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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Las mujeres y la amistad





Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra

Hace unos días tuve la oportunidad de platicar con un grupo de amigos varios de ellos  profesionistas sobre el tema: “la amistad con mujeres y entre mujeres”.

A continuación algunas conclusiones: las mujeres pueden ser hijas respetuosas, leales hermanas, buenas compañeras pero no amigas; en el mejor de los casos pueden ser aliadas o cómplices pero no amigas.

Al parecer de mis interlocutores la mujer es crítica y criticona; difícilmente nos calla algo, no sabemos disculpar y olvidar; con frecuencia discuten y de continuo reprochan las fallas de otros.
En el caso de la amistad con varones la relación es igualmente complicada, pues está de por medio la sensualidad y coquetería… de hecho decían, la amistad con la mujer la mayoría de las veces degenera relaciones que van más allá de la sana amistad.

A partir de estos criterios y opiniones he querido indagar un poco más en este tema así por ejemplo encontré que para Aristóteles la amistad es una necesidad del hombre en la felicidad y en el infortunio; el hombre no es dichoso de manera solitaria.

El filósofo afirma que las personas justas son más capaces de amistad y que la amistad es una belleza a la que nadie se resiste; de modo que quien es justo y bueno es también amistoso.
En su Ética a Nicómaco Distingue la amistad de tres modos:

Primero se da entre personas buenas e iguales en virtud, en tal caso la amistad es permanente; surge por el trato y conocimiento mutuo; entonces se defiende al amigo de las acusaciones, hay confianza y los agravios son difíciles.

Segundo la amistad por interés, es aquella que se da en la medida que se  beneficia el uno al otro. Los reclamos y reproches entran en este género de amistad. Los que se asocian por placer en cuanto que se satisfacen los propios gustos.

Desde este punto la amistad lleva a los celos, rencores y desconfianzas. Las conclusiones de Aristóteles son el resultado de la observancia de las relaciones humanas y sirven como termómetro para medir nuestra capacidad de ser buenos amigos; afirma que para la primera forma de amistad es necesaria la virtud – entendida como la capacidad de resistir al mal- y en las dos últimas la voluntad de abrirse a un amigo puede estar viciada.

En cuanto a si es posible la amistad entre un hombre y una mujer, diremos claramente que sí, por naturaleza fuimos hechos para la complementariedad; dicha amistad es posible cuando está de por medio fuerza y conciencia moral capaz de dominar los impulsos instintivos de poseer al otro en su tiempo, sus bienes y su corporeidad.

Ahora bien, la feminidad se siente atraída por la definida masculinidad y viceversa.
En esta relación es evidente la delicadeza del trato, la consideración mutua y el desenvolvimiento libre de cada uno en el espacio particular.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Mujeres en evolución





Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra

La evolución del mundo, el constante movimiento y transformación del universo, es un panorama maravilloso; que, de sólo pensarse, causa admiración y alegría; en este movimiento evolutivo estamos inmersos todos los seres.

Es este proceso, miles y miles de especies han desaparecido a lo largo de cientos de años, mientras que las especies más fuertes han sobrevivido, con su propia esencia.

En el proceso evolutivo, el género humano, a pesar, de su fragilidad ha sobrevivido a las transformaciones, por su extraordinaría capacidad de adaptación, propia de su naturaleza. La especie humana dotada de instinto e intelecto ha logrado su permanencia en el tiempo, por encima de su fragilidad.

El mundo moderno en el que nos desenvolvemos ha puesto las bases para defendernos mejor de las inclemencias de la naturaleza: terremotos, tsunamis, tornados, huracanes, … Curiosamente en este tiempo mueren más personas que  en otras épocas por abortos, suicidios, guerras, guerrillas, atentados, crimen organizado… El peor enemigo del ser humano es el hombre  mismo que posee armas  de fuego y tiene intereses egoístas…

En este contexto nos movemos las mujeres: portadoras de la vida  humana y custodia de la humanidad, en los momentos  más significativos o en los estados de mayor fragilidad del género humano, como madres, maestras, enfermeras, médicos, etc. Esto nos hace responsables de la evolución y supervivencia del género humano. Tenemos el compromiso de poner nuestras facultades: psicológicas, emocionales, espirituales y físicas al servicio de la vida. La frivolidad de una sociedad sensualista y consumista ha despojado a muchas  mujeres de su natural inclinación a la vida.

Son muchos los textos de la Biblia que describen la vocación de la mujer, inscrita  en su naturaleza y que bien vale la pena tener presente para reivindicar a la mujer en el papel que le corresponde: Dios creo al ser humano a imagen suya, macho y hembra (Gn 1, 27); … No es bueno que  el hombre este solo, voy hacerle la ayuda  adecuada (Gn 2, 18); El hombre llamó a su mujer Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes (Gn 3, 20). Mientras que  el libro de los Proverbios 31 hace un elogio a la mujer ideal: Ella es esposa al cuidado de los de su casa; es proveedora, incluso de sus sirvientes; es laboriosa; tiene una extraordinaria visión para los negocios; con creatividad impulsa el trabajo de su familia como el de una empresa; es delicada, cariñosa, piadosa, aporta enormes beneficios a los de su casa. Es valiosa como una perla y digna de muchos honores.

Qué pena que el ambiente sensualista y permisivo en el que nos movemos deforme la personalidad de muchas mujeres; que se reducen a objetos sexuales; amantes destructoras de hogares; frívolas consumidoras; abúlicas adictas a los medios electrónicos; mentes caprichosas obsesionadas por su aspecto físico.

