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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: La Hermana Glenda en Celaya: Concierto de Alabanza

El próximo Domingo 12 de noviembre, se presentará en Celaya la Hermana Glenda, en un concierto de alabanza en las nuevas instalaciones de la Feria, a partir de las 15:00 horas, con una celebración litúrgica.

El evento, finalizará a las 17:00 horas y tiene como objetivo principal recaudar fondos para la construcción del templo parroquial de San Pedro y San Pablo, ubicado en la colonia San Juanico.

El donativo será de 150 pesos por persona y pueden adquirirse los boletos en la Notaría Parroquial, en horarios de oficina de las 10:00 a las 14:00 horas y de las 17:00 a las 20:00 horas de Lunes a Sábado. Pueden pedirse informes al teléfono (461) 60 90 059.

¿Quién es la Hermana Glenda?

Glenda Valesca Hernández Aguayo1 naci+o en Parral, Chile, el 5 de enero de 1971 y es una cantautora chilena con nacionalidad española, conocida como la Hermana Glenda. Lleva 25 años de vida consagrada, 17 años como religiosa y 8 años como virgen consagrada.

Se graduó como teóloga en la Pontificia Universidad Gregoriana y como psicóloga en la Universidad Pontificia de Salamanca. Su ciudad natal la declaró «Servidora ilustre» en el año 2003.​ Actualmente reside y trabaja en España, es conocida internacionalmente por su ámbito en la música cristiana católica.

1971–1988: Infancia e inicios en el catolicismo

Sus padres, Erasmo Hernández Troncoso y Graciela Aguayo Sobarzo, eran profesores. Fue la segunda de cuatro hermanos. Su madre la bautizó a los cuatro años de nacida, a escondidas del padre porque él no creía en la Iglesia. Estudió primaria en el Colegio de la Providencia y en el Colegio María Auxiliadora, ambos colegios católicos dirigidos por monjas.

 En 1985, Glenda, tuvo sus primeros acercamientos a la iglesia católica al cantar en la misa de la catedral de su ciudad; poco tiempo después de ganar una Biblia en un festival diocesano de música se fue a evangelizar a una cárcel para mujeres, teniendo solamente quince años.

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Un domingo, Glenda recibe una hoja dominical donde pudo observar varias direcciones, a las cuales les escribió y recibió varias respuestas, una entre ellas resultó una invitación para que pudiera cantar en un festival; en dicha celebración conoció a las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, quienes la llevaron a varias actividades religiosas.​ Es en 1988 cuando decide convertirse en monja, dejando a su novio y a su familia.


1989–2002: Formación y comienzos en la música

Permaneció en Chile tres años más donde realizó su postulado y noviciado.​ En 1991 se fue a Argentina donde trabajó como misionera cinco años ayudando a drogadictos, mujeres violadas y madres solteras que necesitaban de ayuda psicológica y económica.​ Luego, se trasladó a Tucumán; ahí hizo sus votos perpetuos​ y estudió filosofía por dos años.​ Poco después viajó a Roma para estudiar teología, sus estudios le llevaron alrededor de tres años;​ en su estadía en Italia firmó un contrato con Luis Alfredo Díaz para la compañía discográfica “Producciones La Raíz”.​

Su carrera musical empezó cuando publicó el álbum A solas con Dios en 1998. En el año 2000 fue enviada a España por su madre superiora para que comenzara sus estudios en psicología en la UPSAM y evangelizara, ya que según su abadesa, dicho país estaba «muy envejecido en materia de evangelización».​ En 2002 hizo su primera gira de evangelización, y participó en la XVII Jornada Mundial de la Juventud junto con el pontífice romano Juan Pablo II en Canadá.​

2003 – presente: Reconocimiento internacional

Un año más tarde desde que firmó el contrato lanzó el volumen uno y dos del disco Consolad a mi Pueblo.​ En 2004 ofreció un concierto en Chile que fue transmitido en el programa católico Iglesia Viva en un especial de música cristiana,​ y a finales de ese año lanzó al mercado su álbum A solas con María, presentado en una trilogía de una versión acústica, una instrumental y otra orquestada.

La Hna. Glenda deja su comunidad religiosa de las Hermanas de la Consolación y hace el cambio al “Ordo Virginum”. Se pone bajo la obediencia directa del Obispo de Terrassa en Barcelona, España. En 2008, se unió a la campaña “La Biblia es mi Guía”, proyecto que tiene la finalidad de aumentar la lectura de la Biblia en hogares estadounidenses​ y unos meses después grabó su disco Hermana Glenda Live en un concierto en República Dominicana ante más de 25 000 personas, junto con el lanzamiento de éste estuvieron los álbumes de estudio ¡Me amó y se entregó por mi! Orar con San Pablo y Orar con el corazón.​

En 2009 sacó ¿Quién podrá sanarme?: Orar con San Juan de la Cruz; en promoción del lanzamiento hizo una gira por México que estuvo entre octubre y noviembre ese año.​ El 18 de junio de 2011 estrenó su álbum El Señor es mi pastor, producto que tiene como tema principal el libro de los Salmos de David.​

Discografía

1998: A solas con Dios
2000: Tengo sed de Ti
Con nostalgia de ti
Para ti toda mi música
2003: Consolad a mi Pueblo – Volumen 1
Consolad a mi Pueblo – Volumen 2
2004: A solas con María – Pequeña Suite
A solas con María – Acústico
2008: Hermana Glenda Live – Grabado en un concierto en República Dominicana
¡Me amó y se entregó por mí! Orar con San Pablo
Orar con el corazón
2009: ¿Quién podrá sanarme? Orar con San Juan de la Cruz
Orar con María
2010: A solas con Dios – Instrumental
Nuevamente, a solas con Dios
2011: El Señor es mi pastor: Orar con los Salmos
2013: Alguien está orando por mi

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya El martirio de los niños tlaxcaltecas, narrado por Fray Toribio de Benavente, “Motolinía”

Los Santos Niños Mártires Tlaxcaltecas: Cristóbal, Antonio y Juan

Los tres nuevos santos mártires indígenas mexicanos que el Papa Francisco elevara el 15 de octubre de 2017 a la veneración, son conocidos gracias a la descripción detallada de sus vidas por parte de un fraile franciscano, reconocido en México por su caridad y vida de pobreza: Fray Toribio de Benavente, “Motolinía”.

De manera detallada, el hermano de la Orden de Frailes Menores, que llegara en el grupo de “Los Doce” a México, describe el martirio de estos tres niños tlaxcaltecas y profetiza la llegada a los altares, específicamente, de Cristóbal.

Pero dejemos que sea Motolinía quien narre el proceso de la vida, obras y martirio de estos tres niños indígenas tlaxcaltecas.

VIDEO: Proceso de Beatificación y Canonización de los Niños Mártires Tlaxcaltecas.



CAPITULO 1o.
En que se refiere como el Niño Cristóbal recibió la Fe de Jesucristo y le evitó a su padre la adoración de los ídolos, exhortándolo para que mudara de vida; y se quitara de la embriaguez, con cuyo vicio podría tener una muerte desastrada.

 En esta Ciudad de Tlaxcala había cuatro Señores Principales, que eran las esenciales Cabezas de ella, y en quienes recaía todo el Gobierno; por ser la Provincia dilatada, por cuyo motivo les ayudaban otros varios Señores a llevar el peso de él, de los cuales existen algunos hasta hoy día, y son conocidos por dueños de vasallos, como que así mismo viven algunos de éstos, y los sirven con el vasallaje y feudo correspondiente.

Pero el de mayor distinción entre ellos todos, era Acxotecatl. Este tenía tres Mujeres muy nobles, de las que hubo cuatro Hijos varones. A tres de ellos pusieron en la Iglesia en calidad de pupilos, para que les enseñaran los primeros Rudimentos de Nuestra Santa Fe; pero el mayor, que era el más hermoso, y experto, y tendría de doce a trece años de edad (que lo hubo en
una de las más principales SEÑORAS, y quien con exceso quería) lo ocultó dentro de su casa, teniéndole consigo, como lo hacían con sus hijos, muchos SEÑORES que todavía no acababan de salir de sus errores, y se mantenían en la incredulidad.

Pasados algunos días los Niños, que se estaban enseñando en la Iglesia, luego que conocieron los abusos de su Padre eran contra la Fe, y que se habían encontrado otros Parvulitos, que tenían ocultos sus respectivos Padres, para inducirlos a sus perversas costumbres, determinaron comunicarle al Religioso, a cuyo cargo corría su enseñanza tener en la misma situación Acxotecatl a su Hermano mayor. Oído esto por el dicho Religioso le pidió al referido Acxotecatl que trajera a su presencia al Niño, que ocultaba en su casa, lo que ejecutó inmediatamente; y a pocos días de estar en la Iglesia aprendiendo los rudimentos de nuestra Santa Fe, luego que estuvo impuesto en ellos, pidió el Santo Bautismo, y habiéndosele dado le pusieron por nombre Cristóbal.

Este Niño como hijo de principal era muy querido, y estimado de su nobleza, a cuya circunstancia se agregaba la de haber cogido con el mayor ahínco la Fe de Cristo, que se le imprimió en el centro de su corazón, con esto, y aprovechando de los buenos oficios que oía y observaba en el templo, comenzó a enseñar a los domésticos de la casa de su Padre, y a éste le persuadía, que dejara la falsa adoración de los ídolos y detestara la culpa conteniéndose en sus vicios, y conociera que
aquellos sólo eran imágenes del demonio; y no verdaderos dioses, y que de la embriaguez solía provenir una muerte desastrada, a más de acarrear este vicio grandes e innumerables pecados mortales.

También le decía, que creyera en el verdadero Dios y Señor de los Cielos, a quien por ser tan piadoso y misericordioso, debía acogerse, llamándolo con fe viva estando creído de que si así lo hacía le perdonaría los pecados que por su fragilidad había cometido contra su Divina Majestad, acusándose de ellos, y quitándose de las ocasiones, y precipicios, en que anduvo tanto tiempo descaminado en compañía de los demás que habían sido idólatras. Y para que más se alentase su Padre, y tomara los consejos tan saludables que le daba, le decía que todo lo que le tenía referido era nacido de la enseñanza y crianza que había tenido con su maestro el Religioso que lo educaba; pues éste con sus palabras era quien publicaba la verdadera Ley de Jesucristo, la que se debía creer, pues con eso quedaban alegres y satisfechos los corazones.


VIDEO: La Beatificación de los 3 niños tlaxcaltecas, por San Juan Pablo II



CAPITULO 2o.
Que trata como el Niño Cristóbal despedazaba, y destruía los ídolos de madera, y piedra, que tenía su padre, derramando el brebaje que había, quebrando los trastos de barro en que se fermentaba. 

Acxotecatl, Padre de este Niño siempre tuvo el corazón empedernido y fue llevado de la ira, pues en él se había apoderado la maldita saeta del demonio, quien continuamente trabajaba en hacerle guerra, poniendo en ella todo su conato, no apartándose de esta maldita vida, hasta que se envejeció en la culpa, sin advertir que ésta mata en gran manera y es la mayor perdición como después se vio; porque sin embargo, de
que su hijo le persuadía con razones convincentes dándole consejos muy saludables, nunca los aprovechó; pues como dicen vulgarmente por un oído le entraba y por el otro le salía, sin que bastasen a rendir su duro y obstinado corazón, respecto a que todas las persuasiones que le hacían eran en vano y quedaban enteramente frustradas. Viendo Cristóbal que no obraban en su Padre ningún efecto los consejos que le daba, y que así éste, como los demás sirvientes no dejaban la adoración de sus falsos dioses (que permanecían todavía en su casa) llevado de una ira divina determinó demolerlos y destruirlos, lo que de hecho ejecutó, haciendo lo mismo con los demás trastos grandes donde estaba la bebida con que corrientemente se embriagaban así el dicho su Padre como los demás indios; siendo de admirar, que aunque fueron tres o cuatro las ollas que había llenas de
brebaje las consumían entre todos en una noche, porque hasta este extremo llegaba su embriaguez.

Sentidos los indios que le servían a Acxotecatl de haberles destruido a sus ídolos, fueron a darle la queja diciéndole: Has de saber, SEÑOR, que como tu hijo Cristóbal ha quebrado y destruido a tus dioses y nuestros, y que cuanta bebida ha encontrado y encuentra toda la derrama, con lo cual te pone a bochornos, y a nosotros nos avergüenza, nos aniquila, nos maltrata, y nos echa tierra en los rostros, y aun en tu presencia contra ti nos levanta con los mayores atrevimientos.

Esta queja no tan solo fue dada por los dichos, sino también por una Señora llamada Xochipapalotzin, que era la madre de uno de aquellos tres Niños, hermanos de Cristóbal, que se estaban enseñando en la Iglesia, nombrado Bernardino, ésta inflamaba el corazón, y precipitaba el ánimo de Acxotecatl con el fin de que matara a su primogénito Cristóbal, para que con la muerte de éste entrase su Hijo en la sucesión de su caudal y Señorío, como en efecto así se verificó.

VIDEO: Himno Cristobalito, Antonio y Juan

Más el niño Cristóbal sin embargo de saber el odio, y Enemiga que le profesaban, y de consiguiente que estaban trazando su muerte, no por eso se atemorizaba ni dejaba de darle consejos a su Padre, ni a los demás de su casa, dirigidos a cesasen en la adoración de sus ídolos y aborreciesen el pecado; y sin poderse contener los arruinaba y destruía, siguiendo con el mismo tesón, a hacer lo propio con los trastos en que estaba la bebida, derramando cuanta hallaba.


CAPITULO 3o.
Que trata cómo Acxotecatl determinó matar a su hijo Cristóbal, y el modo con que lo comenzó a poner por obra.

Acxotecatl, como que ya estaba con el ánimo irritado por los malos consejos, y sugestiones, que le había dado Xochipapalotzin, determinó darle muerte a su hijo Cristóbal, sin que bastase para desistirlo de la empresa, ni su inocencia, ni su puericia; y últimamente ni el amor paterno, que aun las fieras más horribles tienen a sus hijuelos; sino que con el más obstinado corazón trató de ejecutarlo en los términos que paso a exponer.

Al efecto mandó llamar con sigilo a sus cuatro hijos, con el pretexto de que quería hacer una función en su casa; y habiendo llegado los metió en una de sus piezas que era la más oculta, y en ella asió a Cristóbal y les dijo a sus hermanos que se saliesen a la calle, como así lo ejecutaron. Estando en ella oyó Luis los gritos y sollozos, que daba Cristóbal, y como lo quería entrañablemente, se subió a la azotea por una cocina, que pertenecía a su casa, y desde allí observó, que su Padre asiendo de los cabellos a su amado hermano lo azotaba contra el suelo, dándole furiosos golpes en todo el cuerpo y
martirizándolo de esta manera con la mayor crueldad.

