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Francisco en Sta. Marta: rezar cada día, haciendo memoria

Este martes, el Santo Padre invita a orar teniendo presente todo lo que Dios ha hecho por nosotros en el camino de la vida. Nuestra historia es la historia de su amor por nosotros

Ciudad del Vaticano, 07 de octubre de 2014 (Zenit.org) Redacción | 28 hits

El papa Francisco, en la homilía de esta mañana de Santa Marta, ha invitado a que cuando recemos no olvidemos nuestra historia. Porque ha recordado que el Señor está a nuestro lado, en el camino de la vida. Y ha invitado a los fieles a no dejarse distraer de las muchas cosas de la jornada, olvidándonos de rezar.

El Señor “ha elegido a su pueblo y lo ha acompañado durante el camino en el desierto, durante toda la vida”, ha explicado. Así, se ha detenido en la primera Lectura en la que San Pablo hace memoria de su vida, sin esconder sus pecados. El Papa ha afirmado que lo que “Dios ha hecho con su pueblo lo ha hecho y lo hace con cada uno de nosotros”. A propósito, se ha preguntado, “nosotros hemos sido elegidos: ¿por qué yo soy cristiano y no ese de allí, lejano, que nunca ha escuchado hablar de Jesucristo?”. Porque “es una gracia”, “una gracia de amor”, ha respondido.

Por tanto, ha proseguido el Pontífice, “hacer memoria de esta realidad, pero en su concreción, es lo que hace Pablo” que confiesa haber perseguido ferozmente a la Iglesia y no dice: “Yo soy bueno, soy hijo de este, tengo una cierta nobleza…”. No, Pablo dice: “Yo he sido un perseguidor, yo he sido malo”. El Papa ha indicado que “Pablo hace memoria de su camino, y así comienza a hacer memoria desde el inicio”.

Y lo ha explicado así: “Esta costumbre de hacer memoria en nuestra vida no es muy común entre nosotros. Olvidamos las cosas, vivimos en el momento y después olvidamos la historia. Y cada uno de nosotros tiene una historia: una historia de gracia, una historia de pecado, una historia de camino, muchas cosas… Y hace bien rezar con nuestra historia. Lo hace Pablo, que cuenta un fragmento de su historia pero en general dice: “¡Él me ha elegido! ¡Él me ha llamado! ¡Él me ha salvado! Él ha sido mi compañero de camino…'”.

De este modo, Francisco ha explicado que “hacer memoria sobre la propia vida es dar gloria a Dios. Hacer memoria de nuestros pecados, de los que el Señor nos ha salvado, es dar gloria a Dios”. Por esto “Pablo dice que él presume solo de dos cosas: de los propios pecados y de la gracia de Dios crucificado, de su gracia”. Asimismo ha indiciado que Pablo “hacía memoria de sus pecados, y presumía: ‘He sido pecador, pero Cristo crucificado me ha salvado’ y presume de Cristo. Esta era la memoria de Pablo. Esta es la memoria a la que nosotros somos invitados a hacer por el mismo Jesús.

A propósito Francisco ha recordado otro pasaje del Evangelio. “Cuando Jesús dice a Marta: ‘Tú te afanas y te agitas por muchas cosas, pero solo una cosa es necesaria. María ha elegido la mejor parte’ ¿Cuál? Escuchar al Señor y hacer memoria. No se puede rezar cada día como si nosotros no tuviéramos historia. Cada uno de nosotros tiene la suya. Y con esta historia en el corazón vamos a la oración, como María. Pero muchas veces nos distraemos, como Marta, por los trabajos del día, por hacer esas cosas que tenemos que hacer, y olvidamos esta historia”.

A continuación el Papa ha proseguido subrayando que nuestra relación con Dios “no comienza el día del Bautismo: allí es sellada”. Comienza “cuando Dios, desde la eternidad, nos ha mirado y nos ha elegido. En el corazón de Dios, allí comienza”. Y Francisco lo ha explicado así: “Hacer memoria de nuestra elección, la que Dios ha hecho en nosotros. Hacer memoria de nuestro camino de alianza. ¿Esta alianza ha sido respetada o no?”. Porque “somos pecadores y hacemos memoria, y hacer memoria de la promesa que hace Dios y no desilusiona nunca, que es nuestra esperanza. Esta es la verdadera oración”.