Quienes tienen el deseo de dominar al mundo se han encargado de atacar de modo directo la naturaleza, vocación y misión de la mujer.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya El papel de la mujer en la sociedad actual: Bienvenido el 2018



Por Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra

Iniciamos el 2018 en un ambiente  de fiesta y celebración, todos  nos hacemos  propósitos personales y de superación.

Del ser humano es propio el espíritu de  evolución, el deseo de avanzar y de renovarse; si no es de  esta  manera algo anda mal.

Sin embargo, el panorama que  augura para este año 2018 no es nada  alentador, tenemos  en puerta una creciente  crisis económica, por mala administración y corrupción de  nuestras  autoridades; amenazas de guerra nuclear y un panorama electoral sin propuestas que se acerquen a las verdaderas necesidades de nuestro pueblo. 

Cerramos el año 2017 con más de 96 mil ejecuciones, más 56 mil desaparecidos, otros tantos miles de abortos y miles de niños que han sido abusados sexualmente, explotados y que viven  en marginación o sufren el abandono de sus padres; además de cientos de divorcios… México teñido en sangre y con muchas familias divididas no deja de ser un país joven, rico en cultura, identidad y valores; un país con gente  mayoritariamente  buena y trabajadora; además con un territorio con multiforme cantidad de recursos naturales.

Al iniciar el año, no bastan los buenos propósitos que nacen de una inteligencia que tiene inscrita de manera  natural el deseo de superación.

Es necesario cultivar la fuerza de voluntad y alentarla  con la sana disciplina: los mejores propósitos sin fuerza de voluntad  no sirven de nada.

La inteligencia más prodigiosa sin voluntad puede  ser caprichosa y autodestructiva.
Si tú y yo creemos en Jesús, el cultivo de la fuerza de voluntad  es algo natural que brota de la  enseñanza del maestro: <<El que  quiera venir  en pos de mí que cargue  con su cruz y que me siga… El que pierda su vida  por mí la ganará; pero el que  quiera ganar  su vida para sí mismo la perderá>> (     ). De tal manera  que  nadie quiera vivir una  vida  a su gusto y una religiosidad a su medida.

Si creemos en Jesús debemos dejar resplandecer la conducta  cristiana, hacerle violencia a nuestra pasividad, pereza, sensualidad… de modo que  aunque al parecer  se pierde, en realidad se gana.
Ánimo en los propósitos de este año 2018, que todos nuestros deseos  más nobles sean cumplidos y que  el 2018 sea un año para  evolucionar y crecer.

Para amar la vida, custodiar la vida y gozar la vida.

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya La alegría de ser mujer



Por Las Servidoras de la Palabra

Escuchando una conversación entre dos mujeres una de ellas embarazada decía: <<Estoy esperando otra niña>>  “¡otra niña! ¡tienes que tenerles más cuidados y sufren más!”.

En otra ocasión escuche a una mujer que le detectaron un tumor en la matriz, después del diagnostico el ginecólogo le comento: “Pobres de ustedes las mujeres, sufren desde que nacen”.

Bueno, que las niñas requieran mayores cuidados es verdad, que sufran es inevitable toda persona pasa por el sufrimiento desde que nace hasta que muere, es la realidad más cercana al ser humano independientemente del sexo.

¿Por que hay gente que piensa que las mujeres somos más sufridas?

Es verdad que la mujer ha sido pensada como un ser más delicado y todo lo que es delicado requiere mayor cuidado: ya desde el arreglo personal la mujer requiere de mayor tiempo, en la educación y formación también requiere de más dedicación e incluso que se le hable de modo y tono diferente.
Lo anterior se debe a que la mujer tiene una naturaleza, ser, origen y fin específicamente femeninos, además de las particularidades que de manera individual manifiesta cada mujer.

Es necesario tener claras las cualidades especificas del ser femenino que no deben entenderse sólo desde el punto de vista biológico y anatómico sino también desde el aspecto espiritual y racional: más inclinada a la piedad, a las manifestaciones religiosas; tendiente a la caridad, comprensiva, afectiva y emotiva.

Pues en general hay un modo específicamente femenino de concebir el mundo.

Ser mujer implica tener una vocación y misión especifica en el mundo con todas nuestras cualidades y limitaciones.

El libro del Génesis dice: <<No es bueno que el hombre este sólo… le daré una compañera>> (Gn 2, 18), más adelante San Pablo afirmará: <<Sin embargo, en la vida cristiana ni el hombre existe sin la mujer, ni la mujer sin el hombre>> (1Co 11, 11).

Tales expresiones bíblicas nos ayudan a comprender que ser mujer es también una maravilla con todos nuestros altibajos emocionales, con todos los cambios físicos, psicológicos y hormonales que podamos padecer en breves periodos.

Pues  nuestro llamado es a ser compañeras, perfeccionar lo hay en nuestras manos, tratar con delicadeza nuestro entorno e incluso a la unión física con el hombre para continuar la generación humana: maternidad y en esas funciones podemos alcanzar realización y plenitud.

Cuanto más vivimos de acuerdo a nuestro ser femenino más alegría experimentaremos; alegría entendida como el entusiasmo natural para cumplir con nuestros deberes y superar las dificultades que cada día nos aquejan.

En la historia no faltan ejemplos de  mujeres que han asumido este gran reto de vivir con toda feminidad una misión especifica en su tiempo y a si han marcado e influido en  la historia.