Sin embargo después de este martirio no murió el niño Cristóbal, aunque parece que debía en lo humano haberle faltado los alientos vitales, por lo cruel, e inaudito de él, y habérselo dado un hombre tan fornido, corpulento, y terrible como era Acxotecatl; pero Dios sin duda le dio el esfuerzo para que padeciera otros tormentos mayores, como después se verá.

Todo lo referido me lo expresó en los mismos términos que aquí llevo relacionado el citado niño Luisito quien así mismo me aseguró haberlo visto y oído los sirvientes de su casa. Y yo el Padre Fray Toribio Motolinía conocí al expresado Acxotecatl.

CAPITULO 4o.
De cómo Acxotecatl enfurecido apaleó con un leño de encino al Niño Cristóbal, quien en medio de este martirio no dejaba de llamar a Dios.

Habiendo visto Acxotecatl, que no había sido bastante el martirio que le dio a Cristóbal, para quitarle la vida lleno de mayor furor e ira por no haber logrado su diabólico intento, poseído del rencor y mala voluntad que le tenía, tomó un leño de encino grande y grueso, con el que comenzó a darle furiosos golpes en todo el cuerpo, quebrándole los hombros, brazos y manos con que se defendía la cabeza. Y fue tan atroz este martirio, que no le quedó buena parte alguna de su cuerpo; pues por él todo vertía arrollos de sangre; mas en medio de esta congoja no dejaba de llamar a Dios nuestro Señor, así en lo interior de su corazón, como con las más expresivas voces, diciéndole: Señor y Dios mío dadme esfuerzo para poder pasar por tu amor este
martirio, y si quieres que me muera hágase en mí tu Santísima Voluntad mas si es tu gusto que viva, favoréceme y ampárame librándome de la ira y furor con que me esta atormentando mi Padre.

Dicen los que presenciaron este caso, que cansado el feroz e inicuo Acxotecatl de aquella fatiga que había tenido con Cristóbal, lo largó y que éste viéndose libre, no obstante de estar de la manera que va referida solicitaba salirse del cuarto donde se hallaba; pero fue en vano su diligencia porque hallándose allí aquella alevosa e infame mujer de Xochipapalotzin le estorbó la fuga, que pretendía, que si se hubiera verificado es regular, que el inocente Niño se librara del último martirio, que por la fe de Cristo padeció y en el que vino a perder la vida.

CAPITULO 5o.
Que trata de cómo la Madre de Cristóbal luego que supo el martirio que estaba padeciendo su hijo, ocurrió a favorecerlo.

Luego que tuvo la noticia la Madre de Cristóbal del martirio que su estimado Hijo estaba padeciendo y de hallarse casi en los últimos períodos de la vida se quedó sin aliento, embargadas las acciones, los sentidos trocados, y con la mayor congoja, y opresión de corazón que le causó semejante nueva: por lo que (no obstante de estar distante la casa de su habitación de la de donde se estaba ejecutando tal crueldad) sin reflejar en que se hallaba con sus carnes descubiertas, llevada del amor materno, que profesaba a su Hijo, echó a correr sin detenerse en parte alguna hasta llegar a verlo, y hallándolo en tan miserable estado, tirado en el suelo, vertiendo copiosas lágrimas y clamando con las más expresivas voces a Dios Nuestro Señor, determinó levantarlo (haciéndole halagos y cariños) para llevárselo consigo; mas no se le logró su piadoso intento, porque como estaba presente el maldito de su marido Acxotecatl, quien era el mayor enemigo de ambos se lo impidió con la mayor fiereza.

Viendo la afligida y lastimosa Madre de Cristóbal que no había conseguido el fin que deseaba, resentida de la aspereza y seguridad con que Acxotecatl se lo había estorbado, comenzó anegada en copioso llanto, a decirle de esta manera. ¿Por qué matas al inocente de mi hijo? ¿Cuál fue el motivo para que con el ejecutes tan inaudita crueldad? ¿Qué precepto tuyo ha quebrantado? Pues lo has destruido y puesto de esta manera, siendo como es hijo tuyo, tu sangre, rama y pedazo de tu
corazón, primero quisiera yo que me hubieras quitado la vida; que haber llegado a ver semejante martirio, como el que le has dado al único hijo que parí. ¿Por qué razón lo has aniquilado y ultrajado de esa suerte? ¿Acaso ha sido por los consejos que te daba? pues que éstos no merecen el que lo hayas puesto en tan triste y lamentable situación, que está en términos de faltarle ya el vital aliento de la vida. ¿O fue porque como inadvertido hizo alguna travesura con la pluma, tizne o pintura? ¿No harías las mismas travesuras cuando eras pequeño? ¿Pues cómo ahora te has mostrado su mayor y más cruel enemigo? Déjame que lo levante para llevármelo; y si no mátame a mí, y cesa de atormentarlo siquiera por ser una criatura tan tierna.

Lejos de hacer el más leve movimiento en el corazón de aquel malvado hombre estas razones, por el contrario le sirvieron de mayor ira y enojo, pues hecho una sangrienta fiera arrebató a la Señora de los cabellos, y tirándola contra el suelo, le dio furiosos y repetidos puntapiés, en tal conformidad, que la dejó desmayada e inmóvil, no satisfaciéndose su encono hasta que de cansado la dejó; hecho esto mandó a algunos indios, que la sacaran y se la llevaran, como en efecto así lo ejecutaron; lléndose la citada Señora con el corazón atravesado de dolor al considerar el martirio que estaba padeciendo su amado Hijo; no sintiendo el tormento, que ella había sufrido, sino el que su inocente Niño padeció.


CAPITULO 6o.
De cómo Acxotecatl mandó echar al fuego al Niño Cristóbal, poniéndolo algunas ocasiones de pechos, y otras de espaldas, y después de haberlo sacado de la hoguera le dio de puñaladas.

Habiendo visto el infernal y diabólico Padre de Cristóbal, que sin embargo del cruel y riguroso castigo, digo martirio, que le había dado, se alentaba un poco y procuraba tomar algún resuello; no obstante de estar tan herido y maltratado, mandó que
pusieran una hoguera encendiéndola con suficientes cáscaras de encino (que es la madera de que usaban en aquel tiempo los sujetos más principales en sus casas y la demás consisas, y ardor en su llama) que juntaron con la posible brevedad, y luego ya que el fuego había tomado incremento y estaba con la mayor voracidad, arrojaron en él al Niño poniéndolo en diferentes posturas, ya de pechos, ya de espaldas, para que con igualdad se quemara, con cuyo espectáculo causaba mucha compasión, atendiendo al exceso con que se ejecutaba el martirio; pero en medio de él no desmayaba el fuerte Niño sino que siempre estaba llamando con ahínco al Omnipotente Dios y Señor del Universo.

Unos son de parecer, que cuando sacaron al Niño del fuego ya era difunto. Otros que cuando entró su Padre dentro de la casa, a tomar una espada para acabar de quitarle la vida entonces falleció; y otros dicen que no lo acabó de matar con la espada, sino que fue con un puñal, y yo informándome de algunas personas, por desear saber la realidad del caso me aseguraron por
verdad que su Padre buscaba la espada que tenía la cual se sospechaba que se la quitaría a algún español, o que éste se la daría; y lo cierto es; que nunca encontró, ni vio tal espada.

CAPITULO 7o.
Que trata de la Bienaventurada y dichosa muerte que le sobrevino al Niño Cristóbal, dimanada del martirio de fuego que padeció.

Cuando sacaron al Niño del fuego lo cubrieron con una tilma o manta, y estaba tan firme, y conforme con la voluntad de Dios, que perseveró invocando su Santo Nombre, y ofreciéndole aquel martirio tan grande que había padecido. Cerca de medianoche sería cuando lo quitaron de la hoguera, y el resto de ella lo pasó sufriendo con paciencia los dolores que le causaban
las heridas, desconcertaduras de miembros, y ardores originados por la voracidad del fuego que con que lo había atormentado su maldito Padre, y llegaron a tal extremo, que apenas podía mover los labios para articular palabra, por estar tan desmayado y faltarle ya el aliento. Luego que amaneció mandó, que le llamaran a su Padre, y habiendo llegado, le dijo de esta suerte.
¡Oh Padre mío! ¿Imagina vuestra merced o se persuade a que estoy enojado por el martirio, que he recibido? Pues no es
así; sino que me hallo muy gustoso rendido y humillado por el beneficio tan grande, que con el se me ha hecho, y por haber logrado por su medio mayor honor, que cuantos vuestra merced tiene. Dicho esto pidió, que le dieran una poca de agua para beber, y en lugar de ella le ministraron un tecomate de chocolate, y habiéndolo tomado entregó su alma al Omnipotente e Inmenso Dios, y Señor de cielos y tierra.

Al instante que expiró este Niño ordenó su infame Padre, que en un rincón de la casa junto a una pared, que era el lugar más oculto le dieran sepultura, como de facto así se ejecutó, notificando a todos sus sirvientes, que no revelasen el caso y conminándolos con las mayores amenazas, a fin de que guardasen el secreto correspondiente, haciendo lo mismo con sus otros hijos (que eran los que en la Iglesia se estaban instruyendo en los primeros rudimentos de nuestra Santa Fe) para que no contasen el suceso a persona alguna, porque si se divulgaba y llegaba a noticia del Capitán, que por este título era conocido el Señor Marqués del Valle, lo mandaría sin remedio a ahorcar.

CAPITULO 8o.
De cómo Acxotecatl mandó que le quitaran la vida a la Madre del Niño Cristóbal.

No satisfecho el maldito y alevoso Acxotecatl con haber matado al inocente Niño Cristóbal; sino que hallándose todavía renuente y apoderado de su diabólica ira; multiplicando a cada instante su rencor (con el cual se aúnan y anudan más las culpas y temiendo por una parte, que se publicara el homicidio tan cruel, que había ejecutado y por otra parte, que la Señora
Tlapalxilotzin, que era la Madre del citado Niño, como resentida por haberla maltratado) lo divulgara. Para evitar este daño, que se le preparaba ordenó que la llevasen a un pueblito que lindaba con la estancia de Quimichucan previniéndoles a los que la habían de custodiar, que luego que llegasen al sitio referido, le quitasen la vida con el mayor secreto y sin que nadie lo
supiese, sepultándola en lo más oculto del paraje.

Pero yo no pude conseguir saber con realidad cómo ejecutaron esta muerte, ni con qué instrumento: Y solo digo, que el expresado niño Cristóbal está enterrado en el pueblo de Atlihuetzía, que era donde tenía su Padre la casa de su morada.

CAPITULO 9o.
De cómo se supo la muerte del Niño Cristóbal, y Acxotecatl fue ahorcado en Tlaxcala.

Cuando el alevoso Acxotecatl estaba muy confiado de que se hallaban ocultos los atroces delitos que había cometido en haberles quitado las vidas, a su Mujer y a su Hijo, permitió Dios, que se llegara a publicar cumpliéndose en esta parte las palabras del santo Evangelio: Nihil est Opertum quod non reveletur, etc. Que dicen: No hay nada oculto, que no se sepa y así sucedió, porque habiendo los indios de Acxotecatl enemistadose con un español, que solía transitar algunas ocasiones por
su Pueblo, sin hacerles perjuicio, ni darles motivo alguno, se fueron a quejar de él, con su Señor, suponiéndole varias calumnias e imposturas. Oída su acusación, pasó Acxotecatl en compañía de los que se suponían ofendidos al lugar donde residía el citado español, a quien maltrataron en tanta manera, que le fue preciso valerse de la fuga, dejando en poder de Acxotecatl todo el oro y ropa con que se hallaba, dirigiendo su jornada (sin hacer mansión ni detenerse en parte alguna, ni aun para dormir por llegar con más prontitud) a la ciudad de México, reflejando no haberle hecho agravio alguno.

Luego que llegó a la dicha Ciudad se presentó ante el Gobernador o Justicia, querellándose en forma contra Acxotecatl por haberlo vejado y quitándole todo el oro y demás bienes que poseía. En vista de esto, se mandó expedir mandamiento a un español, que era vecino de Tlaxcala y ejercía vara de Justicia, para que procediera a la aprehensión del reo. Y como éste era uno de los más distinguidos en aquella Ciudad y en quien recaía el Gobierno de sus cuatro Cabeceras se hizo el caso muy
ruidoso en México y causó la mayor novedad; por cuyo motivo tuvo a bien el citado Gobernador, comisionar en calidad de Juez a Martín Calahorra, español y vecino de esta Capital (hombre de arreglada conducta y desempeño en los asuntos que se le confiaban; pues procedía en ellos administrando la Justicia con imparcialidad) dándole poder bastante para que pasase a practicar las diligencias de estilo, tomando las providencias que tuviesen por convenientes y castigando como correspondía al agresor.

Habiendo llegado el Juez comisionado a esta ciudad de Tlaxcala en puntual cumplimiento de su Comisión, procedió a formar al delincuente su respectiva causa pasando a averiguar el delito y encontrando la certeza de él, por el careo que hizo entre el actor y el reo, ordenó que éste le devolviera a aquél el oro y demás bienes que le había quitado, consolándole e intimándole que no hiciera aprecio de las demás ofensas, que contra él había hecho Acxotecatl.

Estando éste con el mayor contento, pensando que con la citada resolución quedaba enteramente libre de castigo alguno, por haber con la prisión purgado su delito sin que sobre el particular pudiera tener otra resulta; pues esperaba salir de la captura en que se hallaba: Comenzaron a saberse así los graves excesos que había cometido, como los homicidios que perpetró en su Mujer e Hijo y de hecho se encontró la verdad del caso en los mismos términos que va referido arriba.

Luego que la sumaria estuvo enteramente substanciada, en estado (previa la averiguación y demás diligencias conducentes) pronunció el citado comisionado Calahorra sentencia en grado de vista condenando al reo a la pena ordinaria y dio cuenta con el proceso al Gobernador de la Cohorte de México, quien se sirvió confirmar en todas sus partes la expresada sentencia y
devolverlo al Juez actuario para su ejecución. Habiendo recibido dicho Juez la causa juntar a cuantos españoles pudo, así para que guarnecieran la Ciudad, como para que custodiaran el reo, para llevarlo al suplicio, temeroso de que no hubiese un levantamiento o sublevación respecto a lo muy estimado que era de todos Acxotecatl; a los muchos parientes que tenía y que
era de linaje más noble de los tlaxcaltecas. Habiéndolo sacado para poner en práctica el castigo a que estaba sentenciado: sin embargo de ser ya hombre de madura edad; pero fiado en las fuerzas que le asistían por lo muy fornido y corpulento que era; no temía ni se atemorizaba de la pena, que era preciso sufriera por sus delitos: sino que con el mayor vigor esforzaba y avergonzaba a los dichos tlaxcaltecas. ¡Oh tlaxcaltecas parientes y compatriotas míos! ¿En qué pensáis o por qué sufrís el
que de esta manera me llevan a ajusticiar? ¿Qué hacéis que no estorbáis la muerte tan afrentosa, que voy a padecer? Pero fueron en vano estas reconvenciones, que les hizo, porque de facto ejecutaron en él la expresada sentencia AHORCÁNDOLO SEGÚN ESTABA MANDADO: y no solo pagó con su vida los alevosos homicidios que había hecho; sino que es de creer, que su alma se fue al INFIERNO, en donde eternamente arderá y padecerá, por haber muerto en su idolatría y sin el agua del Santo Bautismo.