Para concluir, el Obispo de Roma ha invitado a rezar con el Salmo 138: “Señor, Tú me sondeas y me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto. Mi pensamiento calas desde lejos; esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes”. Esto es rezar –ha afirmado Francisco– rezar es hacer memoria delante de Dios de nuestra historia. Porque nuestra historia es la historia de su amor por nosotros”.

(07 de octubre de 2014) © Innovative Media Inc.

Programa del viaje del Papa al Parlamento Europeo, Estrasburgo, el 25 de noviembre

El Vaticano confirma que Francisco realizará un viaje apostólico a Francia en el 2015

Ciudad del Vaticano, 07 de octubre de 2014 (Zenit.org) Redacción | 33 hits

El papa Francisco acudirá al Consejo y al Parlamento de Europa en Estrasburgo el próximo 25 de noviembre. La Sala de Prensa del Vaticano ha publicado hoy el programa previsto para el viaje.

– 7:55 Salida del avión desde el Aeropuerto de Roma-Fiumicino hacia Estrasburgo

– 10:00 Llegada al Aeropuerto de Estrasburgo

– 10:35 Visita al Parlamento Europeo. Discurso del Santo Padre

– 12:05 Visita al Consejo de Europa. Discurso del Santo Padre

– 13:50 Salida en avión desde Estrasburgo al Aeropuerto de Roma-Ciampino

– 15:50 Llegada al Aeropuerto de Roma A propósito de este viaje, el padre Federico Lombardi, director de la Sala de Prensa del Vaticano, ha indicado que el Santo Padre pretende realizar también un viaje apostólico a Francia durante el próximo año 2015.

(07 de octubre de 2014) © Innovative Media Inc.

Programa del viaje del Papa al Parlamento Europeo, Estrasburgo, el 25 de octubre

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Francisco en Sta. Marta: no olvidarnos de rezar cada día

Este martes, el Santo Padre invita a orar teniendo presente todo lo que Dios ha hecho por nosotros en el camino de la vida. Nuestra historia es la historia de su amor por nosotros

Ciudad del Vaticano, 07 de octubre de 2014 (Zenit.org) Redacción | 20 hits

El papa Francisco, en la homilía de esta mañana de Santa Marta, ha invitado a que cuando recemos no olvidemos nuestra historia. Porque ha recordado que el Señor está a nuestro lado, en el camino de la vida. Y ha invitado a los fieles a no dejarse distraer de las muchas cosas de la jornada, olvidándonos de rezar.

El Señor “ha elegido a su pueblo y lo ha acompañado durante el camino en el desierto, durante toda la vida”, ha explicado. Así, se ha detenido en la primera Lectura en la que San Pablo hace memoria de su vida, sin esconder sus pecados. El Papa ha afirmado que lo que “Dios ha hecho con su pueblo lo ha hecho y lo hace con cada uno de nosotros”. A propósito, se ha preguntado, “nosotros hemos sido elegidos: ¿por qué yo soy cristiano y no ese de allí, lejano, que nunca ha escuchado hablar de Jesucristo?”. Porque “es una gracia”, “una gracia de amor”, ha respondido.

Por tanto, ha proseguido el Pontífice, “hacer memoria de esta realidad, pero en su concreción, es lo que hace Pablo” que confiesa haber perseguido ferozmente a la Iglesia y no dice: “Yo soy bueno, soy hijo de este, tengo una cierta nobleza…”. No, Pablo dice: “Yo he sido un perseguidor, yo he sido malo”. El Papa ha indicado que “Pablo hace memoria de su camino, y así comienza a hacer memoria desde el inicio”.

Y lo ha explicado así: “Esta costumbre de hacer memoria en nuestra vida no es muy común entre nosotros. Olvidamos las cosas, vivimos en el momento y después olvidamos la historia. Y cada uno de nosotros tiene una historia: una historia de gracia, una historia de pecado, una historia de camino, muchas cosas… Y hace bien rezar con nuestra historia. Lo hace Pablo, que cuenta un fragmento de su historia pero en general dice: “¡Él me ha elegido! ¡Él me ha llamado! ¡Él me ha salvado! Él ha sido mi compañero de camino…'”.

