Papa Francisco crea 20 nuevos cardenales y proclama 3 santas de Israel y Francia

VATICANO, 14 Feb. 15 (ACI/EWTN Noticias).- Día histórico para la Iglesia universal con la creación de 20 nuevos cardenales en la mañana del sábado en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano.

A las 11:00 a.m. (hora local) el Papa Francisco impuso el birrete rojo y entregó el anillo a los nuevos Cardenales, así como les asignó a cada uno de ellos un Título o Diaconía.

En la apertura del Consistorio, el Prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, hoy Cardenal Dominique Mamberti, dirigió al Pontífice un saludo en nombre de todos los nuevos purpurados.

El nuevo Cardenal, miembro de la Curia romana, comenzó enviando un saludo especial al Arzobispo emérito de Manizales (Colombia), Cardenal José de Jesús Pimiento Rodríguez, quién a causa de su avanzada edad pidió recibir la birreta en Colombia.

Dirigiéndose al Papa Francisco, Mamberti le dijo que “le estamos agradecidos por habernos elegido, de todas partes del mundo, para compartir de modo particular su ministerio, recordándonos que cada vocación eclesial es ante todo un servicio a los hermanos y a la misma Iglesia”.

El ya Cardenal aseguró que la elección “nos ha vuelto a invitar a seguirlo y a donar nuestra vida en el servicio ministerial”.

Formar parte del Colegio Cardenalicio “nos mete, de modo particular, en la historia y en la vida de la Iglesia de Roma, que -según la bella expresión de San Ignacio de Antioquía- reside en la caridad”, destacó.

“Estamos por tanto invitados a salir de nosotros mismos, de nuestros hábitos y comodidades, para servir a la misión de esta Iglesia, conscientes de que esto implica tener un horizonte más amplio”.

En la celebración se proclamó el conocido Himno a la Caridad de la Epístola de San Pablo a los Corintios. Después de la homilía, el Papa Francisco leyó la fórmula de creación y proclamó solemnemente los nombres de los nuevos Cardenales, anunciándoles el Orden presbiteral o diaconal.

A continuación, los nuevos cardenales hicieron profesión de fe de los nuevos Cardenales ante el pueblo de Dios y el juramento de fidelidad y obediencia al Papa Francisco y a sus sucesores.

Los nuevos cardenales se acercaron hasta el Santo Padre y se arrodillaron ante él para que les impusiera el birrete cardenalicio, les entregase el anillo y les asignara a cada uno una sede. El Papa intercambió con cada uno el abrazo de la paz.

Antes de concluir la celebración, se celebró un Consistorio Ordinario Público para la Canonización de tres beatos, dos de ellos de Israel y una de Francia.

Se trata de María de Jesús Crucificado, religiosa profesa de la Orden de las Carmelitas descalzas y María Alfonsina Danil Ghattas, religiosa fundadora de la Congregación de las Hermanas del Rosario de Jerusalén.

De Francia es la religiosa Giovanna Emilia de Villeneuve, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres.

Santa Casa de Ejercicios Espirituales de Jesús Nazareno: Calendario de Ejercicios 2015

El Pbro. Raúl Ramírez Montoya dio a conocer el calendario de Ejercicios Espirituales 2015 para este lugar, ubicado en la comunidad de Atotonilco, municipio de San Miguel de Allende y que precisamente celebrará en 2015 los 250 años de su fundación.

Para el mes de enero, el programa de ejercicios quedó de la siguiente manera:
Enero 4, teniendo como celador a Eleuterio, los ejerciicos serán para mujeres del rumbo sur.
Enero 11, Helidoro de Anda, como celador, ejercicios para hombres, rumbo Poniente.
Enero 18, Peregrinación a la Basílica, con todos los rumbos y para hombres y mujeres.
Enero 25, la Celaduría, para hombres y mujeres de todos los rumbos.

Para el mes de febrero, los ejercicios quedaron calendarizados de la siguiente manera:
Febrero 15, con el celador Miguel Hernández; ejerciiso para hombres del rumbo La Barca.
Febrero 18, Miércoles de ceniza.
Febrero 22, con el celador Guadalupe Bravo, ejercicios espirituales para hombres del rumbo Oriente.

Para el mes de marzo, quedó así:
Marzo 8, cone l celador Eleuterio, ejercicios para hombres del rumbo sur.
Marzo 15, celador Clemente Hernández, ejercicios para hombres, del rumbo norte.
Marzo 22, con Heliodoro de Anda, ejercicios para hombres, rumbo Poniente.
Marzo 29, con el Padre Apolinar Arellano, ejercicios para hombres, rumbo México.