CAPITULO 10o.
De cómo fue traído el cuerpo del Niño Cristóbal a Tlaxcala donde está sepultado.

A continuación de lo que va referido, se supo cuál era el lugar donde había sepultado el horrible Acxotecatl al Niño Cristóbal; y al instante determinó un religioso llamado Fray Andrés de Córdoba, pasar acompañado de muchos indios tlaxcaltecas, así principales, como plebeyos, a conducir el bendito cuerpo del citado Niño. De facto así lo ejecutaron y encontraron en él las mayores admiraciones, pues habiendo pasado más de un año que se hallaba enterrado, vieron que estaba enjuto y sin corrupción alguna.

Luego que lo trajeron lo depositaron interinariamente junto a un altar donde se celebraba el Santo Sacrificio de la Misa, en tanto se acababa de fabricar la Iglesia de Santa María. Y yo el autor de esta historia Fray Toribio Motolinía digo: Que trasladé los huesos del bienaventurado Niño a la expresada Iglesia.

CAPITULO 11o.
De cómo se debe estimar en gran manera el Martirio de este Bendito Niño.

De regocijo en sumo grado y veo con estimable aprecio el Martirio y Muerte de este bendito Niño, pues merece conservarlo en la memoria, así por haber vivido libre de toda malicia por lo pequeño que era como por las excelencias con que fue adornada su persona; pues ni aun en aquellas diversiones, que suelen tener los que se hallan como él en la puerilidad apetencia, a que se agrega haberle sufrido estando en lo más tierno de su edad y tan recién bautizado; siendo de admirar, que nunca puso su mira a otra cosa que no fuera el servicio y aprovechamiento de la Ley de Dios, guardándola inviolablemente e instruyendo en ella a su Padre, deudos y domésticos. Pero aunque con su doctrina sembraba la mejor semilla, nunca pudo coger el fruto,
que deseaba, porque lejos de conseguirlo se le convertía en duras y agudas espinas.

Dos cosas hay, que tengo por grandes y dignas de la mayor estimación en el martirio y bienaventurada muerte de este Niño. La primera es la constancia con que desde que comenzó a padecerlo hasta que rindió su espíritu y entregó el alma a su Creador nunca dejó de implorar su Santo Nombre, con las más expresivas y eficaces palabras. La segunda, que el motivo por el que lo sufrió fue por haber destruido los ídolos, aconsejando a su Padre que se apartara de su adoración y abrazara la verdadera Religión; que viviese arregladamente aborreciendo el pecado con lo que lograría que quedase destruido y aniquilado el Demonio.

Y finalmente por haber derramado el brebaje, que encontraba con el fin de evitar que las gentes no se embriagasen, ni cometiesen más culpas contra Dios, y de consiguiente porque no les asaltara una súbita e infausta muerte, por ser la bebida el origen de los vicios, la destrucción y perdición de las personas ¿Cuál fue la causa del famoso martirio que padeció Santa Cristina por mano de su padre Urbano? sino que a semejanza de nuestro niño Cristóbal destruía y asolaba sus falsos dioses, como se hallará en el Catálogo de los Mártires, que murieron por la Fe de Cristo, según se advierte de sus vidas, que en él se registran. Y así el que sufrió este nuestro Mártir es semejante al de la citada bienaventurada Santa.

No dejará alguno de pulsar la duda o decir, que en este Niño no había rayado el uso de la razón; pero no fue así; porque sin embargo de ser tan pequeño estaba tan experto e instruido en nuestra Religión; como aquél, que se arroja a dar la vida por Dios, con el pleno conocimiento de que va a padecer por su Majestad y a adquirir con este hecho el título de Mártir.

Y la solución de esta duda se puede dar con el Martirio que sufrieron los niños Inocentes, quienes eran tan pequeños, que no podían hablar palabra alguna para alabar el santo Nombre de Dios, mas como se hallaban sin mancha de pecado, en el tránsito de sus muertes lo confesaron.

Infinitos de estos niños Mártires y aún más pequeños han padecido el Martirio hasta morir por Jesucristo; y nuestra Santa Madre Iglesia los estima y tiene por Santos, contándolos entre los demás, como a San Agapito, San Vito, San Celso, San Víctor y Santa Frisca; que todos vivieron poco tiempo.

Todo lo referido lo escribió el Padre Fray Toribio Motolinía y yo Fray Juan Bautista lo traduje al idioma mexicano dividiéndolo en varios capítulos, para que no les sirva de molestia a los que leyeren esta historia.

HISTORIA DEL MARTIRIO Y MUERTE QUE PADECIERON DOS NIÑOS PRINCIPALES DE TLAXCALA NOMBRADOS ANTONIO Y JUAN, LA CUAL ESCRIBIÓ EL REFERIDO PADRE FRAY TORIBIO MOTOLINIA Y TRADUJO EN EL IDIOMA MEXICANO EL PADRE FRAY JUAN BAUTISTA, AMBOS RELIGIOSOS DE LA CITADA ORDEN SERÁFICA.

CAPITULO 1o.
De cómo los Niños Antonio y Juan se ofrecieron ir a Oaxaca con dos Religiosos de Santo Domingo.

A los años de haber fallecido el famosísimo y bendito niño Cristóbal: caminando para la gran Provincia de Oaxaca Fray Bernardino Minaya del Orden de Nuestro Padre Santo Domingo, en compañía de otro Religioso llegaron a Tlaxcala con designio de visitar al muy Reverendo Padre Fray Martín de Valencia, Guardián que entonces era de aquel Convento y suplicarle como lo
hizo el citado Padre Fray Bernardino, se sirviese darle algunos niños, que fuesen oriundos de aquella Ciudad y estuviesen instruidos así en los dogmas de nuestra Santa Fe, como en saber oficiar el Santo Sacrificio de la Misa, por ser su ánimo llevárselos consigo para que enseñaran e impusieran en ellos a los que estaban recién convertidos y bautizados, entendiéndose esta súplica solo con aquellos que voluntariamente quisieran ocuparse en tal loable ministerio.

Oído este razonamiento por los Niños, que se hallaban presentes se resolvieron dos de ellos llamados Antonio y Juan (hijos de los Señores más nobles de aquel vecindario, muy hermosos y agraciados) a irse con los referidos Religiosos, como así lo ejecutaron, cogiendo por su compañero a otro Niño también principal nombrado Diego.

CAPITULO 2o.
Cómo el R. P. Fray Martín de Valencia llamó a los Niños, y les dijo que se vieran muy bien en la resolución que habían tomado consultándola entre sí, por ser peligroso el camino que tenían elegido; y la respuesta que le dieron tan santa y admirable.

Llegado ya el tiempo en que los citados Niños tenían dispuesto su viaje y estando en términos de irlo a emprender, se llegó a ellos el Padre Fray Martín de Valencia y les dijo de esta suerte: hijos míos ved que vais a ajena tierra, sujetos al poder de los idólatras, que no conocen a Dios y por tanto me pesa y siento sobremanera el Martirio, que habéis de padecer, considerando igualmente que os quiten las vidas en el camino. Esto lo hago por el amor que os he cobrado, como que sois mis
queridos hijos: por cuya causa quisiera que antes, que pusieseis en ejecución vuestros designios lo miréis con más madurez y acuerdo, respecto a que todavía hay remedio, una vez que no lo habéis ejecutado.

Mas ellos le respondieron de esta manera: Padre nuestro ¿Cuál fue la mente, que llevaste para enseñarnos la verdadera Ley de Jesucristo? Si no que diéramos las vidas por su amor ¿Pues no habrá entre todos nosotros, quien se atreva a sufrir lo riguroso del Martirio, una vez que ya estamos impuestos en los Dogmas de nuestra Sagrada Religión y de consiguiente resueltos a ir con los Padres voluntariamente y a recibir el Martirio, con la mayor sumisión y humildad? Dios desde “ab aeterno”
tiene decretado el tiempo que hemos de vivir y así mismo el día en que con nuestras vidas hemos de pagar la común deuda a la muerte. ¿Pues por qué no hemos de emplear, los días, que su Divina Majestad nos diere de vida en su servicio? ¿El no murió primero por nosotros? ¡San Pedro no fue crucificado y muerto? ¿A San Pablo no le quitaron la cabeza? ¿Y a San Bartolomé no lo
desollaron? ¿Pues por qué nosotros no hemos de rendir nuestras cervices al cuchillo y nuestros cuerpos al tormento en obsequio suyo.

Esta resolución fue nacida de lo instruido que quedaron estos Niños en el Martirio, que padeció el glorioso San Bartolomé, cuyo tratado les había enseñado su Maestro aquella semana y como que eran tan diestros y hábiles lo aprendieron y grabaron en su memoria y corazón, causando en ellos el efecto que hemos visto.


CAPITULO 3o.
De cómo, con la bendición del Padre Fray Martín de Valencia, se marcharon los Niños para el pueblo de Tepeyacac.

Convencido el Padre Fray Martín de Valencia de las razones que le habían dado los Niños, con harto dolor de su corazón les echó la bendición y comenzaron su viaje en compañía de los Religiosos Dominicos dirigiendo su jornada al pueblo de Tepeyacac,
que dista de Tlaxcala poco más de diez leguas.

En este pueblo no había ninguna iglesia o convento, como en la actualidad lo hay, por estar sujeto al Curato o administración de Huejotzingo, de la que distaba como diez leguas; y así era preciso que para acudir a las necesidades espirituales, al citado pueblo, pasara un Religioso Franciscano cuando pueda, regresándose a la cabecera inmediatamente: siendo de advertir, que como todavía estaba recién conquistado el referido pueblo permanecían en él los ídolos de que se hallaba lleno; pero éstos no los ponían sus moradores de manifiesto, sino que procuraban tenerlos ocultos porque no se los viesen.

CAPITULO 4o.
En que se refiere cómo luego que llegaron los Niños al pueblo de Tepeyacac, comenzaron a solicitar los ídolos para destruirlos; y no habiéndolos encontrado pasaron adelante.

Al punto que entraron los Niños en el pueblo de Tepeyacac con el Padre Fray Bernardino Minaya; les ordenó, que fuesen a buscar en todas las casas de aquel vecindario los ídolos, que pudiera haber y encontrándolos se los trajesen. Así lo ejecutaron ocupándose en esta solicitud tres o cuatro días, al cabo de los cuales no hallándolos, se aburrieron y pasaron a los pueblos de Tecali y Cuauhtinchán (que están una legua de distancia del de Tepeyacac) en donde les surtió efecto su pretensión; porque habiendo observado que en una casa estaban algunos de dichos ídolos llevados de un furor e ira divina, se determinaron a sacarlos, como veremos en el Capítulo siguiente.


CAPITULO 5o.
De cómo fueron muertos Antonio y Juan, por que quebraban y destruían los ídolos.

Luego que los vecinos del pueblo de Cuauhtinchán vieron, que estos benditos Niños procedían a la destrucción de sus falsos dioses, se juntaron algunos de los más principales, y de común acuerdo determinaron quitarles las vidas, como de facto así lo ejecutaron. Y fue el caso, que habiendo llegado Antonio al pueblo de Cuauhtinchán con algunos ídolos, que trajo del de Tecali, con ánimo de seguir solicitando los demás que hubieran en aquel, enderezó sus pasos a una de sus casas, con
intento de buscar los que en ella pudieran hallarse y a quienes tal vez sus moradores darían adoración, y habiendo encontrado un muchacho, que estaba en la puerta cuidándola, dejó con él a su compañero Juan y se metió para adentro con ánimo de registrarla toda para ver si conseguía su pretensión.

Mas no le surtió efecto, porque al instante vinieron con gran furia dos Señores de aquellos, que se habían conjurado contra dichos Niños (quienes tenían la misma edad, que el bienaventurado Cristóbal) trayendo cada uno de ellos en la mano una raja de leño de encino y sin hablarle palabra a Juan lo asieron con la mayor crueldad, tirándolo en el suelo y dándole furiosos y
repetidos golpes.

Luego que Antonio oyó el ruido le causó cuidado y saliendo inmediatamente para afuera, vio que aquellos inicuos y feroces hombres le estaban quitando la vida a su compañero con la mayor crueldad y fiereza, que se pueda imaginar y sin atemorizarse, ni mostrar cobardía, sino con extraordinario valor, les dijo de esta suerte: ¿Por qué causa le dais muerte a mi hermano sin que tenga culpa alguna; pues se halla inocente? Yo soy el que emprendí quitaros vuestros falsos dioses, porque estoy
cierto que no son verdaderos, sino unos modelos o semejanzas de Lucifer y como tales no tienen poder alguno; sino que con sus sugestiones os tienen engañados. Y así bajo el supuesto de que está indemne de delito alguno, dejadlo y no le quitéis la vida.

Pero no bastaron estas razones para aplacar la furia de aquellos infames hombres, porque cuando Antonio había ya acabado de pronunciarlas, ya le tenían quitada la vida al niño Juan y cual perros rabiosos se volvieron contra aquel, y dándole crueles y exorbitantes golpes lo dejaron muerto en el mismo lugar donde estaba su compañero. Siendo de admirar, que aun en medio de tan inaudito Martirio, no se rindió el invencible ánimo de este Niño; sino que se mantuvo firme implorando el Santo
Nombre del Omnipotente y Sempiterno Dios.

Luego que anocheció determinaron aquellos alevosos hombres ir a arrojar los cuerpos de los Niños a una barranca muy profunda (en donde había cierta cantidad de agua) que estaba en el pueblo Tecali, como en efecto así lo ejecutaron, pensando que con este hecho quedaría sepultado en el olvido su delito, sin que lo llegara a saber persona alguna, por haberlo cometido
tan secretamente.

CAPITULO 6o.
De las diligencias que se practicaron para buscar a los niños y de cómo se tuvo la noticia de sus muertes y los homicidas pidieron el Santo Bautismo.

Cuidadosos los Religiosos de Santo Domingo de ver que Antonio no parecía determinaron solicitarlo, así por haberles hecho cargo el Padre Fray Martín de Valencia, de que lo cuidasen y mirasen con amor como por las circunstancias que en él concurrían de ser sangre noble nieto de un Señor distinguido de Tlaxcala nombrado Xicohténcatl para lo cual hicieron las más exactas diligencias valiéndose de un español, llamado Alvaro de Sandoval, que ejercía vara de justicia en el pueblo de Tepeyayac, a quien suplicaron se sirviese tomar las providencias convenientes, a fin de conseguir saber el paradero que había tenido este Niño.

