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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Te has preguntado por qué tienes miedo a estar solo?

El ser humano es un ser social por naturaleza. Necesita de otros para vivir. Ya en el inicio de nuestra vida es necesaria la intervención de dos personas para que seamos engendrados. Nadie se da la vida a sí mismo. Nos necesitamos unos a otros. Nacemos rodeados de personas, y por eso es necesario adquirir gradualmente el aprendizaje de vivir los momentos de soledad como algo sano y positivo.

El miedo a estar solo aparece por primera vez ante una soledad inesperada que no nos han explicado. Es entonces cuando la fantasía se dispara, y los miedos cobran una fuerza enorme: “papá y mamá no van a volver”, “ya no me quieren”, “no soy importante” … Esto no tiene por qué suceder solo ante acontecimientos graves: si nadie te explicó que papá y mamá tenían que dejarte en la guardería para poder trabajar y darte de comer, quizá has vivido eso como un abandono incomprensible en tu más tierna infancia.

A partir de un cúmulo de situaciones que no se han asimilado, las personas tratan de llenar sus agendas de planes para no volver a experimentar el abandono y la soledad para la cual sienten que no tienen recursos.

La otra cara de la soledad

Salvo en casos muy específicos, para la mayoría de las personas la soledad prolongada es un factor de sufrimiento que puede llegar a conducirnos a la locura. En la antigüedad incluso llegó a ser un elemento de tortura, pudiendo enviar al destierro a los delincuentes.

Una soledad mal dosificada podría llevarnos a comportamientos poco saludables para nosotros, como pensar en voz alta con mucha frecuencia, incluso delante de otras personas.

Sin embargo, la soledad puede ser una gran aliada si aprendes a utilizarla a tu favor, y no como una huida ante los problemas:

  1. Te clarifica la mente: te permite reflexionar por ti mismo y tomar conciencia de lo que estás viviendo. A veces, el ritmo vertiginoso de la vida nos impide parar y pensar sobre nuestra vida y nuestros planes de futuro. En soledad, es mucho más fácil conseguirlo.
  2. Te ayuda conectar con tus emociones: es en soledad cuando mejor puedo preguntarme cómo estoy, cómo me siento y qué necesito.
  3. Fomenta hábitos positivos como algunos hobbies: pintar, escribir, etc.
  4. Te enseña a valorar lo que tienes: cuando pasas un tiempo a solas, vuelves a recordar y buscar a las personas que quieres.
  5. Te permite rezar y meditar: todos los estudios señalan las ventajas del silencio y de la meditación individual para sentir más paz interior y tener una mente despejada.

En su justa medida, estar solo y guardarse espacios de intimidad potencia otras áreas, que en compañía no se viven de igual manera. Busca tus espacios sin caer en la evasión.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Es Dios como tú te lo imaginas?

Aunque todos los cristianos decimos creer en el mismo Dios, no siempre la idea que tenemos de él coincide con el Dios revelado en Jesucristo. Y es que cuando decimos “Dios”, aunque participemos de la misma doctrina religiosa, no siempre la palabra significa lo mismo en la vida de fe de cada creyente. Y es que hablar de Dios es siempre problemático. Incluso algunas formas de ateísmo han surgido como reacciones a determinadas imágenes de Dios.

Algunos piensan que no es más que una debilidad idealista, una forma de escapar de los dolores de la vida o de llenar los huecos de las cosas que no comprendemos. Otros creen que es un tranquilizante para nuestras frustraciones, un consuelo para débiles o una hipótesis para mentes que no quieren pensar. El acceso a Dios se vuelve complejo porque toda relación con él es mediada por algo o alguien que no es él mismo.

Normalmente proyectamos sobre él imágenes que hemos recibido de otros o de nuestras propias experiencias. Es algo más extendido de lo que se cree, el hecho de que muchas personas que pertenecen a una misma iglesia predican ideas distintas del mismo Dios, que hasta son contradictorias entre sí.

La Iglesia Católica enseña que existen ateos por el mal testimonio de muchos cristianos y la deformada presentación del Dios revelado en Jesucristo: “…en esta génesis del ateísmo pueden tener parte no pequeña los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina o incluso con los defectos de la vida religiosa, moral y social, han ocultado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (Gaudium et Spes, 19).

