer, el fruto bendito de tu seno» (Lc 1, 42) se convierte en cierto sentido en un «fruto maldito», es decir, no deseado, que se quiere suprimir mediante el aborto. Esa cultura de muerte se opone a la ley de Dios: «Respecto a la vida humana, la Ley de Dios carece de equívocos y es categórica. Dios nos ordena: No matarás (Ex 20, 13). Así pues, ningún legislador humano puede afirmar: Te está permitido matar, tienes derecho a matar, deberías matar» (Ibíd., 21).

«Sin embargo, añade el Papa, constatamos cómo se está desarrollando, sobre todo entre los jóvenes, una nueva conciencia por el respeto a la vida a partir de la concepción… Es un germen de esperanza para el futuro de la familia y de la humanidad» (Ibíd.). Así es; pues en el recién nacido se realiza el bien común de la familia y de la humanidad. Los esposos Martin experimentan esa verdad al recibir a sus numerosos hijos: «No vivíamos sino para nuestros hijos; eran toda nuestra felicidad y solamente la encontrábamos en ellos», escribirá Celia. Sin embargo, su vida conyugal no está carente de pruebas. Tres de sus hijos mueren prematuramente, dos de ellos eran los varones; después fallece de repente María Helena, de cinco años y medio. Plegarias y peregrinaciones se suceden en medio de la angustia, en especial en 1873, durante la grave enfermedad de Teresa y la fiebre tifoidea de María. En medio de los mayores desasosiegos, la confianza de Celia se ve fortificada por la demostración de fe de su esposo, en particular por su estricta observancia del descanso dominical: Luis nunca abre la tienda los domingos. Es el día del Señor, que se celebra en familia; primero con los oficios de la parroquia y luego con largos paseos; los niños disfrutan en las fiestas de Alençon, jalonadas de cabalgatas y de fuegos artificiales.

La educación de los hijos es a la vez alegre, tierna y exigente. En cuanto tienen uso de razón, Celia les enseña a ofrecer su corazón al Señor cada mañana, a aceptar con sencillez las dificultades diarias «para contentar a Jesús». Esta será la marca indeleble y la base de la «pequeña vía» que enseñará su benjamina, la futura Santa Teresita. «El hogar es así la primera escuela de vida cristiana», como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica (Catecismo, 1657). Luis ayuda a su esposa en sus tareas con los niños: sale a las cuatro de la madrugada en busca de una nodriza para uno de los más pequeños, que está enfermo; acompaña a su mujer a diez kilómetros de Alençon durante una noche helada hasta la cabecera de su primer hijo, José; cuida a su hija mayor, María, cuando padece la fiebre tifoidea, a la edad de trece años, etc.

El dinamismo que da el amor

El gran dinamismo de Luis Martin no recuerda en nada a aquel «dulce soñador», como se le ha descrito a veces. Para ayudar a Celia, que se encuentra desbordada por el éxito de su empresa de encajes, abandona la relojería. El encaje se trabaja en piezas de 15 a 20 centímetros, empleándose hilos de lino de una gran calidad y de una finura extrema. Una vez ejecutado el «trazo», el «pedazo» pasa de mano en mano según el número de puntos de que se compone – existen nueve, que constituyen otras tantas especialidades. A continuación se procede a su encajadura, una delicada labor que se consigue mediante agujas e hilos cada vez más finos. Es la propia Celia quien une de manera invisible las piezas que le traen las encajeras que trabajan a domicilio. Pero hay que buscar salidas para el producto, y Luis destaca en el aspecto comercial y hace que aumenten considerablemente los beneficios de la empresa. Sin embargo, también sabe encontrar momentos de descanso y de ir a pescar.

Además, los esposos Martin forman parte de varias asociaciones piadosas: Orden Tercera de San Francisco, adoración nocturna, etc. La fuerza que necesitan la obtienen de la observancia amorosa de las prescripciones y de los consejos de la Iglesia: ayunos, abstinencias, Misa diaria y confesión frecuente. «La fuerza de Dios es mucho más poderosa que vuestras dificultades – escribe el Papa Juan Pablo II a las familias. La eficacia del sacramento de la Reconciliación es inmensamente mayor que el mal que actúa en el mundo… Incomparablemente mayor es, sobre todo, el poder de la Eucaristía… En este sacramento, Cristo se entrega a sí mismo como alimento y como bebida, como fuente de poder salvífico… La vida que de Él procede es para vosotros, queridos esposos, padres y familias. Recordad que instituyó la Eucaristía en un contexto familiar, en el transcurso de la Última Cena… Y las palabras que entonces pronunció conservan todo el poder y la sabiduría del sacrificio de la Cruz» (Ibíd., 18).