En cumplimiento de la obligación, que por su empleo tenía Sandoval y del encargo que le hicieron los Padres, salió en solicitud de Antonio, practicando las más exquisitas diligencias para indagar con certidumbre cuál era el camino que había tomado y de hecho lo supo dirigiendo su marcha para él, y habiendo encontrado en una de sus barrancas el cuerpo del Niño que buscaba juntamente con el de su compañero, se regresó para el pueblo con el fin de darles aquella noticia a los expresados Padres.

Inmediatamente procedió a averiguar quiénes habían sido los agresores y luego que lo supo dio providencia, para que se aprehendieran sus personas, las que estando ya aprisionadas les preguntó ¿quién les había aconsejado, que ejecutaran los homicidios, que perpetraron en los citados Niños? Y les respondieron, que ninguno, confesando de plano ser ellos los cómplices de semejante delito conociendo que así por él, como por el pecado tan gravísimo que habían cometido eran dignos
de muerte; pero antes de que lo pagaran con sus vidas suplicaban se les diera el agua del Santo Bautismo.

Se debe creer piadosamente, que esta súplica la hicieron movidos del arrepentimiento, que tenían de haber ejecutado tan atroces homicidios, y considerando también, que si se accedía a ello, como era regular, lograrían conseguir la salvación de sus almas, por la cual pedirían a Dios estos Niños, mostrándose agradecidos de haberle ido a gozar por medio del Martirio, que habían recibido.

No fue otro motivo de la conversión de estos alevosos hombres, que haber visto la mansedumbre con que aquellos inocentes Niños sufrieron la muerte tan cruel, que les dieron sin más causa que querer destruirles sus falsos dioses (como así lo declararon) porque los homicidas nunca habían oído la Palabra Divina, ni de consiguiente guardando los preceptos de nuestra
verdadera Religión, como que eran unos perversos idólatras.

Mientras se estaba perfeccionando la sumaria contra los expresados reos, se trató de ir a sacar los cuerpos de los Niños del lugar donde estaban, como de facto así se hizo, conduciéndolos al pueblo de Tepeyacac y dándoles sepultura en una capilla donde se celebraba el Santo Sacrificio de la Misa, por no haber otra Iglesia en todo él.

La lamentable y lastimosa muerte de estos Niños fue muy sentida por los Religiosos Dominicos quienes la lloraron amargamente, multiplicándoseles la pena al considerar la que había de tener el Padre Fray Martín de Valencia, luego que llegara a sus oídos esta noticia tan infausta; pues se hacían el cargo de que le había de traspasar el corazón y sentir sobremanera a sus amados hijos por haberlos creado y educado enseñándolos con su doctrina y ejemplo.


CAPITULO 7o.
El sentimiento que le causó al Padre Fray Martín de Valencia la noticia que tuvo de la muerte de estos Niños, y de cómo se consolaba considerando haberla recibido por Jesucristo.

Luego que el expresado Padre Fray Martín de Valencia tuvo la noticia del fallecimiento de sus queridos hijos (a quienes había creado e instruido en los rudimentos de nuestra Santa Fe, como ya se ha dicho) se le partió el corazón de imponderable dolor
virtiendo copiosas lágrimas de sentimiento, así por lo mucho que los había amado, como por las lastimosas muertes, que sufrieron: haciendo una tierna recordación del día en que (con toda su voluntad y sin ser compelidos por persona alguna, previa la bendición, que les echó) se habían desprendido de él para ir a poner en ejecución sus saludables designios, teniendo presente que en aquel acto le manifestaron el gusto con que en cualquier evento estaban prontos a padecer el Martirio por Jesucristo; como lo habían sufrido San Pedro, San Pablo y San Bartolomé, creyendo, que si en ellos se llegaba a
verificar desde luego estaban ciertos de que Dios se los premiaría.

Todas estas consideraciones lo confundían sobremanera y no podía contener el llanto que le causaban, porque le penetraba el dolor lo más íntimo de su corazón. Mas en medio de tan imponderable congoja, sé consolaba teniendo presente otros ejemplos de Niños, que a semejanza de sus amados hijos habían dado sus vidas por Dios logrando con este hecho la dicha de conocerlo y de consiguiente la de haber muerto confesando su Santo Nombre. Y últimamente le servía de lenitivo a su pena el acordarse que la causa de haberles dado la muerte a estos Niños, no fue otra, que la de intentar querer destruir los ídolos o modelos de Lucifer, para de ese modo evitar las innumerables culpas, que se cometían contra Dios.


CAPITULO 8o.
De la pena capital que se les impuso a los agresores por los homicidios que ejecutaron en los referidos Niños.

Por la narración de lo que paso a demostrar en este capítulo veréis fieles cristianos el paradero tan infausto, que tuvieron los alevosos homicidas que les quitaron las vidas a los niños Antonio y Juan.

Para que así los Religiosos de Santo Domingo, como el Padre Fray Martín de Valencia, quedasen satisfechos del modo con que los agresores les habían dado muerte a estos Niños: se determinó que aquéllos fuesen traídos a Tlaxcala con el fin de que declararan la verdad y circunstancias del caso en presencia del dicho Padre, comisionándose para que los condujeran a algunos
indios, quienes en cumplimiento de lo que se les había ordenado pasaran por los reos al pueblo donde se hallaban.

Luego que el Señor de Cuauhtinchán y otros también principales supieron, que iban por los referidos agresores para llevarlos a Tlaxcala, se llenaron de gran temor considerando, que si acaso los descubrían serían castigados como cómplices en sus delitos. Y para evitar este daño, que les amenazaba se valieron de un español, que residía en el citado Pueblo, con el fin de que cuando pasaran por allí los delincuentes les diesen libertad, echándolos a huir y logrando por este medio el que no
llegasen a Tlaxcala, pues de lo contrario eran perdidos: Y para que hiciera mejor su encargo le dieron cierta cantidad
de oro y piedras de estimación, con cuya dádiva no dudaron del feliz éxito de su pretensión.

En efecto habiendo recibido el expresado español aquella suma de oro y piedras, partió de ellas con otro hombre (que a la sazón estaba en aquel lugar y era uno de los que cuidaban o guarnecían la ciudad de Tlaxcala) con el fin de que no revelara el secreto, que se le había comunicado. Hecho esto se salió inmediatamente aquél para el camino a esperar que llegasen los citados reos, para quitárselos a los sujetos que los venían custodiando; pero no consiguió su intento: porque como quiera, que ya los conductores tenían noticia de la traición, que se les estaba fraguando, luego que llegaron al lugar donde se
hallaba el español aguardaron a que éste les saliera de sorpresa, como así lo hizo y resistiendo su orgullo, estorbaron que pusiera en ejecución su designio, con lo cual quedó frustrado también el de aquellos Señores del expresado pueblo de Cuauhtinchán, reagravándoseles sus delitos, con haberse hecho público lo que tan secretamente habían acordado con el español.

A éste por la traición, que de acuerdo con aquéllos había intentado, se le impuso la pena de azotes que se le dieron públicamente, quitándosele todo el oro, que había percibido y quedando por consiguiente afrentado en recompensa de su delito.
Luego que en México se tuvo noticia de todo lo referido, se tomó por el respectivo Justicia, providencia, para que se le remitieran a los reos con la mira de darles el condigno castigo, que correspondía a sus delitos y en efecto habiendo llegado se determinó, que fueran ahorcados así los principales agresores que perpetraron los homicidios, como el Señor de Cuauhtinchán y sus compañeros por haber resultado de las diligencias con que se instruyó el Proceso, ser todos cómplices en las muertes, que se les dieron a estos Niños y especialmente el prenotado Señor, como que por su dirección se ejecutaron.

Termina el texto de Motolinía.

Esta historia, como llevo dicho, la escribió en castellano el Padre Fray Toribio Motolinía y yo Fray Juan Bautista la traduje al idioma mexicano, dividiéndola en distintos capítulos (con el fin de que no se mezclaran con la de el Martirio del Niño Cristóbal) arreglándola y poniéndola en método para que su lectura no fastidiara a los que se dedicaran a ella. Y vosotros los moradores de esta Nueva España alegraos de haber tenido unos bienaventurados Mártires, como lo fueron estos Niños, y con mayor razón los de esta Ciudad de Tlaxcala, que fue su principal cuna, os debéis regocijar al ver que ya se llegó el caso de que hubiera habido, quien diera, como se verificó, las vidas por Jesucristo.

Con esto ya no os imputarán los españoles, de que sois incrédulos, ni de que no os mantenéis firmes en la Fe; pues verán que en primicias de que en ella sois murallas inexpugnables, disteis a Dios los gloriosos y esclarecidos Mártires como fruto, que produjeron los árboles de sus amados padres. Su divina Majestad prospere vuestras vidas en las mayores felicidades, para
que a imitación de dichos Mártires las deis por su amor, con cuyo hecho será imponderable el premio que de su liberal mano recibiréis.

Sea eternamente alabada reverenciada la Augustísima Trinidad, Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
FIN

¿Quién era Fray Toribio de Benavente “Motolinía”?
Ramón Ezquerra/Jorge García Castillo, m.c.c.j./Fray Lino Gómez Canedo, o.f.m.

El franciscano fray Toribio de Benavente, conocido también como «Motolinía» por su vida sencilla y pobre, nació en Benavente (Zamora, España) a finales del siglo XV, y murió en México, después de haber desarrollado una inmensa labor evangelizadora. Fue uno de «los doce apóstoles de México».

Su apellido era Paredes; adoptó el de su villa natal en la Orden franciscana y el apodo de Motolinía, «el pobre», con que es más conocido en Nueva España, al oírse llamar así por los indios. Ingresó en la Orden a los diecisiete años, y, amigo de fray Martín de Valencia, le llevó éste a Méjico como predicador y confesor en el grupo de doce frailes que, para implantar definitivamente el cristianismo en Nueva España, partieron en 1524, siendo recibidos con suma reverencia por Hernán Cortés para impresionar a los indios con ella en contraste con la humildad de su aspecto. Quedó Motolinía, al parecer, de guardián del convento de la capital, y durante la expedición de Cortés a Honduras, junto con fray Martín de Valencia, sufrió las persecuciones del factor [oficial recaudador] Gonzalo de Salazar, por su defensa de los indios.

De 1527 a 1529 estuvo en Guatemala para estudiar la fundación de las misiones, llegando hasta Nicaragua, y desarrolló una amplia acción evangelizadora. Vuelto al convento de Huejotzingo, de nuevo hubo de amparar a los indios contra los atropellos de Nuño de Guzmán, incitando a los caciques a quejarse a fray Juan de Zumárraga, primer obispo de Méjico, atrayéndose una acusación de intentar la independencia de Nueva España, en forma de Estado indígena dirigido por los misioneros bajo la soberanía del rey de España y con exclusión de los colonos españoles. El cargo era falso, pero aconsejó Motolinía el gobierno del país por infantes españoles. Pasó, en 1530, al convento de Tlaxcala y contribuyó activamente a la fundación de la ciudad de Puebla de los Angeles (1531). Desenvolvió luego su acción misionera en Tehuantepec, con el padre Valencia; en Guatemala de nuevo (1534), en Yucatán, con fray Jacobo de Testera, y por tercera vez en Guatemala (1543), para organizar la custodia de este país y de Yucatán.

Surgida la cuestión de las Nuevas Leyes, se colocó Motolinía enfrente de los dominicos y de Las Casas, pues no obstante su amor a los indios, no compartía el optimismo ni los puntos de vista en exceso idealistas de aquél, ateniéndose a las realidades creadas. El ayuntamiento y los colonos de Guatemala le pidieron que volviera y los defendiera contra Las Casas, cuando renunció en 1545, pero se negó, como también rehusó un obispado que le ofreció Carlos V.

De 1548 a 1551 fue ministro provincial de su Orden. Se retiró de las labores misioneras, pero aún fundó varios conventos, de los que fue guardián; en 1555 escribió una célebre carta al emperador contra Las Casas en defensa de la Conquista, de los colonos y de la evangelización, y censurando sus inexactitudes y sus desaforados ataques a los españoles. Residió los últimos años de su vida en la capital, donde falleció en 1565, y no en 1569, como se ha supuesto.

Había consagrado toda su vida a los indios, a los que amó hondamente, los comprendió y defendió en el terreno de las realidades y de modo práctico, dejando fama de uno de los más celosos y piadosos misioneros de los primeros tiempos. Buen conocedor del idioma, costumbres y pasado indígena, le encomendó la Orden, en 1536, que escribiera el relato de las antigüedades mejicanas y la historia de la conversión, lo que efectuó Motolinía en los años siguientes; permaneció inédita la obra, conocida con el título convencional de Historia de los indios de la Nueva España, hasta que la publicó fragmentariamente lord Kingsborough, en 1848, y completa García Icazbalceta en la Colección de documentos para la Historia de México, en 1858. La precede una Epístola proemial al conde de Benavente, sobre la historia azteca.

En lenguaje castizo y con mucho escrúpulo crítico refiere Motolinía simultáneamente la historia de la conversión y las costumbres y modo de vivir, ritos y cultura de los indios, por lo que su obra es una de las fuentes más importantes para el conocimiento de la etnografía y del estado de la civilización de Méjico en la época de la conquista, haciendo patente el espíritu curioso y observador del autor. Si defiende la Conquista no deja de censurar duramente los abusos de los colonos, y expresa admiración por la naturaleza mejicana. Escribió también varias cartas, además de las citadas; Guerra de los indios o Historia de la Conquista, perdida, pero muy utilizada por Cervantes de Salazar; los Memoriales, eslabón entre la anterior y su Historia (publ. por L. García Pimentel, en 1903), entre los que se incluye una explicación del calendario azteca; algunos tratados espirituales perdidos y una doctrina cristiana en lengua mejicana, asimismo perdida, pero que se supone ser la impresa por Zumárraga en 1539 (cf. la ed. de la Historia por fray Daniel Sánchez García, Barcelona, 1914, y la trad. inglesa y estudio por Francis Borgia Steck, O.F.M., Washington, 1941).

Ramón Esquerra, Toribio Motolinía, en AA. VV., Diccionario de Historia de España. Madrid, Revista de Occidente, 1952, Tomo II, pp. 572-573.

La llegada de Los Doce

El 13 de mayo de 1524, después de más de tres meses de navegación, llegaron a las costas de Veracruz doce misioneros franciscanos que marcarían profundamente la evangelización de México: Martín de Valencia y Francisco de Soto, Martín de Jesús, Juan Suárez, Antonio de Ciudad Rodrigo, Toribio de Benavente, García de Cisneros, Luis de Fuensalida, Juan de Ribas, Francisco Jiménez, Andrés de Córdoba y Juan de Palos.

Con razón se los llama «los doce apóstoles de México», que se añadían a fray Pedro de Gante y sus dos compañeros, llegados en 1523.

Fieles a la tradición franciscana y, siguiendo el ejemplo de los primeros discípulos, no llevaban oro ni plata, ni dinero alguno en los bolsillos; ni alforjas, ni dos túnicas. Su objetivo no era ciertamente el de los conquistadores; ellos querían solamente cumplir el mandato de Jesús: «Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva a toda la creación».

