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#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ha entrado a la Casa del Padre el Pbro. José Margarito Ceballos Vázquez


Eugenio Amézquita Velasco

En la madrugada de este 1o. de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de la Merced, ha entrado a la Casa del Padre el Pbro. Don José Margarito Ceballos Vázquez, tras haber cumplido este pasado 30 de agosto, 60 años exactos de sacerdocio, de servicio al prójimo y de entregar toda una vida a Dios y a sus hermanos.

Hombre con una sonrisa de niño, reconocía sus defectos, sus sombras. Sin embargo, nadie olvida que en medio de la aparente brusquedad un hombre, nacido en Abasolo, Gto., se escondía la virtud para luego emanar el buen corazón y la misericordia que solamente puede provenir de Dios.

Siempre con la facilidad de palabra. Esa voz ronca que al momento de la Santa Misa, durante la homilía iba acompañada de cerrar los ojos para permitir que el paso del Espíritu Santo se pudieran afinar las palabras, las frases que como caudal de un río impetuoso le llegaban a la mente y no permitía que una sola se omitiera.

Cuántas veces no fue visto viviendo su ministerio sacerdotal en Tenería del Santuario, o en Celaya, en San Antonio de Padua o María Auxiliadora, o en Villagrán o en Empalme Escobedo, administrando los sacramentos del bautismo, la Santa Misa y la confesión o presidiendo el sacramento del Matrimonio.

Se acercaba el pecador contrito a él, y sentado en una silla o en el confesionario, recargaba el codo en su pierna, se agachaba, ponía la mano en su ceja o frente y empezaba a escuchar a aquel que de alguna manera sabía que había ofendido a Dios y buscaba el perdón y la misericordia, trayendo con el consejo y la absolución la medicina al alma necesitada de la reconciliación con el Padre Eterno, siempre dispuesto a abrazar al hijo pródigo, que en medio del excremento de los cerdos, salió limpio tras el arrepentimiento y el perdón al reconocer que ha ofendido a quien lo ha creado.

De familia muy numerosa, fue hijo de un administrador de hacienda que no faltaba a la Santa Misa dominical. La mamá del Padre Margarito le pedía a su esposo que le platicara sobre lo que el sacerdote predicaba en la homilía, y el buen Sr. Ceballos explicaba con detalle el Evangelio del día. La manera más simple y sencilla de evangelizar a los hijos y a la familia en casa.

Hasta los últimos días de vida de sus señores padres, el Padre Margarito los tuvo a su lado, para transmitirles la paz y el descanso que sólo Dios da a los hijos buenos.

Personas piadosas, los padres del sacerdote guanajuatense rezaban el Santo Rosario y ponían a sus hijos de rodillas a rezar un Padre Nuestro, tres Ave Marías y la oración que toda buena madre enseña a sus hijos: “Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”.

El Padre Margarito ya descansa, pero deja un legado grandísimo. Se cumplen en su persona las palabras de uno de sus formadores, el Padre Manuel Pérez Gil, quien luego llegaría a ser Arzobispo de Tlanepantla: “Tu no eres estrella fugaz”.

Este buen sacerdote, que jamás desconoció sus miserias y errores, pero que buscó siempre la misericordia de Dios y la llevó a todos. Sabía que un sacerdote que no obedecía a su Obispo o tomaba decisiones a la ligera, sin dejarse iluminar por la sana y brillante luz del Espíritu Santo, no sólo es arrastrado a situaciones nada sanas para su propia alma, sino que arrastra consigo a la comunidad toda. Cumplió, en la medida de sus débiles fuerzas humanas y con la fuerza sobrenatural que solamente Dios sabe dar, sus obligaciones como sacerdote y vivió una frase suya que posiblemente repetía a más de un sacerdote joven al que él ayudó en su camino de formación al presbiterio: “El sacerdote debe tener siempre presente lo que es…”

Su cuerpo está siendo velado hoy 1o. de Septiembre de 2019 en Funerales San Rafael, en la Avenida Torres Landa, en Celaya, Gto.

Gracias, Padre Margarito por el regalo de sus dones a todos. Gracias, Señor, porque lo creaste.

Más información:
Padre José Margarito Ceballos Vázquez, LIII Aniversario Sacerdotal: 

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ha entrado a la Casa del Padre el Pbro. José Margarito Ceballos Vázquez


Eugenio Amézquita Velasco

En la madrugada de este 1o. de septiembre, fiesta de Nuestra Señora de la Merced, ha entrado a la Casa del Padre el Pbro. Don José Margarito Ceballos Vázquez, tras haber cumplido este pasado 30 de agosto, 60 años exactos de sacerdocio, de servicio al prójimo y de entregar toda una vida a Dios y a sus hermanos.

Hombre con una sonrisa de niño, reconocía sus defectos, sus sombras. Sin embargo, nadie olvida que en medio de la aparente brusquedad un hombre, nacido en Abasolo, Gto., se escondía para luego emanar el buen corazón y la misericordia que solamente puede provenir de Dios.