En el mes de abril, la programación es:
Abril 12, Celadores Adoradores, hombres y mujeres
Abril 26, celador Clemente Hernández, para mujeres, rumbo norte.

En el mes de mayo, la programación es:
Mayo 3, Heliodoro de Anda como celador; ejercicios para mujeres, rumbo poniente.
Mayo 10, Rodolfo Ibarra, celador; ejercicios para mujeres, rumbo Querétaro.
Mayo 17, Padre Apolinar Arellano, como celador; ejercicios para mujeres, rumbo México.
Mayo 24, Celadores Eleuterio y Guadalupe, ejercicios para mujeres de los rumbos Sur y Oriente.
Mayo 30, Fiesta de Nuestra Madre Santísima de la Luz.
Mayo 31, Miguel Hernández, celador; ejercicios para mujeres, de rumbo La Barca.

En el mes de junio no se tienen programados ejercicios espirituales.

En el mes de Julio, la programación quedó de la siguiente manera:
Julio 2, Novenario de preparación.
Julio 11, Fiesta de los 250 años de la fundación de la casa.
Julio 12, Heliodoro de anda, celador; ejercicios para mujeres, rumbo Poniente.
Julio 19, Padre Apolinar Arellano, ejercicios para mujeres, rumbo México.
Julio 26, Guadalupe Bravo, celador; ejercicios para mujeres, rumbo Oriente.

En el mes de agosto, los ejercicios quedaron programados de la siguiente manera:
Agosto 2, Rodolfo, como celador; ejercicios para mujeres, rumbo Querétaro
Agosto 9, celador Eleuterio; ejercicios para mujeres, rumbo sur.

En el mes de Septiembre, la programación:
Septiembre 6, celador Clemente; ejercicios para hombres, rumbo norte.
Septiembre 27, Padre Apolinar Arellano; ejercicios para mujeres, rumbo México.

En el mes de octubre:
Octubre 4, celador Rodolfo, ejercicios para mujeres; rumbo Querétaro.
Octubre 11, celador Guadalupe Bravo, ejercicios para hombres; rumbo Oriente.
Octubre 25, celador Padre Apolinar Arellano, ejercicios para hombres, rumbo México.

En el mes de noviembre:
Noviembre 1, celador Clemente, ejercicios para mujeres; rumbo Norte.
Noviembre 8, celador Miguel Hernández, ejercicios para mujeres; rumbo La Barca.
Noviembre 15, celador Eleuterio, ejercicios para hombres; rumbo sur.
Noviembre 29, celador Guadalupe Bravo, ejercicios para mujeres; rumbo oriente.

En el mes de diciembre:
Diciembre 6, celador Rodolfo, ejercicios para hombres; rumbo Querétaro.

El director de la Casa de Ejercicios Espirituales de Jesús Nazareno, recordó que este sitio es un lugar de encuentro con Jesús Vivo y Resucitado.

Mayores informes a los teléfonos 01 (415) 185 20 50 y al 01 (415) 185 20 14 y en nuestra página web, indicó, http://www.casadeejerciciosatotonilco.blogspot.mx

El Papa a los nuevos cardenales: Que el pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad

Ciudad del Vaticano, 14 febrero 2015 (VIS).- Esta mañana, a las 11, se ha celebrado en la Basílica Vaticana el Consistorio ordinario público en el que el Santo Padre ha creado 20 nuevos cardenales, a los que ha impuesto la birreta, ha entregado el anillo y ha asignado el título o diaconía.

A la celebración ha asistido también el Papa emérito Benedicto XVI al que el Papa Francisco saludó entrando en la basílica y que también fue saludado en su discurso por el cardenal Dominique Mamberti, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, el primero entre los nuevos cardenales, que dirigió al Santo Padre, en nombre de todos los neo-purpurados unas palabras de gratitud. ”Entrar a formar parte del Colegio Cardenalicio-dijo- nos inserta de una forma particular en la historia y en la vida de la Iglesia de Roma que -según la hermosa expresión de San Ignacio de Antioquia- preside en la caridad. Estamos invitados, pues, a salir de nosotros mismos, de nuestras costumbres y comodidades, para servir a la mision de esta Iglesia, conscientes de que implica tener un horizonte más amplio”. En el acto no pudo participar el cardenal José de Jesús Pimiento Rodríguez que, a causa de su avanzada edad, no pudo desplazarse a Roma y recibirá la birreta en Colombia.