Unos frutos duraderos

Del manantial eucarístico, Celia obtiene una energía superior a la media de las mujeres, y su esposo una ternura superior a la media de los hombres. Luis gestiona la economía y consiente de buen grado ante las peticiones de su esposa: «En cuanto al retiro de María en la Visitación, escribe Celia a Paulina, sabes que a papá no le gusta nada separarse de vosotras, y había dicho primero formalmente que no iría… Anoche María se estaba quejando de ello y yo le dije: «Déjalo de mi cuenta; siempre consigo lo que quiero, sin forzar demasiado; todavía falta un mes; es suficiente para convencer diez veces a tu padre». No me equivocaba, pues apenas una hora después, cuando regresó, se puso a hablar amistosamente con tu hermana (María)… «Bien, me dije, este es el momento oportuno», e hice una insinuación al respecto. «¿Así que deseas de verdad ir a ese retiro?», dijo papá a María: «Sí, papá. – ¡Pues bien, puedes ir!»… Creo que yo tenía una buena razón para que María fuera a aquel retiro. Si bien suponía un gasto, el dinero no es nada cuando se trata de la santificación de un alma; y el año pasado María regresó completamente transformada. Los frutos todavía duran, aunque ya es hora de que renueve su provisión».

Los retiros espirituales producen frutos de conversión y de santificación, porque, bajo el efecto de su dinamismo, el alma, dócil a las iluminaciones y a los movimientos del Espíritu Santo, se purifica siempre más de los pecados y practica las virtudes, imitando al modelo absoluto que es Jesucristo, para conseguir una unión más íntima con él. Por eso dijo el Papa Pablo VI: «La fidelidad a los ejercicios anuales en un medio apartado asegura el progreso del alma». Entre todos los métodos de ejercicios espirituales «existe uno que obtuvo la completa y reiterada aprobación de la Sede Apostólica… el método de San Ignacio de Loyola, de quien Nos complace llamar Maestro especializado en ejercicios espirituales» (Pío XI, Encíclica Mens Nostra).

La vida profundamente cristiana de los esposos Martin se abre naturalmente a la caridad para con el prójimo: limosnas discretas a las familias necesitadas, a las que se unen sus hijas, según su edad; asistencia a los enfermos, etc. No tienen miedo de luchar justamente para reconfortar a los oprimidos. Así mismo, realizan juntos las gestiones necesarias para que un indigente pueda entrar en el hospicio, cuando éste no tiene derecho al no tener suficiente edad para ello. Son servicios que sobrepasan los límites de la parroquia y que dan testimonio de un gran espíritu misionero: espléndidas ofrendas anuales para la Propagación de la Fe, participación en la construcción de una iglesia en Canadá, etc.

Pero la intensa felicidad familiar de los Martin no debía durar demasiado tiempo. A partir de 1865, Celia se percata de la presencia de un tumor maligno en el pecho, surgido después de una caída contra el borde de un mueble. Tanto su hermano, que es farmacéutico, como su marido no le conceden demasiada importancia; pero a finales de 1876 el mal se manifiesta y el diagnóstico es concluyente: «tumor fibroso no operable» a causa de su avanzado estado. Celia lo afronta hasta el final con toda valentía; consciente del vacío que supondrá su desaparición, le pide a su cuñada, la señora Guérin, que, después de su muerte, ayude a su marido en la educación de los más pequeños.

Su muerte acontece el 28 de agosto de 1877. Para Luis, de 54 años de edad, supone un abatimiento, una profunda llaga que sólo se cerrará en el Cielo. Pero lo acepta todo, con un espíritu de fe ejemplar y con la convicción de que su «santa esposa» está en el Cielo. Y cumplirá con la labor que había empezado en la armonía de un amor intachable: la educación de sus cinco hijas. Para ello, escribe Teresita, «aquel corazón tierno de papá había añadido al amor que ya poseía un amor realmente maternal». La señora Guérin se ofrece para ayudar a la familia Martin, invitando a su cuñado a trasladar su hogar a Lisieux. Para aquellas pequeñas huérfanas, la farmacia de su marido será su segunda casa y la intimidad que une a ambas familias crecerá con las mismas tradiciones de sencillez, labor y rectitud. A pesar de los recuerdos y de las fieles amistades que podrían retenerlo en Alençon, Luis se decide a sacrificarlo todo y a mudarse a Lisieux.