Imágenes de Dios que alejan de la fe

Muchos viven aferrados a una determinada idea sobre Dios, que cuando hace crisis, en lugar de purificar la falsa imagen, toda la vida espiritual se derrumba y de golpe, se dicen “ateos”.  ¿Cómo puede existir un Dios que permita tantas injusticias? Y a veces los cristianos colaboramos con el ateísmo cuando decimos -con cierta ingenuidad- disparates totalmente alejados del Dios revelado en Jesucristo.

¿Cuántas veces hemos repetido cosas que están en las antípodas del Evangelio? Cuando alguien sufre, en lugar de abrazar su dolor desde el amor de Dios, decimos frases hechas que deforman a Dios: “Por algo Dios te mandó esta enfermedad, para purificarte”, “Dios así lo quiso”, “Dios tenía otros planes para ti”, y cosas por el estilo, como si Dios mismo enviara calamidades y sufrimientos a sus hijos, para hacerlos más fuertes y santos.

San Pablo afirma que para los que aman a Dios, todo coopera para su bien (Rom 8,31), pero eso no significa que todo lo que suceda sea querido por Dios. Porque de ser así, estaríamos en manos de un dios arbitrario y cruel. Que Dios permita el mal y que no podamos explicar acabadamente este misterio, no significa afirmar que sea su querer. Que podamos vivir las dificultades de la vida como oportunidades y nos fortalezcan, no significa fatalmente que “así estaba escrito” o que “era el plan de Dios”.

La influencia del paganismo fatalista en la espiritualidad cristiana todavía hoy hace estragos. En la religiosidad popular de raíz cristiana hay muchas formas de hablar de Dios que se parecen más a los dioses paganos que exigen sacrificios y que manifiestan una constante arbitrariedad, que, al Dios revelado en el Evangelio, cuyo ser es entrega, amor y misericordia.

Un Dios que no quiere que el hombre sea feliz, que no lo deje libre, no es el Dios del que nos habla el cristianismo. ¿Cuántas veces nos dicen que Dios te dará algo si le das algo a cambio? Sin embargo, el Evangelio nos enseña que el amor de Dios es gratuito y fiel, independientemente de la respuesta humana. Su salvación no puede comprarse, ni manipularse, ni obtenerse por sacrificios. Su entrega es gratuita e incondicional.

Por otra parte, la imagen que tenemos de Dios repercute directamente en nuestra forma de pensar y vivir la fe. Quienes ven en Dios a una superpotencia despótica que impone una voluntad caprichosa a sus súbditos, serán personas angustiadas, serviles y muy exigentes con sus hermanos de fe.

Si la imagen de Dios es vaga y difusa, como una energía impersonal al estilo “New Age”, nuestra fe será etérea y no comprometida con los demás, haciendo de la oración un simple ejercicio de meditación individualista. Otros reducen la fe a una cuestión social y política, a pura inmanencia, negando toda realidad sobrenatural en nombre del “anuncio del Reino” (sin Dios), reduciendo la salvación a una utopía humana y la teología a sociología.

Hay casos donde se afirma que la Virgen María es más misericordiosa que Dios, haciendo de Dios alguien menos perfecto -bueno- que María, como un dios del Olimpo griego al que le cambia el humor y al que se puede manipular. Crecen las publicaciones pseudopiadosas donde se presenta a la Virgen discutiendo con Jesús para salvar a alguien, como si Jesús quisiera regatear la salvación que él mismo nos regala.

Se deforma así también el sentido de la intercesión en la oración y el lugar de María en la fe de la Iglesia. Parecería que Jesús resucitado es otra persona diferente del que hablan los evangelios. Para presentar la eficacia de la intercesión de María se hace de Dios un ser distante y difícil de convencer, como si Jesús solo concediera algo si su madre le insiste. ¿Un Dios que se revela como amor infinito se hace rogar o es manipulable?

Por otra parte, cuando se afirma que una catástrofe natural es a causa de un castigo divino, nos pasamos al paganismo de un dios irascible. Las imágenes deformadas son incontables y se van recreando en ambientes donde hay una catequesis superficial y una evangelización que no presenta el anuncio (kerygma) fundamental del cristianismo.

Y así, vemos con qué facilidad la misma fe puede ser deformada en diálogos cotidianos y hasta en la misma catequesis, donde no hablamos del mismo dios, debido a las imágenes que todos nos hacemos de él. Estas imágenes cambian el sentido del pecado, de la libertad, de la gracia, del amor de Dios, de la pasión de Cristo, de la salvación, de la Iglesia, de la vida sacramental y de la vida eterna.