En la homilía que pronunció ante los nuevos cardenales, el Papa eligió como pauta el himno a la caridad de la primera carta de San Pablo a los Corintios y recordó a los cardenales que la caridad debe presidir siempre su ministerio.

”El cardenalato -dijo- ‘ciertamente es una dignidad, pero no una distinción honorífica. Ya el mismo nombre de ”cardenal”, que remite a la palabra latina ”cardo – quicio”, nos lleva a pensar, no en algo accesorio o decorativo, como una condecoración, sino en un perno, un punto de apoyo y un eje esencial para la vida de la comunidad. Sois ”quicios” y estáis incardinados en la Iglesia de Roma, que ”preside toda la comunidad de la caridad” .

En la Iglesia, ”toda presidencia proviene de la caridad, se desarrolla en la caridad y tiene como fin la caridad. La Iglesia que está en Roma tiene también en esto un papel ejemplar: al igual que ella preside en la caridad, toda Iglesia particular, en su ámbito, está llamada a presidir en la caridad. Por eso creo que el ”himno a la caridad”, de la primera carta de san Pablo a los Corintios, puede servir de pauta para esta celebración y para vuestro ministerio, especialmente para los que desde este momento entran a formar parte del Colegio Cardenalicio. Será bueno que todos, yo en primer lugar y vosotros conmigo, nos dejemos guiar por las palabras inspiradas del apóstol Pablo, en particular aquellas con las que describe las características de la caridad. Que María nuestra Madre nos ayude en esta escucha. Ella dio al mundo a Aquel que es ”el camino más excelente”: Jesús, caridad encarnada; que nos ayude a acoger esta Palabra y a seguir siempre este camino. Que nos ayude con su actitud humilde y tierna de madre, porque la caridad, don de Dios, crece donde hay humildad y ternura.

”En primer lugar -señaló el Santo Padre- san Pablo nos dice que la caridad es ”magnánima” y ”benevolente”. Cuanto más crece la responsabilidad en el servicio de la Iglesia, tanto más hay que ensanchar el corazón, dilatarlo según la medida del Corazón de Cristo. La magnanimidad es, en cierto sentido, sinónimo de catolicidad: es saber amar sin límites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos. Amar lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño; amar las cosas pequeñas en el horizonte de las grandes, porque ”non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo divinum est”. Saber amar con gestos de bondad. La benevolencia es la intención firme y constante de querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman.

”A continuación, el apóstol dice que la caridad ”no tiene envidia; no presume; no se engríe”. Esto es realmente un milagro de la caridad, porque los seres humanos –todos, y en todas las etapas de la vida– tendemos a la envidia y al orgullo a causa de nuestra naturaleza herida por el pecado. Tampoco las dignidades eclesiásticas están inmunes a esta tentación. Pero precisamente por eso, queridos hermanos, puede resaltar todavía más en nosotros la fuerza divina de la caridad, que transforma el corazón, de modo que ya no eres tú el que vive, sino que Cristo vive en ti. Y Jesús es todo amor”.

”Además, la caridad ”no es mal educada ni egoísta”. ”Estos dos rasgos -subrayó Francisco- revelan que quien vive en la caridad está des-centrado de sí mismo. El que está auto-centrado carece de respeto, y muchas veces ni siquiera lo advierte, porque el ”respeto” es la capacidad de tener en cuenta al otro, su dignidad, su condición, sus necesidades. El que está auto-centrado busca inevitablemente su propio interés, y cree que esto es normal, casi un deber. Este ”interés” puede estar cubierto de nobles apariencias, pero en el fondo se trata siempre de ”interés personal”. En cambio, la caridad te des-centra y te pone en el verdadero centro, que es sólo Cristo. Entonces sí, serás una persona respetuosa y preocupada por el bien de los demás”.

”La caridad, dice Pablo, ”no se irrita; no lleva cuentas del mal”. Al pastor que vive en contacto con la gente no le faltan ocasiones para enojarse. Y tal vez entre nosotros, hermanos sacerdotes, que tenemos menos disculpa, el peligro de enojarnos sea mayor. También de esto es la caridad, y sólo ella, la que nos libra. Nos libra del peligro de reaccionar impulsivamente, de decir y hacer cosas que no están bien; y sobre todo nos libra del peligro mortal de la ira acumulada, ”alimentada” dentro de ti, que te hace llevar cuentas del mal recibido. No. Esto no es aceptable en un hombre de Iglesia. Aunque es posible entender un enfado momentáneo que pasa rápido, no así el rencor. Que Dios nos proteja y libre de ello”.