A pie y descalzos recorrieron las setenta leguas castellanas que separaban a Veracruz de México-Tenochtitlan, donde Hernán Cortés los recibió con los honores debidos, pues ya tenía en su poder la cédula real despachada por Carlos V el 26 de junio de 1523.

El testimonio de pobreza de «los doce» llamó fuertemente la atención de los indígenas. Se distinguían de los conquistadores por su trato amable; vestían hábitos rotos y fabricados con burdo sayal, dormían en el piso cubiertos por pobres mantillos y comían los mismos alimentos que los naturales: tortillas con chile, capulines, tunas.

«Motolinía»: la pobreza como programa de vida

A la cabeza de «los doce» iba fray Martín de Valencia, una de las columnas de la Iglesia mexicana. No menos ilustre fue otro de «los doce», del cual nos ocupamos ahora: fray Toribio de Benavente, mejor conocido como «Motolinía», por su vida sencilla y austera.

Resulta difícil establecer la fecha de nacimiento de fray Toribio, pero se cree que nació entre 1482 y 1491, porque en sus «Memoriales», en 1531, dice haber pasado ya de los cuarenta años.

Él mismo describe su salida de España: «En el año del Señor de 1524, día de la conversión de san Pablo, que es a 25 de enero, el padre fray Martín de Valencia con once frailes sus compañeros, partieron de España para venir a esta tierra de Anáhuac, enviados por el reverendísimo señor fray Francisco de los Ángeles, entonces ministro general de la Orden de San Francisco. Vinieron con grandes gracias y perdones de nuestro Santo Padre, y con especial mandamiento de la Sacra Majestad del emperador nuestro señor, para la conversión de los indios naturales de esta tierra de Anáhuac, ahora llamada Nueva España» (Historia de los indios de la Nueva España, Trat. I, Cap. 1).

El 13 de mayo de 1524 llegó a San Juan de Ulúa la misión franciscana de «los doce», y a finales del mismo mes o principios de junio se dirigieron a la ciudad de México-Tenochtitlan. En una escala hecha en Tlaxcala, fray Toribio tomó el nombre de «Motolinía», al enterarse de su significado. Ese nombre sería su programa de vida: pobre habría de ser hasta el final de su existencia.

A principios de julio, y a pocos días de haber llegado a México, fray Martín de Valencia, el custodio de la misión, convocó y celebró el primer capítulo de la Custodia del Santo Evangelio de Nueva España. En aquella asamblea fray Martín fue confirmado en su cargo de custodio; también se tomó la decisión de repartir el territorio en cuatro monasterios: México, Texcoco, Tlaxcala y Huejotzingo.

Fray Toribio quedó en México como guardián del monasterio de la ciudad. Probablemente permaneció allí hasta 1527.

En agosto de 1524, fray Martín de Valencia convocó a una Junta eclesiástica para tratar el problema de la administración de los sacramentos. Motolinía pudo asistir a este importante acontecimiento eclesial que algunos historiadores (equivocadamente) llaman el «primer concilio mexicano».

Fraile andariego

Pero Motolinía no había venido para estar siempre en el mismo lugar. Su celo misionero lo puso en movimiento. Después del 19 de octubre de 1529 realizó su primer viaje a Guatemala y de allí a Nicaragua. Sin mencionar su nombre, cuenta su experiencia en la famosa carta dirigida a Carlos V: «Fraile ha habido en esta Nueva España que fue de México hasta Nicaragua, que son cuatrocientas leguas, que no se quedaron en todo el camino dos pueblos que no predicase y dijese misa y enseñase y bautizase a niños y adultos, pocos o muchos».

No hay que olvidar que, por aquel entonces, debido a la escasez de medios y a lo accidentado de la geografía mexicana, cada viaje era una aventura. «Los unos pueblos están en lo profundo de los valles -dice-, y por esto los frailes es menester que suban a las nubes, que por ser tan altos los montes, están siempre llenos de nubes, y otras veces tienen que bajar a los abismos, y como la tierra es en muchas partes llena de lodo y resbaladeros aparejados para caer, no pueden los pobres frailes hacer estos caminos sin padecer en ellos grandísimos trabajos y fatigas» (Historia, Trat. III, Cap. 10).

Nada ni nadie podía detener a aquel apóstol que, junto con los demás frailes, recorrió caminos, valles, cañadas, montañas, para «administrar los sacramentos y predicarles (a los indios) la palabra y Evangelio de Jesucristo, porque viendo la fe y necesidad con que lo demandan, ¿a qué trabajo no se pondrán por Dios y por las ánimas que Él crió a su imagen y semejanza, (y) redimió con su preciosa sangre, por los cuales Él mismo dice haber pasado días de dolor y de mucho trabajo?» (Historia, Trat. III, Cap. 10).

Mientras otros religiosos se perdían en discusiones teológicas, él se dedicaba en cuerpo y alma a un apostolado que consideraba oportuno: «Otro sacerdote y yo -afirma- bautizamos en cinco días por cuenta catorce mil y tantos, poniendo a todos óleo y crisma, que no nos fue pequeño trabajo».

Motolinía consideraba como su única recompensa la felicidad de los nuevos cristianos, quienes, «después de bautizados, es cosa de ver la alegría y regocijo con que llevan a sus hijuelos a cuestas, que parece que no caben en sí de placer».

Sin embargo, fray Toribio no se preocupaba sólo de ver crecer el número de los bautizados. No quería sólo cristianos «remojados», sino hombres y mujeres comprometidos en llevar adelante una vida digna. Por esta razón habla con tanto entusiasmo de la penitencia: «Comenzóse este sacramento en la Nueva España en el año de 1526, en la provincia de Tezcuco…, poco a poco han venido a se confesar bien y verdaderamente…, y esto no lo hacen una vez en el año, sino en las pascuas y fiestas principales y aun muchos hay que se sienten con algunos pecados se confiesan más a menudo, y por esta causa son muchos los que se vienen a confesar; mas como los confesores son pocos, andan los indios de un monasterio en otro buscando quién los confiese, y no tienen en nada irse a confesar quince o veinte leguas; y si en alguna parte hallan confesores, luego hacen senda como hormigas» (Historia, Trat. II, Cap. 5).

También señala que la práctica de la penitencia no era una simple cuestión devocional, pues comprometía a los indios en la fraternidad y la justicia. Los naturales, dice, «restituyen los esclavos que tenían antes que fuesen cristianos, y los casan, y ayudan, y dan con qué vivan; pero tampoco se sirven de estos indios como de sus esclavos con la servidumbre y trabajo que los españoles, porque los tienen casi como libres en sus estancias y heredades, adonde labran cierta parte para sus amos y parte para sí; y tienen sus casas, y mujeres, y hijos, de manera que no tienen tanta servidumbre que por ella se huyan y vayan de sus amos…, ahora como son cristianos apenas se vende indio» (Historia, Trat. II, Cap. 5).

Promoción humana

Hace más de cuatro siglos y medio, fray Toribio de Benavente ya había entendido la estrecha relación que existe entre evangelización y promoción humana, partiendo de una constatación: la inteligencia y la capacidad de los indios. «El que enseña a el hombre la ciencia -dice-, ese mismo probeyó y dio a estos indios naturales grande ingenio y habilidad para aprender todas las ciencias, artes y oficios que les han enseñado, porque con todos han salido en tan breve tiempo, que en viendo los oficios que en Castilla están muchos años en deprender, acá en sólo mirarlos y verlos hacer, han muchos quedado maestros. Tienen el entendimiento vivo, recogido y sosegado, no orgulloso ni derramado como en otras naciones» (Historia, Trat. III, Cap. 12).

Esto lo dice el fraile en un tiempo en que al indio se le juzgaba incapaz y se le trataba como animal de carga.

Esta convicción lo llevó a realizar obras tan importantes como la fundación de la ciudad de Puebla, cuya construcción se inició el 16 de abril de 1531. «Ese día -narra Motolinía- vinieron los que habían de ser los nuevos habitadores, y por mandato de la Audiencia Real fueron aquel día ayuntados muchos indios de las provincias y pueblos comarcanos, que todos vinieron de buena gana para dar ayuda a los cristianos, lo cual fue cosa muy de ver, porque los de un pueblo venían todos juntos por su camino con toda su gente, cargada de los materiales que eran menester, para luego hacer sus casas de paja» (Historia, Trat. III, Cap. 17).

Por esta razón, después de muchos años de esfuerzo en la promoción de los nativos, el misionero pudo decir con gran satisfacción: «Hay indios herreros y tejedores, y canteros, y carpinteros y entalladores… También hacen guantes y calzas de aguja de seda, y bonetillos, y también son bordadores razonables… Hacen también flautas muy buenas» (Historia, Trat. III, Cap. 13).

Controversia con Las Casas

Fray Toribio defendió a los indios contra la voracidad de los conquistadores. Sabía que existían desmanes, pero también estaba seguro de que Dios intervendría a favor de los pobres. «Hase visto por experiencia -dice- en muchos y muchas veces, los españoles que con estos indios han sido crueles, morir malas muertes y arrebatadas, tanto que se trae ya por refrán: “el que con los indios es cruel, Dios lo será con él”, y no quiero contar crueldades, aunque sé muchas, de ellas vistas y de ellas oídas» (Historia, Trat. II, Cap. 10).

Con ese mismo espíritu de justicia asumió la defensa de sus paisanos españoles contra las acusaciones de fray Bartolomé de Las Casas, el dominico a quien Motolinía calificó de importuno, bullicioso y pleitista en la famosa carta al emperador Carlos V, fechada el 2 de enero de 1555.

Resulta extraño que un misionero tan preocupado del destino de los indios justifique a un conquistador como Hernán Cortés, considerado por él como un modelo de civilizador y evangelizador de un pueblo donde «Dios nuestro Señor era muy ofendido, y los hombres padescían muy cruelísimas muertes, y el demonio nuestro adversario era muy servido con las mayores idolatrías y homecidios más crueles que jamás fueron».

Extraña también la actitud tan violenta como crítica hacia un hombre (fray Bartolomé de Las Casas) que defendió a los indios contra los abusos de los conquistadores. Las Casas puede haberse equivocado, pero no es verdad que haya sido un andariego, explotador de indios y mal pastor como afirma Motolinía en tono difamatorio: «Quisiera yo ver a Las Casas quince o veinte años perseverar en confesar cada día diez o doce indios enfermos llagados y otros tantos sanos, viejos, que nunca se confesaron, y entender en otras cosas muchas, espirituales, tocantes a los indios».

Parece que la preocupación de Motolinía (y la consecuente crítica a Las Casas) sea más bien de orden político. Le preocupa agradar al emperador y le preocupa aquel perturbador del orden público que «turba y destruye acá la gobernación y la república; y en esto paran sus celos».


Conclusión

Del padre Motolinía se ha dicho que fue un gran misionero, y en realidad lo fue: cuarenta y cinco años gastados por los indios de la Nueva España son muchos y fueron muy fecundos.

De este apóstol se ha dicho que, en relación a «los doce», «fue el que anduvo más tierra», con el único deseo de dar a conocer el Evangelio de Jesucristo tanto con la palabra como con el ejemplo de una vida pobre en extremo.

Por encima de sus errores, hay que reconocer el mérito de un hombre de Dios que participó de forma ejemplar en el nacimiento de una nueva nación, formada por la conjunción de dos razas y dos culturas: la nación mexicana.

Estamos de acuerdo con el juicio emitido por un escritor liberal, don Justo Sierra, quien, hablando de la misión de «los doce», dice que fue «un verdadero apostolado de fe, de humildad, de pobreza, de fervor de hombres en quienes había tornado al mundo el espíritu evangélico del fundador».

Jorge García Castillo, MCCJ, Fray Toribio de Benavente. «Motolinía»: pobre entre los pobres, en R. Ballán, Misioneros de la primera hora. Grandes evangelizadores del Nuevo Mundo. Lima 1991, pp. 83-90.


Otros datos importantes sobre Fray Toribio de Benavente

Fray Toribio Motolinía es el sexto en la lista de la «Obediencia» de «los doce apóstoles de México», si excluimos a fray José de la Coruña, que no llegó a México, y el último de los que figuran en dicho documento como «predicadores y confesores doctos». Probablemente era el más joven de los seis así calificados. Sahagún lo califica de «muy amigo de la santa pobreza, muy humilde y muy devoto, y competentemente letrado». Había nacido hacia 1490 en la villa condal de Benavente (actual provincia de Zamora, en España). Su padre llevaba el apellido de Paredes, y parece que tuvo alguna clase de relación con los poderosos condes de Benavente; quizá su familia estuvo al servicio de los mismos.

En México fue el primer guardián del convento de San Francisco (1524-1527), de donde pasó a Texcoco con el mismo cargo, y sucesivamente a Huejotzingo, Tlaxcala y otros. Apoyó vigorosamente al custodio fray Martín de Valencia en sus conflictos con los traidores tenientes de Cortés, y después hizo lo mismo con el obispo Zumárraga frente a la primera Audiencia. Era hombre enérgico, que no rehuía la lucha cuando la creía necesaria. Bajo la Segunda Audiencia fue uno de los principales promotores de la fundación de Puebla. En 1532-1533 formó parte del grupo de franciscanos que, con fray Martín de Valencia, pretendieron pasar a las regiones del Pacífico en busca de «muchas gentes que estaban por descubrir» y predicarles el Evangelio «sin que precediese conquista de armas», como él mismo escribe. De 1543 a 1545 misionó en Guatemala y otros países de Centroamérica, y envió también misioneros a Yucatán, siendo recomendado como su primer obispo. Ya con anterioridad había rechazado otro obispado.

De regreso en México fue elegido, primero, vicario provincial, y seguidamente provincial, cargo que desempeñó hasta 1551. Una real cédula de 28 de noviembre de 1548 le comisionó para recoger las copias del Confesionario de Las Casas que hallase en México, entre los franciscanos; cosa que realizó. Por el mismo tiempo, y en su calidad de provincial, fue a presidir el capítulo de la custodia de los Santos Apóstoles (Michoacán y Jalisco) en Uruapan, y en aquella ocasión estuvo también en Pátzcuaro, donde conoció la labor de don Vasco de Quiroga. Se ocupó asimismo de la construcción del convento de Puebla y de las iglesias de Huaquechula y Tula. Durante su período de provincial dirigió representaciones a la corona (15 de mayo y 10 de junio de 1550) sobre la moderación de los tributos de los indios y que no pagasen diezmos.

Solo, o en unión de otros frailes, continuó interviniendo en el problema de los diezmos de los indios. Los franciscanos se oponían a que los indios los pagasen, atendida su extrema pobreza y los excesivos tributos que ya cargaban sobre ellos. La lucha se agravó y complicó durante el episcopado de fray Alonso de Montúfar (1553-1572). Hasta finales de 1555, Motolinía estuvo en la primera línea de este combate.