Un gran honor

La vida en los «Buissonnets», la nueva casa de Lisieux, resulta más austera y retirada que en Alençon. La familia mantiene pocas relaciones, y cultiva el recuerdo de la persona a la que el señor Martin sigue designando con el nombre de «vuestra santa mamá». Las más jovencitas son confiadas a las Benedictinas de Nuestra Señora del Prado. Pero Luis sabe procurarles distracciones: sesiones teatrales, viajes a Trouville, estancia en París, etc., intentando que, a través de todas las realidades de la vida, encuentren la gloria de Dios y la santificación de las almas.

Su santidad personal se revela sobre todo en la ofrenda de todas sus hijas, y después de sí mismo. Celia ya preveía la vocación de las dos mayores, pues Paulina ingresaba en el Carmelo de Lisieux en octubre de 1882, y María en octubre de 1886. Al mismo tiempo, Leonina, de difícil temperamento, inicia una serie de infructuosos intentos; en primer lugar en las Clarisas, y luego en la Visitación, donde, tras dos intentos fallidos, acabará ingresando definitivamente en 1899. Teresa, la benjamina, la «pequeña reina», conseguirá vencer todos los obstáculos hasta ingresar en el Carmelo a los 15 años, en abril de 1888. Dos meses después, el 15 de junio, Celina revela a su padre que también ella siente la llamada de la vida religiosa. Ante aquel nuevo sacrificio, la reacción de Luis Martin es espléndida: «Ven, vayamos juntos ante el Santísimo a darle gracias al Señor por concederme el honor de llevarse a todas mis hijas».

A imitación del señor Martin, los padres deben acoger las vocaciones como un don de Dios, escribe el Papa Juan Pablo II: «Vosotros, padres, dad gracias al Señor si ha llamado a la vida consagrada a alguno de vuestros hijos. ¡Debe ser considerado un gran honor – como lo ha sido siempre– que el Señor se fije en una familia y elija a alguno de sus miembros para invitarlo a seguir el camino de los consejos evangélicos! Cultivad el deseo de ofrecer al Señor a alguno de vuestros hijos para el crecimiento del amor de Dios en el mundo. ¿Qué fruto de vuestro amor conyugal podríais tener más bello que éste?» (Vita consecrata, 25 de marzo de 1996, nº 107).

La vocación es ante todo una iniciativa divina, pero una educación cristiana favorece la respuesta generosa a la llamada de Dios: «En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada» (Catecismo, 1656). Por lo tanto, «si los padres no viven los valores evangélicos, será difícil que los jóvenes y las jóvenes puedan percibir la llamada, comprender la necesidad de los sacrificios que han de afrontar y apreciar la belleza de la meta a alcanzar. En efecto, es en la familia donde los jóvenes tienen las primeras experiencias de los valores evangélicos, del amor que se da a Dios y a los demás. También es necesario que sean educados en el uso responsable de su libertad, para estar dispuestos a vivir de las más altas realidades espirituales según su propia vocación» (Vita consecrata, ibíd.).

«Soy demasiado feliz»

Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz dará testimonio de la manera concreta en que su padre vivía el Evangelio: «Lo que más me llamaba la atención eran los progresos en la perfección que hacía papá; a imitación de San Francisco de Sales, había conseguido dominar su natural vivacidad, hasta el punto que parecía que poseía la naturaleza más dulce del mundo… Las cosas de este mundo apenas parecían rozarle, y se recuperaba con facilidad de las contrariedades de la vida». En mayo de 1888, en el transcurso de una visita a la iglesia donde se había celebrado su boda, a Luis se le representan las etapas de su vida, y enseguida se lo cuenta sus hijas: «Hijas mías, acabo de regresar de Alençon, donde he recibido tantas gracias y consuelos en la iglesia de Nuestra Señora que he hecho la siguiente plegaria: Dios mío, ¡esto es demasiado! Sí, soy demasiado feliz, no es posible ir al Cielo de este modo, quiero sufrir algo por ti. Así que me he ofrecido…». La palabra «víctima» desaparece de sus labios, no se atreve a pronunciarla, pero sus hijas lo han comprendido.