”La caridad, añade el Apóstol, ”no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad”. El que está llamado al servicio de gobierno en la Iglesia debe tener un fuerte sentido de la justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia, ni siquiera la que podría ser beneficiosa para él o para la Iglesia. Al mismo tiempo, ”goza con la verdad”: ¡Qué hermosa es esta expresión! El hombre de Dios es aquel que está fascinado por la verdad y la encuentra plenamente en la Palabra y en la Carne de Jesucristo. Él es la fuente inagotable de nuestra alegría. Que el Pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad”.

Por último, la caridad ”disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites”. Aquí hay, en cuatro palabras, todo un programa de vida espiritual y pastoral. El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos permite vivir así, ser así: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados”.

”Queridos hermanos,todo esto no viene de nosotros, sino de Dios. Dios es amor y lleva a cabo todo esto si somos dóciles a la acción de su Santo Espíritu -afirmó al final de la homilía- Por tanto, así es como tenemos que ser: incardinados y dóciles. Cuanto más incardinados estamos en la Iglesia que está en Roma, más dóciles tenemos que ser al Espíritu, para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos. Incardinados en la Iglesia que preside en la caridad, dóciles al Espíritu Santo que derrama en nuestros corazones el amor de Dios.”

Terminada su alocución, el Papa ha pronunciado la fórmula de creación de los nuevos cardenales, sus nombres y el orden diaconal o presbiteral al que han sido asignados. Los nuevos cardenales han recitado el Credo y el juramento de fidelidad y obediencia al Papa y a sus sucesores. Seguidamente, han recibido la birreta cardenalicia y el anillo de manos del Papa, que les ha asignado también el título o la diaconía.

Al final del rito el cardenal Angelo Amato S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, se dirigió al Santo Padre para solicitar la inscripción en el Libro de los Santos de tres beatas. La primera, Jeanne-Emilie de Villeneuve nacida en Francia en 1811, Fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres para la educación de las niñas y muchachas pobres, para los enfermos y las misiones en tierras lejanas. Falleció en 1854 y fue beatificada por Benedicto XVI en 2009. La segunda, Marie-Alphonsine Danil Ghattas ( en el siglo Maryam Sultanah), nacida en Jerusalén en 1843 que desarrolló un intenso apostolado en favor de las jóvenes y las madres cristianas, y fundadora de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Rosario de Jerusalén.Falleció en 1927 y fue beatificada por Benedicto XVI en 2009. Por último María de Jesús Crucificado (en el siglo Maryam Baouardy),nacida en Abellín, cerca de Nazareth en 1846, religiosa profesa de la Orden de las Carmelitas Descalzas, fue enviada para la fundación de los nuevos Carmelos a la India y más tarde a Belén donde murió en 1878. Fue beatificada por Juan Pablo II en 1983.

En el curso del Consistorio, el Papa decretó que las tres, junto con la beata Maria Cristina de la Inmaculada Concepción (en el siglo Adelaide Brando), italiana (1856-1906) Fundadora de la Congregación de las Hermanas Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado, cuya canonización se decidió en el consistorio del 20 de octubre de 2014, sean canonizadas el domingo, 17 de mayo de 2015.

El Papa a los nuevos cardenales: Que el pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad

Ciudad del Vaticano, 14 febrero 2015 (VIS).- Esta mañana, a las 11, se ha celebrado en la Basílica Vaticana el Consistorio ordinario público en el que el Santo Padre ha creado 20 nuevos cardenales, a los que ha impuesto la birreta, ha entregado el anillo y ha asignado el título o diaconía.

A la celebración ha asistido también el Papa emérito Benedicto XVI al que el Papa Francisco saludó entrando en la basílica y que también fue saludado en su discurso por el cardenal Dominique Mamberti, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, el primero entre los nuevos cardenales, que dirigió al Santo Padre, en nombre de todos los neo-purpurados unas palabras de gratitud. ”Entrar a formar parte del Colegio Cardenalicio-dijo- nos inserta de una forma particular en la historia y en la vida de la Iglesia de Roma que -según la hermosa expresión de San Ignacio de Antioquia- preside en la caridad. Estamos invitados, pues, a salir de nosotros mismos, de nuestras costumbres y comodidades, para servir a la mision de esta Iglesia, conscientes de que implica tener un horizonte más amplio”. En el acto no pudo participar el cardenal José de Jesús Pimiento Rodríguez que, a causa de su avanzada edad, no pudo desplazarse a Roma y recibirá la birreta en Colombia.