La falta de purificación de las falsas imágenes de Dios no es un tema menor en la vida de fe, sino la fuente de muchas crisis y de grandes obstáculos en la evangelización y en la catequesis.

El Dios que Jesús reveló

Los cristianos creemos que Dios se ha revelado plenamente en Jesucristo, si queremos saber cómo es él, hay que ir a la fuente, a Jesús. Para librarse de cualquier idea falsa del Dios de los cristianos, es preciso confrontar nuestra idea de Dios con la manera de ser de Jesús testimoniada en los Evangelios. Su palabra es la palabra de Dios, sus gestos son los gestos de Dios, su rostro es el rostro humano de Dios. La salvación que anuncia Jesús es amor gratuito, desde la nada.

¡Cuántas veces se nos ha dicho que es importante amar a Dios…! Y es verdad. Pero mucho más importante es que Dios nos ama a nosotros. Lo realmente difícil es aceptar -creer- este amor para mí, porque es reconocer que soy aceptado, así como soy y que ese amor por mí no va a cambiar, ni va a desaparecer, ni a retroceder, ni me abandonará, porque es incondicional. “En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero” (1 Jn. 4,10). Este es el cimiento de la fe cristiana y la certeza más profunda del Evangelio.

¿Por qué nos ama Dios? Porque se le dio la gana amarnos, porque sí. No nos ama porque seamos buenos o por ninguna razón o mérito de nuestra parte. Si el amor de Dios dependiera de algo que hay en mí, ya no sería incondicional. Solo depende de él, porque Dios es el fundamento de su amor por mí. Su amor por ti no depende de ti. Aceptar que somos amados incondicionalmente es un acto de fe. Si Dios me ama y me acepta tal como soy, también yo debo amarme y aceptarme a mí mismo. Yo no puedo ser más exigente que Dios, ¿no es verdad?

Dios nos ama así con un amor que lo da todo sin pedir nada a cambio. Por eso los grandes santos, hombres y mujeres de todos los tiempos, hicieron grandes sacrificios y vivieron con radicalidad la fe. No por obligación o para ganarse el cielo por sus obras, sino como respuesta a un amor incondicional y gratuito. Porque habían descubierto que el cielo se les había regalado sin haberlo merecido. Si queremos purificar nuestra imagen de Dios, hay que mirar más a Jesús.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Niños sobrestimulados por las pantallas y TDAH, ¿hay conexión?

Los niños en los países desarrollados ven un promedio de 4 horas de pantallas al día. Si tienen menos de 5 años ven más televisión y manejan menos dispositivos móviles (smartphones o tabletas). Aunque ya están empezando a manejar estos artilugios tan ubicuos. Pasan el 30% de las horas en que están despiertos ante los media.

Y los contenidos que consumen son muy brillantes, fantasiosos, exóticos. Ven por ejemplo dibujos muy acelerados, con ritmos trepidantes, muy atractivos (animación por ordenador también). Unos dibujos, dicho en una palabra, que verdaderamente enganchan, atrapan y el niño queda paralizado ante ellos: embobado.

En los Estados Unidos investiga estos temas un pediatra llamado Dimitri Christakis. Lleva unos 15 años estudiando lo que les sucede a estos niños como consecuencia de ver tanta televisión acelerada. Y ha acuñado un concepto que es a la vez una hipótesis. Una hipótesis que habría que llevar hasta sus últimas consecuencias  y comprobar con mucha investigación si se cumple siempre.

Se denomina overstimulation hypothesis. Y esta hipótesis sobre la sobre-estimulación de las pantallas a que están expuestos muchos niños en la primera infancia postula lo siguiente: cuando un niño es sobre-estimulado por un exceso de horas de pantallas el mundo luego se hace menos soportable y más aburrido. La atención se acorta. La capacidad de concentrarse en las tareas diarias se hace más costosa. La autorregulación decrece. Focalizar la atención en el juego lento y sosegado se hace más difícil. El niño espera que el ritmo del mundo sea muy acelerado pero la vida diaria, las comidas, el juego, el tiempo de irse a dormir avanza a un ritmo tranquilo y cadencioso.