Así pues, Dios no tarda en satisfacer a su siervo. El 23 de junio de 1888, aquejado de accesos de arteriosclerosis que le afectan en sus facultades mentales, Luis Martin desaparece de su domicilio. Tras muchas tribulaciones, lo encuentran en Le Havre el día 27. Es el principio de una lenta e inexorable degradación física. Poco tiempo después de que Teresa tomara los hábitos, momento en que se había mostrado «tan apuesto y tan digno», es víctima de una crisis de delirio que hace necesario su internamiento en el hospital del Salvador de Caen; es una situación humillante que acepta con extraordinaria fe. Cuando consigue expresarse repite sin cesar: «Todo sea para la mayor gloria de Dios»; o también: «Nunca había sufrido una humillación en la vida, por eso necesitaba una». En mayo de 1892, cuando ya las piernas sufren de parálisis, lo devuelven a Lisieux. «¡Adiós, hasta el Cielo!», consigue decir a sus hijas con motivo de su última visita al Carmelo. Se apagará dulcemente como consecuencia de una crisis cardíaca el 29 de julio de 1894, asistido por Celina, que había demorado su entrada en el Carmelo para dedicarse a él.

Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz llegará a decir: «El Señor me concedió un padre y una madre más dignos del Cielo que de la tierra». Que podamos llegar también nosotros, siguiendo su ejemplo, a la Morada eterna que la santa de Lisieux denomina «el hogar Paterno de los Cielos».

Beatificación

La Santa Sede admitió la “inexplicable curación” de un niño nacido en 2002 con grave e incurable insuficiencia pulmonar en Monza (Italia) por intercesión del matrimonio de Martín y Celia Guérin.

El niño nació el 25 de mayo del año 2002, y el 2 de junio, cuando lo bautizaron, a sus padres se les informó que su muerte era inminente.Los padres dedicaron una novena a Louis y Zelie Martin pidiendo por su hijo y en pocas semanas la condición del niño mejoró notablemente. Hace poco cumplió un año y es un niño sano sin síntomas ni signos de su prematura gravedad.

Los médicos que analizaron el caso sostienen que no hay explicación científica para justificar la curación del niño.

S.S. Benedicto XVI los declararó beatos de la Iglesia el día 19 de Octubre de 2008.
 

Canonización
Fuente: ACI Prensa

La Santa Sede informó el 18 de marzo de 2015 que el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el decreto que reconoce el milagro que elevará a los altares a los padres de Santa Teresita de Lisieux, Louis Martin y Maria Zelie Guérin, cuya intercesión permitió la sanación de una bebé española.

El milagro atribuido a su intercesión tiene como protagonista a Carmen, una niña que nació en Valencia (España), el día de la Fiesta de Santa Teresa de Ávila, cuatro días después de que el matrimonio fuera beatificado en Francia.

Durante el embarazo, la madre de Carmen tuvo numerosos problemas. Después de muchos cuidados, la niña nació a los seis meses de gestación y con graves complicaciones. Las primeras palabras de la comadrona fueron “hay que esperar lo peor”.  La bebé tenía una hemorragia ventricular de grado 4 (sangrado severo en el cerebro). “Comenzó con una hemorragia cerebral pero se complicó con los pulmones, el corazón…”, recuerdan los padres.

Carmen no respondía a los tratamientos médicos, por lo que temían su muerte. Sin embargo, como la pequeña nació en la Fiesta de Santa Teresa de Ávila, el padre decidió pedirle a Santa Teresa que intercediera por ella.

Acudió a uno de los conventos que las Carmelitas Descalzas tienen cerca de la ciudad y a través de un intercomunicador las contó la situación y pidió que rezasen por Carmen. El domingo siguiente regresó con su mujer a Misa y volvieron a pedir el rezo de las religiosas, quienes, días más tarde y ante el empeoramiento del estado de salud de la niña, sugirieron pedir la intercesión de Luis y Celia,  padres de Santa Teresita.

Las Carmelitas pensaron que quizás se obrase el milagro, como sucedió con el niño de Milán (Italia) que se curó milagrosamente y gracias al cual fueron beatificados.

Finalmente, Carmen se sanó de manera milagrosa y los diferentes médicos confesaron que se trata de “algo extraordinario”.

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Pío I, Santo

X Papa

Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de san Pío I, papa, hermano de Hermas, autor éste de una obra cuyo título es El Pastor, denominación que bien mereció el santo Pontífice, pues durante quince años fue de verdad un buen pastor que guardó la Iglesia (155).