En la homilía que pronunció ante los nuevos cardenales, el Papa eligió como pauta el himno a la caridad de la primera carta de San Pablo a los Corintios y recordó a los cardenales que la caridad debe presidir siempre su ministerio.

”El cardenalato -dijo- ‘ciertamente es una dignidad, pero no una distinción honorífica. Ya el mismo nombre de ”cardenal”, que remite a la palabra latina ”cardo – quicio”, nos lleva a pensar, no en algo accesorio o decorativo, como una condecoración, sino en un perno, un punto de apoyo y un eje esencial para la vida de la comunidad. Sois ”quicios” y estáis incardinados en la Iglesia de Roma, que ”preside toda la comunidad de la caridad” .

En la Iglesia, ”toda presidencia proviene de la caridad, se desarrolla en la caridad y tiene como fin la caridad. La Iglesia que está en Roma tiene también en esto un papel ejemplar: al igual que ella preside en la caridad, toda Iglesia particular, en su ámbito, está llamada a presidir en la caridad. Por eso creo que el ”himno a la caridad”, de la primera carta de san Pablo a los Corintios, puede servir de pauta para esta celebración y para vuestro ministerio, especialmente para los que desde este momento entran a formar parte del Colegio Cardenalicio. Será bueno que todos, yo en primer lugar y vosotros conmigo, nos dejemos guiar por las palabras inspiradas del apóstol Pablo, en particular aquellas con las que describe las características de la caridad. Que María nuestra Madre nos ayude en esta escucha. Ella dio al mundo a Aquel que es ”el camino más excelente”: Jesús, caridad encarnada; que nos ayude a acoger esta Palabra y a seguir siempre este camino. Que nos ayude con su actitud humilde y tierna de madre, porque la caridad, don de Dios, crece donde hay humildad y ternura.

”En primer lugar -señaló el Santo Padre- san Pablo nos dice que la caridad es ”magnánima” y ”benevolente”. Cuanto más crece la responsabilidad en el servicio de la Iglesia, tanto más hay que ensanchar el corazón, dilatarlo según la medida del Corazón de Cristo. La magnanimidad es, en cierto sentido, sinónimo de catolicidad: es saber amar sin límites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos. Amar lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño; amar las cosas pequeñas en el horizonte de las grandes, porque ”non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo divinum est”. Saber amar con gestos de bondad. La benevolencia es la intención firme y constante de querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman.

”A continuación, el apóstol dice que la caridad ”no tiene envidia; no presume; no se engríe”. Esto es realmente un milagro de la caridad, porque los seres humanos –todos, y en todas las etapas de la vida– tendemos a la envidia y al orgullo a causa de nuestra naturaleza herida por el pecado. Tampoco las dignidades eclesiásticas están inmunes a esta tentación. Pero precisamente por eso, queridos hermanos, puede resaltar todavía más en nosotros la fuerza divina de la caridad, que transforma el corazón, de modo que ya no eres tú el que vive, sino que Cristo vive en ti. Y Jesús es todo amor”.

”Además, la caridad ”no es mal educada ni egoísta”. ”Estos dos rasgos -subrayó Francisco- revelan que quien vive en la caridad está des-centrado de sí mismo. El que está auto-centrado carece de respeto, y muchas veces ni siquiera lo advierte, porque el ”respeto” es la capacidad de tener en cuenta al otro, su dignidad, su condición, sus necesidades. El que está auto-centrado busca inevitablemente su propio interés, y cree que esto es normal, casi un deber. Este ”interés” puede estar cubierto de nobles apariencias, pero en el fondo se trata siempre de ”interés personal”. En cambio, la caridad te des-centra y te pone en el verdadero centro, que es sólo Cristo. Entonces sí, serás una persona respetuosa y preocupada por el bien de los demás”.

”La caridad, dice Pablo, ”no se irrita; no lleva cuentas del mal”. Al pastor que vive en contacto con la gente no le faltan ocasiones para enojarse. Y tal vez entre nosotros, hermanos sacerdotes, que tenemos menos disculpa, el peligro de enojarnos sea mayor. También de esto es la caridad, y sólo ella, la que nos libra. Nos libra del peligro de reaccionar impulsivamente, de decir y hacer cosas que no están bien; y sobre todo nos libra del peligro mortal de la ira acumulada, ”alimentada” dentro de ti, que te hace llevar cuentas del mal recibido. No. Esto no es aceptable en un hombre de Iglesia. Aunque es posible entender un enfado momentáneo que pasa rápido, no así el rencor. Que Dios nos proteja y libre de ello”.