El 20 de noviembre de dicho año suscribió en segundo lugar -después del provincial, fray Francisco de Bustamante- una importante carta al Consejo de Indias sobre la materia de los diezmos, el buen tratamiento de los indios y el problema candente de las relaciones de los frailes con los obispos y los clérigos. Es una vigorosa exposición de tales temas que revela la mano de los dos primeros firmantes: Bustamante y Motolinía. Es también el último documento que tenemos de nuestro fray Toribio: un completo silencio lo envuelve hasta su muerte, que se supone tuvo lugar en agosto de 1569; pero la fecha no es segura. A principios del mismo año (2 de enero) había dirigido a Carlos V la famosa carta en que refuta a Las Casas en cuestiones de Indias.

Motolinía es quizá la personalidad más brillante de los Doce. Misionero infatigable, catequizó y predicó en casi toda la Nueva España y gran parte de Centroamérica. Aprendió muy bien el náhuatl y puso gran empeño en conocer las culturas prehispánicas, lo mismo que las condiciones en que vivían los indios de su tiempo. Esto le permitió ayudarlos y defenderlos. Fue además hombre de pluma y nos dejo obras que todavía son fundamentales para el conocimiento de la historia y cultura indígenas, lo mismo que de los comienzos del período español. Tales son la Historia de los indios de la Nueva España y los Memoriales, ambos relacionados con otra obra hoy perdida, aunque no sea posible decir con precisión en qué medida y manera, puesto que dicha obra sólo es conocida a través de las citas que otros autores del siglo XVI hicieron de la misma.

Lino Gómez Canedo, Fray Toribio Motolinía, en Pioneros de la cruz en México. Madrid, BAC Popular 90, 1988, pp. 51-53.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: La Hermana Glenda en Celaya: Concierto de Alabanza

El próximo Domingo 12 de noviembre, se presentará en Celaya la Hermana Glenda, en un concierto de alabanza en las nuevas instalaciones de la Feria, a partir de las 15:00 horas, con una celebración litúrgica.

El evento, finalizará a las 17:00 horas y tiene como objetivo principal recaudar fondos para la construcción del templo parroquial de San Pedro y San Pablo, ubicado en la colonia San Juanico.

El donativo será de 150 pesos por persona y pueden adquirirse los boletos en la Notaría Parroquial, en horarios de oficina de las 10:00 a las 14:00 horas y de las 17:00 a las 20:00 horas de Lunes a Sábado. Pueden pedirse informes al teléfono (461) 60 90 059.

¿Quién es la Hermana Glenda?

Glenda Valesca Hernández Aguayo1 naci+o en Parral, Chile, el 5 de enero de 1971 y es una cantautora chilena con nacionalidad española, conocida como la Hermana Glenda. Lleva 25 años de vida consagrada, 17 años como religiosa y 8 años como virgen consagrada.

Se graduó como teóloga en la Pontificia Universidad Gregoriana y como psicóloga en la Universidad Pontificia de Salamanca. Su ciudad natal la declaró «Servidora ilustre» en el año 2003.​ Actualmente reside y trabaja en España, es conocida internacionalmente por su ámbito en la música cristiana católica.

1971–1988: Infancia e inicios en el catolicismo

Sus padres, Erasmo Hernández Troncoso y Graciela Aguayo Sobarzo, eran profesores. Fue la segunda de cuatro hermanos. Su madre la bautizó a los cuatro años de nacida, a escondidas del padre porque él no creía en la Iglesia. Estudió primaria en el Colegio de la Providencia y en el Colegio María Auxiliadora, ambos colegios católicos dirigidos por monjas.

 En 1985, Glenda, tuvo sus primeros acercamientos a la iglesia católica al cantar en la misa de la catedral de su ciudad; poco tiempo después de ganar una Biblia en un festival diocesano de música se fue a evangelizar a una cárcel para mujeres, teniendo solamente quince años.

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Un domingo, Glenda recibe una hoja dominical donde pudo observar varias direcciones, a las cuales les escribió y recibió varias respuestas, una entre ellas resultó una invitación para que pudiera cantar en un festival; en dicha celebración conoció a las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, quienes la llevaron a varias actividades religiosas.​ Es en 1988 cuando decide convertirse en monja, dejando a su novio y a su familia.


1989–2002: Formación y comienzos en la música

Permaneció en Chile tres años más donde realizó su postulado y noviciado.​ En 1991 se fue a Argentina donde trabajó como misionera cinco años ayudando a drogadictos, mujeres violadas y madres solteras que necesitaban de ayuda psicológica y económica.​ Luego, se trasladó a Tucumán; ahí hizo sus votos perpetuos​ y estudió filosofía por dos años.​ Poco después viajó a Roma para estudiar teología, sus estudios le llevaron alrededor de tres años;​ en su estadía en Italia firmó un contrato con Luis Alfredo Díaz para la compañía discográfica “Producciones La Raíz”.​

Su carrera musical empezó cuando publicó el álbum A solas con Dios en 1998. En el año 2000 fue enviada a España por su madre superiora para que comenzara sus estudios en psicología en la UPSAM y evangelizara, ya que según su abadesa, dicho país estaba «muy envejecido en materia de evangelización».​ En 2002 hizo su primera gira de evangelización, y participó en la XVII Jornada Mundial de la Juventud junto con el pontífice romano Juan Pablo II en Canadá.​

2003 – presente: Reconocimiento internacional

Un año más tarde desde que firmó el contrato lanzó el volumen uno y dos del disco Consolad a mi Pueblo.​ En 2004 ofreció un concierto en Chile que fue transmitido en el programa católico Iglesia Viva en un especial de música cristiana,​ y a finales de ese año lanzó al mercado su álbum A solas con María, presentado en una trilogía de una versión acústica, una instrumental y otra orquestada.

La Hna. Glenda deja su comunidad religiosa de las Hermanas de la Consolación y hace el cambio al “Ordo Virginum”. Se pone bajo la obediencia directa del Obispo de Terrassa en Barcelona, España. En 2008, se unió a la campaña “La Biblia es mi Guía”, proyecto que tiene la finalidad de aumentar la lectura de la Biblia en hogares estadounidenses​ y unos meses después grabó su disco Hermana Glenda Live en un concierto en República Dominicana ante más de 25 000 personas, junto con el lanzamiento de éste estuvieron los álbumes de estudio ¡Me amó y se entregó por mi! Orar con San Pablo y Orar con el corazón.​

En 2009 sacó ¿Quién podrá sanarme?: Orar con San Juan de la Cruz; en promoción del lanzamiento hizo una gira por México que estuvo entre octubre y noviembre ese año.​ El 18 de junio de 2011 estrenó su álbum El Señor es mi pastor, producto que tiene como tema principal el libro de los Salmos de David.​

Discografía

1998: A solas con Dios
2000: Tengo sed de Ti
Con nostalgia de ti
Para ti toda mi música
2003: Consolad a mi Pueblo – Volumen 1
Consolad a mi Pueblo – Volumen 2
2004: A solas con María – Pequeña Suite
A solas con María – Acústico
2008: Hermana Glenda Live – Grabado en un concierto en República Dominicana
¡Me amó y se entregó por mí! Orar con San Pablo
Orar con el corazón
2009: ¿Quién podrá sanarme? Orar con San Juan de la Cruz
Orar con María
2010: A solas con Dios – Instrumental
Nuevamente, a solas con Dios
2011: El Señor es mi pastor: Orar con los Salmos
2013: Alguien está orando por mi

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya PELÍCULA: Un Dios prohibido: Los 51 beatos mártires de Barbastro

Título original
Un Dios prohibido

Año
2013

Duración
133 min.

País
España

Director
Pablo Moreno

Guion
Juanjo Díaz Polo

Música
Sergio Cardoso

Fotografía
Rubén D. Ortega

Reparto
Elena Furiase,  Jacobo Muñoz,  Iñigo Etayo,  Jerónimo Salas,  Alex Larumbe, Luis Seguí,  Gabriel González,  Guido Balzaretti,  Ainhoa Aldanondo

Productora
Contracorriente Producciones

Género
Drama | Histórico. Guerra Civil Española. Religión. Años 30

Web oficial
http://www.undiosprohibido.com/ficha-resumen/

Sinopsis
Verano de 1936, inicios de la Guerra Civil española. La película narra el martirio de 51 miembros de la Comunidad Claretiana de Barbastro (Huesca), deteniéndose en el aspecto humano y religioso de las personas que participaron en este hecho histórico y resaltando la dimensión universal del triunfo del amor sobre la muerte.

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La historia

El martirio de los 51 Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María de Barbastro aconteció durante los días 2, 12, 13, 15 y 18 del mes de agosto de 1936. La comunidad claretiana de Barbastro (Huesca-España) estaba formada por 60 misioneros: 9 Padres, 12 Hermanos y 39 Estudiantes a punto de recibir la ordenación.

El lunes 20 de julio de 1936 la casa fue asaltada y registrada, infructuosamente, en busca de armas. Fueron arrestados todos sus miembros. El superior, P. Felipe de Jesús Munárriz, el formador de los Estudiantes, P. Juan Díaz, y el administrador, P. Leoncio Pérez, fueron llevados directamente a la cárcel municipal.

Los ancianos y enfermos fueron trasladados al Asilo o al Hospital. Los demás fueron conducidos al colegio de los Escolapios, en cuyo salón de actos quedaron encerrados hasta el día de su ejecución.

A lo largo de su breve estancia en la cárcel, los tres responsables de la comunidad claretiana fueron verdaderamente ejemplares. Sin ninguna clase de juicio, simplemente por su condición religiosa, fueron fusilados a la entrada del cementerio al alba del día 2 de agosto.

Los que permanecieron encarcelados en el salón de los Escolapios, desde el primer momento se prepararon para morir.

Durante los primeros días de cautiverio pudieron recibir la comunión clandestinamente. La Eucaristía fue, en aquellos trágicos momentos, el centro de su vida y el origen de su fortaleza.

Con la oración, el rezo del Oficio y del rosario fueron preparándose interiormente para la muerte. Hubieron de soportar muchas incomodidades físicas y morales.

Fueron atormentados con simulacros de fusilamiento. Les introdujeron prostitutas en el salón para provocarles. Varios recibieron distintas ofertas de liberación. Pero ni uno solo claudicó.

El reconocimiento de su heroicidad ante el martirio fue reconocido por todos desde el primer momento. Herederos del espíritu apostólico de san Antonio María Claret, se mantuvieron atentos a los desafíos misioneros de ese su tiempo: antes de ser encarcelados se habían mostrado sensibles a los más desfavorecidos de su época, los obreros, y se estaban preparando con ilusión y mirada universal para un ya próximo ministerio.

Fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II el 25 de octubre de 1992.

Carta de despedida a la Congregación

«Anteayer, día 11, murieron, con la generosidad con que mueren los mártires, 6 de nuestros hermanos; hoy, 13, han alcanzado la palma de la victoria 20, y mañana, 14, esperamos morir los 21 restantes. ¡Gloria a Dios! ¡Y qué nobles y heroicos se están portando tus hijos, Congregación querida!»

«Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por nuestros enemigos y por nuestro querido Instituto; cuando llega el momento de designar las víctimas hay en todos serenidad santa y ansia de oír el nombre para adelantar y ponernos en las filas de los elegidos; esperamos el momento con generosa impaciencia y, cuando ha llegado, hemos visto a unos besar los cordeles con que los ataban, y a otros dirigir palabras de perdón a la turba armada; cuando van en el camión hacia el cementerios, los oímos gritar ¡Viva Cristo Rey! Responde el populacho, rabioso, ¡Muera! ¡Muera!, pero nada los intimida.»

«¡Son tus hijos, Congregación querida, éstos que entre pistolas y fusiles se atreven a gritar serenos cuando van hacia el cementerio ¡Viva Cristo Rey! Mañana iremos los restantes y ya tenemos la consigna de aclamar, aunque suenen los disparos, al Corazón de nuestra Madre, a Cristo Rey, a la Iglesia Católica y a ti, madre común de todos nosotros. Me dicen mis compañeros que inicie yo los ¡vivas! y que ellos ya responderán.»

«Yo gritaré con toda la fuerza de mis pulmones, y en nuestros clamores entusiastas adivina tú, Congregación querida, el amor que te tenemos, pues te llevamos en nuestros recuerdos hasta estas regiones de dolor y de muerte.»

«Morimos todos contentos, sin que nadie sienta desmayos ni pesares; morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu desarrollo y expansión por todo el mundo. ¡Adiós, querida Congregación! Tus hijos, Mártires de Barbastro, te saludan desde la prisión y te ofrecen sus dolorosas angustias en holocausto expiatorio por nuestras deficiencias y en testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo.»

«Los Mártires de mañana, 14, recuerdan que mueren en vísperas de la Asunción; y ¡qué recuerdo éste! Morimos por llevar la sotana y morimos precisamente en el mismo día en que nos la impusieron.»

«Los Mártires de Barbastro, y, en nombre de todos, el último y más indigno, Faustino Pérez, C.M.F.»

«¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Corazón de María! ¡Viva la Congregación! Adiós, querido Instituto. Vamos al cielo a rogar por ti. ¡Adiós, adiós!»

Los nombres de los beatos mártires

Los Beatos Mártires Claretianos de Barbastro son los 51 misioneros claretianos martirizados y asesinados por milicianos anarquistas en el inicio de la Guerra Civil Española en la localidad oscense de Barbastro, España, y cuya festividad se celebra el día 13 de agosto cada año.

En la diócesis de Barbastro durante persecución religiosa durante la Guerra Civil Española, fue asesinado el 88% del clero, incluido su obispo.

Prisión

Estuvieron presos en el colegio de las Escuelas Pías de Barbastro junto con los benedictinos, los propios escolapios, Ceferino Giménez Malla otros laicos y el obispo de Barbastro, Florentino Asensio Barroso, que corrieron la misma suerte que ellos, de donde se fueron realizando a lo largo de los días diversas sacas para su ejecución.