Etimológicamente: Pío = Aquel que es piadoso, es de origen latino.

Breve Biografía

Fecha de nacimiento desconocida: nombrado Papa hacia el año 140 hasta el 154. De acuerdo con la lista más antigua del Papado, dado por Ireneo, Pío fue el noveno sucesor de S. Pedro. El único dato cronológico que poseemos es supuesto por el año de la muerte de S. Policarpo de Esmirna, el cual está referido con gran certeza al año 155-6.

En su visita a Roma en el año anterior a su muerte, Policarpo se presento ante Aniceto, el sucesor de Pío. Obispo de allí. Por consecuencia la muerte de Pío debió haber ocurrido cerca del año 154. El “Liber Pontificalis” dice que el padre de Pío era Rufino y lo declara nativo de Alquileia, sin embargo es probablemente una conjetura de autor que había escuchado de Rufino de Alquileia.

Durante el pontificado de Pío, la Iglesia Romana, fue visitada por varios herejes, que buscaban propagar sus falsas doctrinas entre los fieles de esta capital. El gnóstico Valentín que había hecho su aparición durante el pontificado del Papa Higinio, continuómostrando esas herejías, aparentemente no sin éxito. El gnóstico Cerdos estuvo activo también en Roma, en este perdido, durante el cual Marción llegó a la capital. Excomulgado por Pío, fue el último fundador de esta doctrina herética. Tambien maestros católicos visitaron la iglesia romana, el más importante fue S. Justino, el cual expuso las enseñanzas cristianas, durante el pontificado de Pío y el de su sucesor.

De esta manera, adquiere una gran actividad la comunidad cristiana de Roma, la cual es claramente visitada como el centro de la iglesia. El “Liber Pontificalis” habla de la decisión de este Papa de que los judíos convertidos al cristianismo deberían ser admitidos y bautizados. No sabemos que quiere decir con esto, sin duda aquí el autor de “Liber pontificalis”, como casi siempre, refiere al Papa un decreto válido en la iglesia de su propio tiempo.

Una tardía leyenda, se refiere a la fundación de dos iglesias, la “titulus pudentis” (ecclesia Pudentiana) y la “titulus Praxedis”, del tiempo de este Papa, del cual se supone también, que construyo un baptisterio cerca y haber ejercido funciones episcopales allí. Sin embargo esta leyenda, no tiene credibilidad histórica. Estas dos iglesias vinieron a existir en el siglo IV, y es posible que ellas sustituyeron a las casas cristianas en las cuales los fieles de Roma se reunían para los servicios divinos antes del tiempo de Constantino.

La leyenda sin embargo puede no estar alejada, en sus pruebas de este hecho. En muchos escritos posteriores (ej. Liber Pontificalis) el “Pastor” o “Shepherd” en el trabajo de Hermas, y desde el puesto de Pastor y Obispo Romano le es asignado un importante papel en la fundación de esas iglesias.

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X Papa

Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de san Pío I, papa, hermano de Hermas, autor éste de una obra cuyo título es El Pastor, denominación que bien mereció el santo Pontífice, pues durante quince años fue de verdad un buen pastor que guardó la Iglesia (155).

Etimológicamente: Pío = Aquel que es piadoso, es de origen latino.

Breve Biografía

Fecha de nacimiento desconocida: nombrado Papa hacia el año 140 hasta el 154. De acuerdo con la lista más antigua del Papado, dado por Ireneo, Pío fue el noveno sucesor de S. Pedro. El único dato cronológico que poseemos es supuesto por el año de la muerte de S. Policarpo de Esmirna, el cual está referido con gran certeza al año 155-6.

En su visita a Roma en el año anterior a su muerte, Policarpo se presento ante Aniceto, el sucesor de Pío. Obispo de allí. Por consecuencia la muerte de Pío debió haber ocurrido cerca del año 154. El “Liber Pontificalis” dice que el padre de Pío era Rufino y lo declara nativo de Alquileia, sin embargo es probablemente una conjetura de autor que había escuchado de Rufino de Alquileia.