Siempre con la facilidad de palabra. Esa voz ronca que al momento de la Santa Misa, durante la homilía iba acompañada de cerrar los ojos para permitir que el paso del Espíritu Santo se pudieran afinar las palabras, las frases que como caudal de un río impetuoso le llegaban a la mente y no permitía que una sola se omitiera.

Cuántas veces no fue visto viviendo su ministerio sacerdotal en Tenería del Santuario, o en Celaya, en San Antonio de Padua o María Auxiliadora, o en Villagrán o en Empalme Escobedo, administrando los sacramentos del bautismo, la Santa Misa y la confesión o presidiendo el sacramento del Matrimonio.

Se acercaba el pecador contrito a él, y sentado en una silla o en el confesionario, recargaba el codo en su pierna, se agachaba, ponía la mano en su ceja o frente y empezaba a escuchar a aquel que de alguna manera sabía que había ofendido a Dios y buscaba el perdón y la misericordia, trayendo con el consejo y la absolución la medicina al alma necesitada de la reconciliación con el Padre Eterno, siempre dispuesto a abrazar al hijo pródigo, que en medio del excremento de los cerdos, salió limpio tras el arrepentimiento y el perdón al reconocer que ha ofendido a quien lo ha creado.

De familia muy numerosa, fue hijo de un administrador de hacienda que no faltaba a la Santa Misa dominical. La mamá del Padre Margarito le pedía a su esposo que le platicara sobre lo que el sacerdote predicaba en la homilía, y el buen Sr. Ceballos explicaba con detalle el Evangelio del día. La manera más simple y sencilla de evangelizar a los hijos y a la familia en casa.

Hasta los últimos días de vida de sus señores padres, el Padre Margarito los tuvo a su lado, para transmitirles la paz y el descanso que sólo Dios da a los hijos buenos.

Personas piadosas, los padres del sacerdote guanajuatense rezaban el Santo Rosario y ponían a sus hijos de rodillas a rezar un Padre Nuestro, tres Ave Marías y la oración que toda buena madre enseña a sus hijos: “Ángel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”.

El Padre Margarito ya descansa, pero deja un legado grandísimo. Se cumplen en su persona las palabras de uno de sus formadores, el Padre Manuel Pérez Gil, quien luego llegaría a ser Arzobispo de Tlanepantla: “Tu no eres estrella fugaz”.

Este buen sacerdote, que jamás desconoció sus miserias y errores, pero que buscó siempre la misericordia de Dios y la llevó a todos. Sabía que un sacerdote que no obedecía a su Obispo o tomaba decisiones a la ligera, sin dejarse iluminar por la sana y brillante luz del Espíritu Santo, no sólo es arrastrado a situaciones nada sanas para su propia alma, sino que arrastra consigo a la comunidad toda. Cumplió, en la medida de sus débiles fuerzas humanas y con la fuerza sobrenatural que solamente Dios sabe dar, sus obligaciones como sacerdote y vivió una frase suya que posiblemente repetía a más de un sacerdote joven al que él ayudó en su camino de formación al presbiterio: “El sacerdote debe tener siempre presente lo que es…”

Su cuerpo está siendo velado hoy 1o. de Septiembre de 2019 en Funerales San Rafael, en la Avenida Torres Landa, en Celaya, Gto.

Gracias, Padre Margarito por el regalo de sus dones a todos. Gracias, Señor, porque lo creaste.

Más información:
Padre José Margarito Ceballos Vázquez, LIII Aniversario Sacerdotal: 

#diocesisdecelaya @diocesis_celaya Ha entrado a la Casa del Padre el Pbro. Lucio Pérez López

Pbro. Lucio Pérez López. Descanse en paz.

El sacerdote diocesano y quien fuera párroco de la Parroquia San Felipe de Jesús, Pbro. Lucio Pérez López, ha entrado a la casa del Padre luego de varios meses de un padecimiento oncológico. El ya descansa en paz.

El día 16 de junio, entregó su alma al Creador este sacerdote que naciera el 13 de diciembre de 1976 en Dolores Hidalgo, CIN, Gto., y ordenado presbítero el 2 de octubre de 2004, en celaya, Gto. Es así que tenía 40 años de edad y 12 de sacerdote.

Se había desempeñado  como Vicario Parroquial en la Parroquia San Francisco de Asís, en Comonfort, Gto., y como párroco en la Parroquia San Felipe de Jesús, en la colonia Benito Juárez, en la ciudad de Celaya, Gto.

Este 27 de junio de 2017 fue celebrada la Santa Misa de funeral en ese mismo templo, presidiendo el acto litúrgico Mons. Benjamín Castillo Plasencia, obispo de Celaya, además de cerca de 20 sacerdotes diocesanos.

El padre Lucio era muy recordado desde sus tiempos como seminarista, luego de haber sido el encargado del espacio “Adsumitos” en la revista “Adsumus”, del Seminario Diocesano de Celaya.

Le damos gracias a Dios por habernos permitido la presencia del Padre Lucio entre nosotros, de habenoslo prestado para el servicio a Dios y a nosotros sus hermanos. Ahora se lo regresamos y le pedimos por el eterno descanso de su alma.

El cuerpo será llevado a Dolores Hidalgo para darle cristiana sepultura.

Que el Señor le dé su paz y la vida eterna.