Relación de Fallecidos: Asesinados el 2 de agosto de 1936

Beato Felipe de Jesús Munárriz Azcona, sacerdote, superior de la comunidad, de 61 años
Beato Juan Díaz Nosti, sacerdote, director espiritual, 56 años
Beato Leoncio Pérez Ramos, sacerdote, ecónomo, 60

Asesinados el 12 de agosto de 1936

Beato Sebastián Calvo Martínez, sacerdote, maestro 33
Beato Gregorio Chirivás Lacambra, hermano misionero 56
Beato Nicasio Sierra Ucar, sacerdote, maestro 45
Beato Pedro Cunill Padrós, sacerdote, maestro 33
Beato Venceslao Clarís Vilaregut, estudiante de teología 29
Beato José Pavón Bueno, sacerdote, maestro 27

Asesinados el 13 de agosto de 1936

Beato Secundino María Ortega García, sacerdote, profesor de teología 24
Beato Javier Luis Bandrés Jiménez, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato José Brengaret Pujol, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Manuel Buil Lalueza, clérigo profeso, estudiante de teología22
Beato Antonino Calvo Calvo, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Tomás Capdevila Miró, clérigo profeso, estudiante de teología 22
Beato Esteban Casadevall Puig, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Eusebio Codina Millá, clérigo profeso, estudiante de teología 21
Beato Juan Codinachs Tuneu, clérigo profeso, estudiante de teología 22
Beato Antonio María Dalmau Rosich, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Juan Echarre Vique, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Pedro García Bernal, clérigo profeso, estudiante de teología 25
Beato Hilario María Llorente Martín, clérigo profeso, estudiante de teología 25
Beato Alfonso Miquel Garriga, hermano misionero 22
Beato Raimundo Novich Rabionet, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato José María Ormo Seró, clérigo profeso, estudiante de teología 22
Beato Salvador Pigem Serra, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Teodoro Ruiz de Larrinaga García, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Juan Sánchez Munárriz, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Manuel Torras Sais, clérigo profeso, estudiante de teología 21

Asesinados el 15 de agosto de 1936

Beato Luis Masferrer Vila, sacerdote, maestro, 24
Beato José María Amorós Hernández, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato José María Badia Mateu, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Juan Baixeras Berenguer, clérigo profeso, estudiante de teología 22
Beato José María Blas Juan, clérigo profeso, estudiante de teología 24
Beato Rafael Briega Morales, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Francisco Castán Messeguer, hermano misionero 25
Beato Luis Escalé Binefa, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato José Figuero Beltrán, clérigo profeso, estudiante de teología 25
Beato Raimundo Illa Salvia, clérigo profeso, estudiante de teología 22
Beato Luis Lladó Teixidó, clérigo profeso, estudiante de teología 24
Beato Manuel Martínez Jarauta, religioso profeso, estudiante de teología 23
Beato Miguel Masip González, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Faustino Pérez García, clérigo profeso, estudiante de teología 25
Beato Sebastián Riera Coromina, clérigo profeso, estudiante de teología 22
Beato Eduardo Ripoll Diego, clérigo profeso, estudiante de teología 24
Beato José María Ros Florerisa, clérigo profeso, estudiante de teología 22
Beato Francisco María Roura Farró, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Alfonso Sorribes Teixidó, clérigo profeso, estudiante de teología 23
Beato Jesús Agustín Viela Ezcurdia, clérigo profeso, estudiante de teología 22

Asesinados el 18 de agosto de 1936

Beato Jacobo Falgarona Vilanova, clérigo profeso, estudiante de teología 24
Beato Atanasio Vidaurreta Labra, clérigo profeso, estudiante de teología 25


El mártir obispo de Barbastro: Beato Florentino Asensio Barroso

El beato Florentino Asensio Barroso (nacido en Villasexmir, 16 de octubre de 1877 – fallecido en Barbastro, 9 de agosto de 1936) fue un prelado español, consagrado obispo en 1936. Se desempeñó de forma efectiva como administrador apostólico de la diócesis de Barbastro durante unos pocos meses antes de ser torturado y ejecutado. Fue uno de los trece obispos asesinados durante la Guerra Civil Española, víctima de la persecución religiosa. Fue proclamado mártir por la Iglesia católica y beatificado por Juan Pablo II en 1997.

Vida: Primeros años y sacerdocio

Florentino Asensio Barroso nació el 16 de octubre de 1877 en Villasexmir (Valladolid), por entonces perteneciente a la diócesis de Palencia. Era hijo de Jacinto Asensio González, vendedor ambulante, y de Gabina Barroso Vásquez, quien atendía una tienda del poblado. El matrimonio tuvo nueve hijos. Florentino recibió el bautismo en la parroquia de la Asunción de Villasexmir el 24 de octubre de ese año, y la confirmación por Don Juan Lozano y Torreira, obispo de Palencia, el 6 de junio de 1878, en la misma iglesia.

Ingresó muy joven en el seminario de Valladolid. En la misma ciudad accedió al sub-diaconado y al diaconado el 22 de septiembre y el 22 de diciembre de 1900, respectivamente. Fue ordenado presbítero con tan solo 23 años, el 1 de junio de 1901.​

El 2 de agosto de 1901 fue nombrado coadjutor de la parroquia de Villaverde de Medina, en la cual permaneció durante un año y medio. Luego, fue trasladado a Valladolid, donde el arzobispo José María Cos y Macho le confió el 1 de marzo de 1905 su secretaría (capellanía) particular y archivo episcopal, y el 11 de octubre de ese año la mayordomía del palacio episcopal.

Sin abandonar estas funciones continuó sus estudios y obtuvo su doctorado en Teología en la Pontificia Universidad de Valladolid el 29 de agosto de 1906. El Consejo Académico lo propuso como profesor de Metafísica, trabajo que desarrolló durante el ciclo lectivo 1909-1910.

El 30 de abril de 1910 fue elegido canónigo de la Catedral. El 4 de febrero de 1915 fue designado director ejecutivo de los fondos de la Arquidiócesis y capellanías y el 3 de julio de 1918 fue promovido a una canonjía de gracia.

Su labor se multiplicó: fue el confesor del Seminario Conciliar de Valladolid y de las Hermanas Oblatas (1920-1935), del monasterio cisterciense de Las Huelgas (1923-1935) y del Hospital de Esgueva (1930- 1935). En 1925 fue nombrado párroco de la parroquia del capítulo metropolitano de Valladolid. Desde febrero 1932 hasta abril 1935 fue director del Apostolado de la Oración.

Obispo

Interior de la Catedral de Santa María de la Asunción de Barbastro, donde el obispo Florentino Asensio Barroso desarrolló su breve ministerio episcopal.

Su celo pastoral le dio fama, y en 1935 el Nuncio Apostólico Federico Tedeschini le comunicó que el papa Pío XI lo proponía a la dignidad episcopal con sede en Barbastro (Huesca). Fue designado obispo de Euroea in Epiro (Euroeensis in Epiro) y administrador apostólico de Barbastro el 11 de noviembre de 1935 y consagrado obispo en Valladolid el 26 de enero de 1936, siendo su consagrador principal el arzobispo Remigio Gandásegui y Gorrochátegui.

Tomó posesión de la sede de Barbastro como administrador apostólico el 8 de marzo de aquel año, entrando discretamente el día 15 para evitar disturbios anticatólicos.

Como comenta Montero Moreno (1999, op.cit.), su ministerio episcopal como administrador apostólico de Barbastro (una pequeña diócesis del norte de España), no solo fue muy breve (seis meses) sino signado por la violencia extrema.

Vio caer en primer término a su vicario general y asistió al arresto de casi todos sus sacerdotes. En esa pequeña diócesis de los Pirineos había a su llegada 131 sacerdotes, de los que 113 fueron asesinados, incluyendo 50 misioneros claretianos, algunos estudiantes de teología, un monasterio entero de 19 benedictinos,​ y 9 padres escolapios que tenían una casa en Peralta de la Sal y un colegio en el mismo Barbastro.

Su arresto, tortura y muerte

Capilla de San Carlos Borromeo, en la Catedral de Santa María de la Asunción de Barbastro. Allí se veneran las reliquias incorruptas del obispo Florentino Asensio Barroso.

Con la sublevación militar fue arrestado en la residencia episcopal, y encarcelado el 22 de julio de 1936. Al atardecer del día 8 de agosto, fue trasladado a una celda solita­ria de la cárcel del Ayuntamiento, en la misma plaza. En los interrogatorios a que fue sometido fue torturado repetidamente, sufriendo la amputación de la bolsa escrotal.​

En la madrugada del 9 de agosto de 1936 le llevaron, junto con otros doce detenidos, en un “camión de la muerte” al cementerio, donde fue fusilado. Murió al tiempo que bendecía y perdonaba a sus asesinos.

Su cadáver fue arrojando a una fosa común. Al terminar la guerra civil, se efectuó un proceso de identificación de los allí enterrados. Florentino Asensio Barroso fue fácilmente iden­tificado por las iniciales que marcaban su ropa interior. Su cuerpo fue hallado incorrupto.​ Sus restos fueron exhumados y depositados en la cripta ubicada bajo el presbiterio de la Catedral de Santa María de la Asunción de Barbastro.

Beatificación

Fue declarado mártir de la Iglesia católica y la ceremonia de su beatificación fue presidida por el papa Juan Pablo II el 4 de mayo de 1997.​ Su festividad se celebra el 9 de agosto. En ocasión de su beatificación, sus reliquias incorruptas fueron trasladadas a la capilla de San Carlos Borromeo en la misma Catedral, y depositadas en un sepulcro nuevo ubicado detrás del altar, donde actualmente se veneran.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya VIDEO: XXXVII Rosario Viviente, en Celaya: Sábado 21 de Octubre

El Rosario Viviente en Celaya, este 21 de octubre



Eugenio Amézquita Velasco

El Pbro. Gilberto Rico Gómez, anunció que el próximo 21 de octubre, a las 17:30 horas, se realizará la edición 37 del Rosario Viviente en Celaya, bajo el lema “La Misión en el Corazón de la Fe Cristiana”, en el estadio de béisbol “Ciro Soto Lara” de la Unidad  Deportiva Miguel Alemán Valdez de esta ciudad.

El sacerdote diocesano, quien además es el director del Instituto “Victorino Álvarez Tena” y rector del templo de la Piedad en esta ciudad, expresó que este evento devocional dará inicio con una procesión con la imagen peregrina de la Inmaculada Concepción de Celaya que arribará al estadio y se procederá, ante la presencia del Santísimo Sacramento, al rezo del Santo Rosario, en este mes de octubre que precisamente se dedica al Santo Rosario.

La entrada es gratuita y está hecha la invitación en general a todos los celayenses, tanto de la zona urbana y rural del municipio como a todos aquellos que son parte de la diócesis de Celaya.

Guía del XXXVII Rosario Viviente Celaya 2017

LA MISION EN EL CORAZON DE LA FE CRISTIANA

XXXVII  Rosario Viviente – Octubre de 2017

Diócesis de Celaya

CANTO PARA RECIBIR LA IMAGEN
HIMNO A LA FAMILIA

Señor toma mi vida nueva
antes de la espera desgaste años en mí.
Estoy dispuesto a lo que quieras
no importa lo que sea tu llámame a servir

Estribillo

Llévame donde los hombres
necesiten tus palabras
necesiten mi ganas de vivir
donde falte la esperanza
donde todo sea triste
simplemente por no saber vivir

Te doy mi corazón sincero para gritar sin miedo
lo hermoso que es tu amor.
Señor tengo alma misionera condúceme a la tierra
que tenga sed de Ti

Pbro. Gilberto Rico Gómez.

Estribillo

Llévame donde los hombres necesiten tu palabras
necesiten mis ganas de vivir donde falte la esperanza
donde todo sea triste simplemente por saber vivir

Así en marcha iré cantando por pueblos predicando
tu grandeza señor.
Tendré mis manos sin cansancio
tu historia entre mis labios, tu fuerza en la oración.

1er. MISTERIO: La Anunciación. (Lucas 1, 30-32, 38) 


“El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo (…). Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tú palabra

OREMOS POR ÁFRICA.
África, es identificada por el color verde representando sus verdes bosques y el color sagrado de los musulmanes.

INTENCIÓN: En este primer misterio, vamos a recordar al continente Africano con sus más de 500 millones de habitantes, donde la Fe en Cristo ha encontrado tierra fértil y productiva en frutos de santidad para la Iglesia universal.
PETICIÓN: Oremos a Dios Padre todo poderoso que envie obreros a su mies, para que de todas las naciones surjan vocaciones sacerdotales, religiosos y religiosas misioneros. De tal manera que podamos ver en ellos el rostro misericordioso del Padre. AMEN

REFLEXIÓN: LA MISION DE LA IGLESIA Y NUESTRA MISION
 Buscamos comprender mejor cuál es la misión de la Iglesia y cuál nuestra propia misión en la Iglesia. Comprender cómo realizarla en y desde la Iglesia. Como referencias, tomaremos lo que Jesús mismo nos ha dicho sobre la Iglesia y sobre nuestra misión; lo que la Iglesia misma ha dicho sobre su misión en el mundo; y lo que nosotros mismos sentimos respecto de nuestra propia misión. ( cf. misión y respuesta del apóstol: Mt 28, 19).
LA IGLESIA DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPIRITU SANTO La comunión trinitaria es la fuente, el motor, el fin de la vida y de la misión de la Iglesia. ·
Ella vive y obra en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; nos conduce al Padre por el Hijo en el Espíritu; da gloria al Padre por Cristo en el Espíritu. ·
Todo su ser y misión depende del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

LA IGLESIA DE JESUCRISTO
Jesucristo es: enviado – mediador; revelador – guía; Dios hecho hombre – salvador.
Él vive en la Iglesia, es su esposo, la hace crecer por el Espíritu Santo y a través de ella cumple su misión.
La Iglesia responde a la misión de Jesucristo mediante la “comunión y participación” en su plan de salvación.
La Iglesia ha sido convocada y congregada por Jesucristo, en el Espíritu, para el Padre.

LA MISIÓN DE LA IGLESIA: COMUNIÓN Y PARTICIPACIÓN
COMUNIÓN:
Llevar hacia el Padre, por Jesucristo, en el Espíritu Santo;
unir a los hombres con Dios, para vivir su vida, su amor y su verdad; transformarse y transformar en El (ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí…)

PARTICIPACIÓN:
Recibir la vida nueva y los demás dones de Dios
Unirse a su acción salvadora: dar lo recibido y ser signo e instrumento suyo.

2do. MISTERIO: La Visitación (de María a su prima Santa Isabel). (Lucas 1, 39-43)


“En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la  región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a visitarme?”

OREMOS POR EL CONTINENTE AMERICANO.
América es identificado por el color rojo que simboliza el color de los pieles rojas, sus primeros habitantes y la sangre derramada por los mártires.

INTENCIÓN: Recordamos especialmente en este segundo misterio a nuestro continente Americano, el “continente de la esperanza”, donde se tenemos el reto  de la misión continental, no podemos perder este tiempo de gracia. ¡Necesitamos un nuevo pentecostés! Necesitamos salir al encuentro de las personas, comunicarles y compartirles el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de sentido.
PETICIÓN: Oremos a Nuestro Señor Jesucristo fundador y cabeza de la Iglesia. Que nos permita ser obreros fieles, discípulos y misioneros entregados. Que sepamos compartir con alegría el mensaje de salvación en el mundo entero. Para que el mundo sea transformado en Cristo, por Cristo y para Cristo. AMEN

REFLEXIÓN
IGLESIA SACRAMENTO UNIVERSAL DE SALVACION
Iglesia – misterio: Signo e instrumento de Jesucristo. Signo de su presencia y de su acción salvadora:

Él vive en ella, ella es la primera que ha participado en la salvación y la que muestra la presencia y la obra del Salvador.
Instrumento de Jesucristo mediante el cual El sigue realizando su misión salvadora; Jesucristo realiza la voluntad del Padre, por el Espíritu Santo, mediante la Iglesia para el mundo entero.