Christakis destaca que en su laboratorio han descubierto que la exposición a este tipo frenético de contenidos en los primeros tres años de vida incrementa el riesgo de sufrir problemas de atención en la edad escolar: es decir a partir de los 6 años. Y además señala que si estos niños en vez de consumir un exceso de pantallas leyeran (con un libro en procesos de lectura o prelectura); cantaran y bailaran, jugaran en un montón de opciones posibles, entonces este riesgo  atencional decrecería.

Pero, como cualquier observador puede comprobar,  no se está haciendo así por desidia de los padres y además porque en alguna escuela infantil les están dispensando dibujos para entretenerlos cuando su papel, el de la escuela infantil, es el mundo de las palabras, de las manos hábiles, del desarrollo motor y perceptivo.

Y Christakis acaba con una propuesta, que ahora mismo hay que decir que sólo es una opinión,  y que se formula de la siguiente manera: alguna convergente con-causa del crecimiento constante del TDAH estaría en la sobre-estimulación de las pantallas.  Vayamos a la raíz del problema: se afirma que el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad tiene raíces genéticas pero al mismo tiempo se confirma que en los últimos 20 años estos trastornos han aumentado en un 30%. La genética, base endógena, está en los fundamentos del TDAH pero no sólo la genética puede explicar este cambio tan concentrado en las últimas dos décadas.

La pediatría en los Estados Unidos señala que puede haber otras causas exógenas. Es decir, que este TDAH tiene también causas no genéticas. ¿Podría ser que estas causas no genéticas estuvieran relacionadas con el exceso de pantallas de ritmo acelerado? ¿Podría  ser que el exceso de pantallas, junto a otras con-causas (el ritmo de vida, el estrés, padres muy ocupados, cierto abandono afectivo de los niños más pequeños, etc.,) estuviera detrás del TDAH?

No se puede demostrar, no se puede afirmar esta idea, ahora mismo, por ello hablamos sencillamente de una hipótesis. Pero esta  hipótesis de la sobre-estimulación es cuando menos una sugerencia. Una intuición que nos debe hacer pensar y actuar.

Un asunto está claro y es fácil de comprobar: un niño después de tres horas de dibujos histéricos (ruego que se me admita este adjetivo tan crudo) no está para ponerse a dibujar, o a construir un castillo con las piezas más grandes de LEGO o estar atento a recoger los juguetes en su caja ante un requerimiento de su madre. Lo hemos visto todos: está un poco nervioso y poco dispuesto a desplegar actividades calmadas, concentradas, focalizadas.

Pues bien; enseñémosle a jugar y a ver qué pasa. A ver si gana la suficiente autonomía lúdica como para no necesitar tantas horas de televisión. Quizá no desentrañaremos las diferentes causas, las claves, los enigmas del TDAH sencillamente porque nuestro niño o niña no presenta los síntomas, pero haremos mucho por su preparación para la escuela.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Qué hacer cuando te invade la rabia?

La rabia es una de las emociones humanas más comunes. Puede surgir de algo tan pequeño como un dedo del pie o tan grande como el rechazo de un ser querido. Los niños luchan para controlarla, y la mayoría de nosotros lucha para esconderla.

Para la mayoría de nosotros, la rabia es parte de la vida cotidiana. Nuestros días están llenos de imprevistos y malentendidos, e incluso cuando sabemos que la rabia no es la mejor respuesta (por ejemplo, cuando uno de mis hijos accidentalmente derrama un vaso lleno), puede ser difícil contener el impulso.

Vale la pena considerar algunos pasos simples, pero muchas veces descuidados, para lidiar con la rabia. Antes de compartir estrategias específicas, es importante entender dos cosas: lo que estamos sintiendo y lo que estamos pensando. No centrarse en esos dos factores (sentir y pensar) puede limitar nuestra capacidad de canalizar nuestra rabia para usarla de manera adecuada.

Como suelo decir a los niños que atiendo en terapia, no hay nada de malo en la rabia – en realidad, puede ser muy importante -, es lo que hacemos con ella lo que importa. Entonces, para empezar, cuando sientas rabia, una de las mejores (y más simples) cosas que puedes hacer es darte un tiempo. Eso puede significar levantarte de la computadora e ir al baño o interrumpir intencionalmente una conversación acalorada antes de responder de una manera que puedas arrepentirte.

La pausa está diseñada para “parar” y reducir los resultados físicos negativos (por ejemplo, aumento de la presión sanguínea, frecuencia cardiaca), pero también para aumentar el tiempo para la toma de decisiones lúcidas.