”La caridad, añade el Apóstol, ”no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad”. El que está llamado al servicio de gobierno en la Iglesia debe tener un fuerte sentido de la justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia, ni siquiera la que podría ser beneficiosa para él o para la Iglesia. Al mismo tiempo, ”goza con la verdad”: ¡Qué hermosa es esta expresión! El hombre de Dios es aquel que está fascinado por la verdad y la encuentra plenamente en la Palabra y en la Carne de Jesucristo. Él es la fuente inagotable de nuestra alegría. Que el Pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad”.

Por último, la caridad ”disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites”. Aquí hay, en cuatro palabras, todo un programa de vida espiritual y pastoral. El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos permite vivir así, ser así: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados”.

”Queridos hermanos,todo esto no viene de nosotros, sino de Dios. Dios es amor y lleva a cabo todo esto si somos dóciles a la acción de su Santo Espíritu -afirmó al final de la homilía- Por tanto, así es como tenemos que ser: incardinados y dóciles. Cuanto más incardinados estamos en la Iglesia que está en Roma, más dóciles tenemos que ser al Espíritu, para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos. Incardinados en la Iglesia que preside en la caridad, dóciles al Espíritu Santo que derrama en nuestros corazones el amor de Dios.”

Terminada su alocución, el Papa ha pronunciado la fórmula de creación de los nuevos cardenales, sus nombres y el orden diaconal o presbiteral al que han sido asignados. Los nuevos cardenales han recitado el Credo y el juramento de fidelidad y obediencia al Papa y a sus sucesores. Seguidamente, han recibido la birreta cardenalicia y el anillo de manos del Papa, que les ha asignado también el título o la diaconía.

Al final del rito el cardenal Angelo Amato S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, se dirigió al Santo Padre para solicitar la inscripción en el Libro de los Santos de tres beatas. La primera, Jeanne-Emilie de Villeneuve nacida en Francia en 1811, Fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres para la educación de las niñas y muchachas pobres, para los enfermos y las misiones en tierras lejanas. Falleció en 1854 y fue beatificada por Benedicto XVI en 2009. La segunda, Marie-Alphonsine Danil Ghattas ( en el siglo Maryam Sultanah), nacida en Jerusalén en 1843 que desarrolló un intenso apostolado en favor de las jóvenes y las madres cristianas, y fundadora de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Rosario de Jerusalén.Falleció en 1927 y fue beatificada por Benedicto XVI en 2009. Por último María de Jesús Crucificado (en el siglo Maryam Baouardy),nacida en Abellín, cerca de Nazareth en 1846, religiosa profesa de la Orden de las Carmelitas Descalzas, fue enviada para la fundación de los nuevos Carmelos a la India y más tarde a Belén donde murió en 1878. Fue beatificada por Juan Pablo II en 1983.

En el curso del Consistorio, el Papa decretó que las tres, junto con la beata Maria Cristina de la Inmaculada Concepción (en el siglo Adelaide Brando), italiana (1856-1906) Fundadora de la Congregación de las Hermanas Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado, cuya canonización se decidió en el consistorio del 20 de octubre de 2014, sean canonizadas el domingo, 17 de mayo de 2015.

El Papa a los nuevos cardenales: Que el pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad

Ciudad del Vaticano, 14 febrero 2015 (VIS).- Esta mañana, a las 11, se ha celebrado en la Basílica Vaticana el Consistorio ordinario público en el que el Santo Padre ha creado 20 nuevos cardenales, a los que ha impuesto la birreta, ha entregado el anillo y ha asignado el título o diaconía.
A la celebración ha asistido también el Papa emérito Benedicto XVI al que el Papa Francisco saludó entrando en la basílica y que también fue saludado en su discurso por el cardenal Dominique Mamberti, Prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, el primero entre los nuevos cardenales, que dirigió al Santo Padre, en nombre de todos los neo-purpurados unas palabras de gratitud. ”Entrar a formar parte del Colegio Cardenalicio-dijo- nos inserta de una forma particular en la historia y en la vida de la Iglesia de Roma que -según la hermosa expresión de San Ignacio de Antioquia- preside en la caridad. Estamos invitados, pues, a salir de nosotros mismos, de nuestras costumbres y comodidades, para servir a la mision de esta Iglesia, conscientes de que implica tener un horizonte más amplio”. En el acto no pudo participar el cardenal José de Jesús Pimiento Rodríguez que, a causa de su avanzada edad, no pudo desplazarse a Roma y recibirá la birreta en Colombia.
En la homilía que pronunció ante los nuevos cardenales, el Papa eligió como pauta el himno a la caridad de la primera carta de San Pablo a los Corintios y recordó a los cardenales que la caridad debe presidir siempre su ministerio.
”El cardenalato -dijo- ‘ciertamente es una dignidad, pero no una distinción honorífica. Ya el mismo nombre de ”cardenal”, que remite a la palabra latina ”cardo – quicio”, nos lleva a pensar, no en algo accesorio o decorativo, como una condecoración, sino en un perno, un punto de apoyo y un eje esencial para la vida de la comunidad. Sois ”quicios” y estáis incardinados en la Iglesia de Roma, que ”preside toda la comunidad de la caridad” .
En la Iglesia, ”toda presidencia proviene de la caridad, se desarrolla en la caridad y tiene como fin la caridad. La Iglesia que está en Roma tiene también en esto un papel ejemplar: al igual que ella preside en la caridad, toda Iglesia particular, en su ámbito, está llamada a presidir en la caridad. Por eso creo que el ”himno a la caridad”, de la primera carta de san Pablo a los Corintios, puede servir de pauta para esta celebración y para vuestro ministerio, especialmente para los que desde este momento entran a formar parte del Colegio Cardenalicio. Será bueno que todos, yo en primer lugar y vosotros conmigo, nos dejemos guiar por las palabras inspiradas del apóstol Pablo, en particular aquellas con las que describe las características de la caridad. Que María nuestra Madre nos ayude en esta escucha. Ella dio al mundo a Aquel que es ”el camino más excelente”: Jesús, caridad encarnada; que nos ayude a acoger esta Palabra y a seguir siempre este camino. Que nos ayude con su actitud humilde y tierna de madre, porque la caridad, don de Dios, crece donde hay humildad y ternura.
”En primer lugar -señaló el Santo Padre- san Pablo nos dice que la caridad es ”magnánima” y ”benevolente”. Cuanto más crece la responsabilidad en el servicio de la Iglesia, tanto más hay que ensanchar el corazón, dilatarlo según la medida del Corazón de Cristo. La magnanimidad es, en cierto sentido, sinónimo de catolicidad: es saber amar sin límites, pero al mismo tiempo con fidelidad a las situaciones particulares y con gestos concretos. Amar lo que es grande, sin descuidar lo que es pequeño; amar las cosas pequeñas en el horizonte de las grandes, porque ”non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo divinum est”. Saber amar con gestos de bondad. La benevolencia es la intención firme y constante de querer el bien, siempre y para todos, incluso para los que no nos aman.
”A continuación, el apóstol dice que la caridad ”no tiene envidia; no presume; no se engríe”. Esto es realmente un milagro de la caridad, porque los seres humanos –todos, y en todas las etapas de la vida– tendemos a la envidia y al orgullo a causa de nuestra naturaleza herida por el pecado. Tampoco las dignidades eclesiásticas están inmunes a esta tentación. Pero precisamente por eso, queridos hermanos, puede resaltar todavía más en nosotros la fuerza divina de la caridad, que transforma el corazón, de modo que ya no eres tú el que vive, sino que Cristo vive en ti. Y Jesús es todo amor”.
”Además, la caridad ”no es mal educada ni egoísta”. ”Estos dos rasgos -subrayó Francisco- revelan que quien vive en la caridad está des-centrado de sí mismo. El que está auto-centrado carece de respeto, y muchas veces ni siquiera lo advierte, porque el ”respeto” es la capacidad de tener en cuenta al otro, su dignidad, su condición, sus necesidades. El que está auto-centrado busca inevitablemente su propio interés, y cree que esto es normal, casi un deber. Este ”interés” puede estar cubierto de nobles apariencias, pero en el fondo se trata siempre de ”interés personal”. En cambio, la caridad te des-centra y te pone en el verdadero centro, que es sólo Cristo. Entonces sí, serás una persona respetuosa y preocupada por el bien de los demás”.