Durante el pontificado de Pío, la Iglesia Romana, fue visitada por varios herejes, que buscaban propagar sus falsas doctrinas entre los fieles de esta capital. El gnóstico Valentín que había hecho su aparición durante el pontificado del Papa Higinio, continuómostrando esas herejías, aparentemente no sin éxito. El gnóstico Cerdos estuvo activo también en Roma, en este perdido, durante el cual Marción llegó a la capital. Excomulgado por Pío, fue el último fundador de esta doctrina herética. Tambien maestros católicos visitaron la iglesia romana, el más importante fue S. Justino, el cual expuso las enseñanzas cristianas, durante el pontificado de Pío y el de su sucesor.

De esta manera, adquiere una gran actividad la comunidad cristiana de Roma, la cual es claramente visitada como el centro de la iglesia. El “Liber Pontificalis” habla de la decisión de este Papa de que los judíos convertidos al cristianismo deberían ser admitidos y bautizados. No sabemos que quiere decir con esto, sin duda aquí el autor de “Liber pontificalis”, como casi siempre, refiere al Papa un decreto válido en la iglesia de su propio tiempo.

Una tardía leyenda, se refiere a la fundación de dos iglesias, la “titulus pudentis” (ecclesia Pudentiana) y la “titulus Praxedis”, del tiempo de este Papa, del cual se supone también, que construyo un baptisterio cerca y haber ejercido funciones episcopales allí. Sin embargo esta leyenda, no tiene credibilidad histórica. Estas dos iglesias vinieron a existir en el siglo IV, y es posible que ellas sustituyeron a las casas cristianas en las cuales los fieles de Roma se reunían para los servicios divinos antes del tiempo de Constantino.

La leyenda sin embargo puede no estar alejada, en sus pruebas de este hecho. En muchos escritos posteriores (ej. Liber Pontificalis) el “Pastor” o “Shepherd” en el trabajo de Hermas, y desde el puesto de Pastor y Obispo Romano le es asignado un importante papel en la fundación de esas iglesias.

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Olga de Kiev, Santa

Por: . | Fuente: Vidas de los santos por Alban Butler

Laica

Martirologio Romano: En Kiev, ciudad de Rusia, (ahoara en Ucrania), santa Olga, abuela de san Vladimiro, la primera de la dinastía de los Ruriks que recibió el bautismo y el nombre de Helena, cuya conversión abrió a todo el pueblo ruso el camino del cristianismo. ( 969)

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma: el Papa.

Patronazgo: Patrona de conversos y viudas.

Breve Biografía

Se venera a santa Olga junto con su nieto, san Vladimiro, como a las primicias del cristianismo en Rusia. El monje Jacobo, con la grandilocuencia característica del siglo XI, los llama «nueva Elena y nuevo Constantino, iguales a los Apóstoles», y hasta la actualidad prevaleció en la tradición rusa llamar a Olga y a su nieto con ese título de «Equiapostólicos». Tanto Olga como Vladimiro eran bárbaros y crueles antes de su conversión. El príncipe Igor, de Kiev, esposo de la santa, murió asesinado. Para vengarle, Olga mandó dar muerte a los asesinos en calderos de agua hirviente y acabó, por medio de la traición, con centenares de sus partidarios.

Según la tradición popular, Olga fue la primera persona que recibió el bautismo en Rusia; pero está probado que eso es falso. Se cree que el bautismo de santa Olga tuvo lugar en Constantinopla, hacia el año 957. La santa representa, en cierto sentido, el elemento germánico de la evangelización de Rusia, ya que alrededor del año 959 pidió al emperador Otón I que enviase misioneros «a la tierra de Kiev»; pero la misión de san Adalberto de Magdeburgo fracasó: la santa no consiguió que su hijo Svyatoslav se convirtiese al cristianismo. A instancias de su madre, el príncipe respondía, no sin razón: «Si me convierto a una religión extranjera, mis súbditos se reirán de mí», recién con Vladimiro la religión cristiana hará entrada firme en el estado ruso.

Santa Olga murió a edad muy avanzada, el año 969. Según el cronista, Olga, después de su conversión, «siguió a nuestro Señor Dios en todas sus obras bondadosas, iluminándose con ellas, vistiendo a los desnudos, saciando a los sedientos y calmando a los peregrinos, a los indigentes, a las viudas y a los huérfanos, compadeciéndose de todos y entregando a todos lo que les era necesario, con serenidad y con amor en su corazón». Su nieto Vladimiro, que tenía apenas seis años cuando murió su abuela, hizo abrir su sepulcro y se encontró el cuerpo incorrupto, y lo hizo trasladar a la iglesia de Desiatina.

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