Muchas veces, solo algunos minutos (y a veces algunos días) pueden ayudarte a llegar a un estado de espíritu más claro e intencional, lo que mejora los resultados en todos los frentes.

Además de hacer una pausa, es importante entender que existen formas activas y “lentas” de atenuar la rabia. Una de las mejores maneras de canalizar la rabia es a través de la actividad física. Aunque la mayoría de nosotros no pueda levantarse de la silla durante el trabajo e ir a correr (aunque algunos pueden), solo correr o andar en bicicleta al final de un día frustrante puede ayudarnos, a medida que nos involucramos mentalmente en “resolver las cosas”.

Cabe señalar, sin embargo, que a pesar de siglos de práctica, la investigación muestra claramente que la idea de una catarsis física es una mentira. Rasgar la almohada puede parecer satisfactorio en este momento, pero es probable que solo aumente la ira hasta que uses técnicas menos agresivas y emocionales. Además de las técnicas activas, la desaceleración a través de la respiración profunda, la relajación muscular progresiva y otras estrategias de atención plena pueden ser, en algunas situaciones, una excelente manera de ayudar a calmar la mente o el cuerpo.

Pero, para hacer eso, una tercera actitud es necesaria: “reencuadrar” nuestros pensamientos. Con los jóvenes, yo hablo sobre la diferencia entre pensamientos “calientes y fríos”. Pensamientos calientes alimentan el fuego de la rabia, mientras que los pensamientos fríos ayudan a reducirlo.

Cuando alimentas los pensamientos que potencian la rabia, es probable que sigas sintiéndote más irritado y más enojado. Pero si encuadras la situación de una forma más realista y objetiva, tienes una oportunidad mucho mayor de que la rabia que permanece sea más funcional y de autoperservación.

Yo no estoy sugiriendo un abordaje superficial y fingido de nuestros sentimientos. Lo que estoy diciendo es que, si nuestros pensamientos están llenos de ideas furibundas, podemos esperar que nuestro cuerpo esté lleno de rabia también. Nuestras percepciones guían lo que sucede después, independientemente de cuál sea la realidad. Los pensamientos importan más de lo que nos imaginamos.

Finalmente, después de usar todas esas técnicas específicas, surge una última consideración seria: ¿enfrentamos el problema que originó la rabia o solo intentamos olvidar y dejar pasar?

Algunas situaciones – las más graves – exigen que enfrentemos de forma más eficaz, civilizada y lo más transparente posible. Es cuando es simplemente inaceptable “sentarse” y dejar que otros sean perjudicados o abusados. Pero en otras situaciones – las más comunes -, como las discusiones de tráfico, dejar pasar puede ser la mejor respuesta.

En la mayoría de los días, mi propia casa, con siete niños y jóvenes, está llena de ruido y discrepancias. Me siento tentado a estar muy enojado y, a veces, cedo a esas tentaciones, a pesar de mi sentido común.

Pero como he aprendido (lentamente), hay algunas cosas que debo asumir directamente, y hay algunas cosas que debo dejar pasar. Si no, seré consumido por la rabia y la frustración constantemente, y mi eficacia y resistencia en lo que hago y digo disminuirá.

Eso no significa que estoy defendiendo un abordaje permisivo, pues se que esa no es ninguna estrategia eficaz. Sino que significa que no puedo hacer que todas las situaciones se vuelvan una crisis o una confrontación, y necesito aprender la diferencia entre una expectativa de comportamiento versus una meta de desarrollo.

En última instancia, sea a través de una pausa, salir a correr, una carta o solo una respuesta simple y regulada, la rabia usada de manera noble para fines virtuosos es algo maravilloso. Pero la rabia que sale de control y se vuelve furia solo busca destrucción, incluso de ti mismo. No dejes que eso pase.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya ¿Existe la adicción al romanticismo? ¿Cómo detectarla?

Recién graduada me contrate profesionalmente en una empresa de cruceros de lujo, con la idea de viajar por el mundo, conocer personas de diferentes nacionalidades, y entre ellas posiblemente a mi príncipe azul.

Era mi visión romántica de la vida y del noviazgo.

Así pude establecer relaciones con algunos hombres que, diciéndose solteros, me cortejaban envolviéndome en la magia de estudiados escenarios de media luz, flores, música de fondo, cenas y vinos caros. Una magia que duraba lo que el viaje, y terminaba en una promesa que nunca se concretaba.