IGLESIA – COMUNIÓN:

Ella vive la comunión con su Salvador y congrega a la humanidad para que entre en comunión con el Dios Salvador; ante todo con la vida y el testimonio, anuncia la vida nueva que se recibe en la comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Ella congrega en torno a Jesucristo para que se viva en “comunidades”, con un solo corazón y una sola alma.

La Iglesia da impulso a la evangelización se da a través de la vivencia concreta de “comunidades eclesiales vivas, dinámicas y misioneras”.

IGLESIA – MISIÓN: Iglesia “misionera”

Ella ha recibido la misión de ir a evangelizar y, así, está puesta para colaborar a Jesucristo en este servicio salvador al mundo entero; en el envío a los Apóstoles, fuimos enviados todos a evangelizar.

La misión de la Iglesia es universal: hacia todas las gentes, en todos los tiempos, hasta las raíces, para todos y con todo el poder de Dios.

3er. MISTERIO: El Nacimiento de Jesús. (Lucas 2, 6-11)


“Y sucedió que, mientras ellos estaban allí se cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca algunos pastores (…) se les presentó el Ángel del Señor, (…) y les dijo: no temáis, pues os anuncio una gran alegría, (…) os ha nacido (…) un salvador.”

OREMOS POR EL CONTINENTE EUROPEO.
Europa, es representada por el color blanco ya que en Europa se encuentra el Vaticano y representa la unidad de la Iglesia.

INTENCIÓN
Recordamos en este misterio la necesidad apremiante de la misión y todas las bendiciones y frutos que de ella brotan. Como la unidad, paz, la solidaridad, el respeto por la vida humana, el conocimiento y al amor a Dios. Para que nos veamos favorecidos por el trabajo generoso de hombres y mujeres de buena voluntad.

PETICIÓN
Oremos al Espíritu Santo para nos dé un nuevo pentecostés. Que nos capacite, guie y oriente en la misión. Que podamos anunciar la buena nueva con valentía y generosidad en todos los ambientes donde convivimos. Especialmente en nuestras familias para que sea ellas sean signo de unidad y presencia de Dios en medio del mundo. AMEN

REFLEXIÓN: LAS TAREAS QUE COMPRENDE ESTA MISION SON:
1. el anuncio de Jesucristo y su Evangelio.
2. la formación y maduración de comunidades eclesiales.
3. la promoción humana y la encarnación de los valores evangélicos.
NUESTRA MISION EN LA IGLESIA
Para la Iglesia y para cada uno es un derecho-deber de la Iglesia evangelizar.
Todos y cada uno estamos enviados a evangelizar, a todas las gentes y siempre. Estamos llamados a vivir la comunión y participación en diversos niveles eclesiales:
La Iglesia Particular (diócesis)
La parroquia

Las comunidades eclesiales locales: la familia, la comunidad eclesial de base, otras comunidades eclesiales.
Dentro de la misión única y universal de la Iglesia, todos y cada uno tenemos nuestra propia misión:
Dentro del cuerpo somos partes; dentro del pueblo de Dios somos miembros; dentro del Templo de Dios somos piedras vivas; dentro de la Familia Eclesial somos hijos; dentro de la Iglesia tenemos el derecho deber de evangelizar a todas las gentes.
Somos signo de la presencia y de la acción del Salvador.
Vivimos en comunidades eclesiales vivas, dinámicas y misioneras.
Somos instrumentos, misioneros, de Jesucristo para comunicar su verdad, amor y vida nueva.
Dentro de los diversos ministerios y servicios eclesiales, somos evangelizadores y animadores misioneros.
Estamos llamados a dar un especial impulso a la misión Ad gentes y a la nueva evangelización
Hemos de vivir y promover intensamente la comunión y participación en comunidades eclesiales vivas, dinámicas y misioneras. Nos comprometernos en la evangelización universal dando prioridad a la evangelización de los no cristianos, tanto de nuestro ambiente como del mundo entero.

 4º. MISTERIO: La Presentación del niño Jesús. (Lc 2, 22-25, 34-35)

“Llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor. (…) Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón que esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. (…)Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción- ¡y a ti misma una espada te traspasará el alma! a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.”

OREMOS POR EL CONTINENTE DE OCEANÍA.
Oceanía, es identificado por el color azul ya que representa a las innumerables islas esparcidas es el Océano Pacífico.

INTENCIÓN
Recordamos en estos misterios la finalidad de la mision.
“Su razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios debe, ante todo, animar la vocación misionera de los cristianos, fortaleciendo las raíces de su fe y despertando su responsabilidad para que todas las comunidades cristianas se pongan en estado de misión permanente Se trata de despertar en los cristianos la alegría y la fecundidad de ser discípulos de Jesucristo, celebrando con verdadero gozo el “estar-con-Él” y el “amar-como Él” para ser enviados a la misión.

PETICIÓN
Oremos a la Santísima Trinidad para que por la contemplación de su misterio de Unidad. Podamos trabajar como Iglesia comunión en la obra de salvación que nos ha sido confiada. De tal manera que se cumpla tu deseo de que todos seamos uno en Ti. AMEN

REFLEXIÓN: NUESTRA MISION EN EL MUNDO
“A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios”. (LG 31)
“Viven…, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social… Allí están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia profesión guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo.
Y así hagan manifiesto a Cristo ante los demás, primordialmente
mediante el testimonio de su vida.” (LG 31) Les corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales.
Ofrecer todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso… LG 34
Incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo. (1 P 2,)

En esta tarea resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado por un especial sacramento, a saber, la vida
matrimonial y familiar. LG 35
Obrando de este modo, impregnarán de valor moral la cultura y las realizaciones humanas.
“Igualmente coordinen los laicos sus fuerzas para sanear las estructuras y los ambientes del mundo cuando inciten al pecado, de manera que todas estas cosas sean conformes a las normas de la justicia y favorezcan la práctica de las virtudes” (LG 36)


5º. MISTERIO: El Niño Perdido y Hallado en el Templo. (Lc 2, 41-47) 

 “Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. (…) Subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres (…). Se volvieron a Jerusalén en su busca (…). Al cabo de tres días, le encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.”

OREMOS POR EL CONTINENTE ASIÁTICO.
Asia, es identificada por el amarillo, que simboliza la cuna de la civilización y la tierra del sol naciente.

INTENCIÓN
En este misterio queremos destacar la tarea del Espíritu Santo que nos precede en este camino misionero. Por eso confiamos que este testimonio de Buena Nueva constituya, a la vez, un impulso de renovación eclesial y de transformación de la sociedad.

PETICIÓN
Pidamos la poderosa intercesión de la santísima  Virgen María.
Madre de Dios y madre de la iglesia, ella que ha sido nuestro modelo y compañera en la misión nos libre de todos los peligros, nos proteja de todo mal, cubra con su manto todos los proyectos y obras dedicada a la misión. AMEN

REFLEXIÓN: LA ESPIRITUALIDAD MISIONERA

La “espiritualidad es el conjunto de caminos y medios propios para vivir según el Espíritu, o sea, para colaborar a la obra de santificación que el Espíritu se propone realizar en nosotros y en el mundo.

La espiritualidad cristiana:

⦁ Hace referencia a la obra del Espíritu Santo en nosotros.
⦁ Indica “caminar según el Espíritu” (Rom 8,4.9), bajo su acción renovadora.
⦁ Vivir una vida “espiritual”, en la cual conseguimos una renovación continúa.
⦁ Vivir el “estilo” de vida “cristiano”, como El, dejando que el Espíritu Santo nos configure progresivamente a Él.

LA ESPIRITUALIDAD MISIONERA ES:

⦁ Centrar y orientar la vida a la misión, en plena docilidad al Espíritu Santo.
⦁ Vivir la vida cristiana con su esencial dimensión misionera universal .
⦁ Vivir según el estilo “misionero” de Cristo, Buen Pastor.

Asumir la misión como fuente, camino y medio propio para la santificación personal y comunitaria. Nos santificamos en la misión y por la misión conseguimos las tres cosas que caracterizan la santidad cristiana (L.G. 40): unirnos más a Dios, perfeccionar nuestra caridad y tener una vida más “cristiana”.

Aparece claro, entonces, que la espiritualidad auténticamente cristiana es misionera. Ella es la base de nuestra comunión con Jesús y con las demás personas; es la fuente y motor de nuestro servicio misionero. Pensamos, sentimos, vivimos y servimos como misioneros, al estilo del Buen Pastor, bajo la guía del Espíritu Santo, que es el protagonista de la misión.

Así, pues, asuminos y vivimos nuestra espiritualidad misionera para ser santos, para producir frutos en nuestra vida personal y para tener la eficacia evangélica en nuestra misión.

Esta espiritualidad misionera tiene su fuente y su término en la Trinidad (dimensión Trinitaria), se vive en la comunidad eclesial ( dimensión eclesial) y encarna la Caridad pastoral en el servicio al hombre en la historia y en el mundo ( dimensión antropológica).

SALUTACIONES A LA SANTÍSIMA VIRGEN

LETANÍAS MISIONERAS
Señor, ten piedad de nosotros  … Señor, ten piedad de nosotros
Cristo, ten piedad de nosotros … Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros…Señor, ten piedad de nosotros

Cristo, óyenos … Cristo óyenos
Cristo, escúchanos … Cristo escúchanos
Dios, Padre, que quieres que todos los hombres se salven … Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo Redentor del mundo, que sufriste muerte de cruz por todos … Ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo que atraes a los hombres al conocimiento de la verdad … Ten piedad de nosotros

Santa María, Reina de las Misiones … Ruega por el mundo
San Pedro
San Francisco Xavier
Sta. Teresita del Niño Jesús

San Marcos … Ruega por África
San Agustín de Numidia
Venerable Carlos de Foucold
Santos Mártires de Uganda
Beata Clementina Anuarite

San Juan Diego .. Ruega por América
San Francisco Solano
Santa Rosa de Lima
San Martín de Porres
San Felipe de Jesús
Santo Toribio de Mogrovejo
San Pedro Claver
Beatos y Santos del Nuevo Mundo

San Bonifacio de Alemania … Ruega por Europa
San Agustín de Canterbury
San Patricio de Irlanda
San Remigio de Reims
San Leandro de Sevilla
San Christian Rey de Dinamarca
Beatos y Santos del Viejo Mundo

Padre Damián de Hancy … Ruega por Oceanía
San Pedro Chanel
Estrella del Mar
Beatos y Santos de las innumerables Islas
San Andrés … Ruega por Asia
Santo Tomás
San Juan de Brito
Beato Teófano Venerd
Beato Valentín Berreochoa
Santos Mártires de Corea
Beatos y Santos Mártires de China y Japón
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo … Perdónanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo … Escúchanos Señor
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo …
Ten misericordia de Nosotros

Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.


ORACIÓN POR LA CONSTRUCCIÓN DE NUESTRA IGLESIA CATEDRAL

Dios Padre de misericordia que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Y que enviaste a tu Hijo Jesucristo como perfecto mediador, para proclamar la salvación y el año de gracia a los pobres, y así realiza el misterio de nuestra redención en la cruz y naciera de su corazon abierto a la Iglesia.

Tú que enviaste al Espíritu Santo en Pentecostés a fin de que todos los hombres recibieran la filiación adoptiva y así formaran parte de ella. Y que no dejas de asistirla con los dones y carismas que necesita, escucha y atiende la plegaria de tu Iglesia que peregrina en Celaya.

Asístenos Padre en la extensión de tu mensaje de misericordia enmedio del mundo tan dividido por las discordias. Tu que has construido a tu Iglesia sobre la roca firme que es Cristo como sacramento universal de salvación, envíanos a tu Espíritu Santo para que nos ilumine, guíe y oriente en la construcción de nuestra Catedral.

Haz que este proyecto sea un medio para unir las voluntades de los hombres en la consecución de un fin común: la unidad. Que este proyecto nos una a través de la Fe, la Esperanza y la Caridad para seguir mostrando a los hombres tu rostro misericordioso, y así seguir anunciando el Evangelio. AMÉN

BENDICIÓN Y RESERVA DEL SANTÍSIMO

Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendito sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador.
Bendita sea la Incomparable Madre de Dios la Santísima Virgen María.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el Nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José su casto esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos. AMEN

OREMOS:
Oh Dios, que en este sacramento admirable, nos dejaste el memorial de Tú pasión;
Te pedimos nos concedas venerar de tal modo, los sagrados misterios de Tu Cuerpo y de Tu Sangre,  que experimentemos constantemente en nosotros  el fruto de Tu redención.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Canto: VEN CON NOSOTROS

Mientras recorres la vida
tú nunca solo estás,
contigo por el camino,
Santa María va.

VEN CON NOSOTROS A CAMINAR, SANTA MARÍA, VEN.

Aunque te digan algunos
que nada puede cambiar,
lucha por un mundo nuevo,
lucha por la verdad.

UBICACION DEL ESTADIO DE BEISBOL DE LA UNIDAD DEPORTIVA

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Historias de la Biblia – Capitulo III: El Arca de Noé

TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning – The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.

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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Historias de la Biblia – Capítulo II: Los hijos de Adán

TÍTULO ORIGINAL
Tezuka Osamu no Kyûyaku Seisho Monogatari (In The Beginning – The Bible Stories) (TV Series)

AÑO
1997

DURACIÓN
24 min.

PAÍS
Japón

DIRECTOR
Osamu Dezaki

GUIÓN
Idea: Osamu Tezuka

MÚSICA
Katsuhisa Hattori

FOTOGRAFÍA
Animacion

REPARTO
Animacion

PRODUCTORA
Tezuka Productions

WEB OFICIAL
http://en.tezuka.co.jp/anime/sakuhin/ts/ts022.html

GÉNERO
Serie de TV. Animación. Aventuras. Infantil | Religión. Biblia

SINOPSIS Serie de TV (1997). 26 episodios. La historia más grande jamás contada, ahora en dibujos animados. Producidos por los estudios de animación de Osamu Tezuka y realizados bajo el asesoramiento de El Vaticano, la serie consta de 26 capítulos de media hora de duración, dirigida al seno de la familia; Lista de episodios:

* En el Principio
* Los Hijos de Adán
* El Arca de Noé
* La Torre de Babel
* El Patriarca de Abraham
* Sodoma y Gomorra
* La Historia de Israel
* El Destino de Isaac
* Vendidos por sus Hermanos
* El Triunfo de José
* Moisés el Egipcio
* La Zarza Ardiente
* Moisés y el Faraón
* El Éxodo
* Las Tablas de la Ley
* El Becerro de Oro
* La Tierra Prometida
* Jericó
* Un Rey para Israel
* La Derrota de Saul
* La Estirpe de David
* El Reino de Salomón
* El Exilio de Israel
* Jerusalén, Jerusalén
* Profetas en el Desierto
* Una Estrella Brilla en Oriente.

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