De este modo, Francisco ha explicado que “hacer memoria sobre la propia vida es dar gloria a Dios. Hacer memoria de nuestros pecados, de los que el Señor nos ha salvado, es dar gloria a Dios”. Por esto “Pablo dice que él presume solo de dos cosas: de los propios pecados y de la gracia de Dios crucificado, de su gracia”. Asimismo ha indiciado que Pablo “hacía memoria de sus pecados, y presumía: ‘He sido pecador, pero Cristo crucificado me ha salvado’ y presume de Cristo. Esta era la memoria de Pablo. Esta es la memoria a la que nosotros somos invitados a hacer por el mismo Jesús.

A propósito Francisco ha recordado otro pasaje del Evangelio. “Cuando Jesús dice a Marta: ‘Tú te afanas y te agitas por muchas cosas, pero solo una cosa es necesaria. María ha elegido la mejor parte’ ¿Cuál? Escuchar al Señor y hacer memoria. No se puede rezar cada día como si nosotros no tuviéramos historia. Cada uno de nosotros tiene la suya. Y con esta historia en el corazón vamos a la oración, como María. Pero muchas veces nos distraemos, como Marta, por los trabajos del día, por hacer esas cosas que tenemos que hacer, y olvidamos esta historia”.

A continuación el Papa ha proseguido subrayando que nuestra relación con Dios “no comienza el día del Bautismo: allí es sellada”. Comienza “cuando Dios, desde la eternidad, nos ha mirado y nos ha elegido. En el corazón de Dios, allí comienza”. Y Francisco lo ha explicado así: “Hacer memoria de nuestra elección, la que Dios ha hecho en nosotros. Hacer memoria de nuestro camino de alianza. ¿Esta alianza ha sido respetada o no?”. Porque “somos pecadores y hacemos memoria, y hacer memoria de la promesa que hace Dios y no desilusiona nunca, que es nuestra esperanza. Esta es la verdadera oración”.

Para concluir, el Obispo de Roma ha invitado a rezar con el Salmo 138: “Señor, Tú me sondeas y me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto. Mi pensamiento calas desde lejos; esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes”. Esto es rezar –ha afirmado Francisco– rezar es hacer memoria delante de Dios de nuestra historia. Porque nuestra historia es la historia de su amor por nosotros”.

(07 de octubre de 2014) © Innovative Media Inc.

Nuestra Señora del Rosario – 7 de octubre

«Es una de las advocaciones de María universalmente conocidas. Su difusión creció a raíz de la aparición de la Virgen a santo Domingo de Guzmán portando un rosario en sus manos. Junto a Ella, aconsejan su rezo santos y pontífices»

Madrid, 07 de octubre de 2014 (Zenit.org) Isabel Orellana Vilches | 335 hits

En este santoral de ZENIT, que se inició a primeros de noviembre de 2012, por vez primera se incluye un espacio específicamente dedicado a la Virgen, aunque a través de la vida de los santos y beatos ofrecidos siempre ha estado presente. La tradición mariana impregna la cultura de incontables rincones del mundo. Sin disimular su orgullo, las gentes relatan la ancestral devoción heredada y transmitida a las sucesivas generaciones por la patrona que les aglutina. Cada una de las imágenes veneradas, que fue descubierta por alguien en lugares y circunstancias diversas, así como la aparición milagrosa directa de Ella misma, tiene tras de sí la grandeza de la fe florecida en el noble corazón de personas sencillas que nunca osaron dudar de la presencia de la Reina del cielo. Todas han tenido un porqué. Con ellas María insta a la penitencia, advierte de los peligros de no vivir la conversión, media para que se restablezca la paz cuando ha sido el caso, auxilia a los que están en peligro, responde a todos los que la invocan y se encomiendan a su mediación, sea cual sea la situación en la que se hallen. Siempre es portadora de consuelo y esperanza para sus hijos; lleva consigo multitud de bendiciones.

Hay advocaciones de carácter local, de modo que la noticia de su existencia es restringida. Otras son universalmente conocidas, como sucede con la que hoy se celebra: la de Nuestra Señora del Rosario. Tras cada una de ellas se esconde una hermosísima tradición. Por lo general, radica en apariciones que han tenido como acreedores de esta gracia a personas de distinta edad y condición. Han sido escenarios de su presencia árboles, oquedades, montañas, grutas, colinas, rocas, lugares desérticos que han florecido milagrosamente bajo sus pies, riveras marinas o el océano mismo, en campo abierto o en un templo, bien en la intimidad de un convento o en una humilde celda… Todos ellos, y muchos más, han servido para enmarcar una historia de amor sellada por la Virgen en una localidad determinada, en una nación, o en una persona concreta; son «acueductos» a través de los cuales proyecta sus gracias a la Humanidad entera.