Hombres que buscaban solo el romanticismo de una conquista sin implicaciones sexuales, algo que me hacía sentir sin culpa.

Ahora entiendo que confundían el amor, con la pasión de amor, sobre el fundamento de la atracción físico – romántica, empapada en un dulzón romanticismo y creando la falsa expectativa de una eterna luna de miel.

Lamentablemente es un fenómeno común en un ambiente placentero y de excentricidades, por lo que yo misma empecé a disfrutar del mismo juego: “Tú haces como que me conquistas y yo como que me lo creo” estableciendo según yo, mis límites.

Lo cierto es que eran los limites peligrosos del trato con extraños, por los que no tenía ya pensamientos coherentes sobre mi realidad personal, en cuanto a que estaba quebrantando mi moralidad y perdiendo mi espiritualidad, pues me había instalado en cierta forma de cinismo por el que se adormeció en interior, mi anhelo más profundo de amar y ser feliz.

Fue así, me volví adicta a ese “romanticismo”, por el que borrando de mi mente la idea de un serio compromiso, y sin que me interesara realmente conocer a los hombres que me cortejaban, solo me interesaba el ambiente que ellos creaban y yo disfrutaba.

Me había instalado en ello.

Así, me esmeraba para esas ocasiones en el estilo del vestido, el perfume, accesorios y todo aquello que consideraba aportaba en mi persona mayor interés y atractivo, dispuesta solo a disfrutar de la sensación de ser admirada, una canción, un exótico lugar o una exquisita y elegante cena.

Muy pronto, relativamente joven, cumplí con la edad máxima para el puesto y fui despedida sin más. Sentí entonces que mi vida se rompía en mil pedazos aferrándome al sueño de volverme a embarcar sin querer despertar.

Finalmente hube de despertar y admitirlo … no me fue fácil.

Me había vuelto adicta a una vida itinerante y experiencias de mundo sin casi el referente  de las sanas relaciones humanas, y por lo mismo, había dicho, hecho, y pensado cosas que me habían desintegrado de cierta manera.

En el esfuerzo por readaptarme, comencé a tener depresiones que me decidieron a buscar ayuda especializada. Fue a través de la terapia, que pude recuperar una nueva la relación conmigo misma y con los demás, a través de una nueva visión de las relaciones.

Conmigo misma. Reconocer que había sido esclava de mi corazón buscando amor por caminos falsos, por lo que mis relaciones en aquellos cruceros eran muy pobres, enfermas o simplemente no existían.

Igualmente, confiar en que las relaciones sanas de mis nuevas circunstancias me permitirán no sentirme juzgada por otro, ni sentir el temor de perder por ello una amistad, así como no mostrar vulnerabilidad en un presente en el que me siento libre de volver a empezar sin sentimientos de culpa o haber perdido el tiempo.

Con los demás. Redescubriendo que la vida ordinaria se puede construir sobre la verdad de que en el mundo real existen relaciones personales auténticas, profundas, verdaderas, de las cuales en buena parte depende nuestra felicidad.

Relaciones cuyas principales características son:

  • Permiten conocer a los demás y dejarnos conocer con libertad de ser nosotros mismos, sin dobleces, porque permiten convivir con confianza, libertad y respeto.
  • A través de ellas se comparte la riqueza de nuestras características y virtudes personales haciendo de la convivencia una oportunidad de crecer y hacer crecer a los demás.
  • No implican o están condicionadas a una relación romántica o sexual.
  • Es el camino correcto hacia el amor personal, ya que del sano amor a nosotros mismos y a los demás, procede la capacidad de amar.

Volver a relacionarme adecuadamente conmigo misma y con los demás fue la mejor terapia para resolver mi adicción y desubicación, reconociendo en el proceso que ciertas relaciones pueden no ser las adecuadas, y se debe entonces cortar por lo sano.

Sobre todo, me dispuso a acceder a la intimidad conmigo misma y con mi creador, para iluminar mi camino hacia el encuentro de verdadero amor de mi vida, lejos de los cruceros y con los pies en la tierra.

Una relación sana es aquella en la cual ningún miembro silencia, sacrifica o traiciona el sí mismo y en la que cada miembro expresa fuerza y vulnerabilidad, debilidad y competencia en forma equilibrada… (Harriet Lerner)

Testimonio anónimo cedido a consultorio Aleteia.

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org