”La caridad, dice Pablo, ”no se irrita; no lleva cuentas del mal”. Al pastor que vive en contacto con la gente no le faltan ocasiones para enojarse. Y tal vez entre nosotros, hermanos sacerdotes, que tenemos menos disculpa, el peligro de enojarnos sea mayor. También de esto es la caridad, y sólo ella, la que nos libra. Nos libra del peligro de reaccionar impulsivamente, de decir y hacer cosas que no están bien; y sobre todo nos libra del peligro mortal de la ira acumulada, ”alimentada” dentro de ti, que te hace llevar cuentas del mal recibido. No. Esto no es aceptable en un hombre de Iglesia. Aunque es posible entender un enfado momentáneo que pasa rápido, no así el rencor. Que Dios nos proteja y libre de ello”.
”La caridad, añade el Apóstol, ”no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad”. El que está llamado al servicio de gobierno en la Iglesia debe tener un fuerte sentido de la justicia, de modo que no acepte ninguna injusticia, ni siquiera la que podría ser beneficiosa para él o para la Iglesia. Al mismo tiempo, ”goza con la verdad”: ¡Qué hermosa es esta expresión! El hombre de Dios es aquel que está fascinado por la verdad y la encuentra plenamente en la Palabra y en la Carne de Jesucristo. Él es la fuente inagotable de nuestra alegría. Que el Pueblo de Dios vea siempre en nosotros la firme denuncia de la injusticia y el servicio alegre de la verdad”.
Por último, la caridad ”disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites”. Aquí hay, en cuatro palabras, todo un programa de vida espiritual y pastoral. El amor de Cristo, derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, nos permite vivir así, ser así: personas capaces de perdonar siempre; de dar siempre confianza, porque estamos llenos de fe en Dios; capaces de infundir siempre esperanza, porque estamos llenos de esperanza en Dios; personas que saben soportar con paciencia toda situación y a todo hermano y hermana, en unión con Jesús, que llevó con amor el peso de todos nuestros pecados”.
”Queridos hermanos,todo esto no viene de nosotros, sino de Dios. Dios es amor y lleva a cabo todo esto si somos dóciles a la acción de su Santo Espíritu -afirmó al final de la homilía- Por tanto, así es como tenemos que ser: incardinados y dóciles. Cuanto más incardinados estamos en la Iglesia que está en Roma, más dóciles tenemos que ser al Espíritu, para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos. Incardinados en la Iglesia que preside en la caridad, dóciles al Espíritu Santo que derrama en nuestros corazones el amor de Dios.”
Terminada su alocución, el Papa ha pronunciado la fórmula de creación de los nuevos cardenales, sus nombres y el orden diaconal o presbiteral al que han sido asignados. Los nuevos cardenales han recitado el Credo y el juramento de fidelidad y obediencia al Papa y a sus sucesores. Seguidamente, han recibido la birreta cardenalicia y el anillo de manos del Papa, que les ha asignado también el título o la diaconía.
Al final del rito el cardenal Angelo Amato S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, se dirigió al Santo Padre para solicitar la inscripción en el Libro de los Santos de tres beatas. La primera, Jeanne-Emilie de Villeneuve nacida en Francia en 1811, Fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres para la educación de las niñas y muchachas pobres, para los enfermos y las misiones en tierras lejanas. Falleció en 1854 y fue beatificada por Benedicto XVI en 2009. La segunda, Marie-Alphonsine Danil Ghattas ( en el siglo Maryam Sultanah), nacida en Jerusalén en 1843 que desarrolló un intenso apostolado en favor de las jóvenes y las madres cristianas, y fundadora de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Rosario de Jerusalén.Falleció en 1927 y fue beatificada por Benedicto XVI en 2009. Por último María de Jesús Crucificado (en el siglo Maryam Baouardy),nacida en Abellín, cerca de Nazareth en 1846, religiosa profesa de la Orden de las Carmelitas Descalzas, fue enviada para la fundación de los nuevos Carmelos a la India y más tarde a Belén donde murió en 1878. Fue beatificada por Juan Pablo II en 1983.

En el curso del Consistorio, el Papa decretó que las tres, junto con la beata Maria Cristina de la Inmaculada Concepción (en el siglo Adelaide Brando), italiana (1856-1906) Fundadora de la Congregación de las Hermanas Víctimas Expiadoras de Jesús Sacramentado, cuya canonización se decidió en el consistorio del 20 de octubre de 2014, sean canonizadas el domingo, 17 de mayo de 2015.

Evangelización y Formación Cristiana Católica

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