El origen del rosario, aunque no como es conocido, se remonta al s. IX. Era usual en la observancia monástica con la lectura de los 150 salmos en la Liturgia de las Horas. El vulgo se limitaba a rezar 150 avemarías (el conocido «salterio de la Virgen»). En 1208 María se apareció a santo Domingo de Guzmán en la capilla del monasterio de Prouille, Francia. Era un momento difícil para él marcado por su lucha contra los albigenses, y rogaba a la Madre de Dios que le sostuviera en esa batalla. Portaba un rosario en sus manos que le enseñó a rezar, rogándole que difundiera por doquier esta devoción, a la par que vaticinaba incontables bendiciones especialmente en la conversión de los pecadores. El santo hizo depositario de esta gracia, entre otros, a Simón de Monfort, que tenía vía libre para dirigirse a los soldados que se hallaban bajo su mando e iban a combatir en Muret. Toda la tropa rezó esta oración y obtuvo la bendición de María con el resultado de una espectacular victoria. En conmemoración de este hecho, que Simón consideró obra de Ella, erigió una capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario.

Domingo propagó esta devoción y fue testigo de numerosas conversiones. Después de su muerte, los dominicos tomaron el testigo continuando esta misión. Pero el ser humano muchas veces peca de inconstancia, y aunque la oración fue acogida y rezada con piedad durante un siglo, después decayó. Entonces María volvió a hacerse presente para pulsar el corazón de sus hijos. Así, en el siglo XV se apareció al beato dominico bretón Alain de la Roche reiterando las promesas –quince en total– que había hecho a Domingo. Le rogó que recuperase esta tradición que se había perdido diciendo que, si además de saludarla, añadían la meditación sobre la vida, muerte y Pasión de su Hijo, se sentiría totalmente complacida. Le aseguró que serían tantos los milagros que se producirían con su rezo, que no habría prácticamente volúmenes para recogerlos. El beato volvió a restablecer esta devoción que fue calando en las gentes sencillas y en otros estratos sociales del pueblo cristiano.

Cuando el 7 de octubre de 1571 se obtuvo la victoria de los cristianos en la batalla naval de Lepanto, el papa san Pío V, que vio en ella la intercesión de María, solicitada rezando el rosario, extendió su práctica. Instituyó la celebración de Nuestra Señora de las Victorias, y mandó incluir en las letanías el título de «Auxilio de los cristianos». A Gregorio III se debe haber reemplazado el nombre de Nuestra Señora de las Victorias por el de Nuestra Señora del Rosario, como se viene celebrando desde entonces. La historia recoge memorables batallas en las que el adalid del triunfo obtenido ha sido siempre la advocación a la Virgen del Rosario. Distintos pontífices han ido acogiendo fervorosamente su rezo, otorgándole diversas indulgencias. Entre las encíclicas de León XIII se hallan doce dedicadas a él. A este papa se debe que la Iglesia confiera al mes de octubre la dedicación al santo rosario y a la presencia en las letanías del título «Reina del Santísimo Rosario». El beato Juan Pablo II, al igual que hicieron sus predecesores así como sus sucesores Benedicto XVI y Francisco, insistió en la conveniencia de rezarlo, y en 2002 añadió los misterios luminosos. En total se recorren veinte misterios de la vida de Jesucristo y de María. Tanto en Fátima como en Lourdes, María se apareció llevando un rosario en sus manos, pidiendo a los videntes: «Rezad el rosario».

En las primeras décadas del siglo XX esta oración se hizo popular en el mundo gracias al P. Patrick Peyton, quien hallándose plenamente convencido de haber sanado de su enfermedad gracias a María, no dudó en llevar a cabo su bellísima cruzada en pro del rosario haciendo de este lema «la familia que reza unida, permanece unida» un heraldo de reconciliación, bendecido por la Virgen.

(07 de octubre de 2014) © Innovative Media Inc.